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Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014


    Si quiero por las estrellas

    saber, tiempo, donde estás,

    miro que con ellas vas,

    pero no vuelves con ellas.

    ¿Adónde imprimes tus huellas

    que con tu curso no doy?

    Mas, ay, qué engañado estoy,

    que vuelas, corres y ruedas;

    tú eres, tiempo, el que te quedas,

    y yo soy el que me voy.


    Luis de Gongora
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014

    PREGUNTAS Y PENUMBRAS

    ¿Y si de pronto huyeran
    el valor y el destino
    -como alas- de este pájaro
    que me lleva a los vientos
    o a la muerte?
    Tal vez mañana mismo.

    Si de pronto volara
    de mi pecho
    el corazón, cayera
    como llave en un pozo:
    ¿Tú abrirías la puerta, cruzarías
    al umbral a mi paso señalado?
    Buscando entre los muertos

    Es a ti a quien hablo,
    a ti que creces
    como una larga herida
    en mi memoria, a ti que ignoras
    como yo
    los tatuajes de mi brazo. Es
    a ti a quien hablo.
    El cuerpo del hermano.
    Bajo mi cuerpo
    tiéndete, acerca tus oídos
    a la tierra: ¿Oyes cómo mis manos
    te acarician, como el mar suena
    todavía
    desde tu corazón?
    Nuestro cuerpo encontremos.

    Tras la puerta, otro fuego
    devora las montañas,
    los sueños
    y los hombres. No digas
    nunca: "hay tiempo,
    hay tiempo". Tal vez
    mañana mismo,
    buscando entre los muertos
    el cuerpo del hermano,
    nuestro cuerpo encontremos.

    Cesar Calvo



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    ¿Qué les queda a los jóvenes?

    ¿Qué les queda por probar a los jóvenes
    en este mundo de paciencia y asco?
    ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
    también les queda no decir amén
    no dejar que les maten el amor
    recuperar el habla y la utopía
    ser jóvenes sin prisa y con memoria
    situarse en una historia que es la suya
    no convertirse en viejos prematuros

    ¿qué les queda por probar a los jóvenes
    en este mundo de rutina y ruina?
    ¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
    les queda respirar / abrir los ojos
    descubrir las raíces del horror
    inventar paz así sea a ponchazos
    entenderse con la naturaleza
    y con la lluvia y los relámpagos
    y con el sentimiento y con la muerte
    esa loca de atar y desatar

    ¿qué les queda por probar a los jóvenes
    en este mundo de consumo y humo?
    ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
    también les queda discutir con dios
    tanto si existe como si no existe
    tender manos que ayudan / abrir puertas
    entre el corazón propio y el ajeno /
    sobre todo les queda hacer futuro
    a pesar de los ruines de pasado
    y los sabios granujas del presente.

    Mario Benedetti




  • MedeaMedea Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2014
    Ains, a mí sí me falta la cocaína =/
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014

    AMOR

    Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.

    Esta tarde -mar, pinares, azul-,
    suspendido entre los brazos ligerísimos del aire
    y entre los tuyos, dulce, dulce mía,
    un ritmo palpitante me cantaba:
    vivir es fácil y, a veces, casi alegre.

    La brisa unía en un mismo latido
    nuestros cuerpos, los árboles, las olas,
    y nosotros no éramos distintos
    de las nubes, los pájaros, los pinos,
    de las plantas azules de-agua y aire,
    plantas, al fin, nosotros, de callada y dulce carne.

    La tierra se extasiaba ; ya casi era divina
    en las nubes redondas, en la espuma,
    en este blanco amor que, radiante, se eleva
    al suave empuje de dos cuerpos que se unen en la hierba.

    ¿Recuerdas, dulce mía, cuando el aire
    se llenaba de palomas invisibles,
    de una música o brisa que tu aliento
    repetía apresurado de secretos?

    Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
    Contigo entre los brazos estoy viendo
    caballos que me escapan por un aire lejano,
    y estoy, y estamos, tocando con los labios
    esas flores azules que nacen de la nada.

    Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
    Al hablar, confundimos; al andar, tropezamos;
    al besarnos no existe un solo error posible:
    resucitan los cuerpos cantando, y parece
    que vamos a cubrirnos de flores diminutas,
    de flores blancas, lo mismo que un manzano.

    Dulce, dulce mía, ciérrame los ojos,
    deja que este aire inunde nuestros cuerpos ;
    seamos solamente dos árboles temblando
    con lo mismo que en ellos ha temblado esta tarde.

    Vivir es más que fácil ; es alegre.
    Por caminos difíciles hoy llego
    a la simple verdad de que tú vives.
    Sólo quiero el amor, el árbol verde
    que se mueve en el aire levemente
    mientras nubes blanquísimas escapan
    por un cielo que es rosa, que es azul, que es gris y malva,
    que es siempre lo infinito y no comprendo,
    ni quiero comprender, porque esto basta:
    ¡ amor, amor !, tus brazos y mis brazos,
    y los brazos ligerísimos del aire que nos lleva,
    y una música que flota por encima,
    que oímos y no oímos,
    que consuela y exalta:
    ¡ amor también volando a lo divino !

    Gabriel Celaya



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    INFERNO, V, 129

    Dejan caer el libro, porque ya saben
    que son las personas del libro.
    (Lo serán de otro, el máximo,
    pero eso qué puede importarles.)
    Ahora son Paolo y Francesca,
    no dos amigos que comparten
    el sabor de una fábula.
    Se miran con incrédula maravilla.
    Las manos no se tocan.
    Han descubierto el único tesoro;
    han encontrado al otro.
    No traicionan a Malatesta,
    porque la traición requiere un tercero
    y sólo existen ellos dos en el mundo.
    Son Paolo y Francesca
    y también la reina y su amante
    y todos los amantes que han sido
    desde aquel Adán y su Eva
    en el pasto del Paraíso.
    Un libro, un sueño les revela
    que son formas de un sueño que fue soñado
    en tierras de Bretaña.
    Otro libro hará que los hombres,
    sueños también, los sueñen.

    Jorge Luis Borges





  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    A veces tengo ganas de ser un cursi
    para decir: La amo a usted con locura.
    A veces tengo ganas de ser tonto
    para gritar: ¡La quiero tanto!
    A veces tengo ganas de ser un niño
    para llorar acurrucado en su seno.
    A veces tengo ganas de estar muerto
    para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
    que me crece una flor rompiéndome el pecho,
    una flor, y decir: Esta flor,
    para usted.

    Nicolás Guillén


  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014

    Fin de Un Amor

    No sé si es que cumplió ya su destino,
    si alcanzó perfección o si acabado
    este amor a su límite ha llegado
    sin dar un paso más en su camino.

    Aún le miro subir, de donde vino,
    a la alta cumbre donde ha terminado
    su penosa ascensión. Tal ha quedado
    estático un amor tan peregrino.

    No me resigno a dar la despedida
    a tal altivo y firme sentimiento
    que tanto impulso y luz diera a mi vida.

    No es su culminación lo que lamento,
    su culminar no causa la partida,
    la causará, tal vez, su acabamiento.

    Manuel Altolaguirre







  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014
    Oquendo.bmp


    Carlos Oquendo de Amat
  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado julio 2014
    He abierto la ventana. Entra sin hacer ruido
    (afuera deja sus constelaciones).
    «Buenas noches, Noche».
    Pasa las páginas de sombra
    en las que todo está ya escrito.
    Viene a pedirme cuentas.

    «Salí al rayar el alba ―digo―.
    Lamía el sol las paredes leprosas.
    Olía a vino, a miel, a jara»
    (Deslumbrada por tanta claridad
    ha entornado los ojos).
    La llevan mis palabras por calles, ascuas, no lo sé:
    oye la plata de las campanadas.
    Ante la puerta de la iglesia
    me callo, me detengo ―entraría conmigo
    si yo no me callase, si no me detuviera―;
    yo sé bien lo que quiere la Noche;
    lo de todas las noches;
    si no, por qué habría venido.

