No se agota la fuente, de la que mana mi amor por Alicia en forma de poesías, de bellas palabras, de recuerdos, de ilusión,...
Esta, de nuevo, me ha salido con versos alejandrinos, los cuales tienen, creo, la particularidad de que se componen de dos hemistiquios, los cuales deben ser heptasílabos, aunque en el cómputo del verso medido de corrido el número de sílabas sea trece o quince. Creo que esto es así, aunque yo no soy, por supuesto, un experto en esta materia. Y ha de tenerse en cuenta, para la medida, que la regla que rige para el final de los versos, rige también para el final del primer (de todos los primeros, claro) hemistiquio; es decir, que las agudas suman y las esdrújulas restan. Y creo que no se hace uso de la sinalefa en la cesura.
POR LOS PRIMEROS BESOS, JUVENTUD ARDOROSA
Por los primeros besos, juventud ardorosa,
con nostalgia infinita, compongo esta canción.
Por tu beldad real, tu gracia primorosa;
la, de tu cuerpo suave, prístina sensación.
Y por tus ojos de ahora, por tu voz y mirada,
con enorme ilusión, compongo hoy este poema.
Por que este nuestro amor, tan bello, sea tema
de una vida en común, largamente esperada.
Por tres años perfectos, de dicha irrepetible,
con sonrisa nostálgica, hago hoy esta poesía.
Por marzo y ella: mi Flor, Pequeña, inmarcesible.
Por de nuevo tocarte, que vuelvas a ser mía.
Gracias dios mio por encontrar este foro y este hombre gris!!!!!,espero que no te moleste hombre gris,pero eres fantastico y me estoy enamorando de tu pluma.
No contradigas nunca a nadie en la conversación cuando se trate de cosas dudosas. En las discusiones no te acalores, y si tu opinión la estiman falsa o menos buena, cede modestamente y permanece en un humilde silencio. Cede también y observa igual proceder en las cosas que no tienen importancia, aun cuando estés cierto de la falsedad de la opinión contraria. En las ocasiones en que sea necesario defender la verdad, actúa sin furor ni despecho. Obtendrás más éxito con la dulzura que con el ímpetu y el desdén.
No ocasiones molestias a nadie, por ínfimo que sea, ni de palabra ni de obra.
La práctica de la humildad.
Yo contradigo y a veces molesto -no sé cuántas, no siempre me lo dicen, pues muchas personas son mejores que yo-. Me da rabia ver que no mejoro como me gustaría. He molestado estos últimos días, y me he molestado sin motivo, por orgullo. Me he portado mal, me he inventado, por infundado orgullo intelectual, inexistentes ofensas contra mí. Y he esperado con impaciencia y malencarado (cara seria en exceso, triste,...) que una persona piense como yo, tenga mis gustos y se apasione por lo que a mí me apasiona. Y me ha molestado que sea diferente de mí en cosas que me parecen importantes (cosas de dudosa importancia, y algunas de segura inimportancia). En caliente, los que no tenemos una buena calidad moral, hacemos y decimos cosas de las que después nos arrepentimos, aunque por orgullo intelectual no nos atrevamos a admitirlo; y menos, a pedir perdón por el daño inferido.
¿Cuándo haré más bien que mal? ¿Cuándo predicaré con el ejemplo?
Eres un ejemplo a seguir,un idolo de masas,un dios,seguramente seras un triunfador.
Cada día te pasa un montón de cosas. Piensas que unas son muy importantes; otras, de mediana importancia; otras, muy poco importantes; y otras, nada importantes. En esto, hay algo de verdad; pero me parece que también la hay en la idea de que todo lo que nos ocurre es muy importante, aunque en el momento no sepamos ver la transcendencia de cuanto nos sucede. Muchos hechos, sucesos, acciones, en apariencia menudos, insignificantes, guardan su efectividad, su consecuencia, hasta que llega el momento en que pueden ser útiles o dañinos (o serlo en mayor medida). Y si no vemos ese florecer o fructificar de los sucesos -lo que no significa que ello no se produzca-, creo que podemos pensar que de algún modo la semilla de cada hecho tendrá o ya tuvo éxito, cumplimiento, para bien o para mal, bien que fuera o vaya a ser de modo inadvertido. Así se va haciendo nuestra personalidad, para bien o para mal. Y esta obra me parece que dura todo lo que dura nuestra vida.
