Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
¡Que no quiero verla¡
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un rio de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
!Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
!Yo no quiero verla!
De: Llanto por Ignacio Sanchez Mejías. (1935)
Federico García Lorca (1898-1936)
Siendo la 1.43 hs de la madrugada, me voy a dormir.
El corazón pide placer primero,
después, ser excusado del dolor
y luego esos pequeños anodinos
que ahogan el sufrimiento.
Y luego ir a dormir
y más tarde, si esa fuera
la voluntad de su Inquisidor
el privilegio de morir.
Poema publicado en 1862. Emily Dickinson (1830-1886)
Siendo las 3.22 hs de la madrugada... Me voy a dormir.
Me apunto al círculo.
Mi inspiración varía mucho de horario, lo que, por un lado es bueno y, por otro, malo. Bueno: porque en principio puedo escribir a cualquier hora. Malo: porque el hábito está menos consolidado.
Pero, escriba o no, más trasnochador no puedo ser.
A estas horas ya no sé si escribo, pienso o siento. Mis dedos son neuronas, prolongaciones nerviosas que dejan alma en el teclado. Tal vez sea la osucuridad, apenas rota por un pequeño engendro que ilumina con desgana el teclado, lo que me hace concentrar las sensaciones en los dedos.
Y me gusta. Aunque cuando me levante odie no haberme separado antes de esta pantalla.
Lo siento, Malube, pero no pude resistirme. Es lo que pensé yo: escribir en ciertas condiciones no puede ser bueno. Al menos ortográficamente hablando
Ortográficamente y en la forma también. Suele pasar. Por la noche, en plena ebullición creativa, a menudo se enfarragan los textos. Es preciso dejar que le dé el sol posteriormente para que también vea la luz y no sólo la sombra, que, sí, tan bien le sienta a un texto literario.
Yo siempre reviso lo que escribo porque desde hace unos pocos años me he dado cuenta de que "me como" letras. Da igual si escribo a mano o en el teclado, y eso que sé mecanografía. Cuando escribo a mano puede ser por la prisa al no querer perder la idea, no lo sé, pero me da muchísima rabia ver palabras a las que les faltan letras o una sílaba. Y eso que suelo escribir por el día, con la mente -supuestamente- más lúcida :rolleyes:
Yo siempre reviso lo que escribo porque desde hace unos pocos años me he dado cuenta de que "me como" letras. Da igual si escribo a mano o en el teclado, y eso que sé mecanografía. Cuando escribo a mano puede ser por la prisa al no querer perder la idea, no lo sé, pero me da muchísima rabia ver palabras a las que les faltan letras o una sílaba. Y eso que suelo escribir por el día, con la mente -supuestamente- más lúcida :rolleyes:
Hola, Texas (y a todos)!
A mí me pasa igual con las letras, y cuanto más despejada peor, porque el cansancio ralentiza.
Y es porque, por deprisa que escribas, la cabeza corre más. Apostaría a que si te fijas, muchas veces verás que lo que haces es adelantar letras (o sílabas enteras). En el teclado se nota menos, pero los borrones en tinta se delatan ellos solos, jaja!
Parece tontería, pero es un problema a la hora de escribir, almenos para mí, porque no me daba cuenta de que adelantaba incluso ideas, o escenas, o lo qe fuera, antes de hora, de manera que casi había que adivinar "a qué venían". Ahora, además de releer, tengo que preguntarme si se entiende, y no es nada fácil, jaja! Yo sé lo que quiero decir!
A estas horas ya no sé si escribo, pienso o siento. Mis dedos son neuronas, prolongaciones nerviosas que dejan alma en el teclado. Tal vez sea la osucuridad, apenas rota por un pequeño engendro que ilumina con desgana el teclado, lo que me hace concentrar las sensaciones en los dedos.
Y me gusta. Aunque cuando me levante odie no haberme separado antes de esta pantalla.
Anamar, que la cabeza vaya más rápida que la mano es lo que yo creo que me hace fallar al escribir. Aunque me gusta muchísimo más escribir a mano reconozco que cuando tengo una idea a punto de salir me resulta más fácil escribir con el teclado porque voy mucho más rápida. Y aún así... :rolleyes:
Me salto la linea de los mensajes para dejar esto a quien pueda interesar.
