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Mériac, un vampiro con alma. Capítulo 6: Abrazando la vida

ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
editado febrero 2011 en Terror
Llevaban cerca de una semana en Guadalajara; los contactos de Nicolás en el viejo mundo habían desaparecido el cuerpo y todo rastro de posible agresión. Nadie preguntó por la desaparición de aquel hombre, como si nunca hubiera existido. Sin embargo, todas las noches despertaba sobresaltada y bañada en sudor frío. No podía olvidar el rostro de aquel extraño, del cual ni siquiera conoció su nombre.
Creo que debo ir con el psicólogo…, sí, claro, voy a decirle: Hola Doc, verá, tengo un problema, no duermo bien, tengo muchas pesadillas que me despiertan a medianoche angustiada y llena de terror, ¿cree usted qué tendrá algo que ver con el hombre que asesine en París después de injerir una extraña droga en una botella de vino?, ¿o... será causa de alguna frustración sexual de mi infancia?
Su corazón estaba agitado; no lo podía ocultar, tenía miedo, mucho miedo. Había matado a un hombre, la policía parisina no tardaría en hacer investigaciones, tarde o temprano darían con ella o Nicolás; no estaba segura de si su mecenas tendría el suficiente poder económico para apaciguar las leyes en el lejano y viejo mundo; había visto la manera de gastar de su Nicolás, sin el menor miramiento, en verdad tenía mucho dinero, pero… ¿tendría el suficiente como para poder aplacar a la ley?
Se puso en pie y decidió abrir la tienda al ver la hora en el reloj.
***

—Te ves muy mal —comentó con cierta preocupación Sofía.
—No he dormido bien —respondió Mériac con un bostezo.
—Extrañas el viejo mundo, más de un mes allá y sólo me trajiste una playera y un llavero —agregó Beto molesto.
—Tienes razón, pero no me decidía entre el llavero o la playera; así que decidí ser generosa y traerte ambos.
Ninguno de los dos sabía que esa misma noche que partió había conocido a Nicolás, les comentó que era un amigo de un chat en Internet. Ella misma se sorprendía de haber salido a un viaje tan largo con un desconocido y ahora tenía una necesidad ingente de verle, estar a su lado, dicha necesidad le impelía a llamarle para conversar.
Tras revisar su correo electrónico, en una de sus cuentas vio un mensaje de un dominio que alegro su alma.
—Beto, te encargo el negocio.
Se dirigió a la habitación. Como si su vida de ello dependiera bajó casi de un salto las escaleras que conducían al sótano convertido en habitación, encendió la computadora y abrió una terminal, tras hacer un par de brincos en diversos servidores encontró el correo que buscaba.
***

Estimada señorita Zarparopak:
O quien usted sea. Sabemos que no vive en Kenia y que ni su padre es birmano con ascendencia Checa y ni su madre judía de padres noruegos. Asimismo, dudamos que haya cursado su carrera en Budapest. Pero al revisar los exámenes que realizó en nuestra página (que por cierto también dudamos que se haya conectado desde Tanzania), notamos que tiene un potencial muy grande para la computación y el desarrollo de redes neuronales así como el trabajo con hardware.
En caso de interesarle, le estamos ofreciendo una Beca en una de nuestras instalaciones en el CEAIA (Centro de Estudios Avanzados en Inteligencia Artificial) el cual dignamente me sirvo en dirigir.
Esperamos su pronta respuesta.

Jessica Miller
Directora General del CEAIA

—¡Cielos! —gritó llena de júbilo—, esta es una gran oportunidad, tendré que pensar seriamente en pasarme de la ilegalidad a la legalidad, pero tengo algo de tiempo para pensar eso.
Lo que ella no sabia es que su tiempo no pasaría de esa noche, no habría ya un mañana.
***

Cerró la tienda y decidió ir a cenar. No había comido desde las dos de la tarde, ya era entrada la noche. Avanzó por la calle, se detuvo en un puesto de tacos al pastor y carnaza, los cuales devoró con avidez. El clima era ideal para caminar por la avenida un rato antes de refugiarse en su habitación; Nicolás había advertido que no debería de hacer contacto con él, hasta que fuera seguro, los días se volvían una eternidad y esa llamada que esperaba no llegaba.
Sentada en una banca del camellón en Avenida Chapultepec, jugaba con su PDA mientras escuchaba algo de la música nueva que había bajado unos días antes de Internet.
Su mirada se iluminó y una sonrisa asomó a sus delgados labios. La pantalla de la PDA brillaba con el letrero “Saludos, tienes un nuevo correo de Nicolás”.
Sin pensarlo abrió su cuenta de correo y buscó en su carpeta de nuevos el mensaje tan esperado. El cuerpo del correo electrónico era: “nos veremos en Centro Magno en una hora”.
Guardó el dispositivo en su bolsa, se levantó buscando un taxi libre. Como siempre, hubo de esperar un rato, nunca había uno disponible.
***

