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Mériac, un vampiro con alma. Capítulo 11: El camino de los dones

ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
editado julio 2010 en Terror
[FONT=&quot]EL CAMINO DE LOS DONES[/FONT]
Sentada, desanimada, así se encontraba Mériac. Horas y horas de arduo trabajo sin ningún avance visible. Nicolás no dejaba de empujarla y presionarla.
—Concéntrate en lo que haces, mocosa.
El sudor sanguinolento cubría su frente. Mover las cosas con solo desearlo, parecía sacado de las revistas japonesas que leía.
—Tienes que poner más empeño, no puedo presentarte ante la familia hasta que tengas conocimientos mínimos sobre nuestro legado.
Miró el jarrón y usó toda su fuerza de voluntad para moverlo, aquello era como tratar de golpear el aire; el jarrón vibró un poco, pero fue todo lo que hizo. Ella sonrió y giró el rostro en busca de la aprobación de su mentor, pero sólo encontró una mirada desaprobatoria.
***

Es extraño, pero en una ciudad grande, incluso a elevadas horas de la noche puede verse gente caminando por las calles, aquella pareja avanzaba sin temor, con parsimonia de señores; Mériac vestía muy diferente a como solía hacerlo: un pantalón de casimir color café claro, sin bolsillos y que llegaban por debajo de sus tobillos, una blusa color azul pastel cubierta con un saco del mismo color que los pantalones. El cabello recogido, era un peinado elaborado a manera de chongo; una de las sirvientas había puesto todo su empeño en hacerla ver a la altura de Nicolás. Por primera vez en toda su vida, usaba zapatos de tacón, no era un tacón muy alto —apenas cuatro o cinco centímetros—, sin embargo era suficientemente para hacerla caminar de una manera extraña, cosa que molestaba a Nicolás.
—Comprende que es la primera vez que uso estas cosas —arguyó Mériac a manera de excusa—, además, esta no soy yo, usted me conoció de playera y vaqueros; no veo por qué ahora me quiere cambiar por una muñeca de aparador.
Nicolás detuvo su marcha de golpe, giró lentamente la cabeza hacia la derecha para mirar a los ojos a su interlocutora, en sus ojos había un dejó de tedio y frustración.
—Escucha bien —advirtió con severidad—, mientras estés bajó mi tutela vestirás como yo te lo indique; eres mi crianza y deberás estar presentable de una manera digna.
—No me parece justo —musitó por lo bajo.
—En realidad, no me importa lo que pienses o creas —repuso molesto reanudando su marcha—, una vez que seas liberada de mi tutela, podrás vestir como pordiosera de nuevo si es ese tu deseo. Pero, por el momento, estas son las reglas que obedecerás.
Mériac resopló furiosa, el modo de actuar de Nicolás le recordó a Mario, su antiguo jefe, desde que inició su trabajo en esa empresa, se le obligó a vestir un uniforme color azul oscuro, un gafete con su nombre, un número, una foto y el puesto al cual había sido asignada, un moderno grillete, como ella solía llamarlo.
A lo lejos vieron a una persona dirigirse a ellos, Nicolás la sujetó del hombro para detenerla, acercó su cabeza para susurrar a los oídos de Mériac.
—Es tu primera vez. No es un sirviente, no es necesario que lo mates, sólo toma un poco de sangre, un litro será suficiente.
Ella frotaba sus manos de manera nerviosa.
—Recuerda bien esto Mériac: la vida de esa persona dependerá que tan bien lo hagas; si fallas, tendré que exterminarlo y será tu culpa.
***

El cuerpo yacía sin vida. Arrodillada frente él se encontraba Mériac, llorando amargamente; durante la caza los nervios traicionaron a la joven preternatural, delatándose frente al humano. Nicolás tuvo que darle fin a la existencia de la desafortunada víctima.
—Deja de llorar, eso no lo va a revivir, té advertí que debías ser cuidadosa; ese hombre debería estar vivo, ¡tu descuido fue causal de su muerte!
—Hice lo posible —se disculpó Mériac.
—Hacer lo posible no es suficiente —lo señaló con su dedo—. Míralo Mériac, está muerto, sin vida; tenía un futuro que tú cortaste, obsérvalo bien.
Nicolás sacó la cartera, para mostrar la identificación a Mériac.
—Mira, tenía nombre, una vida y familia. Mériac, tu descuido asesinó a este hombre, ahora es un cuerpo vacío —su voz era más fuerte— mira las consecuencias de tus actos, no puedes ser descuidada, porque tus errores costarán vidas.
Dejó caer la cartera frente a ella.
—Toma el dinero y las tarjetas de crédito, vamos a usarlas.
Miró extrañada a su sommelier; iban a robarlo ahora muerto, como vulgares ladrones.
—Pero eso es...
—Mériac deja las estupideces para después, este hombre no pudo haber muerto por nada; debe de haber un móvil o resultaría sospechoso que lo asesinaran sin causa alguna.
—Pero eso ¿Qué importa? —repuso intrigada.
—Importa y mucho, porque hay que cubrir a nuestra sociedad ¿No lo entiendes aún? Nadie debe de saber que existimos, si por alguna razón alguien se llega a enterar por tu culpa, yo personalmente me encargaré de acabar con tu existencia.
***

