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Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2012
    Vamos torrejuelas, no hay honores, solo amigos. Igual un abrazo.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2012
    Yo pagaré con lágrimas la risa

    Yo pagaré con lágrimas la risa
    que tuve en la verdura de mis años,
    pues con tan declarados desengaños
    el tiempo, Elisio, de mi error me avisa.
    «Hasta la muerte» en la corteza lisa
    de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,
    escribí un tiempo, amando los engaños
    que mi temor con pies de nieve pisa.
    Mas, ¿qué fuera de mí, si me pidiera
    esta cédula Dios, y la cobrara,
    y el olmo entonces el testigo fuera?
    Pero yo con el llanto de mi cara
    haré crecer el Tajo de manera
    que sólo quede mi vergüenza clara.
    Félix Lope de Vega y Carpio
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2012
    Maestro, no todos los días se cumplen 120 años, donde esté espero que lo pase de la ‘ pm’

    Espergesia

    Yo nací un día
    que Dios estuvo enfermo.

    Todos saben que vivo,
    que soy malo; y no saben
    del Diciembre de ese Enero.

    Pues yo nací un día
    que Dios estuvo enfermo.

    Hay un vacío
    en mi aire metafísico
    que nadie ha de palpar:
    el claustro de un silencio
    que habló a flor de fuego.

    Yo nací un día
    que Díos estuvo enfermo.

    Hermano, escucha, escucha…
    Bueno. Y que no me vaya
    sin llevar diciembres,
    sin dejar eneros.

    Pues yo nací
    un día
    que Díos estuvo
    enfermo.

    Todos saben que vivo,
    que mastico… Y no saben
    por qué en mi verso chirrían,
    oscuro sinsabor de féretro,
    luyidos vientos
    desenroscados de la Esfinge
    preguntona del Desierto.

    Todos saben… Y no saben
    que la Luz es tísica,
    y la Sombra gorda…
    Y no saben que el Misterio sintetiza…
    que él es la joroba
    musical y triste que a distancia denuncia
    el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

    Yo nací
    un día
    que Dios estuvo enfermo,
    grave.

    César Abraham Vallejo Mendoza
  • CielitoDeMiPiezaCielitoDeMiPieza San juan de la Cruz XVI
    editado marzo 2012
    Muy bueno el de Vallejo. Dejo este de Unamuno:

    Me destierro a la memoria

    Me destierro a la memoria,
    voy a vivir del recuerdo.
    Buscadme, si me os pierdo,
    en el yermo de la historia,

    Que es enfermedad la vida
    y muero viviendo enfermo.
    Me voy, pues, me voy al yermo
    donde la muerte me olvida.

    Y os llevo conmigo, hermanos,
    para poblar mi desierto.
    Cuando me creáis más muerto
    retemblaré en vuestras manos.

    Aquí os dejo mi alma-libro,
    hombre-mundo verdadero.
    Cuando vibres todo entero,
    soy yo, lector, que en ti vibro.



    .
    ..
    .
  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2012
    Hola Juancho. De una forera nueva llamada Aristol - y al hurgar en su blog - tomé esto que siento que merece estar en tu hilo. Saludos.
    Dos maneras de entender el amor
    En este blog cuelgo mis relatos cortos, crítica literaria y algunas reflexiones. Hoy, sin embargo, haré una excepción. En este post copiaré dos poemas magníficos. Para mí, los dos mejores poemas de amor que he leído. Uno es La primera carta a los corintos de San Pablo y otro, Los amorosos de Jaime Sabines, dos maneras diametralmente opuestas de entender el amor.
    El amor según San Pablo
    Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles,
    si no tengo amor,
    no soy más que una campana que toca
    o unos platillos que resuenan.
    Aunque tenga el don de profecía
    y conozca todos los misterios
    y toda la ciencia,
    y aunque tenga tanta fe
    que traslade las montañas,
    si no tengo amor, no soy nada.
    Aunque reparta todos mis bienes
    entre los pobres
    y entregue mi cuerpo a las llamas,
    si no tengo amor, de nada me sirve.
    El amor es paciente, es servicial;
    el amor no tiene envidia,
    no es presumido, ni orgulloso;
    no es grosero, ni egoísta,
    no se irrita, no toma en cuenta el mal;
    el amor no se alegra de la injusticia;
    se alegra de la verdad.
    Todo lo excusa, todo lo cree,
    todo lo espera, todo lo tolera.
    Tres cosas hay que permanecen:
    la fe, la esperanza y el amor.
    Pero la más grande de las tres
    es el amor.
    Los amorosos de Sabine
    Los amorosos callan.
    El amor es el silencio más fino,
    el más tembloroso, el más insoportable.
    Los amorosos buscan,
    los amorosos son los que abandonan,
    son los que cambian, los que olvidan.
    Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.
    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.
    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan.
    Saben que nunca han de encontrar.
    El amor es la prórroga perpetua,
    siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
    Los amorosos son los insaciables,
    los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
    Los amorosos son la hidra del cuento.
    Tienen serpientes en lugar de brazos.
    Las venas del cuello se les hinchan
    también como serpientes para asfixiarlos.
    Los amorosos no pueden dormir
    porque si se duermen se los comen los gusanos.
    En la oscuridad abren los ojos
    y les cae en ellos el espanto.
    Encuentran alacranes bajo la sábana
    y su cama flota como sobre un lago.
    Los amorosos son locos, sólo locos,
    sin Dios y sin diablo.
    Los amorosos salen de sus cuevas
    temblorosos, hambrientos,
    a cazar fantasmas.
    Se ríen de las gentes que lo saben todo,
    de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
    de las que creen en el amor
    como una lámpara de inagotable aceite.
    Los amorosos juegan a coger el agua,
    a tatuar el humo, a no irse.
    Juegan el largo, el triste juego del amor.
    Nadie ha de resignarse.
    Dicen que nadie ha de resignarse.
    Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
    Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
    la muerte les fermenta detrás de los ojos,
    y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
    en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
    Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
    a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
    complacidas,
    a arroyos de agua tierna y a cocinas.
    Los amorosos se ponen a cantar entre labios
    una canción no aprendida,
    y se van llorando, llorando,
    la hermosa vida.
  • Dee deeDee dee Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    “THE ROAD NOT TAKEN”


    Two roads diverged in a yellow wood,
    And sorry I could not travel both
    And be one traveller, long I stood
    And looked down one as far as I could
    To where it bent in the undergrowth;



    Then took the other, as just as fair
    And having perhaps the better claim,
    Because it was grassy and wanted wear;
    Though as for that, the passing there
    Had worn them really about the same,



    And both that morning equally lay
    In leaves no step had trodden black
    Oh, I kept the first for another day!
    Yet knowing how way leads on to way,
    I doubted if I should ever come back.


