No quiero dejar de mirarte. No quiero cerrar mis ojos porque en tu cara, encendida por el calor que nos abrasa, reside ese gesto que es mío, que sólo tú y yo conocemos.
Me gusta mirarte. Me gusta ver cómo se acerca tu cuerpo al mío. Me gusta ver tu torso terso. Me gusta tu perfecto cuello, donde se aloja mi boca y que por momentos sale al encuentro de tus besos. Me gustan tus gestos que, al dibujarse en tus entreabiertos labios, parecen una sonrisa. Y, de pronto, aparece un hambre insaciable que me ahoga: hambre de ti...
No hay faz más bien hecha que la tuya cuando esboza gestos. Me hace vibrar por dentro. Me hace sentir el sentido exacto al ritual que nos envuelve, a lo que mi yo percibe, a tus sudores escurriendo por tu frente, a ese tu aroma tan exquisito que destilas cuando me amas irracionalmente, a tus besos, entre suspiros ahogados, a mis manos recorriendo tu espalda al peso de tu cuerpo, que separa a la par mis muslos, a la seda y la dureza que se conjugan de una forma profunda, uniéndose en un vaivén infinito nuestros cuerpos.
¡Esos gestos son míos, sólo míos!
Y cuando te imagino así, te amo y te deseo más que nunca
Normalmente, cuando me da por escribir cualquier historia, del tema que sea y en lugar que sea, siempre me gusta hacer previamente un desarrollado esquema de la misma, y ello lo hago para que todo cuadre y salga bien.
En este caso, sólo me limito a repetir una añeja historia ocurrida en el barrio de Triana de la ciudad de Sevilla (España), cuya ha ido de generación en generación y de boca en boca. Se trata de la historia de un tal Ángel (Angelito), alias "El Lito".
Profundamente enamorados los protagonistas de esta historia, Lito y su novia se juraron Amor eterno; es decir, hasta la muerte. Y así fue en realidad.
Una tarde de verano, con el angustioso y desesperante fuego sevillano, Lito, que padecía desde mucho tiempo atrás del corazón, moría en el acto al caer fulminantemente en un cata crack estruendoso. Su rechoncha figura quedó estirada en el suelo.
Su novia estaba postrada en la cama, inválida, y sólo podía mover un poco la cabeza. No podía hablar y menos aún pedir auxilio. Su novio Lito era su único consuelo y su único apoyo en los últimos años.
El cuerpo sin vida de su novio distaba dos metros de la cama, y la puerta del hogar de ellos estaba a seis metros. De modo que la pobre novia estaba condenada a morir en silencio de inanición ese fatídico verano, si nadie se percataba de la ausencia de Lito.
Como Lito y si novia pasaban largas jornadas en su casa, sin salir para nada a la calle, nadie del vecindario ni extraños les echaron en falta en los días en los que se produjo la tragicomedia.
Un día después, la vista de la novia de Lito alcanzó ver que el cuerpo inerte de su novio estaba a un metro de su cama. Es decir, un poco más cerca de cuando cayó fulminado. Eso la sobrecogió y también la alivió.
Días más tarde, el hediondo cuerpo de Lito estaba casi a al lado de la cama, en dirección a la puerta de entrada y salida a la calle. Su novia sólo podía llorar, pero se sentía muerto ella también porque se encontraba como en sueño. Su ángel de la guarda particular, Lito, siempre estaba con ella. Pero no era un despertar y ya, todo sucedía en realidad. Pasado un día más, el fétido cuerpo estaba encaramado hacia la puerta, le faltaban seis metros. De modo que necesitaba que pasasen cinco días hasta que el cadáver putrefacto llegase a la puerta, y otro más para que sus huesudos dedos, tras la hinchazón, pudieran abrir el pestillo de la misma para salir afuera. Al día siguiente de esto, medio brazo situado en la entrepuerta dio el grito de alarma.
