Kincaid y el transistor del infierno
Kincaid era un niño de diez años que tenía un nombre guay. Seguramente también tenía superpoderes y no lo sabía, pero bueno, el caso es que aún sin saberlo era un chaval bastante feliz... al menos hasta el día que su vecino de abajo, un ser maquiavélico y ruin, le dijo: “Toma, Kincaid, te regalo el Transistor Mágico de los Dioses”. Por supuesto que el cacharro no era mágico ni nada, pero el pobre Kincaid, de tan bueno se lo creía todo. Por su parte, el vecino maligno sabía que se mascaría la tragedia y que, gracias a la inocencia del pobre niño, un cúmulo de horribles desdichas y catástrofes iba a acontecer sobre el barrio, la ciudad, el país, el continente, el mundo, the fucking world. Por desgracia en esto no se equivocaba.
El vecino del inframundo le contó a Kincaid la película de que había robado el transistor en un puesto de Ágrava (Aka El Rastro madrileño). Le dijo además que, si lo frotabas bien, salía por la antena una oruga de fuerza sobrehumana que voceaba: “¡Hola, seres inferiores! ¿Dónde está mi café?”. Y le prometió a Kincaid que, si le dabas un café a la oruga gazmoña, ella te concedía siete deseos. No tres ni cinco, ¡¡siete!! Eso sí, tenías que tener en cuenta dos condiciones de vital importancia: una, no podías pedir tener un hijo si eras menor de edad; y dos: hablar de política con la oruga no era lo más aconsejable. Salvo estas consideraciones en la letra pequeña del contrato, podías pedirle lo que quisieras y ella te lo daría, le aseguró.
Kincaid se comió bastante la cabeza con toda esta historia, y al final llegó a una conclusión:
(sigue la bola y no le temas al éxito)
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Kincaid se comió bastante la cabeza con toda esta historia, y al final llegó a una conclusión: tenía el transistor en sus manos, y por lo tanto el poder. Pero, como bien decía Sófocles, un gran poder conllevaba una gran responsabilidad. Y esto significaba que si le daba mal uso al cacharro, si por alguna razón no lo frotaba bien o lo que fuese, todo podía cagarse de manera estrepitosa. Era un chaval prudente, así que pensó que, para probar si la cosa funcionaba, le daría primero el trasto a su mejor amiga: una niña vasca que se llamaba Zorronak Combarro, a la cual sus propios padres apodaban cariñosamente “Zorrón”.
La verdad es que Zorrón no era muy buena persona. Siempre andaba por ahí en las excursiones canturreando cosas como que te habías hecho pis en el saco de dormir o te habías cagao en la lata de cola-cao, así que si se quedaba lisiada o moría tampoco sería una gran pérdida. Y aquí empezó la metamorfosis de Kincaid Skywalker, quien, sin darse cuenta, sonreía mientras se encaminaba a la urbanización donde vivía Zorrón Combarro, casi frotándose las manos ante la perspectiva de su posible muerte.
Llamó al telefonillo y se asomó la abuela de Zorrón por la ventana:
—¡Euskalerria Gorka! —exclamó animadamente, haciendo señas—. Gora in the parking Zorronak y el salxitxakurra.
Lo que quería decir, como Kincaid entendió sin el menor problema, que Zorrón estaba en el garaje con Gorka, su perro salchicha. Así que allí fue.
Zorronak estaba, en efecto, jugando en el parking comunitario con su perro. Más bien se dedicaba a rayar coches con esmero para desahogar su furia, riendo cual demente al ver a Gorka meando llantas de vez en cuando.
—Qué es esa puta mierda —dijo con desparpajo al ver el transistor de Kincaid.
El niño le contó entonces que el transistor era un regalo de su amable vecino. Por supuesto, no le dijo nada a Zorrón de la oruga cafeinómana, sino que, bastante sobreactuado, hizo hincapié en que el trasto tenía mucho polvo.
Zorrón frunció su única ceja ciclópea:
—Hosti tú, yo no me fiaría del energúmeno ese —respondió. Era una niña suspicaz licenciada en la universidad de la vida, aunque, por otra parte, no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que el vecino de Kincaid era un malandro—. Seguro que esa cosa te pega la gonorrea o algo peor, ¡aquí no me lo traigas, eh!
Rápido de reflejos, Kinqui respondió:
(Dale! No me dejes seguir a mí, te lo suplico!!!)
