A nuestro edificio llegó una vecinita nueva, y yo, como presidente que de la comunidad me presenté para explicarle las reglas de la vecindad. La chica era guapísima: morena, alta, de ojos grandes y con un culo, ¡oh!, pechos grandes y firmes y cara de muñeca. ¡Y caliente, que eso se veía! Tenía 19 añitos, y me dijo que era universitaria. Ese día vestía vaqueros muy ajustaditos y camiseta negra. Había traído a su nuevo piso una bicicleta estática, de esas bicicletas para mantenerse en forma. Se despidió de mí con un beso en la mejilla apretado y me dejó cliente perdido.
Pero, a los dos días, problemas. Porque resulta que durante las noches recibía a hombres en su casa. Las viejas del edificio eran quisquillosas y empezaban con sus cosas: "que si gente rara en los pasillos, que si los coches ocupaban todos los estacionamientos, que si tanto ruido". Mi esposa me dijo que antes que tuviera que soportar un desfile de vecinos protestando que se iba con su madre.
Un día llegué más tarde de lo habitual a mi casa y andaba en mi busca un tipo cuarentón. Cuando, al fin, nos vimos me preguntó por '"a chica que atendía".
"¡Ay, que la muñequita es putita", pensé.
Entonces, hablé con ella.
Vestía esta vez un traje ceñido con un generoso escote. "Lista para atender". Me rehuía mientras decía que sí, que se prostituía durante las noches para pagarse sus estudios universitarios. Seis meses llevaba en el oficio y ya se había mudado ocho veces de piso, por lo mismo, por los vecinos.
Le sugerí, por su bien, que "se lo hiciese" en otros sitios y que en lugar de recibir gente de fuera, se publicitase entre los vecinos del edificio. Me sonrió y me respondió que no era mala mi idea.
Súbitamente, alargó la mano derecha hasta mi miembro y me preguntó, con voz sensual y ojos pícaros: "¿quieres ser tú el primero del edificio en degustar los productos de mi negocio?".
Sin pensarlo, le bajé el escote y, dejando sus grandes pechos al descubierto, le chupé los mamelones. Después me llevó al sofá. Terminé de desnudarla y disfruté de lo lindo de su diminuto tanga. Se lo quité con los dientes y después saboreé su entrepierna, poblada de vellitos negros y rizados.
-¡Ay vecinito, esto no estaba incluido en el servicio! -me dijo.
Pero ya nadie, ni con pistola en mano, quitaba mi fogosa lengua de su encharcado pilón. Sobre la marcha poco a poco subía hasta sus pechos y le dije:
-¡Qué cuernecitos más afiladitos tienes, vecinita!
Me desvistió, y me hizo una felación. Para sólo tener 19 añitos, sabía bien cómo sacarle punta al lápiz. Más tarde nos fuimos a su cuarto: un auténtico burdel. Había instalado espejos en las paredes y el techo, y luces rojas y pantalla con canal porno. Me puso el forro, y primero misionero, perro después, y rematamos la faena con un sincronizado galope, mirándonos en los espejos.
-Vecinito, espero que me ayudes con los otros -me dijo, cuando "acabamos". -No te preocupes, vecinita, te voy a ayudar y será nuestro secreto.
Y empecé a vestirme de nuevo, pero siguiendo ella sin soltarme mi miembro, como si lo quisiese para sí. Es que además de ser una preciocidad y con un buen cuerpo, era más lista que el hambre.
Pocos días después, acabó con la gente de fuera y empezó a "hacérselo" con los vecinos del edificio, incluido un abuelete, que parecía revivir. Las viejas remilgonas ni piaban ya, de lo bien que nos lo montábamos, teniendo nuestro propio burdel en el que gozábamos de un sexo joven y oculto, mientras la despampanante universitaria ganaba sus buenos dividendos. De hecho, 50 euros por barba, pero a todos les regalaba minutos extras. Y a mí por ser el presidente me lo hacía gratis varias veces a la semana. Es que yo la había ayudado en lo de la publicidad y le había comprado una docena de tangas, además de juguetes sexuales.
Los sábados por la noche nos reuníamos los vecinos puteros en el piso del único soltero del edificio, que mientras él "se lo hacía" con ella, los demás tomábamos unas cervezas, a la vez que veíamos el partido e fútbol en la tele. Las viejas pensaban que éramos unos fanáticos del fútbol. Y si las cosas se alargaba por más gente de la previstas, poníamos vídeos con el sonido más alto de antiguos partidos para despistar. Y para acostarnos con la guapa vecinita sorteábamos el orden y así dábamos morbo a la cosa.
Todos éramos sumamente discretos, y jamás llegó a oídos de ninguna esposa nuestros reiterados devaneos sexuales.
Y así, tres años. ¡Qué delicia! Me la tiré tanto que conocía cada palmo de su cuerpo, cada lunar, cada peca, cada pliegue de su increíble anatomía...
Ganó ella dinero y nuestra amistad. Cualquier problema y ahí estábamos todos nosotros. No tenía de qué temer.
El último año fue el no va más. Se implantó siliconas en los pechos e incluyó el griego en su ya amplio menú
¿Y saben por casualidad quién fue el primero en colarla en su ojete? Jajajajaja…
Mucho lo sentimos los vecinos puteros, con disgustos incluidos, cuando nuestro objeto del deseo más preciado terminó su carrera, se tituló y cambió de ciudad.
Te llaman AMOR y de siempre vienes apropiándote de todo lo bello que
palpita sobre la faz de la Tierra. Te aleas con la embriagadora fragancia que va
soplando el viento para hacernos soñar. Estás en la gama de colores que
las flores nos regalan en la primavera. Te dejas oír en los cantos de los
grillos durante todos los anocheceres. Te conviertes en el murmullo del arrollo
que pone música a la prosa de este eternamente enamorado, que en su nuevo mundo
se quiere perder para siempre.