Yo soy una insomne impenitente, de los que pueden pasarse tres días sin pegar ojo o meses con una media por debajo de las cuatro horas... Y no tiene nada de bueno, esa es la pura verdad. Llegados a cierto punto, hay épocas en los que ya sólo cabe recurrir a las pastillas -más o menos fuertes, de un tipo o de otro-, que no son ni mucho menos la solución, pero te dan tus horas para poder hacer tu vida normal.
Y mira por dónde acabo de dar aquí mismo con un tema muy, pero que muy interesante que sin duda será de ayuda, tanto al que empieza a dormir mal, como -espero- a quien lleva tiempo arrastrando el problema.
Aviso que es largo y un tanto complicado de seguir. Pero el interés lo vale. Resumiendo mucho, explica qué es lo que causa los desfases y da la información necesaria para ajustar los horarios de la manera más sencilla imaginable. No digo que vaya a funcionar el primer día, pero es muy probable que sea así en muchos de los casos.
En mi caso, por ejemplo, pasé a llevar horario de Nueva York -vivo en España-, por culpa del horario de sueño al que me obligaba el negocio que tenía entonces. Como no podía cambiarlo, y tampoco podía adaptarme a él -ahora entiendo por qué-, volvía a abrir persianas tras la noche en blanco. A la larga se me dasajustó el sueño, y hasta hoy no había encontrado la manera de reajustarlo, más que buscar "el momento" en que podía dormir, lo que podía ser a cualquier hora, según rachas.
En primer lugar, que nadie se extrañe de lo "antiguo" que parece el estudio. Hasta donde yo alcanzo, el estudio sigue siendo válido y estando vigente. Si no se conoce más, es sencillamente porque no hay forma de que las farmacéuticas puedan sacarle partido. Eso es bueno:p!
Y de paso se carga unos cuantos mitos que ya me estaban hartando: "Que si comer antes, que si..." A unos les influye la cena, y a otros otra cosa, pero que no, que no va por ahí. ¡Por fin un poco de sensatez!
Curioso el informe, aunque al final parecen influir tantas cosas que no sé qué pensar. Me ha hecho gracia lo de los buhos, porque a mí me llaman mochuela. Mi ciclo circadiano se ve que es larguito.
La pena es que no dan el remedio.
Gracias por traerlo, Anamar; con el tiempo que llevaba aquí y no lo había visto.
Sí, es muy interesante. Yo a veces he estado tan recluido que me ha debido pasar algo parecido, en menor medida, a lo que le sucedió al investigador.
Ciclo largo, búho, qué le vamos a hacer. Se puede corregir, está claro. Pero hasta que no curre por las mañanas, me temo que no lo voy a intentar.
Curioso el informe, aunque al final parecen influir tantas cosas que no sé qué pensar. Me ha hecho gracia lo de los buhos, porque a mí me llaman mochuela. Mi ciclo circadiano se ve que es larguito.
La pena es que no dan el remedio.
Gracias por traerlo, Anamar; con el tiempo que llevaba aquí y no lo había visto.
Hola, Malube!
Igual no lo destacan con titulares, porque no lo van a vender, pero lo que sería el "remedio", consiste en reconocer las "zonas malas" y desplazar tu horario de sueño. Igual a tí te viene bien acostarte a las 12, por los hijos, pongamos, y eso no le cuadra a tu organismo; luego la idea sería buscar la manera de poderte acostar a las 11, o bien alargarte hasta las 12.30, o la 1... hasta encontrar una hora a la que puedas acostumbrarte.
Mis horas buenas, por lo general, están entre las 10 y las 11 de la noche. Es lo que hay. Normal que después de años trabajando más de quince horas y trasnochando se me fastidiase la rueda!
Esto también tiene que ver con consejos tipo "No quedarse en la cama obsesionándose en dormir", ya que de ese modo lo único que se consigue es desvelarse del todo.
Quien no acabe de identificar sus ciclos, si lo necesita, puede ponerse un poco más "científico" y usar el termómetro. Al fin y al cabo, según el estudio, el único patrón que siempre se ajusta al del sueño, es el de la temperatura corporal. (Ahora ya no recuerdo si era cuando sube, o cuando baja, pero bastaría consultarlo).
Por lo demás, ser un poco búho puede estar muy bien para aprovechar esas horas tranquilas de la noche. Y si encima sabes cómo adaptarte a un eventual cambio de horarios, bienvenido sea el trasnochar!!