Y así era cómo a la semana de la muerte de Lito se descubriera su novia deshidratada en su lecho. Algo que suena a absurdo pero así lo cuentan los viejos de Triana y hasta ha llegado al centro la ciudad.
Y yo, con este texto corroboro esta historia porque muchas veces el Amor es tan intenso que va más allá de la vida misma
tu propuesta de diversión no deja de ser excitante. el desnudo debería ser la primera condición natural del ser humano es igual que la sonrisa, algo que no molesta el diafragma la cosa se ensierece cuando te ries que sí molesta el diafragma.
un saludo.
Gracias, Juan Manuel. Al menos tú te tomas la molestia de entrar y comentar de vez en cuando en el foro. Mi casi permanente participación es porque padezco de un insomnio casi crónico (a partir del fallecimiento de un hijo mío en el 2019) y porque me distraigo insertando lo que sea. Y dentro de lo que sea plasmo relatos que tengo en mi archivo, y algunos de ellos merecen la pena leer (modestia aparte). Casi todos están ubicados en el aparatado "Publica aquí tu relato".
Las redes sociales, Facebook, X, Instagram, Tik-Tok... (que las detesto) se están cargando a marcha acelerada los foros.
Las paredes eran horrorosas, pero guapos candelabros dorados adornaban lo ruin. Una negra lámpara en el techo iluminaba un salón con nueve sillones de armiño amarillo.
Sobre un bracero de bronce, los rubíes enfurecidos parecían dientes de dragón. Se quemaban semillas de alucema e incienso. En una mesa, un jarrón chino. ¿Qué escena se dibujaba en él?: "un pescador pescaba un pez espada, que lo hería en el rostro; gotas carmesí en una camisa arremangada, y el mar se bamboleaba entre olas espumosa".
En un jarrón, una hortensia rosa con pétalos secos. De las mesas caían manteles al suelo. En los sillones, sentados estaban los transexuales semidesnudos pero cubiertos de polvos de colores, rapados al cero en cabezas doradas, salvo en el antifaz que les cubría los ojos y que era de color azul.
Estaba Trini, de grandes tetas y de lengua viperina. Conocía por su nombre los venenos, y su lengua era sucia como esos falos que ya había lamido. Sabía insultar. Se había defecado en la cara del último cliente porque no le había dado propina. Le mentó a la madre por los cuernos del padre, antes de lanzar al aire un hermoso gargajo. Se contoneaba cual serpiente y era la más endemoniada del grupo, como las cimas del Himalaya ¡Qué tetas tenía la tía!, capaces de amamantar a todo un ejército de legionarios sedientos de leche de teta. Y entre sus opulentos muslos, la cripta de su sexo depilado exigía un cohombro marino, eternamente erecto.
Sobre un piano negro, dorada como poniente estaba Lolita, la madrileña, que en una de sus manos sostenía una copa de anís. La llamaban madrileña, pero había nacido en Cádiz. Jamás había visitado Madrid. Había denunciado a la policía a un tipo de 'Sendero Luminoso' que se había enamorado de ella en su visita a España. Llevaba el terrorista cheques por valor de cien millones de dólares, pero Lolita era puta por afición. Su cartilla del Banco jamás había estado en rojo. Rojos sus labios, los que ahora bebían anís. Cuando fornicaba era una hembra que cazaba, como un tigre-araña, la espalda del hombre, al que rodeaba con sus piernas. Era un escorpión mutante, y sus labios eran veneno. Había en sus ojos siete panteras rabiosas y su cuerpo era de ángel. ¿Cuántas vergas había bebido ya esa noche? Ninguna aún, por eso, anís en su boca, porque sus labios estaban secos, y cabreada ella, porque aún no había degustado el sabor de un macho.
