No hay marcha atrás para algunas cosas
íntimamente sagradas en la vida. A lo hecho pecho, hay que afrontar lo que se
haga, o haberlo pensado antes de hacerlo.
Las cosas claras, tengo yo pocas aspiraciones,
no soy ambicioso, pido poco, soy humilde. Sólo quiero un cielo, un mar y
alguien a quien amar.
Bueno,
si no es mucho pedir; que sinceramente creo que no lo es, también quisiera ser
el único acertante del especial euromillón de 450 millones de euros.
Si buscas a alguien que te acompañe en el complicado
caminar de la vida, que te aporte compañía, que te aporte positivismo y que te
aporte ilusión, desecha a quien no te dé tu sitio, aunque esté hecho con
lingotes de oro de 24 quilates.
La lluvia torrencial e insistente y los granizo
que con tan mala leche golpeaban contra la ventana de mi dormitorio durante
toda la noche, eran un presagio de que hoy iba a amanecer, para mí, otro día de
perros.
Apenas salí a la calle, mis mejillas se
inundaron de lágrimas. Una tras otra intentaba yo quitármelas, pero sin éxito.
No lloraba de tristeza, ni tampoco de impotencia, ni de rabia contenida,
lloraba por todo eso junto.
¿Nunca os ha pasado, aunque una vez, que alguien
os ha hecho sentir tan condenadamente pequeña, mucho más pequeña que una
hormiga?
Indignada, hablaba sola. Tenía frío, pero no me
abrigaba porque la sangre me hervía por dentro y quería sentir aire fresco en
mi cuerpo, y a ver si me calmaba de una vez.
Caminaba por la calle con un cigarrillo en la
boca, un hábito que tenemos las fumadoras mientras estamos nerviosas. Fumo,
pero convencida estoy de que el tabaco excita más aún. Había gente en la calle,
pero ni la veía ni la oía. Absorta en mis pensamientos sólo pensaba en cien
cosas para insultar, quinientas formas diferente para matar y en miles de
trucos para destrozar su flamante coche deportivo.
Entré a un bar. Pedí, bebí y pagué un vaso con
leche caliente, para tratar de relajarme y a ver volvía la temperatura a mi
cuerpo.
Me senté en taburete de la barra, me tranquilicé
un poco y después escribí estas líneas para desahogarme. No podía hacer otra
cosa. Aunque el pedazo de cabrón de mi novio sea un individuo odioso,
desagradable y mogollón de cosas por el estilo más, lo amo con todo mi ser.
Por más vueltas que le doy, me resulta difícil
pensar que ese hombre, que se supone que está ahí conmigo para que caminemos
juntos, se pueda portar con mi persona de un modo tan miserable.
Bueno, no me queda otra que tranquilizarme y decirme a mí misma: "ya
queda sólo una semana y si todo va bien, fin de nuestra historia. ¿Pero y si
no?"
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Tuvo antiguamente el milano otro tipo de voz; una voz muy penetrante. Pero, admirado, oyó un día a un caballo relinchar, y lo quiso imitar. Y, a pesar de todos sus intentos, no consiguió captar exactamente la voz del caballo. Y eso no fue lo peor, ya que perdió además su propia voz.
Así que el pobre, y a la vez osado milano, se quedó sin la voz del caballo y sin la suya propia antigua.
Nunca intentes imitar las cualidades ajenas si no tienes la preparación y las condiciones adecuadas para hacerlo, bajo pena de quedar como un vulgar y fracasado envidioso.
Había una vez un conejito soñador que vivía en una casita en medio del bosque, rodeado de libros y fantasía, pero no tenía amigos. Todos le habían dado de lado porque se pasaba todo el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las hubiera vivido en realidad, hasta que sus amigos se cansaron de escucharle y acabó quedándose solo.
Al principio, el conejito se sintió triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero pese a eso continuó escribiendo.
Sus historias eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas, o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.
Se pasaba todo el tiempo escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.
Un día, mientras leía entusiasmado su último relato, apareció por allí una hermosa conejita que parecía perdida. Pero nuestro amigo estaba tan entregado a la interpretación de sus propios cuentos que ni se enteró de que alguien lo escuchaba. Cuando acabó, la conejita le aplaudió con entusiasmo.
____Vaya, no sabía que tenía público- dijo a la recién llegada. Y agregó:- ¿te ha gustado mi historia? ____Ha sido una historia muy emocionante. ¿Sabes más? -respondió ella-. ____Claro!. Yo mismo las escribo. ____¿De verdad? ¿Y son todas tan apasionantes? ____¿Tu crees que son apasionantes? Todo el mundo dice que son muy aburridas… ____Pues eso no es cierto, a mi me ha gustado mucho. Ojalá yo supiera saber escribir historias como la tuya ...
El conejito se dio cuenta de que la conejita se había puesto de repente triste, así que se acercó y, pasándole la patita por encima del hombro, le dijo con dulzura:
____Yo puedo enseñarte a escribirlas. Seguro que aprendes rápido ____¿Me lo dices en serio? ____¡Claro que sí! Y si quieres, podríamos escribirlas juntos. ____¡Genial! Estoy deseando explorar esos lugares, viajar a esos mundos y conocer a todos esos villanos y malandrines.
Ambos conejitos se hicieron muy amigos y compartieron juegos, además de que escribieron cientos de libros que después leyeron a los niños de todo el mundo.
Sus historias jamás contadas y sus peripecias se hicieron muy famosas y el conejito no volvió jamás a sentirse solo ni tampoco a dudar de sus historias.
Había una vez un leñador tan pobre que ya no tenía ilusiones en esta vida. Estaba desanimado porque jamás había tenido suerte. Su vida era trabajo y más trabajo. Nada de lujos, nada de viajes, nada de diversiones…
Un día, paseando por el bosque, comenzó a lamentarse en voz alta, pensando que nadie le escuchaba.
____No sé lo que es una buena comida, ni dormir en sábanas de seda, ni tener un día libre para holgazanear un poco ¡La vida no ha sido buena conmigo!
En ese instante, se le apareció el gran dios Júpiter con un rayo en la mano. El leñador, muy asustado, se echó hacia atrás y, tapándose los ojos, empezó a gritar:
____¡No me haga nada, señor! ¡Por favor, no me haga nada!
Júpiter le tranquilizó.
____No temas, amigo, no voy a hacerte ningún daño. Vengo a demostrarte que te quejas sin fundamento. Quiero que te des cuenta por ti mismo de las cosas que realmente merecen la pena. ____No comprendo lo que quiere decir, señor… ____¡Escúchame atentamente! Te daré una oportunidad que deberás aprovechar muy bien. Pide tres deseos, los que tú quieras, y te los concederé. Eso sí, mi consejo es que pienses bien lo que vas a pedirme, porque sólo son tres y no hay marcha atrás.
En cuanto dijo estas palabras, el dios se esfumó en el aire levantando una nube de polvo. El leñador, entusiasmado, echó a correr hacia su casa para contarle todo a su mujer.
Como os podéis imaginar, su esposa se puso como loca de contenta ¡Por fin la suerte había llegado a sus vidas! Empezaron a hablar de futuro, de todas las cosas que querían comprar y de la cantidad de lugares lejanos que podrían visitar.
____¡Será genial vivir en una casa grande rodeada de un jardín repleto de magnolios! ¿Verdad, querida mía? ____¡Sí, sí! Y al fin podremos ir a París ¡Dicen que es precioso! ____¡Pues a mí me gustaría cruzar el océano Atlántico en un gran barco y llegar a las Américas!
¡No cabían en sí de gozo! Dejaron volar su imaginación y se sintieron muy afortunados. Pasado un rato se calmaron un poco y la mujer puso un poco de orden en todo el asunto.
____Querido, no nos impacientemos. Estamos muy emocionados y no podemos pensar con claridad. Vamos a decidir bien los tres deseos antes de decirlos para no equivocarnos. ____Tienes razón. Voy a servir un poco de vino y lo tomaremos junto a la chimenea mientras charlamos ¿Te apetece? ____¡Buena idea!
