Madrugada del 21 al 22 (martes al miércoles) de marzo de 2000, a las 02'04 h., en la cama
Acabo de ver Adosados, con Ana Duato. Me ha parecido muy triste, muy oscura, esta peli. ¡Lo que acarrea la mentira! Mentimos cuando tememos. Todo el mundo está solo en algún momento de su vida, quizás siempre, si se piensa bien en esto. Pero las personalidades complejas, ricas, cuentan con una vasta pluralidad de yoes, lo cual les ayuda a sentirse menos solas. Los demás están siempre fuera, lo demás está siempre fuera, si no hay amor. Con éste, los límites se borran, o él los traspasa.
El amor y el sexo nos acercan, aunque de forma diferente.
Gracias a ti, Consuelo. A mí me gusta que te hayan gustado mi relato e interesado mi estilo. Aún habré de compartir muchos textos con los lectores de este mi diario. Espero suscitar una duda o una reflexión, gustar o entretener.
Evita con todo cuidado las palabras orgullosas, altaneras o que indiquen pretensiones de superioridad; evita también las palabras irónicas y las frases estudiadas.
...
En las conversaciones, no te mofes ni zahieras a los demás con palabras y sarcasmos... De las cosas espirituales, no hables como un maestro que da lecciones.
La práctica de la humildad, obrita que se supone de León XIII
Evita como un mal gravísimo el juzgar los hechos del prójimo; antes bien, interpreta benignamente sus dichos y hechos, buscando con caridad razones con que excusarlos y defenderlos. Y si fuera imposible la defensa, por ser demasiado evidente el fallo cometido, procura atenuarlo cuanto puedas.
La práctica del humildad
Madrugada del 27 al 28 (del lunes al martes) de marzo de 2000, a las 02'59 h., en la cama
En Francia, el género gramatical de los nombres de ríos es femenino (la Seine, la Garonne,...); en España, en cambio, es masculino (el Tajo, el Ebro,...). No con la misma regularidad que con los nombres de ríos, pero sí, en mi opinión, de un modo suficiente para suscitar la atención y algún comentario, en España los nombres más usados para designar el órgano genital masculino son de género gramatical femenino (pienso ahora en los que me parecen los dos más populares: la p.... y la p....). Y, curiosamente, sucede al revés con el órgano genital femenino, designado más frecuentemente con nombres de género gramatical masculino (pienso ahora en algunos de los más populares: el c...., el ch...., el c...., el h....,...).
He aquí algunas palabras de la amplísima familia semántica de la tristeza: tribulación, pesar, sucidio, mohína, pesadumbre, dolor, sufrimiento, disgusto, murria, desolación, abatimiento, desconsuelo, angustia, ansiedad, desánimo, desesperación, decaimiento, languidez, depresión,... Son muchísimas más las que podrían decirse.
Palabras de la familia semántica de la alegría: exultante, animado, jovial, entusiasmado,... Hay muchas más, claro. Pero...
Bueno, hablo de esto porque he oído decir que son muchas más las palabras relativas a la tristeza que las referentes a la alegría, que abundan mucho más las negativas que las positivas. Yo no sé si esto es así en verdad. No voy a hacer unas listas exhaustivas. Pero si diera por buena, por cierta, esta idea o conclusión, me preguntaría -me pregunto-: ¿sería -será- porque las personas sufrimos más que gozamos, en general; porque pasamos más tiempo preocupados que disfrutando? También me pregunto por qué este hombre moderno tan orgulloso de sí, de su enorme capacidad mental, incluso de su especial inteligencia, y de sus obras correspondientes a esas capacidad e inteligencia, no ha inventado ya muchas más palabras positivas, relativas a la felicidad, a la alegría. Porque se supone que si una palabra existe es porque designa una realidad.
Madrugada del 28 al 29 de marzo de 2000, a las 03'19 h.
La ira vieja, acumulada, no olvidada, "guardada", reconcentrada, la ira rancia, es el rencor; en la lengua francesa,rancune, que también es la rencilla.
Me ha gustado Furtivos. Pero me han disgustado las escenas violentas con animales. Me ha encantado la belleza salvaje, natural, animal, de Alicia Sánchez, que aquí tenía veinticinco años de su edad. Ahora, en mi opinión, veinticinco años después, está irreconocible físicamente. Más que su cuerpo, me ha excitado su cara, su mirada.Ovidi siempre está bien, igual que Lola. Me gusta mucho el cine de esta época. Esta es una peli muy dura. Y me parece que se insinúa el incesto.
Nietzsche andaba mal de la vista. Murió en un manicomio. Su padre era un pastor luterano. Quedó huérfano.
Voltaire viajó a Inglaterra y aprendió la lengua inglesa pronto y con facilidad. Estuvo encerrado dos veces en la Bastilla.
Sigo copiando palabras de otros que me han dado que pensar:
- Todas las cosas del universo son perfectos milagros insondables.
- Falta de uno es falta de ambos.
- Miro hacia atrás y veo los días en que me sofocaba en medio de la niebla con los retóricos y los batalladores. No empleo pullas ni sofismas: observo y espero.
- Amo la vida al aire libre.
- Este minuto, nada es mejor que él ahora.
- El dondiego de día que florece en mi ventana, me satisface más que toda la metafísica de los libros.
Acabo de escuchar en La mies es mucha (película de J. L. S. de Heredia, del año 48) que Dios alimenta a sus gorriones. Esto me anima, pensando en mi futuro, pensando en lo que podría hacer si llegara a ser valiente. Pero ya escucho a los que dicen: ¡tonterías! Bueno, la viña del Señor es muy grande. Yo pediría, recordando una antigua plegaria: Señor, cuida y protege esta tu viña, por tus manos plantada.
Libros comprados por mí ayer:
1- Vivir para vivir para siempre, de Jaime Borràs, con prólogo de J. Mª Gironella.
2- El éxito más grande del mundo, de Og Mandiano.
3- La función del orgasmo, de W. Reich.
4- Laletra escarlata, de N. Hawthorne.
5- Medicina y ética en discusión, de P. Sporken.
6- La unción de los enfermos, de M. Nicolau.
7- El testamento de san Juan, de J. J. Benítez.
8- Evangelio de san Marcos, de José María González Ruiz.
9- Semblanzas, de P. Sainz Rodríguez; con prólogo de J. Mª de Areilza y epílogo de L. Mª Ansón.
10- Papeles confidenciales de Su Santidad Juan Pablo III, de Francisco de Juanes.
11- Secretos de una pornostar, por Celia Blanco y G. Hernáiz.
12- Dafnis y Cloe, de Longo.
13- El amor entre los primitivos, de Gustave Welter.
14- El misterio del Grial, de Julius Évola.
15- Las cárceles del alma, de Lajos Zilahy.
16- Archipiélago Gulag, de Soljenitsin.
17- Los espectros de Kronstadt, anónimo.
18- Introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales (edición de 1.943)
Alicia, este es el nombre. No los grandes Estados e Imperios, no los grandes estadistas, no los astros del firmamento físico visible e invisible, no los ríos cuna de civilizaciones, no las montañas soberbias e inhóspitas, no las selvas inextricables, no los artistas inmortales, no sus obras, no las criaturas más exóticas o bellas, no... Alicia, Alicia, Alicia. Por ella, sólo por ella, despierta en mí la Poesía, vibra la humilde cuerda sonora que la Vida, la Belleza o Dios puso en mí. Alicia, por ti.
POR TI
Siento el deseo de quererte,
más y más, y más, vehemente.