    Ya mi memoria no es lo que era. En la misa del alba
    no dije Agnus Dei qui tollis pecata mundi,
    sino que dije Marta Dei (ella también es cordero de Dios
    que quita mis pecados del mundo).
    La noche no podría comprenderlo,
    y qué decirle, y cómo, para que lo entendiese.

    No me pregunta nada la Noche,
    no me pregunta nada. Ella lo sabe todo
    antes que yo lo diga, antes que yo lo sepa.
    Ella ha oído esos versos
    que se escupen de boca en boca, versos
    de un malaleche del Andalucía
    ―al que otro malaleche de solar montañés
    llamara «capellán del rey de bastos»―
    en los que se hace mofa de mí y de Marta,
    amor mío, resumen de todos mis amores:
    Dicho me han por una carta
    que es tu cómica persona
    sobre los manteles, mona
    y entre las sábanas, Marta.
    qué sabrá ese tahúr, ese amargado
    lo que es amor.
    La Noche trae entre los pliegues de su toga
    un polvillo de música, como el del ala de la mariposa.
    Una música hilada en la vihuela
    del maestro del danzar, nuestro vecino.
    En la cocina estará escuchando Marta;
    danzará, mientras barre el suelo que no ve,
    manchado de ceniza, de aroma, de trigo candeal,
    de jazmines, de estrellas, de papeles rompidos.
    Danza y barra Marta.

    Pido a la Noche que se vaya. Hasta mañana, Noche.
    Déjame que descanse. Cuando amanezca regaré el jardín,
    saldré después a decir misa.
    ―Deus meus, Deus meus, quare tristis est amina mea―
    luego volveré a casa, terminaré una epístola en tercetos,
    escribiré unas hojas
    de la comedia que encargaron unos representantes.
    Que las cosas no marchan bien en el teatro,
    y uno no puede dormirse en los laureles.

    Hasta mañana, Noche.
    Tengo que dar la cena a Marta,
    asearla, peinarla (ella no vive ya en el mundo nuestro),
    cuidar que no alborote mis papeles,
    que no apuñale las paredes con mis plumas
    ―mis bien cortadas plumas―,
    tengo que confesarla. «Padre, vivo en pecado»
    (no sabe que el pecado es de los dos),
    y dirá luego: «Lope, quiero morirme»
    (y qué sucedería si yo muriese antes que ella).
    Ego te absolvo.

    Y luego, sosegada, le contaré, para dormirla,
    aventuras de olas, de galeones, de arcabuces, de rumbos marinos,
    de lugares vividos y soñados: de lo que fue
    y que no fue y que pudo ser mi vida.
    Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    Hola Nae

    Hoy justamente en la oficina, tratando de olvidar mi vida por media hora. Pensaba en la luna y tú me dejas esto tan especial.

    No hablo de Borges porque aquí solo se coloca poesía. Y una que otra cosa rara.

    Cuando era niño veía la luna y soñaba con llegar a ella.

    Con mi hermana discutíamos que se veía en ella, ella decía: “veo un conejito”, yo veía un perro luego con el tiempo ya no quería llegar ahí. Me enteré que unos tipos ya habían llegado, inclusive habían tomado fotos y que todo eran piedras y polvo.

    Nada interesante.

    No sé qué encanto tiene la luna, a pesar de todo siempre la veo, soy un lunático en el sentido literal de la palabra. Quizás también tenga que ver con la foto y el mini poema de Benedicto.

    Un abrazo y gracias por dejar algo en este lugar.