    I shall be telling this with a sigh
    Somewhere ages and ages hence:
    two roads diverged in a wood, and I –
    I took the one less travelled by,
    And that has made all the difference.





    Robert Frost.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2012
    Gracias Torrejuelas, Dee dee

    Tu recuerdo
    Siento que se despega tu recuerdo
    De mi mente, como una vieja estampa;
    Tu figura no tiene ya cabeza
    Y un brazo está deshecho, como en esas
    Calcomanías desoladas
    Que ponen los muchachos en la escuela
    Y son después, en el libro olvidado,
    Una mancha dispersa.
    Cuando estrecho tu cuerpo
    Tengo la blanda sensación de que
    Estás hecho de estopa.
    Me hablas, y tu voz viene de tan lejos
    Que apenas puedo oírte.
    Además, ya no te creo.
    Yo mismo, ya curado
    De la pasión antigua,
    Me pregunto cómo fue que pude
    Amarte,
    Tan inútil, tan vana,
    Tan floja que antes del año
    De tenerte en mis brazos
    Ya te estás deshaciendo
    Como un jirón de humo;
    Y ya te estás borrando
    Como un dibujo antiguo,
    Y ya te me despegas en la mente
    Como una vieja estampa.
    Nicolás Guillén
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2012
    A Veces...
    A veces tengo ganas de ser un cursi
    para decir: La amo a usted con locura.
    A veces tengo ganas de ser tonto
    para gritar: ¡La quiero tanto!
    A veces tengo ganas de ser un niño
    para llorar acurrucado en su seno.
    A veces tengo ganas de estar muerto
    para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
    que me crece una flor rompiéndome el pecho,
    una flor, y decir: Esta flor,
    para usted.
    Nicolás Guillén
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2012
    Encontré en mi archivo estos dos poemas, en aquellos tiempos elucubré que BUK había leído a Becquer.
    Ahora años después, creo que Becquer desengañado escribió con el seudónimo de BUK.

    RIMA IV
    No digáis que, agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeció la lira;
    podrá no haber poetas; pero siempre
    habrá poesía.
    Mientras las ondas de la luz al beso
    palpiten encendidas,
    mientras el sol las desgarradas nubes
    de fuego y oro vista,
    mientras el aire en su regazo lleve
    perfumes y armonías,
    mientras haya en el mundo primavera,
    ¡habrá poesía!
    Mientras la ciencia a descubrir no alcance
    las fuentes de la vida,
    y en el mar o en el cielo haya un abismo
    que al cálculo resista,
    mientras la humanidad siempre avanzando
    no sepa a dó camina,
    mientras haya un misterio para el hombre,
    ¡habrá poesía!
    Mientras se sienta que se ríe el alma,
    sin que los labios rían;
    mientras se llore, sin que el llanto acuda
    a nublar la pupila;
    mientras el corazón y la cabeza
    batallando prosigan,
    mientras haya esperanzas y recuerdos,
    ¡habrá poesía!
    Mientras haya unos ojos que reflejen
    los ojos que los miran,
    mientras responda el labio suspirando
    al labio que suspira,
    mientras sentirse puedan en un beso
    dos almas confundidas,
    mientras exista una mujer hermosa,
    ¡habrá poesía!
    Gustavo Adolfo Becquer

    A la puta que se llevó mis poemas.

    Algunos dicen que debemos eliminar del poema
    los remordimientos personales,
    permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
    ¡Por Dios!
    ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
    ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
    ¡Es intolerable!
    ¿Tratas de joderme como a los demás?
    ¿Por qué te no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
    lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el
    rincón
    La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete
    de cincuenta,
    pero mis poemas no.

    No soy Shakespeare
    pero puede que algún día ya no escriba más,
    abstractos o de los otros;
    Siempre habrá dinero y putas y borrachos
    hasta que caiga la última bomba,
    pero como dijo Dios,
    cruzándose de piernas:
    "veo que he creado muchos poetas
    pero no tanta poesía"

    Charles Bukowski
  • eledendoeledendo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2012
    juancho escribió : »
    Al igual que Negu, a mi también me gusta la poesía. Pero escribo muy poca o casi nada.

    Abro este hilo con una poesía mas terrena. Sigo leyendo "Mis poemas del Alma" y me sigue gustando sobremanera.

    Si tienen alguna poesía especial para ustedes, las puertas están abiertas.

    Empecemos.
    El remordimiento
    He cometido el peor de los pecados
    que un hombre puede cometer. No he sido
    feliz. Que los glaciares del olvido
    me arrastren y me pierdan, despiadados.
    Mis padres me engendraron para el juego
    arriesgado y hermoso de la vida,
    para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
    Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
    no fue su joven voluntad. Mi mente
    se aplicó a las simétricas porfías
    del arte, que entreteje naderías.
    Me legaron valor. No fui valiente.
    No me abandona. Siempre está a mi lado
    La sombra de haber sido un desdichado
    J.L. Borges


    .. sí, es bueno este soneto de Borges; gracias por haberlo traído, Juancho; un saludo; Orión
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    POEMA TRÁGICO CON DUDOSOS LOGROS CÓMICOS

    Mi familia no tiene médico
    ni sacerdote ni visitas
    y todos se tienden en la playa
    saludables bajo el sol del verano.

    Algunas yerbas nos curan los males del estómago
    y la religión sólo entra con las campanas alborotando los
    canarios.

    Aquí todos se han muerto con una modestia conmovedora,
    mi padre, por ejemplo, el lamentable Prometeo
    silenciosamente picado por el cáncer más bravo que las
    águilas.