El leñador sirvió dos vasos y se sentaron juntos al calor del fuego. Estaban felices y algo más tranquilos. Mientras bebían, el hombre exclamó:
____Este vino está bastante bueno ¡Si tuviéramos una salchicha para acompañarlo sería perfecto!
El pobre leñador no se dio cuenta de que con estas palabras acababa de formular su primer deseo, hasta que una enorme salchicha apareció ante sus narices.
Su esposa dio un grito y, muy enfadada, comenzó a recriminarle.
____Serás tonto…! ¿Cómo malgastas un deseo en algo tan absurdo como una salchicha? ¡No vuelvas a hacerlo! Ten cuidado con lo que dices o nos quedaremos sin nada. ____Tienes razón… Ha sido sin querer. Tendré más cuidado la próxima vez.
Pero la mujer había perdido los nervios y seguía riñéndole sin parar.
____¡Eso te pasa por no pensar las cosas! ¡Deberías ser más sensato! ¡Mira que pedir una salchicha!…
El hombre, harto de recibir reprimendas, acabó poniéndose nervioso él también y contestó con rabia a su mujer:
____¡Vale, vale, cállate ya! ¡Deja de hablar de la maldita salchicha! ¡Ojalá la tuvieras pegada a la nariz!
La rabia y la ofuscación del momento le llevó a decir algo que, en realidad, no deseaba, pero el caso es que una vez que lo soltó, sucedió: la salchicha salió volando y se incrustó en la nariz de su linda mujer como si fuera una enorme verruga colgante.
¡La pobre leñadora casi se desmaya del susto! Sin comerlo ni beberlo, ahora tenía una salchicha gigante en la cara. Se miró al espejo y vio con espanto su nuevo aspecto. Intentó quitársela a tirones pero fue imposible: esa salchicha se había pegado a ella de por vida.
Con lágrimas en los ojos e intentando controlar la ira, se giró hacia su marido con los brazos en jarras.
____¿Y ahora qué hacemos? Sólo podemos formular un último deseo y las cosas se han torcido bastante, como puedes comprobar.
Efectivamente, la decisión era peliaguda. Tratando de conservar la calma, se sentaron a deliberar sobre cómo utilizar ese deseo. Había dos opciones: pedir que la salchicha se despegara de la nariz de una vez por todas, o aprovechar para pedir oro y joyas que les permitirían vivir como reyes el resto de su vida. Lo que estaba clarísimo era que a una de las dos cosas debían renunciar.
La mujer no quería ser portadora de una salchicha que afeara eternamente su bello rostro, y el leñador, que la amaba, no quería verla con ese aspecto monstruoso. Al final se pusieron de acuerdo y el hombre, levantándose, exclamó:
____¡Que la salchicha desaparezca de la nariz de mi mujer!
Un segundo después, la descomunal salchicha se había volatilizado. La muchacha recobró su belleza y él se sintió feliz de que volviera a ser la misma de siempre.
La posibilidad de ser millonarios ya no existía, pero en lugar de sentir frustración, se abrazaron con mucho amor. El leñador comprendió, tal y como Júpiter le había advertido, que la auténtica felicidad no está en la riqueza, sino en ser felices con las personas que queremos.
Y para ello, estrujándome el coco, planto una pareja (chico y chica) en un ascensor. No es una pareja formal, no viven juntos, nada comparten, sólo ascensor. No saben nada el uno del otro; de hecho, nunca se hablaron. Al menos, son personas y llevan viéndose dos años a diario durante esos 40 segundos eternos que tarda en llegar el ascensor a la planta baja.
Silencio. Ahora vamos a tratar de interpretar lo que dicen...
“Dile algo”, se dice él en voz baja. Mientras ella repasa a media voz: “tengo que ir a la peluquería ‘Pelos', para que me pongan extensiones”.
El ascensor baja dos plantas más. Y no pasa nada. ¿Se van a quedar ahí, calladitos? Planta baja. Se abren las puertas. Ella sale. Tiene unas piernas de escándalo. Él se queda mirándola, hipnotizado, desde el ascensor.
____¿Por qué no le hablaste? -le pregunto.
____No sabía qué decirle -me responde.
____Cualquier cosa: hola, qué tal o algo romántico. No le hables del clima, tampoco caigas en charlas vulgares. Algo sutil, no sé, el personaje central del cuento eres tú. Ingéniate lo que sea.
____Sí, pero tú eres el escritor -me responde.
____Bueno, hagamos una cosa. Ahora voy a pensar qué puedes decir, y mañana lo intentamos de nuevo. ¿Te parece bien?
____De acuerdo.
____Y ahora sal del ascensor, que parece que la dirección del edificio ha contratado un ascensorista.
Al otro día, allí de nuevo. Ella lleva el pelo largo y sus gafas de siempre, que tan bien le quedan. Él va sin corbata; no sabe hacerse el nudo. Se lo hace a diario un colega de su trabajo antes de entrar a currar los dos.
____Prueba con decirle, hola. Empezaremos fácil.
Silencio de mi protagonista.
____¡Échale huevos, coño, y dile al menos hola! ¡Sólo eso!
____No me atrevo.
____¿Cómo que no te atreves? No te pido más por hoy, un simple hola ¡y ya!, y así puede empezar un vínculo.
Me dice que seguro se atragantará, o se le va la voz, o le dan ganas de estornudar. O... ¡su puta...! ¡Pamplina! ¡Joder con este tío!
____Aunque mira por dónde no es una pamplina. Estornudar, aunque sea forzado, es lo mejor que te puede pasar. Por lo menos te va a decir... “Jesús”.
____Pero pensará que soy un tonto.
____Ya eres un tonto porque no te arrancas a hablarle a una chica bellísima que ves cada día en el ascensor. Venga, sólo te quedan seis segundos, no es tarde aún para decirle hola. Se va a dar cuenta que eres tímido y va a sentir ternura. Seis segundos, cinco segundos, cuatro, tres, dos… un segundo. ¡Venga, va... hola!
Ella sale sin mirar hacia atrás, y otra vez la misma historia.
____Hola.
Se lo dice mientras se va alejando. Así la viese en trescientas mil plantas, que haría lo mismo. ¡Joder!
Lo tranquilizo y le digo que probaremos mañana, que hoy practique en el trabajo o durante la noche en su casa. Que haga incluso un viaje de prueba, que se meta en el ascensor con una muñeca hinchable y pruebe decir hola, y así va entrenándose. Que haga... ¡qué me tiene loco ya este tío!
Es miércoles y mi pareja está en el ascensor. Casi me quedo dormido y me lo pierdo. Ahí está de nuevo ella, hoy está guapísima y con un traje muy sexy. Seguro que está pensando en algún chico. Él lleva una corbata en la mano. Ahí está, puede decirle que no sabe hacerse el nudo, y a ella le va a dar lástima y le va a comprender.
____Otra planta que te mantienes en silencio total.
____¡Calla ya! -me dice, que no se puede concentrar.
Los dejo bajar tres plantas más. Le toco el hombro, sin hablarle. Otra planta. Toso. Planta baja. ¿Otra vez lo mismo? Ahí va ella con sus andares llamativos. Y ahí queda él, haciendo la mejor imitación del poto que está en la entrada del edificio.
A la otra mañana está ella sola en el ascensor. A él no le veo por ningún lado. Me asusto. Voy a su casa y lo veo tirado en el sofá. Le pregunto qué hace ahí y así y por qué no está ya en el ascensor. Me contesta que lo tengo agobiado, que no quiere hablarle, que es feliz así y que le deje en paz. Insisto que no puedo, que tengo que escribir mi cuento y que preciso que pase algo entre ellos dos para que esto sea un cuento, que haya diálogo, que se conozcan para llegar a una relación. Se queja de que nunca me pidió estar en mi cuento, que es tímido y que no quiere hablar en un ascensor a una chica, que, aunque está buenísima, no es razón para que le obligue a conquistarla. Le digo que confíe en mí, que soy el escritor y que me voy a ocupar de que se fije en él, haga lo que haga.
Finalmente, logro sacarle del sofá, y hasta le hago el nudo en la corbata. Ahora está seguro de poder hablarle. Lo presiento. Mañana será el gran día. Le dejo a su aire y le propongo vernos antes para repasar el ansiado encuentro que tengo pensado.