    La Luna

    Cuenta la historia que en aquel pasado
    Tiempo en que sucedieron tantas cosas
    Reales, imaginarias y dudosas,
    Un hombre concibió el desmesurado
    Proyecto de cifrar el universo
    En un libro y con ímpetu infinito
    Erigió el alto y arduo manuscrito
    Y limó y declamó el último verso.
    Gracias iba a rendir a la fortuna
    Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
    Disco en el aire y comprendió, aturdido,
    Que se había olvidado de la luna.
    La historia que he narrado aunque fingida,
    Bien puede figurar el maleficio
    De cuantos ejercemos el oficio
    De cambiar en palabras nuestra vida.
    Siempre se pierde lo esencial. Es una
    Ley de toda palabra sobre el numen.
    No la sabrá eludir este resumen
    De mi largo comercio con la luna.
    No sé dónde la vi por vez primera,
    Si en el cielo anterior de la doctrina
    Del griego o en la tarde que declina
    Sobre el patio del pozo y de la higuera.
    Según se sabe, esta mudable vida
    Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
    Y hubo así alguna tarde en que con ella
    Te miramos, oh luna compartida.
    Más que las lunas de las noches puedo
    Recordar las del verso: la hechizada
    Dragon Moon que da horror a la balada
    Y la luna sangrienta de Quevedo.
    De otra luna de sangre y de escarlata
    Habló Juan en su libro de feroces
    Prodigios y de júbilos atroces;
    Otras más claras lunas hay de plata.
    Pitágoras con sangre (narra una
    Tradición) escribía en un espejo
    Y los hombres leían el reflejo
    En aquel otro poema que es la luna.
    De hierro hay una selva donde mora
    El alto lobo cuya extraña suerte
    Es derribar la luna y darle muerte
    Cuando enrojezca el mar la última aurora.
    (Esto el Norte profético lo sabe
    Y también que ese día los abiertos
    Mares del mundo infestará la nave
    Que se hace con las uñas de los muertos.)
    Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
    Quiso que yo también fuera poeta,
    Me impuse, como todos, la secreta
    Obligación de definir la luna.
    Con una suerte de estudiosa pena
    Agotaba modestas variaciones,
    Bajo el vivo temor de que Lugones
    Ya hubiera usado el ámbar o la arena.
    De lejano marfil, de humo, de fría
    Nieve fueron las lunas que alumbraron
    Versos que ciertamente no lograron
    El arduo honor de la tipografía.
    Pensaba que el poeta es aquel hombre
    Que, como el rojo Adán del Paraíso,
    Impone a cada cosa su preciso
    Y verdadero y no sabido nombre.
    Ariosto me enseñó que en la dudosa
    Luna moran los sueños, lo inasible,
    El tiempo que se pierde, lo posible
    O lo imposible, que es la misma cosa.
    De la Diana triforme Apolodoro
    Me dejó divisar la sombra mágica;
    Hugo me dio una hoz que era de oro,
    Y un irlandés, su negra luna trágica.
    Y, mientras sondeaba aquella mina
    De las lunas de la mitología,
    Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
    La luna celestial de cada día.
    Sé que entre las palabras, una
    Hay que recordarla o figurarla.
    El secreto, a mi ver, está en usarla
    Con humildad. Es la palabra luna.
    Yo no me atrevo a macular su pura
    Aparición con una imagen vana;
    La veo indescifrable y cotidiana
    Y más allá de mi literatura.
    Sé que la luna o la palabra luna
    Es una letra que fue creada para
    La compleja escritura de esa rara
    Cosa que somos, numerosa y una.
    Es uno de los símbolos que al hombre
    Da el hado o el azar para que un día
    De exaltación gloriosa o agonía
    Pueda escribir su verdadero nombre.

