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Entrando en el "perfeccionamiento" del arte de escribir.

TwainTwain Anónimo s.XI
editado abril 2015 en Narrativa
¡Hola!

Empiezo a imbuirme en el mundo del relato, cuento y demás. He venido aquí porque quiero aprender y seguir mejorando. Vengo casi desde cero, informándome de lo que encuentro en internet (razón por la que encontré este sitio). Espero críticas y sugerencias a mi relato (si es que se le puede llamar así), sobre los personajes, su personalidad, la poca recurrencia del narrador, etcétera. Estaré publicando varios.
Un juego de dardos

— ¡No! ¡Que no! No has entendido nada…
—Bueno, entonces explícame bien, que este juego tuyo es tan raro.
Lu y Fred siguieron discutiendo como de costumbre, tirándose dardos ingenuos entre sí, como cualquier niño que siempre busca tener razón ante su par. Pero la idea de su discusión no yacía principalmente en este fenómeno de tener razón o no; se quería mostrar otra cosa, aparentemente. Asimismo, continuaron:
—Mira —indica Lu—, son tres dados: uno azul, uno rojo y el otro blanco. Lanzas el azul primero, seguido del rojo. ¡No! ¡Que el blanco no! ¡Niño tonto! ¡Ese lo dejamos para el desempate si ambos sacamos la misma cifra! Por ejemplo, yo lanzo el dado azul primero. ¿Ves? Ahora el rojo. En el azul, ¿qué salió?
—Dos.
—Bien. ¿Y en el rojo?
—No soy tonto; ¡uno! Pero ¿qué tiene que ver aquí el orden del lanzamiento de los dados?
El interés de Fred por conocer el juego no era fruto de su simple curiosidad. De antemano quería derrotar a Lu en su propio invento, de la misma manera en que un alcatraz vence a un pez en su terreno, o más bien, en su campo acuático, para devorarlo.
— ¡Espera! Ahora lanza tú —dijo Lu—. ¡Ah, dos! Lanza el rojo ahora. Eh, mira qué casualidad. Sacaste “uno” también —se expresó con un tono suave, pero algo asombrada—.
— ¿Pero qué tiene que ver el orden del lanzamiento de cada dado?
— ¡Eh! ¡Pero qué niño tan tonto! Mira: Yo lanzo el dado blanco. Me salió “dos”. Lanza tú ahora…
— ¡Seis! ¿Te gané? ¡Te gané! ¡Ja, ja! ¡Ahora la tonta eres tú! ¡Ja, ja, ja! Y ese dado no es blanco; es gris pálido.
— ¡No! ¡Que no! No has entendido nada, bruto…
— ¿Por qué? Entonces explícame bien tu juego, niña rara.
—Mira, niño tonto... El dado azul y el dado rojo tienen valores ascendentes: uno, dos, tres, cuatro, cinco y ¡seis! —señala Lu con su delicado dedo— El azul tiene valores positivos y el rojo tiene valores negativos. Ambos sacamos “dos” y luego “uno”, ¿verdad? Eso significa: dos menos uno es igual a uno.
—Ah. Ambos dos estamos empatados ahí.
— ¡Tonto! Se dice “ambos” solamente.
—Ambos solamente estamos empatados ahí.
— ¡Ja, ja, ja! Qué tonto. Mira... Ahora, el dado blanco, ¡blanco!, tiene valores invertidos. Significa que el “uno” es mayor que los otros, y el “seis” es el menor de todos. Así que de esa manera gano yo, porque “dos” es mayor que “seis”.
— ¡Bah! ¡Me voy! Tú eres muy tramposa… ¡Tramposa! ¡Adiós!
— Hmm… Vete, que al fin y al cabo esto era solamente un ejemplo. —Lu, llorando, terminó lanzándole los dados a Fred—.