Eres el sabor de un abrazo que nunca puedes olvidar,
eres el calor de un beso que se graba a fuego en el alma. Brillas en el
destello de una mirada que se clava en el corazón, siempre. Eres el
protagonista de las únicas historias que el mundo quisiera recordar. Si no
existieras, no habría nacido éste, que se atreve a verter estas líneas sobre
este papel para sincerarse contigo, sumándose a los elogios que has
recibido, porque los que has de recibir, otros se sumarán, mientras aprovecho
el abrazo que me das para decirte que para mí no llegas tarde, y para
agradecerte el que me hayas curado las viejas heridas que había en mi corazón.
Podría escribirte hasta perderme en la lejanía de lo escrito y siempre tendría
algo más que decirte. Nos conocemos desde que era niño, y en la mirada de mi
madre te descubrí, y desde entonces quería ser tu amigo y caminar de tu mano
por esa ruta desconocida, de la que me hablabas en mis sueños, pues sólo
soñando podía verla. Me hiciste caminar a ciegas, mirando a través de tus ojos
lo hermoso que era todo en el mundo irreal, donde la Luna dibujaba rostros y
nombres que aceleraban mi corazón. El eco de las montañas me hablaba con una
voz de mujer; los lagos y los mares azules les servían de espejo a los enamorados, mientras yo dejaba de ser niño sin conseguir despertarme.
Ingenuo, no me daba cuenta de que empezaba allí un mundo de fantasías, que para
toda la vida me apartaría del real, para seguirte a ti.
¡Cuántos brindis han hecho por ti, AMOR! Los animales te los
hacen sin hablar. Las flores en tu nombre nos hacen sentir. Y hasta las olas
del mar te cantan sin cantar.
¡Cuántos elogios te ha dedicado la humanidad, AMOR! Línea
tras línea, escribiría cientos de ellos. Aunque nadie quiera leerlos es una manera de volver a desempolvar romances que rozaban la locura, y es que
todo lo que tenga qué ver contigo no tiene relación con la cordura. Eso
lo entendí desde el día que pronuncié por primera vez tu nombre, AMOR, y
me encontré con que no eras el mismo que había conocido en brazos de mi
madre.
Pero no te importaban mis años. Por tu cuenta me enfrentaste a pruebas que cambiarían mi vida y mi ser.
Me pusiste, casi con los libros bajo el brazo, a los pies de una mujer. De cómo
me hiciste sentir y por lo que pasé, qué te voy a contar a ti que tú no sepas
de mí. Si eras tú mi flaqueza, y ella la causa de mi delirio, los dos habíais
preñado mi interior de sueños jamás imaginados, para verme convertido en hombre
mayor, vestido de niño, que se aislaba del mundo para no avergonzarse de sí y para pensar sólo en sus sentimientos, a la vez que daba riendas sueltas
a una imaginación que llenaba mi cabeza de paisajes y escenas, sin ninguna
conexión con la realidad.
Me has hecho desear todo lo que podía imaginar y guardar mis pasiones como un
delito en el fondo de mis silencios. Me llevaste por una senda de un pueblo, cabizbajo, como anciano rechazando a sus amigos,
despreciando mi edad y una vida que parecía haberse parado de repente para mí.
AMOR, ésta linda mujer, de ojos negros y labios carmesí, que yo podría
ser su padre, me la has presentado con tu cara más dulce, y ya nunca puedo
escapar de ella. Me tomaste como la diana de todas tus flechas perdidas, y
entre las que me daban de lleno y las que me rozaban la piel, siempre ganabas
tú, y me hacías preso de un AMOR que me abrasa las entrañas, que me
sabe a miel, y me has apartado de otros que me dejaron un sabor a hiel. Me
siento morir cada día para resucitar al día siguiente. Me has hecho rebosar de
una felicidad eterna y a la vez te has permitido que me rebose entero.
Sonando a hueco mis pasos, retumbando el eco del silencio en mi mente me abjuro
en sendas perdidas, entre el AMOR puro, buscando mis huellas que me
ayuden a volver a empezar con el corazón ardiendo en mi pecho, y las
reminiscencias macerando en mi cabeza tal locura, que de no llamarse AMOR
serían la de un loco. Así, has ido haciendo de mí un romántico sin fecha de
caducidad. AMOR, has conseguido que en mi interior nunca se haga viejo
el adolescente, mientras se hace mayor el hombre que mira la gente.
Imprudente fui al confiar en que a mis años te conocía, para no caer de nuevo
en tu red, pero hoy, reo de tus ardides, miro hacia atrás y veo que nada ha
cambiado desde el día aquel que siendo un chaval me enamoré. Sé que tan sólo ha
pasado el tiempo, y esto lo nota quien me ve, y hasta yo lo podría notar si en
el espejo de la edad me quisiera ver. Pero, ¿para qué?, si poseído por ti,
vuelvo de nuevo a ser el que antes fui. Mis sentidos se confunden, la
fantasía sigue siendo mi mundo y no cuentan los años allí ni se apaga el
volcán que ardía ayer como arde hoy. Yo que creía haber encontrado mi rincón,
donde poner mi sillón para leer, escribir y tomar el sol. Yo que tenía, por
fin, un espacio por mí elegido para buscar y rebuscar en mi memoria, me encuentro
ahora con tu visita, tan inesperada como tan oportuna, y llegas para
presentarme a una Bella Luna, con nombre de mujer, en un cielo azul, una Bella
Luna que no conocía, pero que ya no puedo vivir sin ella ni tampoco sin su
guía.
