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Comentarios

  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Matan un cerdo en mi infancia

    Mi infancia llora aún. Los claros días
    de la interrogación fueron manchados
    por la sangre morada de los cerdos,
    por el aullido vertical que crece
    aun en la distancia aterradora.

    Pablo Neruda
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    Dijo el poeta al analista



    Mi negocio son las palabras. Las palabras son como etiquetas,

    o monedas, o mejor: como un enjambre de abejas.

    Yo confieso que sólo me quiebra la fuente de las cosas;

    como si las palabras se contaran como abejas muertas en el ático,

    desabrochadas de sus ojos amarillos y sus alas secas.

    Debo siempre olvidar que la palabra de uno es capaz de escoger

    a otra, y de otra forma, hasta que tengo

    algo que pude haber dicho…

    pero que no lo hice.

    Su negocio es vigilar mis palabras. Pero

    no admito nada. Hago lo mejor que puedo, por ejemplo,

    cuando puedo escribirle elogios a una máquina tragamonedas,

    esa noche en Nevada: diciendo cómo la mágica bolsa acumulada

    fue tocando tres campanadas sobre esa pantalla con suerte.

    Pero si debiera decir que esto es algo que no es,

    entonces me debilito, y recuerdo cómo mis manos se sintieron graciosas

    y ridículas y llenas de todo

    el crédulo dinero.


    Anne Sexton
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    (Esperanza)

    Hoy sé que la esperanza

    es el miedo

    con los ojos vendados.

    Fernando Valverde


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Aniversario

    Tú no comprenderás
    por qué yo he vuelto.
    Tal vez, ahí tendida
    no comprendes
    nada de lo que vive.
    Yo he vuelto, sin embargo
    para hablarte otra vez.
    (Está mojada
    y limpia la colina).
    Aún te pienso
    con el rostro de siempre
    y los cabellos, en su reino
    de humo, un poco grises.
    No tengo ojos
    para más. Tal vez 
    no eres así y eso es la muerte.

    He vuelto para hablarte.
    Estoy aquí. Tú no comprendes
    nada.
    Te he olvidado tanto
    y he podido
    olvidarte tan poco.
    Estoy alegre: a veces 
    no me acuerdo de ti
    (¿también eso es la muerte?).
    No sé si me comprendes,
    ni siquiera
    si estás aquí o resbalas
    por un aire que nunca
    pesó sobre mi boca.

    (La colina está quieta, sin embargo
    igual bajo su cielo
    como entonces)
    Mas óyeme si puedes.
    Un día como hoy
    cayó la nieve,
    arrebatada fue.
    Yo cumplo,
    inútilmente, el rito. Pongo
    esta lápida aquí. Pero no importa:
    no puedes comprenderme.

    Todo ha sido cortado.

    José Ángel Valente
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Una noche de verano
    -estaba abierto el balcón
    y la puerta de mi casa-
    la muerte en mi casa entró.
    Se fue acercando a mi lecho
    -ni siquiera me miró-
    con unos dedos muy finos,
    algo muy tenue rompió.

    Silenciosa y sin mirarme,
    la muerte otra vez pasó
    delante de mí. ¿Qué has hecho?
    La muerte nada respondió.
    Mi niña quedó tranquila,
    dolido mi corazón.

    ¡Ay, lo que la muerte había roto
    era un hilo entre los dos!

    Antonio Machado
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    La delicadeza humana

    Delicadeza humana, ¿dónde estás?

    ¿Tal vez
    sólo en los libros?

    Izet Sarajlíc
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV

    Suihanki [arrocera eléctrica]


    Aunque debo haber tenido mi pintor favorito, se me olvidó
    Aunque debo haber tenido mi canción favorita, se me olvidó
    Sin poder hacer nada, me puse a cocer el arroz en el Suihanki aunque no me gustan esas malditas Suihankis
    Nadie puede saber qué tiempo hacía el día de su nacimiento
    Nadie puede hablar con quien murió el día de su nacimiento
    Decidí creer en lo que alguien enseñó después
    y salí en busca del papel de baño, que se me acabó

    Mientras buscaba la manera de resistir, anochecía
    Mientras ponía todos mis esfuerzos en sobrevivir, amanecía
    Como no podía acordarme de qué iba a decir
    tomé tu mano, ya que estabas respirando ante mis ojos
    Las palabras que anotas en tu cuaderno de doble página y las del libro que me hizo llorar no son las mismas

    Aunque te parezca extraño
    me sentí tan feliz por eso que me puse a reír
    Acerca del tiempo del día de tu nacimiento lo contaré como me dé la gana
    Acerca de la persona que murió el día de tu nacimiento lo contaré con exageraciones y errores
    Al principio me creerás enteramente y te sorprenderás y luego te decidirás por no tener buenas creederas
    El hecho de que no me creas
    me reconforta a mí, quien vive con el Suihanki
    No perderé la calma aunque olvide mi cuadro favorito Tendré confianza en mi alma salvaje

    Encima de la estera azul ponemos
    las bolas de arroz y los productos cotidianos, traídos por cada uno y dices que es como el Hanamí
    mientras vives tu vida

    Sayaki Osaka
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Siempre he preferido al Leonard Cohen poeta al músico.

    Devuélveme mi casa
    Devuélveme a mi joven esposa
    Le grité al girasol que había en mi camino
    Devolvedme mi escalpelo
    Devolvedme mi vista de las montañas
    les dije a las semillas que había a lo largo del sendero
    Devuélveme mi nombre
    Devuélveme mi lista de la infancia
    le susurré al polvo cuando se terminó el sendero
    Ahora canta
    Ahora canta
    cantaba mi maestro mientras yo esperaba 
    azotado por el crudo viento
    Acaso he llegado tan lejos para esto
    Me preguntaba mientras esperaba 
    en medio del frío puro
    dispuesto al fin a discutir a favor de mi silencio
    Dime maestro
    se mueven mis labios
    o de dónde viene
    este suave canto total que incrusta mi alma
    como una lanza de sal en la roca
    Devuélveme mi casa
    Devuélveme mi joven esposa

    Leonard Cohen
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Desnúdate otra vez para ver
    que eres tú, que has regresado
    a casa y no por misericordia
    sino porque la luz del corazón
    ha trazado el camino del desierto.
    Abre otra vez la puerta,
    ilumina la casa hasta inundarla
    y besa estas cenizas: son mi aliento,
    el amor que esperaba en el umbral
    como si fuera cierta tu existencia.

