Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
No comía desde el jueves y era ya sábado. Mi barriga crujía como un viejo somier. Me fui a la nevera y cogí lo primero que pillé y después me senté a la mesa de la cocina. Nada más sentarme, llamaron a la puerta.
Era Mara, mi vecina mulata, que tenía un modo de mirar, de reír, de contonearse que me ponía a cien con sólo con mirarla. Y ella también se ponía igua, que eso se nota. Por eso, apenas si hablamos. Antes de un segundo la tenía abierta de piernas sobre la encimera, o como coño se llame eso. Pero como la incomodidad le estaba pudiendo al deseo, nos miramos; y, sin más, pasamos a mi dormitorio y directamente a la cama.
Mara gemía. Tenía que hacer un esfuerzo de tres pares de cojones para contenerme. Y en ello estaba, aguantando como buenamente podía. Pero ella clavaba sus uñas en mi espalda.
Tremenda Mara. No paraba. ¡Joder, ardían mis dos pelotas de abajo! Pero ahí seguía ella. Le cogí los pechos, le lami los pezones, le mordí los labios y le metí un dedo en el sexo, y Mara gemía más. No quería descarga pronto. Pero ella se daba media vuelta, mi pene dentro aún, y no sé cómo lo hizo, el caso es que empecé a mirar las vigas del techo para no echar a perder todo. Cuando veía que lo hacía otra vez, como si fuese una árabe; sí, esas mujeres moras que hacen virguerías con las vergas que pasan por su cama.
-¿Qué acabas de hacer y repetido? -sorprendido le pregunté, excitado. -Nada. Sólo me he dado la vuelta. ¡Pero calla y sigue en lo que estábamos!
No podía más. Le di besos apasionados por todo el cuerpo, esos besos que tenía en lista de espera desde la semana anterior que se pasó por mi piso Se estremecía. "Mi mulatita es putita en la cama" , pensé. Y durante el disfrute, así la iba llamando repetidamente: ¡putita, putita, putita …!
Y no sé explicar cómo descargué. Sentía calambrazo. Mara ya no gemía, rugía. La colmé de besos. Se reviró y me miró con lujuria. No dijo palabra, sólo seguía empujando sobre mi cuerpo. No dejaba de mirarme con deseo; no apartaba los ojos de mí, la sentía desde lo más profundo. Pero ni se movía ni abría la boca, sólo se dejaba hacer. Pero cuando de nuevo descargué, sin esperarla a ella, para así compartir mi disfrute. Saqué mi canario de su cueva y me relajé un poco.
De repente, saltó de un brinco de la cama y se fue como rayo al baño. Yo seguía tendido en la cama. Poco después, escuché abrir la puerta de mi casa y a continuación un fuerte portazo.
Sonriendo y confundido, lancé un beso al aire, me hice ovillo en la cama y poco a poco me quedé dormido
Hola amigo.Cuando salí del pueblo y empecé este viaje en busca de conocimientos, te prometí hacerte llegar noticias mías, e informarte de los extraños lugares que he visto.
Cumplo mi promesa y te hago saber que tras un mes de haber partido y recorrer grandes distancias, es poco lo que he podido aprender porque el mundo responde a las mismas reglas, por lo que en nada difiere nuestra tierra de las que hasta ahora he visto.
Si esperas historias de extrañas criaturas te diré que desilusionado quedarás porque sólo faunos como nosotros y náyades como las del otro lado de nuestro río es lo único que he encontrado en mi caminar. Pero en cuanto a costumbres y leyendas llevo la cabeza llena y rebosante el corazón porque pródiga esta tierra en estas cosas.
La que más fresca tengo, por la impresión que me ha dejado por haberla vivido en carne propia y por haber variado el destino de mi viaje, es la del "Arbol del Olvido".
Según he podido entender, en esta parte del bosque que cubre las montañas que desde las rocas altas del río puedes ver hacia el sol naciente, las náyades son, si ello es posible, más bellas que las que conocemos, y más longevas, tanto como tres veces más longevas son sus vidas porque llegan a contar doce veces cien, y algunas que han sobrepasado las veinte veces cien.
Dicen de ellas que tienen conocimiento que vivir tanto carga su cabeza y su corazón de tal cantidad de recuerdos que amargadas terminan, deseando la muerte desde la mitad de su vida y maldiciendo la longevidad que otras razas envidian.