    Ahora nosotros
    ninguno doctor o notable
    en el corazón de modestas tribus,
    la tribu de los relojeros
    la más triste de los empleados públicos
    la de los taxistas
    la de los dueños de fonda
    de vez en cuando nos ponemos trágicos y nos preguntamos
    por la muerte.

    Pero hoy estamos aquí escuchando el murmullo
    de la mar que es el morir.

    Y este murmullo nos reconcilia con el otro murmullo del río
    por cuya ribera anduvimos matando sapos sin misericordia,
    reventándolos con un palo sobre las piedras del río tan
    metafórico
    que da risa.

    Y nadie había en la ribera contemplando nuestras vidas hace
    años
    sino solamente nosotros
    los que ahora descansamos colorados bajo el verano
    como esperando el vuelo del garrote
    sobre nuestra barriga
    sobre nuestra cabeza
    nada notable
    nada notable.

    José Watanabe, Álbum de familia
  • eledendoeledendo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2012
    ... bien, bien, decir sólo que este poema me parece sobrenatural,sólo, sólo; Oriónl
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Habría que limar los versos
    y despojarlos de frases hechas
    de metáforas inaprensibles
    Pasar encima el filo del cuchillo
    y rasurar el texto
    palabra por palabra
    Purgarlo de adverbios y adjetivos
    Deshacerse luego
    de núcleos nominales
    podar estas líneas
    hasta abstraer en los trazos de las letras
    alguna forma vaga de caléndula
    y tal vez entonces
    Ninfa
    tu belleza vendrá para habitar la página.


    CARLOS CONDE
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    MADRE, LLÉVAME A LA CAMA


    Madre, llévame a la cama.
    Madre, llévame a la cama,
    que no me tengo de pie.
    Ven, hijo, Dios te bendiga
    y no te dejes caer.


    No te vayas de mi lado,
    cántame el cantar aquél.
    Me lo cantaba mi madre;
    de mocita lo olvidé,
    cuando te apreté a mis pechos
    contigo lo recordé.


    ¿Qué dice el cantar, mi madre,
    qué dice el cantar aquél?
    No dice, hijo mío, reza,
    reza palabras de miel;
    reza palabras de ensueño
    que nada dicen sin él.



    ¿Estás aquí, madre mía?
    porque no te logro ver....
    Estoy aquí, con tu sueño;
    duerme, hijo mío, con fe.




    Autor: Miguel de Unamuno
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Manual de combate


    dijeron que Céline era un nazi
    dijeron que Pound era un fascista
    dijeron que Hamsun era un nazi y un fascista.
    pusieron a Dostoievsky frente a un pelotón
    de fusilamiento
    y mataron a Lorca
    le dieron electroshocks a Hemingway
    (y vos sabés que se pegó un tiro)
    y echaron a Villon de la ciudad (París)
    y Mayakovsky
    desilusionado con el régimen
    y luego de una pelea de enamorados,
    bueno,
    también se pegó un tiro.
    Chatterton se tomó veneno de ratas
    y funcionó
    y algunos dicen que Malcom Lowry se murió
    ahogado en su propio vómito
    borracho.
    Crane se tiró a las hélices
    del barco o a los tiburones.


    El sol de Harry Crosby era negro.
    Berryman prefirió el puente.
    Plath no encendió el horno.



    Séneca se cortó las muñecas en la
    bañera (es la mejor manera:
    en agua tibia)
    Thomas y Behan se emborracharon
    hasta morir y
    hay muchos más.
    ¿y vos querés ser un
    escritor?

    es esa clase de guerra:
    la creación mata,
    muchos se vuelven locos,
    algunos pierden el rumbo y
    no lo pueden hacer
    nunca más.
    algunos pocos llegan a viejo.
    algunos pocos hacen plata.
    algunos se mueren de hambre (como Vallejo).
    es esa clase de guerra:
    bajas por todas partes.



    está bien, adelante
    hacelo
    pero cuando te ataquen
    por el lado que no ves
    no me vengas con
    remordimientos.



    ahora me voy a fumar un cigarrillo
    en la bañera
    y luego me voy a ir a
    dormir

    Charles Bukowski
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    El Río

    1

    Yo soy un río,
    voy bajando por
    las piedras anchas,
    voy bajando por
    las rocas duras,
    por el sendero
    dibujado por el
    viento.
    Hay árboles a mi
    alrededor sombreados
    por la lluvia.
    Yo soy un río,
    bajo cada vez más
    furiosamente,
    más violentamente
    bajo
    cada vez que un
    puente me refleja
    en sus arcos.

    2

    Yo soy un río
    un río
    un río
    cristalino en la
    mañana.
    A veces soy
    tierno y
    bondadoso. Me
    deslizo suavemente
    por los valles fértiles,
    doy de beber miles de veces
    al ganado, a la gente dócil.
    Los niños se me acercan de
    día,
    y
    de noche trémulos amantes
    apoyan sus ojos en los míos,
    y hunden sus brazos
    en la oscura claridad
    de mis aguas fantasmales.

    3

    Yo soy el río.
    Pero a veces soy
    bravo
    y
    fuerte
    pero a veces
    no respeto ni a
    la vida ni a la
    muerte.
    Bajo por las
    atropelladas cascadas,
    bajo con furia y con
    rencor,
    golpeo contra las
    piedras más y más,
    las hago una
    a una pedazos
    interminables.
    Los animales
    huyen,
    huyen huyendo
    cuando me desbordo
    por los campos,
    cuando siembro de
    piedras pequeñas las
    laderas,
    cuando
    inundo
    las casas y los pastos,
    cuando
    inundo
    las puertas y sus
    corazones,
    los cuerpos y
    sus
    corazones.

    4

    Y es aquí cuando
    más me precipito
    Cuando puedo llegar
    a
    los corazones,
    cuando puedo
    cogerlos por la
    sangre,
    cuando puedo
    mirarlos desde
    adentro.
    Y mi furia se
    torna apacible,
    y me vuelvo
    árbol,
    y me estanco
    como un árbol,
    y me silencio
    como una piedra,
    y callo como una
    rosa sin espinas.

    5

    Yo soy un río.
    Yo soy el río
    eterno de la
    dicha. Ya siento
    las brisas cercanas,
    ya siento el viento
    en mis mejillas,
    y mi viaje a través
    de montes, ríos,
    lagos y praderas
    se torna inacabable.