Sonaba en el reloj las tres de la madrugada, y un cisne blanco sobre las azoteas vomitaba su luz, enormemente ebrio. Frasca se miraba en un espejo. Hoy había cocinado un conejo. Ella misma se ocupó de matarlo y desollarlo. ¡Qué soberbia era la tía! Rapada al cero parecía un marine norteamericano, y lo era, porque era hombre, pero su culo ya había recibido el falo de cientos de tíos. En realidad se llamaba Pepe, y era de Jerez. Con doce años, ya había mamado su primer pene. ¿Era gato o gata? Gata, pero sufrió horrores en su circuncisión, que se hallaba como un pájaro al que le mutilan la verga con unas tijeras. No tenía tetas, pero su culo había recibido más semen que los que contienen el banco de espermas. ¡Qué buen maromo podía ser si no fuera puto! Coleccionaba mariposas. Y nunca bebía vino porque vomitaba. Era mujer en la cama, sedienta de deseo, esclava absoluta. En su pecho tatuado había una cruz. Y sólo "lo hacía" por dinero. Belleza endeble que si tuviera navaja sería felina.
Lis leía una revista del corazón. En su portada, una Infanta de España proclamaba su divorcio. Tenía unos zarcillos de oro puro en orejas. Repito que todos estos ángeles estaban rapados y dorados. El polvo de oro los hacía exóticos, como pájaros semi demonios. Lis era pequeñaja y traviesa, escondía una libélula en su pecho, y sus tetas, que llenas de miel de higuera estaban, conocían el significado del pellizco. Terminaba de estar con uno y había triunfado. ¡Qué succión tan placentera le hizo por cincuenta pavos! El tipo era gordo, peludo y con unos mostachos mexicanos y un andar patoso. Se empeñaba en decir: ¡manita, manita, manita!, mientras Lis le succionaba el pene. Pero no había sido generoso con ella. Sólo había pagado el servicio, pero no le había dado propina y Lis trinaba. Por eso le daba una patada al gato. Leía que la Infanta Elena estaba ya harta de su marido pero ahora era feliz. También Lis quisiera degollar a algunos tíos y cortarles el pescuezo, como a gallinas.
Pitu era su primera noche y temblaba. En sus labios había una amapola virgen, y sus dientes no conocían el quid de la mordedura. ¿Quién te poseerá esta noche por vez primera? Juan te robó el virgo y Pepe y Jorge y Federico y Carlos y Adolfo y Felipe y Ramón y Rodrigo, y Pedro, y Enrique…, pero nunca follaste por dinero. Tus tetas son hermosas, como peras inmensas, y hay en tu pubis un olor a romero y salvia. Es tu pureza como la de la azucena mustia; y en tus ojos, la noche y la luna destilan su fría incógnita.
Sólo un cuadro de un autor anónimo era a esas altas horas de la madrugada el único testigo directo del perfecto crimen que cada cuarto escondía.
No poda soportar tu cercanía. Me provocabas. Queriendo o sin querer te aproximabas tanto mis labios a los tuyos que yo saltaba cual tigre contra ellos para comerme la miel que desgranaba tu boca, como un panal exprimido por un apicultor.
Me dejaste hacer. Sin pedírmelo, sabías lo que quería mientras me acercabas tus duros y redondos pechos, coronados por sus pezones que son fresas recién cortadas, pétalos de rosa, aromáticos y embriagadores, como el más dulce licor que embriaga mi deseo de amarte, de hacerte mía.
No podía ni quería contener mi ansia de amarte. Succionaba tu pezones con mis labios hambriento, adicto, como un bebé se aferra a las mamas de su mamá.
Me agarrabas tan fuertemente que sentía tus uñas en mi espalda como diez aguijones que desataban en mí más fuego.
La sangre comenzaba a hervir en tus venas y en las mías al unísono, de tal forma que tus dientes apretaban con fuerza descompensada mis labios, haciéndome sentir dolor, entre los movimientos placenteros de tu pubis, subiendo y bajando, como un amortiguador de un coche cuando circula por un camino lleno de baches.