El viernes pasado, día 12, me sucedieron, en mi opinión, muchas cosas muy importantes. Ahora, ya no me acuerdo de la mayor parte de ellas (¿se olvidan tan pronto las cosas muy importantes?); y aquellas de las que todavía me acuerdo, ya no me parecen relevantes. Tan triviales me parecen dos días después de haberme pasado, que considero que no merecen que las registre en este diario. Evidentemente, no ocurre así con todo lo que nos pasa, que al pasar el tiempo pierdan para nosotros parte de,o toda, su gravedad inicial (gravedad quizás sólo aparente, desde nuestra subjetividad; o gravedad real, incuestionable). Aunque quizás en esto influya la personalidad, la inteligencia, la experiencia, la cultura,... Algunos piensan -y me parece que yo soy, a la sazón, de esos- que la mayoría de las cosas que nos pasan, individual o colectivamente, no son de la gravedad que les supone nuestra mente -quizás excesivamente circunspecta, preocupada, ansiosa o angustiada-. Y, con matices, entendiéndose bien esta idea, quizás nada sea tan transcendente como deseamos, esperamos o tememos. La mente inventa mundos, realidades; imagina problemas, desgracias, desdichas, odios, también felicidades, dichas, amores,... Y atrae tristeza y alegría, infortunios o fortuna. La mente crea situaciones, estados, vidas. La mente, con los cambios de actitud, de perspectiva, es todopoderosa, puede dar la vuelta a la tortilla de una vida desarreglada o arreglada, perdida o encontrada. La mente nos coloca donde nos gustaría estar, o donde no querríamos estar (porque creemos que fatídicamente vamos hacia allá, que eso malo o nefasto nos va a pasar. Y nos pasa a menudo; porque lo hemos tenido por irremediable, y hemos dejado de luchar por la felicidad, o bien no hemos luchado por ella suficientemente). Por supuesto, la obra milagrosa de mente no siempre es material. El primer brote, y los siguientes, son psicológicos: estados positivos de ánimo, sana y medida alegría, actitudes de confianza en uno mismo -en las propia capacidad, en lo que valemos, en nuestra incuestionable dignidad,...-, curiosidad intelectual, deseos de aprender, de mejorar personalmente,... Estos brotes se convertirán en hechos que darán nuevos brotes, que darán nuevos hechos. Por supuesto que hay limitaciones insalvables, en un nivel material o físico; pero son ilimitados, me parece, los avances psicológicos. La inteligencia hace milagros.
Ahora recuerdo que alguien dijo que a partir de los doce años, nada de lo que nos ocurre es importante. Aunque nuestra razón pueda entender y aun comprender esto, no estaría de más que nos dieran una explicación detallada. Creo que después de dárnosla, pensaríamos: aunque eso pueda ser cierto, en teoría, a mí sí me han pasado cosas importantísimas más allá de esa edad.
Cada día te pasa un montón de cosas. Piensas que unas son muy importantes; otras, de mediana importancia; otras, muy poco importantes; y otras, nada importantes. En esto, hay algo de verdad; pero me parece que también la hay en la idea de que todo lo que nos ocurre es muy importante, aunque en el momento no sepamos ver la transcendencia de cuanto nos sucede. Muchos hechos, sucesos, acciones, en apariencia menudos, insignificantes, guardan su efectividad, su consecuencia, hasta que llega el momento en que pueden ser útiles o dañinos (o serlo en mayor medida). Y si no vemos ese florecer o fructificar de los sucesos -lo que no significa que ello no se produzca-, creo que podemos pensar que de algún modo la semilla de cada hecho tendrá o ya tuvo éxito, cumplimiento, para bien o para mal, bien que fuera o vaya a ser de modo inadvertido. Así se va haciendo nuestra personalidad, para bien o para mal. Y esta obra me parece que dura todo lo que dura nuestra vida.
