¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Sigamos pegando...

1141517192032

Comentarios

  • PopePope Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2014
    Álamo Blanco
    Don Juan Ramón Jiménez.

    [video]http://m.youtube.com/#/watch?v=yvRft4p7NDE&list=PL03A91F7C6FDBD544[/video]

    Interpretado por Carmen Linares
  • EquidnaEquidna Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2014
    Esta poesía se la escuché a mi abuelo tantas veces, fueron tantas... y la recuerdo con un gran amor.



    La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
    Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
    que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
    La princesa está pálida en su silla de oro,
    está mudo el teclado de su clave sonoro,
    y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
    El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
    Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
    y vestido de rojo piruetea el bufón.
    La princesa no ríe, la princesa no siente;
    la princesa persigue por el cielo de Oriente
    la libélula vaga de una vaga ilusión.
    ¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
    o en el que ha detenido su carroza argentina
    para ver de sus ojos la dulzura de luz?
    ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
    o en el que es soberano de los claros diamantes,
    o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
    ¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
    quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
    tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
    ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
    saludar a los lirios con los versos de mayo
    o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
    Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
    ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
    ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
    Y están tristes las flores por la flor de la corte,
    los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
    de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
    ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
    Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
    en la jaula de mármol del palacio real;
    el palacio soberbio que vigilan los guardas,
    que custodian cien negros con sus cien alabardas,
    un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
    ¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
    (La princesa está triste, la princesa está pálida)
    ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
    ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
    —la princesa está pálida, la princesa está triste—,
    más brillante que el alba, más hermoso que abril!
    —«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
    en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
    en el cinto la espada y en la mano el azor,
    el feliz caballero que te adora sin verte,
    y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
    a encenderte los labios con un beso de amor»
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado agosto 2014


    LAS MANOS

    Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
    brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
    saltan, y desembocan sobre la luz herida
    a golpes, a zarpazos.

    La mano es la herramienta del alma, su mensaje,
    y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.
    Alzad, moved las manos en un gran oleaje,
    hombres de mi simiente.

    Ante la aurora veo surgir las manos puras
    de los trabajadores terrestres y marinos,
    como una primavera de alegres dentaduras,
    de dedos matutinos.

    Endurecidamente pobladas de sudores,
    retumbantes las venas desde las uñas rotas,
    constelan los espacios de andamios y clamores,
    relámpagos y gotas.

    Conducen herrerías, azadas y telares,
    muerden metales, montes, raptan hachas, encinas,
    y construyen, si quieren, hasta en los mismos mares
    fábricas, pueblos, minas.

    Estas sonoras manos oscuras y lucientes
    las reviste una piel de invencible corteza,
    y son inagotables y generosas fuentes
    de vida y de riqueza.

    Como si con los astros el polvo peleara,
    como si los planetas lucharan con gusanos,
    la especie de las manos trabajadora y clara
    lucha con otras manos.

    Feroces y reunidas en un bando sangriento
    avanzan al hundirse los cielos vespertinos
    unas manos de hueso lívido y avariento,
    paisaje de asesinos.

    No han sonado: no cantan. Sus dedos vagan roncos,
    mudamente aletean, se ciernen, se propagan.
    Ni tejieron la pana, ni mecieron los troncos,
    y blandas de ocio vagan.

    Empuñan crucifijos y acaparan tesoros
    que a nadie corresponden sino a quien los labora,
    y sus mudos crepúsculos absorben los sonoros
    caudales de la aurora.

    Orgullo de puñales, arma de bombardeos
    con un cáliz, un crimen y un muerto en cada uña:
    ejecutoras pálidas de los negros deseos
    que la avaricia empuña.

    ¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden
    al agua y la deshonran, enrojecen y estragan?
    Nadie lavará manos que en el puñal se encienden
    y en el amor se apagan.

    Las laboriosas manos de los trabajadores
    caerán sobre vosotras con dientes y cuchillas.
    Y las verán cortadas tantos explotadores
    en sus mismas rodillas.

    Miguel Hernández



  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    The Flea

    And here's the happy bounding flea-
    You cannot tell the he from she.
    The sexes look alike you see:
    But she can tell and so can he.