Pero al día siguiente se queda dormido, lo que hace que le espere directamente en el ascensor. Estoy nervioso. Quiero ver qué pasa. Ella ya está adentro, y el ascensor se acerca a su planta. Se abren las puertas, es el momento. Ella lo mira y sonríe. ¡Uy!
____Tienes un moco -le dice señalándolo.
Y ahí estaba ese colgante verdoso debajo de su nariz, amenazando todo mi cuento. Con lo que me había costado arrastrarlo hasta aquí... ¡Y ahora un puto moco! Él se quedó mirándola, con la boca abierta, pero sin decirle nada, hasta que las puertas se cerraron, y él afuera y ella adentro.
“¿Y este es el fin de mi cuento?, ¡no!”, pensé mientras vi que el ascensor seguía hasta la planta baja. Ahora no podré recuperarle, y mi cuento se va a acabar por culpa de un moco, que no podía aparecer en otro momento. ¡Me cago en el cabrón moco!
Lo busqué y lo encontré, pero no me quiso atender. Esperaba algo banal para bajar corriendo por las escaleras las veinte plantas. Algunas veces se disfrazaba para que no le reconociese, se ponía peluca y bigote, falsos. Ella, en cambio, seguía cogiendo el ascensor como cada día, con el mismo silencio. Un día la oí decir “pobre, se habrá asustado”, que de haberla hablado hubiese tenido una oportunidad.
Pasó un año así. Y no se volvieron a cruzar. Me enteré por un vecino que él cambió de trabajo, y ahora trabaja en casa haciendo webs, lo que le permite no tener que salir a trabajar en la calle, y así y con su nueva ocupación, podría evitarme a mí, a la chica y al cuento.
Un día, finalmente, lo hallé, le hablé y me habló. Disfrazado, compraba un paquete de cigarrillos. Lo acorralé contra la pared del estanco.
____¡Necesito el final de este cuento, y no puede acabar contigo yendo a comprar tabaco! ¡Esto es un desastre!
De nuevo me pide que lo deje en paz, que no quiere seguir viviendo mi cuento, y que lo termine como me salga de los cojones. Le ruego que se lo piense, que se lo plantee, que ya pasó mucho tiempo y ahora esto del moco va a ser una anécdota graciosa. Le di la idea de que mañana apareciese en el ascensor con una sonrisa en los labios y cuando se vean se van a reír a carcajadas. Después hablarían sobre eso, y listo. Ya estaba plantada la semilla de la relación. Sólo quedaba regarla cada día un poco y crecería. Luego de una discusión, aceptó si acabo mi cuento y lo dejo en paz. “Trato hecho”, le dije y tendí mi mano que, incrédulo, estrechó.
Al otro día, todo listo. Él había cambiado radicalmente: bañado, peinado, afeitado y perfumado. No iba a ningún lugar, pero igual cogía el ascensor para verse con ella. Le hago el nudo en la corbata. Salió al pasillo, cerró la puerta y pulsó el verde que le llevaría al reencuentro. Movimientos se escuchaban, y ahí estaba él con los brazos abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja. Llega el ascensor y se abren las puertas. Ella no está. “Se mudó ayer”, respondió el conserje a la pregunta mía.
Vi por última vez una cara de desconcierto en mi personaje. Pero le dije que, por fin, tenía ya el final de mi cuento.
Se lo agradecí con una sonrisa y un fuerte apretón de manos, y después lo dejé solo. Pero, a poca distancia, me quedé mirándole de reojo durante unos segundos y, por la expresión de confusión en su rostro, parecía que estaba pensando en cómo sería el final que le anuncié
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Confieso que al principio no sospechaba, aunque debí hacerlo. Pero cuando la veía en Atocha, vestida con pantalón azul y jersey rojo, zapatos azules de medio tacón y dueña de una boca y de unos ojos de ensueño, cuyos ojos buscaban con ansia entre los pasajeros, la sospecha se reanudaba
Nuestros abrazos y besos eran pasionales, como colofón de una angustiosa espera. Nuestro nerviosismo hacía que nuestras primeras palabras resultasen fútiles. Con mi brazo sobre sus hombros, caminamos despacio en busca de un taxi.
En la ruta hacia el sitio elegido, me cogía la mano y la dirigía a su boca, Un cúmulo de emociones se agolpaba en mi interior, que hacía acrecentar mi conjetura.
La habitación del hotel que me había reservado era acogedora. Nos instalamos, y enseguida nos enfrascamos en una conversación de reconocimiento, con un amor que parecía formar parte de nuestra vida. Como era de prever, nuestros cuerpos se buscaron. Y se encontraron…
Pero se nos fue el día en un santiamén. Tú te fuiste. Hora después, sonó el teléfono. Me extrañó. No había quedado con nadie más y nadie de mi ciudad sabía de mi viaje a Madrid. Confundido, atendí la llamada. Eras tú. Conversamos un rato largo, hasta la hora de adiós, pero por tu parte un ilusionante ‘hasta luego’. En los dos días siguientes se repitió lo mismo; reímos, hablamos y recorrimos nuestros cuerpos en la dirección que nuestro amor y pasión nos iban dictando.
El tercer día volví a Sevilla. Ya aquí no soportaba tu ausencia; te añoraba, te amaba… En todo instante estabas en mi mente. Te pedí fotos tuyas, con idea de disfrutar de ti en soledad. Te convertiste en mi obsesión. Atesoraba tus frases y mensajes. Tenía la peregrina idea de que pintando un imaginario cuadro de ti, podía, más pronto que tarde, corroborar mis premoniciones. Ya estaba, pero me enamoré más de ti.
A través de nuestros móviles hablábamos y nos enviábamos correos y mensajes. Nos contábamos nuestras cotidianidades, y así pensábamos que estábamos juntos sin estarlo y para seguir al día nuestras vidas, aun las seis centenas de kilómetros de que nos separaban.
En mi soledad repasaba mentalmente todo y, aunque ningún juez, con las pruebas que yo tenía podría condenarte, tenía la certeza de que iban tomando cuerpo mis presentimientos…
En mi segundo viaje empecé a observarte detenidamente para así sopesar tus actos, tus palabras, recolectar pruebas y aunar evidencias, aunque circunstanciales.
Mi perenne desasosiego me llevó a emigrar, en forma definitiva, para radicarme en tu ciudad e iniciar una nueva vida en común. No soy ya un hombre joven; mis siete décadas carga sobre mi espalda un duro bagaje, y desde que te conocí he añadido un enigmático Damocles…
Empezamos juntos un proyecto, con ilusión. Ahora te tengo próxima todos los días, para conocerte a fondo. Dichos y hechos me han ido confirmando mis conjeturas al verte interactuar con amigos e incluso con desconocidos…
Me gusta mirarte, sin que lo adviertas; tus palabras, tus silencios, tus gestos… Y sobre todo, tus risas. Invento chistes con el sólo propósito de verte y oírte reír…
Y así pasa el tiempo, con momentos dulces y amargos, etapas blandas y duras, dolor propio y ajeno, pero todo compartido. No obstante, aunque nuestro amor crece, intenso e inmenso, nunca he dejado de sospechar de ti…
Una tarde de verano, apenas el sol se ocultaba, todo se hacía evidente a mis ojos.
El aire venía cargado de una calidez que a su vez regalaba el primer soplo estival. El jardín de nuestra casa lucía silencioso. Pero el silencio era roto por un grillo, que parecía anunciar en ocaso.
Mis dedos acariciaban las páginas de un libro, de un autor celebérrimo sevillano; sí, aquella eminencia del siglo XIX que hablaba en verso y vivía en poesía. Pero mis ojos estaban puestos en ti.
Los rayos de un Sol ya tenue llegaban a tu rostro, un halo rojizo te rodeaba. Y mi antigua teoría, reforzada por las últimas sospechas, se vieron confirmadas…
Afrodita había tenido la osadía y la valentía de reencarnarse en mujer y vivir en la Tierra enamorada de un mortal.