—Hostia, yo no me fiaría del energúmeno ese —respondió. Era una niña suspicaz licenciada en la universidad de la vida, aunque, por otra parte, no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que el vecino de Kincaid era un malandro—. Seguro que esa cosa te pega la gonorrea o algo peor, ¡aquí no me lo traigas, eh!
Rápido de reflejos, Kinqui le asestó un puñetazo y respondió:
—Estúpida morra. —Sí, amigos, ya no puedo ocultar sus raíces mexicanas por más tiempo—. ¡Esto vale miles y millones de pesos!
Al momento de Kincaid soltar tremenda falacia por la boca, acertaba a pasar por allí un niño catalán que era nuevo en la urba. Nadie sabía cómo se llamaba.
—Cuyons… —aventuró, aunque sin acercarse demasiado al haber visto que Kincaid daba unas leches como panes—. Limpiémoslo, y vayamos a venderlo por el doble.
—¡Órale, que gran idea!
—Si hay que limpiar, se limpia —opinó Maruxa, una anciana gallega que había estado poniendo oreja silenciosamente desde detrás de un volkswagen. Frunció los labios y se encogió de hombros—. Hay españoles que limpian, y españoles que no.
—¡La pela es la pela! —le gritó el Rubart, tal era el nombre del niño catalán, quien al parecer tenía problemas también con el control de la ira.
—¡Hostias a limpiarlo pues! —zanjó zorrón, arrancándole a Kincaid la camiseta de cuajo para usarla como bayeta.
—¡Chingatumadre, me jodiste mi remera favorita de Pupi Poisson!
(pupi poisson es el único personaje de este cuento que en realidad existe).
(Esta es)
(Efectivamente, es un señor maquillado y con peluca).
...
En aquel momento, un hombre con aspecto de héroe legendario hizo su entrada en el garaje con un acorde salvaje de guitarra. Era rockero y se llamaba Carlos Reséndiz, pero en aquella urbanización todos le llamaban simplemente “Charly”.
(Ya no es pupi la única persona que existe de verdad, qué genial).
—Pero qué hacéis, malandros —me encanta esa palabra—. A ver, tú, el niño sin camiseta, ¿qué es ese tesoro que tienes ahí?
Charly se refería al transistor mágico, claro, que el bueno de Kincaid aferraba contra el pecho mientras Zorrón le arañaba la cara y pugnaba por quitárselo.
A duras penas -puesto que Zorrón estaba despilotada y no respondía a razonamiento alguno-, Kinqui le reveló a Charly la historia del Transistor. A él si le contó, porque le daba confianza, sobre la oruga de los siete deseos, entre gritos y llantos.
Charly abrió mucho los ojos. Kincaid se sintió aliviado al comprender que le había contado todo esto a la persona correcta que no le tomaría por pirado.
El rockero reflexionó por unos minutos y dijo:
—Hay un sabio que vive en la colina, a las afueras del pueblo. Creo que es el único que puede ayudarnos.
—Chingatumadre! y quién ese wey?
—Se llama Chávez, Antonio Chavez. Es pariente de James Bond, y sobrino de Íñigo Montoya el cual mató a tu padre. Ahora, prepárate a mori-... digo, ¡vayamos a su guarida!
Y allá que fueron todos. Aunque al Rubart hubo que convencerle de que Chávez no les iba a cobrar por la visita porque no era pesetero.
Jajajajajaj.... Jajajajajaja... (me estoy riendo de verdad, Reyes, que no es sólo escribir esos jajajajajajajajajajaja)
¡Cuánta imaginación, por Dios!
Ni siquiera yo, el único pariente consanguíneo del inmortal 007 James Bond, el héroe que no conoce la palabra "imposible", podría añadir algo más a este relato.
Se escribe solo este cuento, es como una enfermedad (mental).
Siento mucho haber aireado tu secreto genealógico... pero es que tú eres muy modesto y te lo callas, ¡ya era hora de que las gentes supieran!
Y allá que fueron todos. Aunque al Rubart hubo que convencerle de que Chávez no les iba a cobrar por la visita porque no era pesetero.
El camino hacia la guarida de Chávez estaba plagado de peligros y seres extraños, pero merecería la pena porque El Amo del Calabozo (como también llamaban a Chávez) les daría poderes a todos (“tú, el bárbaro” le diría a Kincaid; “tú el mesonero”, y así. Pero no nos adelantemos, que aún no hemos llegado a esa parte del cuento).