Esa noche había sido buena. Los logros en la dominación de humanos avanzaban bien; pero eso era lo sencillo, el Arcano era el problema, un legado procedente de la sangre de Kirthegihian que corría por las venas de la familia de Nicolás. No podía siquiera mover un jarrón de doscientos gramos.
Muchos de los neonatos tenían sus logros en telekinesia en la mitad del tiempo que llevaba Mériac intentándolo. Su presentación ante el clan había sido pospuesta dos veces por los fracasos de la recién convertida.
Esa noche conoció por primera vez a Mónica Vélez, matriarca de la familia. Cada familia vampírica tiene sus jerarquías, que van desde el Gran Consejo, pasando por los urieles hasta los regentes. Un regente reina sobre una ciudad y su voz es ley, es el único que puede autorizar el nacimiento de nuevos vampiros y de los exterminios —como llamaban al terminar con la existencia de aquellos preternaturales que consideraban fuera de sus reglas—. Cada ciudad cuenta con representantes de cada una de las familias ante el Regente, llamados patriarcas o matriarcas.
Llegó con toda la parafernalia propia de su rango. Nicolás no esperaba la presencia de Mónica en su casa.
—Mi señora, esta humilde casa se llena de orgullo y honor ante su presencia.
Pasó de largo a Nicolás para dirigirse a Mériac, barrió a la joven. Su escrupulosa mirada parecía escrutar hasta sus más profundos pensamientos, miedos, sentimientos y alegrías. Si la mirada de Nicolás era intimidante, la de esta mujer era asesina; desmenuzar era lo que hacía con esos ojos verdes esmeralda.
—Así que tú eres la mocosa que no ha sido presentada por su incompetencia —comentó con desden.
Solo asintió con la cabeza.
—Su Excelencia, si me permite comentar —esperó el permiso de Mónica, la cual asintió de manera casi invisible— es cierto que el arcano es un poco difícil para ella, pero la dominación y la Percepción Extrasensorial es una de las...
—No me importan esos legados de vulgares vampiros. El Arcano es nuestro sello, el legado más preciado que nuestro ancestro logró despertar, las antiguas artes de la Diosa Oscura de Sippar. Nicolás, tienes hasta dos lunas llenas; si esta mocosa no lo consigue, yo misma daré fin a su existencia.

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Continúa en el siguiente mensaje de este hilo ...

Comentarios

  • ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
    editado julio 2010
    ... continúa del mensaje anterior.

    ***
    ***

    —¿Es que no entiendes? —Nicolás estaba fuera de sí—, faltan dos semanas y aún no lo consigues, Mónica te eliminará.
    —Y eso qué importa, si tú ya me mataste —reclamó llena de odio.
    Sus errores en las cacerías ya eran cosa del pasado; algunas ocasiones ocurría algún accidente donde alguien perdía la vida, pero el problema seguía siendo el mismo, no podía mover el jarrón.
    —¡No puedo, no puedo y no puedo, eso es imposible! —gritó llena de frustración.
    —Maldita seas, ¿cómo es posible haberme equivocado contigo? Pero si estaba seguro que eras tú ¿Cómo demonios creí que tú nos destruirías? si no puedes hacer algo tan simple que cualquier neonato por más imbécil que sea logra en la mitad del tiempo que llevas intentándolo.
    —¡Pues su error jodió mi vida! —repuso molesta, casi al punto del llanto.
    —Debería acabar contigo ahora mismo y evitar todo este desperdicio de tiempo.
    Mériac miró con miedo a Nicolás, este sólo señaló la puerta. Para que lo dejara solo.
    —No sólo usted está arrepentido, mi vida iba a cambiar ese día, recibí una carta de una fundación para la IA.
    No le tomó ni dos segundos dejar el sillón y estar frente a Mériac, sacudiéndola con violencia.
    —¿Qué fundación? —preguntó con vehemencia.
    —¿Yo que sé? —respondió con desgano—, una fundación gringa que me quería para un proyecto de redes neuronales junto con Hardware, pero ¿qué más da en estos momentos?
    Giró a la joven, dejándola frente al jarrón.
    —Vas a mover ese jarrón ahora o te drenaré aquí mismo, me tragare tu alma si no lo haces —conminó con autoridad.
    El resultado fue el mismo.
    —¡Escúchame bien mocosa imbécil, deja tus miedos, sé quién eres!, deja de reprocharte el ser menos bonita que tu hermana y acepta tu nueva existencia. Ve el jarrón, tómalo con tus manos siente su textura, muévelo. Deja tus estúpidos sentimientos a un lado, puedes hacerlo.
    Extendió sus manos y cerró sus puños. Durante unos minutos sintió el aire entre sus dedos, pero poco a poco fue sintiendo algo duro en el vacío de sus manos. Movió su mano hacía la derecha y el jarrón tembló.
    —¡Vamos mocosa ya lo tienes, siente el jarrón entre tus manos!
    Puso su mano frente a la otra, logró percibir la textura y dureza de la cerámica; como si en realidad estuviera en sus manos. Levantó los brazos, el jarrón comenzó a moverse. Juntó las manos y los trozos de cerámica cayeron, junto con ella en el piso.
    —¡Muy bien!, mañana lo volveremos a practicar, hasta que lo domines.
    Ella no lo notó, pero un atisbo de satisfacción se manifestó en los labios de Nicolás durante unos segundos.
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