Hace tiempo, una de ellas, de quien no me han dicho su nombre, descubrió por un casual el árbol del que te hablo.
Según parece, la náyade que te relato vivió las dos o tres primeras veces cien de su vida, sin conocer el amor, hasta que de alguien se enamoró, y este alguien de ella, quienes lo cuentan no guardan memoria de quien se trataba. Vivieron felices en el bosque un Amor que los colmaba. Su amado fue envejeciendo, mientras ella conservaba la lozanía que la convertía en la más bella de las de su especie.
Finalmente, el tiempo mató a su amado y el sobrevivirlo por tanto tiempo enloqueció a la náyade, que una noche se internó en el bosque buscando de la muerte, que creía debía llegarle pronto a raíz de las salvajes bestias que allí moran.
Pero increíblemente para ella y para todos los que hemos sabido la historia, sobrevivió al primer día entre montes y cuando llegó la noche, segura de que en la oscuridad se iba a cumplir su destino, se sentó bajo un añoso árbol y reclinó la espalda sobre su tronco y esperar la muerte.
Parece que antes le llegó el sueño y pasó la noche sin que ningún hecho notable alterase la tranquilidad de esa parte del bosque.
Con la aurora y el lejano murmullo del canto de los druidas festejando la aparición del astro soberano, volvió la conciencia a su cuerpo y la náyade despertó.
No recordaba el motivo de hallarse en el bosque, y aunque algo recordaba sus pasados recuerdos, no lograba precisarlos; los había olvidado.
El recuerdo de su amado, el de su propia felicidad y de su posterior pena, había dejado en su cabeza una nube de piadoso olvido, por lo que atravesando el bosque volvió a su morada.
Las náyades que conocían su tristeza y la decisión que había tomado, asombradas se quedaron al verla retomar la rutina de su vida, y lo más insólito era que cantaba por los senderos mientras recogía, entre nueces, almendras y castañas, para su sustento.
Tan extrañadas estaban que organizaron un cónclave las más ancianas, para discutir este asunto, y para ello se preguntaban unas a otras:
"Si todas sufrimos como antes ella, ¿podremos ser felices como lo es ahora ella?".
Convencidas de que esto era posible, por un conjuro secreto decidieron preguntarle para disfrutar también de tan esplendorosa oportunidad.
Al ser interpelada, sólo podía relatar lo que vagamente recordaba de esa noche y que no debía de haber diferido de lo que yo te cuento, amigo mío.
Puestas todas al tanto de todo lo ocurrido, las náyades concordaron que el secreto debía estar en ése árbol; la afortunada, también de acuerdo, las guió hasta él.
Una por noche y por riguroso orden de edad, durmieron bajo el tupido follaje, perdiendo sus tristes recuerdos y recuperando su felicidad.
Desde entonces hasta ahora, cuando una náyade comienza a cambiar su alegre carácter juvenil por una gran ansiedad, las más viejas la llevan al bosque, a dormir bajo el árbol.
La historia como te la cuento debe parecerte inverosímil como a mí me hubiera parecido, si no mediaran circunstancias especiales, que paso a referirte.
Antes de conocer estos hechos, pues era la primera noche que pasaba en estos lugares, me encontré en un bosque al anochecer, y por eso, y por estar muy cansado detuve mi marcha junto a un arroyo, en el cual refresqué mis pies en su agua clara.
Cené tallos tiernos de hierba y busqué un lugar donde dormir. Sé que a mi edad tengo la vida aprovechada, no temiendo la muerte, por esto no gasto tiempo en precauciones, así que me dispuse a pasar la noche bajo un árbol. Quizás imagines que el árbol elegido al azar, por una extraña casualidad era el mismo de esta historia.
Avanzada la noche, concilié el sueño, y durante esas horas los recuerdos de mi infancia y mi juventud me volvieron con extraña nitidez, y los detalles más insignificantes se me presentaban palmariamente y nada escapaba a tan inaudita revisión.
Desperté al alba recordando cosas insólitas de mi pasado; por ejemplo, el lugar exacto donde dejé mi primera flauta, cosa que no pude recordar en su momento teniendo que darla por perdida.
Confundido con esta nueva dimensión de mi memoria, a punto estuve de abandonar el viaje y regresar a casa junto a ustedes para pasar el resto de vida que pueda quedarme, entregado a los recuerdos de lo conocido, más que al aprendizaje de lo ignorado.