El viernes pasado, día 12, me sucedieron, en mi opinión, muchas cosas muy importantes. Ahora, ya no me acuerdo de la mayor parte de ellas (¿se olvidan tan pronto las cosas muy importantes?); y aquellas de las que todavía me acuerdo, ya no me parecen relevantes. Tan triviales me parecen dos días después de haberme pasado, que considero que no merecen que las registre en este diario. Evidentemente, no ocurre así con todo lo que nos pasa, que al pasar el tiempo pierdan para nosotros parte de,o toda, su gravedad inicial (gravedad quizás sólo aparente, desde nuestra subjetividad; o gravedad real, incuestionable). Aunque quizás en esto influya la personalidad, la inteligencia, la experiencia, la cultura,... Algunos piensan -y me parece que yo soy, a la sazón, de esos- que la mayoría de las cosas que nos pasan, individual o colectivamente, no son de la gravedad que les supone nuestra mente -quizás excesivamente circunspecta, preocupada, ansiosa o angustiada-. Y, con matices, entendiéndose bien esta idea, quizás nada sea tan transcendente como deseamos, esperamos o tememos. La mente inventa mundos, realidades; imagina problemas, desgracias, desdichas, odios, también felicidades, dichas, amores,... Y atrae tristeza y alegría, infortunios o fortuna. La mente crea situaciones, estados, vidas. La mente, con los cambios de actitud, de perspectiva, es todopoderosa, puede dar la vuelta a la tortilla de una vida desarreglada o arreglada, perdida o encontrada. La mente nos coloca donde nos gustaría estar, o donde no querríamos estar (porque creemos que fatídicamente vamos hacia allá, que eso malo o nefasto nos va a pasar. Y nos pasa a menudo; porque lo hemos tenido por irremediable, y hemos dejado de luchar por la felicidad, o bien no hemos luchado por ella suficientemente). Por supuesto, la obra milagrosa de mente no siempre es material. El primer brote, y los siguientes, son psicológicos: estados positivos de ánimo, sana y medida alegría, actitudes de confianza en uno mismo -en las propia capacidad, en lo que valemos, en nuestra incuestionable dignidad,...-, curiosidad intelectual, deseos de aprender, de mejorar personalmente,... Estos brotes se convertirán en hechos que darán nuevos brotes, que darán nuevos hechos. Por supuesto que hay limitaciones insalvables, en un nivel material o físico; pero son ilimitados, me parece, los avances psicológicos. La inteligencia hace milagros.
Ahora recuerdo que alguien dijo que a partir de los doce años, nada de lo que nos ocurre es importante. Aunque nuestra razón pueda entender y aun comprender esto, no estaría de más que nos dieran una explicación detallada. Creo que después de dárnosla, pensaríamos: aunque eso pueda ser cierto, en teoría, a mí sí me han pasado cosas importantísimas más allá de esa edad.
Que sabias reflexiones maestro jugo,es un placer leerte,espero que no te molesten mis alabanzas.
Marzo!!,el mes en en el cual comienzan a crecer las flores de todos los rincones de la tierra,¿quien fuera abono para contribuir a ese fastuoso espectaculo natural?.Victor,Victor,Victor,mi apreciado amigo,tu pluma se ha enmudecido,ojala le vuelva la inspiracion divina de la cual te doto la madre naturaleza;Victor vuelve!!!
Comentarios
Cada día te pasa un montón de cosas. Piensas que unas son muy importantes; otras, de mediana importancia; otras, muy poco importantes; y otras, nada importantes. En esto, hay algo de verdad; pero me parece que también la hay en la idea de que todo lo que nos ocurre es muy importante, aunque en el momento no sepamos ver la transcendencia de cuanto nos sucede. Muchos hechos, sucesos, acciones, en apariencia menudos, insignificantes, guardan su efectividad, su consecuencia, hasta que llega el momento en que pueden ser útiles o dañinos (o serlo en mayor medida). Y si no vemos ese florecer o fructificar de los sucesos -lo que no significa que ello no se produzca-, creo que podemos pensar que de algún modo la semilla de cada hecho tendrá o ya tuvo éxito, cumplimiento, para bien o para mal, bien que fuera o vaya a ser de modo inadvertido. Así se va haciendo nuestra personalidad, para bien o para mal. Y esta obra me parece que dura todo lo que dura nuestra vida.