Tic tac... tic, tac... lento segundo, segundo sin tiempo. A donde te has ido si aun no amanece? Yo, entre besos y calcinaciones me dejo caer al mundo que no duerme, que palpita en lluvia de anfetaminas y palabras mutiladas. A esta corta hora... A esta hora que nunca termina.
Efezo, esa lluvia también la estoy notando yo ahora mismo.
Las cinco de la mañana y acabo de llegar a casa. Eso sí, porque los bares cierran pronto, que si no...
Un espíritu nocturno me habló de este lugar. Me acerqué curiosa, en la absurda creencia de que me encontraría con amantes de la noche, acogiendo con mimo entre sus dedos a las temerosas musas que sólo en el silencio y la oscuridad se nos acercan. Ellas saben que durante el día han de luchar con mil competidores por conquistar nuestra variable y frágil atención. Este es sin embargo su momento, la hora bruja, cuando empiezan a asomarse tras las sombras, tímidas, dubitativas aún. El tic-tac amplificado acompaña sus primeros pasos. Queda en nosotros un lejano rumor de las horas vividas y a su son, ligeras, bailan en torno nuestro. Nos cantan al oído en extraños idiomas. Nos cuentan sorprendentes historias. ¡Qué magnifica ocasión para bailar con ellas! ¡Para dejar que nuestros dedos sigan el ritmo de sus cantos y perdernos en su misterioso mundo!
Pero ustedes llaman a Morfeo desesperados. Dios cruel, siempre que llega despliega sobre nosotros el suave tul que nos aisla, que nos encadena y amordaza como prisioneros suyos. Y desde ese momento, ya no vemos, ya no oímos, ya no podemos bailar con la musas. Es él quien lo hace a nustras espaldas, él quien disfruta sus canciones, él quien se pierde y se encuentra en su mundo. Ignorantes quedamos de lo que sucede. Y sólo al despertar, con suerte, podremos conservar la vaga sensación de haber tenido un sueño.
Oh, ¡qué ingratos!, entregarlas a un tirano cuando pudieron bailar con ellas.
Deja que los muertos vayan a descansar!!! mientras nosotros seguimos disfrutando de nuestra buena adicción. que bien es leerte denuevo mi querida gades
Poema Qué Noche De Hojas Suaves de Aurelio Arturo
Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y de astros.
El aire besa, el aire besa y vibra
como un bronce en el límite lontano
y el aliento en que fulgen las palabras
desnuda, puro, todo cuerpo humano.
Yo soy el que has querido, piel sinuosa,
yo soy el que tú sueñas, ojos llenos
de esa sombra tenaz en que boscajes
abren y cierran párpados serenos.
Qué noche de recónditas y graves
sombras de hojas, sombras de tus párpados:
está en la tierra el grito mío, ardiendo,
y quema tu silencio como un labio.
Era una noche y una noche nada
es, pregona en sus cántigas el viento:
aún oigo tu anhelar, tu germinar melódico
y tu rumor de dátiles al viento.
Y he de cantar en días derivantes
por ondas de oro, y en la noche abierta
que enturbiará de ti mi pensamiento,
he de cantar con voz de sobra llena.
Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y de astros.
Hoy no acudieron las musas. Se esconden del calor. Vinieron en su lugar los fantasmas, esos que durante el día no logran vencer la férrea razón. ¿De qué hablan ellos? ¿Quiénes son?
Estelas de recuerdos
obligados a perderse en el tiempo,
monstruos que el armario
no pudo contener en su apretado seno,
sombras informes
de tristes y abandonados sueños,
volad libres esta noche,
volad muy lejos.
Pues yo tal vez haya encontrado los hilos de la urdimbre que necesitaba para tejer la trama. Es hora de descansar, pero cuando la inspiración te muerde, hay que dejarse chupar la sangre.
Comentarios
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras
¡Que no quiero verla¡
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un rio de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
!Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
!Yo no quiero verla!
Federico García Lorca (1898-1936)
Es que colgué el post y me fui... Snif...
Otra vez será.
después, ser excusado del dolor
y luego esos pequeños anodinos
que ahogan el sufrimiento.
Y luego ir a dormir
y más tarde, si esa fuera
la voluntad de su Inquisidor
el privilegio de morir.