    6

    Yo soy el río que viaja en las riberas,
    árbol o piedra seca
    Yo soy el río que viaja en las orillas,
    puerta o corazón abierto
    Yo soy el río que viaja por los pastos,
    flor o rosa cortada
    Yo soy el río que viaja por las calles,
    tierra o cielo mojado
    Yo soy el río que viaja por los montes,
    roca o sal quemada
    Yo soy el río que viaja por las casas,
    mesa o silla colgada
    Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
    árbol fruta
    rosa piedra
    mesa corazón
    corazón y puerta
    retornados,
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    7

    Yo soy el río que canta
    al mediodía y a los
    hombres,
    que canta ante sus
    tumbas,
    el que vuelve su rostro
    ante los cauces sagrados.

    8

    Yo soy el río anochecido.
    Ya bajo por las hondas
    quebradas,
    por los ignotos pueblos
    olvidados,
    por las ciudades
    atestadas de público
    en las vitrinas.
    Yo soy el río
    ya voy por las praderas,
    hay árboles a mi alrededor
    cubiertos de palomas,
    los árboles cantan con
    el río,
    los árboles cantan
    con mi corazón de pájaro,
    los ríos cantan con mis
    brazos.

    9

    Llegará la hora
    en que tendré que
    desembocar en los
    océanos,
    que mezclar mis
    aguas limpias con sus
    aguas turbias,
    que tendré que
    silenciar mi canto
    luminoso,
    que tendré que acallar
    mis gritos furiosos al
    alba de todos los días,
    que clarear mis ojos
    con el mar.
    El día llegará,
    y en los mares inmensos
    no veré más mis campos
    fértiles,
    no veré mis árboles
    verdes,
    mi viento cercano,
    mi cielo claro,
    mi lago oscuro,
    mi sol,
    mis nubes,
    ni veré nada,
    nada,
    únicamente el
    cielo azul,
    inmenso,
    y
    todo se disolverá en
    una llanura de agua,
    en donde un canto o un poema más
    sólo serán ríos pequeños que bajan,
    ríos caudalosos que bajan a juntarse
    en mis nuevas aguas luminosas,
    en mis nuevas
    aguas
    apagadas.


    Javier Heraud
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Siempre nos piden que entendamos
    El punto de vista de los otros
    Sin importar si es anticuado
    Necio
    Asqueroso.

    A uno le piden
    Que entienda
    Amablemente
    Todos los errores de los otros,
    Sus vidas desperdiciadas,
    Sobre todo si son de edad avanzada.

    Pero su edad es lo único
    En lo que nos fijamos.
    Han envejecido mal
    Porque han vivido sin enfoque
    Se han negado a ver .
    ¿Que no es culpa suya?

    Se me pide que oculte
    Mi opinión ante ellos
    Por miedo a su miedo.

    La edad no es un crimen
    Pero la vergüenza de una vida
    Deliberadamente desperdiciada
    Entre tantas vidas
    Deliberadamente desperdiciadas
    Sí lo es.

    Charles Bukowski
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Yo soy aquel que ayer no más decía
    el verso azul y la canción profana,
    en cuya noche un ruiseñor había
    que era alondra de luz por la mañana.

    El dueño fui de mi jardín de sueño,
    lleno de rosas y de cisnes vagos;
    el dueño de las tórtolas, el dueño
    de góndolas y liras en los lagos;

    y muy siglo diez y ocho, y muy antiguo
    y muy moderno; audaz, cosmopolita;
    con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
    y una sed de ilusiones infinita.

    Yo supe de dolor desde mi infancia;
    mi juventud…, ¿fue juventud la mía?,
    sus rosas aún me dejan su fragancia,
    una fragancia de melancolía…

    Potro sin freno se lanzó mi instinto,
    mi juventud montó potro sin freno;
    iba embriagada y con puñal al cinto;
    si no cayó, fue porque Dios es bueno.


    En mi jardín se vio una estatua bella;
    se juzgó mármol y era carne viva;
    una alma joven habitaba en ella,
    sentimental, sensible, sensitiva.

    Y tímida ante el mundo, de manera
    que, encerrada, en silencio, no salía
    sino cuando en la dulce primavera
    era la hora de la melodía…

    Hora de ocaso y de discreto beso;
    hora crepuscular y de retiro;
    hora de madrigal y de embeleso,
    de “te adoro”, de “¡ay!”, y de suspiro.

    Y entonces era en la dulzaina un juego
    de misteriosas gamas cristalinas,
    un renovar de notes del Pan griego
    y un desgranar de músicas latinas,

    con aire tal y con ardor tan viva,
    que a la estatua nacían de repente
    en el muslo viril patas de chivo
    y dos cuernos de sátiro en la frente.

    Como la Galatea gongorina
    me encantó la marquesa verleniana,
    y así juntaba a la pasión divina
    una sensual hiperestesia humana;

    todo ansia, todo ardor, sensación pura
    y vigor natural; y sin falsía,
    y sin comedia y sin literatura…
    si hay un alma sincera, esa es la mía.

    La torre de marfil tentó mi anhelo;
    quise encerrarme dentro de mí mismo,
    y tuve hambre de espacio y sed de cielo
    desde las sombras de mi propio abismo.

    Como la esponja que la sal satura
    en el jugo del mar, fue el dulce y tierno,
    corazón mío, henchido de amargura
    por el mundo, la carne y el infierno.

    Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
    el Bien supo elegir la mejor parte;
    y si hubo áspera hiel en mi existencia,
    melificó toda acritud el Arte.

    Mi intelecto libré de pensar bajo,
    bañó el agua castalia el alma mía,
    peregrinó mi corazón y trajo
    de la sagrada selva la armonía.

    ¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
    emanación del corazón divino
    de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
    fuente cuya virtud vence al destino!

    Bosque ideal que lo real complica,
    allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
    mientras abajo el sátiro fornica,
    ebria de azul deslíe Filomela

    perla de ensueño y música amorosa
    en la cúpula en flor del laurel verde,
    Hipsipila sutil liba en la rosa,
    y la boca del fauno el pezón muerde.

