Sonrisa de hienas
Dos sombras entraron a tierra ajena,
con pasos de sombra, manos de escarcha.
Jóvenes son, con sonrisa de hienas,
lengua podrida y ojos de hiedra.
Dos hienas hambrientas, de alma vacía,
tomaron lo ajeno, sin miedo, sin pena.
Pensaron que todo quedaba impune.
Qué nadie en su huida jamás les detiene.
Más no corrieron lo suficientemente lejano.
En pronto el aviso corrió como viento.
Cómo cuchillas que buscan carne fresco,
el eco del trueno les corta el camino.
Más no hubo vergüenza alguno,
sólo carcajadas de dientes partidos,
sus ojos llenos de burla, desprecio.
Todo como si la vida fuera chistes.
La rabia quedó en lo que vendrá aquí,
Burlando la ley de un reino podrido.
Porque en esta farsa de jueces dormidos,
el ladrón es rey, y el justo buzón es.
Comentarios
Shalom, colega de la pluma