La Decisión de Pedro y Lucas.
Prado Primitivo.
Cuando apenas empieza la primavera, igual que al resto del país, le llega el calor al estado. Justo cuando el solazo está en lo alto del cenit ─en la hora sin sombra, concluyendo con la tortura─ suena el timbre de alguna secundaria. El sonido deja salir la estampida de estudiantes ─ya más pubertos que chiquillos─, y entre todos ellos están esos dos, platicando mientras esperan a que pasen por ellos.
—¿Ta’ bien loco el clima, no? Desde el medio día hasta que se apaga el sol, hay un calorón, y en la noche, sin el sol, está el fríazo.
—¿Eda que sí? Recién vi en TikTok que las estaciones ya no están fijas. Según eso, ahora están revueltas por el cambio climático ese.
Y así empezaron a cotorrear, como siempre. Decían quien sabe que para quién sabe qué cosa. Sin embargo, esa vez, algo sonaba distinto. La charla perdia su mustio ánimo, y sus rostros mostraban el morbo. Como si, en secreto ─tal vez por miedo, quizá por pena─ hubieran acordado algo. Lo que importa es que ese día la plática no era tan trivial. La decisión que habían tomado les zumbaba en la maceta: era emocionante y curiosa por lo inusual. Las inusuales sensaciones los zarandeaba por dentro sin que entendieran del todo por qué.
¬─Entonces así quedo: hay que guardar por lo menos diez pesos hasta el viernes ─dijo Pedro.
─Arre. Si quieres primero deja le preguntó a aquel vato, pa´ ver si se arma. A ver si nos hace el paro ¿va?
─Simón, yo digo que sí. Igual nomas van a ser cincuenta pesos.
─Si ¿verdad? Entonces ahí te aviso qué onda. Animo pues, nos vemos mañana.
─Simón, simón. Nos vemos mañana. Pero llegas temprano ¿he?
Como no se detiene el tiempo, para el miércoles, sin haber hecho nada más que ahorrar como dijeron, la decisión comenzaba a pesar distinto en ellos. A Pedro lo sofocaba una ansiedad que ni entendía, y sentía el peso de algo que no sabía cómo soltar. Lucas, en cambio, parecía tranquilo y despreocupado. Nada le apuraba parecía inalterable la ligereza de su postura. Respondía siempre a las paranoicas preguntas de Pedro con la misma vaguedad:
─No te preocupes por eso. Mírame a mí, ira, ando como si nada.
─Pero… ¿y que haremos si nos descubren? ─preguntó Pedro.
─Cálmate ya. Ni van a saber. Nadie nos va a ver.
Entre la paranoia de uno y la vaguedad del otro, llegó el tan lejano viernes. En cuanto salieron de clases, se vieron en la entrada principal donde acordaron lo que harían y pa´ donde irían:
─ ¿Qué hay, pai? ¿Como andas? ─ dijo Lucas.
─Todo chido ¿Y tú? ¿Qué te dijo aquel vato, si se va a poder o ne´?
─ Bien, igual. Ah, de veras, se me olvido decirte: ayer me mandó mensaje y me dijo que no podía ahora, pero me paso la ubi. Dice que no hay pedo. Nomás llegamos, preguntamos y fuga. ¿Vamos o qué?
─Iih, no sé… ¿sí es seguro? ¿Hasta dónde tenemos que ir o qué?
─Si, si, segurísimo. Es una casilla, no está lejos. Son como quince minutos desde aquí.
─Pero vamos rápido, no quiero que nos asalten o algo.
─jajaja ¿cómo crees? Aquel vato seguido va y no le ha pasado nada.
─Amos pues…pero oye ¿y no olerá mucho? Digo pa´que no se note lo que llevamos.
─Nah, tranqui. Mientras no nos pongamos nerviosos, todo bien. Nadie va a decir nada.
Finalmente se animaron y fueron pa´ allá, al lugar ese. Quince minutos a pie, arrastrando los pasos como si trajeran el sol en la espalda. Sentían que, con cada paso, el suelo los empujaba pa´ delante como si no hubiera de otra. Pasaron por un jardín, otra escuela, un Oxxo, y como tres colonias más, casi hasta el otro lado de la ciudad, que por suerte no era tan grande.
Según las instrucciones de aquel sin nombre, entraron a la colonia y caminaron hasta la calle que también les había dicho aquel. Por reflejo, Pedro se aferro apretado a la mochila como si llevara ahí su ser, aunque solo fueran sus libretas con garabatos.
─ ¿Es aquí? ─ preguntó Pedro, azorrillado por el lugar.
─Ta´ medio ojete, ¿edá? Pero si, según es por aquí.
Y vaya suerte la de esos dos, porque esa, efectivamente, era la calle y el lugar. Faltaban pocos metros. Hasta podían ver el nombre en el letrero desgastado de la esquina. Para este punto, la mente de ambos era una mezcolanza de emociones: miedo, entusiasmo, desconfianza y curiosidad, todo junto. Pero según ellos, sí completaban la “misión”, serían los más valientes, los más afortunados. Aunque no alcanzaban a ver más allá de eso.
─ ¿Te dije o no? ¿Viste cómo sí pudimos llegar? ─ dijo Lucas, con las ínfulas que su juventud le permitía.
─Igual hay que apurarnos. ¿En esa esquina damos vuelta, edá Lucas?
Y sin decir más, dieron vuelta pa´ allá.
En segundos todo se volvió aparente, el calor del sol, su luz, el aire, y también el andar de ambos, aunque de estas cosas uno ni cuenta se da. Entonces justo cuando sus pies terminaron de girar la esquina, el sonido que acompañaba sus pisadas al caminar se hizo fuerte, seco y diferente:
bang, bum, bang, bum, bang.
Uno o dos días después, en alguna secundaria del país, cuando el timbre volvió a soltar la embestida de alumnos, de entre todos ellos, como una falla o déjá vu, destacaba una plática que, una vez más, dejaba de sonar trivial. Charlaban sobre quien sabe qué para quien sabe qué. Ojalá que a estos dos no los aseche la entropía, el destino, dios o lo que sea.
Acá, aparentemente, no pasada nada. Nadie dice nada
Lo que paso fue confuso, incluso para mí.
Y no porque lo haya visto, sino porque a nadie parece importarle.
Dizque, pa´ no mezclarse con “alimañas”, mejor se sordean.
Aunque, curiosamente, son los sordos los que más hablan por acá.
¿Quién será el culpable?
¿Aquel, este o los otros? ¿Nadie?
Fuimos todos.
Es decir, por cómo están dispuestas las cosas:
Parece que a nadie le importa el ordenamiento del nuevo mundo en social.
Comentarios
Hola, Prado_Primitivo.
Productivo y conveniente sería para ti y para los demás foreros que componemos este foro que te presentes al mismo. Gracias.
Aquí:
https://www.forodeliteratura.com/f/categories/presentemonos
Saludos cordiales
En realidad no me asustan las críticas, diría que las busco, me gustaría poder mejorar más para ir conociendo más de este campo.