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Amor y libertad buscaban

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Amor y libertad buscaban

Aquella muchacha, de unos quince años, corría todo lo rápido que le permitían sus delgadas piernas. La Luna, oculta tras densos nubarrones, apenas iluminaba su sucio rostro y sus harapos con barro. El viento, cargado de densas ráfagas de agua, la azotaba y la obligaba a pelear con él para poder avanzar. Se detenía para ver el núcleo de la tormenta. Miraba asustada el centro del vendaval, que no era un fenómeno normal, era un núcleo con rayos y truenos concentrados. Sentía cómo sus pies se hundían en el barro, pero se obligaba a seguir corriendo.

“Nunca más seré un esclava”, pensaba.

La tormenta la atraía como imán a metal. No entendía lo que ocurría. Huía para salvar su vida, pero extrañamente se sentía atraída por el centro de lesa tormenta. Aquello era una locura. A medida que se acercaba al foco del vendaval, podía ver a lo lejos dos imágenes. Pensaba que debía de estar loca, pues esas figuras chocaban en el aire, se daban la vuelta, se rodeaban y se volvían a enzarzar a una velocidad vertiginosa. Pero ella seguía corriendo durante algunos minutos más.

“Ahora soy una fugitiva”, pensaba de nuevo.

Se había escapado de su casa y era probable que la estuvieran buscando, pero ella sólo era capaz de mirar la deslumbrante luz de los relámpagos. Finalmente, llegaba a pocos metros del misterio y se quedaba boquiabierta.

Aquellas dos imágenes tenían apariencia de hombres, pero no podían ser; quizá eran un raro cruce de animales o algún tipo de monstruo, porque portaban alas de pájaro que les permitían volar.

Se escondía tras una piedra y miraba. El ser de la derecha tenía el pelo dorado, algo que ella nunca había visto. Llevaba una especie de coraza de un color azulado, y un arma corta que parecía expedir llamas azules. El otro, en cambio, era distinto; moreno y espigado, pelo largo y liso. No parecía llevar protección, y un torso delgado se atisbaba entre su ropa. Portaba un arma de color negro, fina y alargada. Había visto en la ciudad armas parecidas, pero no tan detalladas.

Ambos contendientes se atacaban con ira y odio. De cada cruce de sus armas surgía un relámpago que iluminaba la zona. La chica sabía, por fin, de donde venían los rayos. Estaba a punto de irse, cuando echaba una última mirada al cielo. Aquellos seres se habían separado y, antes de que ella pudiera reaccionar, se lanzaban a velocidad inhumana el uno sobre el otro.

Cuando pudo mirar, veía que el ser de pelo negro había clavado su espada en el abdomen de su rival, que se revolvía y se sacaba la espada de sus entrañas. Aquel semihombre de pelo azabache miraba como el otro huía, daba unos pasos y caía a poco metros de donde ella estaba, que iba en su auxilio. Lo hallaba tumbado en la fría y encharcada tierra y descubría una enorme herida desde la clavícula hasta la cadera. El joven, que desprendía un aura densa y agradable, a la vez la miraba con los ojos vidriosos y le sonreía.

—¿Te ha gustado la pelea, Laura?
—¿Cómo es que sabes mi nombre?
—Sé muchas cosas de ti, del por qué has escapado, de tus miedos, de tus anhelos -y entornaba los ojos-. Yo sólo necesito que me hagas un pequeño favor. Mi herida es mortal, pero si me ayudas podré salir de esta.

Laura miraba ensimismada el rostro del muchacho ¿Cómo podía conocer cosas sobre ella? ¿Quién era? Y, sobre todo, ¿qué era lo que quería de ella? Fijaba de nuevo sus ojos en el rostro del muchacho. Era un varón guapo y con buen cuerpo, más que cualquier otro hombre que hubiera visto nunca. 

El muchacho al verla dudar, le decía:

—¿No quieres ayudarme? Ambos conseguiremos lo que ansiamos. Una existencia en libertad y disímil a todo cuanto puedas imaginar. Vamos ya, no me queda mucho tiempo.

Laura pensaba de nuevo en su vida sin futuro, y también en el infierno que le aguardaba tras su muerte, un lamento eterno de sufrimiento y sin esperanza. Se acercaba más a él y podía sentir el poder que contenía en su cuerpo. Por unos instantes sentía ilusión y no podía evitar sonreír.

-¿Me dolerá? -decía con los ojos vidriosos.

El joven le mostraba una sonrisa cálida, a la vez que negaba lentamente con la cabeza.

Laura se había enamorado de él.


LA CAJA DE MSICA 4 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 36 Lluvia10

A Chávez López
Sevilla mar 2024

 :) 


Comentarios

  • Bonito relato. Pensé en ángeles, algo como los descritos en la biblia, claro que veo el giro al final. 
  • Antonio es un maestro en dar giros inesperados y agradables.
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    Ohm dijo:
    Bonito relato. Pensé en ángeles, algo como los descritos en la biblia, claro que veo el giro al final. 

    Mis escritos de esta índole son más terrenales que bíblicos.

     :)
     
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado marzo 2024
    Antonio es un maestro en dar giros inesperados y agradables.


    O sea, como Messi en fútbol, ¿no? Creo que valoras demasiado mi escritura, Carlos, pero gracias.

     :)
     


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