    Roland Young
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    Sombra que me llevare el blanco día,
    Y podrá desatar esta alma mía
    Hora, a su afán ansioso lisonjera;

    Mas no de esotra parte en la ribera
    Dejará la memoria, en donde ardía:
    Nadar sabe mi llama el agua fría,
    Y perder el respeto a ley severa.

    Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
    Venas, que humor a tanto fuego han dado,
    Médulas, que han gloriosamente ardido,

    Su cuerpo dejará, no su cuidado;
    Serán ceniza, mas tendrá sentido;
    Polvo serán, más polvo enamorado.

    Francisco De Quevedo y Villegas



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    Planteo del poema

    Yo quería escribir un poema,
    un estudio del canguro hembra que termina de procrear su cangurito
    en una bolsa membranosa que lleva a guisa de delantal.
    Ampliando un poco la imagen
    debía identificar esa bolsa materna con mi dormitorio.
    Y dentro de la bolsa de dormitorio estaría mi hija recién nacida
    y un tanto edípicamente yo mismo. Mi mujer,
    la cangura, debía administrar esa bolsa de cemento como parte de
    su cuerpo,
    estableciendo su maternalismo sobre ambos, incluso sobre las cosas.
    Cuando llegó mi hija yo sospeché esta conversión, y tuve miedo.
    Mi hija pudo tener alas y largarse por la ventana
    pero decidió ser como papá y mamá que no saben volar.
    Por eso fue menester que la habitación se convirtiera en marsupia
    donde ella terminaría de criarse arrojándome sus olores
    de talco y caca, y convirtiendo los bellos pechos eróticos de mi
    cangura
    en pechos nutricios.
    También debía hablar de mis actitudes de mono alrededor de su cuna
    diciéndole “cara de poto”, pero babeante, pero progenitor,
    pero a sus órdenes.
    Yo debí escribir ese poema. Espero hacerlo algún día.

    José Watanabe




  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    "AMOR" de Charles Bukowski


    Gas, dijo el, ámame
    bésame
    besa mis labios
    besa mi pelo
    mis dedos
    mis ojos, mi cerebro
    hazme olvidar.
    Gas, dijo el, ámame
    el tenia una habitación en el tercer piso
    rechazado por una docena de mujeres
    35 editores
    y media docena de agencias de empleo
    y no digo que él fuera nada
    bueno
    abrió todos los fogones
    sin encenderlos
    y se fue a la cama
    algunas horas más tarde un tipo
    yendo a la habitación 309
    encendió un cigarrillo en el
    hall.






  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Desnudo en barro

    Como horribles batracios a la atmósfera,
    suben visajes lúgubres al labio.
    Por el Sahara azul de la Sustancia
    camina un verso gris, un dromedario.

    Fosforece un mohín de sueños crueles.
    Y el ciego que murió lleno de voces
    de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
    al crudísimo día de ser hombre.

    Las Horas van febriles, y en los ángulos
    abortan rubios siglos de ventura.
    ¡Quién tira tanto el hilo: quién descuelga
    sin piedad nuestros nervios,
    cordeles ya gastados, a la tumba!

    ¡Amor! Y tú también. Pedradas negras
    se engendran en tu máscara y la rompen.
    ¡La tumba es todavía
    un sexo de mujer que atrae al hombre!

    César Vallejo
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado septiembre 2014
    [FONT=Trebuchet MS, Tahoma, Arial]Mudan los tiempos y las voluntades

    [/FONT]
    [FONT=Trebuchet MS, Tahoma, Arial]Mudan los tiempos y las voluntades;
    se muda el ser, se muda la confianza;
    el mundo se compone de mudanza
    tomando siempre nuevas calidades.

    De continuo miramos novedades
    diferentes en todo a la esperanza;
    del mal queda la pena en la membranza;
    y del bien, si hubo alguno, las saudades.

    Torna el tiempo a cubrir con verde manto
    el valle en que la nieve relucía:
    igual en mí se torna lloro el canto.

    Y, salvo este mudar de cada día,
    mudanza, hay otra de mayor espanto:
    que no se muda ya como solía.
    [/FONT]
    [FONT=Trebuchet MS, Tahoma, Arial][FONT=Trebuchet MS, Tahoma, Arial]Luís Vaz de Camões [/FONT] [/FONT]
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    EL BUEN SENTIDO


    Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande.

    Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.

    La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados.

    Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más!

    Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste.

    —Hijo, ¡cómo estás viejo!

    Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora por que estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo!

    Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo:

    —Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande.

    La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.

    César Vallejo





  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Bukowski.

    El genio de la multitud

    Hay suficiente traición y odio,
    violencia.
    Necedad en el ser humano
    corriente
    como para abastecer cualquier ejercito o cualquier
    jornada.
    Y los mejores asesinos son aquellos
    que predican en su contra.
    Y los que mejor odian son aquellos
    que predican amor.
    Y los que mejor luchan en la guerra
    son -AL FINAL- aquellos que
    predican
    PAZ.
    Aquellos que hablan de Dios.
    Necesitan a Dios
    Aquellos que predican paz
    No tienen paz.
    Aquellos que predican amor
    No tienen amor.
    Cuidado con los predicadores
    cuidado con los que saben.
    Cuidado con
    Aquellos que
    Están siempre
    Leyendo
    Libros.
    Cuidado con aquellos que detestan
    la pobreza o están orgullosos de ella.
    Cuidado con aquellos de alabanza rápida
    pues necesitan que se les alabe a cambio.
    Cuidado con aquellos que censuran con rapidez
    tienen miedo de lo que
    no conocen.
    Cuidado con aquellos que buscan constantes
    multitudes; no son nada
    solos.
    Cuidado con
    El hombre corriente
    Con la mujer corriente
    Cuidado con su amor.
    Su amor es corriente, busca
    lo corriente.
    Pero es un genio al odiar
    es lo suficientemente genial
    al odiar como para matarte, como para matar
    a cualquiera.
    Al no querer la soledad
    al no entender la soledad
    intentarán destruir
    cualquier cosa
    que difiera
    de lo suyo.
    Al no ser capaces
    de crear arte
    no entenderán
    el arte.
    Considerarán su fracaso
    como creadores
    sólo como un fracaso
    del mundo.
    Al no ser capaces de amar plenamente
    creerán que tu amor es
    incompleto
    y entonces te
    odiarán.
    Y su odio será perfecto
    como un diamante resplandeciente
    como una navaja
    como una montaña
    como un tigre
    como cicuta
    Su mejor
    ARTE.

    Charles Bukowski
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado septiembre 2014
    Remordimiento

    He cometido el peor de los pecados
    que un hombre puede cometer. No he sido
    feliz. Que los glaciares del olvido
    me arrastren y me pierdan, despiadados.
    Mis padres me engendraron para el juego
    arriesgado y hermoso de la vida,
    para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
    Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
    no fue su joven voluntad. Mi mente
    se aplicó a las simétricas porfías
    del arte, que entreteje naderías.
    Me legaron valor. No fui valiente.
    No me abandona. Siempre está a mi lado
    La sombra de haber sido un desdichado.

    Jorge Luis Borges
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Himno a Satán versión II

    La grandeza del lobo
    no es penumbra
    ni aire
    es sólo el fulgor de una sombra
    de un animal herido en el jardín
    de noche, mientras tú lloras
    como en el jardín un animal herido.

    Leopoldo María Panero
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    Poesía, mano vacía...
    Poesía, mano empuñada
    Por furor para con su nada
    Ante atroz tesoro del día...

    Poesía, la casa umbría
    La defuera de mi pisada...
    Poesía la aún no hallada
    Casa que asaz busco en la mía...

    Poesía se está defuera:
    Poesía es una quimera...
    ¡A la vez a la voz y al dios!...
    Poesía, no dice nada:

    Poesía se está, callada,
    escuchando su propia voz.


    Martín Adán




  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    POEMA INÚTIL


    Empeño manco este esforzarse en juntar palabras
    Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,
    Que menos trasmiten el ajetreo de vivir.

    Tal vez consiguen una máscara informe,
    Sonriente complacida a todo hálito de dolor,
    Inerte al desgarramiento de la pasión.

    Con frases en tropel no llegan a simular
    Victorias jubilosas de la sangre
    O la quietud del agua sobre el suicida.