Me gozo viéndote, aun sin verte;
oigo, aun sin oírte, tu voz con fruición.
Te quiero con extraña pasión.
Te espero; y aunque no vengas, llegas.
Tu amor me llega, y tu mente.
Soy tuyo, aunque no lo sepas.
Cuando mota de polvo de estrellas
era, ya era tuyo. Y aquella simiente
cursó eras para ser tu amante.
Es fácil esperar, es fácil sonreír,
no es nada llorar, si esperas vivir
con la mujer que, amándote, te encumbró
a cimas vírgenes, no holladas.
No importa sufrir, si es fácil ser feliz
con la mujer que con su amor alumbró
oscuras simas de tu alma, deprimidas.
Tendré por ti, mi amor, el corazón
ardiente, enfebrecido, perdida la razón.
Seré por ti, mi vida, risa, voz, alegría,
calor, fragancia de flor,música, luz del día,...
Por ti, ilusión, inocencia, amanecí;
ensueño y amor en silencio, por ti atardecí;
Por ti, sostén y paciencia soy en la espera;
plena entrega amorosa, por ti seré en la hora postrera.
Cuando ayer me levanté, pensé de súbito: quiero comprarlo ya (un libro, una obra del pensamiento). ¡Venga, me voy! Me cogió el primer conductor que llegaba. Dicen mal de él, lo ponen verde, por razones que no me importan. Este buen hombre criticado por los murmuradores de oficio, infatuados por su buena fama a precio de falsía, de hipocresía,..., me alargó varios kms. más allá de dónde él iba, para dejarme en un mejor sitio, y además me agradó porque me preguntó por la salud de mi madre y de mi h. Un hombre con quien yo hablaba por primera vez.
Hay que escuchar a la gente, y hemos de dialogar. Hace pocos días, mientras esperaba en una sala que para esto se idea y esta función tiene, uno que yo creía que me miraba muy mal, me habló, motu propio, con agrado sumamente sorprendente para mí. Eso me sirvió para pensar. Y sigo pensando. He de mejorar. Y cuando haya mejorado mucho, estaré en pañales en la tarea de mejorar.
Nada más bajar de aquel coche, un interminable camión se acercaba; le hice señas para que se parara; y se paró. Aluciné con la belleza del camión por dentro. Para mi sencillez infantil, un alud de Belleza, de cine. ¡Qué placer, para mi sencilla sensibilidad infantil, viajar en camión! La conversación fue muy agradable, y el buen hombre me dejó en la puerta de la tienda donde yo quería entrar.
Compré un saco (bolsa grande) de libros. Fui feliz ojeándolos, dos horas y media. La dependienta me llamó varias veces la atención, pues tenía familia, hijos y marido trabajador y con prisa; que tenía que recoger a los niños del colegio, y preparar la comida familiar. Cerró la tienda quince minutos más tarde de lo que solía, porque era/es una mujer bien educada, aunque no asertiva. Le pregunté si podía llevarme al centro, pero llevaba otra dirección, o eso quiso decirme.
Cargado de ideas (las mías -era feliz, pensaba con entusiasmo- y las de las obras que me hacían sonreír mientras corría por la calle), subí raudo la cuesta que me separaba de la tienda a la que quería ir, para comprar allí más libros. Tenía cinco minutos para llegar a tiempo. Llegué tarde; a mitad de camino, me crucé con el dueño de la misma. Le hablé, le dije que había hecho un largo viaje para comprarle un libro, y que no podía esperar a que abriera la tienda más tarde. Le pedí, sofocado por la carrera, y con voz y cara temerosa (ante la posibilidad de no lograr satisfacer mi apasionado deseo), que volviera -unos doscientos metros hasta la tienda- y me hiciera el favor de venderme el librito. Accedió -la suerte seguía de mi lado, si descontamos la negativa razonada, excusada, de la tendera de la primera librería-, volvimos y me hice con un montón de hojas cargadas de hechos -historias-, ideas y opiniones... inventadas (las historias) y concebidas (las ideas/opiniones) en momentos de alegría o de tristeza, frutos de sus buenas o malas experiencias, con gente buena o mala, por un hombre cuya vida desconocía por completo, virtuoso y/o vicioso (como todos o casi todos), con inteligencia real o sólo aparente, según los casos y las circunstancias. Y con esa felicidad artificial, imaginada, creada por mi necesidad de serlo (feliz), me puse de nuevo en camino (carretera). Esta vez me cogió una mujer muy agradable, joven, simpática y discreta (o es que ante mi verborrea incontenible todas y todos parecen discretas/-os). Hablamos de libros (llevaba yo tantos que ese hecho no podía pasar inadvertido. Me preguntó qué libros compré, qué me gustaba leer,... e hízome otras preguntas que, como muestras de atención y sana curiosidad, me halagaron). Sentí, con pesar, pasado el tiempo, al final del trayecto, haber sido gárrulo en exceso, lo cual no me pasa pocas veces. Con todo, no me pareció ver en su actitud, voz ni palabras el disgusto que yo temí, ya tarde. He de moderarme hablando; no son mis opiniones especiales, dignas, por su alta importancia, de los más ínclitos oídos,... Y muchos piensan que digo disparates (yo quiero creer que porque mis ideas son valientes y sinceras, de mi propia cosecha y no agarbanzadas. E imaginativas, creativas, utópicas, peregrinas, inauditas algunas,...). En fin, que he de aprender a hablar menos y escuchar más, como algunos me aconsejan (aunque a mí me haya parecido que esos consejeros gustan mucho de hablar por los codos y poco escuchar. Es comprensible que el que arda en deseos de hablar, él solo, se canse de escuchar al otro, por importantes y bien razonadas que sean sus ideas; y que le parezca eterno el minuto que el otro usa para exponer su pensamiento. Y que, por tanto, le diga: es que no paras de hablar, es que no me escuchas, es que no sabes escuchar,...). Bueno, en cualquier caso, yo admito que hablo más de lo que sería prudente, discreto y caritativo (lo caritativo es escuchar al que necesita que se le escuche). Hablar en demasía o para proferir palabras dictadas por la vanidad, amén de superficiales, no constructivas, no educativas, quizás sólo para divertimento o pasatiempo, o para crítica malsana, malintencionada,... me parece que es perder el tiempo, que siempre es valiosísimo, y frenar así, en cierta medida -grande si sumamos los millones de casos que a diario se dan en el mundo de este tenor- la evolución positiva de la vida, la cual, de seguir su curso natural -en los límites de nuestra humanidad presente, en sus buenos términos-, nos llevaría a ser felices.
Creo que esta vez me he pasado con mi mala filosofía. Mis lectores van a hartarse de mí, por aburrimiento y cansancio. O, al menos, los que dudan, los que no saben si seguir leyéndome. Con textos como éste, voy a ahuyentar a muchos. Bueno, menos mal que no me prodigo mucho últimamente con esta clase de escritos, de pequeño filósofo pedante.
No contradigas nunca a nadie en la conversación cuando se trate de cosas dudosas. En las discusiones no te acalores, y si tu opinión la estiman falsa o menos buena, cede modestamente y permanece en un humilde silencio. Cede también y observa igual proceder en las cosas que no tienen importancia, aun cuando estés cierto de la falsedad de la opinión contraria. En las ocasiones en que sea necesario defender la verdad, actúa sin furor ni despecho. Obtendrás más éxito con la dulzura que con el ímpetu y el desdén.
No ocasiones molestias a nadie, por ínfimo que sea, ni de palabra ni de obra.