    Allí va el dios en celo tras la hembra
    y la caña de Pan se alza del lodo:
    la eterna vida sus semillas siembra,
    y brota la armonía del gran Todo.

    El alma que entra allí debe ir desnuda,
    temblando de deseo y fiebre santa,
    sobre cardo heridor y espina aguda:
    así sueña, así vibra y así canta.

    Vida, luz y verdad, tal triple llama
    produce la interior llama infinita;
    el Arte puro como Cristo exclama:
    Ego sum lux et veritas et vita!

    Y la vida es misterio; la luz ciega
    y la verdad inaccesible asombra;
    la adusta perfección jamás se entrega,
    y el secreto ideal duerme en la sombra.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Por eso ser sincero es ser potente:
    de desnuda que está, brilla la estrella;
    el agua dice el alma de la fuente
    en la voz de cristal que fluye d’ella.


    Tal fue mi intento, hacer del alma pura
    mía, una estrella, una fuente sonora,
    con el horror de la literatura
    y loco de crepúsculo y de aurora.


    Del crepúsculo azul que da la pauta
    que los celestes éxtasis inspira;
    bruma y tono menor —¡toda la flauta!,
    y Aurora, hija del Sol— ¡toda la lira!


    Pasó una piedra que lanzó una honda;
    pasó una flecha que aguzó un violento.
    La piedra de la honda fue a la onda,
    y la flecha del odio fuese al viento.


    La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
    con el fuego interior todo se abrasa;
    se triunfa del rencor y de la muerte,
    y hacia Belén…, ¡la caravana pasa!



    Rubén Darío
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2012
    Crepúsculo para Ana

    Sólo para alcanzarte escribí este libro.
    Noche a noche,
    en la helada madriguera
    cavé mi pozo más profundo,
    para que surgiera, más alta,
    el agua enamorada de este canto.


    Yo sé que un día las gentes
    querrán saber por qué hay tanto rocío en las praderas,
    yo sé que un día
    irán ansiosas a los campos,
    seguirán los hilos de los prados,
    y a través de las florestas
    llegarán hasta mi pecho,
    y comprenderán,
    -lo siento, estoy sintiéndolo-,
    que es mi amor quien platea por ti el mundo en las mañanas,
    y verás esta hoguera.


    Desde ciudades enterradas,
    desde salones sumergidos,
    desde balcones lejanísimos,
    verás este amor,
    y escucharás mi voz
    ardiendo de hermosura,
    y comprenderás que sólo por ti he cantado.
    Porque sólo por ti estoy cantando.


    ¡Sólo por ti resplandece
    mi corazón extraviado!
    ¡Sólo para que me veas,
    ilumino mi rostro oscurecido!
    ¡Sólo para que en algún lugar me mires
    enciendo, con mis sueños, esta hoguera!


    ¡El Mudo,
    El Amargo,
    El Que Se Quedaba Silencioso,
    te habla ahora a borbotones,
    te grita cataratas, inmensidades!


    Algún día amarás,
    alguna vez
    en las lianas de la ternura enredada
    comprenderás que cuando el dolor nos llega
    es imposible hablar;
    cuando la vida pesa, las manos pesan:
    es imposible escribir.


    Hasta que con los años las escamas se nos caen.
    Y un día, al volver el rostro,
    vemos a lo lejos,
    como remotos barcos encallados,
    cosas que creíamos llevar dentro,
    y miramos que son musgo los amores más ardientes.
    ¡El hombre enceguecido
    no escucha las campanadas silenciosas de la hierba,
    hasta que encuentra en los caminos,
    como culebra, su antigua piel,
    y reconoce entre las ruinas
    su vieja máscara oxidada,
    y descubre agujeros rotos
    do eran ojos fulgurantes,
    porque el tiempo crudelísimo
    injurió el Rostro Puro,
    y los años nos pusieron
    anteojos de melancolía,
    con los ojos que se mira la ruina,
    el otoño,
    la grosura de las mujeres!


    Surge entonces
    el Dolor inextinguible,
    cual surge ahora esta voz
    que llora por los días hermosos,
    cuando la vida era azul.
    Porque todo lo que nace ha de morir.
    ¡No digo más porque me entiendes!
    Tú sabes que sólo quiero
    que, en algún lugar, leas esta carta,
    antes que envejezcan los carteros
    que te buscan
    a la salida de las iglesias,
    entre las recién casadas,
    a la hora del jazmín rendido.


    ¡Quiero que el rayo de mi ternura
    traspase con lanza a los que no conozco,
    y salte noche hirviendo
    a los ojos de los que abran este libro,
    y en algún lugar
    un día de este mundo,
    me oigas
    y te vuelvas,
    como quien se vuelve extrañado
    al sentir detrás el resplandor de un incendio,
    y comprendas que estoy ardiendo por ti,
    quemándome
    sólo para que veas,
    desde tan lejos, esta luz!