Pero quería el azar que al emprender mi regreso topase con un campamento de nuestros congéneres y allí, bien recibido, conté mi extrañeza y una vez informados me pusieron al tanto de la historia.
Supongo que, como a otras diferentes especies, el arbol del olvido afecta distintamente a faunos y náyades, bendiciendo a ambas.
A las especies longevas, quitando de su alma los recuerdos que en su larga vida han ido acumulando, y a nosotros, que sólo vemos unos cuantos inviernos, potenciar nuestras vivencias para que nuestras cortas vidas sean más plenas.
Mi querido amigo, como puedes deducir de mi relato, una parte del mundo guarda aún secretos para los de nuestra raza, y lo más conveniente y más acertado es delegar en la gente joven la tarea de desentrañarlos.
Hoy mismo regresaré a mi tierra para estar con mis amigos, y a ti te prometo, amparado al calor de una buena hoguera, contarte el resto de las leyendas he podido conocer.
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Te vi como un punto de luz en la penumbra, como una coraza del fuego, tumbada a mi lado. Ardías de dentro a fuera, un trozo de carne viva y palpitante. Y no pude ni quise evitarlo, cogí tus... museo, sí, esos condenados bultos blandos, y aquello fue para mí definitivamente como una descarga; el beso de Dios Padre al hombre.
Apreté tanto tus tetas que acabé por despertarte. "¿Qué haces Amor?". No respondí, por contra seguí magreándolas. Pero sólo amasé tus blandas pelotas de carne aprisionadas bajo un sujetador, hasta que sentí la palma de tu mano en mi..., bueno..., acariciándola.
¿Qué sentido misterioso contiene ese prensar tibio teta blanda de hembra hermosa? ¿Por qué no me canso de apretarlas?
Teta es el símbolo del paraíso en la Tierra, el último vestigio alegre. O bien, la expresión exaltada y perfecta del paisaje. Por eso las amas de las mamas untan a ellas cremas y les dan masajes, e incluso hablan con ellas como con las flores. Todo el Poder-Mujer que la teta posee, toda su fuerza más que enorme depende de la atención de las amas de las mamas.
Dios debe tener teta. Dios tiene que ser necesariamente teta Divina. Pensarán que lo digo por decir, pero estoy convencido de que la teta fue el principio, con su aureola y su pezón divino.
Mecerme entre dos tetas es como una hamaca entre palmeras.
"Dos Tetas pueden más que una carreta". Y es verdad ese dicho
La máxima expresión de la teta es cuando es una trabajadora en el Dignísimo Empleo de la Lactancia
En cuanto a ti, Amor, te quiero Teta única y no mujer completa. De cuando en cuando, es verdad que me sobran tus labios y ese tajo entre tus piernas y tu culo. ¡Sé Teta toda para mí, mujer! Al menos un rato cada día!
Qué diseño perfecto y a la vez cruel es la teta femenina Donde hay Teta, sobra palabra.
Entre nosotros, pero que no se entere nadie: "podría lamerle las tetas a una vieja mona, si las de mujer desapareciesen".
¿Y no es sospechoso ese canalillo y esa zanjilla ardiente que queda entre las tetas? ¿Para qué están ahí, sino para albergar y dar cobijo?
Un misterio lácteo: la teta inagotable.
La cuestión es: ¿Cuántas veces teta hasta que la teta se canse? Aún no sé la respuesta...
Comentarios
Sinónimo
Antónimo
ACHL
Insultante resignación
de mujer con compasión
ACHL
La humana debilidad dice y pregona
que hasta los relojes se desploman
ACHL
Inglesa obstinación
Española resignación
ACHL
El coñazo de esta morena,
puede ser olímpico de veras
ACHL
La estupenda Minerva
se muestra en la yerba
ACHL
Si se empeña la modelo Soledad
se come el mundo en un pispás
ACHL
¡Me parece que es maricón,
otra vez me ha dado plantón!
ACHL
Total, mi dieta no me sirve de na
ACHL
Pregona la ególatra María Aida
que ella es la mujer de su vida
ACHL
Lo más vomitivo y repulsivo
que nadie ha conocido
ACHL
Este moraco de pocos pelos
amaba a todos los rascacielos
ACHL
a su novio Antonio
ACHL
A Carlitos, el travieso,
lo vigila un iris sabueso
ACHL
Buenos días. Sevilla, lunes 20 julio 2026
Buenos días de lunes 20 julio 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
¡ESPAÑA CAMPEONA DEL MUNDO DE FÚLTBOL!