Dicen que del AMOR al odio hay un paso y que
moran en la misma celda. Pues tú sabrás lo que has hecho
con tu compañero de cuarto, porque no le conocí ni ganas en mí.
En tal caso, si un día odiase (lo dudo) a
alguien sería a ti, pues sin respetar mis canas y burlándote de mí, has
traído a mi calma ese dulce desasosiego, y a un corazón que latía sereno, lo
has puesto a galopar. Un galope que retumba de nuevo en mis oídos, lo oigo como
en años atrás. Si lo pienso me da miedo, por esto no lo quiero pensar y
prefiero agradecerte eternamente que tú estés aquí, que tú me hayas vuelto a
rescatar, que me traigas la inspiración a mi mente para contarle a mi Bella Luna
todo lo que le quiero contar. Te pido, te ruego, te suplico que no te vayas,
que sigas siempre vivo en mí.
Gracias, AMOR, por no respetar mis canas, gracias por
no hacer caso a mi edad. Gracias por devolverme a mi sueño y no vuelva a soñar,
y nada te agradecería más que no me dejaras nunca despertar.
Será de recibo por todos los foreros que componemos este foro de Literatura que las personas que entren por primera vez participen con comentarios, escritos, imágenes, vídeos... y con todo lo que vean de interés general, y no sólo se limiten a presentar sus proyectos. Gracias.
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Soy novato en esto de la Literatura, pero pretendo escribir un cuento. ¿Se animan a leer el prólogo y a ver si os gusta cómo empieza y un adelanto de cómo termina?
Y para ello, estrujándome al máximo el coco, planto una pareja (un chico y una chica) en un ascensor. No es una pareja formal, ellos no viven juntos, nada comparten, sólo un ascensor. No saben nada el uno del otro; de hecho, nunca se han hablado. Pero, al menos, son dos personas y dos años llevan viéndose cada día durante los 40 segundos eternos que tarda el ascensor hasta la planta baja.
Pero, ahora, silencio, vamos a escuchar lo que dicen o piensan...
'Dile algo', se dice él. Ella, en cambio, piensa que tiene que ir a la peluquería de su amiga Olga María a que le ponga extensiones.
El ascensor baja dos plantas más. Y no pasa nada. ¿Se van a quedar ahí calladitos? Planta baja. Se abren las puertas. Ella sale. Tiene un culo y unas piernas de escándalo. Él se queda mirándola, hipnotizado, desde el ascensor.
-¿Por qué no le hablaste? -le pregunto. -No sabía qué decirle -me responde. -Cualquier cosa: hola, buenas, qué tal o algo romántico. No le hables del clima, tampoco caigas en charlas vulgares. Algo sutil, no sé, el protagonista del cuento eres tú. Ingéniate lo que sea. -Pero tú eres el escritor -me responde. -Bueno, hagamos una cosa. Voy a pensar qué puedes decirle, y mañana lo intentamos de nuevo. ¿De acuerdo? -De acuerdo. -Pero ahora sal ya del ascensor, que parece que el administrador de este edificio te ha contratado de ascensorista.
Al otro día, en el ascensor de nuevo. Ella lleva pelo largo y sus gafas de siempre, que tan bien le quedan. Él va trajeado, pero sin corbata; no sabe hacerse el nudo. Se lo hace cada día un compañero del trabajo antes de entrar a currar los dos.
-Prueba con decirle, hola. Empezaremos fácil.
Silencio total de mi protagonista.
-¡Échale huevos, coño, y dile al menos un hola! ¡Sólo eso! -No me atrevo. -¿Cómo que no te atreves? No te pido más por hoy, un simple hola y ya está, y así puede empezar un vínculo de amistad
Me responde que seguro que se va, a atragantar, o se le va la voz, o le entran ganas de estornudar. O... ¡su put...! ¡Pamplinas!
-Aunque mira por dónde no es ninguna pamplina. Estornudar, aunque forzado sea, es lo mejor que te puede pasar. Por lo menos ella te va a decir... 'Jesús'. -Pero puede pensar que soy un tonto. -Ya eres un tonto, no te animas a hablarle a una chica guapa que ves cada día en el ascensor. Venga, sólo te quedan seis segundos, aún no es tarde para decirle hola. Se va a dar cuenta de que eres muy tímido y va a sentir ternura. Seis segundos, cinco, cuatro tres, dos, uno... ¡Venga, va... hola!
Ella sale sin mirar atrás, y otra vez la misma historia.
-Hola.
Se lo dice cuando se ha alejado. Así la viese en trescientas mil plantas que haría lo mismo. ¡Jodeeeer!
-¡Eres un cagón! -le miro, airado.
Le tranquilizo y le digo que probemos de nuevo mañana, que hoy practique en el trabajo o en la noche en su casa. Que haga incluso algún viaje de prueba, que se meta en el ascensor con una muñeca hinchable y que pruebe decirle hola, y así va entrenándose. Que.... ¡qué me tiene loco ya!
Es miércoles, y mi pareja ya está en el ascensor. Casi me quedo dormido y me lo pierdo. Ahí está de nuevo ella, hoy está más guapa que nunca con un traje muy sexy. Seguro que está pensando en chicos. Él lleva su corbata en la mano. Ahí está, puede decirle que no sabe hacerse el nudo, y a ella le va a dar lástima y le va a comprender.
-Otra planta que te mantienes en un silencio sepulcral. -¡Cállate ya! -me dice, que no se puede concentrar.
