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Comentarios

  • QuintiQuinti Juan Boscán s.XVI
    editado enero 2015
    Lourdes

    Entre el choque de los vasos de whisky,
    las risotadas degradadas con éxtasis,
    el acoso de luces y flashes en la bruma,
    entre el roce lascivo de bultos y curvas
    el rictus fúnebre, implacable,
    de Lourdes.
    Por encima de la música ensordecedora
    me llegan los alaridos del silencio de Lourdes,
    toda labios sucios de carmín agrio.
    Verla observándolo todo desde la barra
    con ojos de vodka
    es ver que al fin y al cabo
    el hombre es un ser
    para la muerte.


    Javier Gato es poeta sevillano (1987-)

    .
    .
    .
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2015
    El incendio convoca a los curiosos en medio de la noche
    como la llama de algún aniversario oficial
    o zancudos al pabilo de la muerte.

    La premonición nos despierta de un mal sueño
    para llevarnos a otro que transcurre a metros de la ventana.

    La tarde anterior
    entrevimos el caserón abandonado
    entre el pasto y las lápidas del tiempo
    y discutimos acerca del inexorable transcurso de la voz
    sus campanadas perentorias
    llamando al centro cívico y sus rituales.

    La noche atrozmente iluminada por la belleza de una hoguera
    al lado, el río comunitario que nos ata al siglo y sus luces,
    pasa como un ahogado pensativo, flotando,
    asido al lomo de la historia.

    La escena es atemporal
    como pudo ser cien años atrás
    quienes celebran, los mismos
    en camisón y pantuflas, bruscamente iluminados
    husmeando entre el carbón y las cenizas
    buscando alguna pista, algún signo:
    la truculenta forma de las llamas,
    el trazado de las tablas en el suelo
    los restos humeantes del desastre
    cuya mojada fórmula enrarece el aire
    para interpretar así, entre todos, el vaticinio.

    Antonia Torres A. (Chile)





  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2015
    La lechuza bestia de los bosques sombríos
    Me ha enseñado
    Que la verdad no es la verdad
    Sin sus velos
    Que no hay necesidad de oír la melodía de la vida muda
    Si no se la sabe escuchar
    Que la soledad transforma todas las voces
    Incluso la voz del odio
    Que el lento sufrimiento
    De los campesinos sin trabajo
    Se compra y se come como pan
    Que la hostia sufre
    Con la violenta pesadez del aparato digestivo
    Y sobre todo me ha enseñado cómo cargar con el orgullo
    Sin parecer
    Un jorobado

    Joyce Mansour
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2015


    ¿Qué tal si deliramos por un ratito?

    ¿Qué tal si clavamos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible?

    El aire estará limpio de todo veneno que no provenga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

    En las calles los automóviles serán aplastados por los perros.

    La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por el ordenador, ni será comprada por el supermercado, ni será tampoco mirada por el televisor.

    El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.

    Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.

    En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar sino los que quieran cumplirlo.

    Nadie vivirá para trabajar pero todos trabajaremos para vivir.
    Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

    Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.

    Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

    Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

    La solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo.

    La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero.

    La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos.

    Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión.

    Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle.

    Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.

    La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

    La justicia y la libertad, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

    En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

    La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las tablas de Moisés y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo.

    La Iglesia también dictará otro mandamiento que se le había olvidado a Dios, “amarás a la Naturaleza de la que formas parte”.

    Serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma.

    Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados porque ellos se desesperaron de tanto esperar y ellos se perdieron por tanto buscar.

    Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de belleza y voluntad de justicia, hayan nacido cuando hayan nacido y hayan vivido donde hayan vivido, sin que importe ni un poquito las fronteras del mapa ni del tiempo.

    Seremos imperfectos porque la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses.

    Pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido seremos capaces de vivir cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última.

    EDUARDO GALEANO – extracto de “EL DERECHO AL DELIRIO”




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2015
    Cuando el mundo cuerdo es de locos...¡que viva el delirio, Juancho!


    MUSEO
    (Madrid 1998)


    Serpientes enroscadas en cada detalle

    El rastro del caracol sobre la tela:
    verde oro negro verde

    Huella nerviosa

    "La familia en estado de metamorfosis"
    (André Masson 1929)

    Dalí es otra gran composición
    Y nada más parecido que Miró a la exactitud de la mecánica celeste

    "Las ventanas se abren en dos sentidos
    los espejos en uno
    pero cada cuadro es una enfermedad de la memoria"

    Aquí la idea no entra en acción por medio de la palabra
    Luz en el seno profundo de las sombras

    Pensamos porque no conocemos
    La mirada transmuta la superficie en metales

    Blanco-nieve sobre blanco-piedra

    Trazos que plagian poemas
    Hilos de seda

    A través de las ventanas se ven cosas terribles
    Girasoles que arrojan belleza
    y la boca enfurecida del infierno en el cielo de Van Gogh

    Guernica es otro espejo quebradizo
    y no hay duda que el pintor cantaba con sus dedos

    En todo caso
    da miedo ver en la mesa
    tantas manos invisibles conducir los cubiertos


    Jesús Sepúlveda





  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2015


    Oda a la edad

    Yo no creo en la edad.

