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Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2012
    A QUIEN ESTÁ LEYÉNDOME

    Eres invulnerable. ¿No te han dado
    los números que rigen tu destino
    certidumbre de polvo? ¿No es acaso
    tu irreversible tiempo el de aquel río

    en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo
    de su fugacidad? Te espera el mármol
    que no leerás. En él ya están escritos
    la fecha, la ciudad y el epitafio.

    Sueños del tiempo son también los otros,
    no firme bronce ni acendrado oro;
    el universo es, como tú, Proteo.

    Sombra, irás a la sombra que te aguarda
    fatal en el confín de tu jornada;
    piensa que de algún modo ya estás muerto.


    Jorge Luis Borges
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2012
    Angustia

    No vengo esta noche a vencer tu cuerpo, oh bestia
    en quien van los pecados de un pueblo, ni a cavar
    en tus cabellos impuros una triste tempestad
    bajo el incurable hastío que derrama mi beso:

    Pido a tu lecho el pesado dormir sin sueños
    que se cierne bajo las desconocidas cortinas del remordimiento
    y que puedes degustar tras tus negras mentiras,
    tú que de la nada sabes más que los muertos.

    Pues el Vicio, al roer mi nativa nobleza,
    me ha marcado como a ti con su esterilidad,
    pero mientras tu seno de piedra está habitado

    por un corazón al que el diente de ningún crimen hiere
    yo huyo, pálido, derrotado, obsesionado por mi sudario
    con miedo a morir cuando me acuesto solo.

    Stéphane Mallarmé
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2012
    SOLEDADES
    Ellos tienen razón
    esa felicidad
    al menos con mayúscula
    no existe
    ah pero si existiera con minúscula
    seria semejante a nuestra breve
    presoledad
    después de la alegría viene la soledad
    después de la plenitud viene la soledad
    después del amor viene la soledad
    ya se que es una pobre deformación
    pero lo cierto es que en ese durable minuto
    uno se siente
    solo en el mundo
    sin asideros
    sin pretextos
    sin abrazos
    sin rencores
    sin las cosas que unen o separan
    y en es sola manera de estar solo
    ni siquiera uno se apiada de uno mismo
    los datos objetivos son como sigue
    hay diez centímetros de silencio
    entre tus manos y mis manos
    una frontera de palabras no dichas
    entre tus labios y mis labios
    y algo que brilla así de triste
    entre tus ojos y mis ojos
    claro que la soledad no viene sola
    si se mira por sobre el hombro mustio
    de nuestras soledades
    se vera un largo y compacto imposible
    un sencillo respeto por terceros o cuartos
    ese percance de ser buenagente
    después de la alegría
    después de la plenitud
    después del amor
    viene la soledad
    conforme
    pero
    que vendrá después
    de la soledad
    a veces no me siento
    tan solo
    si imagino
    mejor dicho si se
    que mas allá de mi soledad
    y de la tuya
    otra vez estas vos
    aunque sea preguntándote a solas
    que vendrá después
    de la soledad.

    Mario Benedetti
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado diciembre 2012
    Soneto V
    Escrito está en mi alma vuestro gesto
    y cuanto yo escribir de vos deseo;
    vos sola lo escribistes, yo lo leo
    tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
    En esto estoy y estaré siempre puesto;
    que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
    de tanto bien lo que no entiendo creo,
    tomando ya la fe por presupuesto.
    Yo no nací sino para quereros;
    mi alma os ha cortado a su medida;
    por hábito del alma misma os quiero;
    cuanto tengo confieso yo deberos;
    por vos nací, por vos tengo la vida,
    por vos he de morir y por vos muero.
    Garcilaso de la Vega
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    La oración del ateo

    Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
    y en tu nada recoge estas mis quejas,
    Tú que a los pobres hombres nunca dejas
    sin consuelo de engaño. No resistes

    a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
    Cuando Tú de mi mente más te alejas,
    más recuerdo las plácidas consejas
    con que mi ama endulzóme noches tristes.

    ¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
    que no eres sino Idea; es muy angosta
    la realidad por mucho que se expande

    para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
    Dios no existente, pues si Tú existieras
    existiría yo también de veras.


    Miguel de Unamuno
  • editado enero 2013
    Soy Francisco y el nombre me duele,
    nacido en Pontoise, cerca de París,
    y balanceándose al cabo de la cuerda
    sentirá mi cuello lo que mi culo pesa.


    Francoise Villón.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    graciosito...


    Triste Nro 1

    Por la memoria vagamos descalzos
    seguimos el garabato de la lluvia
    hasta la tristeza que es el hogar destino
    la tristeza almacena los desastres del alma
    o sea lo mejorcito de nosotros mismos
    digamos esperanzas sacrificios amores.

    A la tristeza no hay quien la despoje
    es transparente como un rayo de luna
    fiel a determinadas alegrías.

    Nacemos tristes y morimos tristes
    pero en el entretiempo amamos cuerpos
    cuya triste belleza es un milagro.

    Vamos descalzos en peregrinación
    triste tristeza llena eres de gracia
    tu savia dulce nos acepta tristes.

    El garabato de la lluvia nos conduce
    hasta el hogar destino que siempre has sido
    tristeza enamorada y clandestina

    Y allí rodeada de tus frágiles dogmas
    de tus lágrimas secas / de tu siglo de sueños
    nos abrazas como anticipo del placer.

    Mario Benedetti
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Poesía, mano vacía...

    Poesía, mano empuñada


    Por furor para con su nada


    Ante atroz tesoro del día...



    Poesía, la casa umbría


    La defuera de mi pisada...


    Poesía la aún no hallada


    Casa que asaz busco en la mía...



    Poesía se está defuera:


    Poesía es una quimera...


    ¡A la vez a la voz y al dios!...


    Poesía, no dice nada:



    Poesía se está, callada,


    escuchando su propia voz.


    Martín Adán
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado enero 2013
    En mi oficio o mi arte sombrío...

    En mi oficio o mi arte sombrío
    ejercido en la noche silenciosa
    cuando sólo la luna se enfurece
    y los amantes yacen en el lecho
    con todas sus tristezas en los brazos,
    junto a la luz que canta, yo trabajo
    no por ambición ni por el pan
    ni por ostentación ni por tráfico de encantos
    en escenarios de marfil,
    sino por ese mínimo salario
    de sus más escondidos corazones.

    No para el hombre altivo
    que se aparta de la luna colérica
    escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
    ni para los muertos encumbrados
    entre sus salmos y ruiseñores,
    sino para los amantes, para sus brazos
    que rodean las penas de los siglos
    que no pagan con salarios ni elogios
    y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

    Dylan Thomas
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Rosa íntima
    Todas las rosas son la misma rosa,
    amor, la única rosa.
    y todo queda contenido en ella,
    breve imagen del mundo,
    ¡amor!, la única rosa.
    Rosa, la rosa... Pero aquella rosa...
    La primavera vuelve
    con la rosa
    grana, rosa amarilla, blanca, grana;
    y todos se embriagan con la rosa,
    la rosa igual a la otra rosa.
    ¿Igual es una rosa que otra rosa?
    ¿Todas las rosas son la misma rosa?
    Sí. Pero aquella rosa...
    La rosa que se aísla en una mano,
    que se huele hasta el fondo de ella y uno,
    la rosa para el seno del amor,
    para la boca del amor y el alma,
    ...Y para el alma era aquella rosa
    que se escondía, dulce entre las rosas,
    y que una tarde ya no se vio más.
    ¿De qué amarillo aquella fresca rosa?
    Todo, de rosa en rosa, loco vive,
    la luz, el ala, el aire,
    la honda y la mujer,
    y el hombre, y la mujer y el hombre.
    La rosa pende, bella
    y delicada, para todos,
    su cuerpo sin penumbra y sin secreto,
    a un tiempo lleno y suave,
    íntimo y evidente, ardiente y dulce.
    Esta rosa, esa rosa, la otra rosa...
    Sí. Pero aquella rosa...