    Nada dicen tampoco de la danza de amor y odio,
    Alborotada, aplacada, extinta,
    Ni del sueño que se ahoga, arrastrado
    Por marejadas de sospecha y olvido.

    Qué será el poema sino un espejo de feria,
    Un espejismo lunar, una cáscara desmenuzable,
    La torre falsa más triste y despreciable.

    Se consume en el fuego de su impaciencia
    Para dejar vestigios de silencio como única nostalgia,
    Y un rubor de inexistente no exento de culpa.

    Qué será el poema sino castillo derrumbado antes de erigido,
    Inocua obra de escribano o poetastro diligente,
    Una sombra que no se atreve a aniquilarse a sí misma.

    Si al menos el sol, incorrupto e insaciable,
    Pudiera animarlo a la vida,
    Como cuando se oculta tras un rostro humano,
    Los ojos abiertos y ciegos para siempre.

    Emilio Adolfo Westphalen



  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    La casa vacía

    Voy a la casa donde no viviremos
    a mirar los muros que no se levantarán.
    Paseo las estancias
    y abro las ventanas
    para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.
    ¡Si vieras!
    Entre las buganvillas
    cansadamente juegan
    los hijos que jamás tendremos.
    Yo los miro. Ellos me miran.
    Mi corazón humea.
    Éste es el sitio
    donde mi corazón humea.
    Y a esta hora,
    en el balcón, callada,
    yo sé que tú también te mueres
    y piensas en mí hasta ensangrentarte,
    Yo también pienso en ti.
    Óyeme donde estés:
    por esta herida no sale sólo sangre:
    me salgo yo

    Manuel Scorza


  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2014
    Maneras de escuchar un blues


    Es hermosa esta noche de verano,
    aunque no más hermosa
    que cualquier otra noche de verano.
    Es hermosa esta noche en que estoy solo,
    y fumo, y he dejado
    en penumbra la casa mientras suena
    un dulce y triste blues,
    un blues tan triste y dulce como otros.
    Nada en mí, ni en la noche, ni en la música,
    se diría especial, y sin embargo
    existe algo muy hondo en esas cosas
    que parecen sencillas:
    una extraña grandeza que no acaba
    de ser exaltación, tragedia, paz,
    pero que es todo eso, y es también
    un sentir claramente
    que para que esto ocurra ha sido necesario
    apurar estos años, acumular recuerdos,
    haber ganado
    y haber perdido tantas cosas.
    Para que este piano suene así,
    para temblar así con esta música,
    ha sido necesario
    ir llenándola poco a poco
    de belleza y de daño, ir llenándola
    con nuestra propia vida, para que se parezca
    a nuestra propia vida, y suene así:
    tan insignificante
    y tan grande, tan triste, tan hermosa.


    Vicente Gallego
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014
    LA MAGNOLIA

    En el bosque, de aromas y de músicas lleno,
    la magnolia florece delicada y ligera,
    cual vellón que en las zarpas enredado estuviera,
    o cual copo de espuma sobre lago sereno.

    Es un ánfora digna de un artífice heleno,
    un marm6reo prodigio de la Clásica Era:
    y destaca su fina redondez a manera
    de una dama que luce descotado su seno.

    No se sabe si es perla, ni se sabe si es llanto.
    Hay entre ella y la luna cierta historia de encanto,
    en la que una paloma pierde acaso la vida:

    porque es pura y es blanca y es graciosa y es leve,
    como un rayo de luna que se cuaja en la nieve,
    o como una paloma que se queda dormida.

    José Santos Chocano
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Ovejas en la niebla

    Las colinas ponen pie en la blancura.
    Alguien, o estrellas, me mira con tristeza: los estoy defraudando.

    El tren deja un trazo de aliento.
    Oh, demorado caballo del color de la herrumbre,
    cascos, campanas dolorosas...
    La mañana se pasó la mañana oscureciéndose;
    flor suprimida.

    Los huesos se me apropian de una quietud, lejanos
    campos me funden el corazón.

    Amenazan con llevarme hasta un cielo,
    sin estrellas, ni padre: agua lóbrega.

    Sylvia Plath
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2014
    La visión

    Caminábamos lejos de la noche,
    citando versos al azar,
    no muy lejos del mar.
    Cruzábamos de vez en cuando un coche.