    Todos los viejos
    llevan
    en los ojos
    un niño,
    y los niños
    a veces
    nos observan
    como ancianos profundos.

    Mediremos
    la vida
    por metros o kilómetros
    o meses?
    Tanto desde que naces?
    Cuanto
    debes andar
    hasta que
    como todos
    en vez de caminarla por encima
    descansemos, debajo de la tierra?

    Al hombre, a la mujer
    que consumaron
    acciones, bondad, fuerza,
    cólera, amor, ternura,
    a los que verdaderamente
    vivos
    florecieron
    y en su naturaleza maduraron,
    no acerquemos nosotros
    la medida
    del tiempo
    que tal vez
    es otra cosa, un manto
    mineral, un ave
    planetaria, una flor,
    otra cosa tal vez,
    pero no una medida.

    Tiempo, metal
    o pájaro, flor
    de largo pecíolo,
    extiéndete
    a lo largo
    de los hombres,
    florécelos
    y lávalos
    con
    agua
    abierta
    o con sol escondido.
    Te proclamo
    camino
    y no mortaja,
    escala
    pura
    con peldaños
    de aire,
    traje sinceramente
    renovado
    por longitudinales
    primaveras.

    Ahora,
    tiempo, te enrollo,
    te deposito en mi
    caja silvestre
    y me voy a pescar
    con tu hilo largo
    los peces de la aurora!

    Pablo Neruda


  • torrejuelastorrejuelas Juan Boscán s.XVI
    editado febrero 2015
    Donde estas
    estrofa,
    ya estoy viejo
    para buscarte.

    JUANCHO.
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2015
    xD Y una estrofa aparece, junto a un poema y una sonrisa...

    [OCULTAR]Qué bonito el poema "Oda a la edad" de Neruda, juancho ^.^[/OCULTAR]


    De ti y de mí

    Si tú eres la montaña,
    yo soy la flor, el aire, la llanura,
    la fuente limpia y pura,
    el río que te baña,
    la hondonada,
    la cubre y el paisaje;
    el zafiro del cielo y la nube de encaje.
    Todo y nada.

    Tú eres lo duradero,
    lo que persiste y queda, la verdad de las cosas.
    Yo soy como las rosas.
    Doy mi perfume y muero.
    Tú eres el titán
    que a fuerza de constancia perforaste las rocas.
    Yo soy una de esas vírgenes locas
    que nunca saben donde van.

    Inconstante y alada,
    tan pronto rozo estrellas como me mancha el lodo.
    Lo quiero siempre todo,
    y nunca tengo nada.
    Sí; tú eres el más fuerte
    y el más bueno quizás.
    Tú sabes dónde vas.
    Yo sólo voy donde quiere la suerte.

    Nos encontramos un extraño día.
    Tú el hierro; y la luz.
    y nos unimos en una misma cruz
    de poesía.

    Si tú eres la montaña
    que aguarda sin temor el vendaval,
    yo soy la fuente de cristal
    que florece en su entraña.

    Y no puedes conmigo,
    valeroso y profundo monte del Himalaya.
    Para no sucumbir, necesitas que vaya
    a sembrar en ti mi trigo.

    Susana March




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2015
    tratado de la realidad

    era mi rodilla el bastón hambriento de polillas,
    precaria, trémula, descansada de iglesias,
    porque mi realidad cuando pasó
    era sólo una sospecha…
    las luciérnagas no necesitan interruptores
    ni faros que guíen su caída al abismo;
    mi lluvia suicidó la lumbre y los espejos.
    porque mi realidad siempre venía
    absorta y enredada en camillas blancas.
    era mi sonrisa la oreja de Van Gogh
    en un florero de mi estancia,
    reía luego de las visitas y los tentempiés;
    porque mi rostro era una simulación
    de edificios y autos estacionados,
    porque el mar no es mar
    sin mis huesos atados como madrépora en el fondo,
    porque el amor no es amor
    desde que muero por costumbre ilícita
    y me resucitan por limosna en los barcos.
    era falda y dedo gangrenado al filo de la luna
    alimentaba a los peces del dios mudo y ahorcado,
    del dios que parió panes en un cuento de ogros;
    porque mi fe se cayó con los dientes de leche,
    y en el sudor de un niño en el semáforo en rojo.
    era una muñeca de porcelana con afeites de tulipanes,
    pero otras muñecas rompieron sus rieles,
    porque mi realidad cuando pasó
    era una sospecha
    roja, cancerígena,
    mundana


    Dina Bellrham (1984-2011)




  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2015
    Duermes. Mi mano toca sueño. Duermes.