    Juan Ramón Jiménez
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    BURLA DE LOS ERUDITOS DE EMBELECO,
    QUE ENAMORAN A FEAS CULTAS
    Muy discretas y muy feas,
    mala cara y buen lenguaje,
    pidan cátedra y no coche,
    tengan oyente y no amante.
    No las den sino atención,
    por más que pidan y parlen,
    y las joyas y el dinero,
    para las tontas se guarde.
    Al que sabia y fea busca,
    el Señor se la depare:
    a malos conceptos muera,
    malos equívocos pase.
    Aunque a su lado la tenga,
    y aunque más favor alcance,
    un catedrático goza,
    y a Pitágoras en carnes.
    Muy docta lujuria tiene,
    muy sabios pecados hace,
    gran cosa será de ver
    cuando a Platón requebrare.
    En vez de una cara hermosa,
    una noche, y una tarde,
    ¿qué gustos darán a un hombre
    dos cláusulas elegantes?
    ¿Qué gracia puede tener
    mujer con fondos de fraile,
    que de sermones y chismes,
    sus razonamientos hace?
    Quien deja lindas por necias,
    y busca feas que hablen,
    por sabias, como las zorras,
    por simples deje las aves.
    Filósofos amarillos
    con barbas de colegiales,
    o duende dama pretenda,
    que se escuche, no ose halle.
    Échese luego a dormir
    entre bártulos y abades,
    y amanecerá abrazado
    de Zenón y de Cleantes.
    Que yo para mi traer,
    en tanto que argumentaren
    los cultos con sus arpías,
    algo buscaré que palpe.
    Francisco De Quevedo
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Comunión
    Linda Regia! Tus venas son fermentos
    de mi no ser antiguo y del champaña
    negro de mi vivir!
    tu cabello es la ignota raicilla
    del árbol de mi vid.
    tu cabello es la hilacha de una mitra
    de ensueño que perdí!
    Tu cuerpo es la espumante escaramuza
    de un rosado Jordán;
    y ondea, como un látigo beatífico
    que humillara a la víbora del mal!
    Tus brazos dan la sed de lo infinito,
    con sus castas hespérides de luz,
    cual dos blancos caminos redentores,
    dos arranques murientes de una cruz.
    Y están plasmados en la sangre invicta
    de mi imposible azul!
    Tus pies son dos heráldicas alondras
    que eternamente llegan de mi ayer!
    Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas
    que al bajar del Espíritu ahogué,
    un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
    ya lejos para siempre de Belén!
    César Vallejo
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Demain, dès l'aube
    Demain, dès l'aube, à l'heure où blanchit la campagne,
    Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m'attends.
    J'irai par la forêt, j'irai par la montagne.
    Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.
    Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
    Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
    Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
    Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.
    Je ne regarderai ni l'or du soir qui tombe,
    Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
    Et quand j'arriverai, je mettrai sur ta tombe
    Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.


    Mañana al alba
    Mañana al alba, cuando clarea la campaña,
    partiré. Mira, sé que tú me esperas ahí.
    Iré por el bosque, iré por la montaña.
    No puedo permanecer ya más lejos de ti.
    Caminaré con los ojos en mi mente clavados,
    sin ver nada más allá, sin escuchar ruido,
    solo, las manos juntas, ignoto y encorvado,
    triste, y con el día en noche convertido.
    No miraré ni el oro de la tarde que tumba,
    ni las velas lejanas, con viento de babor.
    Y cuando al fin arribe, pondré sobre tu tumba
    un ramo de acebo verde, y de brezo en flor.

    Victor Hugo
  • ro08maro08ma Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2013
    Este poema, aunque un poco triste, es muy lindo. El amor trasciende todas las barreras, hasta la muerte.

