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Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado noviembre 2013


    Cristo en la cruz


    Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
    Los tres maderos son de igual altura.
    Cristo no está en el medio. Es el tercero.
    La negra barba pende sobre el pecho.
    El rostro no es el rostro de las láminas.
    Es áspero y judío. No lo veo
    y seguiré buscándolo hasta el día
    último de mis pasos por la tierra.
    El hombre quebrantado sufre y calla.
    La corona de espinas lo lastima.
    No lo alcanza la befa de la plebe
    que ha visto su agonía tantas veces.
    La suya o la de otro. Da lo mismo.
    Cristo en la cruz. Desordenadamente
    piensa en el reino que tal vez lo espera,
    piensa en una mujer que no fue suya.
    No le está dado ver la teología,
    la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
    las catedrales, la navaja de Occam,
    la púrpura, la mitra, la liturgia,
    la conversión de Guthrum por la espada,
    la inquisición, la sangre de los mártires,
    las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
    el Vaticano que bendice ejércitos.
    Sabe que no es un dios y que es un hombre
    que muere con el día. No le importa.
    Le importa el duro hierro con los clavos.
    No es un romano. No es un griego. Gime.
    Nos ha dejado espléndidas metáforas
    y una doctrina del perdón que puede
    anular el pasado. (Esa sentencia
    la escribió un irlandés en una cárcel.)
    El alma busca el fin, apresurada.
    Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
    Anda una mosca por la carne quieta.
    ¿De qué puede servirme que aquel hombre
    haya sufrido, si yo sufro ahora?

    Jorge Luis Borges
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado noviembre 2013
    El guardián del hielo

    Y coincidimos en el terral
    el heladero con su carretilla averiada
    y yo
    que corría tras los pájaros huidos del fuego
    de la zafra.
    También coincidió el sol.
    En esa situación cómo negarse a un favor llano:
    el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

    Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

    El hielo empezó a derretirse
    bajo mi sombra, tan desesperada
    como inútil.
    Diluyéndose
    dibujaba seres esbeltos y primordiales
    que sólo un instante tenían firmeza
    de cristal de cuarzo
    y enseguida eran formas puras
    como de montaña o planeta
    que se devasta.

    No se puede amar lo que tan rápido fuga.
    Ama rápido, me dijo el sol.
    Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
    a cumplir con la vida:
    yo soy el guardián del hielo.

    José Watanabe
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2013
    LAS DOS LINTERNAS
    I
    De Diógenes compré un día
    la linterna a un mercader;
    distan la suya y la mía
    cuanto hay de ser a no ser.
    Blanca la mía parece;
    la suya parece negra;
    la de él todo lo entristece;
    la mía todo lo alegra.
    Y es que en el mundo traidor
    nada hay verdad ni mentira;
    todo es según el color
    del cristal con que se mira.
    II
    - Con mi linterna - él decía-
    no hallo un hombre entre los seres-.
    ¡Y yo que hallo con la mía
    hombres hasta en las mujeres!
    él llamó, siempre implacable,
    fe y virtud teniendo en poco,
    a Alejandro, un miserable,
    y al gran Sócrates, un loco.
    Y yo ¡crédulo! entretanto,
    cuando mi linterna empleo,
    miro aquí, y encuentro un santo,
    miro allá, y un mártir veo.
    ¡Sí! mientras la multitud
    sacrifica con paciencia
    la dicha por la virtud
    y por la fe la existencia,
    para él virtud fue simpleza,
    el más puro amor escoria,
    vana ilusión la grandeza,
    y una necedad la gloria.
    ¡Diógenes! Mientras tu celo
    sólo encuentra sin fortuna,
    en Esparta algún chicuelo
    y hombres en parte ninguna,
    yo te juro por mi nombre
    que, con sufrir al nacer,
    es un héroe cualquier hombre,
    y un ángel toda mujer.
    III
    Como al revés contemplamos
    yo y él las obras de Dios,
    Diógenes o yo engañamos.
    ¿Cuál mentirá de los dos?
    ¿Quién es en pintar más fiel
    las obras que Dios creó?
    El cinismo dirá que él;
    la virtud dirá que yo.

