Se despertó preguntando por aquella sombra que desconocía, mirando por la ventana, los colores saturados del inmenso mar enfurecido, el frío que calaba sus huesos y esa pequeña letanía de sonidos obligados a dar los buenos días de mala gana.
La noche se le escapo entre tenues rayos de luz y un cielo enfadado, se difuminaron los sueños que dedicaron la noche a zurcir en su estomago deseos pasados y cosas que vendrán, añoranzas de una felicidad especial, de la que no se tiene todos los días, de la que necesita de alguien para poder llegar a ser realidad.
Envuelto en una colcha de tonos rojizos, la noche aun alimentaba las sombras y una niña de ojos negros lo miraba desde la pared de la habitación, habían compartido tanto ya, que la constante mueca de felicidad que brillaba todos los días en su mirada, se le antojó tan triste como aquel pequeño punto singular de soledad que habitaba en su corazón, alimentando de tanto en cuando de alguna felicidad perdida, tan pesado, que ni la luz de del día podía escapar de el.
Movió los dedos descalzos sobre la fría madera y echó una furtiva mirada a la calle, el mar seguía furioso cuando sintió unos brazos tras el, le envolvieron en un abrazo cálido de los que no piden nada a cambio, mas que respetar el silencio que les acompaña, inmóvil cerro los ojos y algo corrió por sus mejillas, nisiquiera quiso pensar a quien podrían pertenecer, solo se dejó envolver por aquel sueño, de todos es sabido, que el reloj solo nos despierta cuando no queremos saber nada de el.
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Lilitu