Saludos
No comía desde el jueves y era ya sábado. Mi barriga crujía como un viejo somier. Me fui a la nevera y cogí lo primero que pillé y después me senté a la mesa de la cocina. Nada más sentarme, llamaron a la puerta.
Era Mara, mi vecina mulata, que tenía un modo de mirar, de reír, de contonearse que me ponía a cien con sólo con mirarla. Y ella también se ponía igua, que eso se nota. Por eso, apenas si hablamos. Antes de un segundo la tenía abierta de piernas sobre la encimera, o como coño se llame eso. Pero como la incomodidad le estaba pudiendo al deseo, nos miramos; y, sin más, pasamos a mi dormitorio y directamente a la cama.
Mara gemía. Tenía que hacer un esfuerzo de tres pares de cojones para contenerme. Y en ello estaba, aguantando como buenamente podía. Pero ella clavaba sus uñas en mi espalda.
Tremenda Mara. No paraba. ¡Joder, ardían mis dos pelotas de abajo! Pero ahí seguía ella. Le cogí los pechos, le lami los pezones, le mordí los labios y le metí un dedo en el sexo, y Mara gemía más. No quería descarga pronto. Pero ella se daba media vuelta, mi pene dentro aún, y no sé cómo lo hizo, el caso es que empecé a mirar las vigas del techo para no echar a perder todo. Cuando veía que lo hacía otra vez, como si fuese una árabe; sí, esas mujeres moras que hacen virguerías con las vergas que pasan por su cama.
-¿Qué acabas de hacer y repetido? -sorprendido le pregunté, excitado.
-Nada. Sólo me he dado la vuelta. ¡Pero calla y sigue en lo que estábamos!
No podía más. Le di besos apasionados por todo el cuerpo, esos besos que tenía en lista de espera desde la semana anterior que se pasó por mi piso Se estremecía. "Mi mulatita es putita en la cama" , pensé. Y durante el disfrute, así la iba llamando repetidamente: ¡putita, putita, putita …!
Y no sé explicar cómo descargué. Sentía calambrazo. Mara ya no gemía, rugía. La colmé de besos. Se reviró y me miró con lujuria. No dijo palabra, sólo seguía empujando sobre mi cuerpo. No dejaba de mirarme con deseo; no apartaba los ojos de mí, la sentía desde lo más profundo. Pero ni se movía ni abría la boca, sólo se dejaba hacer. Pero cuando de nuevo descargué, sin esperarla a ella, para así compartir mi disfrute. Saqué mi canario de su cueva y me relajé un poco.
De repente, saltó de un brinco de la cama y se fue como rayo al baño. Yo seguía tendido en la cama. Poco después, escuché abrir la puerta de mi casa y a continuación un fuerte portazo.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
Tú te has quedado con más pasta, quizá para viagra,
porque he contado dos veces el mío y no me cuadra
ACHL
Hay ciertos picapleitos que huelen que tú tienes pasta,
y no se conforma con su minuta si tú no le dices basta
ACHL
Hola amigo.Cuando salí del pueblo y empecé este viaje en busca de conocimientos, te prometí hacerte llegar noticias mías, e informarte de los extraños lugares que he visto.
Cumplo mi promesa y te hago saber que tras un mes de haber partido y recorrer grandes distancias, es poco lo que he podido aprender porque el mundo responde a las mismas reglas, por lo que en nada difiere nuestra tierra de las que hasta ahora he visto.
Si esperas historias de extrañas criaturas te diré que desilusionado quedarás porque sólo faunos como nosotros y náyades como las del otro lado de nuestro río es lo único que he encontrado en mi caminar. Pero en cuanto a costumbres y leyendas llevo la cabeza llena y rebosante el corazón porque pródiga esta tierra en estas cosas.
La que más fresca tengo, por la impresión que me ha dejado por haberla vivido en carne propia y por haber variado el destino de mi viaje, es la del "Arbol del Olvido".
Según he podido entender, en esta parte del bosque que cubre las montañas que desde las rocas altas del río puedes ver hacia el sol naciente, las náyades son, si ello es posible, más bellas que las que conocemos, y más longevas, tanto como tres veces más longevas son sus vidas porque llegan a contar doce veces cien, y algunas que han sobrepasado las veinte veces cien.