Por increíble que parezca, Charly no se preguntaba en qué momento había decidido aliarse a una cuadrilla de niños dementes en pro de una misión imposible. Estaba emocionado con la historia del Transistor y la oruga, de modo que sólo veía el camino ante sí, sin extrañarse de los orcos de Mordor que les observaban a lo lejos. Por su parte, Zorrón ya se había olvidado del transistor; iba deslumbrada mirando al rockero porque se le parecía a Tom Cruise en la película de “Maverick”. Para desgracia de todos, la morra loca se había enamorado. El Rubart iba sacando lustre al monedero, Maruxa bebía vino a sorbos de una cantimplora con estampado de camuflaje, y Kincaid por fin sentía que volvía a ser feliz… todo estaba bien, al menos en apariencia. Hasta el transistor parecía contento, aun cubierto de mugre y envuelto en la remera destrozada de Pupi Poisson.
Atravesando un desfiladero se encontraron con una señora indigente que tenía bastante buena reputación en el pueblo (totalmente inmerecida). Gustaba de la soledad, aunque había cambiado el café por el barro de los charcos, que se bebía en tacitas de plata, porque no tenía dinero. Se decía de ella que antaño formó parte de un ejército de gatos, aunque ahora sólo la acompañaba una gata obesa de rayas, vieja como la muerte, a quien llamaba "Mamá" y llevaba en un carrito de bebé. También se contaban leyendas escalofriantes en torno a su persona, como que escribía con su propia sangre en las paredes de debajo de los puentes y a veces incluso con materia fecal (quizá por eso es que la echaron del pueblo). No os puedo decir su nombre porque a ella misma se le había olvidado, pero seguro que ya lo sabéis.
—¡Alto ahí, insensatos! ¡No… podéis… pasar!—¿Era esta señora la reencarnación de Gundalf o se comportaba como tal?
(Gundalf)
Así pues, ¿era esta señora la reencarnación de Gundalf o al menos lo bastante friki para comportarse como tal? Imposible saberlo, pero les cortó el paso apuntándoles con un arma de contrabando, y cualquiera le decía que no con esos ojos de asesina. Les dijo que mancillar el rostro de Pupi para limpiar un transistor era pura blasfemia, sugiriendo acto seguido que, en lugar de la ramera (puto corrector), podían usar a la gata decrépita como borla atrapapolvo cuando llegara el momento. A Kincaid (líder indiscutible de todos los weyes -cuando escribo “weys” el corrector me lo cambia a “gays”-) no le pareció mala idea en absoluto, a pesar de que ir fardando por la vida a pecho descubierto no estaba nada mal.
—Pero todavía no. —Claro. Sólo podían frotar aquella cosa en presencia de Chávez, quien resolvería cualquier infortunio que pudiera suceder.
—Está bien —dijo aquella loca sin cerebro—. Me uniré a esta caterva de degenerados a vosotros por el camino de baldosas amarillas.
Y, embargada por la euforia, se agarró a la cintura de Charly en plan trenecito para que todos fueran bailando la conga como en las bodas de España: una piernita parriba, la otra después, un pasito palante, el meneito-el meneito-el meneito y así, así, así. A punto estaban de cambiar de marcha con canciones de King Africa cuando, gracias a dios, pasó algo espantoso. ¿Era un pájaro lo que surcaba el cielo sobre sus cabezas? ¿Era un dragón de fuego? ¡¡No!! Era… ¡Nachín de Ágrava cabalgando su alfombra mágica a motor! Y encima sin casco. Aquí sobra decir que Nachín era una leyenda, es decir, un ser mitológico cuya existencia negaría cualquier persona normal. Kincaid no lo era (normal); tenía su cuarto empapelado con posters de Nachín, y soñaba en secreto con chutarse heroína porque sería lo más cercano a irse de viaje por mundos mágicos como hacía este. Si, queridos niños de cincuenta años, Nachín el viajero era su ídolo, y qué más daba si en aquel momento también era una alucinación por causa de los tripis que Maruxa les había dado a todos.
—¡No manches wey, eres Nachin de Ágrava!
Nachin descendió de su moto entre humaredas de azufre y negó con la cabeza.
—Soy Náchogorn, hijo de Pútingorn -insertamos la foto de Rasputin Vladimir Putin-, heredero de Isildur, príncipe de los ladrones.