Por culpa de demasiados malos recuerdos de un pasado próximo, que ahora casi que no vienen a historia a esta historia, batallaba diariamente para que nunca más se produjese un nuevo encuentro entre los dos. Pero todos sus esfuerzos no servían de nada. Eran Inútiles. Se producía el nuevo encuentro. Pero lo más curioso de todo era que ella, a pesar de sus relativamente antiguos pesares, estaba deseando de que éste llegase cuanto antes, incluso rezaba por que así fuese
Amanece. Me pongo cualquier cosa, lo primero que encuentro a mano, y después me asomo a la ventana. Veo llover, va cayendo una lluvia suave. El viento juega con mi melena. Me acerco a la cama y te escucho suspirar con una agradable sonrisa en tus labios mientras duermes, y de pronto recorre mi cuerpo un fuerte escalofrió. Y entonces, sintiendo un fortísimo deseo sexual en mi cuerpo, miro tu cara pensando que quiero creerme que tus suspiros y tus sonrisas son por mí; y es por eso, que, sin poder ni querer evitarlo, me aparece súbitamente una extrema calidez en mis partes más íntimas, que me hace recordar lo nuestro…
¿Y qué era lo nuestro?
Lo nuestro era un deseo por crecer, por sentirnos mayores, por superar la etapa de la adolescencia. Un juego que empezó como empiezan todos los juegos: en el patio del colegio, una mirada, un gesto, un guiño… Pero terminó también como todos los juegos inconscientes: con lágrimas.
Y acabó de esa manera porque lo vivimos deprisa, y nos quemamos deprisa, como astilla en fuego. Nos bebíamos los vientos el uno por el otro hasta embriagarnos. Nos bebíamos el último vino de la caja de Pandora y amanecíamos con la resaca del miedo. Pero cuando se evaporaban nuestras borracheras nos quedábamos solos, solos como unos inocentes pajarillos que abandonan su nido volando juntos, para más adelante seguir cada uno su propio vuelo.
Yo fui la primera en volar, quería volar sola, pero no sabía cómo hacerlo. Salía a la vida totalmente a ciegas, dando tumbos, topando con todo lo que me recordaba a ti. Y así, durante días, semanas, meses, años… hasta anoche que coincidimos tú y yo, a solas los dos, y durante unas horas volvía a sentirme como antes.
Y ahora, en este justo momento, todos mis sentimientos se agolpan, y tengo miedo, mucho miedo, miedo a ti, miedo a mí, miedo a que te vayas de mí, miedo a que te quedes conmigo; un miedo extraño, un miedo irracional, cada vez que pienso que de nuevo hemos vuelto a hacer el amor, que hayamos quemado lo único que nos quedaba, que nuestros recuerdos ardiesen con el fuego de la pasión. Y lo peor de todo es que los dos tenemos miedo porque quizá hoy mismo se haya escrito el final inexorable de nuestra historia, que, por la inexperiencia de los dos. o simplemente por inocencia, hemos dejamos incompleta.
Pero ahora no quiero pensar en nada de eso. En este momento las sábanas están revueltas y envueltas en nuestros olores. Me llamas de nuevo, te aproximas más a mí, me aproximo más a ti, me besas, te beso, me acaricias, te acaricio, me abrazas, te abrazo... y toda yo tiemblo, como antes temblaba, como siempre he temblado contigo a mi lado, y, finalmente, hacemos el amor con frenesí
Una de las ventajas que tienen los dioses del universo es que no tienen por qué dar explicaciones acerca de sus designios. Los seres humanos sólo se conforman con aceptarlos, y los científicos siempre tratan de explicarlos de la mejor mareta posible, aunque no siempre lo consiguen
Fue así, que los traviesos dioses decidieron darle fama y gloria a una pulga común y corriente que moraba en el lomo de un perro callejero.
El parásito, que radicaba desde un tiempo atrás en la piel del Rascón (perro callejero famoso en aquel barrio por la manera en la que solía rascarse), fue indirectamente descubierto por Doña Lisa, justo cuando salía de misa. Ella observó que el perro se rascaba aquel día de una manera rítmica, diferente, digamos que religiosa. No era a lo que estaban acostumbrados los niños que iban a jugar a aquella sombría y sucia calle cerrada, cerca de la iglesia, y que hoy, por cosas de la vida, es un lugar sagrado para infinidad de feligreses.
Así fue, que Doña Lisa regresó inmediatamente a la iglesia y le dijo al cura que tenía motivos suficientes para suponer que aquel irrelevante perro tenía en su lomo algo extraordinario. El padre Paco, que sabía demasiado de la vida y que era consciente del poco dinero que disponía para cumplir sus misiones cristianas, fue presuroso a revisar los sacros movimientos de Rascón. Para su tan relevante oficio, le siguieron media docena de mujeres vestidas de negro, que nada tenían en qué ocuparse más allá de rezar de la mañana a la noche.
Y tras ver el fenómeno del perro que en verdad se rascaba de una manera especial, el cura hurgó en su lomo y descubrió una pulga. Presionado por las miradas fijas de aquellas fanáticas ancianas, que llevaban toda la vida tras un milagro, y sobre todo por los sueldos que debían pagarse aquel fin de semana, el sacerdote pensó rápido y gritó:
____¡Aleluya! ¡Aleluya! Se trata de la pulga Morsa, la misma que venía en el camello de Melchor cuando los tres Reyes Magos fueron a visitar a Jesús al pesebre. Es la misma pulga que saltó a los cabellos del Sagrado Niño, para succionar de su Divina Sangre, y que por eso mismo se volvía inmortal, y hoy reaparece ante nosotros para llenarnos de fe y de esperanza. ¡Loado sea el Señor! ¡Oremos todos! ¡Hagamos una misa ahora mismo para celebrar este milagroso evento!
El cura ordenó repicar reiteradas veces las campanas de su iglesia, la misma que en pocos minutos estaba llena de creyentes que querían tocar a Rascón, el asustado perro sobre cuyo lomo moraba Morsa, la pulga portadora -desde hacía más de dos mil años- de la Divina Sangre del Niño Jesús.
Lamentablemente, el incienso que se quemaba en aquella iglesia era un verdadero insecticida, más poderoso que el DDT, y la pulga moría asfixiada durante la misa, y Rascón, que temía a la multitud por experiencias del pasado, huía en cuanto podía del templo, aun el esfuerzo de las mujeres de negro por retenerlo.
Como sea que fuese, a aquellas alturas de la misa dedicada a Morsa, la recaudación de limosnas había sido realmente extraordinaria, y el cura Paco disfrutó, sin además contárselo a nadie, del verdadero milagro que había ocurrido aquella tarde que así podía pagar los sueldos de su personal al día siguiente.
Las mujeres de negro se convertían de por vida en fanáticas adoradoras de Morsa, la Divina Pulga, y de Rascón, el abnegado perro, que alguna vez la había llevado en su lomo.
El padre Paco, que por sus frecuentes malas experiencias estaba un poco alejado de la fe, y por ende Dios, se arrodillaba humildemente ante el ara al día siguiente, para dar gracias al Todopoderoso y también a Rascón, pero sobre todo a la extinta Morsa por el gran milagro obnrado la tarde del día anterior
Los políticos que están en el Poder, pero en todas las naciones del mundo, toman decisiones o adoptan medidas que propician enriquecimiento para ellos mismos a base de especulaciones financieras de mala administración, además de corrupciones y malversaciones, que, a la postre, llevan su país a la ruina.
En lugar de tomar medidas necesarias para juzgar a los ladrones, defraudadores, especuladores y corruptos, se dedican enteramente, sin ningún tipo de escrúpulos, a ejercer el oficio del bandolero, pero al revés: solucionan los problemas que causan los de su especie, robando, extorsionando y arrebatando los derechos adquiridos por el resto de los ciudadanos, que nada tiene que ver con los desaguisados que esta peste causa permanentemente
Y lo peor de todo, para nuestra desgracia, es que no han inventado un antídoto para esto y que con toda probabilidad nunca se inventará
Este ratero caradura siempre será noticia porque lo que hizo es para reírse si no fuera por lo trágico que es. Pide salir de la cárcel, olvidando súbitamente que arruinó a muchas personas mayores con "sus estafadoras preferentistas, y algunas de esas personas se suicidaron al ver que llegaron a la vejez sin recursos económicos, después de toda una vida ahorrando
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La verdad detrás de las solicitudes de amistad de mujeres sexys.