La práctica de la humildad.
Yo contradigo y a veces molesto -no sé cuántas, no siempre me lo dicen, pues muchas personas son mejores que yo-. Me da rabia ver que no mejoro como me gustaría. He molestado estos últimos días, y me he molestado sin motivo, por orgullo. Me he portado mal, me he inventado, por infundado orgullo intelectual, inexistentes ofensas contra mí. Y he esperado con impaciencia y malencarado (cara seria en exceso, triste,...) que una persona piense como yo, tenga mis gustos y se apasione por lo que a mí me apasiona. Y me ha molestado que sea diferente de mí en cosas que me parecen importantes (cosas de dudosa importancia, y algunas de segura inimportancia). En caliente, los que no tenemos una buena calidad moral, hacemos y decimos cosas de las que después nos arrepentimos, aunque por orgullo intelectual no nos atrevamos a admitirlo; y menos, a pedir perdón por el daño inferido.
¿Cuándo haré más bien que mal? ¿Cuándo predicaré con el ejemplo?
He tenido la osadía de escribir estos versos alejandrinos (no sé si con errores en la métrica. En cualquier caso, espero que sean pocos. Quizás haya hecho alguna sinalefa inapropiada, pero también espero la indulgencia y/o comprensión del que me lea, pues yo soy nada avezado -y muchas veces renuente- en estos ejercicios de atenerme a reglas, normas y otras limitaciones. En cualquier caso, algo he leído de licencias poéticas, aunque no sé bien cuándo es dado tomárselas).
Como nada sé de la teoría o preceptiva poética, ni literaria en general, he considerado oportuno servirme de un buscador para informarme un poco. Creo, o espero, haberme hecho una idea de las reglas que rigen para los versos alejandrinos, y sobre su definición. Para abreviar, pues la información al respecto es extensísima, copio aquí lo que me parece más básico:
Alejandrino es el verso de catorce sílabas métricas compuesto de dos hemistiquios de siete sílabas con acento en la sexta y decimotercera sílaba. Entre ambos hemistiquios heptasílabos hay una cesura o pausa medial, que funciona como la pausa final de verso: no admite la sinalefa y hace equivalentes los finales agudos, llanos y esdrújulos según las reglas métricas del español.
(Es decir, según me ha parecido entender: no se admite la sinalefa entre la sílaba última del primer hemistiquio y la primera del segundo; asimismo, las reglas métricas que rigen los finales de verso, rigen igualmente para las palabras finales de los primeros hemistiquios; es decir, que si la palabra última de un primer hemistiquio es aguda, se contará una sílaba más, y si es esdrújula, se le restará a ese hemistiquio)
Para Alicia
LO QUE IMPORTA ES AMAR
Yo era rico: tenía una aroma y un olor.
Cuando temí perder a mi Pequeña Flor,
perdido y miserable, temí perder su amor.
No se sintió peor, no sintió más dolor
al perder su corona, el pobre emperador.
¿Es cosa del destino? ¿Merezco tal castigo?
¿Cabe tal desatino? ¿Habré de ser testigo
de este cruel desvarío? ¿Perderé la cordura
si lloro cuando río? ¿Será mi sepultura
perder este amor mío? Morir será vivir
sin ti, mi amor, Alicia. Vivir será morir
con tu ausencia, mi vida. No me dejes herido,
desclava este puñal, que en mi pecho has hundido.
Por amor al amor, recuerda la alegría
de Oz, de la isla, de marzo, de esa rara armonía;
Coincidencias extrañas, mi Diario y poesía,
tu sonrisa y mi risa en cabal sintonía,
la ilusión, la espera, la fruición del encuentro,
la ternura arriesgada, la excitación del riesgo,
segundos y minutos, las horas y los días,
corriendo para ti, volando para mí,
porque si pienso en ti, y tú piensas en mí,
el tiempo va que vuela, el placer es así.
Devuélveme la música de tu voz de cristal;
el brillo de tus ojos, alumbre mi camino;
la luz de tu mirada, ilumine mi vida;
Sabes pedir perdón, las gracias sabes dar.
Disculpas yo te pido, tu amor yo te agradezco.
Esperar sabe el que ama, ser paciente y confiar;
para esperar, paciencia; la confianza vendrá,
si es para más amar, si buen fruto dará.
Fía Alicia en mi amor, fía en que en ti confío.
Te di todo lo bueno, todo lo que construye.
¿Confío si te daño, si te cuento aun sabiendo
que contar será malo? Pídeme que te ame,
y por ti, lo imposible, intentaré yo darte.
Eres libre de hablar, cuanto quieras, mi amor.
Claro y alto yo diré, que soy un necio y un ingrato,
ciego a tu buen intento, sordo a tu llanto amargo.
contumaz en mi error, insensible, egoísta.
Si aguantar ya no puedes, la duda en mi palabra,
no atreverte a hablar, o de mí desconfiar,
que en ti yo no confíe, que el ayer ya no vuelva...
Si, mi amor, te he fallado, sé conmigo indulgente,
otra oportunidad, que me des yo te pido.
Una y otra vez diré: háblame, dame el placer
de mostrar tu saber, que yo con humildad,
recibiré con gusto. No sientas más temor,
con total libertad, dame el gusto de hablar;
bien parca o bien locuaz, di siempre tu verdad.
Una y otra vez diré: en ti confío, créeme.
Yo siempre en ti he confiado: amor, a ti me he dado.
Repito: ten paciencia, mi vida será tuya.
Verás en mi interior, verás mi corazón,
a su hora, en su tiempo, cuando sea en sazón.
antes quiero vivir, que olvides las palabras,
'hombre', 'hambre', ¡qué más da! Lo que importa es amar.
Madrugada del 31 al 1 (viernes al sábado) de marzo de 2000, a las 01'10 h.
Hoy he escuchado que decían por la televisión que nuestra tendencia sexual está/fue determinada por la cantidad de hormonas masc. o femeninas habidas en el útero. O sea, que ya venimos determinados a ser heterosexuales, homosexuales o bisexuales. También dijo alguien que si los dedos índice y anular son de parecida o igual longitud, la probabilidad de que el poseedor de ellos sea homosexual es mayor; asimismo, se dijo que la homosexualidad podría ser provocada por el estrés (dijo uno que así sucedió en mayor medida en Alemania tras la segunda guerra mundial). Y además, dijeron que también puede influir para ser homosexual el tener varios hermanos varones de mayor edad.
Si alguien te fastidia con frecuencia y te mortifica de intento en muchas ocasiones con injurias y con ultrajes, no te aíres, considéralo más bien como un instrumento del que se sirve para tu bien la misericordia de Dios, que quiere curar de este modo la llaga inveterada de tu orgullo.
1- La vida exagerada de Martín Romaña, de A. B. Echenique.
2- El carro de los elegidos, de P. White.
3- El enamorado de la osa mayor, de S. Piasecki.
4- Huésped para una noche, de S. J. Agnon.
5- Antología poética, de Alfonsina Storni.
6- Meditaciones, de Kafka.
7- Réquiem por un campesino español, de Sénder.
8- Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais.
9- Huesos de sepia y otros poemas, de E. Montale.
10- Dignum est, de Odiseas Elitis.
11- Silja, de F. E. Sillanpää.
12- El difunto Matías Pascal, de Pirandello.
13- Barrabás, de Pär Lagerkvist.
14- El verdugo, de Pär Lagerkvist.
15- El enano, de Pär Lagerkvist.