—Epa —terció Zorrón a modo de saludo, pasándose por el coño a toda familia ilustre de cualquiera—. Llévanos en tu alfombra mágica a la colina del sabio.
—¿Es cara la gasolina? —cuestionó el Rubart, preocupado por qué tipo de combustible usaría Nachin para propulsar aquella cosa.
—¿Gasolina? ¿Bromeas? Mi moto es la hija del viento.
Y pues se subieron todos en la moto de Nacho (a ver, si puedes meter ya no sé cuántos payasos en un mini todo es posible), quien no pudo hacer nada por evitarlo. Una vez cómodamente instalados, Charly sacó su guitarra para el deleite de todos y puso banda sonora a la alegre tropa sin ley.
(por supuesto el juego sigue en pie para todas las mentes dementes de este planeta).
Y pues se subieron todos en la moto de Nacho (a ver, si puedes meter ya no sé cuántos payasos en un mini todo es posible), quien no pudo hacer nada por evitarlo. Una vez cómodamente instalados, Charly sacó su guitarra para el deleite de todos y puso banda sonora a la alegre tropa sin ley.
***
En algún lugar de Albania, un hombre llamado Ariel cerraba el condenado libro con el que llevaba ya demasiado tiempo malgastando su vida, los ojos empañados en lágrimas. “Por qué leo esta idiotez sin poder parar. Por qué me atormento si yo soy una persona buena”, se lamentaba, alzando la mirada al cielo.
A pesar de estar leyendo aquella basura, Ariel aún respiraba sin necesidad de reanimación cardiopulmonar avanzada, pues tenía la capacidad asombrosa de mantenerse cuerdo en las peores adversidades. Pero lo que no podía negarse era que aquel cuento infernal seguro estaba embrujado, o a lo peor procedía de las garras del mismísimo demonio. Cuando había visto el título —”Kincaid y el transistor mágico: la historia donde todos (menos Ariel García) nos volvimos gilipollas”-, Ariel pensó: “La puta que te parió, Bumblebee pelotuda, pero qué rata de agua malparida que sos por escribir esta cosa”, lo cual quería decir en realidad: “oh, tengo que leerlo, necesito esto en mi vida, gracias por haber malgastado tu precioso tiempo escribiéndolo, Bumblebee”.
(Un momento, alto ahí. Borremos y rebobinemos inmediatamente porque todos sabemos que Ariel jamás hablaría así -emoti de corazón-, ni siquiera por estar leyendo un mal libro. Seamos fieles a la realidad):
Cuando Ariel vio el título, pensó:
“‘¡Andate a la mierda, y vos por qué carajo naciste, me cago en la memoria de tus ancestr-
(¡No pero!),
la concha morocha de tu hermana, Bumblebee, sos el demonio mismo, dejá de decir boludeces argentinas por placer, por qué disfrutás con esto y las ponés en mi boca, sucia tetona chupa pija hija de re mil putas y la recalcada concha de tu madre, culo roto, sorete con patas, gorda traga sable maricona de mierda pelotuda, mogólica y forra!
(Lloro de risa porque las groserías argentinas tienen una magnitud que está más allá de las peores pesadillas de nadie…),
está bien, te perdono, trola cagona cogida por 500 mil perros sarnosos, y sabé que hay más pero me da flojera seguir, la concha de tu re putísima verguda trola idiota pete gila forra puta madre".
(Bueno, continuemos. Todos sabemos que Ariel -jaaja., bueno, ni él ni cualquier persona con un mínimo de decencia y salud mental- nunca diría esto… ¿verdad? Sólo si acaso Eric Cartman de South Park).
“No, no, pará. Por qué, Bumblebee, por qué esto. Escribiste algo lindo y a mí me ponés a decir boludeces como un loco, como un tarado; vos me usás a mí para decir que los argentinos somos gente malhablada y sabés lo que te digo, para creer en una pelotudez asi hay que ser un boludo hijo de la Gran Puta”.
Bueno. Después de leer esto, Ariel me puso una denuncia en el hilo de las querellas que terminó en funa pública, baneo, despido procedente y orden de alejamiento de 20.000 leguas de viaje submarino amarillo. Sin embargo, al volver a su casa miró el libro maldito y dijo: “pero qué quilombo polifónico con el transistor”, se sirvió otro mate, se fue a la nevera a por unos pinchitos y siguió leyendo las andanzas de Kincaid y su banda de putos.
