[LISTA] Sigilo

Año 2045.

La popularidad de la reina Anahí I de Lusiñan es innegable. Su efigie puede verse por todas partes, configurándose una especie de culto a la personalidad hacia la monarca más poderosa de la historia española desde el regreso a la democracia.

Tras un largo viaje en auto hasta el noroeste de Barcelona, Alejandra Anaya, Zora Melkonian y Javad Madani llegan al distrito de San Andrés que pese al progreso que ha tenido España en los últimos veinte años, es un sitio que parece haberse quedado detenido en el tiempo.

—Qué extraño es este lugar. No hay retratos de la reina y casi no hay edificios modernos aquí. Javad, ¿acaso pasamos por un portal al pasado o qué? —expresa Zora entre el desconcierto y la ironía.

Javad ríe y trata de responder, pero Alejandra, sin saberlo, le corta la palabra:

—A juzgar por la falta de cíborgs aquí, este distrito debe estar poblado por detractores de la reina. Y la falta de edificios modernos puede deberse a que son históricos y que, a diferencia del resto de distritos, aquí no debe haber muchos inmigrantes. ¿Estoy en lo cierto, señor Madani?

Sorprendido por los conocimientos de Alejandra sobre la ciudad, Javad la felicita:

—Acertaste en todo, pero te faltó decir que este lugar fue remodelado hace unos cinco años. Demolieron muchos edificios prefabricados de mala calidad y los reemplazaron con construcciones de apariencia medieval, para así crear un nuevo barrio turístico.

—Pero parece que el tiro les salió por la culata. —dice Zora mientras arruga la cara, al ver poca gente en las calles, en comparación con otras partes de Barcelona.

—La xenofobia es el mejor repelente de turistas. Digo, nadie querría llegar a un lugar donde lo van a tratar como un perro sarnoso, no importa qué bonito se vea —responde Alejandra.

—¿Cómo sabes tanto sobre esta ciudad? —pregunta Javad, intrigado por los acertados análisis de ella.

Alardeando de sus virtudes, pero sin caer en la pedantería, Alejandra responde:

—Soy buena observadora. Lo heredé de papá.

Unos minutos después, Javad llega a un edificio con apariencia de mazmorra que, para sorpresa de sus pasajeras, es un parqueadero público, con las celdas en su interior conteniendo los autos y manteniéndolos seguros detrás de una gruesa reja metálica que solo puede abrirse con un sensor biométrico, el cual responde únicamente al dueño del auto.

Una vez el auto está seguro y los tres se encuentran caminando hacia el hogar de Javad, Alejandra menciona:

—Este lugar se ve perfecto para que dos turistas y un inmigrante se escondan. ¿De quién debemos ocultarnos?

—Eulalia «Laia» Prats —responde—. Ella controla todo el bajo mundo de Barcelona. Todos los matones de esta ciudad obedecen sus órdenes, o se mueren.

—Pfff, te has vuelto cobarde, Javad —se mofa Zora—. El Sepâh si era temible. ¿Desde cuando te preocupan pandilleros y ladrones?

El Sepâh, término persa que denomina a la Guardia Revolucionaria Islámica, era el brazo armado de los ayatolás que gobernaron Irán desde 1979 hasta 2033, cuando su régimen cayó tras una cruenta guerra civil.

Contrario al Artesh, o ejército regular iraní, que constituyó el núcleo de las tropas rebeldes, los guardianes del Sepâh eran fanáticos que defendieron ferozmente la revolución, y preferían inmolarse antes que rendirse. Su devoción a su causa fue lo que provocó que la Guerra Civil Iraní fuese uno de los conflictos más sangrientos del siglo XXI, que en solo cuatro años se llevó la vida de más de trescientas mil almas.

—El problema —explica Javad—, es que muchos de sus hombres son ex miembros del tercio «Rodrigo Díaz de Vivar», una unidad de élite que fue el terror de las tropas de Marruecos durante la guerra hispano-marroquí. Si nos enfrentamos a ellos…

Inesperadamente, Javad saca una pistola y trata de apuntarla hacia Alejandra, pero para su sorpresa, ella reacciona antes, saca, por medio de un dispositivo especial en su brazo, una pequeña pistola oculta en la manga de su chaqueta que la ubica en su mano izquierda y apunta directamente a la testa del iraní, por lo que él guarda su arma, levanta los brazos y con una sonrisa de satisfacción, concluye:


Comentarios

  • »Debemos prepararnos para lo que sea.