    Juan Antonio Masóliver Ródenas
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV

    No deseo del amor sino el comienzo

    No deseo del amor sino el comienzo. Sobre las plazas 
    de mi Granada las palomas remiendan el vestido de este día. 
    En las jarras hay vino abundante para la fiesta que nos sucederá, 
    en las canciones hay ventanas suficientes para que eclosionen las flores de granado. 
    Dejo el jazmín en su maceta y mi pequeño corazón
    en la alacena de mi madre. Dejo mi sueño riendo en el agua 
    y al alba en la miel de los higos. Dejo mi hoy y mi ayer 
    en el pasaje hacia la plaza de la naranja donde vuelan las palomas. 
    ¿Soy yo ese que ha descendido a tus pies para que asciendan las palabras 
    cual luna blanca en la leche de tus noches? Golpea al aire 
    para que yo vea, azul, la calle de mi flauta. Golpea a la tarde 
    para que yo vea como entre tú y yo languidece este mármol. 
    Las ventanas están vacías de los jardines de tu chal. En otro 
    tiempo sabía mucho de ti y recogía la gardenia 
    de tus diez dedos. En otro tiempo poseía perlas 
    en torno a tu cuello y un nombre grabado en un anillo del que surgía la noche. 
    No deseo del amor sino el comienzo. Las palomas han volado 
    sobre el techo del último cielo. Han volado y volado. 
    Quedará después de nosotros abundante vino en las jarras 
    y un poco de tierra es suficiente para que nos encontremos y la paz arraigue.

    Mahmud Darwish

  • Marinero en tierra

    ... Y ya estarán los esteros
    rezumando azul de mar.
    ¡Dejadme ser, salineros,
    granito del salinar!
    ¡Qué bien, a la madrugada,
    correr en las vagonetas,
    llenas de nieve salada,
    hacia las blancas casetas!
    ¡Dejo de ser marinero,
    madre, por ser salinero!

    Si mi voz muriera en tierra,
    llevadla al nivel del mar
    y nombradla capitana
    de un blanco bajel de guerra.
    ¡Oh mi voz condecorada
    con la insignia marinera:
    sobre el corazón un ancla
    y sobre el ancla una estrella
    y sobre la estrella el viento
    y sobre el viento la vela!


    Rafael Alberti

  • SUEÑO


    Noche.
    Verde caracol, la luna.
    Sobre todas las terrazas,
    blancas doncellas desnudas.
    ¡Remadores, a remar!
    De la tierra emerge el globo
    que ha de morir en el mar.

    Alba.
    Dormíos, blancas doncellas,
    hasta que el globo no caiga
    en brazos de la marea.
    ¡Remadores, a remar,
    hasta que el globo no duerma
    entre los senos del mar!


    Rafael Alberti

  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2018
    Enseña como todas las cosas avisan de la muerte

    Miré los muros de la patria mía,
    si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
    de la carrera de la edad cansados,
    por quien caduca ya su valentía.

    Salíme al campo, vi que el sol bebía
    los arroyos del hielo desatados;
    y del monte quejosos los ganados,
    que con sombras hurtó la luz al día.

    Entré en mi casa: vi que amancillada
    de anciana habitación era despojos;
    mi báculo más corvo, y menos fuerte.

    Vencida de la edad sentí mi espada,
    y no hallé cosa en qué poner los ojos
    que no fuese recuerdo de la muerte.

    Francisco de Quevedo
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV

    Nanas de la cebolla

     (Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer, 
    en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla) 
     
    La cebolla es escarcha 
    cerrada y pobre. 
    Escarcha de tus días 
    y de mis noches. 
    Hambre y cebolla, 
    hielo negro y escarcha 
    grande y redonda. 
    . 
    En la cuna del hambre 
    mi niño estaba. 
    Con sangre de cebolla 
    se amamantaba. 
    Pero tu sangre, 
    escarchada de azúcar, 
    cebolla y hambre. 
    . 
    Una mujer morena 
    resuelta en luna 
    se derrama hilo a hilo 
    sobre la cuna. 
    Ríete, niño, 
    que te traigo la luna 
    cuando es preciso. 
    . 
    Alondra de mi casa, 
    ríete mucho. 
    Es tu risa en tus ojos 
    la luz del mundo. 
    Ríete tanto 
    que mi alma al oírte 
    bata el espacio. 
    . 
    Tu risa me hace libre, 
    me pone alas. 
    Soledades me quita, 
    cárcel me arranca. 
    Boca que vuela, 
    corazón que en tus labios 
    relampaguea. 
    . 
    Es tu risa la espada 
    más victoriosa, 
    vencedor de las flores 
    y las alondras 
    Rival del sol. 
    Porvenir de mis huesos 
    y de mi amor. 
    . 
    La carne aleteante, 
    súbito el párpado, 
    el vivir como nunca 
    coloreado. 
    ¡Cuánto jilguero 
    se remonta, aletea, 
    desde tu cuerpo! 
    . 
    Desperté de ser niño: 
    nunca despiertes. 
    Triste llevo la boca: 
    ríete siempre. 
    Siempre en la cuna, 
    defendiendo la risa 
    pluma por pluma. 
    . 
    Ser de vuelo tan lato, 
    tan extendido, 
    que tu carne es el cielo 
    recién nacido. 
    ¡Si yo pudiera 
    remontarme al origen 
    de tu carrera! 
    . 
    Al octavo mes ríes 
    con cinco azahares. 
    Con cinco diminutas 
    ferocidades. 
    Con cinco dientes 
    como cinco jazmines 
    adolescentes. 
    . 
    Frontera de los besos 
    serán mañana, 
    cuando en la dentadura 
    sientas un arma. 
    Sientas un fuego 
    correr dientes abajo 
    buscando el centro. 
    . 
    Vuela niño en la doble 
    luna del pecho: 
    él, triste de cebolla, 
    tú, satisfecho. 
    No te derrumbes. 
    No sepas lo que pasa ni 
    lo que ocurre.