***
Por otro lado, en algún lugar de los bajos de Harlem (?), el malvado vecino de Kincaid seguía pergeñando su maléfico plan sin fisuras.
No os he hablado hasta ahora de este villano, pero ha llegado el momento de hacerlo. Le habían llamado de muchas maneras en los barrios aledaños, y esta vez no me refiero a insultos, sino a nombres reales y terroríficos como Voldemort, Sauron, Kenny G… porque uno de sus tantos poderes era que podía cambiar de forma a placer. Tenía tropomil años y había sido cura surfero, dependiente de una tienda esotérica y padre de dragones (todo ello en diferentes reencarnaciones y no a la vez, porque era poderoso pero tenía sus límites), azafato de televisión y líder de la mafia china. El último de sus nombres, que los pocos que lo conocían no se atrevían a pronunciar, era Ohm… y el primero, Lopán.
(Lopán).
Sentado en su butaca repujada en piel humana, Ohm Lopán reía como el ser de oscuridad que era mientras acariciaba la cabeza de su gatito Azrael. En el fondo era una buena persona; alguien que simplemente disfrutaba haciendo el mal y sembrando el caos sin hacer daño a nadie. La señora loca que escribía mierda y llevaba a su gata en un carrito le conocía y podía dar fe de esto, pues le guardaba un gran cariño. Si os preguntáis cómo se conocieron estos dos seres -¡tan parecidos y tan iguales al mismo tiempo!-, fue porque, hace como mil años, ella puso un anuncio en el periodiquillo del pueblo buscando un sicario porque le faltaba valor para suicidarse, y Ohm le mostró su amplio currículum entonces, donde constaba, entre otras cosas: su conocimiento en artes marciales como el kantejondo, manejo de nunchakus y tanatoestética para la escena del crimen, ser troll activo en Forocoches y amigo de McMartidan, aparte de haber pertenecido a la cuadrilla de “los hombres catapulta” cuyo jefe era el famoso monje Wololo.
(este tío)
Y le sugirió, desde el afecto sincero, que era mejor matar a la mala gente que matarse a uno, y que además ahora tenía una oferta de auriculares gratis por el encargo de la primera muerte. Al final no mataron a nadie y se hicieron grandes amigos, tanto así que durante varios años trabajaron juntos en una novela que se llamaba “¡Qué chévere, Marychocho se ha comido a tu perro!”, la cual nunca vio la luz y eso es prueba de que Dios existe.
He-Man y los Masters del Universo - Opening en castellano (youtube.com)
Buenos días, amigos, ¿Cómo estáis? Yo sigo en el váter, lugar idóneo para retomar esta historia de mierda. No obstante, antes de continuar, me gustaría pasar lista a fin de no perder a ningún personaje por el camino. Os cuento que he estado recientemente visitando a George Martin y tiene las paredes de su casa llenas de post it con flechas cruzadas que ni te cabe un alfiler; ha de ser un método infalible para mentes privilegiadas, pero yo me colapso sólo de verlo… así que comencemos:
¿Antonio Chávez?
—Aquí me hallo.
Jo, qué bien. Gracias por asistir.
—No es nada, cosas peores he soportado.
Qué horror. ¿Zorrón Combarro?
—¡Epa Txurreigan Gorrioneak!
¿Por qué cada vez que hablas siento que te estás cagando en mi padre? Ok, anotada.
¿Rubart Zenorio? El personaje secundario del niño catalán, me refiero.
—¡Socors! ¡El senyor de la catifa màgica acaba de robarme!
—Silencio, escoria. Ya te dije que era el príncipe de los ladrones.
Estupendo. ¿Nachín de Ágrava?
—Acabo de hablar.
Ah, sí. Em, em, em… Kincaid, ¿qué te ocurre? ¿Por qué esa cara de susto?
—Nada, profesora. Sólo es que… esto de pasar lista me trae recuerdos del Vietnam de cuando fui por unos años a la escuelita española…
Ay, no, pobrecito, de verdad que lo siento. ¿Lo pasaste mal? Cuéntanos. Te escuchamos.
—No, profesora, ¡estuvo padrísimo! Pero el primer día los niños dijeron “¡juguemos a las cogidas!” Y yo como: ¡¡¿¿??!!
Juguemos a las Cogidas (youtube.com)
Bien. Tras esta simpática anécdota no exenta de traumas graves, prosigo. ¿Maruxa la bruja?