Corrió entre la multitud, empujando algunos, esquivando a otros; lo había visto del otro lado de la fuente, sin esperar que la viera corrió a su encuentro tan rápido como pudo. Parecían años desde la última vez que lo vio y ahora lo tenía de nuevo cerca.
—¿Dónde habías estado? —sonó más reclamó que pregunta, mientras lo abrazaba con fuerza.
—Resolviendo los asuntos que dejamos atrás. No te preocupes, nadie te implicará en lo de París.
Durante horas conversaron sobre esos días. Nicolás parecía muy interesado en todo lo que pudiera decirle sobre ese sujeto; para sorpresa de ella, los recuerdos aparecían de una manera tan fluida como si los acabara de vivir, incluso con mayor lujo de detalles, la voz de Nicolás parecía tener ese efecto relajante necesario para poder evocar todas sus memorias; cada nota emitida abría su mente para tener esos momentos que parecían haberse borrado, como si los armónicos fueran ondas alfa que estimulaban directamente su hipotálamo, al grado de tener todas esas reminiscencias como si los estuviera viviendo en ese momento. Recordó que lo había visto un par de días antes en una pizzería y en un café. Era curiosa la forma en que los recuerdos se acomodaban para darle un panorama de lo ocurrido.
—Es como si mis pensamientos fueran una película y yo pudiera verla desde varios ángulos. Ese tipo me había estado siguiendo desde que llegamos a Italia, sólo que no me había percatado de ello; me advirtió que tuviera cuidado de las criaturas de la noche.
—Iremos a mi casa, es tiempo de aclararte algunas cosas, pero aquí no puedo hacerlo.

***************
Continúa en el siguiente mensaje de este hilo...

Comentarios

  • ValakyaValakya Pedro Abad s.XII
    editado julio 2010
    ... Continúa del mensaje anterior.
    ***