Emily Dickinson (1830-1886)
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
Pablo Neruda (1904-1973)
Mi inspiración varía mucho de horario, lo que, por un lado es bueno y, por otro, malo. Bueno: porque en principio puedo escribir a cualquier hora. Malo: porque el hábito está menos consolidado.
Pero, escriba o no, más trasnochador no puedo ser.
Y me gusta. Aunque cuando me levante odie no haberme separado antes de esta pantalla.
Si, eso va a ser
Ortográficamente y en la forma también. Suele pasar. Por la noche, en plena ebullición creativa, a menudo se enfarragan los textos. Es preciso dejar que le dé el sol posteriormente para que también vea la luz y no sólo la sombra, que, sí, tan bien le sienta a un texto literario.
Hola, Texas (y a todos)!
A mí me pasa igual con las letras, y cuanto más despejada peor, porque el cansancio ralentiza.
Y es porque, por deprisa que escribas, la cabeza corre más. Apostaría a que si te fijas, muchas veces verás que lo que haces es adelantar letras (o sílabas enteras). En el teclado se nota menos, pero los borrones en tinta se delatan ellos solos, jaja!
Parece tontería, pero es un problema a la hora de escribir, almenos para mí, porque no me daba cuenta de que adelantaba incluso ideas, o escenas, o lo qe fuera, antes de hora, de manera que casi había que adivinar "a qué venían". Ahora, además de releer, tengo que preguntarme si se entiende, y no es nada fácil, jaja! Yo sé lo que quiero decir!
Qué idea más bonita!!
Me salto la linea de los mensajes para dejar esto a quien pueda interesar.
Yo soy una insomne impenitente, de los que pueden pasarse tres días sin pegar ojo o meses con una media por debajo de las cuatro horas... Y no tiene nada de bueno, esa es la pura verdad. Llegados a cierto punto, hay épocas en los que ya sólo cabe recurrir a las pastillas -más o menos fuertes, de un tipo o de otro-, que no son ni mucho menos la solución, pero te dan tus horas para poder hacer tu vida normal.
Y mira por dónde acabo de dar aquí mismo con un tema muy, pero que muy interesante que sin duda será de ayuda, tanto al que empieza a dormir mal, como -espero- a quien lleva tiempo arrastrando el problema.
Aviso que es largo y un tanto complicado de seguir. Pero el interés lo vale. Resumiendo mucho, explica qué es lo que causa los desfases y da la información necesaria para ajustar los horarios de la manera más sencilla imaginable. No digo que vaya a funcionar el primer día, pero es muy probable que sea así en muchos de los casos.
En mi caso, por ejemplo, pasé a llevar horario de Nueva York -vivo en España-, por culpa del horario de sueño al que me obligaba el negocio que tenía entonces. Como no podía cambiarlo, y tampoco podía adaptarme a él -ahora entiendo por qué-, volvía a abrir persianas tras la noche en blanco. A la larga se me dasajustó el sueño, y hasta hoy no había encontrado la manera de reajustarlo, más que buscar "el momento" en que podía dormir, lo que podía ser a cualquier hora, según rachas.
Ahí os lo dejo, y espero que sea útil.:)
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=1062
En primer lugar, que nadie se extrañe de lo "antiguo" que parece el estudio. Hasta donde yo alcanzo, el estudio sigue siendo válido y estando vigente. Si no se conoce más, es sencillamente porque no hay forma de que las farmacéuticas puedan sacarle partido. Eso es bueno:p!
Y de paso se carga unos cuantos mitos que ya me estaban hartando: "Que si comer antes, que si..." A unos les influye la cena, y a otros otra cosa, pero que no, que no va por ahí. ¡Por fin un poco de sensatez!
Lo dicho, espero que a alguien le sirva.
La pena es que no dan el remedio.
Gracias por traerlo, Anamar; con el tiempo que llevaba aquí y no lo había visto.
Ciclo largo, búho, qué le vamos a hacer. Se puede corregir, está claro. Pero hasta que no curre por las mañanas, me temo que no lo voy a intentar.
Hola, Malube!
Igual no lo destacan con titulares, porque no lo van a vender, pero lo que sería el "remedio", consiste en reconocer las "zonas malas" y desplazar tu horario de sueño. Igual a tí te viene bien acostarte a las 12, por los hijos, pongamos, y eso no le cuadra a tu organismo; luego la idea sería buscar la manera de poderte acostar a las 11, o bien alargarte hasta las 12.30, o la 1... hasta encontrar una hora a la que puedas acostumbrarte.