    Jorge Luis Borges







  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    El reino de los beodos

    Tuvo un reino una vez tantos beodos,
    que se puede decir que lo eran todos,
    en el cual por ley justa se previno:
    -Ninguno cate el vino.-
    Con júbilo el mas loco
    aplaudióse la ley, por costar póco:
    acatarla después, ya es otro paso;
    pero en fin, es el caso
    que la dieron un sesgo muy distinto,
    creyendo que vedaba sólo el tinto,
    y del modo más franco
    se achisparon después con vino blanco.
    Extrañado que el pueblo no la entienda.
    El Senado a la ley pone una enmienda,
    y a aquello de: Ninguno cate el vino,
    añadió, blanco, al parecer, con tino.
    Respetando la enmienda el populacho,
    volvió con vino tinto a estar borracho,
    creyendo por instinto ¡mas qué instinto!
    que el privado en tal caso no era el tinto.
    Corrido ya el Senado,
    en la segunda enmienda, de contado
    -Ninguno cate el vino,
    sea blanco, sea tinto,- les previno;
    y el pueblo, por salir del nuevo atranco,
    con vino tinto entonces mezcló el blanco;
    hallando otra evasión de esta manera,
    pues ni blanco ni tinto entonces era.
    Tercera vez burlado,
    -<No es eso, no señor,> dijo el Senado;
    < o el pueblo es muy zoquete, o muy ladino:
    se prohibe mezclar vino con vino>-
    Mas ¡cuánto un pueblo rebelado fragua!
    ¿Creeis que luégo lo mezcló con agua?
    Dejando entonces el Senado el puesto,
    de ese modo al cesar dió un manifiesto:
    La ley es red, en la que siempre se halla
    descompuesta una malla,
    por donde el ruín que en su razón no fía,
    se evade suspicaz... ¡Qué bien decía!
    Y en lo demás colijo
    que debiera decir, si no lo dijo:
    Jamás la ley enfrena
    al que a su infamia su malicia iguala:
    si se ha de obedecer, la mala es buena;
    mas si se ha de eludir, la buena es mala.

    Ramón de Campoamor


  • MedeaMedea Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2014
    Juancho, el título "Sigamos pegando" siempre me sonó a canción de reguetón
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    Disculpa Medea no fue mi intención…

    El poema de Campoamor parece un regueton



    Dios es uno y no más. Y el uno hace el hijo
    Y la mujer, así perfecta la corbata...
    Y el poeta está haciéndose de lo que se desbarata.
    Y todo fue creado antes de lo prolijo.

    Y el artista se está con su lente y su alijo
    Y alguna florecilla ya se entreabre en la mata.
    Dios es uno no más, como es una rata
    O una puerta o una muerte, como dicen que dijo...

    ¡Unidad, alma mía, que no toca siquiera!...
    ¡Que no alcanzo si pienso con mis filosofías!...
    ¡Unidad, unidad, para una primavera!...

    ¡Y yo quiero creer, y no creo, Almas Mías,
    Sujeto a mi camisa, real y verdadera,
    Leyendo en calendarios los tiempos y los días!

    Martín Adán





  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014

    Otros cinco poemas para Cris

    I
    Todo lo que precede es como los primeros momentos
    de un encuentro después de mucho tiempo:
    sonrisas, preguntas, lentos reajustes.
    Es raro, me pareces menos morena que antes.
    ¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no me gusta
    la cerveza. Es verdad, me había olvidado.

    Y por debajo, montacargas de sombra, asciende despacio otro
    presente. En tu pelo empiezan a temblar las abejas, tu mano
    roza la mía y pone en ella un dulce algodón de humo. Hueles
    de nuevo a sur.

    II
    Tienes a ratos
    la cara del exilio
    ese que busca voz en tus poemas.

    Mi exilio es menos duro,
    le sobran las defensas,
    pero cuando te llevo de la mano
    por una callecita de París
    quisiera tanto que el paseo se acabara
    en una esquina de Montevideo
    o en mi calle Corrientes
    sin que nadie viniera
    a pedir documentos.

    III
    A veces creo que podríamos
    conciliar los contrarios
    hallar la centritud inmóvil de la rueda
    salir de lo binario
    ser el vertiginoso espejo que concentra
    en un vértice último
    esta ceremoniosa danza que dedico
    a tu presente ausencia.

    Recuerdo a Saint-Exupéry: «El amor
    no es mirar lo que se ama
    sino mirar los dos en una misma dirección».