    Había un eucalipto, un pino oscuro
    y las huellas de un carro
    donde el cemento se volvía barro.
    Cruzábamos de vez en cuando un muro.

    Íbamos a ninguna parte, es cierto,
    y estábamos perdidos: no importaba.
    La calle nos llevaba
    junto a un caballo negro casi muerto.

    Era de noche -esto será mentira.
    Tal vez, pero en mis versos es verdad-.
    Una arcana deidad
    casi siempre nocturna que nos mira

    vio que nos deteníamos y el día
    suspendió sus fanáticos honores,
    clausuró sus colores
    pues también el caballo nos veía.

    No digas que no es cierto: nos miraba.
    Con la atónita piedra de sus ojos,
    bajo los astros rojos,
    nos vio como los dioses que esperaba.

    Silvina Ocampo
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    Besarse, mujer,
    Al sol, es besarnos
    En toda la vida.

    Ascienden los labios
    Eléctricamente
    Vibrantes los rayos,
    Con todo el fulgor
    De un sol entre cuatro.

    Besarse a la luna,
    Mujer, es besarnos
    En toda la muerte.

    Descienden los labios
    Con toda la luna
    Pidiendo su ocaso,
    Gastada y helada
    Y en cuatro pedazos.


    Miguel Hernández



  • SenequistaSenequista Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2014
    Mil veces digo, entre los brazos puesto
    de Galatea, que es más que el sol hermosa;
    luego ella, en dulce vista desdeñosa,
    me dice:"Tirsis mío, no digas esto".
    Yo lo quiero jurar, y ella de presto,
    toda encendida en un color de rosa,
    con un beso me impide, y presurosa
    busca tapar mi boca con un gesto.
    Hágole blanda fuerza por soltarme,
    y ella me aprieta más, y dice luego:
    "No lo jures, mi bien, que yo te creo."
    Con esto de tal fuerza a encadenarme
    viene, que Amor, presente al dulce juego,
    hace suplir con obras mi deseo.

    Francisco de Aldana.
  • SenequistaSenequista Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2014
    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
    como en tu rostro y tus acciones vía
    que con palabras no te persuadía,
    que el corazón me vieses deseaba;

    y Amor, que mis intentos ayudaba,
    venció lo que imposible parecía,
    pues entre el llanto, que el dolor vertía,
    el corazón deshecho destilaba.

    Baste ya de rigores, mi bien, baste;
    no te atormenten más celos tiranos,
    ni el vil recelo tu quietud contraste

    con sombras necias, con indicios vanos,
    pues ya en líquido humor viste y tocaste
    mi corazón deshecho entre tus manos.


    Sor Juana Inés de la Cruz
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    Para que yo me llame Ángel González,

    para que mi ser pese sobre el suelo,
    fue necesario un ancho espacio
    y un largo tiempo:
    hombres de todo el mar y toda tierra,
    fértiles vientres de mujer, y cuerpos
    y más cuerpos, fundiéndose incesantes
    en otro cuerpo nuevo.
    Solsticios y equinoccios alumbraron
    con su cambiante luz, su vario cielo,
    el viaje milenario de mi carne
    trepando por los siglos y los huesos.
    De su pasaje lento y doloroso
    de su huida hasta el fin, sobreviviendo
    naufragios, aferrándose
    al último suspiro de los muertos,
    yo no soy más que el resultado, el fruto,
    lo que queda, podrido, entre los restos;
    esto que veis aquí,
    tan sólo esto:
    un escombro tenaz, que se resiste
    a su ruina, que lucha contra el viento,
    que avanza por caminos que no llevan
    a ningún sitio. El éxito
    de todos los fracasos. La enloquecida
    fuerza del desaliento…

    Ángel González

  • SenequistaSenequista Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2014
    Una tarde adornada de palomas sublimes
    la doncella suavemente se peina al sol.
    Roza en la onda al nenúfar con su pie de arrebol
    y entibia sus dos manos errantes y morosas
    tendiendo hacia el ocaso sus transparentes rosas.
    Una onda inocente recorre en emoción
    su piel: es que una flauta toca un absurdo son.
    El músico, que tiene dientes de pedrería,
    lanza una fútil brisa de sombra y fantasía
    con el oculto beso que arriesga entre las flores.
    Fría, ante el dulce juego de llantos y de amores,
    ni haciéndose divina con una frase sola
    de rosa, la belleza, gracias a su aureola,
    en suelta cabellera de mirra perfumada
    mira, con ojo augusto entre la crencha dorada
    la luz que antes pasó entre sus manos abiertas.
    Sobre su espalda húmeda cae una hoja muerta.
    De la flauta, hasta el agua, cae una gota suave
    y el pie puro se asusta como una bella ave
    ebria de sombra...