    Miguel Hernández
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Sarasvati dijo:

    Nanas de la cebolla

     (Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer, 
    en la que le decía que no comía más que pan: y cebolla) 
     
    La cebolla es escarcha 
    cerrada y pobre. 
    Escarcha de tus días 
    y de mis noches. 
    Hambre y cebolla, 
    hielo negro y escarcha 
    grande y redonda. 
    . 
    En la cuna del hambre 
    mi niño estaba. 
    Con sangre de cebolla 
    se amamantaba. 
    Pero tu sangre, 
    escarchada de azúcar, 
    cebolla y hambre. 
    . 
    Una mujer morena 
    resuelta en luna 
    se derrama hilo a hilo 
    sobre la cuna. 
    Ríete, niño, 
    que te traigo la luna 
    cuando es preciso. 
    . 
    Alondra de mi casa, 
    ríete mucho. 
    Es tu risa en tus ojos 
    la luz del mundo. 
    Ríete tanto 
    que mi alma al oírte 
    bata el espacio. 
    . 
    Tu risa me hace libre, 
    me pone alas. 
    Soledades me quita, 
    cárcel me arranca. 
    Boca que vuela, 
    corazón que en tus labios 
    relampaguea. 
    . 
    Es tu risa la espada 
    más victoriosa, 
    vencedor de las flores 
    y las alondras 
    Rival del sol. 
    Porvenir de mis huesos 
    y de mi amor. 
    . 
    La carne aleteante, 
    súbito el párpado, 
    el vivir como nunca 
    coloreado. 
    ¡Cuánto jilguero 
    se remonta, aletea, 
    desde tu cuerpo! 
    . 
    Desperté de ser niño: 
    nunca despiertes. 
    Triste llevo la boca: 
    ríete siempre. 
    Siempre en la cuna, 
    defendiendo la risa 
    pluma por pluma. 
    . 
    Ser de vuelo tan lato, 
    tan extendido, 
    que tu carne es el cielo 
    recién nacido. 
    ¡Si yo pudiera 
    remontarme al origen 
    de tu carrera! 
    . 
    Al octavo mes ríes 
    con cinco azahares. 
    Con cinco diminutas 
    ferocidades. 
    Con cinco dientes 
    como cinco jazmines 
    adolescentes. 
    . 
    Frontera de los besos 
    serán mañana, 
    cuando en la dentadura 
    sientas un arma. 
    Sientas un fuego 
    correr dientes abajo 
    buscando el centro. 
    . 
    Vuela niño en la doble 
    luna del pecho: 
    él, triste de cebolla, 
    tú, satisfecho. 
    No te derrumbes. 
    No sepas lo que pasa ni 
    lo que ocurre.

    Miguel Hernández


    Me ha gustado. Gracias

    Saludos


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2018
    cehi dijo:

    Me ha gustado. Gracias

    Saludos


    Un gran poema :) 


    Epístola a los poetas que vendrán


    Tal vez mañana los poetas pregunten 

    por qué no celebramos la gracia de las muchachas; 

    quizá mañana los poetas pregunten 

    por qué nuestros poemas 

    eran largas avenidas por donde venía la ardiente cólera. 

    Yo respondo: por todas partes se oía llanto, 

    por todas partes nos cercaba un muro de olas negras. 

    Iba a ser la poesía 

    una solitaria columna de rocío? 

    Tenía que ser un relámpago perpetuo. 

    Yo os digo: 

    mientras alguien padezca, 

    la rosa no podrá ser bella; 

    mientras alguien mire el pan con envidia, 

    el trigo no podrá dormir; 

    mientras los mendigos lloren de frío en la noche, 

    mi corazón no sonreirá. 

    Matad la tristeza, poetas. 

    Matemos a la tristeza con un palo. 

    Hay cosas mas altas 

    que llorar el amor de tardes perdidas: 

    el rumor de un pueblo que despierta, 

    eso es mas bello que el rocío. 

    El metal resplandeciente de su cólera, 

    eso es mas bello que la luna. 

    Un hombre verdaderamente libre, 

    eso es mas bello que el diamante. 

    Porque el hombre ha despertado, 

    y el fuego ha huido de su cárcel de ceniza 

    para quemar el mundo donde estuvo la tristeza.


    Manuel Scorza

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII




    Viento del olvido

    Como a todas las muchachas del mundo,
    también a Ella,
    tejiéronla
    con sus sueños,
    los hombres que la amaban.

    Y yo la amaba.

    Pudo ser para otros un rostro
    que el Viento del Olvido
    borra a cada instante.
    Pudo ser,
    pero yo la amaba.

    Yo veía las cosas más sencillas
    volverse misteriosas
    cuando Ella las tocaba.
    Porque las estrellas de la noche
    ¡Ella con su mano las sembraba!

    Los días de esmeralda,
    los pájaros tranquilos,
    los rocíos azules,
    ¡Ella los creaba!

    Yo me emocionaba
    con sólo verla pisar la hierba.

    ¡Ah si tus ojos me miraran todavía!

    Esta noche no tendría tanta noche.
    Esta noche la lluvia caería sin mojarme.

    Porque la lluvia no empapa
    a los que se pierden 
    en el bosque de sus sueños relucientes,
    y sus días no terminan
    y son sus noches transparentes.

    ¿Dónde estás ahora?
    ¿En qué ciudad,
    en qué penumbra,
    en cuál bosque
    te desconocen las luciérnagas?

    Tal vez mientras escribo,
    estás en un suburbio,
    sola, inerme, abandonada...

    ¡Abandonada, no!

    En tu ausencia
    mi corazón todas las tardes muere.

    Manuel Scorza


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    La Saeta

    Dijo una voz popular:
    «Quién me presta una escalera
    para subir al madero
    para quitarle los clavos
    a Jesús el Nazareno?»
    Oh, la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos
    siempre con sangre en las manos
    siempre por desenclavar.
    Cantar del pueblo andaluz
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz.
    Cantar de la tierra mía
    que echa flores
    al Jesús de la agonía
    y es la fe de mis mayores
    !Oh, no eres tú mi cantar
    no puedo cantar, ni quiero
    a este Jesús del madero
    sino al que anduvo en la mar!

    Antonio Machado


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII




    VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN 

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.
    Cantando
    espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.

    Miguel Hernández



  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2018
    cehi dijo:




    Viento del olvido

    Como a todas las muchachas del mundo,
    también a Ella,
    tejiéronla
    con sus sueños,
    los hombres que la amaban.

    Y yo la amaba.

    Pudo ser para otros un rostro
    que el Viento del Olvido
    borra a cada instante.
    Pudo ser,
    pero yo la amaba.

    Yo veía las cosas más sencillas
    volverse misteriosas
    cuando Ella las tocaba.
    Porque las estrellas de la noche
    ¡Ella con su mano las sembraba!

    Los días de esmeralda,
    los pájaros tranquilos,
    los rocíos azules,
    ¡Ella los creaba!

    Yo me emocionaba
    con sólo verla pisar la hierba.

    ¡Ah si tus ojos me miraran todavía!

    Esta noche no tendría tanta noche.
    Esta noche la lluvia caería sin mojarme.

    Porque la lluvia no empapa
    a los que se pierden 
    en el bosque de sus sueños relucientes,
    y sus días no terminan
    y son sus noches transparentes.