    Y es que en el mundo traidor
    nada hay verdad ni mentira:
    todo es según el color
    del cristal con que se mira.

    RAMÓN DE CAMPOAMOR
  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado diciembre 2013
    ( Y es que en el mundo traidor
    nada hay verdad ni mentira:
    todo es según el color
    del cristal con que se mira. )



    Y no hay más. Saludos.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2014


    La rosa
    A Enrique Peña

    Pura rosa de teoría...
    olor y color mental,
    forma de melancolía...

    Un ánima ajena mía,
    deshacía y rehacía
    nulo proyecto espiral.

    Pura rosa de teoría,
    olor y color mental,
    forma de melancolía...

    Mi rosa de pensamiento
    en el espacio real.

    Todo, todo fue un momento.

    En el vaso de cristal,
    cuerpo de la luz, había
    la materia de lo ideal.

    Pura rosa de teoría,
    olor y color mental,
    forma de melancolía...

    El alma que sostenía
    el divino movimiento,
    situaba en el mundo, tento,
    la creatura nadía.

    Intimo tiempo cundía.

    Fue un ánima ajena mía,
    traspasando su deseo;
    quien en la rosa que veo
    vio la que no se veía.

    Un ánima ajena mía,
    en un vaso de cristal,
    plenaba, a la luz vacía,
    de olor y color mental,
    forma de melancolía.

    Pura rosa de teoría...

    En la angustia, todavía,
    claro incolor espiral.

    Era la rosa absoluta
    en la rosa resoluta.

    Sensos miserandos pía-
    mente cesaban. Rosal
    de espíritu se sabía.

    ¡Ah, la rosa material!...

    Martín Adán

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2014



    Uno aprende
    [plagio de Jorge Luís Borges].


    Después de un tiempo,
    Uno aprende la sutil diferencia
    Entre sostener una mano
    Y encadenar un alma,

    Y uno aprende
    Que el amor no significa acostarse
    Y una compañía no significa seguridad
    Y uno empieza a aprender ...
    Que los besos no son contratos
    Y los regalos no son promesas
    Y uno empieza a aceptar sus derrotas
    Con la cabeza alta y los ojos abiertos

    Y uno aprende a construir
    Todos sus caminos en el hoy,
    Porque el terreno de mañana
    Es demasiado inseguro para planes ...
    Y los futuros tienen una forma de
    Caerse en la mitad.

    Y después de un tiempo
    Uno aprende que si es demasiado
    Hasta el calorcito del sol quema.

    Así que uno planta su propio jardín
    Y decora su propia alma,
    En lugar de esperar a que alguien
    Le traiga flores.
    Y uno aprende que
    Realmente puede aguantar,
    Que uno realmente es fuerte,
    Que uno realmente vale,
    Y uno aprende y aprende, ...
    Y con cada día uno aprende.

    Este precioso poema, atribuido a Borges y recitado por él, sin que aparezca en ninguna de sus obras, es en realidad un plagio. Tal vez sea ése el motivo que lo llevó a no publicarlo.

    Se cree que Borges hizo un arreglo personal del texto de Shakespeare.


    Después de un tiempo...
    Por William Shakespeare

    Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre
    dar la mano y socorrer a un alma,
    y aprenderás que amar no significa apoyarse,
    y que compañía no siempre significa seguridad.

    Comenzarás a aprender que los besos no son
    contratos, ni regalos, ni promesas. . .
    comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida
    y la mirada al frente, con la gracia de un niño
    y no con la tristeza de un adulto
    y aprenderás a construir hoy todos tus caminos,
    porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos
    y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

    Después de un tiempo aprenderás que
    el sol quema si te expones demasiado. . . .
    aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez
    y necesitarás perdonarlas. . .
    aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. . .
    descubrirás que lleva años construir confianza
    y apenas unos segundos destruirla
    y que tú también podrás hacer cosas
    de las que te arrepentirás el resto de la vida.


    Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo
    a pesar de las distancias,
    y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida,
    y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

    Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos,
    si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
    Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos
    con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa
    o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía.

    Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera
    a las personas que más te importan
    y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos,
    porque nunca estaremos seguros
    de cuando será la última vez que las veamos.

    Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea
    tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros
    somos los únicos responsables de lo que hacemos.

    Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás,
    salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

    Descubrirás que se lleva mucho tiempo
    para llegar a ser la persona que quieres ser,
    y que el tiempo es corto.

    Aprenderás que no importa a donde llegaste,
    sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve. . . . .

    Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán
    y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad,
    porque no importa cuán delicada
    y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.

    Aprenderás que héroes son las personas
    que hicieron lo que era necesario,
    enfrentando las consecuencias . . .

    Aprenderás que la paciencia Requiere mucha práctica.
    Descubrirás que algunas veces,
    la persona que esperas que te patee cuando te caes,
    tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.

    Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido
    de las experiencias, que con los años vividos.
    Aprenderás que hay mucho mas de tus padres
    en ti de lo que supones.

    Aprenderás que nunca se debe decir a un niño
    que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes
    y sería una tragedia si lo creyese
    porque le estarás quitando la esperanza.

    Aprenderás que cuando sientes rabia,
    tienes derecho a tenerla,
    pero eso no te da el derecho de ser cruel.
    Descubrirás que solo porque alguien no te ama
    de la forma que quieres, no significa que no té ame
    con todo lo que puede, porqué hay personas que nos aman,
    pero que no saben como demostrarlo. . . . .

    No siempre es suficiente ser perdonado por alguien,
    algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
    Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas,
    también serás juzgado y en algún momento condenado.

    Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió,
    el mundo no se detiene para que lo arregles.
    Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás,
    por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma,
    en vez de esperar que alguien te traiga flores.

    Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar;
    que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas
    cuando creíasque no se podía más.
    Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla! ! ! !

    Tomado de http://ellugardejuan.blogspot.com.ar
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2014

    XVI

    O que nós vemos das coisas são as coisas.
    (Fernando Pessoa)

    Las cosas no existen.
    Lo que existe es la idea
    melancólica y suave

    que hacemos de las cosas.

    La mesa de escribir es hecha de amor
    y de sumisión.
    En tanto
    nadie la ve
    como yo la veo.
    Para los hombres
    es hecha de madera
    y esta cubierta de tinta.
    Para mí también
    más la madera
    protege su interior
    pues su interior es humano.

    Los libros son criaturas.
    Cada página un año de vida,
    cada lectura un poco de alegría
    y esta alegría
    es igual al consuelo de los hombres
    cuando inquietos permanecemos
    en respuesta a sus inquietudes.

    Las cosas no existen.
    La idea, sí.

    La idea es infinita
    igual que el sueño de los niños

    Hilda Hilst
    .


  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado febrero 2014
    Así que quieres ser escritor? – Bukowski
    100

    charles-bukowski

    Si a pesar de todo
    no sale de ti como una explosión
    no lo hagas
    al menos que salga, sin reclamarlo,
    de tu corazón, tu mente, tu boca
    y tus vísceras
    no lo hagas
    si tienes que sentarte horas
    mirando fijamente el monitor
    o encorvado sobre
    tu máquina de escribir
    buscando palabras
    no lo hagas
    si es por dinero
    o por fama
    no lo hagas
    si es porque deseas
    mujeres en tu cama
    no lo hagas
    si tienes que sentarte
    y editarlo una y otra vez
    no lo hagas
    si pretendes escribir como alguien olvídalo
    si tienes que esperar que salga como
    un rugido
    entonces espera pacientemente
    si nunca sale de ti como un rugido
    dedícate a otra cosa
    si primero se lo lees a tu esposa
    a tu novia o novio
    a tus padres o a quién sea
    no estás listo
    no seas como tantos escritores
    no seas como miles de personas
    que se dicen escritores
    no seas aburrido, fastidioso y engreído
    que no te consuma el amor propio
    las librerías del mundo
    duermen en sus bostezos
    por tipos como tú
    no te incluyas allí
    a no ser que salga de ti
    como un cohete
    a no ser que tu letargo
    te arrastre a la locura
    al suicidio o al asesinato
    no lo hagas
    a no ser que el sol que llevas dentro
    te queme las entrañas
    no lo hagas
    cuando llegue el momento de verdad
    y seas elegido
    eso aparecerá por sí mismo
    y así continuará
    hasta que mueras o fenezca dentro de ti
    no hay otro camino
    nunca lo habido.
  • StephenVinziStephenVinzi Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    gracias Sancho y Torrejuela... hay mucho de lo bueno para ponerse a leer