    Buena selección:)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    saludos cuate.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Astucia del olvido

    ¿Se llamaba Hilda? ¿Acaso Elba?
    Tal vez era Olga o algún otro bisílabo casual,
    mas de la tarde de domingo
    en que a su lado estuve
    solo me importa el anónimo prestigio
    que urdió el moroso ocaso del mar
    con la rápida veladura de una nube final.
    Ella nunca supo
    que el portón de su casa resplandecía
    como un altar,
    que los pacientes goznes eran ascuas
    y que un polvo de iris lloviendo sabiamente
    trocaba el orín de inviernos sucesivos
    en gracia de su mirada y su pequeño aliento frutal.
    ¿Pero cómo se llamaba? ¿Cómo eran
    sus ojos, su pálida piel de extramuros,
    sus nerviosos pies entre la pobre arena?
    La astucia del cruel olvido es cruel
    y debo darle un nombre para salvarla,
    para rescatar a la improbable Hilda,
    a la no sé si Elba u Olga,
    de la muerte que ahora es su despiadada madre.

    Sebastián Salazar Bondy
    (tomado de: "El tacto de la araña")
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Por una lamentable torpeza mía al transcribir el poema lo vuelvo dejar, he puesto en rojo la corrección:

    Astucia del olvido

    ¿Se llamaba Hilda? ¿Acaso Elba?
    Tal vez era Olga o algún otro bisílabo casual,
    mas de la tarde de domingo
    en que a su lado estuve
    solo me importa el anónimo prestigio
    que urdió el moroso ocaso del mar
    con la rápida veladura de una nube final.
    Ella nunca supo
    que el portón de su casa resplandecía
    como un altar,
    que los pacientes goznes eran ascuas
    y que un polvo de iris lloviendo sabiamente
    trocaba el orín de inviernos sucesivos
    en gracia de su mirada y su pequeño aliento frutal.
    ¿Pero cómo se llamaba? ¿Cómo eran
    sus ojos, su pálida piel de extramuros,
    sus nerviosos pies entre la pobre arena?
    La astucia del olvido es cruel
    y debo darle un nombre para salvarla,
    para rescatar a la improbable Hilda,
    a la no sé si Elba u Olga,
    de la muerte que ahora es su despiadada madre.

    Sebastián Salazar Bondy
    (tomado de: "El tacto de la araña")
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Tu voz

    Tu voz es sombra de sueño.
    Tus palabras
    son en el aire dormido
    pétalos de rosas blancas.

    Por tus cabellos dorados,
    por tu mirada profunda,
    por tu voz nublada y triste
    ¡rindo mi capa andaluza!

    Tienen tus ojos la niebla
    de las mañanas antiguas;
    dulces ojos soñolientos,
    preñados de lejanías.

    Al escucharte se siente
    dentro del alma un lejano
    rumor de cálida fuente.

    Federico García Lorca
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado enero 2013
    Has rescatado un poema de mis poetas favoritos.Gracias por ello.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2013
    Dragon escribió : »
    Has rescatado un poema de mis poetas favoritos.Gracias por ello.

    Pensé en la voz de algunos de ustedes y encontré eso. Sobre todo en la tuya, amiga.

    Un abrazo

    pd.: la sobremesa me pone romántico.

    El poeta pide a su amor que le escriba

    Amor de mis entrañas, viva muerte,
    en vano espero tu palabra escrita
    y pienso, con la flor que se marchita,
    que si vivo sin mí quiero perderte.

    El aire es inmortal. La piedra inerte
    Ni conoce la sombra ni la evita.
    Corazón interior no necesita
    la miel helada que la luna vierte.

    Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
    tigre y paloma, sobre tu cintura
    en duelo de mordiscos y azucenas.

    Llena, pues, de palabras mi locura
    o déjame vivir en mi serena
    noche del alma para siempre oscura.


    Federico García Lorca
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    DAN LAS CAMPANAS TU RECUERDO EN PUNTO



    Dan las campanas tu recuerdo en punto.
    Afuera se pasean las dos de la mañana.

    Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
    Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
    Desde el fondo de todo
    lo que tengo,
    me faltas.



    Dan tu recuerdo en punto las campanas.
    Y afuera se pasean,
    de una
    en una,
    las dos
    de la mañana.

    César Calvo
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    CONFIDENCIA EN ALTA VOZ

    Pertenezco a una raza sentimental,
    a una patria fatigada por sus penas,
    a una tierra cuyas flores culminan al anochecer,
    pero amo mis desventuras,
    tengo mi orgullo, doy vivas a la vida bajo este cielo mortal
    y soy como una nave que avanza hacia una isla de fuego.


    Pertenezco a muchas gentes y soy libre,
    me levanto como el alba desde las últimas tinieblas,
    doy luz a un vasto campo de silencio y oros,
    sol nuevo, nueva dicha, aparición imperiosa
    que cae horas después en un lecho de pesadillas.
    Escribo, como ven, y corro por las calles,
    protesto y arrastro los grillos del descontento
    que a veces son alas en los pies,
    plumas al viento que surcan un azul oscuro,
    pero puedo quedarme quieto, puedo renunciar,
    puedo tener como cualquiera un miedo terrible,
    porque cometo errores y el aire me falta
    como me faltan el pecado, el pan, la risa, tantas cosas.


    El tiempo es implacable como un número creciente
    y comprendo que se suma en mi frente, en mis manos,
    en mis hombros, como un fardo,
    y pertenezco al tiempo, a los documentos, a mi raza y mi país,
    y cuando lo digo en el papel, cuando lo confieso,
    tengo ganas de que todos lo sepan y lloren conmigo.

    Sebastián Salazar Bondy
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    ARTE POÉTICA
    Mirar el río hecho de tiempo y agua
    Y recordar que el tiempo es otro río,
    Saber que nos perdemos como el río
    Y que los rostros pasan como el agua.
    Sentir que la vigilia es otro sueño
    Que sueña no soñar y que la muerte
    Que teme nuestra carne es esa muerte
    De cada noche, que se llama sueño.
    Ver en el día o en el año un símbolo
    De los días del hombre y de sus años,
    Convertir el ultraje de los años
    En una música, un rumor y un símbolo,
    Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
    Un triste oro, tal es la poesía
    Que es inmortal y pobre. La poesía
    Vuelve como la aurora y el ocaso.
    A veces en las tardes una cara
    Nos mira desde el fondo de un espejo;
    El arte debe ser como ese espejo
    Que nos revela nuestra propia cara.
    Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
    Lloró de amor al divisar su Itaca
    Verde y humilde. El arte es esa Itaca
    De verde eternidad, no de prodigios.
    También es como el río interminable
    Que pasa y queda y es cristal de un mismo
    Heráclito inconstante, que es el mismo
    Y es otro, como el río interminable.
    Jorge Luis Borges
    (un maestro)
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    Rosa de escándalo


    Cuando el hombre se extinga,
    cuando la estirpe humana al fin se acabe,
    todo lo que ha creado
    comenzará a agitarse,
    a ser de nuevo,
    a comportarse libremente
    —como
    los niños que se quedan
    solos en casa
    cuando sus padres salen por la noche.

    Héctor conseguirá humillar a Aquiles,
    Luzbel volverá a ser lo que era antes,
    fornicará Susana con los viejos,
    avanzará un gran monte hacia Mahoma.

    Cuando el hombre se acabe
    —cualquier día—,
    un crepitar de polvo y de papeles
    proclamará al silencio
    la frágil realidad de sus mentiras.


    Ángel González
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    EL FALSO AMOR

    Un amor que pregunta, si es virtud o es pecado,
    la fuerza que lo agita, eso es el amor soñado.
    Un amor que se esconde, porque teme al futuro,
    puede ser un amor, pero no es el más puro.



