La esperanza y la fe son las únicas virtudes que pueden atravesar el muro que separa el sueño de la realidad...
Sueño o realidad
Recuerdo aquel lugar, aquel momento. Era placentero todo lo que había a mi alrededor.
Me hallaba rodeada de enormes árboles que casi podían rozar el cielo con sus ramas. Las hojas formaban un manto en el suelo, un manto de un color marrón. Sí, lo recuerdo así.
Estaba sentada sobre una roca. Mis pies hollaban el manto y mi mirada estaba fija en un pequeño río a escasos centímetros de mí, podía escuchar cómo la corriente de agua del río creaba una sinfonía perfecta, el sonido del aire, junto con los pájaros acompañaban la melodía. Me sentía deleitosa en esa orquesta sinfónica que la Madre Naturaleza producía para mí. Lagrimas caían por mi entristecido rostro. Cerraba los ojos. Al abrirlos de nuevo mi mirada, todavía húmeda y brillante, veía al fondo una silueta que iba viniendo hacia donde me encontraba.
No tenía miedo. Resulta difícil explicar cómo no tener miedo ante semejante situación, no lo tenía, pero lloraba. Agachaba la cabeza, sentía vergüenza de que alguien pudiera verme llorando. Esperaba unos minutos hasta poder alzar la mirada de nuevo, y cuando lo hacía me quedaba atónita. Veía cómo lo más bello se detenía frente a mí. No sabía qué decir ni qué hacer, y cuando intentaba decir palabra, se acercaba más a mí lentamente y me susurraba al oído izquierdo:
-¿Por qué lloras?
Y seguía sin poder decir palabra alguna.
-¿No crees que te te estás haciendo daño a ti misma? -volvía a preguntarme.
Humillada, cerraba los ojos. No sabía qué responder.
-Eres fuerte, si no, no estarías aquí buscándome.
Sorprendida, aún con los ojos cerrados y la cabeza agazapada, le pregunté:
-¿Buscándote?
-Sí, buscándote. Conozco todo de ti: tus deseos, tus debilidades, tus pasiones, fantasías, acciones, pensamientos….
-¿Quién eres? –lo interrumpí.
-La pregunta no es quién soy, es por qué estoy aquí. Pero te voy a responder. Estoy aquí para ayudarte, para darte ese pequeño empujón que necesitas y el consejo más valioso que jamás vas a recibir.
-¿Qué consejo es ese?
-Vive y sonríe cada día. Sonríe como cuando quieres aparentar que estás bien. Aunque no lo creas, la falsa sonrisa que tu cara muestra es el ejemplo de tu fuerza y tu valentía. Despreocúpate y no temas nunca más. Siempre estaré a tu lado.
Entonces, el despertador sonó como cada mañana.
Desperté.
Busqué ese lugar. Quería saber cuán real era el sueño. Y no tardé mucho en encontrarlo. Estaba cerca de mi casa y era como aparecía en mi sueño; los árboles, el río, las rocas, el inconfundible sonido melódico del agua, pero no había pájaros revoloteando. Llovía.
Hacía frío. Pero a pesar del frío no dudé en sentarme en una roca húmeda, pues mi ropa también lo estaba. Un fuerte deseo en mis adentros sentía la necesidad de que el sueño fuese real. Permanecí sentada unas horas, esperando verlo aparecer, pero no aparecía...
Fruncí el ceño. Estaba enfadada conmigo misma.
-¡Te necesito! -grité.
Oí un sonido procedente de donde me hallaba. Emocionada y esperando verlo aparecer. giré la cabeza, pero no eras él. Una anciana de tez blanca y pelo canoso pasaba por allí con un paraguas negro en su mano izquierda y sujetando la correa de un perro con su mano derecha. Extrañada me miraba unos segundos con los ojos fijos en mi persona, como preocupada o asustada, no lo sabía. No podía distinguir sus sentimientos.
A pasos ligeros iba detrás de su perro, que empezó a correr solo en dirección contraria. Me quedé perpleja frente a la situación.
Callé durante unos minutos y poco después me levanté para poner rumbo de regreso a la residencia. Me sentía entristecida, quería hallarlo, saber que mi sueño había sido real.
-¡¿Por qué no quieres ayudarme?! –volvía a gritar, esta vez enfadada.
Y justo cuando me disponía a dar la vuelta para regresar, una ráfaga de viento empezó a revolotear las hojas mojadas que yacían en el suelo y daban vueltas a mi alrededor. Me puse nerviosa, pero al poco una voz a mi espalda logró calmar mis nervios.
-Aquí estoy. Te dije que siempre estaría a tu lado. No te abandonaré nunca. Mientras me necesites estaré siempre contigo.
-¿Por qué has tardado tanto? ¡Llevo esperándote horas! –le respondí.
De nuevo era él. El bello rostro de mi sueño. Era inconfundible.
-¡Eres tú! -afirmé emocionada al ver que aquel sueño sí era real.
-Tranquilízate. Ahora sabes de vedad que no estás soñando. ¿Por qué sientes necesidad de querer buscarme? –me preguntó.
-Todo esto es difícil –respondí, a la vez que me tiré a sus brazos en busca de consuelo.
-No me voy. Sígueme, quiero mostrarte un secreto, tu secreto.
Confundida y aún en sus brazos, lo miré fijamente a los ojos.
-Coge mi mano, yo te guiaré. Me dijo, y una sonrisa asomaba por su comisura.
A Chávez LópezSevilla abril 2026

Comentarios
Le dijo esta mañana dos veces su mecánico Nazario
que echarle aceite al motor de su coche era necesario
ACHL
Mi hombre pana
me abraza con ganas
ACHL