    Respecto de ese concurso, me gustó mucho eso de

    "tras la esquina descansa mi sitio..."

    y también lo de

    "sin vendas que sanen mi mirada ciega"

    (porque alude a un par de milagros que curan a los ciegos y también al mal ladrón - del comienzo magistral del libro de Saramago, que comenta el grabado de Durero de la Crucifixión- que "honestísima persona que mira a la tierra que se lo va a comer, a salvo de creencias y superticiones, que lo hacen no pretender fingir que un minuto de arrepentimiento sirve para redimir toda una vida de crímenes"
  • StephenVinziStephenVinzi Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    "mirada ciega" y no "ciega mirada" que me suena demasiado a "el ciego sol" del poema del cid del hermano de Antonio Machado
  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado febrero 2014
    StephenVinzi escribió : »
    gracias Sancho y Torrejuela... hay mucho de lo bueno para ponerse a leer

    Respecto de ese concurso, me gustó mucho eso de

    "tras la esquina descansa mi sitio..."

    y también lo de

    "sin vendas que sanen mi mirada ciega"

    (porque alude a un par de milagros que curan a los ciegos y también al mal ladrón - del comienzo magistral del libro de Saramago, que comenta el grabado de Durero de la Crucifixión- que "honestísima persona que mira a la tierra que se lo va a comer, a salvo de creencias y superticiones, que lo hacen no pretender fingir que un minuto de arrepentimiento sirve para redimir toda una vida de crímenes"

    Todas las gracias a Sancho que ha mantenido este hilo a pesar de todo... yo solo coopero con agregar de vez en cuando algo que me parece interesante y que aporte al esfuerso de este perseverante amigo nuestro. Saludos.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2014


    Naturaleza muerta en Innsbrucker Strasse

    Ellos son (por excelencia) treintones y con fe en el futuro.
    Mucha fe.
    Al menos se deduce por sus compras
    (a crédito y costosas).
    Casaca de gamuza (natural),
    Mercedes deportivo color de oro.
    Para colmo (de mis males) se les ha dado además por ser eternos.
    Corren todas las mañanas (bajo los tilos)
    por la pista del parque y toman cosas sanas.
    Es decir, legumbres crudas y sin sal,
    arroz con cascarilla, agua minerales.
    Cuando han consumido todo el oxigeno del barrio
    (el suyo y el mío)
    pasan por mi puerta (bellos y bronceados).
    Me miran (si me ven)
    como a un muerto
    con el último cigarro entre los labios.

    Antonio Cisneros



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2014
    krishna o los deseos






    A. C. B., interminable amigo.

    Keshava, ¿con qué objeto mataría
    a los míos? No deseo la victoria,
    los reinos ni los placeres.
    Bhagavad-Gita. I, 31



    I

    No deseo la victoria.
    La victoria es siempre pasajera,
    no queda después sino la muerte,
    el regocijo, el gozo falso de la vida:
    una hierba caída sobre el hombro,
    un refugio que aguarda su retorno,
    un escondido llanto después de la
    batalla y la victoria.
    Un vaso palpitante,
    un cuerpo en perpetuo movimiento,
    un cenicero vacío eternamente
    son más efímeros quo la victoria,
    efímera y vana, cansada y agotante.
    Difícil es remar a remo suelto,
    difícil llenar el vaso lleno,
    difícil cambiar el tiempo ajeno.
    No deseo la victoria ni la muerte,
    no deseo la derrota ni la vida,
    sólo deseo el árbol y su sombra,
    la vida con su muerte.