    Alejandra pensaba recriminarle a Javad por su acción, pero Zora realiza una seña que la hace desistir. Nunca quiso matarla; solo quería saber si estaba lista para lo que se les viene encima.

    —¿Hay alguien más? Digo, el disco duro es muy codi…

    Javad hace una seña a Zora para que no hable fuerte, a lo cual, casi susurrando, explica:

    —Prats y sus hombres tienen oídos por toda la ciudad. Si escuchan a alguien hablando sobre el disco duro, nos caerá encima.

    —Ok, lo capto —se queja Zora. La prudencia es una palabra que nunca ha estado en su vocabulario, pero sabe cuando hay que tomarse las cosas con calma.

    Al llegar a un edificio de apartamentos y tomar el ascensor, a las chicas les resulta curioso que no más las puertas se cierran, Javad presiona los números 2, 4, 8, 16, 3 y 2, momento en el cual, el ascensor inexplicablemente se va al fondo del edificio.

    Las puertas se abren y revelan un estrecho pasillo de metro veinte de ancho, con paredes color ocre, pisos y techo de cerámica marrón, con luces LED en los bordes de las paredes con el piso y el techo, tan intensas que iluminan fácilmente el pasillo de diez metros de largo, el cual termina en una sencilla puerta de madera.

    —Bienvenidas a mi humilde morada.

    El hogar de Javad es todo menos humilde. Es un búnker con grandes lujos. Solo la sala cuenta con un televisor plasma de cuatrocientas pulgadas que cuelga de una pared, sillones de revestimiento dorado y una alfombra de piel de alpaca. El lugar propicio como para que un criminal pueda esconderse por mucho tiempo, sin preocuparse por ser encontrado.

    —Vaya —se sorprende Alejandra—. ¿Cómo encontraste este lugar?

    —Este era parte de un búnker más grande, construido por la república antes de la guerra civil española. La idea era que el gobierno pudiera refugiarse aquí, en caso de una calamidad. Por razones que desconozco, nunca fue utilizado y, si se preguntan, no está conectado con los barrios subterráneos, así que nadie sabe que este lugar existe —explica Javad, mientras se lanza hacia el gran sillón que se halla en la sala, mientras hace señas a sus invitadas para que tomen asiento.

    —Debo reconocer que esta vez sí me sorprendiste. —dice Zora, mientras se sienta a la derecha de Javad y se queda maravillada ante la cantidad de lujos hallados en la guarida de su colega.

    Mientras Alejandra toma asiento al lado de Zora, cae en cuenta de algo muy importante:

    —Mi padre nos dijo que había mucha gente peligrosa tras el disco duro de Zavoli. ¿Sabes algo sobre eso?

    Javad toma una laptop ubicada en una mesita a su izquierda, teclea y muestra la imagen de una chica de pelo rosa y apariencia modesta, saliendo de un edificio de mala muerte:

    —¿La conocen?

    Tras ajustarse los lentes, Alejandra señala la pantalla y algo sorprendida, responde:

    —Es Soledad Fariñas, hija de Manolo Fariñas, el ministro de armamentos de la Federación Amazónica y Macarena Rosales, directora de ATV, la cadena de televisión oficial del estado amazónico. Si le das un par de tragos, suelta de todo, desde su… dignidad femenina, hasta secretos de estado. Ella es de hecho, una de mis mejores informantes. ¿Por qué la pregunta? —revela Alejandra entre risas cargadas de picardía.

    —Pues está aquí, asesinó a más de veinte personas y secuestró al hijo de un concejal. —replica Javad sin rodeos.

    Alejandra y Zora se quedan extrañadas, siendo la primera quien interroga:

    —¡¿Bromeas?! Ella no puede matar ni una cucaracha.

    Javad explora unos archivos en su laptop hasta que muestra una serie de documentos a sus invitadas, los cuales explica:

    —Su padre es un experto en ingeniería cibernética, pero sus métodos son… cuestionables. Cuando fue descubierto experimentado con humanos, lo expulsaron de la comunidad científica europea y huyó a la Federación Amazónica, donde fue puesto a cargo de su programa de armas cibernéticas. Por lo que se, tras la independencia, el doctor Fariñas investigaba como usar la nanotecnología para convertir personas en autómatas, máquinas asesinas, eficientes, obedientes y letales.

    —¿De modo que él le hizo eso a su propia hija? ¡Maldito sea! —complementa Alejandra, visiblemente disgustada.

    —Así es —responde Javad, solidarizándose con su frustración—. Las víctimas de Soledad no eran novatos; eran agentes de élite, fuertemente entrenados en el arte de matar. Si el doctor Fariñas le hizo eso, la Soledad que conociste, dejó de existir.