Los dejo bajar tres plantas más. Le toco el hombro a él, sin hablarle. Otra planta. Toso. Planta baja. ¿Otra vez lo mismo? Ahí va ella con sus andares llamativos. Y ahí queda él, haciendo una excelente imitación de Don Tancredo.
A la otra mañana va ella sola en el ascensor. A él no le veo por ningún lado. Me asusto. Voy a su casa y lo veo tirado en el sofá. Le pregunto qué hace ahí y así y por qué no está en el ascensor. Me contesta que lo tengo agobiado, que no quiere hablarle, que es feliz así y que le deje en paz. Le repito que no puedo, que tengo que escribir mi cuento y que necesito que pase algo entre ellos dos para que esto sea un cuento, que haya diálogo, que se conozcan para llegar a una linda relación. Se queja de que nunca me pidió estar en mi cuento, que es tímido y que no quiere hablar en un ascensor a una chica, que aunque está buenísima no es motivo para que yo le obligue a conquistarla. Le digo que confíe en mí, que soy el escritor y que yo me voy a ocupar de que se fije en él, haga lo que haga.
Finalmente logro sacarle del sofá y hasta le hago el nudo en la corbata. Ahora está seguro de hablarle. Lo noto. Mañana será el gran día. Le dejo a su aire y le propongo vernos nosotros antes para reorganizar el tan ansiado encuentro que yo ya tengo pensado.
Al otro día se queda dormido, lo que hace que yo le espere directamente en el ascensor. Estoy mu nervioso. Quiero ver qué pasa. Ella ya está adentro, y el ascensor se acerca a su planta. Se abren las dos puertas, es el momento... Ella lo mira y sonríe. ¡Uy, uy!
-Tienes un moco ahí -le dice señalando la nariz.
Y allí estaba ese colgante verdoso debajo de su nariz amenazando mi cuento. Con lo que me había costado arrastrarlo hasta aquí... ¡y ahora un puto moco! Él se quedó mirándola perplejo con la boca abierta, pero sin decir nada mas, hasta que las puertas se cerraron, y él afuera y ella dentro.
'¿Y este es el fin de mi cuento? ¡No!', pensé mientras veía que el ascensor seguía hasta la planta baja. Ahora no podré recuperarle, y mi cuento se va a acabar por mor de un asqueroso moco, el cual no podía aparecer en otro momento. ¡Me cachisssss!
Busqué a mi hombre y lo encontré, pero no me quiso atender. Esperaba algo banal para bajar corriendo por las escaleras las veinte plantas. Algunas veces se disfrazaba para que no le reconociese, se ponía pelucas y bigotes falsos. Ella, en cambio, seguía cogiendo el ascensor como todos los días y con el mismo silencio. Un día la escuché decir: 'pobre hombre, se habrá asustado', y supe que, de haberle hablado, hubiese tenido una buena oportunidad.
Pasó un año así. Y no se volvieron a cruzar. Me enteré por un vecino que cambió de trabajo. Ahora trabaja en su casa confeccionando webs, lo que le permite no tener que salir a trabajar, y con su nueva ocupación podía evitarme a mí, a la chica y al cuento.
Un día finalmente lo hallé, le hablé y me habló. Disfrazado de guardia compraba un paquete de cigarrillos. Le acorralé contra la pared del estanco.
-¡Necesito el final de este cuento, y no puede acabar contigo yendo a comprar tabaco! Todo esto es un desastre!
De nuevo me pide que lo deje en paz, que no quiere seguir viviendo mi cuento, y que lo termine como me dé la gana. Le ruego que se lo piense, que se lo plantee, que ya pasó mucho tiempo y ahora eso del moco va a ser una anécdota graciosa. Le di la idea de que mañana apareciese en el ascensor con una enorme sonrisa en los labios y cuando se vean se van a reír a carcajadas. Después, hablarían sobre esto, y listo. Ya estaba plantada la semilla de la relación. No quedaba más que regarla cada día un poquito y crecería. Después de una discusión, aceptó si yo acabo mi cuento y lo dejo en paz. 'Trato hecho' , me dijo tendiendo la mano que, ansioso, estreché.
Al día siguiente, todo listo. Había cambiado radicalmente: bañado, peinado, afeitado y perfumado. No iba a ningún sitio, pero igual cogía el ascensor para verse con ella. Le hago el nudo en la corbata. Salió al pasillo, cerró la puerta y pulsó el verde que le llevaría al reencuentro. Movimientos se escuchaban, y ahí estaba él con los brazos abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja. Llega el ascensor y se abren las puertas: la chica no va en él. 'Se mudó ayer', me respondió el portero a una pregunta mía.
Vi por última vez la cara de desconcierto de él. Pero yo le dije que, al fin, tenía ya el final de mi cuento. Y Se lo agradecí con un apretón de manos y lo dejé solo. Pero me quedé mirándole unos pocos segundos y, por la expresión en su cara, parecía que estaba pensando en cómo sería el final que le anuncié.
Será de recibo por todos los foreros que componemos este foro de Literatura que las personas que entren por primera vez participen con comentarios, escritos, imágenes, vídeos... y con todo lo que vean de interés general, y no sólo se limiten a presentar sus proyectos. Gracias.
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Comentarios
Inglesa obstinación
Española resignación
ACHL
La mejor edad en la mujer
ACHL
Usan ellas los picardías,
porque son armas de valía
ACHL
El nuevo 007 Bond irresistible
es un agente secreto invisible
ACHL
Esto es un oro bíblico
a un panzazo olímpico
ACHL
A nuestro edificio llegó una vecinita nueva, y yo, como presidente que de la comunidad me presenté para explicarle las reglas de la vecindad. La chica era guapísima: morena, alta, de ojos grandes y con un culo, ¡oh!, pechos grandes y firmes y cara de muñeca. ¡Y caliente, que eso se veía! Tenía 19 añitos, y me dijo que era universitaria. Ese día vestía vaqueros muy ajustaditos y camiseta negra. Había traído a su nuevo piso una bicicleta estática, de esas bicicletas para mantenerse en forma. Se despidió de mí con un beso en la mejilla apretado y me dejó cliente perdido.
