Hola de nuevo. Aquí os dejo otro de mis relatos, con la esperanza de que os guste.

Cualquier comentario es bien recibido.
Gracias a todos.
CHISPITA
Nunca supo el por qué. Desde que era muy niña, nadie le llamaba por su nombre. Todo el mundo le llamaba Chispita. Hasta en el colegio, sus compañeros e incluso los profesores le llamaban así, lo cual era bastante insólito, pues en aquella época aún se respetaban escrupulosamente los papeles de maestro y alumno, y era norma que ambos se trataran de usted, incluso en las aulas de educación primaria. Ella era la única excepción. Nunca se dio cuenta, pero incluso el semblante más severo se suavizaba imperceptiblemente cuando se dirigía a ella.
Chispita nunca conoció a su padre. Todo lo que sabía de él se resumía en una vieja fotografía de color sepia, en las que se veía a un hombre alto y moreno de enorme sonrisa, que empuñaba con orgullo un fusil de aspecto endeble, sujetándolo inclinado frente a él. Su madre la guardaba en una caja de zapatos y nunca la sacaba, hasta que su insaciable curiosidad infantil le llevó a encontrarla, revolviendo su habitación cuando ella no estaba. La miró intrigada, sin sentir nada especial, a pesar de que, desde el primer instante, tuvo la certeza de que estaba contemplando sus orígenes.
Su madre y ella vivían en una pequeña localidad en las montañas, muy cerca de la frontera, donde la vida transcurría tan despacio que, como decía su abuela, “los caracoles corrían más que los minutos”. Gozaba de libertad casi absoluta para ir y venir a su antojo, pues todos la conocían y por ello su madre estaba tranquila. Sabía que siempre había al menos un par de ojos pendientes de ella, dondequiera que estuviera. Ojos que a su vez eran observados por otros ojos, menos benevolentes, ocultos bajo las viseras de las gorras reglamentarias, de mirada torva y sonrisa inexistente, siempre recelosos, siempre prestos a reconvenir cualquier gesto, cualquier frase, cualquier actitud que no se ajustara al llamado “espíritu nacional”. Ojos solitarios, tan sólo acompañados por la fría cortesía de los lugareños, sin el más mínimo atisbo de cordialidad.
Un par de aquellos ojos hacía tiempo que se había fijado en ella. Y de la boca que había debajo, supo por fin un día su verdadero nombre: Rosario. Cuando la veía correr calle abajo, el sargento la llamaba, y cuando se acercaba, sacaba un caramelo de su bolsillo de color caqui y se lo ofrecía, para acariciar después la rosada mejilla con su mano enguantada, mientras sonreía con la satisfacción de la victoria. Pero cuando llegaba a casa con la mejilla hinchada por la golosina, su madre la llevaba al lavabo y se la hacía escupir en el inodoro, llena de rabia. Chispita no lo entendía, y al final optó por la solución más lógica: ocultárselo.
La adolescencia llegó, y con ella la rebeldía. El sargento ya no le daba caramelos, sino que la invitaba a pasar al cuartel y le ofrecía un refresco. Allí le hablaba de gloria, de honor, de patriotismo y otras cosas que ella no entendía muy bien, pero que sonaban así como importantes, y acabaron por subyugarla. Poco después de cumplir los catorce, un día discutió con su madre.
-Deja de ver a ese hombre. No te conviene.
-¿Por qué no? –respondió, con altivez.
-No puedo explicártelo. Confía en mí, Chispita.
-Él no me trata como a una cría. ¡Y mi nombre es Rosario!
El rostro de su madre se ensombreció con una pena tan intensa, tan sobrecogedora, que la hizo vacilar. Apartó la mirada, y salió de la casa.
Aquella noche, se despertó sobresaltada al ser zarandeada. Abrió los ojos y vio a su madre, inclinada sobre ella.
-¿Qué pasa? ¿Qué hora es?
-Vístete y ven conmigo. Y abrígate, que la noche es fría.
Miró el reloj y vio que eran las tres de la mañana. Intrigada, se vistió, pensando que se había vuelto loca, y salió al comedor. Allí le esperaba, con un grueso chal de lana sobre los hombros y una linterna en la mano.
-¿A dónde vamos?
-Al monte.