    ¿Dónde estás ahora?
    ¿En qué ciudad,
    en qué penumbra,
    en cuál bosque
    te desconocen las luciérnagas?

    Tal vez mientras escribo,
    estás en un suburbio,
    sola, inerme, abandonada...

    ¡Abandonada, no!

    En tu ausencia
    mi corazón todas las tardes muere.

    Manuel Scorza


    Uno de mis poetas favoritos. Gracias cehi.
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    La piedad

    II

    Melancólica carne
    donde otrora abundó el gozo,
    entreabiertos ojos del despertar cansado,
    ¿ves tú, alma demasiado madura,
    aquello que seré, caído en la tierra?

    En los vivos está el camino de los muertos,

    Somos nosotros la borrasca de sombras,
    y son ellas el grano que en sueño germina,

    suya es la lontananza que nos queda,

    y suya es la sombra que da peso a los nombres.

    ¿La esperanza de un cúmulo de sombra
    y nada más es nuestra suerte?

    ¿Y tú, Dios, serías solamente un sueño?

    Temerarios, queremos al menos
    un sueño que se te parezca.

    Es parto de la demencia más clara.

    No tiembla entre nubes de ramas
    como gorriones matinales
    al filo de los párpados.

    En nosotros está y languidece, misteriosa llaga.

    Giuseppe Ungaretti

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Sarasvati 

    Uno de mis poetas favoritos. Gracias cehi.


    Gracias a ti por sacar a escena a este gran poeta peruano. En mi caso, también soy lector de sus obras, y en honor a ti me he permitido capturar del Internet los siguientes apuntes, que seguro conocerás y que son de tu interés


    Los inserto en varias páginas porque el sistema de este foro está limitado en cuanto a caracteres


    El autor: Apunte biobibliográfico

    La trayectoria vital de Manuel Scorza

    Manuel Scorza (1928-1983) dejó sin desmentir afirmaciones erróneas sobre su biografía, a menudo atribuidas por sus entrevistadores y críticos, e incluso contribuyó de forma destacada a la confusión informativa alrededor de su persona. A lo largo de su trayectoria Scorza prefirió siempre acentuar sus orígenes familiares indígenas, aunque naciera en Lima, la capital del Perú, el 9 de septiembre de 1928. Posteriormente, por cuestiones de salud, por su asma, su familia se instaló en la sierra, en el departamento de Huancavelica, y se afincó en Acoria, cerca del pueblo natal de su madre, Acobamba, donde su padre abrió una panadería. En este ambiente serrano se desarrollaron los años que, al parecer, proporcionaron a Scorza las experiencias de primera mano sobre la vida en una aldea andina, que tan importantes resultaron después para su obra creativa. Pasados unos años, la familia decidió volver a Lima, y el padre de Scorza instaló un puesto de venta de periódicos y revistas, hecho que, sin duda, facilitó la inmersión en la lectura del futuro escritor. Más adelante, Scorza regresó a la sierra, como interno en un colegio salesiano, en Huancayo, por una recaída en su enfermedad. Después, volvió de nuevo a la capital e ingresó en el Colegio Militar «Leoncio Prado», institución frecuentada por alumnos de todas las clases sociales, en especial de la pequeña burguesía. En efecto, se trata de la misma escuela donde Mario Vargas Llosa estudió años después y que más tarde retratará, crudamente, en su novela La ciudad y los perros (1963). Durante sus últimos años en el colegio militar, Scorza comenzó a participar en protestas políticas y se integró en una célula clandestina del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana). Así, en 1946, a los dieciocho años de edad, el futuro escritor se matriculó en la politizada Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, para seguir la carrera de Filosofía y Letras, participó de forma activa en la política universitaria y continuó en el APRA, que en aquellos momentos era un partido legalizado e implicado en la dirección política del país, debido a que entre 1945 y 1948 ocupó la presidencia del Perú José Luis Bustamante Rivero, elegido por una coalición del APRA, el Partido Comunista y otros partidos de izquierda. En esta situación, algunos sectores del APRA, con los que simpatizaba Scorza, pretendían forzar un cambio revolucionario que impidiera un posible golpe de la derecha. Sin embargo, las tensiones sociales que se generaron por la política desarrollada por el gobierno de Bustamante Rivero condujeron finalmente al temido golpe de estado, en el año 1948, que fue encabezado por el general Manuel A. Odría, cuya dictadura se mantuvo hasta 1956, período conocido como el Ochenio. Debido a su militancia política y a un incidente relacionado con la publicación de su poema «Rumor en la nostalgia antigua», por el que fue detenido, y sin haber podido siquiera terminar sus estudios, Scorza se vio obligado a abandonar el Perú en 1948.

    Durante sus primeros años de exilio, entre 1949 y 1952, Scorza vivió en Chile, Argentina y Brasil, y desempeñó diversos trabajos, como vendedor de libros, de perfumes, lector de pruebas y conferenciante ocasional, y también profundizó en su formación ideológica. De 1952 a 1956, Scorza vivió de forma estable en México[1], donde pudo continuar sus estudios literarios, esta vez en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Por aquel entonces publicó el ensayo «Una doctrina americana», que apareció en la revista mexicana Cuadernos Americanos en 1952. El artículo se ocupaba de los fundamentos ideológicos del aprismo, así como de la posición política del autor como miembro del APRA. El artículo insistía en los valores fundacionales de la ideología del aprismo, que en esos momentos se declaraba antiimperialista y anticomunista, y reclamaba una redistribución más justa de la riqueza, así como la unidad política y económica de Latinoamérica, en la estela del panamericanismo bolivariano. Un año más tarde, Scorza no se extrañó demasiado cuando los dirigentes apristas efectuaron un giro a la derecha. De forma significativa, Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder e ideólogo del APRA, cambió su antigua oposición a las inversiones extranjeras, especialmente las americanas, en el Perú. Por este motivo, Scorza, como muchos otros apristas ya descontentos con la evolución de la dirección del APRA, abandonó el partido y anunció su ruptura ideológica en una carta abierta titulada sarcásticamente «Good-bye, Mister Haya».