16- En las noches de la muerte, de Nelly Sachs.
17- Poemas, de N. Sachs.
18- El mago de Lublin, de I. Bashevis Singer.
19- El peregrino kamanita, de Karl Gjellerup.
20- Jean Barois, de R. Martin du Gard.
21- ¿Dónde estabas, Adán?, de H. Böll.
22- Santuario, de Faulkner.
23- Un día en la vida de Iván Denisovich, de A. Soljenitsin.
24- Antología poética, de Harry Martinson.
25- El gran galeoto, de Echegaray.
26- En el puño de la espada, de Echagaray.
27- Asesinato en la catedral, de T. S. Eliot.
28- Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot.
29- La tierra baldía, de T. S. Eliot.
30- Los caminos de la libertad, de B. Russell.
31- El médico, de Noah Gordon.
32- Auto de fe, de Elías Canetti.
Comentarios
Acabo de ver Adosados, con Ana Duato. Me ha parecido muy triste, muy oscura, esta peli. ¡Lo que acarrea la mentira! Mentimos cuando tememos. Todo el mundo está solo en algún momento de su vida, quizás siempre, si se piensa bien en esto. Pero las personalidades complejas, ricas, cuentan con una vasta pluralidad de yoes, lo cual les ayuda a sentirse menos solas. Los demás están siempre fuera, lo demás está siempre fuera, si no hay amor. Con éste, los límites se borran, o él los traspasa.
El amor y el sexo nos acercan, aunque de forma diferente.
...
En las conversaciones, no te mofes ni zahieras a los demás con palabras y sarcasmos... De las cosas espirituales, no hables como un maestro que da lecciones.
La práctica de la humildad, obrita que se supone de León XIII
Llegaste de puntillas, por sorpresa.
El Azar o el Destino en mi vida
te pusieron. Mi corazón no olvida;
en él has dejado tu huella impresa.
Dejan mayor huella, indeleble a veces,
los detalles menudos, aparentes pequeñeces:
un gesto, una palabra, una sonrisa, una mirada,...
En esos momentos de fugacidad, apenas saboreados,
descubres la pasión reprimida, frustrada,
las ilusiones perdidas, los deseos frenados.
Llegaste a hurtadillas, por sorpresa,
para robarme el corazón, para darme vida.
Te amaré siempre, es mi palabra prometida,
será un honor, Alicia, ser de tu amor presa.
MÁS ALLÁ DEL TIEMPO.EL AMOR TRASPASA ERAS
Más allá del tiempo, del Alma eterna,
de la vida rodante, revolucionaria;
más allá de mares y montañas primigenias,
de la vida incipiente, preñada de promesas;
más allá de nebulosas, de soles y de estrellas,...
Y en la vida luchadora, de generaciones innúmeras,
las espumas, las semillas de dos vidas destinadas,
latentes en un rayo de sol, en un tallo de hierba,
en un grano de polen, en el ala de una abeja,
en un grano de tierra, en la gota de sangre modesta
de un gusano, de un ratón, de un búho, de una corneja,
de un corvato, de una libélula, de un colibrí, de una araña,
de un grajo, de una culebra, de una rana, de una mofeta,
de un erizo, de una luciérnaga, de un jabalí, de una comadreja,
de un gurriato, de una escolopendra, de una hiena, de una mosca,...;
en la púa del espino, en el renacuajo de la charca,
en la hoja del pino, en el limo del marjal,
en el aire desplazado por el águila real,
en el aire expirado por la humilde musaraña,
en la viva gota de agua de una cascada,
en la gota dormida del calderón de una breña,
en la flor recoleta tras la cortina de una catarata,
en cada célula de esta vida infinita,
en el amor que es la simiente de la vida;
amor que es deseo, que es fuego, que es alma,
que es hálito, que es voz y palabra, que es agua
de vida,... en el amor de cada partícula por cada partícula
de cada ser viviente... las espumas, las semillas
de dos vidas destinadas a encontrarse; y enamoradas,
celebrar su pasado y su destino.Y ya para siempre unidas,
en la mente del artífice divino, la Belleza, la Vida,
esperar la culminación del Amor, la dicha última.
MI MADRE
La tienen por tonta, algunos tontos, la gente;
pero mi madre, la pobre, no es tonta, es inocente.
Como un perrillo,
como Crazylobillo.
Ella sabe de comidas, de flores, de costura.
También sabe de trabajo, de sufrimiento, de ternura.
Que siga con sus "tonterías", ella es ésa.
Yo no la cambiaría por la Madre Teresa.
¿QUÉ SERÍA DE MÍ SIN TI?
Te amo. ¿Qué sería de mí sin ti? Te amo.
Sentí que lentamente moría, antaño, sin ti.
Volví a vivir, cuando te oí decir que me querías, por ti.
Por ti, amor, viví, vivía. Por ti, a vivir volví.
Sin ti, amor, sin tu voz, sin tus ojos, solo me vi.
Si te amo, ¿no basta ello para ser feliz? Sí, te amo.
La práctica del humildad
Madrugada del 27 al 28 (del lunes al martes) de marzo de 2000, a las 02'59 h., en la cama
En Francia, el género gramatical de los nombres de ríos es femenino (la Seine, la Garonne,...); en España, en cambio, es masculino (el Tajo, el Ebro,...). No con la misma regularidad que con los nombres de ríos, pero sí, en mi opinión, de un modo suficiente para suscitar la atención y algún comentario, en España los nombres más usados para designar el órgano genital masculino son de género gramatical femenino (pienso ahora en los que me parecen los dos más populares: la p.... y la p....). Y, curiosamente, sucede al revés con el órgano genital femenino, designado más frecuentemente con nombres de género gramatical masculino (pienso ahora en algunos de los más populares: el c...., el ch...., el c...., el h....,...).
He aquí algunas palabras de la amplísima familia semántica de la tristeza: tribulación, pesar, sucidio, mohína, pesadumbre, dolor, sufrimiento, disgusto, murria, desolación, abatimiento, desconsuelo, angustia, ansiedad, desánimo, desesperación, decaimiento, languidez, depresión,... Son muchísimas más las que podrían decirse.
Palabras de la familia semántica de la alegría: exultante, animado, jovial, entusiasmado,... Hay muchas más, claro. Pero...
Bueno, hablo de esto porque he oído decir que son muchas más las palabras relativas a la tristeza que las referentes a la alegría, que abundan mucho más las negativas que las positivas. Yo no sé si esto es así en verdad. No voy a hacer unas listas exhaustivas. Pero si diera por buena, por cierta, esta idea o conclusión, me preguntaría -me pregunto-: ¿sería -será- porque las personas sufrimos más que gozamos, en general; porque pasamos más tiempo preocupados que disfrutando? También me pregunto por qué este hombre moderno tan orgulloso de sí, de su enorme capacidad mental, incluso de su especial inteligencia, y de sus obras correspondientes a esas capacidad e inteligencia, no ha inventado ya muchas más palabras positivas, relativas a la felicidad, a la alegría. Porque se supone que si una palabra existe es porque designa una realidad.
- Nadie podrá comprender mis versos si insiste en considerarlos un trabajo literario.
- Nadie privado de la doctrina y de la gracia de Cristo puede ser auténticamente bueno o sabio.
- Como si algún hombre conociera realmente algo de mi vida, si yo mismo a menudo pienso que sé muy poco, o nada, de mi vida verdadera.
- Las palabras de mi libro son nada, su intención lo es todo.
- No hay grandeza verdadera, ni reputación ni vida dignas, sin religión.
