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… en unidad de amor,
mi amada brilla,
centellea,
fulge;
… campanas y caracolas suenan cuando la ven venir,
se agitan, la definen, la anuncian,
y ebrios, por la orilla de un mar azul, los colores del mundo silban y corren, vibran y danzan
como pececillos rojos, amarillos y verdes sobre el ojo ingente del crespúsculo;
… por la arena y al vernos, lejos, aún, levantando los brazos, ella grita: ¡ Itsoél… !
y yo, removiendo en alto las mil lumbres de la hoguera del alma, grito …: ¡ Aitiíneee…!
y, entonces, y como a una, ambos aceleramos el paso y corremos y corremos al encuentro,
es cuando la sangre sube, quema y vuela por las estancias íntimas del pecho;
… y es, es en ese instante, cuando Aitiíne representa todo, absolutamente todo:
Dios, mi ser, la luz, el aire…
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Antonio Justel
… te he esperado por las noches de agosto,
cuando la luna prende los viñedos del cielo
y las uvas celestes centellean y bailan;
cuando Eolo sumerge la estación en fragancias
y se embriagan las sendas con moras y tomillo;
… te he esperado a la lumbre de las manzanas rojas,
cuando las higueras rebosan azúcares y néctares
que agrietados higos con deleite rezuman;
… te esperé hasta el fin desesperadamente,
cuando agosto se henchía con fulgores y ubres
y en sus venas guardaba el panal más excelso:
esta ebriedad, palpitante y plena, con sus horas divinas.
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Antonio Justel
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