    —Y si la enviaron desde Manaos, significa que va tras nuestras cabezas y, si nos encuentra, nos matará sin piedad —sentencia Alejandra con preocupación y tristeza.

    El comentario genera risas en Zora, quien desafiantemente, declara:

    —Javad, tú sabes que en Irán vencimos a enemigos que parecían invencibles. Si esto es a lo que nos enfrentamos… ¡pues que vengan!


  • Buena historia y me gusta la narrativa ágil.

    De lo poco que cambiaría:

    Una leve descripción de los personajes al principio, para hacernos una idea al menos de un par de rasgos físicos. Si los metes muy avanzada la historia el lector ya se habrá hecho una imagen mental y podría llevarle a confusión.

    Los puntos suspensivos son poco recomendables, utilizaría una acotación en su lugar.

    Por lo demás muy buen trabajo
  • editado 19 de noviembre
    Buena historia y me gusta la narrativa ágil.

    De lo poco que cambiaría:

    Una leve descripción de los personajes al principio, para hacernos una idea al menos de un par de rasgos físicos. Si los metes muy avanzada la historia el lector ya se habrá hecho una imagen mental y podría llevarle a confusión.

    Los puntos suspensivos son poco recomendables, utilizaría una acotación en su lugar.

    Por lo demás muy buen trabajo
    No lo hice esta vez porque, como expliqué en el mensaje que dejé en el subforo, esta es la octava entrega de una historia que ya llevo publicada allí. Te puedo proponer dos cosas: te puedo facilitar los capítulos anteriores y así te empapas mejor de la trama (y de paso, allí describo a los personajes) o, si por falta de tiempo no logras hacerlo, puedo darte la descripción por separado.

    Una pregunta, ¿a qué te refieres con acotación? No me suena el término.

    EDICIÓN: Por cierto, muchas gracias por tus opiniones.
  • Buena historia y me gusta la narrativa ágil.

    De lo poco que cambiaría:

    Una leve descripción de los personajes al principio, para hacernos una idea al menos de un par de rasgos físicos. Si los metes muy avanzada la historia el lector ya se habrá hecho una imagen mental y podría llevarle a confusión.

    Los puntos suspensivos son poco recomendables, utilizaría una acotación en su lugar.

    Por lo demás muy buen trabajo
    No lo hice esta vez porque, como expliqué en el mensaje que dejé en el subforo, esta es la octava entrega de una historia que ya llevo publicada allí. Te puedo proponer dos cosas: te puedo facilitar los capítulos anteriores y así te empapas mejor de la trama (y de paso, allí describo a los personajes) o, si por falta de tiempo no logras hacerlo, puedo darte la descripción por separado.

    Una pregunta, ¿a qué te refieres con acotación? No me suena el término.

    EDICIÓN: Por cierto, muchas gracias por tus opiniones.
    Pues me gustaría leerlo todo, si puedes decirme donde leerlo te lo agradecería. Con acotaciones me refiero a que expreses que esta ocurriendo, por ejemplo:

    Le interrumpió menganito 
    Hizo una pausa
    Dejó el resto en el aire

    en este video lo explican por si te animas y tienes tiempo a verlo
  • Está bien, pero la risa de Zora al final, justo cuando han hablado hace nada de algo tan horrendo como la conversión de Soledad Fariñas en autómata, se me hace muy raro.

    lo del Sepah, quizá (no lo aseguro) sea conveniente excluirlo de la narración para no desviar el hilo argumental (lo que hacen los tres personajes principales del capítulo) con unos asuntos de hace muchos años. Yo recomiendo quitar la mención al Sepah tal como está. Si quieres mencionar esos eventos, hazlo en una parte de la historia que sí se relacione con ellos.
  • editado 19 de noviembre
    @Iramesoj

    La risa de Zora ejemplariza dos cosas: que está nerviosa por el reto de tener que enfrentar a los hombres de Prats y a la autómata y, que ella no está bien de la cabeza. Algo de eso se ha visto en los capítulos anteriores, cuando Alejandra ha tenido que meter su cabeza cuando un auto está en movimiento (Barcelona parte II) y pararla para evitar que siga caminando hacia una calle lllena de autos en movimiento, evitando que la atropellen (Rebeldía). Una vez entre en acción, eso se hará evidente.

    Mencioné lo del Sepâh para resaltar que Zora y Javad lucharon contra enemigos temibles y se pueda explicar que puedan plantar cara contra los hombres de Prats que, como ya expliqué, son soldados de élite convertidos en gánsters.