- De todos los goces terrenales, ninguno hay más noble, dulce, más perdurable y seguro que el que proporcionan los libros.
- Cualquier cosa que le acontezca a un hombre puede ser convertida en hermosas consecuencias.
La ira vieja, acumulada, no olvidada, "guardada", reconcentrada, la ira rancia, es el rencor; en la lengua francesa,rancune, que también es la rencilla.
Me ha gustado Furtivos. Pero me han disgustado las escenas violentas con animales. Me ha encantado la belleza salvaje, natural, animal, de Alicia Sánchez, que aquí tenía veinticinco años de su edad. Ahora, en mi opinión, veinticinco años después, está irreconocible físicamente. Más que su cuerpo, me ha excitado su cara, su mirada.Ovidi siempre está bien, igual que Lola. Me gusta mucho el cine de esta época. Esta es una peli muy dura. Y me parece que se insinúa el incesto.
Nietzsche andaba mal de la vista. Murió en un manicomio. Su padre era un pastor luterano. Quedó huérfano.
Voltaire viajó a Inglaterra y aprendió la lengua inglesa pronto y con facilidad. Estuvo encerrado dos veces en la Bastilla.
Se abre ante mí un incierto camino
que pude, de haber sabido, tomar antaño,
cuando era joven y un destino
me atraía para librarme del daño
que más tarde me vendría, cada día, cada año.
Era fácil huir de las horas hirientes.
Bisoño era, inocente, poca mi edad.
Escenas amorosas me llamaban, sonrientes.
Mas yo escogí la heroica soledad
de pensar por mí mismo, mi verdad.
De modo que ahora me veo solo y vencido,
ojeroso de llorar, taciturno, humillado,
cansado de bregar, cabizbajo, confundido.
Feliz he sido, pues he sido muy amado;
mas ¿quién caminará mañana a mi lado?
Hosco me mira mi camino oscuro,
ante mí. Mina mi ánimo gris su torvo
ceño, vil, negro, amenazante, duro.
El temor dobla mi cerviz, me encorvo.
Oscuro, mi andar cansino, mi tosco,
torvo mi rostro. No me reconozco.
Duro mi sino, me tiene anhelante,
corvo, manso, errabundo, caminante.
Quise ser libre y feliz. Vano empeño.
En cambio, he sido esclavo del temor
al desamor y a de mí no ser dueño.
Quiero huir el dolor, hallar el amor;
elevar el espíritu, cenceño,
delicado, como muchacha en flor.
1- Los veteranos no mueren, de Bruce Marshall.
2- Un puñado de tierra negra, de Jozsi P. Toth.
(Una frase sugerente, introduciendo el primer capítulo de esta novela:
La muerte no tiene ninguna importancia. Es sólo un gesto.)
3- Cada hombre en su noche, de Julien Green.
(Algunas frases espigadas al azar de esta novela:
- Si fuese rico, no cambiaría en nada mi manera de vivir.
-¿Quisieras ser rico?
- Me da igual. Me siento muy dichoso. No tengo necesidad de nada.
Carece de temperamento. Por consiguiente, no tiene problemas. A mí me hace falta una mujer bonita.
- La belleza no es suficiente. Mi esposa debería tener mis ideas.
...
- Yo tengo cuerpo y no soy un santo.)
4- Toulouse-Lautrec, biografía, por Jean Bouret.
Hosco me mira mi camino oscuro,
ante mí. Mina mi ánimo el torvo
ceño, vil, negro, amenazante, duro.
El temor dobla mi cerviz, me encorvo.
Oscuro, mi andar cansino, mi tosco,
torvo mi rostro. No me reconozco.
Duro mi sino, me tiene anhelante,
corvo, manso, errabundo, caminante.
Quise ser libre y feliz. Vano empeño.
En cambio, he sido esclavo del temor
al desamor y a de mí no ser dueño.
Quiero huir el dolor, hallar el amor;
elevar el espíritu, cenceño,
delicado, como muchacha en flor.
Hosco me mira mi camino oscuro,
ante mí. Mina mi ánimo el torvo
ceño, vil, negro, amenazante, duro.
El temor dobla mi cerviz, me encorvo.
Oscuro, mi andar cansino, mi tosco,
torvo mi rostro. No me reconozco.
Duro mi sino, me tiene anhelante,
corvo, manso, errabundo, caminante.
Quise ser libre y feliz. Vano empeño.
En cambio, he sido esclavo del temor
al desamor y a de mí no ser dueño.
Quiero huir el dolor, sentir amor;
elevar el espíritu, cenceño,
delicado, como muchacha en flor.
Que el sufrimiento no me impida
cantar las alabanzas de la vida,
y aun las alegrías, y las penas, de la mía.
Que la pena no me estorbe
para ensalzar cumplidamente
a quien es corazón y motor
de este cuerpo endeble y esta mente
que arde al recordar el roce de su piel
y una voz delicada,
alegre, graciosa, enamorada;
palabras que me buscan,
palabras con memoria,
de horas encumbradas,
de horas soleadas,
de horas de esplendor.
Que esta espinosa, hiriente, soledad
de ahora, en que mi mente egoísta
me pinta escenas turbadoras,
no me quite un ápice de entusiasmo,
no apague el fuego de mi verbo inflamado.
Ponderaré la vida y la Belleza
si el Amor me da fuerza.
Erigiré monumentos con palabras sencillas
a mi musa y a la Fuente,
que es la suya, que es la nuestra,
manantial de sonrisas alegres,
y de hechos de amor
que brotan de sus manos,
ramas fructíferas de la savia divina.
- Todas las cosas del universo son perfectos milagros insondables.
- Falta de uno es falta de ambos.
- Miro hacia atrás y veo los días en que me sofocaba en medio de la niebla con los retóricos y los batalladores. No empleo pullas ni sofismas: observo y espero.
- Amo la vida al aire libre.
- Este minuto, nada es mejor que él ahora.
- El dondiego de día que florece en mi ventana, me satisface más que toda la metafísica de los libros.
- Los sermones y la lógica no convencen.
Libros comprados por mí ayer:
1- Vivir para vivir para siempre, de Jaime Borràs, con prólogo de J. Mª Gironella.
2- El éxito más grande del mundo, de Og Mandiano.
3- La función del orgasmo, de W. Reich.
4- La letra escarlata, de N. Hawthorne.
5- Medicina y ética en discusión, de P. Sporken.
6- La unción de los enfermos, de M. Nicolau.
7- El testamento de san Juan, de J. J. Benítez.
8- Evangelio de san Marcos, de José María González Ruiz.
9- Semblanzas, de P. Sainz Rodríguez; con prólogo de J. Mª de Areilza y epílogo de L. Mª Ansón.
10- Papeles confidenciales de Su Santidad Juan Pablo III, de Francisco de Juanes.
11- Secretos de una pornostar, por Celia Blanco y G. Hernáiz.
12- Dafnis y Cloe, de Longo.
13- El amor entre los primitivos, de Gustave Welter.
14- El misterio del Grial, de Julius Évola.
15- Las cárceles del alma, de Lajos Zilahy.
16- Archipiélago Gulag, de Soljenitsin.
17- Los espectros de Kronstadt, anónimo.
18- Introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales (edición de 1.943)
POR TI
Siento el deseo de quererte,
más y más, y más, vehemente.
Me gozo viéndote, aun sin verte;
oigo, aun sin oírte, tu voz con fruición.
Te quiero con extraña pasión.
Te espero; y aunque no vengas, llegas.