Definitivamente, había perdido el juicio, pensó ella. La siguió refunfuñando, aterida de frío, durante al menos media hora, tropezando con las piedras y las raíces del camino. Por fin llegaron a un claro entre los árboles, iluminado por la luna llena. En el centro se veía una gran piedra. Su madre se detuvo y le hizo señas de que se acercara a ella. Avanzó vacilante, sobrecogida por una emoción inexplicable. Rodeó la roca y vio que había una inscripción en ella, toscamente grabada. Se arrodilló y comenzó a leer, rozando las ásperas letras con la punta de sus dedos.
“Aquí yace Juan Rodríguez, ‘El Chispa’, que dio su vida por alejar a docenas de sus vecinos de la tiranía. Su espíritu vivirá por siempre en nuestros corazones.”
A la mañana siguiente, se dirigió al cuartel con pasos firmes y decididos y entró de sopetón, sorprendiendo al sargento, que leía el periódico sentado en una silla.
-Hola, Rosario. ¿Vienes a recoger tu nuevo documento de identidad?
-Sí.
El sargento rebuscó en un cajón, y le alargó con orgullo la tarjeta plastificada, desde donde una pequeña copia de sí misma le sonreía, al lado de su huella dactilar, y bajo los mismos colores de la bandera que ondeaba sobre la entrada.
-Ya eres una mujer. Y tienes nombre y apellidos. Enhorabuena.
-Gracias. ¿Me presta un bolígrafo?
-Claro.
Tomó el bolígrafo en su mano derecha, apoyó cuidadosamente la tarjeta sobre el mostrador, y tachó con furia el nombre de Rosario, ante la mirada atónita del militar. A continuación, escribió bajo la tachadura, con letras mayúsculas y bien remarcadas, la palabra “Chispita”. Tomó la tarjeta, sonrió con ironía, y salió, mientras el hombre notaba en su paladar, por primera vez, el sabor amargo de la derrota.
Comentarios
Me ha encantado la imágen casi mágica de "la vida transcurría tan despacio que, como decía su abuela, “los caracoles corrían más que los minutos”. Bellísimo.
No me gustó tanto el final. Me parece que la reacción de la jovencita podría quedar sujeto a la imaginación del lector.
No soy una experta, es sólo una impresión como lectora.
Un saludo afectuoso.
De todas formas, obviando alguna errata, el relato está muy bien escrito
Un saludo,
Arawna
Arawna, ¿serías tan amable de indicarme qué errata has visto? Así podré evitarla la próxima vez...
Un saludo afectuoso.
Desde que era muy niña, nadie le llamaba por su nombre. Todo el mundo le llamaba Chispita. Hasta en el colegio, sus compañeros e incluso los profesores le llamaban así...
Los "le" del primer párrafo yo los cambiaría por "la" dejando el texto como puedes ver a continuación. No estoy seguro de que sea incorrecto como lo has escrito, quede constancia de ello.
Desde que era muy niña, nadie la llamaba por su nombre. Todo el mundo la llamaba Chispita. Hasta en el colegio, sus compañeros e incluso los profesores la llamaban así...
Siguiente párrafo:
Todo lo que sabía de él se resumía en una vieja fotografía de color sepia, en las que se veía a un hombre alto y moreno de enorme sonrisa, que empuñaba con orgullo un fusil de aspecto endeble, sujetándolo inclinado frente a él.
Aparte del "las" -seguramente debido a un error tipográfico- la frase en negrita creo que no está correctamente construida. Yo vería mejor algo así:
...que sujetaba/empuñaba -podrías utilizar cualquiera de las dos, pero nunca las dos en la misma frase- con orgullo, inclinado frente a él, un fusil de aspecto endeble.
Y aquí lo mismo de antes:
...hasta que su insaciable curiosidad infantil le -cambiar por la- llevó a encontrarla...
En el cuarto párrafo hay una frase que no me acaba de convencer, sobretodo por lo marcado en negrita:
Y de la boca que había debajo, supo por fin un día su verdadero nombre: Rosario.
No sé si quedaría mejor Y por la boca que..., aunque de todas formas creo que pensándolo mejor se podría llegar a encontrar otra frase que dijera lo mismo pero de una forma más elegante.
Aquella noche, se despertó sobresaltada al ser zarandeada.
Aquí sobraría la coma.
Definitivamente, había perdido el juicio, pensó ella.