    Muchas gracias por tus apreciaciones.
  • No recordaba que Zora no estuviera bien de la cabeza. Me resulta dificil acordarme de todo lo que leo (aunque de tus capítulos me acuerdo mucho más que de la mayoría de capítulos que he leido en internet de escritores amateurs o que están comenzando a publicar).

    lo que dices del Sepah tiene sentido, pues de ese modo se expresa lo que querías.
  • editado 19 de noviembre
    @Iramesoj

    Quizás lo de Zora no lo expliqué de forma más clara. Algo que debo corregir en mis borradores. 

    Por otro lado, me halagan enormemente esas palabras, Alvaro. Me motivan a seguir adelante con esto y a mejorar cada día. De corazón, muchas gracias.
  • Un capítulo mas tranquilo que el anterior. Está bueno que vayas intercalando capítulos mas movidos con tramos en donde se nos permita conocer más a fondo a los personajes. El hecho de que casi toda esta parte haya sido diálogo, hace que la lectura sea ágil y entretenida.

    "Tras un largo viaje en auto hasta el noroeste de Barcelona, Alejandra Anaya, Zora Melkonian y Javad Madani llegan al distrito de San Andrés que(,) pese al progreso que ha tenido España en los últimos veinte años, es un sitio que parece haberse quedado detenido en el tiempo."

    Considero que falta una coma ahí donde te la señalé

    "—A juzgar por la falta de cíborgs aquí, este distrito debe estar poblado por detractores de la reina. Y la falta de edificios modernos puede deberse a que son históricos y que, a diferencia del resto de distritos, aquí no debe haber muchos inmigrantes. ¿Estoy en lo cierto, señor Madani?"

    Aquí no queda claro si lo que son "históricos" son los edificios o si te estás refiriendo a otra cosa. Esa partecita quedó un poco confusa a mi entender.

    Por último, esos dos párrafos en donde se explica el significado del término "Sepâh", me parece que cortan un poco con la dinámica ágil que venías llevando. La explicación en sí esta buena, nos permite conocer un poco más sobre el contexto y sobre hechos importantes ocurridos en el pasado, pero tal vez deberían ir en forma de diálogo, al igual que hiciste con todo el resto. De esta forma, no desentonarían con el ritmo del capítulo.

    Poco más que añadir, buena lectura como es costumbre, la historia me sigue pareciendo de lo más interesante.
  • editado 21 de noviembre
    @Kantos

    Con respecto a los edificios históricos, me refería a que la arquitectura del distrito de San Andrés es similar a la de un barrio medieval. Cuando escribí ese párrafo, tenía en la mente el concepto de "falso histórico" (se lo escuché a un arquitecto, amigo de mi tío, de mano de una conversación que los tres tuvimos antes de la pandemia), que básicamente se aplica cuando construyes algo para que parezca histórico (p.ej. un barrio medieval), pero que no lo es (porque este "barrio medieval" fue erigido en el siglo XXI).

    En cuanto a la explicación del Sepâh, estuve pensando en ponerla como diálogo, o sea, que Alejandra preguntase "Zora ¿qué es Sepâh? ¿Alguna comida típica?" y que luego Zora o Javad le explicasen qué es, lo cual se habría visto muy bien, pero, si has seguido la historia desde el principio, te darás cuenta que Alejandra y Zora llevan de amigas por un tiempo bastante largo y por ende, resulta lógico que en algún momento a Anaya se le haya dado por preguntar qué es el Sepâh. Por ello me decanté por ponerlo así. Aunque pensándolo de nuevo, tienes razón, ponerlo como diálogo habría quedado infinitamente mejor.

    Con todo lo demás, lo tendré en cuenta (ya que el foro ya no me deja editar el capítulo; pero si puedo hacerlo con mi borrador) y anuncio (de nuevo), que el siguiente capítulo será el más movido de todos los que he montado. Espéralo.

    Gracias por tus opiniones.
  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    Un capítulo más tranquilo que el anterior y con más diálogos, lo que hace que la lectura sea más agil.
    También obtenemos más información sobre ese mundo que has creado. Tengo que buscar tiempo para leer los primeros capítulos.
    Supongo que tras este pequeño descanso para los personajes el próximo capítulo será más movidito. Quedo a la espera de los aconteciientos.