    Pero él no sospechó que tantas veces
    los dos mirábamos fascinados a una misma mujer
    y que la espléndida, feliz definición
    se viene al suelo como un gris pelele.

    IV
    Creo que no te quiero,
    que solamente quiero la imposibilidad
    tan obvia de quererte
    como la mano izquierda
    enamorada de ese guante
    que vive en la derecha.

    V
    Ratoncito, pelusa, medialuna,
    caleidoscopio, barco en la botella,
    musgo, campana, diáspora,
    palingenesia, helecho,
    eso y el dulce de zapallo,
    el bandoneón de Troilo y dos o tres
    zonas de piel en donde
    hace nido el alción,

    son las palabras que contienen
    tu cruel definición inalcanzable,
    son las cosas que guardan las sustancias
    de que estás hecha para que alguien
    beba y posea y arda convencida
    de conocerte entera,
    de que sólo eres Cris.


    Julio Cortázar




  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    Masa


    Al fin de la batalla,
    y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
    y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Se le acercaron dos y repitiéronle:
    «¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
    clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Le rodearon millones de individuos,
    con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
    Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

    Entonces todos los hombres de la tierra
    le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
    incorporóse lentamente,
    abrazó al primer hombre; echóse a andar...

    César Vallejo


  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    El Perú

    por Jorge Luis Borges

    De la suma de cosas del orbe ilimitado
    vislumbramos apenas una que otra. El olvido
    y el azar nos despojan. Para el niño que he sido,
    el Perú fue la historia que Prescott ha salvado.

    Fue también esa clara palangana de plata
    que pendió del arzón de una silla y el mate
    de plata con serpientes arqueadas y el embate
    de las lanzas que tejen la batalla escarlata.

    Fue después una playa que el crepúsculo empaña
    y un sigilo de patio, de enrejado y de fuente,
    y unas líneas de Eguren que pasan levemente

    y una vasta reliquia de piedra en la montaña.
    Vivo, soy una sombra que la Sombra amenaza;
    moriré y no habré visto mi interminable casa.


    //////////////////////////////////////////////////////


    Palabra de guerrillero

    Javier Heraud
    (Perú, 1942-1963)


    Porque mi patria es hermosa
    corno una espada en el aire,
    y más grande ahora y aun
    más hermosa todavía,
    yo hablo y la defiendo
    con mi vida.
    No me importa lo que digan
    los traidores,
    hemos cerrado el pasado
    con gruesas lágrimas de acero.
    El cielo es nuestro,
    nuestro el pan de cada día,
    hemos sembrado y cosechado
    el trigo y la tierra,
    y el trigo y la tierra
    son nuestros,
    y para siempre nos pertenecen
    el mar
    las montañas y los pájaros.



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    YO NO LO SE DE CIERTO...

    Yo no lo sé de cierto, pero supongo
    que una mujer y un hombre algún día se quieren,
    se van quedando solos poco a poco,
    algo en su corazón les dice que están solos,
    solos sobre la tierra se penetran,
    se van matando el uno al otro.

    Todo se hace en silencio. Como
    se hace la luz dentro del ojo.
    El amor une cuerpos.
    En silencio se van llenando el uno al otro.

    Cualquier día despiertan, sobre brazos;
    piensan entonces que lo saben todo.
    Se ven desnudos y lo saben todo.

    (Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).

    Jaime Sabines




  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2014


    Desaliento

    «No quiero que pienses», dices
    Tú sabes que sólo en ello
    puedo pensar. Pasarán
    los días, las noches. Tiempos
    vendrán sin nosotros. Soles
    brillarán en cielos nuevos.
    Ecos de campana harán
    más misterioso el silencio.
    («No quiero que pienses».)
    Yo seguiré pensando en ello.

    Quisiera hablarte de hermosas
    fábulas, de pensamientos
    luminosos, de jornadas
    soñadas, de flores, vientos,
    caricias, ternuras, gracias,
    secretos;
    pero en la boca me nacen
    palabras de fuego.
    Como llamas silenciosas
    me abrasan por dentro.