    Manuel Scorza
  • IgnoriaIgnoria Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado mayo 2012
    Que los ruidos te perforen los dientes,
    como una lima de dentista,
    y la memoria se te llene de herrumbre,
    de olores descompuestos y de palabras rotas.
    Que te crezca, en cada uno de los poros,
    una pata de araña;
    que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
    y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
    al espesor de tu retrato.
    Que al salir a la calle,
    hasta los faroles te corran a patadas;
    que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
    ante los tachos de basura
    y que todos los habitantes de la ciudad
    te confundan con un madero.
    Que cuando quieras decir: "Mi amor",
    digas: "Pescado frito";
    que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
    y que en vez de tirar el cigarrillo,
    seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
    Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
    que al acostarse junto a ti,
    se metamorfosee en sanguijuela,
    y que después de parir un cuervo,
    alumbre una llave inglesa.
    Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
    para que los espejos, al mirarte,
    se suiciden de repugnancia;
    que tu único entretenimiento consista en instalarte
    en la sala de espera de los dentistas,
    disfrazado de cocodrilo,
    y que te enamores, tan locamente,
    de una caja de hierro,
    que no puedas dejar, ni por un solo instante,
    de lamerle la cerradura.
    Oliverio Girondo.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    Noble desengaño,
    Gracias doy al cielo
    Que rompiste el lazo
    Que me tenía preso.
    Por tan gran milagro
    Colgaré en tu templo
    Las graves cadenas
    De mis graves yerros.
    Las fuertes coyundas
    Del yugo de acero,
    Que con tu favor
    Sacudí del cuello,
    Las húmidas velas
    Y los rotos remos
    Que escapé del mar
    Y ofrecí en el puerto,
    Ya de tus paredes
    Serán ornamento,
    Gloria de tu nombre,
    Y de Amor descuento.
    Y así, pues que triunfas
    Del rapaz arquero,
    Tiren de tu carro
    Y sean tu trofeo
    Locas esperanzas,
    Vanos pensamientos,
    Pasos esparcidos,
    Livianos deseos,
    Rabiosos cuidados,
    Ponzoñosos celos,
    Infernales glorias,
    Gloriosos infiernos.
    Compóngante himnos,
    Y digan sus versos
    Que libras cautivos
    Y das vista a ciegos.
    Ante tu deidad
    Hónrense mil fuegos
    Del sudor precioso
    Del árbol sabeo.
    Pero ¿quién me mete
    En cosas de seso,
    Y en hablar de veras
    En aquestos tiempos,
    Donde el que más trata
    De burlas y juegos,
    Ese es quien se viste
    Más a lo moderno?
    Ingrata señora
    De tus aposentos,
    Más dulce y sabrosa
    Que nabo en Adviento,
    Aplícame un rato
    El oído atento,
    Que quiero hacer auto
    De mis devaneos.
    ¡Qué de noches frías
    Que me tuvo el hielo
    Tal, que por esquina
    Me juzgó tu perro,
    Y alzando la pierna,
    Con gentil denuedo,
    Me argentó de plata
    Los zapatos negros!
    ¡Qué de noches de éstas,
    Señora, me acuerdo
    Que andando a buscar
    Chinas por el suelo,
    Para hacer la seña
    Por el agujero,
    Al tomar la china
    Me ensucié los dedos!
    ¡Qué de días anduve
    Cargado de acero
    Con harto trabajo,
    Porque estaba enfermo!
    Como estaba flaco
    Parecía cencerro:
    Hierro por de fuera,
    Por de dentro hueso.
    ¡Qué de meses y años
    Que viví muriendo
    En la Peña Pobre
    Sin ser Beltenebros,
    Donde me acaeció
    Mil días enteros
    No comer sino uñas,
    Haciendo sonetos!
    ¡Qué de necedades
    Escribí en mil pliegos,
    Que las ríes tú ahora,
    Y yo las confieso!

    Aunque las tuvimos
    Ambos, en un tiempo,
    Yo por discreciones
    Y tú por requiebros.
    ¡Qué de medias noches
    Canté en mi instrumento:
    «Socorred, señora,
    Con agua a mi fuego!»
    Donde, aunque tú no
    Socorriste luego,
    Socorrió el vecino
    Con un gran caldero.
    Adiós, mi señora,
    Porque me es tu gesto
    Chimenea en verano
    Y nieve en invierno,
    Y el bazo me tienes
    De guijarros lleno,
    Porque creo que bastan
    Seis años de necio.

    Luis de Góngora
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    1
    A las flores
    Éstas que fueron pompa y alegría
    despertando al albor de la mañana,
    a la tarde serán lástima vana
    durmiendo en brazos de la noche fría.
    Este matiz que al cielo desafía,
    Iris listado de oro, nieve y grana,
    será escarmiento de la vida humana:
    ¡tanto se emprende en término de un día!
    A florecer las rosas madrugaron,
    y para envejecerse florecieron:
    cuna y sepulcro en un botón hallaron.
    Tales los hombres sus fortunas vieron:
    en un día nacieron y espiraron;
    que pasados los siglos, horas fueron.

    2
    A las estrellas
    Esos rasgos de luz, esas centellas
    que cobran con amagos superiores
    alimentos del sol en resplandores,
    aquello viven, si se duelen dellas.
    Flores nocturnas son; aunque tan bellas,
    efímeras padecen sus ardores;
    pues si un día es el siglo de las flores,
    una noche es la edad de las estrellas.
    De esa, pues, primavera fugitiva,
    ya nuestro mal, ya nuestro bien se infiere;
    registro es nuestro, o muera el sol o viva.
    ¿Qué duración habrá que el hombre espere,
    o qué mudanza habrá que no reciba
    de astro que cada noche nace y muere.
    4
    A un altar de Santa Teresa
    La que ves en piedad, en llama, en vuelo,
    ara en el suelo, al sol pira, al viento ave,
    Argos de estrellas, imitada nave,
    nubes vence, aire rompe y toca al cielo.
    Esta pues que la cumbre del Carmelo
    mira fiel, mansa ocupa y surca grave,
    con muda admiración muestra süave
    casto amor, justa fe, piadoso celo.
    ¡Oh militante iglesia, más segura
    pisa tierra, aire enciende, mar navega,
    y a más pilotos tu gobierno fía!
    Triunfa eterna, está firme, vive pura;
    que ya en el golfo que te ves se anega
    culpa infiel, torpe error, ciega herejía.

    5
    A San Isidro
    Los campos de Madrid, Isidro santo,
    emulación divina son del cielo,
    pues humildes los ángeles su suelo
    tanto celebran y veneran tanto.
    Celestes labradores, en cuanto
    son amorosa voz, con santo celo
    vos enviáis en angélico consuelo
    dulce oración, que fertiliza el llanto.
    Dichoso agricultor, en quien se encierra
    cosecha de tan fértiles despojos,
    que divino y humano os da tributo,
    no receléis el fruto de la tierra,
    pues cogerán del cielo vuestros ojos,
    sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.

    Pedro Calderón de la Barca
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    Canción del amor prohibido

    Sólo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
    al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
    porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
    ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.

    Sólo tú y yo sabemos por qué mi boca miente,
    relatando la historia de un fugaz amorío;
    y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío...
    Y aún nos arde en los labios algún beso reciente.

    Sólo tú y yo sabemos que existe una simiente
    germinando en la sombra de este surco vacío,
    porque su flor profunda no se ve, ni se siente.

    Y así dos orillas tu corazón y el mío,
    pues, aunque las separa la corriente de un río,
    por debajo del río se unen secretamente.