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    Manuel Escorza (2)

    En 1952, Scorza publicó también un corto pero comprometido poema titulado «Canto a los mineros de Bolivia», que puede considerarse programático. En el poema, Scorza se une a las quejas de los mineros, a los que llama sus «hermanos», con quienes dice compartir sus deseos y ansias. Para expresar su gratitud por este poema, así como por otras actividades en su apoyo, los sindicatos de mineros bolivianos invitaron a Scorza al primer aniversario de la Revolución Nacional de su país. Tras su visita en abril de 1953, Scorza escribió un largo ensayo titulado «La independencia económica de Bolivia» donde analizaba lo sucedido en Bolivia durante los años 50, hecho que el autor vio como un fin a la explotación de los campesinos y mineros indios de toda América. Es también revelador del creciente interés de Scorza por la cuestión indígena y la lucha por su liberación -tanto económica como política- que escribiera poco tiempo después una breve biografía sobre el padre de la independencia mexicana, Miguel Hidalgo. Este libro, casi panfletario, titulado Hidalgo (México, Instituto Nacional Indigenista, 1956), fue publicado anónimamente como parte de una serie que el Instituto Nacional Indigenista de México dedicó a las vidas de mexicanos insignes, dirigida al público infantil y con ilustraciones.

    Sin ser demasiado consciente de su objetivo, Scorza redactó Redoble por Rancas en forma de novela, probablemente entre finales de 1968 y principios de 1969[7]. Su método de escritura era bastante compulsivo, escribía con rapidez, pero retocaba largamente los borradores, hasta llegar a redactar más de diez versiones para cada página. En la segunda mitad del año 1969, Scorza envió manuscritos de su obra a diversas editoriales, sin obtener respuestas positivas, siendo rechazado en diversas ocasiones. Al mismo tiempo, también la envió al Premio Planeta. Aunque resultase ganador el veterano Ramón J. Sénder por En la vida de Ignacio Morel, la novela de Scorza quedó finalista, tras una votación ajustada (tres contra dos), y en los meses siguientes la editorial Planeta optó por publicarla -visto el éxito que otras editoriales, como Seix Barral, obtenían con autores latinoamericanos-. Después de la publicación en Barcelona de Redoble por Rancas vino el impacto: la novela tuvo una buena acogida, se convirtió en un éxito editorial, y su autor empezó a ser reclamado por la prensa especializada.

    En el Perú, la publicación de la novela fue acogida con sorpresa en el ámbito intelectual, pero en el contexto de los primeros años del gobierno revolucionario militar del general Juan Velasco Alvarado, también fue interpretada como una cierta justificación del proceso de reforma agraria y de transformación socialista que se estaba emprendiendo. En este sentido, la liberación por intervención directa del presidente, de Héctor Chacón, el «Nictálope» en Redoble por Rancas, que se hallaba cumpliendo condena en prisión, el 28 de julio de 1971, después de una carta de Scorza aparecida en la revista Caretas y la respuesta del propio «Nictálope» desde el penal del Sepa en la selva peruana, dio efectividad y resonancia a la obra de Scorza, como él mismo contó incansablemente en los años posteriores, puesto que la ficción había alterado la realidad, algo infrecuente en la historia de la literatura.

    Desde principios de los años setenta, la vida de Scorza en París se convirtió en la de un escritor de éxito, con ediciones de sus nuevas novelas (en 1972 aparecería Historia de Garabombo, el Invisible, también en Planeta), frecuentes viajes por Europa y Latinoamérica, apariciones en televisión y abundantes entrevistas en medios periodísticos y revistas especializadas. Entre sus amistades de entonces se contaban otros novelistas latinoamericanos de éxito afincados por aquella época en París:

    «En su apartamento [de Scorza] cercano a Notre-Dame, que él sabía transformar en salón mágico para recibir a sus amigos -Juan Rulfo, Ernesto Sábato, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Enrique Adoum...»[8].



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    Manuel Scorza (3)


    Sin embargo, a pesar de la fama obtenida por sus primeras novelas, los ingresos de Scorza no eran muy elevados, por lo que, entre 1970 y 1978, el autor enseñó también literatura latinoamericana y lengua española en la École Normale Supérieure de Saint-Cloud de París. Durante este tiempo, hasta 1976, su esposa Cecilia le ayudó con los manuscritos y contribuyó a la economía familiar que, desde 1973, contaba con una nueva boca que alimentar, la de su hija recién nacida, Cecilia. Sólo a partir de los años 1977-1978, con la aparición de sus nuevas novelas, El Jinete Insomne y El Cantar de Agapito Robles, y la traducción de Redoble por Rancas a numerosas lenguas, Scorza pudo plantearse su dedicación exclusiva a la literatura.

    Este éxito se vio refrendado en 1979, con la propuesta de su candidatura al premio Nobel de Literatura que, finalmente, fue concedido ese año al poeta griego Odysseus Elytis[9]. Liberado de sus tareas académicas, y finalizada también la redacción del ciclo de La Guerra Silenciosa, Scorza volvió a implicarse intensamente en 1978 en la vida política del Perú, alternando a partir de entonces su residencia entre Lima y París, llegando a presentarse como candidato a la vicepresidencia del Perú por una coalición de pequeños partidos de izquierda, el Frente Obrero, Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) en las elecciones de 1980.

    A lo largo de los años setenta, el éxito internacional de sus novelas, así como su reconocimiento europeo, produjeron una cierta transmutación de la figura pública de Manuel Scorza. Su discurso público sobre la situación de los indios en Latinoamérica, muy articulado para el lector europeo, fue insistente y paralelo a la publicación de sus sucesivas novelas en diversos idiomas. Para ello, mezclaba constantemente el mito, la realidad y la ficción en sus declaraciones, algo que ya tenía límites difusos en sus obras, y rehacía una y otra vez su biografía para destacar la centralidad de su papel como defensor de la causa indígena, hasta llegar a identificarse plenamente con ésta. En todo caso, la habilidad innata del autor para la promoción editorial de su obra y su figura pública, tan criticada en ocasiones, no jugaba en contra de su valía creativa, sino que representaba una muestra del aprendizaje previo realizado como editor.

    Ya en los años ochenta, finalizadas y publicadas las cinco novelas que integran su ciclo de La Guerra Silenciosa (es decir, Redoble por RancasHistoria de Garabombo el InvisibleEl Jinete InsomneCantar de Agapito Robles y La Tumba del Relámpago), Scorza, entre París y Lima, trabajó en nuevos proyectos[10]. Por una parte, un ensayo sobre la literatura latinoamericana, que debía titularse Literatura, primer territorio libre de América Latina, ya citado, y que anunció repetidamente en numerosas entrevistas. Por otra, una novela, El verdadero descubrimiento de Europa, que dejó sin terminar, aunque en un estado bastante avanzado. Apareció en 1983 en España una nueva novela, La Danza Inmóvil, donde trata el compromiso político del intelectual hispanoamericano. Al parecer esta constituía la primera entrega de otro proyecto, de un tríptico, en este caso, que debía llevar por título El Fuego y la Ceniza. Desgraciadamente, no se puede saber nada definitivo sobre el nuevo rumbo que se proponía tomar Scorza, ya que el 27 de noviembre de 1983 falleció en Madrid, a las 01:04, hora española, en un accidente de aviación. También murieron con él los escritores Marta Traba, Ángel Rama y Jorge Ibargüengoitia.

