..... Las calles huían aterrorizadas por mi llanto sin fin. El ritmo de mis pies desnudos como el jazz mas loco y salvaje, donde nada se repite, imprevisible y agotador, eterno y al punto de nacer en cada segundo de su existencia. Corrían las calles viéndome a mi – también corriendo, pero sin aliento, perdida, con la vista nublada por las olas negras de mi cabello, por las cortinas saladas de mis lluvias... Que me hizo esta ciudad desconocida, escondida en la oscuridad – mi aliado y a la vez el peor de mis enemigos, que me hizo esta oscuridad, nunca del todo oscura, separada del cielo por miles de luces, por océanos de farolas, por lagos de colores... Que es lo que me hizo correr, descalza alejándome de las calles y acercándome a ellas en una huida desesperada y sin sentido... Perdida era mi vista, perdidos los pies en el tacto incambiable de las aceras... Y no era posible dejar atrás a la ciudad tan hambrienta de mi, su aliento perseguía mis huellas, arrastraba la raja de mi vestido que hace años, lejos, muy lejos de ahí - era blanco.
La oscuridad peligrosa, la soledad que envenena, y el movimiento – una ilusión más. El ritmo de mis pies, el olor de mi pelo, la fragancia oscura de la ciudad, su sed, su respiración en mi nuca.... Y hubiesen durado todas las eternidades del universo. La huida y la búsqueda. En una lucha de amantes y delincuentes, que ni amarse ni odiar saben de verdad, me he hundido con mi cuidad – no mía, con mi soledad – no mía. Huyendo para no poder huir, volviendo sin poder mirar atrás, llorando en el medio de lo desconocido, reconociendo lo de siempre en algo nunca antes encontrado... Soledad en el medio de lagos de pensamientos humanos. Lagrimas mezcladas con lluvias anónimas, sin nombre....
Su final desaparecería – perdido – como su principio... Y hubiese terminado con el ultimo latido de un corazón agotado, pero...
...Pero la muerte nunca responde a nuestras miradas que tan desesperadamente buscan su luz. Nunca viene invitada, nunca se deja invitar a tomar un té... Lo sabía yo, como los millones de tontos antes de mi, esperando que nuestro (mío ¡solo mío!) caso será diferente, que esta vez la muerte acudirá – conmovida por mis pies descalzos, por mi aliento rápido y ruidoso. Pero siguió alejada – ajena a los que traspasan las calles escondiendo su alma en la oscuridad de las ciudades. La muerte no quiso ayudar. No hubo final para esta huida que hubiera tenido sentido solo si fuese la ultima, la definitiva....
Nada que tiene suficiente énfasis para formar parte de la muerte es siempre falso, la muerte no acudiría nunca a nada tan vulgar ni soberbio como mi llanto nocturno - correr por las calles en busca de algo que nunca era mío – esto era demasiado dramático para ser el acompañamiento de la muerte. Es una cantante solista- nunca deja que alguien actúe con ella.
... No decidió entonces acompañarme cuando caí – en el terciopelo del césped. Hierba mojada, tierra tan llena de lagrimas, que insignificante eran las mías... Silencio de una mujer vencida por su propia debilidad. Ruido de la ciudad festejando otra victoria sobre la más insignificante de sus victimas.
Y....
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Max