    II

    No deseo los reinos.
    Un reino es siempre mensurable:
    tantos metros y distancias,
    tantos bueyes y caballos lo
    separan de otros reinos pasajeros.
    No deseo ningún reino:
    mi único reino es mi corazón cantando,
    es mi corazón hablando,
    mi único reino es mi corazón llorando,
    es mi corazón mojado:
    mi reino es mi seco corazón (ya lo dije)
    mi corazón es el único reino
    indivisible,
    el único reino que nunca nos traiciona,
    mi reino y mi corazón,
    (ya tengo el corazón)
    no deseo los reinos si tengo mi
    pecho y mi garganta,
    no deseo los valles ni los reinos.

    III

    No deseo los placeres.
    No existe el placer sino la duda,
    no existe el placer sino la muerte,
    no existe el placer sino la vida.
    (El mar lavará mi espíritu en las arenas,
    lo lava todos los días en el recuerdo,
    lo ha lavado con palabras,
    el mar no es un placer sino una vida).
    El mar es el reino de la soledad y el naufragio.

    IV

    No deseo sino la vida,
    no deseo sino la muerte.

    V

    Descansar en el valle
    que baña el río todas las tardes,
    en las arenas que cubre el. mar
    todas las noches,
    en el viento que sopla en los ojos,
    en la vida que alienta ya sin fuego,
    en la muerte que respira el aire lleno,
    en mi corazón que vive y muere diariamente.

    Noviembre, 1960.

    Javier Heraud
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2014

    BELLA,

    como en la piedra fresca
    del manantial, el agua
    abre un ancho relámpago de espuma,
    así es la sonrisa en tu rostro,
    bella.

    Bella,
    de finas manos y delgados pies
    como un caballito de plata,
    andando, flor del mundo,
    así te veo,
    bella.

    Bella,
    con un nido de cobre enmarañado
    en tu cabeza, un nido
    color de miel sombría
    donde mi corazón arde y reposa,
    bella.

    Bella,
    no te caben los ojos en la cara,
    no te caben los ojos en la tierra.
    Hay países, hay ríos
    en tus ojos,
    mi patria está en tus ojos,
    yo camino por ellos,
    ellos dan luz al mundo
    por donde yo camino,
    bella.

    Bella,
    tus senos son como dos panes hechos
    de tierra cereal y luna de oro,
    bella.

    Bella,
    tu cintura
    la hizo mi brazo como un río cuando
    pasó mil años por tu dulce cuerpo,
    bella.

    Bella,
    no hay nada como tus caderas,
    tal vez la tierra tiene
    en algún sitio oculto
    la curva y el aroma de tu cuerpo,
    tal vez en algún sitio,
    bella.

    Bella, mi bella,
    tu voz, tu piel, tus uñas
    bella, mi bella,
    tu ser, tu luz, tu sombra,
    bella,
    todo eso es mío, bella,
    todo eso es mío, mía,
    cuando andas o reposas,
    cuando cantas o duermes,
    cuando sufres o sueñas,
    siempre,
    cuando estás cerca o lejos,
    siempre,
    eres mía, mi bella,
    siempre.

    Pablo Neruda

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2014


    Yo no creo en la edad.

    Todos los viejos
    llevan
    en los ojos
    un niño,
    y los niños
    a veces
    nos observan
    como ancianos profundos.

    Mediremos
    la vida
    por metros o kilómetros
    o meses?
    Tanto desde que naces?
    Cuanto
    debes andar
    hasta que
    como todos
    en vez de caminarla por encima
    descansemos, debajo de la tierra?