El desenfreno llegó cuando te daba la vuelta y te penetraba, casi con violencia, por detrás como un potro salvaje, acariciando tu espalda, mientras tú apretabas fuertemente tu culo contra mi pelvis, como si me quisieras absorberme hacia dentro.
Mi miembro viril apretaba y arañaba las paredes de tu vagina, como si quisiera estallarla haciendo la entrada más ancha, más a su medida, al tiempo que se lubricaba como un diluvio de fluidos que se desbordaba, a pesar de la presión que ejercía el bombeo de nuestros sexos vulcanizados.
Tu interior quemándome el glande, haciéndome sentir tanto placer que no podía sujetar la avalancha que de líquido viscoso escapaba de mi masculinidad, que acogías con todos los sensores de tu anatomía, abiertos de par en par para recibir una cascada caliente que salía de mi fuente volcánica.
Mientras pensabas que ya no quedaba más, mi boca bajaba hasta tus labios y mi lengua comenzaba a abanicar tu flor, que ya estaban tan abierta que parecía una rosa a punto de desojarse.
Mi lengua seguía ahí, abajo, y tu cuerpo empezaba a convulsionarse como si fuera el de una loca intentado soltarse de las ligaduras. Te afianzabas a mi cuello, mordiendo mi espalda, arañándola como gata salvaje, maullando, gimiendo, mientras yo no cejaba en mi empeño de lamer tu raja, que ahora se asemejaba a una fuente que inundaba mi boca de una espuma envuelta en tu fluido salado, lo que hacia que no dominase la situación y te acompañase en tu escapada orgásmica, vertiéndome en tus piernas, y esparciéndome por la cama, sin dejar de trabajarme tu sexo, hasta que quedabas quieta, jadeante, y con la respiración entrecortada, como si hubieses hecho un esfuerzo tremendo. Después me decías: "gracias, Amor" .
Y de nuevo empezabas con ternura a acariciarme las mejillas, y después te quedabas dormida y rendida, pero feliz y satisfecha.
A veces se cruza en tu camino una mujer que, por su propia decisión, quiere ser tuya. Y a uno le entra un deseo de conocerla, de conocerla a fondo, de amarla, de rozar su piel, de besar su boca, de tenerla para ti, junto a ti. Y yo tengo que confesar que me bebo los vientos por una mujer desde el primer día que se cruzó en mi camino. Y no es sólo por su físico, que también, pero hay más: una extraña fuerza que me hace sentir un deseo de desnudarla y unir nuestras almas y nuestros corazones y practicar sexo.
Pienso que me quito los pantalones, saco mi pene, me acerco a tu oído y con palabras sutiles te digo: ¿me amas y me deseas? Y cuando baja tu cabeza y tus labios me lamen, gimo. Nos fusionarnos, disfrutando de tus besos. Delicadamente, alzo tu cuerpo, abro tus piernas y te penetro, sintiendo cómo entra cada centímetro de mi virilidad.
Siguiendo con el pensamiento, jalo tu pelo y te atraigo hacia mí, regodeándome con tus redondas tetas con la otra mano hasta hacerme enloquecer, hasta que nuestros cuerpos se unen a tal grado que exploto dentro de ti y me abandono a una pasión desenfrenada.
Y todo eso es sólo un aperitivo comparado con las noches en las que sólo pensaremos en devorarnos el uno al otro
Comentarios
¿Dónde tendrá Zapatero esto escondido?
La UCO debe seguir buscado otro escondrijo
ACHL
No quiero dejar de mirarte. No quiero cerrar mis ojos porque en tu cara, encendida por el calor que nos abrasa, reside ese gesto que es mío, que sólo tú y yo conocemos.
