Yo no sé lo que sueñan los ciegos.
Encadenados a la retina
de lo invisible,
deletrean impávidos el repicar de la lluvia en las ventanas.
Les siento como almas de días enteros,
agotados de sombras:
miden su tiempo en los ecos sonoros de la palabra.
Es jazmín de jardín,
es goce de roce,
es infinito matiz de sabor.
Sonidos que arrullan sentidos.
Y juegan entre ellos a definir la realidad,
solapándose,
acompasando la noche perpetua
en imágenes imposibles.
Comentarios
No puedo evitar reflexiones como las que planteas en tu poema, aunque a mi mente llegan más pragmáticas y menos bellas, obviamente. Es por eso por lo que me encanta, porque has ilustrado mis mismas reflexiones espontáneas con magistral estética literaria, ya más repasada y trabajada.
Además, la rima ligera y el ritmo de timbre, sobre todo al final, le otorga un buen aliciente sonoro al poema. Genial.
¡Nos leemos!
Un saludo.
Lo de "ecos sonoros", creo que deberías trabajarlo. Desde mi punto de vista es una reiteración.
Creo que tienes un buen poema, pero si le das una vuelta, lo dejas reposar y vuelves a él con calma, creo que todavía puedes extraerle algo de jugo y conseguir un gran poema.
Según la perspectiva que adopte el lector, "ecos sonoros" puede resultar una redundancia o un epíteto, o incluso una paráfrasis. Se puede interpretar como que has decidido escribir la palabra "sonoros" con el fin de reincidir en la intensidad de la imagen de los ecos. De cualquier modo, si aun dicho esto sigue sin convencerte, siempre tendrás la pluma a mano.
¡Saludos!