    José Ángel Buesa
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    escrito a ciegas

    ¿Quieres tú saber de mi vida?
    Yo sólo sé de mi paso,
    De mi peso,
    De mi tristeza y de mi zapato.
    ¿Por qué preguntas quién soy,
    Adónde voy?... Porque sabes harto
    Lo del Poeta, el duro
    Y sensible volumen de ser mi humano,
    Que es un cuerpo y vocación,
    Sin embargo.
    Si nací, lo recuerda el Año
    Aquel de quien no me acuerdo,
    Porque vivo, porque me mato.

    Mi Ángel no el de la Guarda.
    Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
    Que me lleva sin término,
    Tropezando, siempre tropezando,
    En esta sombra deslumbrante
    Que es la Vida, y su engaño y su encanto.

    Cuando lo sepas todo...
    Cuando sepas no preguntar...
    Cuando no sepas no saber nada
    Sino roerte la uña de mortal,
    Entonces te diré mi vida,
    Que no es más que una palabra de más...

    La toda tuya vida es como cada ola:
    Saber matar,
    Saber morir,
    Y no saber retener su caudal,
    Y no saber discurrir y volver a su principio,
    Y no saber contenerse en su afán...
    Si quieres saber de mi vida,
    Vete a mirar al Mar.
    ¿Por qué me la pides, Literata?
    ¿Ignoras acaso que en el Mundo,
    Todo de nadas acumuladas,
    De desengrandar infinitudes,
    No sino un trasgo
    Eterno, sombra apenas de apetito de algo?

    La cosa real, si la pretendes
    No es aprehenderla sino imaginarla.
    Lo real no se le coge: se le sigue,
    Y para eso son el sueño y la palabra.
    ¡Cuídate de su atajo!
    ¡Cuídate de su distancia!
    ¡Cuídate de su despeñadero!
    ¡Cuídate de su cabaña!

    ¿Quién soy? Soy mi qué,
    Inefable e innumerable
    Figura y alma de la ira.
    No, eso fue al fin... y era al principio,
    Antes de donde el principio principia.
    Soy un cuerpo de espíritu de furia
    Asentada y de aceda ironía.
    No, no soy el que busca
    El poema, ni siquiera la vida...
    Soy un animal acosado por su ser
    Que es una verdad y una mentira.

    ¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
    Con punzada en nervio y carne!...
    Yo buscaba otro ser,
    Y ése ha sido mi buscarme.
    Yo no quería ni quiero ya ser yo,
    Sino otro que se salvara o que se salve,
    No el del Instinto, que se pierde,
    Ni el del Entendimiento, que se retrae.
    Mi día es otro día,
    Algún no sé dónde estarme,
    A dónde no sé ir en mi selva
    Entre mis reptiles y mis árboles,
    Libros y cementos
    Y estrellas de neón,
    Y mujeres que se me juntan como la pared y como nadie... o como madre,
    Y el recién nacido que sobre mí llora,
    Y por la calle
    Todas las ruedas
    Reales y originales.
    Así es mi día cabal,
    Hasta la última tarde.

    Y escribí libros para persuadirme
    A que yo era alguien,
    Uno según mi gana
    O según mi nadie.

    El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
    ¿Existe el aire,
    Donde te asfixias y recreas
    Respirando, tu cuerpo inane?
    ¡No, nada es sino la sorpresa
    Eterna de tu mismo reencontrarte
    Siempre tú los mismos entre los mismos muros
    De las distancias y las calles!
    ¡Y de los cielos estos techos
    Que nunca me ultiman porque nunca caen!

    Y no alcancé el furor de lo divino,
    Ni a la simpatía de lo humano
    Lo soy y no lo siento ni así me siento.
    Soy en el Día el Solitario
    Y el absoluto en la Zoología si pienso,
    O como carnívoro feroz si agarro.
    ¿Soy la Creatura o el Creador?
    ¿Soy la Materia o el Milagro?
    ¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!...
    ¿Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?
    ¡Pero no, el Otro no es!
    ¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!

    ¡Y con todos mis sueños resoñados,
    Y con toda la moneda recogida,
    Y con todo mi cuerpo, resurrecto
    Tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!...
    ¡Cuando no seas nada más que ser,
    Si llegas a la edad de la agonía!...
    ¡Cuando sepas, verdaderamente,
    Que es inayable ayuntamiento de muerte y vida!...
    ¡Entonces te diré quién soy,
    Seguro sí, que ya sin voz, Amiga!

    Que se curan con hierbas eficaces
    Los puros animales que te hablaban
    Allá, entre piedras inmateriales.
    El mundo real y la ciencia humana
    Donde, con una pelota
    Los muchachos aparentes hediondos gozaban.
    Sí, la vida es un delirio así, y sin embargo,
    En esa vida no estuvo mi nada,
    Ninguna, pero real, y alta pero celeste o volcánica.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    ¡Qué tarde llega el Tiempo
    A su punto de olvido o de sensibilidad!
    Viene arrastrando, como el aluvión,
    De cúmulo, de suelo, de humanidad.
    ¡Cuán a destiempo llega uno a sí mismo!
    ¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
    Todo yo que cae con el Tiempo
    Desde nunca siempre y para siempre jamás!
    ¡Qué madrugada eterna no dormida
    Lo del resolverme en el hacer y en el pensar!
    La Soledad es una roca dura
    Contra la que arroja el Aire.
    Está en cada pared de la Ciudad,
    Cómplice, disimulándose.
    Me arrojo o me arrojo, sin cesar
    -Yo soy mi impedimento y mi crearme.-

    La Poesía es, amiga,
    Inagotable, incorregible, ínsita.
    Es el río infinito
    Todo de sangre,
    Todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vivido...
    ¿Qué es la Palabra
    Sino vario y vano grito?
    ¿Qué es la imagen de la Poética
    Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
    Todo es aluvión. Si no lo fuera,
    Nada sería lo real, lo mismo.

    El Amor no sabía
    Sino tragarse su substancia
    Y así la Creación se renovaba.
    Todo me era de ayer, pero yo vivo,
    Y a veces creo, y la Vez me amamanta.

