Os adjunto el fragmento de un relato en el que estoy trabajando, sobre el tema de las mujeres inmigrantes subsaharianas, doblemente marginadas (por su color de piel y por su género). Podéis leerlo completo en mi blog, con algunos enlaces relativos a la documentación sobre la que he ido construyendo la historia. Saludos.:-D
El bar estaba muy concurrido a esas horas. Voces y golpes en la barra se mezclaban con el humo. Aicha dudó antes de entrar. Se dedicada a la venta ambulante, bonitas falsificaciones de Gucci y de Prada, pero una noche la policía estuvo a punto de cogerla y tuvo que abandonar su mercancía para salvarse. Desde entonces, llevaba cinco meses con pequeños trabajos, un día aquí, otro allá, la mayor parte del tiempo sin ocupación alguna.
La habitación del piso decrépito donde vivía tenía un ventanuco imposible de cerrar por completo, por donde se colaba con frecuencia una corriente de aire húmedo y susurrante. Desde allí contemplaba el mar de plástico, los techos blancos de los invernaderos y el constante trasiego de trabajadores hacia los campos de fresas, la mayoría mujeres. Algunas eran rubias, altas y níveas, flotaban como gaviotas sobre el cielo ardiente del asfalto. Llevaban la camiseta anudada por encima del ombligo, dejando ver las caderas brillantes por el sudor. Otras, en cambio, se deslizaban como sombras, con el simple óvalo del rostro a la intemperie. A veces un coche se paraba junto a la hilera de mujeres, que seguían su camino agachando la cabeza como hormigas obreras. Las más valientes maldecían encarándose con los ocupantes del vehículo, que respondían con grandes risotadas.
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