    Duermes. Mi mano toca sueño. Duermes.
    Gozo de tu inocencia confiada,
    de tu implícita forma en esa noche
    que hace tan suya con amor la mano.

    Te siento dormir sin verte,
    serenísima, sagrada,
    nunca imagen de la muerte,
    y oponiéndote a la nada
    triunfar como piedra inerte.

    La delicada masa de tu sueño
    se espesa junto a mí, sin paz nocturna,
    que así convive con la invulnerable,
    cuyo retorno al despertar es siempre
    la súbita inmersión en nuestra dicha.

    Sumido en un calor de dos, el sueño
    relaja su clausura, casi abierta
    dulcemente hacia el día aún isleño.
    Calor, amor.
    La historia tras la puerta.

    Jorge Guillén
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2015
    Día Internacional de las Mujeres.

    8 de Marzo

    Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
    ¡Qué poco es un solo día, hermanas, qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
    De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
    -toda la atropellada ruta de nuestras vidas
    -deberían pavimentar de flores para celebrarnos
    (que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
    Nosotras queremos ver y oler las flores.
    Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos,
    Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
    Y de los que nos vendaron los pies
    Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
    Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
    Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
    Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
    Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas
    Queremos flores del que se protege del mal pensamientoobligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
    Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
    Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
    Y nos encerraron por locas
    Flores del que nos pega, del que se emborracha
    Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
    Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
    Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
    Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

    Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
    donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
    arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
    de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

    Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
    Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
    El jardín del que nos expulsaron.

    Gioconda Belli
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2015


    Es la mujer del hombre lo más bueno,
    y locura decir que lo más malo,
    su vida suele ser y su regalo,
    su muerte suele ser y su veneno.

    Cielo a los ojos, cándido y sereno,
    que muchas veces al infierno igualo,
    por raro al mundo su valor señalo,
    por falso al hombre su rigor condeno.

    Ella nos da su sangre, ella nos cría,
    no ha hecho el cielo cosa más ingrata:
    es un ángel, y a veces una arpía.

    Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
    y es la mujer al fin como sangría,
    que a veces da salud, y a veces mata.

    El maestro




  • SteinerSteiner Anónimo s.XI
    editado marzo 2015
    No es poesía per se. Pero desde luego me imprime la misma sensación el encadenamiento de palabras que a estas alturas ya recuerdo de memoria de tantas relecturas. Probablemente mi cita favorita de todos los tiempos, con la que más me identifico y a la cual acudo como un mantra a cada decepción. Damas y caballeros, con todos ustedes, Céline:

    "Durante la juventud, a las indiferencias más áridas, a las granujadas más cínicas, llegas a encontrarles excusas de chifladuras pasionales y también yo qué sé qué signos de romanticismo inexperto. Pero, más adelante, cuando la vida te ha demostrado de sobra la cantidad de cautela, crueldad y malicia que exige simplemente para mantenerla bien que mal, a 37º, te das cuenta, te empapas, estás en condiciones de comprender todas las guarradas que contiene un pasado. Basta con que te contemples escrupulosamente a ti mismo y lo que has llegado a ser en materia de inmundicia. No queda misterio ni bobería, te has jalado toda la poesía por haber vivido hasta entonces. Un tango, la vida".
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2015
    Fugitiva

    Traes destellos de lluvia en los cabellos
    Brillantes que te cubren la frente;
    Tienes húmedos los ojos, los labios mojados
    Y gélidas y rígidas las mejillas del
    Frío. ¿Por qué has estado ausente tanto tiempo?
    ¿Por qué no has venido a mí hasta las
    Tantas de la noche, tras caminar durante horas
    Contra viento y lluvia? Quítate el vestido
    y las medias, siéntate en este sillón profundo
    Junto al fuego. Te voy a calentar los
    Pies en mis manos. Te voy a calentar senos y
    Muslos a besos. Ojalá pudiese encender
    Un fuego en tu interior que nunca se extinguiese.
    Ojalá pudiera estar seguro de que llevas
    Bien dentro un imán que siempre te traerá a casa.

    Kenneth Rexroth
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2015


    Las ventanas se han estremecido, elaborando una metafísica del universo. Vidrios han caído. Un enfermo lanza su queja: la mitad por su boca lenguada y sobrante, y toda entera, por el ano de su espalda.

    Es el huracán. Un castaño del jardín de las Tullerías habráse abatido, al soplo del viento, que mide ochenta metros por segundo. Capiteles de los barrios antiguos, habrán caído, hendiendo, matando.

    ¿De qué punto interrogo, oyendo a ambas riberas de los océanos, de qué punto viene este huracán, tan digno de crédito, tan honrado de deuda, derecho a las ventanas del hospital? Ay! las direcciones inmutables, que oscilan entre el huracán y esta pena directa de toser o defecar! Ay! las direcciones inmutables, que así prenden muerte en las entrañas del hospital y despiertan células clandestinas a deshora, en los cadáveres.