Ten cuidado con esas atractivas mujeres que piden ser tus amigos en Facebook
Si tienes entre 18 a 45 años y cuentas con un dispositivo móvil o una computadora personal, es muy probable que seas parte de los miles de millones que tienen una cuenta en Facebook. Y si es así, existen altas probabilidades que en algún momento hayas recibido una “solicitud de amistad” de alguien que no conoces.
Este problema ya se ha identificado por los responsables de la red social, sin embargo, en Facebook ha tomado proporciones mundiales y poca gente sabe de su existencia. Por si fuera poco, estas “personas”, la mayoría con cuentas falsas se han multiplicado y sus principales víctimas son hombres jóvenes.
Es por eso que gran cantidad de estos engaños utilizan fotos de mujeres sensuales y en poca ropa que tratan de persuadir a los incautos de dar “like” o abrir un enlace solo porque viene de “una mujer de ensueño”. Pero, ¿quién está detrás de estas mujeres sexys y falsas?
De acuerdo con un reportaje publicado en el sitio español Verne, “los perfiles falsos responden a una gran variedad de utilidades, casi nunca honestas. Desde proporcionar más seguidores o ‘Me Gusta’ a una persona, partido, colectivo o empresa, hasta difundir software malicioso (malware) y estafar a los usuarios”.
De acuerdo con Vicente Díaz, analista de la empresa de seguridad Kaspersky, los perfiles pueden ser creados por bots (robots virtuales) o personas y pueden conseguir información personal para saquear cuentas bancarias o hacer comprar a su nombre.
Otro dato interesante (y sobre todo preocupante) es que en estas cuentas también pueden esconderse grupos terroristas o extremistas como ISIS o militantes yihadistas que los utilizan como ciberespionaje.
De acuerdo con Facebook, hace 4 años, los perfiles falsos reportados representaban entre un 5 y un 6% de sus entonces 845 millones de usuarios.
Entre las prácticas más efectivas de estos engaños se encuentra el “ransomware” que sucede cuando alguien te invita a pinchar en un enlace y la web pide instalar un códec para ver el vídeo, que en realidad es un virus que cifra todos los contenidos de su ordenador, es decir, tras descargarlo no podrán volver a acceder a su propia información almacenada.
Recientemente la empresa Kaspersky ha detectado más ataques phising, una modalidad de los miles de virus en Facebook. Se trata de un método que funciona cuando la cuenta falsa les pide que la etiqueten en un comentario o publicación. Los usuarios que lo hagan darán entrada a un virus troyano que tomará control de su cuenta.
De acuerdo con el experto, estos grupos regularmente son originarios de Este de Europa, cuyo objetivo es el dinero.
Así que ya lo saben, piénsenlo dos veces antes de dejar que una sensual mujer los conquiste con una provocativa solicitud de amistad en Facebook.
Comentarios
Pensar antes de hacer

No hay marcha atrás para algunas cosas íntimamente sagradas en la vida. A lo hecho pecho, hay que afrontar lo que se haga, o haberlo pensado antes de hacerlo.
¡Hostia, pero si mi marido es estéril!
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Pido poco, soy humilde
Las cosas claras, tengo yo pocas aspiraciones, no soy ambicioso, pido poco, soy humilde. Sólo quiero un cielo, un mar y alguien a quien amar.
Bueno, si no es mucho pedir; que sinceramente creo que no lo es, también quisiera ser el único acertante del especial euromillón de 450 millones de euros.

A Chávez López
Sevilla abril 2026
Repudio la grosería y la violencia

A lo ancho y largo de mi ya longeva existencia, nada repudio más que la grosería, y la violencia en el hablar y en el actuar.
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Siempre ganan los mismos
Siempre pierden los mismos
Las personas millonarias en dinero nunca lavan ni centrifugan sus culpas, las llevan a la lavandería más humilde y después culpan al propietario.

A Chávez López
Sevilla abril 2026
Tienes que darte a valer

Si buscas a alguien que te acompañe en el complicado caminar de la vida, que te aporte compañía, que te aporte positivismo y que te aporte ilusión, desecha a quien no te dé tu sitio, aunque esté hecho con lingotes de oro de 24 quilates.
A Chávez López
Sevilla abril 2026
¡La peor mala racha de mi vida!
La lluvia torrencial e insistente y los granizo que con tan mala leche golpeaban contra la ventana de mi dormitorio durante toda la noche, eran un presagio de que hoy iba a amanecer, para mí, otro día de perros.
Apenas salí a la calle, mis mejillas se inundaron de lágrimas. Una tras otra intentaba yo quitármelas, pero sin éxito. No lloraba de tristeza, ni tampoco de impotencia, ni de rabia contenida, lloraba por todo eso junto.
¿Nunca os ha pasado, aunque una vez, que alguien os ha hecho sentir tan condenadamente pequeña, mucho más pequeña que una hormiga?
Indignada, hablaba sola. Tenía frío, pero no me abrigaba porque la sangre me hervía por dentro y quería sentir aire fresco en mi cuerpo, y a ver si me calmaba de una vez.
Caminaba por la calle con un cigarrillo en la boca, un hábito que tenemos las fumadoras mientras estamos nerviosas. Fumo, pero convencida estoy de que el tabaco excita más aún. Había gente en la calle, pero ni la veía ni la oía. Absorta en mis pensamientos sólo pensaba en cien cosas para insultar, quinientas formas diferente para matar y en miles de trucos para destrozar su flamante coche deportivo.
Entré a un bar. Pedí, bebí y pagué un vaso con leche caliente, para tratar de relajarme y a ver volvía la temperatura a mi cuerpo.
Me senté en taburete de la barra, me tranquilicé un poco y después escribí estas líneas para desahogarme. No podía hacer otra cosa. Aunque el pedazo de cabrón de mi novio sea un individuo odioso, desagradable y mogollón de cosas por el estilo más, lo amo con todo mi ser.
Por más vueltas que le doy, me resulta difícil pensar que ese hombre, que se supone que está ahí conmigo para que caminemos juntos, se pueda portar con mi persona de un modo tan miserable.
Bueno, no me queda otra que tranquilizarme y decirme a mí misma: "ya queda sólo una semana y si todo va bien, fin de nuestra historia. ¿Pero y si no?"
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Buenos días. Sevilla, viernes 03 abril 2026
Buenos días de viernes 03 abril 2026
Les agradeceríamos a las personas que entren por primera vez en este foro de Literatura que participen con comentarios hacia los textos de los foreros que estamos en él, y con escritos propios, imágenes, vídeos... y no solamente se limiten a presentarnos sus obras. Gracias.
Saludos a todos
Las cosas no son como están,
los lunes deberían ser spam
ACHL
Tuvo antiguamente el milano otro tipo de voz; una voz muy penetrante. Pero, admirado, oyó un día a un caballo relinchar, y lo quiso imitar. Y, a pesar de todos sus intentos, no consiguió captar exactamente la voz del caballo. Y eso no fue lo peor, ya que perdió además su propia voz.
Así que el pobre, y a la vez osado milano, se quedó sin la voz del caballo y sin la suya propia antigua.
Nunca intentes imitar las cualidades ajenas si no tienes la preparación y las condiciones adecuadas para hacerlo, bajo pena de quedar como un vulgar y fracasado envidioso.
ACHL
Había una vez un conejito soñador que vivía en una casita en medio del bosque, rodeado de libros y fantasía, pero no tenía amigos. Todos le habían dado de lado porque se pasaba todo el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las hubiera vivido en realidad, hasta que sus amigos se cansaron de escucharle y acabó quedándose solo.
Al principio, el conejito se sintió triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero pese a eso continuó escribiendo.
Sus historias eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas, o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.
Se pasaba todo el tiempo escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.
Un día, mientras leía entusiasmado su último relato, apareció por allí una hermosa conejita que parecía perdida. Pero nuestro amigo estaba tan entregado a la interpretación de sus propios cuentos que ni se enteró de que alguien lo escuchaba. Cuando acabó, la conejita le aplaudió con entusiasmo.