Me gusta mirarte. Me gusta ver cómo se acerca tu cuerpo al mío. Me gusta ver tu torso terso. Me gusta tu perfecto cuello, donde se aloja mi boca y que por momentos sale al encuentro de tus besos. Me gustan tus gestos que, al dibujarse en tus entreabiertos labios, parecen una sonrisa. Y, de pronto, aparece un hambre insaciable que me ahoga: hambre de ti...
No hay faz más bien hecha que la tuya cuando esboza gestos. Me hace vibrar por dentro. Me hace sentir el sentido exacto al ritual que nos envuelve, a lo que mi yo percibe, a tus sudores escurriendo por tu frente, a ese tu aroma tan exquisito que destilas cuando me amas irracionalmente, a tus besos, entre suspiros ahogados, a mis manos recorriendo tu espalda al peso de tu cuerpo, que separa a la par mis muslos, a la seda y la dureza que se conjugan de una forma profunda, uniéndose en un vaivén infinito nuestros cuerpos.
¡Esos gestos son míos, sólo míos!
ACHL
No hables, cállate y mira
el desayuno de la vampira
ACHL
Normalmente, cuando me da por escribir cualquier historia, del tema que sea y en lugar que sea, siempre me gusta hacer previamente un desarrollado esquema de la misma, y ello lo hago para que todo cuadre y salga bien.
En este caso, sólo me limito a repetir una añeja historia ocurrida en el barrio de Triana de la ciudad de Sevilla (España), cuya ha ido de generación en generación y de boca en boca. Se trata de la historia de un tal Ángel (Angelito), alias "El Lito".
Profundamente enamorados los protagonistas de esta historia, Lito y su novia se juraron Amor eterno; es decir, hasta la muerte. Y así fue en realidad.
Una tarde de verano, con el angustioso y desesperante fuego sevillano, Lito, que padecía desde mucho tiempo atrás del corazón, moría en el acto al caer fulminantemente en un cata crack estruendoso. Su rechoncha figura quedó estirada en el suelo.
Su novia estaba postrada en la cama, inválida, y sólo podía mover un poco la cabeza. No podía hablar y menos aún pedir auxilio. Su novio Lito era su único consuelo y su único apoyo en los últimos años.
El cuerpo sin vida de su novio distaba dos metros de la cama, y la puerta del hogar de ellos estaba a seis metros. De modo que la pobre novia estaba condenada a morir en silencio de inanición ese fatídico verano, si nadie se percataba de la ausencia de Lito.
Como Lito y si novia pasaban largas jornadas en su casa, sin salir para nada a la calle, nadie del vecindario ni extraños les echaron en falta en los días en los que se produjo la tragicomedia.
Un día después, la vista de la novia de Lito alcanzó ver que el cuerpo inerte de su novio estaba a un metro de su cama. Es decir, un poco más cerca de cuando cayó fulminado. Eso la sobrecogió y también la alivió.
Días más tarde, el hediondo cuerpo de Lito estaba casi a al lado de la cama, en dirección a la puerta de entrada y salida a la calle. Su novia sólo podía llorar, pero se sentía muerto ella también porque se encontraba como en sueño. Su ángel de la guarda particular, Lito, siempre estaba con ella. Pero no era un despertar y ya, todo sucedía en realidad. Pasado un día más, el fétido cuerpo estaba encaramado hacia la puerta, le faltaban seis metros. De modo que necesitaba que pasasen cinco días hasta que el cadáver putrefacto llegase a la puerta, y otro más para que sus huesudos dedos, tras la hinchazón, pudieran abrir el pestillo de la misma para salir afuera. Al día siguiente de esto, medio brazo situado en la entrepuerta dio el grito de alarma.
Y así era cómo a la semana de la muerte de Lito se descubriera su novia deshidratada en su lecho. Algo que suena a absurdo pero así lo cuentan los viejos de Triana y hasta ha llegado al centro la ciudad.