    No soy ninguno que sabe.
    Soy el uno que ya no cree
    Ni en el hombre,
    Ni en la mujer,
    Ni en la casa de un solo piso,
    Ni en el panque con miel.
    No soy más que una palabra
    Volada de la sien
    Y que procura compadecerse
    Y anidar en algún alto tal vez
    De la primavera lóbrega
    Del Ser
    No me preguntes más,
    Que ya no sé...

    Supe que no era lo que no era, no sé cómo, y todo era
    Hasta la cosa de mi nada.
    Y fui uno no sé cuándo,
    Persiguiendo, por entre numen y maraña
    Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con todas armas,
    Yo por todo paso que me hacía,
    A ello persiguiendo... a la palabra
    A cualquiera,
    A la de a la madriguera o a la que salta.
    Si mi vida no es esto
    ¿Qué será la vida?... ¿Adivinanza?...

    Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
    Y yo me reharé mi eternidad;
    La que me falta,
    Porque la eché... me estuvo un momento demás.


    ¿Sabes de los puertos encallados
    Del furor y del desembarcar,
    Y del cetáceo con mojadísimo uniforme
    Que no nada y cae ya?
    ¿Sabes de la ciudad tanta,
    Que me parece ciudad,
    Sino un cadáver disgregado,
    Innumerable e infinitesimal?
    Tú no sabes nada;
    Tú no sabes sino preguntar.
    Tú no sabes sino sabiduría.
    Pero sabiduría no es estar
    Sin noción de nada, sino proseguir o seguir
    A pie hacia el ya.

    Martín Adán
    (Rafael de La Fuente Benavides)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    El suicida

    No quedará en la noche una estrella.
    No quedará la noche.
    Moriré y conmigo la suma
    del intolerable universo.
    Borraré las pirámides, las medallas,
    los continentes y las caras.
    Borraré las pirámides, las medallas,
    los continentes y las caras.
    Borraré la acumulación del pasado.
    Haré polvo la historia, polvo el polvo.
    Estoy mirando el último pájaro.
    Lego la nada a nadie.

    Jorge Luis Borges
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    A la Izquierda del Roble

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero el Jardín Botánico es un parque dormido
    en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
    siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
    Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

    El secreto es apoyarse digamos en un tronco
    y oír a través del aire que admite ruidos muertos
    cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
    una agradable propensión a los sueños
    a que los insectos suban por las piernas
    y la melancolía baje por los brazos
    hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

    Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
    y ver cómo las nubes se disputan las copas
    y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    ah pero las parejas que huyen al Botánico
    ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
    hablan por lo común de temas importantes
    y se miran fan ticamente a los ojos
    como si el amor fuera un brevísimo túnel
    y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

    Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
    (también podría llamarlo almendro o araucaria
    gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
    hablan y por lo visto las palabras
    se quedan conmovidas a mirarlos
    ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero es lindísimo imaginar qué dicen
    sobre todo si él muerde una ramita
    y ella deja un zapato sobre el césped
    sobre todo si él tiene los huesos tristes
    y ella quiere sonreír pero no puede.

    Para mí que el muchacho está diciendo
    lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

    ayer llegó el otoño
    el sol de otoño
    y me sentí feliz
    como hace mucho
    qué linda estás
    te quiero
    en mi sueño
    de noche
    se escuchan las bocinas
    el viento sobre el mar
    y sin embargo aquello
    también es el silencio
    mírame así
    te quiero
    yo trabajo con ganas
    hago números
    fichas
    discuto con cretinos
    me distraigo y blasfemo
    dame tu mano
    ahora
    ya lo sabés
    te quiero
    pienso a veces en Dios
    bueno no tantas veces
    no me gusta robar
    su tiempo
    y además está lejos
    vos estás a mi lado
    ahora mismo estoy triste
    estoy triste y te quiero
    ya pasarán las horas
    la calle como un río
    los árboles que ayudan
    el cielo
    los amigos
    y qué suerte
    te quiero
    hace mucho era niño
    hace mucho y qué importa
    el azar era simple
    como entrar en tus ojos
    dejame entrar
    te quiero
    menos mal que te quiero.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
    que en realidad se trata de algo más desolado
    uno de esos amores de tántalo y azar
    que Dios no admite porque tiene celos.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2012
    Fíjense que él acusa con ternura
    y ella se apoya contra la corteza
    fíjense que él va tildando recuerdos
    y ella se consterna misteriosamente.

    Para mí que el muchacho está diciendo
    lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

    vos lo dijiste
    nuestro amor
    fue desde siempre un niño muerto
    sólo de a ratos parecía
    que iba a vivir
    que iba a vencernos
    pero los dos fuimos tan fuertes
    que lo dejamos sin su sangre
    sin su futuro
    sin su cielo
    un niño muerto
    sólo eso
    maravilloso y condenado
    quizá tuviera una sonrisa
    como la tuya
    dulce y honda
    quizá tuviera un alma triste
    como mi alma
    poca cosa
    quizá aprendiera con el tiempo
    a desplegarse
    a usar el mundo
    pero los niños que así vienen
    muertos de amor
    muertos de miedo
    tienen tan grande el corazón
    que se destruyen sin saberlo
    vos lo dijiste
    nuestro amor
    fue desde siempre un niño muerto
    y qué verdad dura y sin sombra
    qué verdad fácil y qué pena
    yo imaginaba que era un niño
    y era tan sólo un niño muerto
    ahora qué queda
    sólo queda
    medir la fe y que recordemos
    lo que pudimos haber sido
    para él
    que no pudo ser nuestro
    qué más
    acaso cuando llegue
    un veintitrés de abril y abismo
    vos donde estés
    llevale flores
    que yo también iré contigo.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero el Jardín Botánico es un parque dormido
    que sólo despierta con la lluvia.

    Ahora la última nube a resuelto quedarse
    y nos está mojando como alegres mendigos.

    El secreto está en correr con precauciones
    a fin de no matar ningún escarabajo
    y no pisar los hongos que aprovechan
    para nadar desesperadamente.

    Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
    aquellos dos a la izquierda del roble
    eternos y escondidos en la lluvia
    diciéndose quién sabe qué silencios.

    No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
    pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
    aquí se quedan sólo los fantasmas.

    Ustedes pueden irse.
    Yo me quedo.


    Mario Benedetti
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