____Vaya, no sabía que tenía público- dijo a la recién llegada. Y agregó:- ¿te ha gustado mi historia?
____Ha sido una historia muy emocionante. ¿Sabes más? -respondió ella-.
____Claro!. Yo mismo las escribo.
____¿De verdad? ¿Y son todas tan apasionantes?
____¿Tu crees que son apasionantes? Todo el mundo dice que son muy aburridas…
____Pues eso no es cierto, a mi me ha gustado mucho. Ojalá yo supiera saber escribir historias como la tuya ...
El conejito se dio cuenta de que la conejita se había puesto de repente triste, así que se acercó y, pasándole la patita por encima del hombro, le dijo con dulzura:
____Yo puedo enseñarte a escribirlas. Seguro que aprendes rápido
____¿Me lo dices en serio?
____¡Claro que sí! Y si quieres, podríamos escribirlas juntos.
____¡Genial! Estoy deseando explorar esos lugares, viajar a esos mundos y conocer a todos esos villanos y malandrines.
Ambos conejitos se hicieron muy amigos y compartieron juegos, además de que escribieron cientos de libros que después leyeron a los niños de todo el mundo.
Sus historias jamás contadas y sus peripecias se hicieron muy famosas y el conejito no volvió jamás a sentirse solo ni tampoco a dudar de sus historias.
ACHL
Había una vez un leñador tan pobre que ya no tenía ilusiones en esta vida. Estaba desanimado porque jamás había tenido suerte. Su vida era trabajo y más trabajo. Nada de lujos, nada de viajes, nada de diversiones…
Un día, paseando por el bosque, comenzó a lamentarse en voz alta, pensando que nadie le escuchaba.
____No sé lo que es una buena comida, ni dormir en sábanas de seda, ni tener un día libre para holgazanear un poco ¡La vida no ha sido buena conmigo!
En ese instante, se le apareció el gran dios Júpiter con un rayo en la mano. El leñador, muy asustado, se echó hacia atrás y, tapándose los ojos, empezó a gritar:
____¡No me haga nada, señor! ¡Por favor, no me haga nada!
Júpiter le tranquilizó.
____No temas, amigo, no voy a hacerte ningún daño. Vengo a demostrarte que te quejas sin fundamento. Quiero que te des cuenta por ti mismo de las cosas que realmente merecen la pena.
____No comprendo lo que quiere decir, señor…
____¡Escúchame atentamente! Te daré una oportunidad que deberás aprovechar muy bien. Pide tres deseos, los que tú quieras, y te los concederé. Eso sí, mi consejo es que pienses bien lo que vas a pedirme, porque sólo son tres y no hay marcha atrás.
En cuanto dijo estas palabras, el dios se esfumó en el aire levantando una nube de polvo. El leñador, entusiasmado, echó a correr hacia su casa para contarle todo a su mujer.
Como os podéis imaginar, su esposa se puso como loca de contenta ¡Por fin la suerte había llegado a sus vidas! Empezaron a hablar de futuro, de todas las cosas que querían comprar y de la cantidad de lugares lejanos que podrían visitar.
____¡Será genial vivir en una casa grande rodeada de un jardín repleto de magnolios! ¿Verdad, querida mía?
____¡Sí, sí! Y al fin podremos ir a París ¡Dicen que es precioso!
____¡Pues a mí me gustaría cruzar el océano Atlántico en un gran barco y llegar a las Américas!
¡No cabían en sí de gozo! Dejaron volar su imaginación y se sintieron muy afortunados. Pasado un rato se calmaron un poco y la mujer puso un poco de orden en todo el asunto.
____Querido, no nos impacientemos. Estamos muy emocionados y no podemos pensar con claridad. Vamos a decidir bien los tres deseos antes de decirlos para no equivocarnos.
____Tienes razón. Voy a servir un poco de vino y lo tomaremos junto a la chimenea mientras charlamos ¿Te apetece?
____¡Buena idea!
El leñador sirvió dos vasos y se sentaron juntos al calor del fuego. Estaban felices y algo más tranquilos. Mientras bebían, el hombre exclamó:
____Este vino está bastante bueno ¡Si tuviéramos una salchicha para acompañarlo sería perfecto!
El pobre leñador no se dio cuenta de que con estas palabras acababa de formular su primer deseo, hasta que una enorme salchicha apareció ante sus narices.
Su esposa dio un grito y, muy enfadada, comenzó a recriminarle.
____Serás tonto…! ¿Cómo malgastas un deseo en algo tan absurdo como una salchicha? ¡No vuelvas a hacerlo! Ten cuidado con lo que dices o nos quedaremos sin nada.
____Tienes razón… Ha sido sin querer. Tendré más cuidado la próxima vez.
Pero la mujer había perdido los nervios y seguía riñéndole sin parar.
____¡Eso te pasa por no pensar las cosas! ¡Deberías ser más sensato! ¡Mira que pedir una salchicha!…
El hombre, harto de recibir reprimendas, acabó poniéndose nervioso él también y contestó con rabia a su mujer:
____¡Vale, vale, cállate ya! ¡Deja de hablar de la maldita salchicha! ¡Ojalá la tuvieras pegada a la nariz!
La rabia y la ofuscación del momento le llevó a decir algo que, en realidad, no deseaba, pero el caso es que una vez que lo soltó, sucedió: la salchicha salió volando y se incrustó en la nariz de su linda mujer como si fuera una enorme verruga colgante.
¡La pobre leñadora casi se desmaya del susto! Sin comerlo ni beberlo, ahora tenía una salchicha gigante en la cara. Se miró al espejo y vio con espanto su nuevo aspecto. Intentó quitársela a tirones pero fue imposible: esa salchicha se había pegado a ella de por vida.
Con lágrimas en los ojos e intentando controlar la ira, se giró hacia su marido con los brazos en jarras.
____¿Y ahora qué hacemos? Sólo podemos formular un último deseo y las cosas se han torcido bastante, como puedes comprobar.
Efectivamente, la decisión era peliaguda. Tratando de conservar la calma, se sentaron a deliberar sobre cómo utilizar ese deseo. Había dos opciones: pedir que la salchicha se despegara de la nariz de una vez por todas, o aprovechar para pedir oro y joyas que les permitirían vivir como reyes el resto de su vida. Lo que estaba clarísimo era que a una de las dos cosas debían renunciar.
La mujer no quería ser portadora de una salchicha que afeara eternamente su bello rostro, y el leñador, que la amaba, no quería verla con ese aspecto monstruoso. Al final se pusieron de acuerdo y el hombre, levantándose, exclamó:
____¡Que la salchicha desaparezca de la nariz de mi mujer!
Un segundo después, la descomunal salchicha se había volatilizado. La muchacha recobró su belleza y él se sintió feliz de que volviera a ser la misma de siempre.
La posibilidad de ser millonarios ya no existía, pero en lugar de sentir frustración, se abrazaron con mucho amor. El leñador comprendió, tal y como Júpiter le había advertido, que la auténtica felicidad no está en la riqueza, sino en ser felices con las personas que queremos.
ACHL
Timidez en un ascensor
“Dile algo”, se dice él en voz baja. Mientras ella repasa a media voz: “tengo que ir a la peluquería ‘Pelos', para que me pongan extensiones”.
Al otro día, allí de nuevo. Ella lleva el pelo largo y sus gafas de siempre, que tan bien le quedan. Él va sin corbata; no sabe hacerse el nudo. Se lo hace a diario un colega de su trabajo antes de entrar a currar los dos.
____Hola.
-sigue y termina en página siguiente-
Lo tranquilizo y le digo que probaremos mañana, que hoy practique en el trabajo o durante la noche en su casa. Que haga incluso un viaje de prueba, que se meta en el ascensor con una muñeca hinchable y pruebe decir hola, y así va entrenándose. Que haga... ¡qué me tiene loco ya este tío!