ACHL
Gracias, Juan Manuel. Al menos tú te tomas la molestia de entrar y comentar de vez en cuando en el foro. Mi casi permanente participación es porque padezco de un insomnio casi crónico (a partir del fallecimiento de un hijo mío en el 2019) y porque me distraigo insertando lo que sea. Y dentro de lo que sea plasmo relatos que tengo en mi archivo, y algunos de ellos merecen la pena leer (modestia aparte). Casi todos están ubicados en el aparatado "Publica aquí tu relato".
Las redes sociales, Facebook, X, Instagram, Tik-Tok... (que las detesto) se están cargando a marcha acelerada los foros.
Otro saludo
Como se celebren desfiles de "Orgullo" para cada condición sexual,
faltarían fechas del calendario para satisfacción del mundo mundial
ACHL
Con mucho esfuerzo me compré la mitad.
Con la paga del 2045 adquiriré la otra mitad
ACHL
Este pobre e infeliz individuo indigente
tiene más problemas que el presidente
ACHL
Yo me estoy riendo con mi dama,
todas las noches en nuestra cama
ACHL
Muchas veces me llamo y no me cojo,
¡es que soy un indolente y un flojo!
ACHL
Lo que son las cosas por aquí y por allí
El inventor del lápiz escribe con un Bic
ACHL
Se acabó ese rollo de nunca acabar:
"hay que cogérsela con papel fumar"
ACHL
¡Pero aún quedo yo,
que soy el mejor!
ACHL
¡Otra cosa no haces que distrae,
clávate por la cuenta que te trae!
ACHL
-A distancia
-A mucha, ¿no?
ACHL
Y dice mi obesa vecina Lola
que no engorda la Coca Cola
ACHL
Besos de cielo
da la negrita Chelo
ACHL
¡Lo que ahora son sofisticaciones,
en el otrora eran alegría e ilusiones!
ACHL
Sobre un bracero de bronce, los rubíes enfurecidos parecían dientes de dragón. Se quemaban semillas de alucema e incienso. En una mesa, un jarrón chino. ¿Qué escena se dibujaba en él?: "un pescador pescaba un pez espada, que lo hería en el rostro; gotas carmesí en una camisa arremangada, y el mar se bamboleaba entre olas espumosa".
En un jarrón, una hortensia rosa con pétalos secos. De las mesas caían manteles al suelo. En los sillones, sentados estaban los transexuales semidesnudos pero cubiertos de polvos de colores, rapados al cero en cabezas doradas, salvo en el antifaz que les cubría los ojos y que era de color azul.
Estaba Trini, de grandes tetas y de lengua viperina. Conocía por su nombre los venenos, y su lengua era sucia como esos falos que ya había lamido. Sabía insultar. Se había defecado en la cara del último cliente porque no le había dado propina. Le mentó a la madre por los cuernos del padre, antes de lanzar al aire un hermoso gargajo. Se contoneaba cual serpiente y era la más endemoniada del grupo, como las cimas del Himalaya ¡Qué tetas tenía la tía!, capaces de amamantar a todo un ejército de legionarios sedientos de leche de teta. Y entre sus opulentos muslos, la cripta de su sexo depilado exigía un cohombro marino, eternamente erecto.
Sobre un piano negro, dorada como poniente estaba Lolita, la madrileña, que en una de sus manos sostenía una copa de anís. La llamaban madrileña, pero había nacido en Cádiz. Jamás había visitado Madrid. Había denunciado a la policía a un tipo de 'Sendero Luminoso' que se había enamorado de ella en su visita a España. Llevaba el terrorista cheques por valor de cien millones de dólares, pero Lolita era puta por afición. Su cartilla del Banco jamás había estado en rojo. Rojos sus labios, los que ahora bebían anís. Cuando fornicaba era una hembra que cazaba, como un tigre-araña, la espalda del hombre, al que rodeaba con sus piernas. Era un escorpión mutante, y sus labios eran veneno. Había en sus ojos siete panteras rabiosas y su cuerpo era de ángel. ¿Cuántas vergas había bebido ya esa noche? Ninguna aún, por eso, anís en su boca, porque sus labios estaban secos, y cabreada ella, porque aún no había degustado el sabor de un macho.
