A Chávez López
Sevilla nov 2024
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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Los endemoniados dados del despecho
Con una esposa y cuatro hijos con ella y una amante y sin hijos con ella, Siro era un tipo bien parecido: alto, moreno y de 46 años, que, además, disfrutaba de un buen estatus económico. Pero semana atrás, su amante lo había abandonado, y desde la ruptura se sentía furiosamente despechado y con los ánimos bajo mínimos.
Ese día que se cumplía la semana, las sienes y el cuello le dolían. Se tomaba un Ibuprofeno con un sorbo de agua y dejaba la botellita de plástico sobre la mesilla de noche del dormitorio, junto a una cajita de cartón que contenía dentro dos dados; en uno aparecía el "5", y en el otro el "4". Se iba al cuarto de baño, ubicado en el mismo dormitorio, encendía la luz fluorescente y con agua fría del grifo del lavabo se refrescaba cara, brazos, sienes y manos, apagaba la luz y se encaminó hacia la terraza del ático que daba a la calle.
El aire fresco le venía bien para concentrarse. Ese ático se lo había regalado Siro a su amante Dolores, y en el que tenían sus episodios de pasión, pero después de la separación, lo recuperaba para sí.
Dolores era una mujer guapa, de 30 años, mediana estatura, pelo moreno y con un cuerpo bien silueteado, y había dejado a Siro por otro hombre, ocho años más joven que él y con más dinero que él.
Siro podría pasarse horas ajeno a todo; pero, eso sí, sumido en la más profunda de sus obsesiones: mirar con prismáticos a las personas que circulaban por la calle, doce plantas abajo.
Bajo las luces de las farolas de la calle veía pasar a una pareja cogida de la mano; él, vestido con pantalón azul, polo verde y botines blancos, iba jugueteando con ella, que vestía minifalda roja, camiseta negra y botines rojos. Seguro que vendrían de alguna fiesta, donde habrían “empinado el codo” más de la cuenta, a juzgar por la pigmentación roja en sus caras y en sus tambaleantes andares. Iban dándose golpes de cadera mientras caminaban. Y a cada momento, se paraban y en la boca se besaban. Él le cogía el trasero, mientras ella entrecerraba los ojos, y así se enviaban mensajes, como un anticipo de lo que seguramente vendría más tarde.
Seguía mirando a través del visor de su rifle de alta definición, y ahora sus ojos recaían en una anciana que paseaba con su perrito negro, y que llevaba falda y chaquetilla negras, a juego con los zapatos negros y planos; todo de un riguroso luto. El perrito ladraba a un gato que se le ocurría cruzar como un relámpago entre ellos, lo que irritaba a Siro, pero no tardaban en distanciarse la señora con su perrito y el gato.
Treinta y seis metros abajo, aparecía una muchacha rubia haciendo footing, con mallas celestes ajustadas, a juego con los vaqueros que llevaba y que realzaba su figura. A través del visor, veía sus turgentes pechos, lo que le hacía pensar que haría gimnasia. Siro respiraba profundamente, a la vez que el índice de la mano derecha acariciaba el gatillo y… un sonido seco perforaba la noche.
Una bala calibre veintidós entraba limpiamente entre las costillas, perforando el corazón con precisión de cirujano. La chica avanzaba unos pasos, hasta que su cuerpo, sin vida, caía desplomado. Llegaba el servicio de urgencias, pero no podía hacer nada por salvar su vida.
Mientras los efectivos de urgencia aguardaban a que llegase la policía, una chica morena, con blusa y falda blancas, que iba hablando por su móvil, se detenía un momento para preguntar algo. Siro no era capaz de leer sus labios, pero le daba igual. No hacía falta: el mismo sonido seco, el mismo impacto y el mismo resultado.
El médico y el chófer de la ambulancia la recogían del suelo y la subían a la furgoneta, que empezó a correr a lo Fórmula 1, rumbo a las urgencias del hospital más cercano.
El fusil de Siro de nuevo daba en el blanco, y ahora doble presa.
Con una tranquilidad insultante, se iba hacia el salón y de él pasaba a su cuarto; limpiaba el fusil y el silenciador, ambos de última generación, los enfundaba en sus fundas de seda, color rojo sangre, y, finalmente, los guardaba en una caja fuerte, que había empotrada en hormigón y con clave digitalizada, oculta en el amplio y lujoso dormitorio del ático.
E inmediatamente después...
Se iba hacia la mesilla y cogía la cajita con los dos dados, los sacaba, y, ceremoniosamente, los volvía a tirar sobre la misma mesilla. Y ahora salían dos "6", un "12": turno para una pelirroja.