Dicen de ellas que tienen conocimiento que vivir tanto carga su cabeza y su corazón de tal cantidad de recuerdos que amargadas terminan, deseando la muerte desde la mitad de su vida y maldiciendo la longevidad que otras razas envidian.
Hace tiempo, una de ellas, de quien no me han dicho su nombre, descubrió por un casual el árbol del que te hablo.
Según parece, la náyade que te relato vivió las dos o tres primeras veces cien de su vida, sin conocer el amor, hasta que de alguien se enamoró, y este alguien de ella, quienes lo cuentan no guardan memoria de quien se trataba. Vivieron felices en el bosque un Amor que los colmaba. Su amado fue envejeciendo, mientras ella conservaba la lozanía que la convertía en la más bella de las de su especie.
Finalmente, el tiempo mató a su amado y el sobrevivirlo por tanto tiempo enloqueció a la náyade, que una noche se internó en el bosque buscando de la muerte, que creía debía llegarle pronto a raíz de las salvajes bestias que allí moran.
Pero increíblemente para ella y para todos los que hemos sabido la historia, sobrevivió al primer día entre montes y cuando llegó la noche, segura de que en la oscuridad se iba a cumplir su destino, se sentó bajo un añoso árbol y reclinó la espalda sobre su tronco y esperar la muerte.
Parece que antes le llegó el sueño y pasó la noche sin que ningún hecho notable alterase la tranquilidad de esa parte del bosque.
Con la aurora y el lejano murmullo del canto de los druidas festejando la aparición del astro soberano, volvió la conciencia a su cuerpo y la náyade despertó.
No recordaba el motivo de hallarse en el bosque, y aunque algo recordaba sus pasados recuerdos, no lograba precisarlos; los había olvidado.
El recuerdo de su amado, el de su propia felicidad y de su posterior pena, había dejado en su cabeza una nube de piadoso olvido, por lo que atravesando el bosque volvió a su morada.
Las náyades que conocían su tristeza y la decisión que había tomado, asombradas se quedaron al verla retomar la rutina de su vida, y lo más insólito era que cantaba por los senderos mientras recogía, entre nueces, almendras y castañas, para su sustento.
Tan extrañadas estaban que organizaron un cónclave las más ancianas, para discutir este asunto, y para ello se preguntaban unas a otras:
"Si todas sufrimos como antes ella, ¿podremos ser felices como lo es ahora ella?".
Convencidas de que esto era posible, por un conjuro secreto decidieron preguntarle para disfrutar también de tan esplendorosa oportunidad.
Al ser interpelada, sólo podía relatar lo que vagamente recordaba de esa noche y que no debía de haber diferido de lo que yo te cuento, amigo mío.
Puestas todas al tanto de todo lo ocurrido, las náyades concordaron que el secreto debía estar en ése árbol; la afortunada, también de acuerdo, las guió hasta él.
Una por noche y por riguroso orden de edad, durmieron bajo el tupido follaje, perdiendo sus tristes recuerdos y recuperando su felicidad.
Desde entonces hasta ahora, cuando una náyade comienza a cambiar su alegre carácter juvenil por una gran ansiedad, las más viejas la llevan al bosque, a dormir bajo el árbol.
La historia como te la cuento debe parecerte inverosímil como a mí me hubiera parecido, si no mediaran circunstancias especiales, que paso a referirte.
Antes de conocer estos hechos, pues era la primera noche que pasaba en estos lugares, me encontré en un bosque al anochecer, y por eso, y por estar muy cansado detuve mi marcha junto a un arroyo, en el cual refresqué mis pies en su agua clara.
Cené tallos tiernos de hierba y busqué un lugar donde dormir. Sé que a mi edad tengo la vida aprovechada, no temiendo la muerte, por esto no gasto tiempo en precauciones, así que me dispuse a pasar la noche bajo un árbol. Quizás imagines que el árbol elegido al azar, por una extraña casualidad era el mismo de esta historia.
Avanzada la noche, concilié el sueño, y durante esas horas los recuerdos de mi infancia y mi juventud me volvieron con extraña nitidez, y los detalles más insignificantes se me presentaban palmariamente y nada escapaba a tan inaudita revisión.