    Dunia Gras Miravet
    Universidad de Barcelona

    [1]. Véase F. Schmidt, «¡Nada logramos! ¡Lo atestiguamos! ¡Así vivimos!: el exilio de Manuel Scorza en México y en Francia», Alba de América, julio 1997, vol. 15, n.º 28-29, pp. 272-279.

    [2]. Véase D. Gras, «Manuel Scorza y la internacionalización del mercado literario latinoamericano: del Patronato del Libro Peruano a la Organización Continental de los Festivales del Libro (1956-1960)», Revista Iberoamericana, octubre-diciembre 2001, n.º 197, pp. 741-754.

    [3]. S. Salazar Bondy, «Tres hombres y una misión cultural», La Prensa, 7-12-57, p. 8.

    [4]. W. Luchting, «Redoble por Rancas, reviewed», Books Abroad, 46, n.º 1, 1972, p. 84: «In those years Scorza learned how to create and imitate skillfully the publicity effects necessary for selling books».

    [5]. Véase J. Donoso, Historia personal del «Boom», ob. cit., p. 58. Hay que considerar el peso específico de París como capital editorial europea, que sirve de difusora para los autores latinoamericanos, como aparecerá, de forma irónica, en la última novela de Scorza, La Danza Inmóvil (Barcelona, Plaza y Janés, 1983).

    [6]. M. Scorza, «Testimonio de parte de Ayacucho», ob. cit., p. 13. En una entrevista anterior, con E. González Bermejo («Manuel Scorza: encuentro con la memoria perdida», El Nacional, 16-5-76), ya hacía un comentario semejante: «... me propuse escribir un informe político de la guerra de Pasco. Pero vi, al redactarlo, que le faltaba esa dimensión fulgurante de los hechos, no había cómo meterlos en un informe político».








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    Manuel Scorza (4)


    [7]. En junio de 1969 publica en Cuadernos semestrales del cuento (n.º 5, pp. 35-38) una primera versión del primer capítulo de Redoble por Rancas.

    [8]. C. Couffon, «Adiós a Manuel Scorza», Ínsula, n.º 446, 1984. Véase también el «álbum» de fotos que se adjunta al final del segundo volumen de los diarios de Julio Ramón Ribeyro (La tentación del fracaso II. Diario personal (1960-1974), Lima, Jaime Campodónico, 1993), donde aparecen imágenes de Scorza junto a algunos de los autores citados.

    [9]. Redacción, «Mañana, probable concesión del Nobel de Literatura», Informaciones, 17-10-79.

    [10]. Además, Scorza escribió algunos textos de no ficción, muy personales, como la visión panorámica de su país que supone Vivre le Pérou, Paris, Éditions Menges, 1982 (traducido al alemán como Peru, Freiburg, Atlantis, 1983), como en el catálogo a la obra del pintor peruano Gerardo Chávez, Lima, LL editores-Banco Popular del Perú, 1982.

    En el ensayo sobre Bolivia es posible apreciar la coincidencia de dos temas que tomarán una posición central en la evolución posterior de la obra de Manuel Scorza, aunque nunca más sean tratados en forma de ensayo. Se trata de la cristalización de sus posiciones políticas (ya bastante definidas en su artículo anterior sobre el aprismo) en torno al antiimperialismo y a la reivindicación de un nacionalismo de izquierdas panamericano, por una parte, y al descubrimiento del problema de la explotación de los indios y la posesión de la tierra que, desde su punto de vista, configuraba una realidad que había sido pasada por alto incluso por ciertos sectores de la izquierda latinoamericana. Este último punto ya había sido desarrollado por José Carlos Mariátegui en su ya clásico Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928).

    Los cambios políticos del Perú facilitaron a Scorza una vía de retorno a su país. En 1956, en las elecciones generales convocadas por el general Odría, fue elegido como presidente el candidato liberal Manuel Prado, que ya había gobernado el país entre 1939 y 1945, en esta ocasión apoyado por una APRA derechizada. Fruto -en parte- de estos cambios políticos, Scorza obtuvo aquel mismo año en el Perú el Premio Nacional de Poesía -que llevaba el nombre de «José Santos Chocano»-, por su libro Las Imprecaciones, publicado un año antes en México, lo que le abrió las puertas de una vuelta a su país con un cierto reconocimiento. Scorza volvió en 1957 al Perú, donde permaneció durante los siguientes once años. Poco después de su regreso, se casó con Lydia Hoyle, con quien tuvo dos hijos: Manuel Eduardo («Manuco») y Ana María. A partir de su regreso Scorza desarrolló una serie de iniciativas editoriales que le reportaron una amplia reputación en el país[2].

    Scorza desarrolló una intensa actividad como editor durante una década, de 1956 a 1966, aproximadamente. Comenzó en el Perú con los llamados Festivales del Libro, bajo los auspicios del Patronato del Libro Peruano, una iniciativa privada ideada por un grupo de escritores que había sufrido el exilio, entre los que se contaba el propio Scorza. Este proyecto pretendía acercar el libro, considerado entonces un objeto de lujo en el Perú, a su público real eliminando la barrera de los intermediarios que encarecían su coste: los libros se vendían en las plazas, en puestos callejeros, y se apoyaba su lanzamiento con campañas publicitarias en prensa que incluían a menudo la presencia del autor y la firma de ejemplares. Por otro lado, el abaratamiento del libro también era posible gracias a las grandes tiradas de ejemplares -del orden de los 10 000 por título, para empezar-, al empleo de técnicas de imprenta como el offset, además del papel de baja calidad, y al apoyo económico de empresas patrocinadoras. De este modo podían venderse los libros al módico precio de tres soles de la época. Por otra parte, el prestigio de estos festivales se apoyaba en la nómina de colaboradores, entre los que se encontraban escritores como José Durand, Manuel Mujica Gallo, Estuardo Núñez y Sebastián Salazar Bondy[3], por citar sólo a unos pocos, que se encargaban de elaborar los prólogos y seleccionar los textos para las antologías publicadas.