Comentarios

  • SilenusSilenus Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado abril 2015
    No sé si el perfeccionamiento tenga que ver con la adquisición de ciertos recursos escriturarios, mis consejos son más sencillos y no pretenden tanto:
    Por lo pronto te diré, en el aspecto de la escritura, que hay en los pasajes narrados algunas explicaciones de más:
    "como cualquier niño que siempre busca tener razón ante su par", "se quería mostrar otra cosa, aparentemente", "tirándose dardos ingenuos". Me parece que el diálogo debería mostrar esto sin que el narrador lo explicite. Parafraseando a Hemingway, lo más importante está oculto y debería desprenderse por lo que hacen o en este relato dicen los personajes.
    Por otro lado, hay palabras con un tufillo "literario", como "yacía", "fenómeno", "par". Es preferible siempre elegir la palabra más sencilla, más común, la que usamos en la vida cotidiana.
    Otra frase innecesaria, pues lo que viene lo muestra solo, es "Asimismo, continuaron:". Los diálogos me parecen que están bien, para lo que supongo es el tono coloquial del español de España.
    En lo referente a lo argumental, diría que a la historia le falta algún condimento más fuerte, que pase algo más concreto, y en lo posible (volviendo a Hemingway, un maestro de los diálogos) que todo se resuelva sin comentarios del narrador, con el diálogo mismo.

    Espero que te sirva
    Saludos
  • TwainTwain Anónimo s.XI
    editado abril 2015
    ¡Gracias, Silenus! Voy a corregir, ya que yo mismo veo mi texto como principiante, pero no sé el porqué. Vine aquí para no andar leyendo y releyendo a ver cómo cambio o mejoro mis relatos de manera intuitiva, y con observaciones como las tuyas ahorro un poco de eso.

    ¡Hemingway! Lo tomaré como referencia de algún modo.
  • NobleNoble Anónimo s.XI
    editado abril 2015
    A mí me parece un buen primer intento. Desde el punto de vista gramático y sintáctico, creo que con el mensaje de Silenus queda todo dicho. Voy a centrarme en la trama, pues: no sé si lo has hecho a propósito, pero has escrito un tipo de cuento que hipnotiza por su sencillez. Verás, creo que, igual que en la naturaleza hay elementos hipnóticos en sí mismos, como el crepitar del fuego o el sonido de la lluvia, en la literatura hay ciertas temáticas con características análogas. La progresión narrativa inherente de los juegos de niños, con su clímax natural en la pronta discusión y su catarsis en la igual de rápida reconciliación (que no has incluido, ¿por qué?), y las peculiaridades del carácter infantil convierten esta temática en algo bastante entretenido de leer. ¿O soy yo el que lo está pensando demasiado?
    Vamos, que buen trabajo.
  • SilenusSilenus Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado abril 2015
    Twain escribió : »
    ¡Gracias, Silenus! Voy a corregir, ya que yo mismo veo mi texto como principiante, pero no sé el porqué. Vine aquí para no andar leyendo y releyendo a ver cómo cambio o mejoro mis relatos de manera intuitiva, y con observaciones como las tuyas ahorro un poco de eso.
    ¡Hemingway! Lo tomaré como referencia de algún modo.

    Yo también, Twain, me pienso en perpetuo estado de aprendizaje, y la idea de un foro de discusión, me parece, es la de poder poner a prueba los textos como si fuera un laboratorio de ensayos. Para esto hace falta del lado del que critica 3 premisas: meterse con el texto y no con el autor, argumentar todas sus críticas y no quedarse en un simple "me gusta/no me gusta" (para eso ya está el autismo de facebook); y por último ser bienintencionado en las críticas, pues se trata de ayudar al autor. Del otro lado, quien publica (para aprender, y no para lucimiento personal) debe predisponerse para escuchar los comentarios con espíritu abierto.
    Y en el ejercicio, como decís, nos ahorramos mucho tiempo al superar ciertos clichés y tics.
    Y además, creo que uno se va creando una guía de lectura con autores que ayuden puntualmente en lo que uno está trabajando, por eso, al ver la carga dialogal del relato, pensé en don Ernest, ya que él era un maestro de la sutileza en eso de captar la impronta de un ambiente comunicativo mediante los diálogos.
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