Sonaba en el reloj las tres de la madrugada, y un cisne blanco sobre las azoteas vomitaba su luz, enormemente ebrio. Frasca se miraba en un espejo. Hoy había cocinado un conejo. Ella misma se ocupó de matarlo y desollarlo. ¡Qué soberbia era la tía! Rapada al cero parecía un marine norteamericano, y lo era, porque era hombre, pero su culo ya había recibido el falo de cientos de tíos. En realidad se llamaba Pepe, y era de Jerez. Con doce años, ya había mamado su primer pene. ¿Era gato o gata? Gata, pero sufrió horrores en su circuncisión, que se hallaba como un pájaro al que le mutilan la verga con unas tijeras. No tenía tetas, pero su culo había recibido más semen que los que contienen el banco de espermas. ¡Qué buen maromo podía ser si no fuera puto! Coleccionaba mariposas. Y nunca bebía vino porque vomitaba. Era mujer en la cama, sedienta de deseo, esclava absoluta. En su pecho tatuado había una cruz. Y sólo "lo hacía" por dinero. Belleza endeble que si tuviera navaja sería felina.
Lis leía una revista del corazón. En su portada, una Infanta de España proclamaba su divorcio. Tenía unos zarcillos de oro puro en orejas. Repito que todos estos ángeles estaban rapados y dorados. El polvo de oro los hacía exóticos, como pájaros semi demonios.
Lis era pequeñaja y traviesa, escondía una libélula en su pecho, y sus tetas, que llenas de miel de higuera estaban, conocían el significado del pellizco. Terminaba de estar con uno y había triunfado. ¡Qué succión tan placentera le hizo por cincuenta pavos! El tipo era gordo, peludo y con unos mostachos mexicanos y un andar patoso. Se empeñaba en decir: ¡manita, manita, manita!, mientras Lis le succionaba el pene. Pero no había sido generoso con ella. Sólo había pagado el servicio, pero no le había dado propina y Lis trinaba. Por eso le daba una patada al gato. Leía que la Infanta Elena estaba ya harta de su marido pero ahora era feliz. También Lis quisiera degollar a algunos tíos y cortarles el pescuezo, como a gallinas.
Pitu era su primera noche y temblaba. En sus labios había una amapola virgen, y sus dientes no conocían el quid de la mordedura. ¿Quién te poseerá esta noche por vez primera? Juan te robó el virgo y Pepe y Jorge y Federico y Carlos y Adolfo y Felipe y Ramón y Rodrigo, y Pedro, y Enrique…, pero nunca follaste por dinero. Tus tetas son hermosas, como peras inmensas, y hay en tu pubis un olor a romero y salvia. Es tu pureza como la de la azucena mustia; y en tus ojos, la noche y la luna destilan su fría incógnita.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
Pero si ellas juntan las dos en una...
¡14 centímetros alivian a algunas!
ACHL
Piscina barata y privada
de un guiri en Granada
ACHL
Me dejaste hacer. Sin pedírmelo, sabías lo que quería mientras me acercabas tus duros y redondos pechos, coronados por sus pezones que son fresas recién cortadas, pétalos de rosa, aromáticos y embriagadores, como el más dulce licor que embriaga mi deseo de amarte, de hacerte mía.
No podía ni quería contener mi ansia de amarte. Succionaba tu pezones con mis labios hambriento, adicto, como un bebé se aferra a las mamas de su mamá.
Me agarrabas tan fuertemente que sentía tus uñas en mi espalda como diez aguijones que desataban en mí más fuego.
La sangre comenzaba a hervir en tus venas y en las mías al unísono, de tal forma que tus dientes apretaban con fuerza descompensada mis labios, haciéndome sentir dolor, entre los movimientos placenteros de tu pubis, subiendo y bajando, como un amortiguador de un coche cuando circula por un camino lleno de baches.