    Versión de Edmundo Bianchi
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2014


    Carta de Amor

    Todo lo que de vos quisiera
    es tan poco en el fondo
    porque en el fondo es todo,

    como un perro que pasa, una colina,
    esas cosas de nada, cotidianas,
    espiga y cabellera y dos terrones,
    el olor de tu cuerpo,
    lo que decís de cualquier cosa,
    conmigo o contra mía,

    todo eso es tan poco,
    yo lo quiero de vos porque te quiero.

    Que mires más allá de mí,
    que me ames con violenta prescindencia
    del mañana, que el grito
    de tu entrega se estrelle
    en la cara de un jefe de oficina,

    y que el placer que juntos inventamos
    sea otro signo de la libertad.

    Julio Cortázar




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2014
    La helada


    Quien fue dañado lleva consigo ese daño,
    como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar
    sobre aquel que se acerque demasiado. Somos
    inocentes ante esto, como es inocente una helada
    cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,
    su necesidad de caer, había esperado
    -formándose lentamente en el cielo,
    en el centro de un silencio que no podemos concebir-
    su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías
    vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,
    aunque en ese rapto destroces la tierra,
    las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,
    en el trabajo de mantener el mundo a salvo,
    durante largas estaciones en las que el tiempo se divide
    entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza
    que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces
    que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,
    porque lo que nos damos los unos a los otros,
    aún el terror o la tristeza,
    viene del mismo deseo: curar y ser curados.

    Claudia Masin
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2014
    Hoy me gusta la vida mucho menos

    Hoy me gusta la vida mucho menos,
    pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
    Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
    con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

    Hoy me palpo el mentón en retirada
    y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
    ¡Tanta vida y jamás!
    ¡Tantos años y siempre mis semanas!...
    Mis padres enterrados con su piedra
    y su triste estirón que no ha acabado;
    de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
    y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

    Me gusta la vida enormemente
    pero, desde luego,
    con mi muerte querida y mi café
    y viendo los castaños frondosos de París
    y diciendo:
    Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla... Y
    repitiendo...
    ¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
    ¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

    Dije chaleco, dije
    todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
    Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
    y está bien y está mal haber mirado
    de abajo para arriba mi organismo.

    Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
    porque, como iba diciendo y lo repito,
    ¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
    y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!

    César Vallejo
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado octubre 2014
    Cancionero 400

    Tú, el prójimo, el próximo
    mi más cercano, Tú. El
    más cerca a mí que yo mismo,
    Tú que estás dándome ser;

    Tú que existes, yo no existo;
    Tú que ves esta Babel
    en que tantos yos gritamos
    sin lograrnos entender.

    Tú que eres tú, al que se quiere
    Tú que hiciste el redondel
    descentrándonos del punto
    en que se muere: Tú, Él,
    danos amor, que es tuísmo
    yo no soy sino un tu ser.

    16 de septiembre, 1928
    Miguel de Unamuno
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado octubre 2014


    Me había olvidado de escribir simplemente,
    como quien bebe
    o ama, sin que el Olimpo se me suba a la cabeza
    Me había olvidado que un poema se prepara
    con minuciosa alegría
    como un regalo que ya nadie espera, y se moldea
    con urgencia
    y violencia, con irrepetible, con irremediable ternura,
    como hacerle el amor a una mujer que va a morir
    mañana
    Me había olvidado que te vas a morir mañana
    Ayúdame a ser el caminante que no pide nada
    Me había olvidado que me voy a morir mañana
    que no pide nada sino un poco de camino
    pero que yo no me dé cuenta
    que no husmee tu mano
    me había olvidado
    el receloso animal que me habita

    César Calvo Soriano



Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com