Desperté al alba recordando cosas insólitas de mi pasado; por ejemplo, el lugar exacto donde dejé mi primera flauta, cosa que no pude recordar en su momento teniendo que darla por perdida.
Confundido con esta nueva dimensión de mi memoria, a punto estuve de abandonar el viaje y regresar a casa junto a ustedes para pasar el resto de vida que pueda quedarme, entregado a los recuerdos de lo conocido, más que al aprendizaje de lo ignorado.
Pero quería el azar que al emprender mi regreso topase con un campamento de nuestros congéneres y allí, bien recibido, conté mi extrañeza y una vez informados me pusieron al tanto de la historia.
Supongo que, como a otras diferentes especies, el arbol del olvido afecta distintamente a faunos y náyades, bendiciendo a ambas.
A las especies longevas, quitando de su alma los recuerdos que en su larga vida han ido acumulando, y a nosotros, que sólo vemos unos cuantos inviernos, potenciar nuestras vivencias para que nuestras cortas vidas sean más plenas.
Hoy mismo regresaré a mi tierra para estar con mis amigos, y a ti te prometo, amparado al calor de una buena hoguera, contarte el resto de las leyendas he podido conocer.
A Chávez López
Sevilla jul 2026
AMOR A LA CARTA. SELECCIONE SU MENÚ
ACHL
Buenos días. Sevilla, martes 21 julio 2026
Buenos días de martes 21 julio 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos
la peruana Liliana Achucamango, de 105 años de edad
ACHL
Te vi como un punto de luz en la penumbra, como una coraza del fuego, tumbada a mi lado. Ardías de dentro a fuera, un trozo de carne viva y palpitante. Y no pude ni quise evitarlo, cogí tus... museo, sí, esos condenados bultos blandos, y aquello fue para mí definitivamente como una descarga; el beso de Dios Padre al hombre.
Apreté tanto tus tetas que acabé por despertarte. "¿Qué haces Amor?". No respondí, por contra seguí magreándolas. Pero sólo amasé tus blandas pelotas de carne aprisionadas bajo un sujetador, hasta que sentí la palma de tu mano en mi..., bueno..., acariciándola.
¿Qué sentido misterioso contiene ese prensar tibio teta blanda de hembra hermosa?
¿Por qué no me canso de apretarlas?
Teta es el símbolo del paraíso en la Tierra, el último vestigio alegre. O bien, la expresión exaltada y perfecta del paisaje. Por eso las amas de las mamas untan a ellas cremas y les dan masajes, e incluso hablan con ellas como con las flores. Todo el Poder-Mujer que la teta posee, toda su fuerza más que enorme depende de la atención de las amas de las mamas.
Dios debe tener teta. Dios tiene que ser necesariamente teta Divina. Pensarán que lo digo por decir, pero estoy convencido de que la teta fue el principio, con su aureola y su pezón divino.
Mecerme entre dos tetas es como una hamaca entre palmeras.
"Dos Tetas pueden más que una carreta". Y es verdad ese dicho
La máxima expresión de la teta es cuando es una trabajadora en el Dignísimo Empleo de la Lactancia
En cuanto a ti, Amor, te quiero Teta única y no mujer completa. De cuando en cuando, es verdad que me sobran tus labios y ese tajo entre tus piernas y tu culo. ¡Sé Teta toda para mí, mujer! Al menos un rato cada día!
Qué diseño perfecto y a la vez cruel es la teta femenina Donde hay Teta, sobra palabra.
Entre nosotros, pero que no se entere nadie: "podría lamerle las tetas a una vieja mona, si las de mujer desapareciesen".
¿Y no es sospechoso ese canalillo y esa zanjilla ardiente que queda entre las tetas? ¿Para qué están ahí, sino para albergar y dar cobijo?
Un misterio lácteo: la teta inagotable.
La cuestión es: ¿Cuántas veces teta hasta que la teta se canse? Aún no sé la respuesta...
A Chávez López
Sevilla jul 2026
En funcionamiento
un desvirgamiento
ACHL
Y los pretendientes no están al caer,
los pretendientes siguen sin aparecer
ACHL
Sonríe picarona la bella y espléndida Luna,
porque está al llegar su Sol que le da fortuna
ACHL
El corazón de esta morena con fuerza late
porque va a degustar tabletas de chocolate
ACHL
Pero, padre cura Chamorro,
¿usted fuma o no fuma porros?
ACHL