El desenfreno llegó cuando te daba la vuelta y te penetraba, casi con violencia, por detrás como un potro salvaje, acariciando tu espalda, mientras tú apretabas fuertemente tu culo contra mi pelvis, como si me quisieras absorberme hacia dentro.
Mi miembro viril apretaba y arañaba las paredes de tu vagina, como si quisiera estallarla haciendo la entrada más ancha, más a su medida, al tiempo que se lubricaba como un diluvio de fluidos que se desbordaba, a pesar de la presión que ejercía el bombeo de nuestros sexos vulcanizados.
Tu interior quemándome el glande, haciéndome sentir tanto placer que no podía sujetar la avalancha que de líquido viscoso escapaba de mi masculinidad, que acogías con todos los sensores de tu anatomía, abiertos de par en par para recibir una cascada caliente que salía de mi fuente volcánica.
Mientras pensabas que ya no quedaba más, mi boca bajaba hasta tus labios y mi lengua comenzaba a abanicar tu flor, que ya estaban tan abierta que parecía una rosa a punto de desojarse.
Mi lengua seguía ahí, abajo, y tu cuerpo empezaba a convulsionarse como si fuera el de una loca intentado soltarse de las ligaduras. Te afianzabas a mi cuello, mordiendo mi espalda, arañándola como gata salvaje, maullando, gimiendo, mientras yo no cejaba en mi empeño de lamer tu raja, que ahora se asemejaba a una fuente que inundaba mi boca de una espuma envuelta en tu fluido salado, lo que hacia que no dominase la situación y te acompañase en tu escapada orgásmica, vertiéndome en tus piernas, y esparciéndome por la cama, sin dejar de trabajarme tu sexo, hasta que quedabas quieta, jadeante, y con la respiración entrecortada, como si hubieses hecho un esfuerzo tremendo. Después me decías: "gracias, Amor" .
Y de nuevo empezabas con ternura a acariciarme las mejillas, y después te quedabas dormida y rendida, pero feliz y satisfecha.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
A veces se cruza en tu camino una mujer que, por su propia decisión, quiere ser tuya. Y a uno le entra un deseo de conocerla, de conocerla a fondo, de amarla, de rozar su piel, de besar su boca, de tenerla para ti, junto a ti. Y yo tengo que confesar que me bebo los vientos por una mujer desde el primer día que se cruzó en mi camino. Y no es sólo por su físico, que también, pero hay más: una extraña fuerza que me hace sentir un deseo de desnudarla y unir nuestras almas y nuestros corazones y practicar sexo.
Pienso que me quito los pantalones, saco mi pene, me acerco a tu oído y con palabras sutiles te digo: ¿me amas y me deseas? Y cuando baja tu cabeza y tus labios me lamen, gimo. Nos fusionarnos, disfrutando de tus besos. Delicadamente, alzo tu cuerpo, abro tus piernas y te penetro, sintiendo cómo entra cada centímetro de mi virilidad.
Siguiendo con el pensamiento, jalo tu pelo y te atraigo hacia mí, regodeándome con tus redondas tetas con la otra mano hasta hacerme enloquecer, hasta que nuestros cuerpos se unen a tal grado que exploto dentro de ti y me abandono a una pasión desenfrenada.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
Resulta que un visor
ve más que dos
ACHL
Las intervinieron en Turquía
y regresaron a España jodías
ACHL
Ses supone que será verdad,
porque leer eso no soy capaz
ACHL
¡Échate payá, Yedra
qué no soy de piedra!
ACHL
¡Qué levante la mano entera
el propietario de este cartera!
ACHL
Pues mi amigo es un cagón,
porque nunca se me declaró
ACHL
Y llegó un Apple en plan disimulao
y le pego un nimio pero gran bocao
ACHL