Comentarios
Un excelso desarrollo.
Mis felicitaciones.
Shalom. colega de la pluma
Gracias, betobrom
Este relato no es ficción, es real. Ocurrió en mi ciudad, Sevilla, hace como dos décadas y media o tres (no lo recuerdo exactamente), y el personaje, Siro, y la tal Dolores, también son reales (aquí nombres ficticios). Fue un suceso que causó impacto en la ciudad, porque además de esas dos personas que asesinó, al causante le achacaron varios crímenes más, ejecutados por el mismo procedimiento y por el mismo motivo de desprecio hacia las mujeres. Fue juzgado y condenado a un montón de años de cárcel. Algún tornillo le faltaría al asesino, pero quiero recordar que no fue declarado demente.
Dado a mi gran afición por escribir, de cualquier cosa interesante que veo o escucho en la calle, hago un relato a mi sui géneris. No soy escritor, pero siempre me ha gustado la escritura, por ende, la Literatura. Mis estudios superiores (universitarios), en su época, tiraron por otros derroteros. Tuve el gran honor de conocer, y de llegar a cierta amistad, en la Feria del Libro de Madrid a Don Antonio Gala (ya fallecido el pasado año 2023) que puedo decir que fue mi mentor en este menester. A él le debo lo poco que sé en esto de la escritura, incluso corregía mis textos y me aconsejaba. Para mí, después de Cervantes, el mejor escritor español. Todos sus libros fueron best seller.
Saludos
Y una gratísima sorpresa llena de admiración y envidia INsana que hayas conocido a Antonio Gala y te haya dado consejos sobre escritura. Qué suerte.
Coincidimos en varias ocasiones; él, me llamaba tocayo y yo a él Don Antonio, por más que me casi exigía que me apeara del "Don", pero no me salía llamarle Antonio a secas, me imponía respeto. Gran escritor y gran persona, con un sentido sarcástico del humor. Para mí, todo lo que hablaba me parecía ex cátedra. "A personas con tanta sabiduría, la parca debería concederle amnistía", ese pareado le dediqué en vida y a él le encantó, aunque me decía que era excesivo. En realidad, ésa frase me la inventé cuando falleció mi querido y añorado padre, allá por el 1985, el mejor entre los mejores.
Un cordial saludo
Antonio, me has dejado sin palabras. Saber que este relato está basado en hechos reales lo hace aún más perturbador y poderoso. Desde el inicio, con esos pequeños detalles cotidianos, como el ibuprofeno y los prismáticos, logras transmitir una sensación de normalidad que luego se rompe de forma brutal cuando el verdadero carácter de Siro se revela. Es como si nos adentráramos en la mente de un hombre roto, obsesionado, y viéramos el mundo a través de su mirada distorsionada.
El uso de los dados me parece un recurso brillante, casi simbólico. Es como si, para él, representaran una excusa, un medio de ceder su voluntad al azar y desligarse de la responsabilidad de sus actos. Esa frialdad calculada, contrastada con el simbolismo de algo tan banal como unos dados, me hizo reflexionar mucho sobre la capacidad del ser humano de justificar lo injustificable.
De verdad, muchas gracias por compartir esta historia y el contexto detrás de ella. Para mí, has conseguido más que narrar un hecho: lo has convertido en una experiencia que remueve emociones y despierta pensamientos.
Gracias, marielacervino.
Siempre me decía el extinto don Antonio Gala que lo más importante para un escritor que se precie era meter al lector en sus escritos desde la primera línea de cualquier relato, libro o novela. Y le hice caso, ¡y quién no a tan brillante personaje de la péñola!
Me gusta ornar mis textos con matices que pueden resultar significativos, y en esto quizá peque de excesivo, pero consigo respuestas como la tuya, que me alegran sobremanera.
Tengo archivado en mi PC más de dos mil relatos, de todas las temáticas, y cinco libros y todo ello sin publicar para la venta. Algunos relatos los envié para Concursos de Literatura Libre, organizados por el Ateneo de Sevilla (ya hace años que no organiza estos concursos), y nueve de ellos consiguieron el primero o segundo el premio). Pero ahora, a mis 83 años, una acreditada editorial española me va a publicar uno de mis libros, "Atormentado" es su título y consta de veinte capítulos, un prólogo y un epílogo. Modestia aparte, creo que es bueno. Yo no vivo de la escritura, pero me fascina escribir y también leer. Tengo una amplia biblioteca en casa.
Gracias de nuevo por leerme y por colaborar en el foro.
Un abrazo para ti y un saludo para tu bella Galicia.