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    Manuel Scorza (5)

    Los dos primeros festivales se dedicaron a autores peruanos, a divulgar las obras imprescindibles de su literatura nacional, desde el Inca Garcilaso a César Vallejo, pasando por Ricardo Palma o Manuel González Prada, entre otros. En cambio, los dos últimos, con el título de «Grandes Obras de América», se abrieron a la literatura del resto del subcontinente. Continuaron publicándose textos de autores peruanos, como Ciro Alegría o José María Arguedas, pero se dio cabida a escritores invitados como Rómulo Gallegos o Jorge Icaza. Tras dos años, una vez agotado el filón peruano, Scorza decidió expandir su empresa por otros países hispanoamericanos para repetir su éxito. Así surgió la Organización Continental de los Festivales del Libro (ORCOFELI), cuya primera escala fue Venezuela, donde el autor peruano contactó con el poeta y ensayista Juan Liscano -quien, años más tarde, estaría al frente de la prestigiosa editorial Monte Ávila, donde Scorza publicaría parte de su obra- para dirigir la «Biblioteca Básica de Cultura Venezolana». En esta colección publicó, de 1958 a 1960, los títulos más importantes de la literatura venezolana, desde Rómulo Gallegos -a quien se dedicó una serie especial- a Teresa de la Parra, pasando por Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva y tantos otros. A continuación, Scorza dio el salto a Colombia, donde eligió al también novelista Eduardo Caballero Calderón como presidente de honor para coordinar los Festivales del Libro Colombiano, aunque la dirección efectiva recayó en manos del periodista Alberto Zalamea, hijo del poeta Jorge Zalamea. Tras un intento fallido en Centroamérica, Scorza exporta su idea, finalmente, a Cuba. Allá la dirección del Festival del Libro Popular Cubano fue a manos de Alejo Carpentier, a quien Scorza consideraba un maestro y con quien le unía una relación de amistad; sin embargo, debido, al parecer, a los problemas económicos inmediatos surgidos tras la revolución cubana, Scorza se arruinó. Hacia 1959, Scorza ideó una nueva colección de libros de bolsillo, denominada Bolsilibros, que también quería que dirigiera Alejo Carpentier, pero no llegó a cuajar debido a la quiebra de la Organización Continental de los Festivales del Libro. Este proyecto, de algún modo, adelantaba la que sería, más adelante, en 1963, su última aventura editorial, Populibros Peruanos, cuyo nombre indicaba ya su principal objetivo: la popularización del libro en el Perú, con lo que retomaba, de algún modo, el espíritu que animaba los Festivales del Libro. En esta ocasión, la publicación de textos de la literatura peruana no se limitó a los clásicos, sino que dio a conocer a nuevos autores, de temática urbana, como Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa, Enrique Congrains, Luis Loayza u Oswaldo Reinoso. Por otra parte, también dio cabida a obras de la literatura hispanoamericana y universal (como Papá Goriot de Honoré de Balzac, Madame Bovary de Gustave Flaubert, El eterno marido de Fiodor Dostoievski). El éxito de este proyecto se prolongó durante dos años, a lo largo de doce series, de cinco títulos cada una. No obstante, Populibros Peruanos se vio abocada también a la ruina tras la prohibición de venta pública llevada a cabo por la Municipalidad de Lima: al parecer, el detonante fue el secuestro de la edición de El amante de Lady Chatterley de D. H. Lawrence, considerada escandalosa por las autoridades.

    A pesar de la relativa fugacidad de todas estas iniciativas, Scorza puso en evidencia la existencia de un público potencial, masivo, ignorado hasta entonces, y la necesidad de abastecerlo. En este sentido, de algún modo, abrió el camino, con sus aciertos y sus errores, a posteriores empresas editoriales de mayor envergadura en América Latina. Además, con esta experiencia, Scorza aprendió, desde luego, las estrategias del mercado editorial, el papel de la publicidad y el marketing, que más tarde le sirvieron de gran utilidad a la hora de planear su lanzamiento como narrador[4]. Paralelamente, siguió escribiendo y publicando poesía, como lo demuestra en Los adioses (1960), Desengaños del mago (1961), «Réquiem por un gentilhombre» (1962) y, más tarde, «Cantar de Túpac Amaru» (1969) y El vals de los reptiles (1970).

    Parece existir una clara relación entre la marcha de Scorza del Perú en 1967 -tras divorciarse de su primera esposa y conocer a Cecilia Hare, que se convertiría en la segunda-, su establecimiento permanente en París a partir de 1968 y su conversión en narrador, en escritor de novelas. En el agitado universo parisino de finales de los años sesenta, Scorza desembarcó como un intelectual latinoamericano más, con muchas ambiciones, algunos contactos importantes -fruto de su anterior labor de editor- y escasos recursos. Son los momentos en que el boom latinoamericano empieza a tener repercusión en el universo francófono, como parte de su proceso de internacionalización, puesto que ya son conocidos en Europa autores como M. Vargas Llosa o J. Cortázar[5]. Scorza trae consigo todos los materiales que había estado recopilando sobre las rebeliones campesinas en el Perú, desde su implicación en el Movimiento Comunal de Cerro de Pasco desde 1961: documentación, cintas, fotos, entrevistas, etc., dispuesto a escribir algo importante sobre su país, con la perspectiva que da la distancia. No está claro en qué momento concibe Scorza la posibilidad de transformar su historia en una novela y, más tarde, en un ciclo novelístico. En todo caso, lo que sí está claro es que la intención original de Scorza no era escribir una novela, sino un ensayo, como ya hemos anticipado:

    «En París escribí un informe de Rancas. Lo releí y se lo leí a amigos y todo. Vi que le faltaba el corazón; no veía lo que yo había visto. Y entonces un día lo que hice fue arrojar todo esto y soñar la realidad, como si yo estuviera adentro. Y escribí Redoble por Rancas»[6].



  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    editado noviembre 2018
    Lo he leído con detalle, gracias :) No conocía datos como que hubiese sido candidato al Nobel, por ejemplo. Me parece sin duda una de las mejores voces de la poesía latinoamericana, a la altura de Neruda o Vallejo. 