Es miércoles y mi pareja está en el ascensor. Casi me quedo dormido y me lo pierdo. Ahí está de nuevo ella, hoy está guapísima y con un traje muy sexy. Seguro que está pensando en algún chico. Él lleva una corbata en la mano. Ahí está, puede decirle que no sabe hacerse el nudo, y a ella le va a dar lástima y le va a comprender.
A la otra mañana está ella sola en el ascensor. A él no le veo por ningún lado. Me asusto. Voy a su casa y lo veo tirado en el sofá. Le pregunto qué hace ahí y así y por qué no está ya en el ascensor. Me contesta que lo tengo agobiado, que no quiere hablarle, que es feliz así y que le deje en paz. Insisto que no puedo, que tengo que escribir mi cuento y que preciso que pase algo entre ellos dos para que esto sea un cuento, que haya diálogo, que se conozcan para llegar a una relación. Se queja de que nunca me pidió estar en mi cuento, que es tímido y que no quiere hablar en un ascensor a una chica, que, aunque está buenísima, no es razón para que le obligue a conquistarla. Le digo que confíe en mí, que soy el escritor y que me voy a ocupar de que se fije en él, haga lo que haga.
Pero al día siguiente se queda dormido, lo que hace que le espere directamente en el ascensor. Estoy nervioso. Quiero ver qué pasa. Ella ya está adentro, y el ascensor se acerca a su planta. Se abren las puertas, es el momento. Ella lo mira y sonríe. ¡Uy!
____Tienes un moco -le dice señalándolo.
“¿Y este es el fin de mi cuento?, ¡no!”, pensé mientras vi que el ascensor seguía hasta la planta baja. Ahora no podré recuperarle, y mi cuento se va a acabar por culpa de un moco, que no podía aparecer en otro momento. ¡Me cago en el cabrón moco!
Lo busqué y lo encontré, pero no me quiso atender. Esperaba algo banal para bajar corriendo por las escaleras las veinte plantas. Algunas veces se disfrazaba para que no le reconociese, se ponía peluca y bigote, falsos. Ella, en cambio, seguía cogiendo el ascensor como cada día, con el mismo silencio. Un día la oí decir “pobre, se habrá asustado”, que de haberla hablado hubiese tenido una oportunidad.
Pasó un año así. Y no se volvieron a cruzar. Me enteré por un vecino que él cambió de trabajo, y ahora trabaja en casa haciendo webs, lo que le permite no tener que salir a trabajar en la calle, y así y con su nueva ocupación, podría evitarme a mí, a la chica y al cuento.
Un día, finalmente, lo hallé, le hablé y me habló. Disfrazado, compraba un paquete de cigarrillos. Lo acorralé contra la pared del estanco.
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Buenas tardes. Sevilla, sábado 04 abril 2026
Buenas tarde de sábado 04 abril 2026
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Saludos a todos
Nuestros abrazos y besos eran pasionales, como colofón de una angustiosa espera. Nuestro nerviosismo hacía que nuestras primeras palabras resultasen fútiles. Con mi brazo sobre sus hombros, caminamos despacio en busca de un taxi.
En la ruta hacia el sitio elegido, me cogía la mano y la dirigía a su boca, Un cúmulo de emociones se agolpaba en mi interior, que hacía acrecentar mi conjetura.
La habitación del hotel que me había reservado era acogedora. Nos instalamos, y enseguida nos enfrascamos en una conversación de reconocimiento, con un amor que parecía formar parte de nuestra vida. Como era de prever, nuestros cuerpos se buscaron. Y se encontraron…
Pero se nos fue el día en un santiamén. Tú te fuiste. Hora después, sonó el teléfono. Me extrañó. No había quedado con nadie más y nadie de mi ciudad sabía de mi viaje a Madrid. Confundido, atendí la llamada. Eras tú. Conversamos un rato largo, hasta la hora de adiós, pero por tu parte un ilusionante ‘hasta luego’. En los dos días siguientes se repitió lo mismo; reímos, hablamos y recorrimos nuestros cuerpos en la dirección que nuestro amor y pasión nos iban dictando.
El tercer día volví a Sevilla. Ya aquí no soportaba tu ausencia; te añoraba, te amaba… En todo instante estabas en mi mente. Te pedí fotos tuyas, con idea de disfrutar de ti en soledad. Te convertiste en mi obsesión. Atesoraba tus frases y mensajes. Tenía la peregrina idea de que pintando un imaginario cuadro de ti, podía, más pronto que tarde, corroborar mis premoniciones. Ya estaba, pero me enamoré más de ti.
A través de nuestros móviles hablábamos y nos enviábamos correos y mensajes. Nos contábamos nuestras cotidianidades, y así pensábamos que estábamos juntos sin estarlo y para seguir al día nuestras vidas, aun las seis centenas de kilómetros de que nos separaban.
En mi soledad repasaba mentalmente todo y, aunque ningún juez, con las pruebas que yo tenía podría condenarte, tenía la certeza de que iban tomando cuerpo mis presentimientos…
En mi segundo viaje empecé a observarte detenidamente para así sopesar tus actos, tus palabras, recolectar pruebas y aunar evidencias, aunque circunstanciales.
Mi perenne desasosiego me llevó a emigrar, en forma definitiva, para radicarme en tu ciudad e iniciar una nueva vida en común. No soy ya un hombre joven; mis siete décadas carga sobre mi espalda un duro bagaje, y desde que te conocí he añadido un enigmático Damocles…
Empezamos juntos un proyecto, con ilusión. Ahora te tengo próxima todos los días, para conocerte a fondo. Dichos y hechos me han ido confirmando mis conjeturas al verte interactuar con amigos e incluso con desconocidos…
Me gusta mirarte, sin que lo adviertas; tus palabras, tus silencios, tus gestos… Y sobre todo, tus risas. Invento chistes con el sólo propósito de verte y oírte reír…
Y así pasa el tiempo, con momentos dulces y amargos, etapas blandas y duras, dolor propio y ajeno, pero todo compartido. No obstante, aunque nuestro amor crece, intenso e inmenso, nunca he dejado de sospechar de ti…
Una tarde de verano, apenas el sol se ocultaba, todo se hacía evidente a mis ojos.
El aire venía cargado de una calidez que a su vez regalaba el primer soplo estival. El jardín de nuestra casa lucía silencioso. Pero el silencio era roto por un grillo, que parecía anunciar en ocaso.
Mis dedos acariciaban las páginas de un libro, de un autor celebérrimo sevillano; sí, aquella eminencia del siglo XIX que hablaba en verso y vivía en poesía. Pero mis ojos estaban puestos en ti.
Los rayos de un Sol ya tenue llegaban a tu rostro, un halo rojizo te rodeaba. Y mi antigua teoría, reforzada por las últimas sospechas, se vieron confirmadas…
A Chávez López
Sevilla abril 2026
¿Y qué era lo nuestro?
Lo nuestro era un deseo por crecer, por sentirnos mayores, por superar la etapa de la adolescencia. Un juego que empezó como empiezan todos los juegos: en el patio del colegio, una mirada, un gesto, un guiño… Pero terminó también como todos los juegos inconscientes: con lágrimas.
Y acabó de esa manera porque lo vivimos deprisa, y nos quemamos deprisa, como astilla en fuego. Nos bebíamos los vientos el uno por el otro hasta embriagarnos. Nos bebíamos el último vino de la caja de Pandora y amanecíamos con la resaca del miedo. Pero cuando se evaporaban nuestras borracheras nos quedábamos solos, solos como unos inocentes pajarillos que abandonan su nido volando juntos, para más adelante seguir cada uno su propio vuelo.
Yo fui la primera en volar, quería volar sola, pero no sabía cómo hacerlo. Salía a la vida totalmente a ciegas, dando tumbos, topando con todo lo que me recordaba a ti. Y así, durante días, semanas, meses, años… hasta anoche que coincidimos tú y yo, a solas los dos, y durante unas horas volvía a sentirme como antes.
Y ahora, en este justo momento, todos mis sentimientos se agolpan, y tengo miedo, mucho miedo, miedo a ti, miedo a mí, miedo a que te vayas de mí, miedo a que te quedes conmigo; un miedo extraño, un miedo irracional, cada vez que pienso que de nuevo hemos vuelto a hacer el amor, que hayamos quemado lo único que nos quedaba, que nuestros recuerdos ardiesen con el fuego de la pasión. Y lo peor de todo es que los dos tenemos miedo porque quizá hoy mismo se haya escrito el final inexorable de nuestra historia, que, por la inexperiencia de los dos. o simplemente por inocencia, hemos dejamos incompleta.