Y aquí sobraría la primera coma.
Su madre se detuvo y le hizo señas de que se acercara a ella.
Cambiaría el "de" por un "para".
Y en cuanto a correcciones ya estaríamos, aunque me gustaría explayarme algo más sobre ese final que no me ha acabado de convencer. Y es que lo de que casualmente al día siguiente de saber quién fue su padre vaya a buscar su documento de identidad me descoloca bastante. Demasiado casual.
Quizás añadiendo algo antes de que lo vaya a recoger, como el paso de algún otro acontecimiento, funcionaría mejor. Pero eso te lo dejo a tí, que para algo eres el autor del relato
Un saludo,
Arawna
¿Eres filóloga por un casual?
Un saludo,
Arawna
Las otras correcciones también me parecen acertadas y las tendré en cuenta para ir puliendo mi ortografía y sintaxis.
Es un placer y un lujo contar con revisiones como las vuestras.
Un saludo,
En primer lugar agradecerte de buen grado que lo compartas y lo expongas con tan buena predisposición a observar y reflexionar (que no a acatar)
En general estoy bastante de acuerdo con las anotaciones que te han hecho los compañeros, tanto en sus virtudes como en algunas carencias. Es cierto, es ameno, se lee bien y me parece bien redactado (decir bien escrito quizá resulte excesivo) porque sí es ameno, pero también un pelín ingenuo y naïf. A pesar de ello, prefiero que sea así que no que se pierda en laberintos que sólo el autor entiende.
Y en lo concreto un par de cuestiones de estilo:
- En general,, el relato tiene un toquecito panfletario...que a mi no me acaba de gustar.
- Puestos a jugar a que en el texto hayan MALOS vs. BUENOS
Creo que se podría explotar bastante más y resultaría más interesante polarizar la figura de ese militar respecto a su relación con la protagonista. Se queda un poco a medias esa intención. La elección y la forma de hacerlo es tuya.
Te señalo este asunto:
Párrafo:
La adolescencia llegó, y con ella la rebeldía. El sargento ya no le daba caramelos, sino que la invitaba a pasar al cuartel y le ofrecía un refresco. Allí le hablaba de gloria, de honor, de patriotismo y otras cosas que ella no entendía muy bien, pero que sonaban así como importantes, y acabaron por subyugarla. Poco después de cumplir los catorce, un día discutió con su madre.
De verdad acabaron por subyugarla? Cómo? Hasta que punto? Nos hemos perdido algo importante? Ha habido un enamoramiento? Me parece un proceso demasiado importante en la historia como para que lo resuelvas de un plumazo. No porque tú nos digas que "acabó por subyugarla" el lector se lo va a creer.
A mi se me ocurre que podría mostrr intenciones más ignominiosas con la protagonistas (tú misma has apuntado la intención cuando él le acarica la mejiilla -recuerdas la escena de "El cabo del miedo en la que Robert deNiro trata de seducir a JUliete Lewis?- O bien que se le descubra como responsable de alguna muerte. No va a ser malo por su simple pertenencia a un régimen.(en la vida real si queremos lo damos por hecho, pero en la ficción se necesitan más argumentos) Acaso si hubiéramos desubierto que fue el militar el responsable de la muerte de su padre, aun tendría cierta coherencia dramática el conflicto pero si no es así, la cosa queda en panfleto.
Más de lo mismo en el conflicto con su madre porque ésta no quiere que se vean. Falta marcarlo un poco más. Y por supuesto, falta una razón aun más de peso. Y si de verdad cree que "ya es una mujer", hombre, igual hubiera estado bien subirle un poco más la edad al personaje. Catorce me parece poco creible.
Y respecto al final. NAda que no te hayan dicho. Me parece un poco inverosímil y queda algo cojo.
Pd.- Me recuerdan las intenciones a la película "El laberinto del fauno" Contine un personaje siniestro, en el papel de militar, qu ejemplifica bastante lo que te he contado.
Y ya. Gracias por la aportación. y un cordial saludo
Releyendo lo que remarcas, sí que parece que algunos puntos podrían haberse desarrollado un poco más. El tema es que no quería hacerlo demasiado largo, pero es cierto que podría haberlo explicado un poco mejor.
Prestaré más atención a estas cuestiones.;)
Un cordial saludo.