    ¿Qué pensaría de si el enfermo de enfrente, ése que está durmiendo, si hubiera percibido el huracán? El pobre duerme, boca arriba, a la cabeza de su morfina, a los pies de toda su cordura. Un adarme más o menos en la dosis y le llevarán a enterrar, el vientre roto, la boca arriba, sordo al huracán, sordo a su vientre roto, ante el cual suelen los médicos dialogar y cavilar largamente, para, al fin, pronunciar sus llanas palabras de hombres.



    La familia rodea al enfermo agrupándose ante sus sienes regresivas, indefensas, sudorosas. Ya no existe hogar sino en torno al velador del pariente enfermo, donde montan guardia impaciente, sus zapatos vacantes, sus cruces de repuesto, sus píldoras de opio. La familia rodea la mesita por espacio de un alto dividendo. Una mujer acomoda en el borde de la mesa, la taza, que casi se ha caído.

    Ignoro lo que será del enfermo esta mujer, que le besa y no puede sanarle con el beso, le mira y no puede sanarle con los ojos, le habla y no puede sanarle con el verbo. ¿Es su madre? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su amada? ¿Y cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es su hermana? Y ¿cómo, pues, no puede sanarle? ¿Es, simplemente, una mujer? ¿Y cómo pues, no puede sanarle? Porque esta mujer le ha besado, le ha mirado, le ha hablado y hasta le ha cubierto mejor el cuello al enfermo y ¡cosa verdaderamente asombrosa! no le ha sanado.



    El paciente contempla su calzado vacante. Traen queso. Llevan tierra. La muerte se acuesta al pie del lecho, a dormir en sus tranquilas aguas y se duerme. Entonces, los libres pies del hombre enfermo, sin menudencias ni pormenores innecesarios, se estiran en acento circunflejo, y se alejan, en una extensión de dos cuerpos de novios, del corazón.



    El cirujano ausculta a los enfermos horas enteras. Hasta donde sus manos cesan de trabajar y empiezan a jugar, las lleva a tientas, rozando la piel de los pacientes, en tanto sus párpados científicos vibran, tocados por la indocta, por la humana flaqueza del amor. Y he visto a esos enfermos morir precisamente del amor desdoblado del cirujano, de los largos diagnósticos, de las dosis exactas, del riguroso análisis de orinas y excrementos. Se rodeaba de improviso un lecho con un biombo. Médicos y enfermeros cruzaban delante del ausente, pizarra triste y próxima, que un niño llenara de números, en un gran monismo de pálidos miles. Cruzaban así, mirando a los otros, como si más irreparable fuese morir de apendicitis o neumonía, y no morir al sesgo del paso de los hombres.



    Sirviendo a la causa de la religión, vuela con éxito esta mosca, a lo largo de la sala. A la hora de la visita de los cirujanos, sus zumbidos nos perdonan el pecho, ciertamente, pero desarrollándose luego, se adueñan del aire, para saludar con genio de mudanza, a los que van a morir. Unos enfermos oyen a esa mosca hasta durante el dolor y de ellos depende, por eso, el linaje del disparo, en las noches tremebundas.



    ¿Cuánto tiempo ha durado la anestesia, que llaman los hombres? ¡Ciencia de Dios, Teodicea! si se me echa a vivir en tales condiciones, anestesiado totalmente, volteada mi sensibilidad para adentro! ¡Ah doctores de las sales, hombres de las esencias, prójimos de las bases! Pido se me deje con mi tumor de conciencia, con mi irritada lepra sensitiva, ocurra lo que ocurra aunque me muera! Dejadme dolerme, si lo queréis, mas dejadme despierto de sueño, con todo el universo metido, aunque fuese a las malas, en mi temperatura polvorosa.



    En el mundo de la salud perfecta, se reirá por esta perspectiva en que padezco; pero, en el mismo plano y cortando la baraja del juego, percute aquí otra risa de contrapunto.

    En la casa del dolor, la queja asalta síncopes de gran compositor, golletes de carácter, que nos hacen cosquillas de verdad, atroces, arduas, y, cumpliendo lo prometido, nos hielan de espantosa incertidumbre.

    En la casa del dolor, la queja arranca frontera excesiva. No se reconoce en esta queja de dolor, a la propia queja de la dicha en éxtasis, cuando el amor y la carne se eximen de azor y cuando, al regresar, hay discordia bastante para el diálogo. ¿Dónde está, pues, el otro flanco de esta queja de dolor, si, a estimarla en conjunto, parte ahora del lecho de un hombre?

    De la casa del dolor parten quejas tan sordas e inefables y tan colmadas de tánta plenitud, que llorar por ellas sería poco, y sería ya mucho sonreír.



    Se atumulta la sangre en el termómetro.

    ¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!

    ¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!

    ¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que pudo dejarse en la vida!