    Un amor que se escapa de su propio sentido,
    es la rama del árbol sin la gloria del nido.
    Un amor que razona, que contrata su ensueño,
    inevitablemente será un amor pequeño.



    Un amor que me exige preceptos y rituales,
    con dudas aritméticas y páginas legales...
    Ese no es el amor que soñaba ofrecerte
    para toda la vida, sobre toda la muerte.



    Si tu amor es tan pobre, recuérdame perdido:
    cuando es poco el amor, ¡Vale más el olvido!

    José Ángel Buesa
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    TRASPIÉ ENTRE DOS ESTRELLAS

    ¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera
    tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,
    baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;
    el modo, arriba;
    no me busques, la muela del olvido,
    parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír
    claros azotes en sus paladares!

    Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
    y suben por su muerte de hora en hora
    y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

    ¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!
    ¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!
    ¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!
    ¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!

    ¡Amadas sean las orejas sánchez,
    amadas las personas que se sientan,
    amado el desconocido y su señora,
    el prójimo con mangas, cuello y ojos!

    ¡Amado sea aquel que tiene chinches,
    el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
    el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
    el que se coge un dedo en una puerta,
    el que no tiene cumpleaños,
    el que perdió su sombra en un incendio,
    el animal, el que parece un loro,
    el que parece un hombre, el pobre rico,
    el puro miserable, el pobre pobre!

    ¡Amado sea
    el que tiene hambre o sed, pero no tiene
    hambre con qué saciar toda su sed,
    ni sed con qué saciar todas sus hambres!

    ¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,
    el que suda de pena o de vergüenza,
    aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,
    el que paga con lo que le falta,
    el que duerme de espaldas,
    el que ya no recuerda su niñez; amado sea
    el calvo sin sombrero,
    el justo sin espinas,
    el ladrón sin rosas,
    el que lleva reloj y ha visto a Dios,
    el que tiene un honor y no fallece!

    ¡Amado sea el niño, que cae y aún llora
    y el hombre que ha caído y ya no llora!

    ¡Ay de tánto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!

    César Vallejo
  • GrinchGrinch Banned
    editado febrero 2013
    Es un gran poema Juancho, admiro y siempre admiraré su inefable gusto por la poesía, sin ser un escritor de la misma, es asombrosa la capacidad que tienes para copiar y pegar.

    A mi me gusta esta y quisiera compartirla en su sagrado hilo...

    El hijo de rana, Rinrín renacuajo
    Salió esta mañana muy tieso y muy majo
    Con pantalón corto, corbata a la moda
    Sombrero encintado y chupa de boda.

    -¡Muchacho, no salgas¡- le grita mamá
    pero él hace un gesto y orondo se va.

    Halló en el camino, a un ratón vecino
    Y le dijo: -¡amigo!- venga usted conmigo,
    Visitemos juntos a doña ratona
    Y habrá francachela y habrá comilona.

    A poco llegaron, y avanza ratón,
    Estírase el cuello, coge el aldabón,
    Da dos o tres golpes, preguntan: ¿quién es?
    -Yo doña ratona, beso a usted los pies

    ¿Está usted en casa? -Sí señor sí estoy,
    y celebro mucho ver a ustedes hoy;
    estaba en mi oficio, hilando algodón,
    pero eso no importa; bienvenidos son.

    Se hicieron la venia, se dieron la mano,
    Y dice Ratico, que es más veterano :
    Mi amigo el de verde rabia de calor,
    Démele cerveza, hágame el favor.

    Y en tanto que el pillo consume la jarra
    Mandó la señora traer la guitarra
    Y a renacuajo le pide que cante
    Versitos alegres, tonada elegante.

    -¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
    pero es imposible darle gusto ahora,
    que tengo el gaznate más seco que estopa
    y me aprieta mucho esta nueva ropa.

    -Lo siento infinito, responde tía rata,
    aflójese un poco chaleco y corbata,
    y yo mientras tanto les voy a cantar
    una cancioncita muy particular.