Tu amor me llega, y tu mente.
Soy tuyo, aunque no lo sepas.
Cuando mota de polvo de estrellas
era, ya era tuyo. Y aquella simiente
cursó eras para ser tu amante.
Es fácil esperar, es fácil sonreír,
no es nada llorar, si esperas vivir
con la mujer que, amándote, te encumbró
a cimas vírgenes, no holladas.
No importa sufrir, si es fácil ser feliz
con la mujer que con su amor alumbró
oscuras simas de tu alma, deprimidas.
Tendré por ti, mi amor, el corazón
ardiente, enfebrecido, perdida la razón.
Seré por ti, mi vida, risa, voz, alegría,
calor, fragancia de flor,música, luz del día,...
Por ti, ilusión, inocencia, amanecí;
ensueño y amor en silencio, por ti atardecí;
Por ti, sostén y paciencia soy en la espera;
plena entrega amorosa, por ti seré en la hora postrera.
Hay que escuchar a la gente, y hemos de dialogar. Hace pocos días, mientras esperaba en una sala que para esto se idea y esta función tiene, uno que yo creía que me miraba muy mal, me habló, motu propio, con agrado sumamente sorprendente para mí. Eso me sirvió para pensar. Y sigo pensando. He de mejorar. Y cuando haya mejorado mucho, estaré en pañales en la tarea de mejorar.
Nada más bajar de aquel coche, un interminable camión se acercaba; le hice señas para que se parara; y se paró. Aluciné con la belleza del camión por dentro. Para mi sencillez infantil, un alud de Belleza, de cine. ¡Qué placer, para mi sencilla sensibilidad infantil, viajar en camión! La conversación fue muy agradable, y el buen hombre me dejó en la puerta de la tienda donde yo quería entrar.
Compré un saco (bolsa grande) de libros. Fui feliz ojeándolos, dos horas y media. La dependienta me llamó varias veces la atención, pues tenía familia, hijos y marido trabajador y con prisa; que tenía que recoger a los niños del colegio, y preparar la comida familiar. Cerró la tienda quince minutos más tarde de lo que solía, porque era/es una mujer bien educada, aunque no asertiva. Le pregunté si podía llevarme al centro, pero llevaba otra dirección, o eso quiso decirme.
Cargado de ideas (las mías -era feliz, pensaba con entusiasmo- y las de las obras que me hacían sonreír mientras corría por la calle), subí raudo la cuesta que me separaba de la tienda a la que quería ir, para comprar allí más libros. Tenía cinco minutos para llegar a tiempo. Llegué tarde; a mitad de camino, me crucé con el dueño de la misma. Le hablé, le dije que había hecho un largo viaje para comprarle un libro, y que no podía esperar a que abriera la tienda más tarde. Le pedí, sofocado por la carrera, y con voz y cara temerosa (ante la posibilidad de no lograr satisfacer mi apasionado deseo), que volviera -unos doscientos metros hasta la tienda- y me hiciera el favor de venderme el librito. Accedió -la suerte seguía de mi lado, si descontamos la negativa razonada, excusada, de la tendera de la primera librería-, volvimos y me hice con un montón de hojas cargadas de hechos -historias-, ideas y opiniones... inventadas (las historias) y concebidas (las ideas/opiniones) en momentos de alegría o de tristeza, frutos de sus buenas o malas experiencias, con gente buena o mala, por un hombre cuya vida desconocía por completo, virtuoso y/o vicioso (como todos o casi todos), con inteligencia real o sólo aparente, según los casos y las circunstancias. Y con esa felicidad artificial, imaginada, creada por mi necesidad de serlo (feliz), me puse de nuevo en camino (carretera). Esta vez me cogió una mujer muy agradable, joven, simpática y discreta (o es que ante mi verborrea incontenible todas y todos parecen discretas/-os). Hablamos de libros (llevaba yo tantos que ese hecho no podía pasar inadvertido. Me preguntó qué libros compré, qué me gustaba leer,... e hízome otras preguntas que, como muestras de atención y sana curiosidad, me halagaron). Sentí, con pesar, pasado el tiempo, al final del trayecto, haber sido gárrulo en exceso, lo cual no me pasa pocas veces. Con todo, no me pareció ver en su actitud, voz ni palabras el disgusto que yo temí, ya tarde. He de moderarme hablando; no son mis opiniones especiales, dignas, por su alta importancia, de los más ínclitos oídos,... Y muchos piensan que digo disparates (yo quiero creer que porque mis ideas son valientes y sinceras, de mi propia cosecha y no agarbanzadas. E imaginativas, creativas, utópicas, peregrinas, inauditas algunas,...). En fin, que he de aprender a hablar menos y escuchar más, como algunos me aconsejan (aunque a mí me haya parecido que esos consejeros gustan mucho de hablar por los codos y poco escuchar. Es comprensible que el que arda en deseos de hablar, él solo, se canse de escuchar al otro, por importantes y bien razonadas que sean sus ideas; y que le parezca eterno el minuto que el otro usa para exponer su pensamiento. Y que, por tanto, le diga: es que no paras de hablar, es que no me escuchas, es que no sabes escuchar,...). Bueno, en cualquier caso, yo admito que hablo más de lo que sería prudente, discreto y caritativo (lo caritativo es escuchar al que necesita que se le escuche). Hablar en demasía o para proferir palabras dictadas por la vanidad, amén de superficiales, no constructivas, no educativas, quizás sólo para divertimento o pasatiempo, o para crítica malsana, malintencionada,... me parece que es perder el tiempo, que siempre es valiosísimo, y frenar así, en cierta medida -grande si sumamos los millones de casos que a diario se dan en el mundo de este tenor- la evolución positiva de la vida, la cual, de seguir su curso natural -en los límites de nuestra humanidad presente, en sus buenos términos-, nos llevaría a ser felices.
Creo que esta vez me he pasado con mi mala filosofía. Mis lectores van a hartarse de mí, por aburrimiento y cansancio. O, al menos, los que dudan, los que no saben si seguir leyéndome. Con textos como éste, voy a ahuyentar a muchos. Bueno, menos mal que no me prodigo mucho últimamente con esta clase de escritos, de pequeño filósofo pedante.
Yo soy y no soy éste que este espejo refleja.
Soy el mismo pero otro, que a quien soy no se asemeja.
El alma que ardía ilusionada, virginal, cándida,...
ya decae, se apaga, se enmustia, lánguida.
Paseo por este parque, solitario.¿Adónde voy?
Amé, confié, me entregué. Solo estoy.
Lloré, reí, me entusiasmé. Solo me veo.
En este viejo banco y gris atardecer, leo
palabras que serán perdidas, versos llorosos,
frutos de un solitario árbol, vanos, pero hermosos.
No ocasiones molestias a nadie, por ínfimo que sea, ni de palabra ni de obra.
La práctica de la humildad.
Yo contradigo y a veces molesto -no sé cuántas, no siempre me lo dicen, pues muchas personas son mejores que yo-. Me da rabia ver que no mejoro como me gustaría. He molestado estos últimos días, y me he molestado sin motivo, por orgullo. Me he portado mal, me he inventado, por infundado orgullo intelectual, inexistentes ofensas contra mí. Y he esperado con impaciencia y malencarado (cara seria en exceso, triste,...) que una persona piense como yo, tenga mis gustos y se apasione por lo que a mí me apasiona. Y me ha molestado que sea diferente de mí en cosas que me parecen importantes (cosas de dudosa importancia, y algunas de segura inimportancia). En caliente, los que no tenemos una buena calidad moral, hacemos y decimos cosas de las que después nos arrepentimos, aunque por orgullo intelectual no nos atrevamos a admitirlo; y menos, a pedir perdón por el daño inferido.