Pero, a los dos días, problemas. Porque resulta que durante las noches recibía a hombres en su casa. Las viejas del edificio eran quisquillosas y empezaban con sus cosas: "que si gente rara en los pasillos, que si los coches ocupaban todos los estacionamientos, que si tanto ruido". Mi esposa me dijo que antes que tuviera que soportar un desfile de vecinos protestando que se iba con su madre.
Un día llegué más tarde de lo habitual a mi casa y andaba en mi busca un tipo cuarentón. Cuando, al fin, nos vimos me preguntó por '"a chica que atendía".
"¡Ay, que la muñequita es putita", pensé.
Entonces, hablé con ella.
Vestía esta vez un traje ceñido con un generoso escote. "Lista para atender". Me rehuía mientras decía que sí, que se prostituía durante las noches para pagarse sus estudios universitarios. Seis meses llevaba en el oficio y ya se había mudado ocho veces de piso, por lo mismo, por los vecinos.
Le sugerí, por su bien, que "se lo hiciese" en otros sitios y que en lugar de recibir gente de fuera, se publicitase entre los vecinos del edificio. Me sonrió y me respondió que no era mala mi idea.
Súbitamente, alargó la mano derecha hasta mi miembro y me preguntó, con voz sensual y ojos pícaros: "¿quieres ser tú el primero del edificio en degustar los productos de mi negocio?".
Sin pensarlo, le bajé el escote y, dejando sus grandes pechos al descubierto, le chupé los mamelones. Después me llevó al sofá. Terminé de desnudarla y disfruté de lo lindo de su diminuto tanga. Se lo quité con los dientes y después saboreé su entrepierna, poblada de vellitos negros y rizados.
-¡Ay vecinito, esto no estaba incluido en el servicio! -me dijo.
Pero ya nadie, ni con pistola en mano, quitaba mi fogosa lengua de su encharcado pilón. Sobre la marcha poco a poco subía hasta sus pechos y le dije:
-¡Qué cuernecitos más afiladitos tienes, vecinita!
Me desvistió, y me hizo una felación. Para sólo tener 19 añitos, sabía bien cómo sacarle punta al lápiz. Más tarde nos fuimos a su cuarto: un auténtico burdel. Había instalado espejos en las paredes y el techo, y luces rojas y pantalla con canal porno. Me puso el forro, y primero misionero, perro después, y rematamos la faena con un sincronizado galope, mirándonos en los espejos.
-Vecinito, espero que me ayudes con los otros -me dijo, cuando "acabamos".
-No te preocupes, vecinita, te voy a ayudar y será nuestro secreto.
Y empecé a vestirme de nuevo, pero siguiendo ella sin soltarme mi miembro, como si lo quisiese para sí. Es que además de ser una preciocidad y con un buen cuerpo, era más lista que el hambre.
Pocos días después, acabó con la gente de fuera y empezó a "hacérselo" con los vecinos del edificio, incluido un abuelete, que parecía revivir. Las viejas remilgonas ni piaban ya, de lo bien que nos lo montábamos, teniendo nuestro propio burdel en el que gozábamos de un sexo joven y oculto, mientras la despampanante universitaria ganaba sus buenos dividendos. De hecho, 50 euros por barba, pero a todos les regalaba minutos extras. Y a mí por ser el presidente me lo hacía gratis varias veces a la semana. Es que yo la había ayudado en lo de la publicidad y le había comprado una docena de tangas, además de juguetes sexuales.
Los sábados por la noche nos reuníamos los vecinos puteros en el piso del único soltero del edificio, que mientras él "se lo hacía" con ella, los demás tomábamos unas cervezas, a la vez que veíamos el partido e fútbol en la tele. Las viejas pensaban que éramos unos fanáticos del fútbol. Y si las cosas se alargaba por más gente de la previstas, poníamos vídeos con el sonido más alto de antiguos partidos para despistar. Y para acostarnos con la guapa vecinita sorteábamos el orden y así dábamos morbo a la cosa.
Todos éramos sumamente discretos, y jamás llegó a oídos de ninguna esposa nuestros reiterados devaneos sexuales.
Y así, tres años. ¡Qué delicia! Me la tiré tanto que conocía cada palmo de su cuerpo, cada lunar, cada peca, cada pliegue de su increíble anatomía...
Ganó ella dinero y nuestra amistad. Cualquier problema y ahí estábamos todos nosotros. No tenía de qué temer.
El último año fue el no va más. Se implantó siliconas en los pechos e incluyó el griego en su ya amplio menú
¿Y saben por casualidad quién fue el primero en colarla en su ojete? Jajajajaja…
Mucho lo sentimos los vecinos puteros, con disgustos incluidos, cuando nuestro objeto del deseo más preciado terminó su carrera, se tituló y cambió de ciudad.
A Chávez López
Sevilla nov 2025
AMOR
Te llaman AMOR y de siempre vienes apropiándote de todo lo bello que palpita sobre la faz de la Tierra. Te aleas con la embriagadora fragancia que va soplando el viento para hacernos soñar. Estás en la gama de colores que las flores nos regalan en la primavera. Te dejas oír en los cantos de los grillos durante todos los anocheceres. Te conviertes en el murmullo del arrollo que pone música a la prosa de este eternamente enamorado, que en su nuevo mundo se quiere perder para siempre.