    Cuántos recuerdos de aquella biblioteca, ahora parecía un poco más grande y majestuosa que la primera vez; tenía en sus manos una taza de café uruguayo, con una mezcla de mate. Miraba extasiada a Nicolás, agradecía a Dios que lo hubiera puesto en su vida.
    Dio un sorbo largo y prolongado al café; el aroma del grano combinado con las hierbas del mate resultaba embrujante, sus sentidos apreciaban aquella infusión así como su sistema nervioso, ahora ya un poco más relajado; nunca había conocido una mezcla arábiga tan suave pero con un efecto tan relajante, ella necesitaba grandes cantidades de cafeína para poder llegar a ese estado, ahora apenas con un par de tragos, se había relajado, en esta ocasión sí tendría que romper el protocolo y preguntarle acerca de la mezcla.
    —Mériac... ¿Crees en el destino? —inquirió Nicolás ausente.
    La pregunta tomó por sorpresa a la joven.
    —Bueno… siempre he creído que uno es dueño de su destino... mmmm. No me agrada mucho el pensar que hay alguien que controla mi vida.
    —Hace muchos años me confiaron algo; yo estaba en una expedición en el norte de África cuando conocí a una persona —hizo una gran pausa como si meditara con sus propias palabras—su nombre no importa, pero me mostró varías cosas que quizás no debí ver.
    La pausa que hizo le pareció eterna, era como si buscara entre sus recuerdos la forma de poder explicarle aquel secreto que tan profundamente guardaba.
    —Vi un sino aciagado, el destino de los míos amenazados por una fuerza tan ridícula que ninguno de nosotros haría algo para detenerla.
    —No entiendo… quieres que te ayude…
    La mirada de Nicolás era diferente, intimidante a tal grado que el café escapó de sus manos, el terror fue tal que no sintió siquiera el ardor de la bebida en sus piernas.
    —Vi a una criatura tan patética y ridícula destruirnos como moscas.
    Se abalanzó sobre ella, colocando sus manos contra los descansabrazos, aprisionándola entre el sillón y su rostro.
    —Dime pequeña Mériac, nunca has sentido curiosidad de por qué siempre recibías los maestros más duros que lograban sacar lo mejor del estudiante que eras. Nunca te has preguntado cómo escapaste de aquel maldito desgraciado que pretendía violarte y después asesinarte en ese solitario estacionamiento.
    Trató de moverse pero no podía. La mirada de Nicolás tenía su cuerpo petrificado, tan cerca que le pareció raro no sentir su aliento; Nicolás se irguió de nuevo, dejándola libre del mueble y de su perturbadora mirada.
    —Pero sobre todo pequeña Mériac, tú que nunca te habías sacado ni un solo premio en la vida, compras dos boletos de lotería y te ganas una buena cantidad de dinero mmm… que era el 258,697 y el… 56,873 ése fue el bueno ¿verdad? —preguntó con una sonrisa que estremeció a Mériac.
    Sin pensarlo se puso en pie, estaba en problemas; ese tipo la había estado cazando y no se había percatado de ello. Corrió hacía la puerta, pero Nicolás ya estaba en ese lugar.
    —¿Có… mo? Nadie puede… mo—verse así de rá—pido.
    Su mano la sujetó del cuello con tal fuerza que casi le rompe la tráquea.
    —Violaste la seguridad de mi servidor, después de muchos intentos, pero al final de cuentas lograste entrar, dime, ¿te gustó lo que viste ahí? —preguntó con desprecio.
    —Sólo… vi... Cuentos de vam...piros, esperaba… encon…trar algo más impor...tante.
    —¿Cuentos de vampiros? Ja-ja-ja —su risa golpeó como un martillo la cabeza de Mériac—, ¿eso es lo que crees que son? No Mériac, resulta que es la historia de mi especie, de mi estirpe.
    Sus ojos castaños mostraban todo el miedo que su alma sentía, soltó su cuello, dejándola caer como títere sin hilos.
    —Eso es imposible, los… cof cof… —tosió durante unos segundos—…vampiros no existen.
    Se colocó en cuclillas frente a ella, presa del miedo, sólo atinó a recularse contra un librero, pretendiendo evadir la presencia de ese, ahora, extraño.
    —¿Qué no recuerdas cuando bebiste el vino? Toda esa fuerza fue producto de haber bebido mi sangre.
    Con gran trabajo se puso en pie, pero las piernas le flaqueaban, no tenía fuerzas para mantenerse erguida.
    —El efecto de la mandrágora está haciendo su trabajo, morirás en un par de minutos.
    ***

    Toda su vida pasó ante ella. No podía creer que esa noche moriría, que su última cena, en lugar de ser una rica pasta con tinto, había sido dos hot dog y un refresco de cola.
    —Por favor... —suplicó llorando—no quiero morir.
    Abrazó la pierna de Nicolás.
    —Es tarde Mériac, el veneno no es reversible —comentó con amargura— no podía arriesgarme a que eliminaras mi estirpe —exclamó con un dejo de nostalgia.
    —Por favor… yo te amo… eras la única persona… en que confiaba, no me dejes morir Nicolás.
    Un atisbo de piedad brotó en los ojos del perpetrador.
    —Si quieres vivir, la única forma sería unirte a mí, ser parte de un reino de oscuridad, arriesgarte a perder todo lo que posees, pero vivir y quizás algún día alcanzar el perdón ¿Eso es lo que quieres Mériac?
    —Quiero vivir.
    Nicolás tomó por la nuca el cuerpo ya casi desvanecido, arqueó el cuello y la mordió.
    ***

    El placer de la mordida fue sublime, era como un escalofrío que recorría su cuerpo llevándola a un éxtasis que sólo había sentido una vez en su vida; el recuerdo de esa mordida ya lo había sentido durante un sueño, Nicolás la había estado observando desde hacía muchos años, al parecer ya se había alimentado de ella más de una vez. Al separarse de ella, sentía su cuerpo en el umbral de dos mundos.
    Con la sangre manando de sus labios, Nicolás le hizo una última oferta.
    —Dime Mériac, ¿quieres vivir en las sombras o morir como una hija de Dios?
    —Quiero vivir… —musitó agonizando.
    —Entonces Mériac Duval …—abrió su muñeca y la sangre de Nicolás fluyó por la garganta de Mériac—… vivirás para siempre.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    ahh, se volvio vampiro tambien, que sustico.:eek::cool:;):rolleyes:
  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2011
    Guaaauuu!!!:eek::eek:
    Me he leido los seis capítulos de un tirón. Me tienes totalmente enganchado. Espero impaciente el resto.
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