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Fue así, que los traviesos dioses decidieron darle fama y gloria a una pulga común y corriente que moraba en el lomo de un perro callejero.
El parásito, que radicaba desde un tiempo atrás en la piel del Rascón (perro callejero famoso en aquel barrio por la manera en la que solía rascarse), fue indirectamente descubierto por Doña Lisa, justo cuando salía de misa. Ella observó que el perro se rascaba aquel día de una manera rítmica, diferente, digamos que religiosa. No era a lo que estaban acostumbrados los niños que iban a jugar a aquella sombría y sucia calle cerrada, cerca de la iglesia, y que hoy, por cosas de la vida, es un lugar sagrado para infinidad de feligreses.
Así fue, que Doña Lisa regresó inmediatamente a la iglesia y le dijo al cura que tenía motivos suficientes para suponer que aquel irrelevante perro tenía en su lomo algo extraordinario. El padre Paco, que sabía demasiado de la vida y que era consciente del poco dinero que disponía para cumplir sus misiones cristianas, fue presuroso a revisar los sacros movimientos de Rascón. Para su tan relevante oficio, le siguieron media docena de mujeres vestidas de negro, que nada tenían en qué ocuparse más allá de rezar de la mañana a la noche.
Y tras ver el fenómeno del perro que en verdad se rascaba de una manera especial, el cura hurgó en su lomo y descubrió una pulga. Presionado por las miradas fijas de aquellas fanáticas ancianas, que llevaban toda la vida tras un milagro, y sobre todo por los sueldos que debían pagarse aquel fin de semana, el sacerdote pensó rápido y gritó:
____¡Aleluya! ¡Aleluya! Se trata de la pulga Morsa, la misma que venía en el camello de Melchor cuando los tres Reyes Magos fueron a visitar a Jesús al pesebre. Es la misma pulga que saltó a los cabellos del Sagrado Niño, para succionar de su Divina Sangre, y que por eso mismo se volvía inmortal, y hoy reaparece ante nosotros para llenarnos de fe y de esperanza. ¡Loado sea el Señor! ¡Oremos todos! ¡Hagamos una misa ahora mismo para celebrar este milagroso evento!
El cura ordenó repicar reiteradas veces las campanas de su iglesia, la misma que en pocos minutos estaba llena de creyentes que querían tocar a Rascón, el asustado perro sobre cuyo lomo moraba Morsa, la pulga portadora -desde hacía más de dos mil años- de la Divina Sangre del Niño Jesús.
Lamentablemente, el incienso que se quemaba en aquella iglesia era un verdadero insecticida, más poderoso que el DDT, y la pulga moría asfixiada durante la misa, y Rascón, que temía a la multitud por experiencias del pasado, huía en cuanto podía del templo, aun el esfuerzo de las mujeres de negro por retenerlo.
Como sea que fuese, a aquellas alturas de la misa dedicada a Morsa, la recaudación de limosnas había sido realmente extraordinaria, y el cura Paco disfrutó, sin además contárselo a nadie, del verdadero milagro que había ocurrido aquella tarde que así podía pagar los sueldos de su personal al día siguiente.
Las mujeres de negro se convertían de por vida en fanáticas adoradoras de Morsa, la Divina Pulga, y de Rascón, el abnegado perro, que alguna vez la había llevado en su lomo.
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Los políticos que están en el Poder, pero en todas las naciones del mundo, toman decisiones o adoptan medidas que propician enriquecimiento para ellos mismos a base de especulaciones financieras de mala administración, además de corrupciones y malversaciones, que, a la postre, llevan su país a la ruina.
En lugar de tomar medidas necesarias para juzgar a los ladrones, defraudadores, especuladores y corruptos, se dedican enteramente, sin ningún tipo de escrúpulos, a ejercer el oficio del bandolero, pero al revés: solucionan los problemas que causan los de su especie, robando, extorsionando y arrebatando los derechos adquiridos por el resto de los ciudadanos, que nada tiene que ver con los desaguisados que esta peste causa permanentemente
Y lo peor de todo, para nuestra desgracia, es que no han inventado un antídoto para esto y que con toda probabilidad nunca se inventará
A Chávez López
Sevilla abril 2026
Este ratero caradura siempre será noticia porque lo que hizo es para reírse si no fuera por lo trágico que es. Pide salir de la cárcel, olvidando súbitamente que arruinó a muchas personas mayores con "sus estafadoras preferentistas, y algunas de esas personas se suicidaron al ver que llegaron a la vejez sin recursos económicos, después de toda una vida ahorrando
ACHL
No está mal visto que luzca tetas
porque es una yanky pija babieca
ACHL
Buenos días. Sevilla, domingo 05 abril 2026
Buenos días de domingo 05 abril 2026
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Saludos a todos
No hurgues en los contactos de tu esposa,
que tarde o temprano irán mal las cosas
ACHL
En Cádiz están de eureka
por la constitución de la Pepa
ACHL
El no fumar
te inspira más
ACHL
por millonario humillada
Las estafas en las redes sociales
Ten cuidado con esas atractivas mujeres que piden ser tus amigos en Facebook
Si tienes entre 18 a 45 años y cuentas con un dispositivo móvil o una computadora personal, es muy probable que seas parte de los miles de millones que tienen una cuenta en Facebook. Y si es así, existen altas probabilidades que en algún momento hayas recibido una “solicitud de amistad” de alguien que no conoces.
Este problema ya se ha identificado por los responsables de la red social, sin embargo, en Facebook ha tomado proporciones mundiales y poca gente sabe de su existencia. Por si fuera poco, estas “personas”, la mayoría con cuentas falsas se han multiplicado y sus principales víctimas son hombres jóvenes.
Es por eso que gran cantidad de estos engaños utilizan fotos de mujeres sensuales y en poca ropa que tratan de persuadir a los incautos de dar “like” o abrir un enlace solo porque viene de “una mujer de ensueño”. Pero, ¿quién está detrás de estas mujeres sexys y falsas?
De acuerdo con un reportaje publicado en el sitio español Verne, “los perfiles falsos responden a una gran variedad de utilidades, casi nunca honestas. Desde proporcionar más seguidores o ‘Me Gusta’ a una persona, partido, colectivo o empresa, hasta difundir software malicioso (malware) y estafar a los usuarios”.
De acuerdo con Vicente Díaz, analista de la empresa de seguridad Kaspersky, los perfiles pueden ser creados por bots (robots virtuales) o personas y pueden conseguir información personal para saquear cuentas bancarias o hacer comprar a su nombre.
Otro dato interesante (y sobre todo preocupante) es que en estas cuentas también pueden esconderse grupos terroristas o extremistas como ISIS o militantes yihadistas que los utilizan como ciberespionaje.
De acuerdo con Facebook, hace 4 años, los perfiles falsos reportados representaban entre un 5 y un 6% de sus entonces 845 millones de usuarios.
Entre las prácticas más efectivas de estos engaños se encuentra el “ransomware” que sucede cuando alguien te invita a pinchar en un enlace y la web pide instalar un códec para ver el vídeo, que en realidad es un virus que cifra todos los contenidos de su ordenador, es decir, tras descargarlo no podrán volver a acceder a su propia información almacenada.
Recientemente la empresa Kaspersky ha detectado más ataques phising, una modalidad de los miles de virus en Facebook. Se trata de un método que funciona cuando la cuenta falsa les pide que la etiqueten en un comentario o publicación. Los usuarios que lo hagan darán entrada a un virus troyano que tomará control de su cuenta.
De acuerdo con el experto, estos grupos regularmente son originarios de Este de Europa, cuyo objetivo es el dinero.
Así que ya lo saben, piénsenlo dos veces antes de dejar que una sensual mujer los conquiste con una provocativa solicitud de amistad en Facebook.
ACHL
LEONARD COHEN
Dance Me to the End of Love