    Al hombre, a la mujer
    que consumaron
    acciones, bondad, fuerza,
    cólera, amor, ternura,
    a los que verdaderamente
    vivos
    florecieron
    y en su naturaleza maduraron,
    no acerquemos nosotros
    la medida
    del tiempo
    que tal vez
    es otra cosa, un manto
    mineral, un ave
    planetaria, una flor,
    otra cosa tal vez,
    pero no una medida.

    Tiempo, metal
    o pájaro, flor
    de largo pecíolo,
    extiéndete
    a lo largo
    de los hombres,
    florécelos
    y lávalos
    con
    agua
    abierta
    o con sol escondido.
    Te proclamo
    camino
    y no mortaja,
    escala
    pura
    con peldaños
    de aire,
    traje sinceramente
    renovado
    por longitudinales
    primaveras.

    Ahora,
    tiempo, te enrollo,
    te deposito en mi
    caja silvestre
    y me voy a pescar
    con tu hilo largo
    los peces de la aurora!

    Pablo Neruda
  • MedeaMedea Miguel de Cervantes s.XVII
    editado mayo 2014
    Hola, sólo pasaba a molestar
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2014

    Hola Medea

    A veces camino ensimismado en mis ideas y un griterío me saca de mis pensamientos, es un griterío agradable porque es de unos pajaritos amarillos que se ven en los parques y en jardines de algunas calles de la ciudad. La gente les dice: “santarositas” no sé por qué.
    Ahora con tu comentario me hiciste reír y me sacaste de mis asuntos, realmente me hiciste reír. Fue como las “santarositas” que alborotan agradablemente la rutina de la ciudad.
    Leo la poesía que deja Negu, esa poesía es como un rio o un arroyo, puro corazón y sentimiento. A veces dejo algo en este lugar, es como tirar una piedra en un estanque tranquilo vez como el agua se inquieta y se altera y luego todo vuelve a quedarse quieto.

    Un abrazo pequeña Medea gracias por la risa y la sonrisa.

    El pájaro y yo

    (Pablo Insulidae Nigra)

    ME llamo pájaro Pablo,
    ave de una sola pluma,
    volador de sombra clara
    y de claridad confusa,
    las alas no se me ven,
    los oídos me retumban
    cuando paso entre los árboles
    o debajo de las tumbas
    cual un funesto paraguas
    o como una espada desnuda,
    estirado como un arco
    o redondo como una uva,
    vuelo y vuelo sin saber,
    herido en la noche oscura,
    quiénes me van a esperar,
    quiénes no quieren mi canto,
    quiénes me quieren morir,
    quiénes no saben que llego
    y no vendran a vencerme,
    a sangrarme, a retorcerme
    o a besar mi traje roto
    por el silbido del viento.
    Por eso vuelvo y me voy,
    vuelo y no vuelo pero canto:
    soy el pájaro furioso
    de la tempestad tranquila.

    Pablo Neruda
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2014


    Voy a hablar de la esperanza

    Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo.

    Hoy sufro solamente.

    Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.
    Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!

    Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.

    César Vallejo

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2014


    AMA TU RITMO...

    Ama tu ritmo y ritma tus acciones
    bajo su ley, así como tus versos;
    eres un universo de universos
    y tu alma una fuente de canciones.

    La celeste unidad que presupones
    hará brotar en ti mundos diversos,
    y al resonar tus números dispersos
    pitagoriza en tus constelaciones.

    Escucha la retórica divina
    del pájaro del aire y la nocturna
    irradiación geométrica adivina;
    mata la indiferencia taciturna
    y engarza perla y perla cristalina
    en donde la verdad vuelca su urna.

    Rubén Darío

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2014


    SONETO II

    Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
    qué soledad errante hasta tu compañía!
    Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
    En Taltal no amanece aún la primavera.


    Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
    juntos desde la ropa a las raíces,
    juntos de otoño, de agua, de caderas,
    hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

    Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
    la desembocadura del agua de Boroa,
    pensar que separados por trenes y naciones

    tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
    con todos confundidos, con hombres y mujeres,
    con la tierra que implanta y educa los claveles.