Eres el sabor de un abrazo que nunca puedes olvidar, eres el calor de un beso que se graba a fuego en el alma. Brillas en el destello de una mirada que se clava en el corazón, siempre. Eres el protagonista de las únicas historias que el mundo quisiera recordar. Si no existieras, no habría nacido éste, que se atreve a verter estas líneas sobre este papel para sincerarse contigo, sumándose a los elogios que has recibido, porque los que has de recibir, otros se sumarán, mientras aprovecho el abrazo que me das para decirte que para mí no llegas tarde, y para agradecerte el que me hayas curado las viejas heridas que había en mi corazón.
Podría escribirte hasta perderme en la lejanía de lo escrito y siempre tendría algo más que decirte. Nos conocemos desde que era niño, y en la mirada de mi madre te descubrí, y desde entonces quería ser tu amigo y caminar de tu mano por esa ruta desconocida, de la que me hablabas en mis sueños, pues sólo soñando podía verla. Me hiciste caminar a ciegas, mirando a través de tus ojos lo hermoso que era todo en el mundo irreal, donde la Luna dibujaba rostros y nombres que aceleraban mi corazón. El eco de las montañas me hablaba con una voz de mujer; los lagos y los mares azules les servían de espejo a los enamorados, mientras yo dejaba de ser niño sin conseguir despertarme. Ingenuo, no me daba cuenta de que empezaba allí un mundo de fantasías, que para toda la vida me apartaría del real, para seguirte a ti.
¡Cuántos brindis han hecho por ti, AMOR! Los animales te los hacen sin hablar. Las flores en tu nombre nos hacen sentir. Y hasta las olas del mar te cantan sin cantar.
¡Cuántos elogios te ha dedicado la humanidad, AMOR! Línea tras línea, escribiría cientos de ellos. Aunque nadie quiera leerlos es una manera de volver a desempolvar romances que rozaban la locura, y es que todo lo que tenga qué ver contigo no tiene relación con la cordura. Eso lo entendí desde el día que pronuncié por primera vez tu nombre, AMOR, y me encontré con que no eras el mismo que había conocido en brazos de mi madre.
Pero no te importaban mis años. Por tu cuenta me enfrentaste a pruebas que cambiarían mi vida y mi ser. Me pusiste, casi con los libros bajo el brazo, a los pies de una mujer. De cómo me hiciste sentir y por lo que pasé, qué te voy a contar a ti que tú no sepas de mí. Si eras tú mi flaqueza, y ella la causa de mi delirio, los dos habíais preñado mi interior de sueños jamás imaginados, para verme convertido en hombre mayor, vestido de niño, que se aislaba del mundo para no avergonzarse de sí y para pensar sólo en sus sentimientos, a la vez que daba riendas sueltas a una imaginación que llenaba mi cabeza de paisajes y escenas, sin ninguna conexión con la realidad.
Me has hecho desear todo lo que podía imaginar y guardar mis pasiones como un delito en el fondo de mis silencios. Me llevaste por una senda de un pueblo, cabizbajo, como anciano rechazando a sus amigos, despreciando mi edad y una vida que parecía haberse parado de repente para mí.
AMOR, ésta linda mujer, de ojos negros y labios carmesí, que yo podría ser su padre, me la has presentado con tu cara más dulce, y ya nunca puedo escapar de ella. Me tomaste como la diana de todas tus flechas perdidas, y entre las que me daban de lleno y las que me rozaban la piel, siempre ganabas tú, y me hacías preso de un AMOR que me abrasa las entrañas, que me sabe a miel, y me has apartado de otros que me dejaron un sabor a hiel. Me siento morir cada día para resucitar al día siguiente. Me has hecho rebosar de una felicidad eterna y a la vez te has permitido que me rebose entero.
Sonando a hueco mis pasos, retumbando el eco del silencio en mi mente me abjuro en sendas perdidas, entre el AMOR puro, buscando mis huellas que me ayuden a volver a empezar con el corazón ardiendo en mi pecho, y las reminiscencias macerando en mi cabeza tal locura, que de no llamarse AMOR serían la de un loco. Así, has ido haciendo de mí un romántico sin fecha de caducidad. AMOR, has conseguido que en mi interior nunca se haga viejo el adolescente, mientras se hace mayor el hombre que mira la gente.
Imprudente fui al confiar en que a mis años te conocía, para no caer de nuevo en tu red, pero hoy, reo de tus ardides, miro hacia atrás y veo que nada ha cambiado desde el día aquel que siendo un chaval me enamoré. Sé que tan sólo ha pasado el tiempo, y esto lo nota quien me ve, y hasta yo lo podría notar si en el espejo de la edad me quisiera ver. Pero, ¿para qué?, si poseído por ti, vuelvo de nuevo a ser el que antes fui. Mis sentidos se confunden, la fantasía sigue siendo mi mundo y no cuentan los años allí ni se apaga el volcán que ardía ayer como arde hoy. Yo que creía haber encontrado mi rincón, donde poner mi sillón para leer, escribir y tomar el sol. Yo que tenía, por fin, un espacio por mí elegido para buscar y rebuscar en mi memoria, me encuentro ahora con tu visita, tan inesperada como tan oportuna, y llegas para presentarme a una Bella Luna, con nombre de mujer, en un cielo azul, una Bella Luna que no conocía, pero que ya no puedo vivir sin ella ni tampoco sin su guía.
Dicen que del AMOR al odio hay un paso y que moran en la misma celda. Pues tú sabrás lo que has hecho con tu compañero de cuarto, porque no le conocí ni ganas en mí.
