Yendo por melancólico sendero
vi un clavel coronado ser arena;
la caléndula, planta de mi pena,
relente revelárseme de enero,
y lo que por jardín tomé sincero
mustio despojo roto de azucena;
incluso andar creí en noche serena
viento esta ensordeciéndola altanero.
A esto, la avizoré lejana a Ella
mostrando tal emanación de albura
que pasos avivé a su compañía,
mas, queriendo tocar cintura bella,
fueron mis manos ceniza, ¡oh locura!,
que en verdad era yo quien no existía.
Comentarios
saludos