    Mas estando en esta brillante función
    De baile y cerveza, guitarra y canción,
    La gata y sus gatos salvan el umbral,
    Y vuélvese aquello el juicio final

    Doña gata vieja trinchó por la oreja
    Al niño Ratico maullándole: ¡Hola!
    Y los niños gatos a la vieja rata
    Uno por la pata y otro por la cola

    Don Renacuajito mirando este asalto
    Tomó su sombrero, dio un tremendo salto
    Y abriendo la puerta con mano y narices,
    Se fue dando a todos noches muy felices

    Y siguió saltando tan alto y aprisa,
    Que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
    se coló en la boca de un pato tragón
    y éste se lo embucha de un solo estirón

    Y así concluyeron, uno, dos y tres
    Ratón y Ratona, y el Rana después;
    Los gatos comieron y el pato cenó,
    ¡y mamá Ranita solita quedó!

    Es de Pombo, Poeta Colombiano.

    Puedes disfrutarla tanto como lo hice yo, o bien puedes acusarme con la señorita Laura...
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado febrero 2013
    Grinch de ti ya ni se que pensar.

    Ganancias y pérdidas
    Vuelvo a mentir con gracia,
    me inclino respetuoso ante el espejo
    que refleja mi cuello y mi corbata.
    Creo que soy ese señor que sale
    todos los días a las nueve.
    Los dioses están muertos uno a uno en largas filas
    de papel y cartón.
    No extraño nada, ni siquiera a ti
    te extraño. Siento un hueco, pero es fácil
    un tambor: piel a los dos lados.
    A veces vuelves en la tarde, cuando leo
    cosas que tranquilizan: boletines,
    el dólar y la libra, los debates
    de Naciones Unidas. Me parece
    que tu mano me peina. ¡No te extraño!
    Sólo cosas menudas de repente me faltan
    y quisiera buscarlas: el contento,
    y la sonrisa, ese animalito furtivo
    que ya no vive entre mis labios.
    Julio Cortázar
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2013
    ¿A dónde vamos? Tristes navegantes,
    dejamos, ¡ay!, el puerto de la cuna,
    y persiguiendo amores y fortuna,
    erramos por las olas inconstantes,
    en noches sin estrellas y sin luna.

    Huir la infancia venturosa vemos,
    a la ferviente juventud llegamos,
    y a la caduca ancianidad corremos…
    ¿A dónde vamos?

    ¿Por qué gemimos, con el rumbo incierto,
    sin arribar al anhelado puerto?
    ¿Por qué sin tregua ni quietud luchamos?
    ¿Qué vemos al final de la jornada?
    ¿La eterna vida o la infecunda nada?
    ¿A dónde vamos?

    //

    Aves de paso que en flotante hilera
    recorren el azul del firmamento,
    exhalan a los aires un lamento
    y se disipan en veloz carrera,
    son el amor, la dicha y el contento.

    ¿Qué son las mil y mil generaciones
    que brillan y descienden al ocaso,
    que nacen y sucumben a millones?
    Aves de paso.

    Inútil es, oh pechos infelices,
    al mundo encadenarse con raíces.
    Impulsos misteriosos y pujantes
    nos llevan entre sombras, al acaso,
    que somos ¡ay! eternos caminantes,
    aves de paso.


    Manuel González Prada
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado marzo 2013
    Enamorarse y no

    Cuando uno se enamora las cuadrillas
    del tiempo hacen escala en el olvido
    la desdicha se llena de milagros
    el miedo se convierte en osadía
    y la muerte no sale de su cueva
    enamorarse es un presagio gratis
    una ventana abierta al árbol nuevo
    una proeza de los sentimientos
    una bonanza casi insoportable
    y un ejercicio contra el infortunio
    por el contrario desenamorarse
    es ver el cuerpo como es y no
    como la otra mirada lo inventaba
    es regresar más pobre al viejo enigma
    y dar con la tristeza en el espejo.

    Mario Benedetti
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