En tal caso, si un día odiase (lo dudo) a alguien sería a ti, pues sin respetar mis canas y burlándote de mí, has traído a mi calma ese dulce desasosiego, y a un corazón que latía sereno, lo has puesto a galopar. Un galope que retumba de nuevo en mis oídos, lo oigo como en años atrás. Si lo pienso me da miedo, por esto no lo quiero pensar y prefiero agradecerte eternamente que tú estés aquí, que tú me hayas vuelto a rescatar, que me traigas la inspiración a mi mente para contarle a mi Bella Luna todo lo que le quiero contar. Te pido, te ruego, te suplico que no te vayas, que sigas siempre vivo en mí.
Gracias, AMOR, por no respetar mis canas, gracias por no hacer caso a mi edad. Gracias por devolverme a mi sueño y no vuelva a soñar, y nada te agradecería más que no me dejaras nunca despertar.
Sevilla nov 2025
Buenos días de viernes 21 noviembre 2025
Será de recibo por todos los foreros que componemos este foro de Literatura que las personas que entren por primera vez participen con comentarios, escritos, imágenes, vídeos... y con todo lo que vean de interés general, y no sólo se limiten a presentar sus proyectos. Gracias.
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Buenas tardes de sábado 22 noviembre 2025
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Buenos días de domingo 23 noviembre 2025
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Santificado por la solterona de 5ºA
ACHL
Soy novato en esto de la Literatura, pero pretendo escribir un cuento. ¿Se animan a leer el prólogo y a ver si os gusta cómo empieza y un adelanto de cómo termina?
Y para ello, estrujándome al máximo el coco, planto una pareja (un chico y una chica) en un ascensor. No es una pareja formal, ellos no viven juntos, nada comparten, sólo un ascensor. No saben nada el uno del otro; de hecho, nunca se han hablado. Pero, al menos, son dos personas y dos años llevan viéndose cada día durante los 40 segundos eternos que tarda el ascensor hasta la planta baja.
Pero, ahora, silencio, vamos a escuchar lo que dicen o piensan...
'Dile algo', se dice él. Ella, en cambio, piensa que tiene que ir a la peluquería de su amiga Olga María a que le ponga extensiones.
El ascensor baja dos plantas más. Y no pasa nada. ¿Se van a quedar ahí calladitos? Planta baja. Se abren las puertas. Ella sale. Tiene un culo y unas piernas de escándalo. Él se queda mirándola, hipnotizado, desde el ascensor.
-¿Por qué no le hablaste? -le pregunto.
-No sabía qué decirle -me responde.
-Cualquier cosa: hola, buenas, qué tal o algo romántico. No le hables del clima, tampoco caigas en charlas vulgares. Algo sutil, no sé, el protagonista del cuento eres tú. Ingéniate lo que sea.
-Pero tú eres el escritor -me responde.
-Bueno, hagamos una cosa. Voy a pensar qué puedes decirle, y mañana lo intentamos de nuevo. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
-Pero ahora sal ya del ascensor, que parece que el administrador de este edificio te ha contratado de ascensorista.
Al otro día, en el ascensor de nuevo. Ella lleva pelo largo y sus gafas de siempre, que tan bien le quedan. Él va trajeado, pero sin corbata; no sabe hacerse el nudo. Se lo hace cada día un compañero del trabajo antes de entrar a currar los dos.
-Prueba con decirle, hola. Empezaremos fácil.
Silencio total de mi protagonista.
-¡Échale huevos, coño, y dile al menos un hola! ¡Sólo eso!
-No me atrevo.
-¿Cómo que no te atreves? No te pido más por hoy, un simple hola y ya está, y así puede empezar un vínculo de amistad
Me responde que seguro que se va, a atragantar, o se le va la voz, o le entran ganas de estornudar. O... ¡su put...! ¡Pamplinas!
-Aunque mira por dónde no es ninguna pamplina. Estornudar, aunque forzado sea, es lo mejor que te puede pasar. Por lo menos ella te va a decir... 'Jesús'.
-Pero puede pensar que soy un tonto.
-Ya eres un tonto, no te animas a hablarle a una chica guapa que ves cada día en el ascensor. Venga, sólo te quedan seis segundos, aún no es tarde para decirle hola. Se va a dar cuenta de que eres muy tímido y va a sentir ternura. Seis segundos, cinco, cuatro tres, dos, uno... ¡Venga, va... hola!
Ella sale sin mirar atrás, y otra vez la misma historia.
-Hola.
Se lo dice cuando se ha alejado. Así la viese en trescientas mil plantas que haría lo mismo. ¡Jodeeeer!
-¡Eres un cagón! -le miro, airado.
Le tranquilizo y le digo que probemos de nuevo mañana, que hoy practique en el trabajo o en la noche en su casa. Que haga incluso algún viaje de prueba, que se meta en el ascensor con una muñeca hinchable y que pruebe decirle hola, y así va entrenándose. Que.... ¡qué me tiene loco ya!
Es miércoles, y mi pareja ya está en el ascensor. Casi me quedo dormido y me lo pierdo. Ahí está de nuevo ella, hoy está más guapa que nunca con un traje muy sexy. Seguro que está pensando en chicos. Él lleva su corbata en la mano. Ahí está, puede decirle que no sabe hacerse el nudo, y a ella le va a dar lástima y le va a comprender.
-Otra planta que te mantienes en un silencio sepulcral.
-¡Cállate ya! -me dice, que no se puede concentrar.