  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2015
    Después

    Es otra
    acaso es otra
    la que va recobrando
    su pelo su vestido su manera
    la que ahora retoma
    su vertical
    su peso
    y después de sesiones lujuriosas y tiernas
    se sale por la puerta entera y pura
    y no busca saber
    no necesita
    y no quiere saber
    nada de nadie

    Idea Vilariño
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2015



    Límites



    De estas calles que ahondan el poniente,
    una habrá (no sé cuál) que he recorrido
    ya por última vez, indiferente
    y sin adivinarlo, sometido

    a Quién prefija omnipotentes normas
    y una secreta y rígida medida
    a las sombras, los sueños y las formas
    que destejen y tejen esta vida.

    Si para todo hay término y hay tasa
    y última vez y nunca más y olvido
    ¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
    sin saberlo, nos hemos despedido?

    Tras el cristal ya gris la noche cesa
    y del alto de libros que una trunca
    sombra dilata por la vaga mesa,
    alguno habrá que no leeremos nunca.

    Hay en el Sur más de un portón gastado
    con sus jarrones de mampostería
    y tunas, que a mi paso está vedado
    como si fuera una litografía.

    Para siempre cerraste alguna puerta
    y hay un espejo que te aguarda en vano;
    la encrucijada te parece abierta
    y la vigila, cuadrifronte, Jano.

    Hay, entre todas tus memorias, una
    que se ha perdido irreparablemente;
    no te verán bajar a aquella fuente
    ni el blanco sol ni la amarilla luna.

    No volverá tu voz a lo que el persa
    dijo en su lengua de aves y de rosas,
    cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
    quieras decir inolvidables cosas.

    ¿Y el incesante Ródano y el lago,
    todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
    Tan perdido estará como Cartago
    que con fuego y con sal borró el latino.

    Creo en el alba oír un atareado
    rumor de multitudes que se alejan;
    son lo que me ha querido y olvidado;
    espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

    J.L. Borges



  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2015
    Santa tierra desterrada

    Tú sigues siendo
    el misterio de las apariciones que nunca aparecen
    pero
    dentro de mí
    alguien
    cambió
    y no volverá a cambiar
    jamás

    ya no hay llanuras en mis montañas
    ya no hay llanuras y yo
    yo olvido un sótano de recuerdos dos sótanos llenos
    y persigo sombreros alegres para dejar de olvidar
    aunque ya se sabe
    los sombreros huyen
    y la alegría
    y los gatos que no nos felicitan.

    Olvido.

    Olvido porque ya soy viejo o ya soy joven:
    he sido tantos alborotos
    que ya soy viejo
    he visto a tantos morir mi muerte
    que ya soy joven

    he servido a tantos príncipes

    he ambicionado piedra he falsificado labios y he jadeado
    no he faltado a la cita y ahora
    ya no hay fuego en mi fuego
    o todas mis mentiras son mentirosas
    y sólo el cansancio me da vida
    y sólo tocas mí cansancio
    y ahora
    hoy nada me duele y tú no me dueles

    las tiendas de ultramarinos y los cines de verano
    y los guerreros indefensos
    desaparecieron
    ni siquiera los fabrican
    fíjate qué triste

    herrumbrosas y ajenas
    nuestra soledad es siempre de los otros
    herrumbrosas y ajenas y tan herrumbre
    las soledades que en mí acontecen
    sin ruidos y sin silencios

    hoy nadie me duele y tú no me dueles

    mujer
    tan callada y pobre
    como una grieta
    santa tierra desterrada
    yo que para escandalizarte he robado escándalos
    sólo Judas pudo amarte como yo te amo
    sólo Judas y sobre tí veo
    al cielo que ganó el concurso de cielos
    y al cielo loco que ganó el concurso de nubes
    y hasta al único caballo que cabalga

    santa tierra desterrada
    tierra santa
    mi tierra prometida
    dama de la mayor distancia
    te he deseado siempre
    desde el primer reloj

    pero
    dentro de mí
    alguien
    cambió
    así que pronto llorarán mis risas
    y se arrastrarán mis vuelos
    pronto
    oiré un viento raptando hojas
    y las noches sabrán ser días
    entonces
    inmediatamente

    Ayúdame
    soy un cristo que no tiene cruz
    soy un cristo de crucigrama
    ayúdame
    tú la espina más remota
    tú sueño que se desmaya
    tú pequeña niebla de piel
    tú que no mereces ser el cepillo de dientes de María Magdalena
    tú puedes ayudarme
    tú puedes ayudarme complicándome la vida
    complícame la vida
    complícamela
    tú que árida siempre te alejas
    dame abrazo y herida
    dame abrazo y herida para tener abrazo

    tú que no existes
    sólo tú puedes

    Pedro Casariego Córdoba
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2015


    ESTA vez dejadme
    ser feliz,
    nada ha pasado a nadie,
    no estoy en parte alguna,
    sucede solamente
    que soy feliz
    por los cuatro costados
    del corazón, andando,
    durmiendo o escribiendo.
    Qué voy a hacerle, soy
    feliz.
    Soy más innumerable
    que el pasto
    en las praderas,
    siento la piel como un árbol rugoso
    y el agua abajo,
    los pájaros arriba,
    el mar como un anillo
    en mi cintura,
    hecha de pan y piedra la tierra
    el aire canta como una guitarra.

