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Hace dos días que mi hija al despertarse metida en mi cama, se agarra a mi cuerpo y me estruja. En un acto reflejo aprieta mi barriga, está ya demasiado grande, pero me pide poder sentarse sobre ella y que le vuelva a hacer “el teatro de pies”, aunque ya el largo de sus piernas no se lo permitan. He adorado cada carcajada de mi niña sentada sobre mí, mientras le inventaba cualquier locura de historia, y le ponía voz e ideas a cada uno de sus pequeños dedos; nunca nada queda en ningún sitio y todo queda en algún lugar. Me dice que le gusta que este blandita y caliente. Me pregunta si me duele esa pequeña cicatriz donde tendría que existir un ombligo y solo hay un camino tortuoso borrado con el paso del tiempo. Le explico con tranquilidad que me ocurrió. Ella sonríe y responde:
—Me gusta tu barriga mama, yo siempre te conocí así— con la naturalidad del presente de un niño.
Entonces, todo está bien, absolutamente todo.
Hoy vuelvo a llorar pus por mis ojos porque una infección los ha atacado. Mi hija aparece con un taburete en la mano sobre el que subirse para poder alcanzar por encima de mi y lavarme los ojos con colirios y limpiármelos con una gasa. Jugamos las dos a contar cuántas gotas han entrado y cuántas se han perdido como lágrimas por mis mejillas. Se ofreció a curarme. A la par, recuerdo. Me conmuevo de arriba abajo. A ella no le hablaré de ningún bolso para llevar al hospital.
Ahora, todo esta bien, absolutamente todo.
Los hilos de seda anudan sin daño, con un bordado de mil flores y de oro. Con la segunda certeza de mi presencia en una habitación recordándole la primera vez que me negué a soltarla. Llamando al sendero del fuego y de la furia para protegerla. Hasta la muerte. Hasta que el dos vuelva ser uno y me lleve en el fondo de su memoria y más allá.
Y esta el tres: La luna, Diana, Hécate. La trinidad. El principio, el medio y el fin.
Absolutamente todo, por sostenerme en sus brazos y dar luz a mis ojos casi ciegos.
A veces una pare su propia cura.
Comentarios
Me da que un relato como este (en tres entregas) es un hecho real vivido y narrado por una madre.
Muy bonito, Diodama