    Pablo Neruda



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014


    Sonríes, al pasar, con ironía
    Porque me juzgas un rival vencido…
    ¡Imbécil! la mujer que has elegido,
    antes que fuera tuya, ha sido mía.

    En sus labios de rosa bebí un día
    La esencia del licor apetecido
    ¿Y tú de qué te ríes? ¿qué has bebido?
    ¡Las sobras de la copa de ambrosía!

    Ella probó en mis brazos la ventura.
    Para mi fue flor de su hermosura.
    Yo fui sábelo bien su primer hombre.

    ¿Hoy la posees? No me causas enojos
    cuando la besas tú, cierra los ojos
    y, bajando la voz dice mi nombre…

    Federico Barreto

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014


    TRASPIÉ ENTRE DOS ESTRELLAS


    ¡Hay gentes tan desgraciadas que ni siquiera
    tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
    baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
    el modo, arriba;
    no me busques, la muela del olvido,a
    parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
    claros azotes en sus paladares!

    Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
    y suben por su muerte de hora en hora
    y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

    ¡Ay de tanto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
    ¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
    ¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
    ¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

    ¡Amadas sean las orejas sánchez,
    amadas las personas que se sientan,
    amado el desconocido y su señora,
    el prójimo con mangas, cuello y ojos!

    ¡Amado sea aquel que tiene chinches,
    el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
    el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
    el que se coge un dedo en una puerta,
    el que no tiene cumpleaños,
    el que perdió su sombra en un incendio,
    el animal, el que parece un loro,
    el que parece un hombre, el pobre rico,
    el puro miserable, el pobre pobre!

    ¡Amado sea
    el que tiene hambre o sed, pero no tiene
    hambre con qué saciar toda su sed,
    ni sed con qué saciar todas sus hambres!


    ¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora, ...
    el que suda de pena o de vergüenza,
    aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
    el que paga con lo que le falta,
    el que duerme de espaldas,
    el que ya no recuerda su niñez;
    amado sea el calvo sin sombrero,
    el justo sin espinas,
    el ladrón sin rosas, rosas,
    el que lleva reloj y ha visto a Dios,
    el que tiene un honor y no fallece!

    ¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
    y el hombre que ha caído y ya no llora!

    ¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!


    César Vallejo

  • pinkipinki Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
    se escucha que transita solamente la rabia,
    que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
    y en las médulas arde continua la venganza,
    las palabras entonces no sirven: son palabras.

    Balas. Balas.

    Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
    humaredas perdidas, neblinas estampadas.
    ¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
    qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

    Balas. Balas.

    Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
    lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
    cuando desde el abismo de su idioma quisiera
    gritar lo que no puede por imposible, y calla.

    Balas. Balas.

    Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

    Rafael Alberti
  • ElenaLSElenaLS Anónimo s.XI
    editado junio 2014
    Camina en la belleza, como lo hace la noche
    por regiones sin nubes de cielos estrellados;
    y las cosas mejores de lo claro y lo oscuro
    se citan al encuentro en su aspecto y sus ojos,
    ahora suavizados por la trémula luz
    que al día jubiloso el cielo niega.

    Una sombra de más, un rayo menos,
    habrían disminuido la gracia inenarrable
    que ondula en cada uno de sus bucles corvinos
    o que tan suavemente ilumina su cara,
    do dulces pensamientos serenamente expresan
    cuán puro, cuán amado, alojamiento encuentran.

    Y sobre esa mejilla, y sobre aquella frente,
    tan suaves, tan serenas, y aún tan elocuentes:
    las sonrisas que vencen y el rubor que reluce,
    que nos dicen de días en bienestar vividos,
    de una mente tranquila ante cualquier estruendo
    y de un corazón que amando es inocente.

    George Gordon, Lord Byron
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014

    Mi Dario

    Así es: una calle desierta como es una ola
    Y un uno que se ahoga contándose palabras.
    ¿No es así, Rubén? ¿O será como cabras
    Y cabros que se comen de una sola amapola?