    Tú a mi lado en la arena
    eres arena,
    tú cantas y eres canto,
    el mundo
    es hoy mi alma,
    canto y arena,
    el mundo
    es hoy tu boca,
    dejadme
    en tu boca y en la arena
    ser feliz,
    ser feliz porque si, porque respiro
    y porque tú respiras,
    ser feliz porque toco
    tu rodilla
    y es como si tocara
    la piel azul del cielo
    y su frescura.

    Hoy dejadme
    a mí solo
    ser feliz,
    con todos o sin todos,
    ser feliz
    con el pasto
    y la arena,
    ser feliz
    con el aire y la tierra,
    ser feliz,
    contigo, con tu boca,
    ser feliz.



    Pablo Neruda




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015
    Poética


    ¿PUEDES enumerar las cosas sedientas y febriles que contiene tu alma?


    Sostenlas levemente como lo harías con la enigmática corola de la gardenia o las menguantes sílabas que componen tu nombre.


    Si lo haces, dales la forma insurrecta del poema, la vertebrada columna de la escultura,


    el pálido alhelí de la pintura
    las notas irredentas de la sinfonía.

    Pero no tengas miedo si descubres que ellas existen


    se rebelan


    marchan como una gran muchedumbre hacia ti.



    No temas si toman la crisálida forma de un caballo,

    el potro salvaje de la noche,

    o la del tigre de bengala que alguna vez fue ejércitos.

    Y cabalga, cabalga en ellas hacia el oasis de tu corazón,

    sigue la ruta súbita de tus arterias,

    refléjate en los ojos de la fiera,

    para que llegues ebria al recóndito jardín de tus silencios.


    Héctor Ñaupari




  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015
    Oráculo

    -No hay azar más claro que el iris de mi ojo,
    pregunten a los hijos que van llorando tierra,
    deténganse en el mar a respirar su vuelo
    si el sol es transparente y gime y no aparece.

    La adivina cierra sus ojos y crepitan
    los dientes y su lengua, malhumorada, seca.

    -La rueda vuelve siempre al centro de su cielo
    y todo se detiene y habla y permanece.

    -Desnuda en el desván irá tejiendo siempre,
    tal vez nunca regrese su amante de la guerra
    y bailarán los años y sin reconocer
    los trozos de metal, la columnata, el mar.

    -Después veo silencio y un grito despiadado.
    La sangre descubrió su propio peso hueco.
    Más allá un incendio y el caballo cónsul
    y mártires que huelen a gloria antojadiza.
    ...Hay nubes en mis cejas y peces,
    hay planetas...
    Puedo ver la huella cómo se desfigura y cae.
    La luna se avecina, el ángel se avecina.
    Dos mil campanas hieren, se clavan en mi oído
    y Jericó se rinde y el águila perece
    mientras el toro huye detrás de los leones.


    Penúltimas noticias, los heraldos corren:
    Ha caído Roma, Tenochtitlán el Cuzco.


    -Otra vez el llanto recorre mis anillos.

    -La policía aguarda detrás de las murallas,
    no hay escapatoria, me arrastran con azufre,
    me fuerzan, me condenan, me besan en la cara.

    -¡Alejen los espejos, aviven ese fuego!

    -El hambre me conmueve y siento como vuelan
    los cuervos en mi boca, enloquecidos míos.

    -¡Por qué jamás anuncio lo que se escribe ayer!

    ...Hay nubes en mis manos,
    recuerdo sólo el mar...


    (A Gonzalo Rojas)

    Andrés Morales M.



  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2015
    Alguien se obsequia un trozo de muerte

    Cuando Andrés cumplió cinco años,
    quiso fabricarse un regalo,
    recordó que en la calle donde vivía
    solían abandonar pequeñas mascotas en la calle.

    Fue entonces buscando casa por casa
    hasta detenerse en una acera,
    donde yacían unos gatos muertos,
    los recogió y se los llevó.

    Esa noche, él soñó que los gatos
    estaban vivos, llorando,
    entonces él también lloró.
    En ese momento,
    toda la vecindad
    se despertó en pánico.

    Francisco Ruiz Udiel
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2015


    Cada vez tengo menos tiempo para escapar de la vida y venir por aquí. Gracias estrofa, gracias sarasvati.