  • @Jano

    Así va a ser. Lo que viene para la siguiente entrega va ser mucho más movido que lo que he mostrado en todas las entradas anteriores. Espéralo.
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    Observo que en parte del contenido del texto mezclas palabras, frases e incluso hasta enseres de diferentes épocas, lo cual, lejos de parecerme discordante (o desconcertante), lo veo como un aditamento enriquecedor, pero solo en este tipo de relatos, obviando, claro está, lo que corresponde en cada etapa. (Esta es mi óptica).

    El diálogo entre Alejandra y Zora (guardando las diferencia) podría ser comparable con cualquier diálogo que puedan entablar dos típicas "Mari" (*) ; o sea, chismoso, que no quiero decir con esto que sea criticable, ni mucho menos censurable.

    Independientemente de que hayas podido recurrir a fuertes históricas para recabar una mayestática información que orne tu escrito, la composición y la administración que tú, Gary; haces de esas fuentes es conexa, ordenada; es decir, haces buen uso de ella, bien compuestas y bien administradas.

    En todo lo que te he leído hasta ahora, en diferentes escritos tuyos, se ve palmariamente que que no te lanzas a plasmar públicamente nada hasta antes no pulirlo a tu estilo. Eso, para mí, se llama meticulosidad, una valiosa herramienta que siempre debe tener a mano un escritor que se precie. Tú, barranquillero de pro, eres un escritor que no escribes por escribir, escribes con la esperanza de recibir respuestas constructivas, que te sirvan para mejorar. Y ahí llevas la mía por si te sirve de ayuda.

    Buen trabajo


    (*) Mari (mi definición personal, que se le podría llamar coloquial). Es una persona (tanto hombre como mujer) que, por  algún motivo desconocido, incluso por ella misma, se siente inferior. Critica a los demás para tratar de dejarlos por debajo de ella, esto le ayuda a sentirse mejor y también a subir su pobre autoestima, pero no cae en la cuenta de que está matando poco a su ya herido intelecto.










  • editado 24 de noviembre
    @cehi

    Antes que nada, me halagan esas palabras, Antonio, ya que me indican que estoy haciendo bien mi tarea como aspirante a escritor (me considero así y no escritor a secas, porque aun no he llegado al punto de vivir de la escritura), y a su vez, me motiva a seguir en esto.

    Con respecto a Alejandra y Zora, notaste algo importante: por momentos Alejandra peca de arrogante, aunque no de forma consciente. Es algo que le pasa con cierta frecuencia a las personas inteligentes, ya que, en su afán de querer ser parte de la conversación, habla de las muchas cosas que sabe, quedando como una sabelotodo a los ojos de los demás. Algunas personas entienden esto y lo aceptan (e incluso lo valoran), pero otras no y terminan siendo ofendidas por alguien que, a su manera de ver, trata de restregarles su inteligencia en su cara. Por su parte, a Zora le causa algo de envidia la inteligencia de Alejandra, ya que por más que intente ponerse a su nivel intelectual, nunca lo consigue, pero ha aprendido a sobrellevar eso y a apreciarla, ya que tiene el privilegio de conocerla mejor que nadie.

    Confieso que, modestia aparte, me gusta pulir bien mis escritos, ya sea investigando los elementos que introduciré en ellos y su argumentación, ya que me siento mal cuando hago un trabajo mediocre y, si algo sale mal, analizo a ver qué no hice bien y procuro no caer en el mismo error una segunda vez.

    Hay una frase muy sabia que mi señor padre me dijo una vez y me la he quedado: «uno nunca deja de ser estudiante». Puede que hayamos aprendido muchas cosas a lo largo de los años y tengamos muchos títulos a cuestas, pero siempre hay que procurar aprender algo nuevo todos los días, mejorar siempre, porque en el momento en que creamos que lo sabemos todo, nos estancamos.

    De corazón, un millón de gracias por tus opiniones. Las valoro bastante.
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


    "Hay una frase muy sabia que mi señor padre me dijo una vez y me la he quedado: «uno nunca deja de ser estudiante». Puede que hayamos aprendido muchas cosas a lo largo de los años y tengamos muchos títulos a cuestas, pero siempre hay que procurar aprender algo nuevo todos los días, mejorar siempre, porque en el momento en que creamos que lo sabemos todo, nos estancamos".


    Nada mejor que aprender de nuestros mayores, de los aciertos y de los desaciertos. Llega un momento que se origina algún percance en tu vida y, súbitamente, te acuerdas de una medicina para exterminarlo que te recomendó un día tu abuelo o tu padre, y, sorprendentemente, sales de él victorioso. Yo, que tengo más edad que tú, doy fe de lo que acabo de decirte. A todos nos ocurre.





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