    ¿O de otra flor de allá, salvaje, eterna, sola?
    O del propio cadáver que, sudando, te labras
    O del humano único de la puerta que no abras,
    O de la bestia horrenda que se lame la cola?

    ¡Sí, tú me lo dijiste, Rubén, y yo lo digo,
    De la calle perfecta, desierta, de conmigo,
    Donde todas las veces se huyeron a mi paso!

    No te toco, Rubén, pero te sé aquí mismo,
    Aquí mismo, Rubén, horizonte de abismo:
    La Luz es otro abismo, Rubén, más ciego acaso...

    Martín Adán

  • pinkipinki Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

    Bertolt Brecht.
  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado junio 2014
    Acaba tu última canción y vámonos.
    Olvida esta noche, puesto que nace el día.
    ¿A quién intento estrechar entre mis brazos? Los sueños no pueden ser
    dominados, y mis manos ardientes aprietan el vacío contra mi corazón.
    Y mi pecho es una gran herida.


    Rabindranath Tagore: El Jardinero, 1913.
  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado junio 2014
    La muerte es un maestro venido de Alemania su ojo es azul
    te alcanza con una bala de plomo te alcanza con exactitud
    un hombre habita en la casa tu cabello dorado Margarita
    azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
    juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido de Alemania
    tu cabello dorado Margarita
    tu sulamith de ceniza.


    Paul Celán: Todesfugue (fragmento final), en Amapola y memoria 1952.
  • pinkipinki Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Carne de yugo, ha nacido
    más humillado que bello,
    con el cuello perseguido
    por el yugo para el cuello.

    Nace, como la herramienta,
    a los golpes destinado,
    de una tierra descontenta
    y un insatisfecho arado.

    Entre estiércol puro y vivo
    de vacas, trae a la vida
    un alma color de olivo
    vieja ya y encallecida.

    Empieza a vivir, y empieza
    a morir de punta a punta
    levantando la corteza
    de su madre con la yunta.

    Empieza a sentir, y siente
    la vida como una guerra
    y a dar fatigosamente
    en los huesos de la tierra.

    Contar sus años no sabe,
    y ya sabe que el sudor
    es una corona grave
    de sal para el labrador.

    Trabaja, y mientras trabaja
    masculinamente serio,
    se unge de lluvia y se alhaja
    de carne de cementerio.

    A fuerza de golpes, fuerte,
    y a fuerza de sol, bruñido,
    con una ambición de muerte
    despedaza un pan reñido.

    Cada nuevo día es
    más raíz, menos criatura,
    que escucha bajo sus pies
    la voz de la sepultura.

    Y como raíz se hunde
    en la tierra lentamente
    para que la tierra inunde
    de paz y panes su frente.

    Me duele este niño hambriento
    como una grandiosa espina,
    y su vivir ceniciento
    resuelve mi alma de encina.

    Lo veo arar los rastrojos,
    y devorar un mendrugo,
    y declarar con los ojos
    que por qué es carne de yugo.

    Me da su arado en el pecho,
    y su vida en la garganta,
    y sufro viendo el barbecho
    tan grande bajo su planta.

    ¿Quién salvará a este chiquillo
    menor que un grano de avena?
    ¿De dónde saldrá el martillo
    verdugo de esta cadena?

    Que salga del corazón
    de los hombres jornaleros,
    que antes de ser hombres son
    y han sido niños yunteros.


    Miguel Hernandez
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2014



    Poema para el Padre

    Y fue entonces
    que con la lengua muerta y fría en la boca
    cantó la canción que le dejaron cantar
    en este mundo de jardines obscenos y de sombras
    que venían a deshora a recordarle
    cantos de su tiempo de muchacho
    en el que no podía cantar la canción que quería cantar
    la canción que le dejaron cantar
    sino a través de sus ojos azules ausentes
    de su boca ausente
    de su voz ausente.
    Entonces, desde la torre más alta de la ausencia
    su canto resonó en la opacidad de lo ocultado
    en la extensión silenciosa
    llena de oquedades movedizas como las palabras que escribo.

    Alejandra Pizarnik


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