El viernes pasado, día 12, me sucedieron, en mi opinión, muchas cosas muy importantes. Ahora, ya no me acuerdo de la mayor parte de ellas (¿se olvidan tan pronto las cosas muy importantes?); y aquellas de las que todavía me acuerdo, ya no me parecen relevantes. Tan triviales me parecen dos días después de haberme pasado, que considero que no merecen que las registre en este diario. Evidentemente, no ocurre así con todo lo que nos pasa, que al pasar el tiempo pierdan para nosotros parte de,o toda, su gravedad inicial (gravedad quizás sólo aparente, desde nuestra subjetividad; o gravedad real, incuestionable). Aunque quizás en esto influya la personalidad, la inteligencia, la experiencia, la cultura,... Algunos piensan -y me parece que yo soy, a la sazón, de esos- que la mayoría de las cosas que nos pasan, individual o colectivamente, no son de la gravedad que les supone nuestra mente -quizás excesivamente circunspecta, preocupada, ansiosa o angustiada-. Y, con matices, entendiéndose bien esta idea, quizás nada sea tan transcendente como deseamos, esperamos o tememos. La mente inventa mundos, realidades; imagina problemas, desgracias, desdichas, odios, también felicidades, dichas, amores,... Y atrae tristeza y alegría, infortunios o fortuna. La mente crea situaciones, estados, vidas. La mente, con los cambios de actitud, de perspectiva, es todopoderosa, puede dar la vuelta a la tortilla de una vida desarreglada o arreglada, perdida o encontrada. La mente nos coloca donde nos gustaría estar, o donde no querríamos estar (porque creemos que fatídicamente vamos hacia allá, que eso malo o nefasto nos va a pasar. Y nos pasa a menudo; porque lo hemos tenido por irremediable, y hemos dejado de luchar por la felicidad, o bien no hemos luchado por ella suficientemente). Por supuesto, la obra milagrosa de mente no siempre es material. El primer brote, y los siguientes, son psicológicos: estados positivos de ánimo, sana y medida alegría, actitudes de confianza en uno mismo -en las propia capacidad, en lo que valemos, en nuestra incuestionable dignidad,...-, curiosidad intelectual, deseos de aprender, de mejorar personalmente,... Estos brotes se convertirán en hechos que darán nuevos brotes, que darán nuevos hechos. Por supuesto que hay limitaciones insalvables, en un nivel material o físico; pero son ilimitados, me parece, los avances psicológicos. La inteligencia hace milagros.
Ahora recuerdo que alguien dijo que a partir de los doce años, nada de lo que nos ocurre es importante. Aunque nuestra razón pueda entender y aun comprender esto, no estaría de más que nos dieran una explicación detallada. Creo que después de dárnosla, pensaríamos: aunque eso pueda ser cierto, en teoría, a mí sí me han pasado cosas importantísimas más allá de esa edad.
1- Proyecto de una psicología para neurólogos y otros escritos, de S. Freud,
2- Azul, de R. Darío,
3- Antología general, de J. R. Jiménez,
4- Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric,
5- Este inmenso mundo, de Sinclair Lewis,
6- Los grandes pensadores, de R. C. Eucken,
7- Emanuel Quint, de G. Hauptmann, y
8- Poesía y teatro, de W. B. Yeats.
Libros que he comprado hoy:
1- El poder cambia de manos, de C. Milosz,
2- Anábasis y otros poemas, de S. J. Perse,
3- Peyton place, de G. Metalios,
4- El valle de las muñecas, de J. Sussan,
5- Salambó, de G. Flaubert, y
6- Excusas para no pensar, de Eduardo Punset.