—A veces presente y a veces no.
Vale, sí. ¿Morgan el pirata de Brónxtoles?
—Esto es porque ayer me cabreé contigo porque yo no salgo en la historia, ¿verdad?
Tranquilo, saldrás.
—No, no. Ya no quiero.
Bueno mi amor, lo hablamos en casa, ¿sí?
—¿En casa de quién? Perdona, es que no te conozco.
Ja, ja. Qué gracioso. Sigo. ¿Charly Elvis Maverick?
—I remember everything.
Charly, ¿eres tú?
— I remember every single thing. As if it only happened yesterday. I was barely seventeen… and I once killed a boy with a fender guitar.
Este NO es el hilo de sucesos paranormales, Charly. Lo sabes perfectamente.
—I don’t remember if it was a Telecaster or a Stratocaster…
Ya te he anotad-...
—BUT I do remember… that it had a heart of chrome. And a voice… like a 🔥horny angel🔥.
Está bien. Sigamos.
—I DON’T REMEMBER if it was a telecaster or a stratocaster.
But I do remember… that it wasn’t at all… easy.
It required the perfect combination… of the right power chords. And the precise angle from which to strike!
Ok me suicido.
—The guitar bled for about a week afterwards… And the blood was zoot, dark and rich, like wild berries.
(destello deslumbrante en la sala. Mierda, no he repartido las gafas de sol!!)
—¡Él… tiene el… poder! Como yo cuando desenvaino mi gran espada, je, je…
¿Y tú quién eres?
—Me llamo Adam, príncipe de Eternia. Y estos son mis amigos: La Hechicera, Orco y… ¡Éldelbar!
¿Qué? ¡Fuera de aquí ahora mismo, troll!
—THE BLOOD OF THE GUITAR WAS CHUCK-BERRY-RED!
...
...
...
—...But it rang out beautifully. And I was able to play notes… that I had never ever heard before. So…
—¡Órale que el Charly está por dar un concierto!
Ahora se pispa el niño este.
—So… I took my guitar. And I smashed it against the wall!
—¡¡¡!!!
—I smashed it against the floor!!!
A lo mejor termino de pasar lista el año que viene.
—I smashed it against the body of a varsity cheerleader…
—¡¡Pupi presente!!
—...Smashed it against the hood of a car. Smashed it against a 1981 Harley Davidson!
—Eso es pecado mortal.
—Sí, Nacho. The harley howled in pain…
Segurata del teatro: A ver, por favor, la señora esa de la tercera fila que es más fea que Gundalf, ¿quiere hacer el favor de dejar de disparar con el gato como si fuera una recortada?
—Meeeeeeeeeeeeeeeeoooooooooooooowwwwwwwwwwwwwwww!!
—The guitar howled in heat!!! Silencio, malandros.
And I ran upstairs to my parents bedroom.
Mummy and Daddy were sleeping, quietly in the moonlight…
Slowly I opened the door,
creeping into the shadows,
right up to the foot of their bed…
(se escucha el viento del norte mientras a Zorrón se le cae la baba).
—I raised the guitar high above my head!!
And just as I was about to bring the guitar
crashing down upon the center of the bed,
my father woke up, screaming: "STOP!!!!!"
Por favor, ¿podemos terminar?
—Keko Ñazo presente.
—”WAIT A MINUTE, STOP IT, BOY!
What do you think you're doing?!
That's no way to treat an expensive musical instrument!"
Vale. Keko, Pupi, Kincaid… a ver, ¿Quién me falta? ¿Ohm?
—Para ti he muerto, maldita lisiada. Cómo te atreves a ponerme como el villano de la historia.
—Vos viste la perra loca hija de mil putas, aún te la tengo guardada, Bumblebee de mierda.
Okay… Ohm está, el señor loco que suplanta a Ariel también… Creo que ya no falta ninguno.
—Pero qué atropello, ¡falto yo!
—Antonio, si te he nombrado el primero.
—Ah, como no has dicho “Bond”...
—And I said "GOD DAMN IT, DADDY!!
You know I love you...
BUT YOU'VE GOT A HELL OF A LOT TO LEARN ABOUT
ROCK🔥 AND🔥 ROLL🔥🔥🔥 !"