¿Cuándo haré más bien que mal? ¿Cuándo predicaré con el ejemplo?
prefiero el libre verso, diciendo,
claro y veraz, lo que siento.
No busco el verso alambicado,
alardear de depurada técnica,
versificar con nulo pensamiento.
Pero a veces me gusta exceptuar,
más o menos bien midiendo.
Creo que endecasílabos son estos
(dirá que no el estricto purista,
llamándolos versos inarmónicos,
por mor de la inapropiada sinalefa,
la que se sirve,v. gr., de sílaba tónica);
y aseguro que el afán de la medida
en modo alguno me ha restado
un adarme de sincero sentimiento.
(Callaré -y convendré-, con humildad, si me llamaran petulante por esta presentación innecesaria)
PARA VIVIR
Para vivir hay que vivir, hervir
de deseo, de ilusión, de alegría.
Para vivir hay que morir, herir
al craso, orondo y huero viejo hombre,
nacer de nuevo, afrontar a porfía
el arte de crecer, sentir el hambre
de ser, la sed de beberte la vida.
Para vivir hay que servir, servicio
que es valor, Belleza e ir a donde anida
la clara voz alada del amor:
amable y dulce nido, en donde el vicio
será desechado por el clamor
del alegre canto, bien acordado,
de la sencilla, afable y buena gente,
que es y más vale, cuanto más ha dado.
Sin remedio vamos hacia el invierno;
infelices, con el dolor ingente
de fingir alegría o un amor tierno,
falsa amistad o una farsa vivida.
Invernizos los días, todos ellos.
¿Por qué?, si sería fácil la vida,
vivir cada día una primavera,
que todos los momentos fueran bellos,
que mi voz fuera obra, siempre sincera.
Hosco me mira mi camino oscuro,
ante mí. Mina mi ánimo el torvo
ceño, vil, negro, amenazante, duro.
El temor dobla mi cerviz, me encorvo.
Oscuro, mi andar cansino, mi tosco,
torvo rostro. Ya no me reconozco.
Duro mi sino, me tiene anhelante,
corvo, manso, errabundo, caminante.
Quise ser libre y feliz. Vano empeño.
En cambio, he sido esclavo del temor
al desamor y a de mí no ser dueño.
Quiero huir el dolor, sentir amor;
elevar el espíritu, cenceño,
delicado, como muchacha en flor.
Como nada sé de la teoría o preceptiva poética, ni literaria en general, he considerado oportuno servirme de un buscador para informarme un poco. Creo, o espero, haberme hecho una idea de las reglas que rigen para los versos alejandrinos, y sobre su definición. Para abreviar, pues la información al respecto es extensísima, copio aquí lo que me parece más básico:
Alejandrino es el verso de catorce sílabas métricas compuesto de dos hemistiquios de siete sílabas con acento en la sexta y decimotercera sílaba. Entre ambos hemistiquios heptasílabos hay una cesura o pausa medial, que funciona como la pausa final de verso: no admite la sinalefa y hace equivalentes los finales agudos, llanos y esdrújulos según las reglas métricas del español.
(Es decir, según me ha parecido entender: no se admite la sinalefa entre la sílaba última del primer hemistiquio y la primera del segundo; asimismo, las reglas métricas que rigen los finales de verso, rigen igualmente para las palabras finales de los primeros hemistiquios; es decir, que si la palabra última de un primer hemistiquio es aguda, se contará una sílaba más, y si es esdrújula, se le restará a ese hemistiquio)
Para Alicia
LO QUE IMPORTA ES AMAR
Yo era rico: tenía una aroma y un olor.
Cuando temí perder a mi Pequeña Flor,
perdido y miserable, temí perder su amor.
No se sintió peor, no sintió más dolor
al perder su corona, el pobre emperador.
¿Es cosa del destino? ¿Merezco tal castigo?
¿Cabe tal desatino? ¿Habré de ser testigo
de este cruel desvarío? ¿Perderé la cordura
si lloro cuando río? ¿Será mi sepultura
perder este amor mío? Morir será vivir
sin ti, mi amor, Alicia. Vivir será morir
con tu ausencia, mi vida. No me dejes herido,
desclava este puñal, que en mi pecho has hundido.
Por amor al amor, recuerda la alegría
de Oz, de la isla, de marzo, de esa rara armonía;
Coincidencias extrañas, mi Diario y poesía,
tu sonrisa y mi risa en cabal sintonía,
la ilusión, la espera, la fruición del encuentro,
la ternura arriesgada, la excitación del riesgo,
segundos y minutos, las horas y los días,
corriendo para ti, volando para mí,
porque si pienso en ti, y tú piensas en mí,
el tiempo va que vuela, el placer es así.
Devuélveme la música de tu voz de cristal;
el brillo de tus ojos, alumbre mi camino;
la luz de tu mirada, ilumine mi vida;
Sabes pedir perdón, las gracias sabes dar.
Disculpas yo te pido, tu amor yo te agradezco.
Esperar sabe el que ama, ser paciente y confiar;
para esperar, paciencia; la confianza vendrá,
si es para más amar, si buen fruto dará.
Fía Alicia en mi amor, fía en que en ti confío.
Te di todo lo bueno, todo lo que construye.
¿Confío si te daño, si te cuento aun sabiendo
que contar será malo? Pídeme que te ame,
y por ti, lo imposible, intentaré yo darte.
Eres libre de hablar, cuanto quieras, mi amor.
Claro y alto yo diré, que soy un necio y un ingrato,
ciego a tu buen intento, sordo a tu llanto amargo.
contumaz en mi error, insensible, egoísta.
Si aguantar ya no puedes, la duda en mi palabra,
no atreverte a hablar, o de mí desconfiar,
que en ti yo no confíe, que el ayer ya no vuelva...
Si, mi amor, te he fallado, sé conmigo indulgente,
otra oportunidad, que me des yo te pido.
Una y otra vez diré: háblame, dame el placer
de mostrar tu saber, que yo con humildad,
recibiré con gusto. No sientas más temor,
con total libertad, dame el gusto de hablar;
bien parca o bien locuaz, di siempre tu verdad.
Una y otra vez diré: en ti confío, créeme.
Yo siempre en ti he confiado: amor, a ti me he dado.
Repito: ten paciencia, mi vida será tuya.
Verás en mi interior, verás mi corazón,
a su hora, en su tiempo, cuando sea en sazón.
antes quiero vivir, que olvides las palabras,
'hombre', 'hambre', ¡qué más da! Lo que importa es amar.
¡Oh, días del placer y del amor!,
tan dulces, ¡inmortales momentos!,
vividos, sentidos, no olvidados.
Ya me voy, o me iré, en silencio.
Es morir irse al fin
del camino al final;
o dejar de reír,
por amor no volver a llorar.
Muero un poco, o un mucho;
o quizás muero del todo,
sintiéndome tan solo
cuando me alejo de ti:
mi tierra y mi agua,
mi fuego y mi aire,
mi mar y mi montaña,
mi suelo y mi cielo:
mi solidez y recaudo, mi suavidad y frescura;
mi calor y mi luz, mi libertad y claridad;
mi vida y mi fértil silencio, mi fuerza y mi grandeza;
mi firmeza y mi sostén, mi Belleza y mi Ideal.
Separarse de ti es morir.