    Lleva al marrano más allá de los cerros
    y regresa antes de que comiencen las lluvias.
    Cenaremos, me dirás que me amas y encenderás
    la última vela que nos queda en el armario
    para que pueda leer y tú jugarás con el perro
    pastor que mantiene unidas las ovejas del rebaño
    y luego
    saldremos juntos a contemplar la luna (las lluvias
    habrán cesado) y entonces me dirás
    (los pinos apenas se mecen con el viento
    la cerca de las vacas necesita repararse)
    que mañana partes para las montañas.
    Me propondrás dormir
    afuera y entonces
    entendí que tu serenidad era real y un beso
    y con el aire como solitario desayuno
    no tendré noticias tuyas sino hasta después
    de un año. El tono de mi vida habrá cambiado.
    Perderé la costumbre de leer y pasaré
    las noches (los días me serán casi imperceptibles)
    tratando de entender las constelaciones.
    Miraré Orión y también algún capitán extraviado
    en el Indico lo hará y hasta llegaré a ver la
    estrella polar desde el hemisferio sur.
    Las noticias dirán que lograste llegar
    a Europa, que te civilizas,
    y que un finlandés próspero maderero
    te divierte interminablemente entre los pinos
    (sus pinos) marrones. Recordaré entonces
    nuestra última noche. Y luego dos, tres, cinco
    hijos y dos cesáreas y el finlandés
    en Nápoles y luego en Grecia
    y luego en Austria tu salud comenzará con la tos
    a derrumbarse pero el finlandés en Dinamarca
    y entonces quedará muy poco de ti apenas
    un borroso recuerdo mío y una tarde y el
    finlandés perdido en el mejor desierto africano y
    entonces ya no tendré las redondas constelaciones
    encima y todo paraíso estará
    irremediablemente perdido.
    Vete ahora;
    lleva al marrano más allá de los cerros


    Mario Montalbetti











  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2015
    A ti, juancho :)

    Doble noche

    I

    La noche no logra terminar,
    malhumorada permanece,
    adormeciendo a los gatos y a las hojas.
    Estar aprisionada entre dos globos de luces
    y mantener, como una cabellera
    que se esparce infinitamente,
    el oscuro capote de su misterio.
    La noche nos agarra un pie,
    nos clava en un árbol,
    cuando abrimos los ojos
    ya no podemos ver al gato dormido.
    El gato está escarbando la tierra,
    ha fabricado un agujero húmedo.
    Lo acariciamos con rapidez,
    pero ha tenido tiempo para tapar
    el agujero. Hace trampa
    y esconde de nuevo a la noche.

    II

    Entré en el cuarto,
    no me decidí a encender la luz.
    Estaba un hombre sentado en un taburete,
    su espalda toda frente a mis ojos.
    No lo sentí como extraño
    ni alteraba la colocación de los muebles
    ni el botón de la luz.
    Como en una explicación casi inaudible
    dije: Uno.
    El otro, con su cuerpo inmovilizado,
    moviendo sus labios con sílabas muy lentas,
    me respondió: el cuerpo.
    Temeroso, con gran culpa, encendí la luz.
    El otro seguía en su taburete,
    comenzó entonces como un debate ciceroniano
    en el senado romano,
    golpeando las almohadas con los puños.
    El gato absorto y lentísimo
    comenzó de nuevo a esconder la noche.

    José Lezama Lima
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015
    La poesía nos tiene enganchad@s, Juancho :-)




    Seguridad

    Discutíamos asuntos de seguridad:
    es prudente ajustarse el cinturón
    cruzar con la luz verde
    ponerse bufandas y tomar vitaminas
    dejar de fumar
    de beber
    Todo es tan peligroso en estos días
    la contaminación horrible (flores marchitas)
    y hay muchas cosas que engordan: la nata
    oprime el corazón
    aumenta la violencia dicen los sociólogos
    tristes y llenos de responsabilidad
    cuando llegue la noche lo más seguro
    es quedarse en casa

    Discutíamos los asuntos con franqueza
    y precaución
    de pronto la noticia:
    ha estallado la guerra

    Nos quedamos un rato sin decir nada

    después apagamos el televisor
    y cambiamos de tema diciendo nimiedades



    Ingibjörg Haraldsdóttir (Reikiavik, Islandia, 1942)





  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015
    Hoy tengo que saber algunas cosas,
    averiguar ciertas costumbres de las aves,
    ciertas maneras de la tarde que no entiendo.
    Debo saber -es un ejemplo- aquello que concierne
    a las personas a la hora de la lluvia,
    su modo de perderse entre la niebla, su tristeza,
    su nostalgia sombría como el viento;
    quiero saber, también, las causas de la muerte
    del erizo, su manera tan fiel de arder a solas,
    su sollozo;
    después, tengo que averiguar algo pluvial
    que llega en las palomas, algo que duele,
    algo que suena hueco y sabe frío:
    un caracol que se hunde en un espejo y un lamento:
    la destrozada forma de un rostro que me escalda
    y todo aquello:
    el hosquedal de pájaros que empieza,
    el viento en la ventana dando miedo
    y esta manera de llover que parte el alma.


    Max Rojas
    (Ciudad de México, 1940)
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2015
    Pan y rosas

    Entre dos polos se tensa el mundo
    como la piel del asno.
    La vida, entre dos cosas:
    pan y rosas.