Mis horas buenas, por lo general, están entre las 10 y las 11 de la noche. Es lo que hay. Normal que después de años trabajando más de quince horas y trasnochando se me fastidiase la rueda!
Esto también tiene que ver con consejos tipo "No quedarse en la cama obsesionándose en dormir", ya que de ese modo lo único que se consigue es desvelarse del todo.
Quien no acabe de identificar sus ciclos, si lo necesita, puede ponerse un poco más "científico" y usar el termómetro. Al fin y al cabo, según el estudio, el único patrón que siempre se ajusta al del sueño, es el de la temperatura corporal. (Ahora ya no recuerdo si era cuando sube, o cuando baja, pero bastaría consultarlo).
Por lo demás, ser un poco búho puede estar muy bien para aprovechar esas horas tranquilas de la noche. Y si encima sabes cómo adaptarte a un eventual cambio de horarios, bienvenido sea el trasnochar!!
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.
Mi cuerpo estará amarillo,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.
No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.
Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.
Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.
Juan Ramón Jiménez
(Sí, ya sé que es triste, pero es sencillo, y bello...)
Las cinco de la mañana y acabo de llegar a casa. Eso sí, porque los bares cierran pronto, que si no...
Un espíritu nocturno me habló de este lugar. Me acerqué curiosa, en la absurda creencia de que me encontraría con amantes de la noche, acogiendo con mimo entre sus dedos a las temerosas musas que sólo en el silencio y la oscuridad se nos acercan. Ellas saben que durante el día han de luchar con mil competidores por conquistar nuestra variable y frágil atención. Este es sin embargo su momento, la hora bruja, cuando empiezan a asomarse tras las sombras, tímidas, dubitativas aún. El tic-tac amplificado acompaña sus primeros pasos. Queda en nosotros un lejano rumor de las horas vividas y a su son, ligeras, bailan en torno nuestro. Nos cantan al oído en extraños idiomas. Nos cuentan sorprendentes historias. ¡Qué magnifica ocasión para bailar con ellas! ¡Para dejar que nuestros dedos sigan el ritmo de sus cantos y perdernos en su misterioso mundo!
Pero ustedes llaman a Morfeo desesperados. Dios cruel, siempre que llega despliega sobre nosotros el suave tul que nos aisla, que nos encadena y amordaza como prisioneros suyos. Y desde ese momento, ya no vemos, ya no oímos, ya no podemos bailar con la musas. Es él quien lo hace a nustras espaldas, él quien disfruta sus canciones, él quien se pierde y se encuentra en su mundo. Ignorantes quedamos de lo que sucede. Y sólo al despertar, con suerte, podremos conservar la vaga sensación de haber tenido un sueño.
Oh, ¡qué ingratos!, entregarlas a un tirano cuando pudieron bailar con ellas.
Poema Qué Noche De Hojas Suaves de Aurelio Arturo
Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y de astros.
El aire besa, el aire besa y vibra
como un bronce en el límite lontano
y el aliento en que fulgen las palabras
desnuda, puro, todo cuerpo humano.
Yo soy el que has querido, piel sinuosa,
yo soy el que tú sueñas, ojos llenos
de esa sombra tenaz en que boscajes
abren y cierran párpados serenos.
Qué noche de recónditas y graves
sombras de hojas, sombras de tus párpados:
está en la tierra el grito mío, ardiendo,
y quema tu silencio como un labio.
Era una noche y una noche nada
es, pregona en sus cántigas el viento:
aún oigo tu anhelar, tu germinar melódico
y tu rumor de dátiles al viento.
Y he de cantar en días derivantes
por ondas de oro, y en la noche abierta
que enturbiará de ti mi pensamiento,
he de cantar con voz de sobra llena.
Qué noche de hojas suaves y de sombras
de hojas y de sombras de tus párpados,
la noche toda turba en ti, tendida,
palpitante de aromas y de astros.
Estelas de recuerdos
obligados a perderse en el tiempo,
monstruos que el armario
no pudo contener en su apretado seno,
sombras informes
de tristes y abandonados sueños,
volad libres esta noche,
volad muy lejos.