    Te dejo "Crepúsculo para Ana":


    SÓLO para alcanzarte escribí este libro
    Noche a noche, 
    en la helada madriguera 
    cavé mi pozo más profundo, 
    para que surgiera, más alta, 
    el agua enamorada de este canto. 
    Yo sé que un día las gentes 
    querrán saber por qué hay tanto rocío en las praderas, 
    yo sé que un día 
    irán ansiosas a los campos, 
    seguirán los hilos de los prados, 
    y a través de las florestas 
    llegarán hasta mi pecho, 
    y comprenderán, 
    —lo siento, estoy sintiéndolo—, 
    que es mi amor quien platea por ti el mundo en las mañanas, 
    y verás esta hoguera. 
    Desde ciudades enterradas, 
    desde salones sumergidos, 
    desde balcones lejanísimos, 
    verás este amor, 
    y escucharás mi voz 
    ardiendo de hermosura, y comprenderás que sólo por ti he cantado. 
    Porque sólo por ti estoy cantando. 
    ¡Sólo por ti resplandece 
    mi corazón extraviado! 
    ¡Sólo para que me veas, 
    ilumino mi rostro oscurecido! 
    ¡Sólo para que en algún lugar me mires 
    enciendo, con mis sueños, esta hoguera! 
    ¡El Mudo, 
    El Amargo, 
    ¡El Que Se Quedaba Silencioso, 
    te habla ahora a borbotones, 
    te grita cataratas, inmensidades! 
    No quiero luz del día, 
    ni diamante encendido, 
    no quiero no morir: 
    escucha mi agonía. 
    Alguna vez amarás, 
    alguna vez 
    en las lianas de la ternura enredada 
    comprenderás que cuando el dolor nos llega, 
    es imposible hablar; 
    cuando la vida pesa, las manos pesan: 
    es imposible escribir. 
    Mas con los años las escamas se nos caen. 
    Y un día, al volver el rostro, 
    vemos a lo lejos, 
    como remotos barcos encallados, 
    cosas que creíamos llevar adentro, 
    y miramos que son musgo los amores más ardientes. 
    ¡El hombre enceguecido 
    no escucha las campanas silenciosas de la hierba, 
    hasta que encuentra en los caminos, 
    como culebra, su antigua piel, 
    y reconoce entre las ruinas 
    su vieja máscara oxidada, 
    y se detiene a recordar lo que amó, 
    y descubre agujeros rotos 
    do eran ojos fulgurantes, 
    porque el tiempo crudelísimo 
    injurió el Rostro Puro, 
    y los años nos pusieron 
    anteojos de melancolía, 
    con los ojos que se mira la ruina, 
    el otoño, 
    la grosura de las mujeres! 
    ¡Oh, cruel máscara salobre 
    que aguarda agazapada 
    debajo del rostro del ángel, 
    la tristeza esperando no más 
    para volcar las aguas del naufragio! 
    Surge entonces 
    el Canto inextinguible, 
    cual surge ahora esta voz 
    que llora por los días hermosos, 
    cuando el agua era azul, 
    y no sabíamos que todo lo nacido morirá. 
    Todo lo que nace ha de morir. 
    ¡No digo más porque me entiendes! 
    Tú sabes que sólo quiero 
    que, en algún lugar, leas esta carta,
    antes que envejezcan los carteros 
    que te buscan 
    a la salida de las iglesias, 
    entre las recién casadas, 
    a la hora del jazmín rendido. 
    ¡Quiero que el rayo de mi ternura 
    traspase con lanza a los que no conozco, 
    y salte noche hirviendo 
    a los ojos de los que abran este libro, 
    y en algún lugar, 
    un día de este mundo, 
    me oigas 
    y te vuelvas, 
    como quien se vuelve extrañado 
    al sentir detrás el resplandor de un incendio, 
    y comprendas que estoy ardiendo por ti, 
    quemándome 
    sólo para que veas, 
    desde tan nunca, esta luz!
  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Melancolía

    Oh muerte, yo te amo, pero te adoro, vida...
    cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
    haz que por vez postrera
    penetre mis pupilas el sol de primavera.

    Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
    deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...
    era tan bueno el astro que en la aurora salía
    a decirme: buen día.

    No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
    pero antes que me bese el viajero piadoso
    que todas las mañanas,
    alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.

    Alfonsina Storni


  • SarasvatiSarasvati Fernando de Rojas s.XV
    Dos poemas de José "Pepe" Barroeta. Ayer me quedé obnubilada leyendo a este poeta.

    Todos han muerto

    La última vez que visité el pueblo
    Eglé me consolaba
    y estaba segura, como yo,
    de que habían muerto todos.

    Me acostumbré a la idea de saberlos callados
    bajo la tierra.
    Al comienzo me pareció duro entender
    que mi abuela no trae canastos de higo
    y se aburre debajo del mármol.

    En el invierno
    me tocaba visitar con los demás muchachos
    el bosque ruinoso,
    sacar pequeños peces del río
    y tomar, escuchando, un buen trago.

    No recuerdo con exactitud
    cuándo empezaron a morir.
    Asistía a las ceremonias y me gustaba
    colocar flores en la tierra recién removida.

    Todos han muerto.
    La última vez que visité el pueblo
    Eglé me esperaba
    dijo que tenía ojeras de abandonado
    y le sonreí con la beatitud de quien asiste
    a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.

    Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado.
    No sé si Eglé siguió la tradición de morir
    o aún espera.

    ***

    ELEGÍA

    Mientras haya muerte viviré cantando,
    errando en una onda de música desesperada. En los inviernos,
    en cualquier estación, son muchos los que han muerto por mí.

    Siempre deseo dejar la vida sin amargura,
    dejarla como yo la he visto. La esperanza que me da la noche,
    quizá la obsesión de estar muerto, han impedido que me sepulte,
    que vuele sobre el hilo de mi alma solar.

    Me gustaría vestirme con el color de la muerte,
    llevar en mí la rigurosa fantasía. Querer a una mujer pálida que tenga
    las alas como nunca.

    Mi deseo no es huir de la vida sino fijarla en lo que 
    arrebata. Esta luz de hoy nada cubre y sólo el sueño del cadáver invita a viajar.

    Yo vivo sigiloso
    esperando que se abra la tierra para cubrirla con mi melancolía
    Mi melancolía debe ser mi cuerpo muerto con sus ojos verdes
    cerrados.
    Mi melancolía es culpa de los muertos
    y de sus grandes magias. Padres míos, magos que vinieron y 
    se
    esfumaron. Que vagan como relámpagos de polvo debajo 
    de la tierra.


  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Sarasvati


    Todos han muerto

    A mí, éste, más que aflicción me ha causado respeto a la profundidad de la palabra. Desde luego, escrito por alguien (el venezolano  Pepe Barroeta) con sensibilidad.

    ELEGÍA

    Y en éste florece el oro lírico que poseía su autor y del que hacía gala.

    En realidad son ensayos.

    ______________________________________________


    Me gusta comentar lo que exponen otros compañeros (tanto propio como ajeno). No en vano esto es un foro, en el cual no sólo nos deberíamos limitar a insertar nuestras cosas y adiós muy buenas. Todos aprendemos de todos.

    Espero no te moleste

    Saludos

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