    Debiera decirte «amor»,
    «fantasía», «sueño».

    Yo sólo pregunto cómo
    fue posible aquello.
    Seguiría, paso a paso,
    la huella de tu andar. Dentro
    de tu vida escondería
    la vida que muero.

    «No quiero que pienses». Yo
    digo que no pienso en ello.
    (Cómo podría olvidarlo
    sin haberme muerto.)

    José Hierro
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2014


    ÉGLOGA TARDA


    Me he acostumbrado a ti
    como los ríos al color del cielo.
    Odio lo que se pierde en cada paso;
    el tiempo de mi espera, sin esperanzas lleno.
    Me he acostumbrado a ti
    como la luz del mundo a las ventanas.
    Obscurece y no llegas.
    Será para mañana.
    Doblo amorosamente mi flor para mañana
    pues las rosas ya saben esperarte conmigo.

    Juan Gonzalo Rose

  • el hombre de vitrubioel hombre de vitrubio Anónimo s.XI
    editado agosto 2014
    Anillos de ceniza - Alejandra Pizarnik

    Son mis voces cantando
    para que no canten ellos,
    los amordazados grismente en el alba,
    los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

    Hay, en la espera,
    un rumor a lila rompiéndose.
    Y hay, cuando viene el día,
    una partición de sol en pequeños soles negros.
    Y cuando es de noche, siempre,
    una tribu de palabras mutiladas
    busca asilo en mi garganta
    para que no canten ellos,
    los funestos, los dueños del silencio
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    He roto con los sustantivos

    He roto con los sustantivos
    y sus criptus de silencio.
    Me he marchado
    solitaria
    sin el pronombre y el verbo.

    La gramática ha llorado
    su triste forma gris
    su río seco
    la historia de su litoral desierto.

    Porque nada vale tanto
    como este grano de vida
    este sentirse libre
    de la norma
    el precepto
    la mentira.

    --Margarita Carrera
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2014

    INSOMNIO


    Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
    A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
    y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
    Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
    Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
    por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
    por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
    Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
    ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

    Dámaso Alonso

  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    Cultivo una rosa blanca

    Cultivo una rosa blanca
    en julio como en enero,
    para el amigo sincero
    que me da su mano franca.

    Y para el cruel que me arranca
    el corazón con que vivo,
    cardo ni ortiga cultivo:
    cultivo una rosa blanca.

    José Martí
  • LilyJalileLilyJalile Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    SUEÑA ALONSO QUIJANO

    El hombre se despierta de un incierto
    sueño de alfanjes y de campo llano
    y se toca la barba con la mano
    y se pregunta si está vivo o muerto.
    ¿No lo perseguirán los hechiceros
    que han jurado su mal bajo la luna?
    Nada. Apenas el frío. Apenas una
    dolencia de sus años postrimeros.
    El hidalgo fue un sueño de Cervantes
    y don Quijote un sueño del hidalgo.
    El doble sueño los confunde y algo
    está pasando que pasó mucho antes.
    Quijano duerme y sueña. Una batalla:
    los mares de Lepanto y la metralla.

    Jorge Luis Borges
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    Humoradas

    Busqué la ciencia, y me enseñó el vacío.
    Logré el amor, y conquisté el hastío.

    ¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
    la duda, nuestra eterna compañera!

    ¿Qué es preciso tener en la existencia?
    Fuerza en el alma y paz en la conciencia.

    No tengáis duda alguna:
    felicidad suprema no hay ninguna.

    Aunque tú por modestia no lo creas,
    las flores en tu sien parecen feas.

    Te pintaré en un cantar
    la rueda de la existencia:
    Pecar, hacer penitencia
    y, luego, vuelta a empezar.

    En este mundo traidor,
    nada es verdad ni mentira.
    Todo es según el color
    del cristal con que se mira.