    Se oye el mundo, redoblan los tambores.
    Para cosas pequeñas, guerra grande.
    Ganador y vencido vuelven a casa.
    ¿Qué distancia, qué distancia hay a casa?

    Dos dados, dos palabras maravillosas,
    en la corneta de la historia: pan y rosas.
    Volver a tocar sobre el tambor volcado
    moviendo con violencia la corneta en las manos.

    Sobre la piel de asno del tambor de guerra,
    para nuestro amor, el hambre y la muerte espera.

    Jaroslav Seifert
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2015
    El azul de las hortensias

    A Waldo Leyva

    Tú acaso no lo sepas, Waldo; el gesto del vacío es una hortensia que no es azul por la ausencia de los días, ni por los rincones donde anidan los fantasmas disfrazados de poemas.

    Tú acaso no lo sepas, Waldo; porque definitivamente no será jueves el día que leas esto y no encontrarás hortensias en la puerta, ni el vacío del gesto de John Lennon habrá atravesado el cristal de los cuadros de las paredes de tu casa.

    El secreto del vacío se parece al escándalo de los ojos de aquellos que tienen el alma dinamita o poseen la sensación de haber transcrito una guarida fuera del espejo.

    Tú acaso no lo sepas, Waldo; existe el azul de los rincones y el vacío en el gesto de John Lennon por las hortensias que germinaron en un poema que pusiste en la puerta de Isolda para escribirlo.

    Stephanie Alcantar (Illinois, EUA/ Durango, México/ 1990)





  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2015


    Dormitaba ahora después de almorzar, me desperté sobresaltado.
    Recordé que era cumpleaños de mi hermano, le debo comprar un vino. Lo iré a ver, lo abrazaré, conversaremos de la vida y siempre diciendo: “es una mierda”. Me contará un chiste, quizás el mismo del año pasado, terminará el vino, el traerá cerveza y seguiremos diciendo: “es una mierda”. Es inevitable.


    ¿Te acordás hermano que tiempos aquellos
    cuando sin cortedades ni temor ni vergüenza
    se podía decir impunemente pueblo?
    cada uno estaba donde correspondía
    los capos allá arriba/ nosotros aquí abajo

    es cierto que no siempre
    logró colarse el pueblo en las constituciones
    o en las reformas de las constituciones
    pero sí en el espíritu de las constituciones/
    los diputados y los senadores
    todos eran nombrados sin boato
    como representantes de ese pueblo

    ahora el requisito indispensable
    para obtener curules en los viejos partidos
    y algunos de los nuevos
    es no pronunciar pueblo
    es no arrimarse al pueblo
    no soñar con el pueblo

    incluso hubo un ministro mexicano
    (sabines dixit) que en el sesenta y ocho
    unos meses después de tlatelolco
    dijo/ con el pueblo me limpio el culo
    después de todo el tipo era sincero

    por otra parte en las obras más doctas
    de los historiadores con oficio
    el pueblo aún figura en las notas al pie
    y en el último tramo de la bibliografía

    pero el voquible pueblo/ en general/
    es contaseña de las catacumbas
    de los contactos clandestinos
    de las exhumaciones arqueológicas

    de vez en cuando surge un erudito
    que descubre que engels dijo pueblo
    que gramsci el che guevara y rosa luxemburgo
    que mariátegui y marx y pablo iglesias
    dijeron pueblo alguna que otra vez

    y ciertos profesores que todavía tienen
    en sus armarios el pañuelo rojo
    llevan a sus alumnos al museo
    para que tomen nota disimuladamente
    de cómo eran las momias y los pueblos
    y claro los muchachos que absorben como esponjas
    se levantan sonámbulos en mitad de la noche
    y trotan por los blancos corredores
    diciendo pueblo saboreando pueblo

    mas como en la vigilia vigilada
    ya nadie grita ni murmura pueblo
    hay en las calles y en plazoletas
    en los clubes y colegios privados
    en las academias y en las autopistas
    una paz algo densa/ a prueba de disturbios
    y un silencio compacto/ sin fisuras
    algo por el estilo del que encontró neil amstrong
    cuando anduvo paseando por la luna sin pueblo.

    Mario Benedetti


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2015
    Muñecas mudas

    Los bebés no alumbrados nos inquietan al atardecer. Entonces mentimos, en alocado parloteo. Escribimos sobre el dolor ajeno, como si fuera nuestro. Nos apretamos la cintura hasta que revientan nuestros pulmones.

    Desearíamos convertirnos en seres débiles y melancólicos. Repetir en cualquier lugar y tiempo que nuestra vida es demasiado monótona. Realizar viajes turísticos a cálidos abrazos ajenos.

    Oímos el llanto de las muñecas de trapo.
    Muñecas mudas.
    Las muñecas siempre han sido mudas.

    Castillo Suárez
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