No es que de mucho miedo, pero... un día de inspiración, se me ocurrió escribirlo... Espero que sea legible
Tic-Tac.
A pesar de estar aletargada no puedo dejar de escuchar ese sonido. Y pensar que hoy es 7 de diciembre... Quizás es el destino, o el Señor, que me odia. Pero llevo aquí varias horas, intentando escapar al principio, ahora esperando que llegue lo que tenga que pasar. No obstante, el transcurrir de los segundos es, a cada movimiento del péndulo dorado, más desesperante. La agonía de saber que no hay alternativa me encoge el estómago.
Tic-Tac.
Estoy tirada en el suelo, en una habitación desconocida, pequeña y vacía, sin calefacción. El vaho de mi respiración es lo único que consigue retener mi cordura, porque me indica que sigo viva, sin contar los fuertes latidos de mi corazón. Llegará en seguida. Vuelvo a mirar el reloj, que es lo único que se encuentra al alcance de mi vista. Es pequeño, algo torcido en la pared gris, y los adornos apenas se aprecian por lo desvencijado que está. Los números son romanos, y las agujas son de un estilo extravagante, muy grandes y negras. La parte superior está culminada por un tejado, cada teja coloreada por manos expertas, pero muy desgastadas por el tiempo. Encima del reloj, en el centro, hay una ventana en miniatura.
Tic-Tac.
La ventanita se abre. El cuco sale de ella, colgando extrañamente de unas tenazas de madera que se han desplegado por el mecanismo interno del reloj. Y, como si se estuviera ahogando, suena un
Cucú que suena a oxidado. La puerta que hay detrás de mí se abre súbitamente, y siento mi mundo desplomándose. Se me eriza el pelo de la piel, y el sudor cubre mi rostro, todavía muy infantil para la edad adolescente, pero cincelado por el miedo. Unos pasos ligeros y rápidos se acercan por mi espalda.
Cucú.
Tengo mucho miedo, el pánico se apodera de mis pensamientos. El desasosiego domina mis reacciones, e intento alejarme de él.
Cucú.
El maldito reloj cuenta cada momento que me queda de vida. El muy endemoniado suena demasiado deprisa.
Cucú.
Ahora es cuando empiezo a arrepentirme de todo lo que he hecho. Él me quita la venda de la boca, que me impedía gritar.
Cucú.
- Reza - me dice, tranquilamente. Quizás no haya caído en la cuenta de que llevaba rezando las últimas tres horas, pero muerta de terror obedezco, y recito un <<amén>>.
Cucú.
- No temas, seré rápido... No sufrirás casi. -Podría haberse ahorrado la última palabra. Tiemblo como no había temblado en mi vida. Todo da vueltas, lo único que veo con claridad son los ojos de mi verdugo y el cuco, que da la impresión de estar llorando. Quizás sean los delirios del que va a morir.
Cucú.
Entonces, caigo en la cuenta del poco tiempo que me queda, y agonizo aun más, si cabe.- ¿No podrías darme más tiempo? -suplico, acallando mis balbuceos y gemidos.
Cucú.
- No.
Cucú.
Me tira al suelo y veo un destello metálico. Le temo mucho al dolor, pero más me acobarda la muerte. No quiero fallecer tan pronto... Aún no.
Cucú.
Se acerca y desliza el cuchillo muy despacio por mi cuello, haciendo un muy fino corte que comienza a sangrar. Viendo mi final, lo único que hago es llorar lágrimas de amargura.
Cucú.
- No llores...
Cucú.
La hoja del arma se clava verticalmente sobre mi garganta, y empiezo a ahogarme con el sabor de mi sangre. Mis ojos empiezan a apagarse, a opacarse. Desde la posición en la que estoy, puedo ver como el cuco vuelve a su prisión de madera, y la ventana que hay a lo lejos me deja ver que está nevando. Una sonrisa nostálgica y triunfal aflora a mis labios, manchada de sangre. Y dejo que el dolor mezclado de paz me arrastre a la inconsciencia eterna.
Al menos, he podido cumplir los catorce años.
Comentarios
Te animo y esto lo hago como consejo, a escribir algo con la misma estructura pero con distinto contenido o al menos un poco mas elaborado.
Yo al menos lo leeré si lo intentas
Saludos y espero que te hayas tomado a bien mi mas sincero comentario.
Como dice Sutil, la estructura me gusta. Es interesante. El problema que le veo (siempre desde mi punto de vista) es que no hay contexto. Me explico; hay una persona, prisionera y a punto de morir, pero no sabemos por qué está allí. Creo que si añades al principio que recuerde cómo terminó allí, o por qué... mejoraría bastante un relato que de por si ya me gusta.
al afrontar la corrección de un relato hay que procurar releerlo como si no supieras de qué va la cosa. hay que facilitarle un poco la vida al lector, hecharle un cabo de vez en cuando para que sepa de que van las cosas (lo digo por los antecedentes, algo que creo imprescindible en la narrativa)
espero haberte ayudado,
sin duda leere más cosas tuyas.
Eso que propones, ya es un contexto, (no demasiado trabajado, todo hay que decirlo
Por otro lado lo de hacer el relato desde el punto de vista del asesino,me ha encantado la idea!!, Barton si lo haces no dudes en publicarlo pues aqui tendras un lector
SALUDOS
¿Y qué tal si intercalas ambas historias en el nuevo relato? Ya sabes que varios puntos de vista funcionan mejor que uno solo y es una táctica que emplean muchísimos escritores de hoy. Claro que la historia se alargaría un poquito...
Un abrazo,
Windumanoth