    ~Ramón de Campoamor
  • PopePope Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2014
    Pequeño vals Vienés

    En Viena hay diez muchachas,
    un hombro donde solloza la muerte
    y un bosque de palomas disecadas.
    Hay un fragmento de la mañana
    en el museo de la escarcha.
    Hay un salón con mil ventanas.
    ¡Ay, ay, ay, ay!
    Toma este vals con la boca cerrada.

    Este vals, este vals, este vals,
    de sí, de muerte y de coñac
    que moja su cola en el mar.

    Te quiero, te quiero, te quiero,
    con la butaca y el libro muerto,
    por el melancólico pasillo,
    en el oscuro desván del lirio,
    en nuestra cama de la luna
    y en la danza que sueña la tortuga.
    ¡Ay, ay, ay, ay!
    Toma este vals de quebrada cintura.

    En Viena hay cuatro espejos
    donde juegan tu boca y los ecos.
    Hay una muerte para piano
    que pinta de azul a los muchachos.
    Hay mendigos por los tejados.
    Hay frescas guirnaldas de llanto.
    ¡Ay, ay, ay, ay!
    Toma este vals que se muere en mis brazos.

    Porque te quiero, te quiero, amor mío,
    en el desván donde juegan los niños,
    soñando viejas luces de Hungría
    por los rumores de la tarde tibia,
    viendo ovejas y lirios de nieve
    por el silencio oscuro de tu frente.
    ¡Ay, ay, ay, ay!
    Toma este vals del "Te quiero siempre".

    En Viena bailaré contigo
    con un disfraz que tenga
    cabeza de río.
    ¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
    Dejaré mi boca entre tus piernas,
    mi alma en fotografías y azucenas,
    y en las ondas oscuras de tu andar
    quiero, amor mío, amor mío, dejar,
    violín y sepulcro, las cintas del vals.

    Federico García Lorca
  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado agosto 2014
    odmaldi escribió : »
    Cultivo una rosa blanca

    Cultivo una rosa blanca
    en julio como en enero,
    para el amigo sincero
    que me da su mano franca.

    Y para el cruel que me arranca
    el corazón con que vivo,
    cardo ni ortiga cultivo:
    cultivo una rosa blanca.

    José Martí

    Mi vieja porfiada que siempre luchó a brazo partido para ser siempre ella... y que ahora está allá arriba con su padre Hurtado pidiendo perdón para estos hijos ingratos que crió... hasta muy viejita nos recitó este poema. Gracias estimada Odmaldi por este recuerdo mientras afuera la lluvia comienza a caer con fuerza.
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    torrejuelas escribió : »
    Mi vieja porfiada que siempre luchó a brazo partido para ser siempre ella... y que ahora está allá arriba con su padre Hurtado pidiendo perdón para estos hijos ingratos que crió... hasta muy viejita nos recitó este poema. Gracias estimada Odmaldi por este recuerdo mientras afuera la lluvia comienza a caer con fuerza.

    Nada que agradecer, basta con que haya compartido sus emocones/impresiones/recuerdos. Esos retazos tan íntimos.

    Abrazuco
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    Escándalo público

    Cuando una hormiga cae
    ninguno se da cuenta.

    Cuando yo estoy sufriendo hasta la médula
    sólo yo lo averiguo.

    Y se me antoja hoy-no sé por qué zodíaco-
    que si sufro lo sepa todo el mundo.

    Y que no es justo que padezca solo.

    Y que alguna mujer debiera estar llorando
    sobre mis metacarpios.
    Al menos, ayudándome a llorar.

    Me siento solidario con todo aquel que tiene
    alguna torva pena, alguna neuralgia,
    alguna madre agónica, alguna cárcel suya.

    Y sólo pediría una brocha imponente
    para llenar los muros de palabras soeces,
    hasta que todos sepan
    lo enfermamente triste
    que un hombre puede estar de igual manera,
    de igual simple manera
    como caer una hormiga.

    ~Manuel José Arce Leal
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