Meat Loaf - Wasted Youth (youtube.com)
Supongo que el "relato" me pedirá escribir más, y si esto ocurre lo subiré a Literanoicos con el permiso de Nacho de Ágrava, completo si es que logro cerrarle desenlace xd.
Un abrazo y gracias siempre por leer!!
Hay un capítulo nuevo e iré actualizando entregas!
Muchísimas gracias, Nacho
Una tarde cualquiera, iba Zorrón Combarro paseando con nostalgia por el garaje donde antaño su perro Gorka meaba las llantas, yendo a dar con lo que parecía un chicle pegado en el suelo. Sólo que el chicle tenía ojos.
-¿Quién cojones eres? -le preguntó la niña -. Y sobre todo: qué haces en mi garaje, rufián.
-Soy Supermán -respondió el chicle con toda su polla.
Zorrón no lo pensó dos veces:
-Pues vaya una mierda eres, no? -contestó, tan amable como siempre.
-Muchas gracias, puta niña. He aquí la prueba viva de que la humanidad es escoria -se lamentó el chicle-. Yo venía a salvar el mundo, pero me parece que me voy a mi casa. Ah, no, espera. Me quedé varado por culpa de... (chanchanchán) ¡la kriptonita!
Zorrón se quedó pensativa. Nunca en su vida había oído la palabra "kriptonita" (su cultura friki ya vemos que era nula), y se preguntó si acaso sería una nueva sustancia ilícita que mereciera la pena probar.
-Eres un blando -barbotó-. ¿Quién te la vendió? -inquirió acto seguido con suspicacia, sólo porque se olía que esa cosa sería difícil de conseguir.
-Un caballo que quiere ser cantante -lloró Supermán.
-Aiba la hostia. -"Lo que me temía", pensó Zorrón Combarro. Habría pensado que ese pobre ser estaba loco de no ser por lo drogado que en efecto parecía-. ¿Y dónde vive el tío ese?
Y Supermán no tuvo más narices que confesar la verdad:
-le conocí en mis sueños durante un concierto de MaikelYakson.
Y, para reforzar sus palabras, le mostró con orgullo el tatuaje que lucía en aquella región del cuerpo donde no daba el sol (que no le daba en ningún sitio):
-A que es guay. Me lo he hecho yo mismo con un alambre y un mechero.
Qué barbaridad. Zorrón estaba alucinada. Comprendió que aquel tal Superman era un tipo duro, aunque seguía pareciéndole imbécil.
-Los tienes cuadraos. Cuando se lo cuente al Rubart no se lo va a creer, pensará que te clavaron un millón de pesos mexicanos.
SuperMán guardó silencio. En realidad, el tatuaje se lo había hecho su gran amiga Porca the ClubKid
, antes de dedicarse a acechar en las alcantarillas vendiendo llaveros, pero eso no era algo que estuviera dispuesto a confesar.
--Pues vamos a por el caballo ese, le pienso dejar con el culo roto -bramó Zorrón sin pizca alguna de temor.
--Está bien. Sólo no llames a la policía. Y recuerda: la kriptonita es adictiva, tóxica y altamente inflamable.
--¡Justo lo que me imaginaba! --Zorrón batió palmas de alegría. Por supuesto, todos menos ella barruntábamos que aquella misión era un suicidio.
--Pero antes de emprender nuestro viaje, yo pegado a tu suela y tú a lomos de un draón blanco de la suerte muy borracho, has de saber que hay alguien cuya ayuda es crucial...
...CONTINUARÁ.
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Casting:
-Zorrón la niña demente: el Schuarzenager de Conan el Bárbaro (en sus buenos tiempos).
-Superman masticado en el suelo: Nicolas Cague (y mee si quiere también). Porque está en todas las películas haciendo de lo que sea, y una más a quién le importa.
-La Porca: La Porca.
-Narrador: cualquier mamarracho con problemas mentales.
-El caballo que quiere ser cantante: esto es una entelequia del futuro, y en tu pantalla amiga no hacemos spoilers!!
-Dirección: nadie al volante.
-Guiones: a saber qué anormal.
-Vestuario: nadie (todos van desnudos, es un cuadro).
-Nachín de Agrava producciones advierte que cualquier parecido con la coincidencia es, por fortuna, pura realidad (espérate que nos hemos liao, me parece). Y también advierte que el actor anterior de kinkaid ha muerto por sobredosis de corazón abierto y en esta nueva temporada el niño monstruoso será interpretado por Hulk Hogan.