Sé que dicen que queda,
en tu casa, en tus cosas,
en tus libros, en tu ropa,
en la calle, en las casas
y calles de tu barrio o pueblo,
en el aire que respiramos,
de la gente en su recuerdo,
en la gente que vi y me vio,
que escuché y me oyó,
que toqué y me tocó,
que amé y me amó,...
En todo ello, sé que dicen
que quedará algo de mí.
¿Ciertamente será así?
¿Quién se acordará de mí?
Mas sólo quiero yo quedar en ti:
en tus recuerdos amorosos,
en tus miradas y en tus hechos,
en ti cuando cierres los ojos.
Tan sólo quiero vivir en ti:
en tus palabras y en tus silencios,
en tus ideas y en tus dudas,
en tus risas y sonrisas,
en tus lágrimas de amor,
en tu placer, en tu contento,
en tus paisajes vividos,
en tus horas de descanso,
en tu esfuerzo, en tu trabajo,
en tus horas de diversión,
cuando esté tu ánimo bajo,
y, sobre todo, en tu oración.
Si irse es morir,
en cierto modo,
quedar en ti es vivir,
no morir del todo.
ESCÚCHAME, TRISTEZA: YO SONRÍO, Y SONRÍO, Y SONRÍO, Y SONRÍO
¿Quién eres, amado e ignorado,
amigo y enemigo?
Grave, añosa, la voz;
blanco el cabello, ralo;
perdido el brillo
de tristes los ojos,
cansados, apagados, ojerosos;
la cara y las manos arrugadas
(arrugas en las manos,
arrugas en los ojos,
arrugas en la cara,
arrugas en el alma).
A menudo el temor
el pulso acelerando;
entradas en las sienes,
entradas en la frente;
la boca un poco hundida,
los labios afinados,
los dientes ya mermados.
Enfriada, débil, la fe;
la alegría socavada;
minada, o terminada, la ilusión.
¿Quién eres tú, querido
amigo y enemigo, a veces olvidado,
a veces maltratado, por ti mismo?
¿Qué me dices, qué me digo,
con esa mirada deprimida
que implora compasión?
¿Eres tú yo, soy yo el que me mira?
¿Se burla, me engaña el espejo?
¿Me engaño, no soy viejo?
¿Me miro y no me veo?
¿Me veo y no me creo?
¿Veo cómo soy y me niego?
¿Estoy solo, acabado, perdido?
¿Aislado, desganado, confundido?
¿Clamar, gritar, gemir, llorar,
lamentar, quejarme, implorar,...?
Dime, hermano, de heridas y de llagas,
de penas y de lágrimas,
y también de alegrías y de risas;
dime, hermano, si la tristeza ayuda,
si arregla, si construye, si levanta,
si alegra, si anima, si eleva.
Yo oro a mi Dios, a la Vida, a la Belleza.
Me entusiasmo, me renuevo, me reparo;
broto fuerte y delicado, crezco sano,
restaurado, me libero, me animo.
Y sonrío, y sonrío, y sonrío y sonrío.
Se me llena el pecho de flores;
y en ellas, mariposas de colores.
Concibo amor, alegría, sonrisas,
que a su vez son semillas de ellas mismas.
No soy ese amargado que refleja el espejo;
soy este otro, animado. Nunca seré viejo.
Mi corazón aumenta de tamaño con los años;
creceré por dentro cuando mengüe mi cuerpo;
seré buena tierra, al fin, cuando me acerque a ella.
Escúchame, Tristeza, lamentable, fea:
nunca terminaré, engendraré
en el Amor, germinaré Belleza.
Hubo un tiempo en que estaba contento.
Algún infierno y unas pocas alegrías.
Tonterías, muchas; a menudo duro invierno.
Tierno y amable mi corazón, todos los días.
Hubo un tiempo en que estaba atento
al titileo de una centella, a la hoja que es barquichuelo
en el arroyuelo, de una estrella al centelleo,
al cabrilleo del rocío cuando cae al suelo.
Hubo un tiempo de dicha, en todo momento.
Hilo fino de agua, de pequeñas cabriolas,
olas bravas las imaginaba, eran mi Nilo.
En vilo siempre, mas dichoso a mis solas.
Hubo un tiempo de sentir, de poco pensamiento.
Regatos y sotos eran mis palacios, mis zonas.
Amazonas mis remansos, allí mis mejores ratos.
Aparatos o alegatos de hombres mansos, personas.
Hoy he escuchado que decían por la televisión que nuestra tendencia sexual está/fue determinada por la cantidad de hormonas masc. o femeninas habidas en el útero. O sea, que ya venimos determinados a ser heterosexuales, homosexuales o bisexuales. También dijo alguien que si los dedos índice y anular son de parecida o igual longitud, la probabilidad de que el poseedor de ellos sea homosexual es mayor; asimismo, se dijo que la homosexualidad podría ser provocada por el estrés (dijo uno que así sucedió en mayor medida en Alemania tras la segunda guerra mundial). Y además, dijeron que también puede influir para ser homosexual el tener varios hermanos varones de mayor edad.
La práctica de la humildad
1- La vida exagerada de Martín Romaña, de A. B. Echenique.
2- El carro de los elegidos, de P. White.
3- El enamorado de la osa mayor, de S. Piasecki.
4- Huésped para una noche, de S. J. Agnon.
5- Antología poética, de Alfonsina Storni.
6- Meditaciones, de Kafka.
7- Réquiem por un campesino español, de Sénder.
8- Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais.
9- Huesos de sepia y otros poemas, de E. Montale.
10- Dignum est, de Odiseas Elitis.
11- Silja, de F. E. Sillanpää.
12- El difunto Matías Pascal, de Pirandello.
13- Barrabás, de Pär Lagerkvist.
14- El verdugo, de Pär Lagerkvist.
15- El enano, de Pär Lagerkvist.
16- En las noches de la muerte, de Nelly Sachs.
17- Poemas, de N. Sachs.
18- El mago de Lublin, de I. Bashevis Singer.
19- El peregrino kamanita, de Karl Gjellerup.
20- Jean Barois, de R. Martin du Gard.
21- ¿Dónde estabas, Adán?, de H. Böll.
22- Santuario, de Faulkner.
23- Un día en la vida de Iván Denisovich, de A. Soljenitsin.
24- Antología poética, de Harry Martinson.
25- El gran galeoto, de Echegaray.
26- En el puño de la espada, de Echagaray.
27- Asesinato en la catedral, de T. S. Eliot.
28- Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot.
29- La tierra baldía, de T. S. Eliot.
30- Los caminos de la libertad, de B. Russell.
31- El médico, de Noah Gordon.
32- Auto de fe, de Elías Canetti.
- Me parece que yo podría vivir con los animales, ¡son tan plácidos y retraídos!
- Considero que una voluta de humo o el vello del dorso de la mano son tan asombrosos como cualquier revelación (divina).
- Es bueno ser simpático si quieres vivir.
- Lo sobrenatural no tiene importancia, yo mismo espero el día en que seré uno de los dioses.
- ¿Qué es la razón? ¿Qué es el amor? ¿Qué es la vida?
- Cada palabra es una mancha innecesaria en el silencio y la nada.
- ¿Qué ganaría quejándome? Creo que la humanidad ha sido buena conmigo.
- El alma no vale más que el cuerpo; el cuerpo no vale más que el alma. Nada, ni Dios, es más grande que uno mismo.
- Las cosas no podrían irme mejor en la carrera, ni en casa, pero siempre tengo ganas de llorar.