Los dejo bajar tres plantas más. Le toco el hombro a él, sin hablarle. Otra planta. Toso. Planta baja. ¿Otra vez lo mismo? Ahí va ella con sus andares llamativos. Y ahí queda él, haciendo una excelente imitación de Don Tancredo.
-sigue y termina en página siguiente-
A la otra mañana va ella sola en el ascensor. A él no le veo por ningún lado. Me asusto. Voy a su casa y lo veo tirado en el sofá. Le pregunto qué hace ahí y así y por qué no está en el ascensor. Me contesta que lo tengo agobiado, que no quiere hablarle, que es feliz así y que le deje en paz. Le repito que no puedo, que tengo que escribir mi cuento y que necesito que pase algo entre ellos dos para que esto sea un cuento, que haya diálogo, que se conozcan para llegar a una linda relación. Se queja de que nunca me pidió estar en mi cuento, que es tímido y que no quiere hablar en un ascensor a una chica, que aunque está buenísima no es motivo para que yo le obligue a conquistarla. Le digo que confíe en mí, que soy el escritor y que yo me voy a ocupar de que se fije en él, haga lo que haga.
Finalmente logro sacarle del sofá y hasta le hago el nudo en la corbata. Ahora está seguro de hablarle. Lo noto. Mañana será el gran día. Le dejo a su aire y le propongo vernos nosotros antes para reorganizar el tan ansiado encuentro que yo ya tengo pensado.
Al otro día se queda dormido, lo que hace que yo le espere directamente en el ascensor. Estoy mu nervioso. Quiero ver qué pasa. Ella ya está adentro, y el ascensor se acerca a su planta. Se abren las dos puertas, es el momento... Ella lo mira y sonríe. ¡Uy, uy!
-Tienes un moco ahí -le dice señalando la nariz.
Y allí estaba ese colgante verdoso debajo de su nariz amenazando mi cuento. Con lo que me había costado arrastrarlo hasta aquí... ¡y ahora un puto moco! Él se quedó mirándola perplejo con la boca abierta, pero sin decir nada mas, hasta que las puertas se cerraron, y él afuera y ella dentro.
'¿Y este es el fin de mi cuento? ¡No!', pensé mientras veía que el ascensor seguía hasta la planta baja. Ahora no podré recuperarle, y mi cuento se va a acabar por mor de un asqueroso moco, el cual no podía aparecer en otro momento. ¡Me cachisssss!
Busqué a mi hombre y lo encontré, pero no me quiso atender. Esperaba algo banal para bajar corriendo por las escaleras las veinte plantas. Algunas veces se disfrazaba para que no le reconociese, se ponía pelucas y bigotes falsos. Ella, en cambio, seguía cogiendo el ascensor como todos los días y con el mismo silencio. Un día la escuché decir: 'pobre hombre, se habrá asustado', y supe que, de haberle hablado, hubiese tenido una buena oportunidad.
Pasó un año así. Y no se volvieron a cruzar. Me enteré por un vecino que cambió de trabajo. Ahora trabaja en su casa confeccionando webs, lo que le permite no tener que salir a trabajar, y con su nueva ocupación podía evitarme a mí, a la chica y al cuento.
Un día finalmente lo hallé, le hablé y me habló. Disfrazado de guardia compraba un paquete de cigarrillos. Le acorralé contra la pared del estanco.
-¡Necesito el final de este cuento, y no puede acabar contigo yendo a comprar tabaco! Todo esto es un desastre!
De nuevo me pide que lo deje en paz, que no quiere seguir viviendo mi cuento, y que lo termine como me dé la gana. Le ruego que se lo piense, que se lo plantee, que ya pasó mucho tiempo y ahora eso del moco va a ser una anécdota graciosa. Le di la idea de que mañana apareciese en el ascensor con una enorme sonrisa en los labios y cuando se vean se van a reír a carcajadas. Después, hablarían sobre esto, y listo. Ya estaba plantada la semilla de la relación. No quedaba más que regarla cada día un poquito y crecería. Después de una discusión, aceptó si yo acabo mi cuento y lo dejo en paz. 'Trato hecho' , me dijo tendiendo la mano que, ansioso, estreché.
Al día siguiente, todo listo. Había cambiado radicalmente: bañado, peinado, afeitado y perfumado. No iba a ningún sitio, pero igual cogía el ascensor para verse con ella. Le hago el nudo en la corbata. Salió al pasillo, cerró la puerta y pulsó el verde que le llevaría al reencuentro. Movimientos se escuchaban, y ahí estaba él con los brazos abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja. Llega el ascensor y se abren las puertas: la chica no va en él. 'Se mudó ayer', me respondió el portero a una pregunta mía.
Vi por última vez la cara de desconcierto de él. Pero yo le dije que, al fin, tenía ya el final de mi cuento. Y Se lo agradecí con un apretón de manos y lo dejé solo. Pero me quedé mirándole unos pocos segundos y, por la expresión en su cara, parecía que estaba pensando en cómo sería el final que le anuncié.
A Chávez López
Sevilla nov 2025
Buenos días de lunes 24 noviembre 2025
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Un abrazo es como un lazo
ACHL
Pues el grande, ¿quién si no?
ACHL
Para hacer cama redonda Arturo Mas,
Carmen Forcadell y Carlos Puigcabrón
ACHL
Y me dijo en serio ese fantoche
que aguantaba toda la noche
ACHL
que el perro y el gato se llevan mal
ACHL
Es tan hortera ese teléfono móvil
que te deja patidifuso e inmóvil
ACHL
El pan y la cerveza
no faltan en su mesa
ACHL
Buenas tardes de martes 25 noviembre 2025
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Buenas tardes de miércoles 26 noviembre 2025
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del tipo original. Adivinen ustedes
ACHL