Tentando a menzies vino la muerte
Flaca y fea arrastrando muchachones
pensaba que con un susto largo y mucha suerte
a este chico se le caerían hasta los calzones.
Siempre si murió menzies joven
colgó los tenis este vagabundo errante
Pero lo que nadie supo y los ojos no ven
es que la muerte era medea,
sonriente con su nueva adquisición triunfante!!!! :cool:
Jajajaja, muy buena, muy buena, todo lo que involucre a Medea abusando de Menzies es muuuuy bueno y moralmente aceptable. :rolleyes2:
Andaba torrejuelas quejándose por el foro
cuando llegó la catrina y le dio una cachetada
-ya deja de quejarte -le dijo en feo tono-
o conmigo te llevo, derechito a la fregada...
Pero torrejuelas no dejó de patalear
y la muerte a la tumba se lo tuvo que llevar.
Usualmente no dejo nada hasta haber terminado algo. Tengo una tormenta pendiente, pero no sé si por coincidencia ayer tuve que ir a un velorio y ahora estuve en otro. Ambos muy diferentes. Me acordé de la pequeña Medea y su pasión por la pelona. Yo de escribir versos solo recuerdo algunos de autor anónimo como ese que dice:
Ayayay gritaba el chancho
Cuando lo estaban matando
Y la chancha que decía:
Sin mi amor me estoy quedando.
Obviamente esto no es digno de ser recordado en los anales de ninguna literatura, quizás en la de algún escritor alcohólico y resentido. Yo no soy escritor, tampoco resentido pero alcohólico si, a mucha honra.
El hecho es que en el velorio de ayer los deudos eran todos varones, la digna señora que me observaba bien arropada en su cajón no tuvo deudas, o mejor dicho no tuvo hijas. Y los muchachones que recibían las condolencias habían armado una cuasi fiesta en el velatorio.
Por razones que no vienen al caso mencionar había ido solo al velorio así que apenas llegué no me dieron tiempo ni de persignarme y menos de dar condolencias. Me alcanzaron una botella de cerveza y brindaron conmigo. Esto me dejó en un estado extraño y contradictorio, ¿era una fiesta? ¿Falta la música? ¿Por qué cuentan chistes? ¿Por qué nadie llora?
Cronometré mi visita en una hora, al final me quede cuatro y con ganas de seguir escuchando chistes y anécdotas, aparte del licor que circuló profusamente. Fue el velorio más divertido al que asistí en mi vida.
Bueno, el día de hoy me avisaron en la tarde la muerte una señora, abuela de una rama de mi familia, eso de rama es un decir. No es una rama es una tribu. En mi familia somos muy numerosos, las familias tenían por lo general más de cuatro hijos, al hombre que tenía menos de cuatro hijos lo consideraban impotente. Es por eso que los tíos cuando ya no podían tener hijos con sus esposas buscaban otras señoras y seguían teniendo hijos. Eran otros tiempos.
Esta vez encontré una rigurosa cortina negra al fondo del velatorio y “la capilla ardiente” llena de flores”, se escuchaban gemidos por un lado y por otro de aquel salón. Los varones casi todos de saco y corbata y las damas casi todas de negro.
Me acordé de las reglas al llegar a un velorio y las repasé. Me detuve delante del féretro me persigne. Estuve algunos minutos de pie. Y luego me acerqué a los familiares más cercanos y pobre de mí, distraído animal. Se me había quedado pegado el alegre velorio anterior en la cabeza y en vez de decir “mi más sentido pésame” salieron de mis desdichados labios estas palabras: “te deseo un feliz pésame”, la prima que me escucho mientras la abrazaba levantó la mirada y sus ojos muy llorosos me miraron y una levísima sonrisa y un ligero pellizco me sacudió y me hizo entrar en razón.
Finalmente se me ocurrió escribir esto y desearles: “mis más felices condolencias”. Las dejo por escrito para que no quede duda.
Andaba torrejuelas quejándose por el foro
cuando llegó la catrina y le dio una cachetada
-ya deja de quejarte -le dijo en feo tono-
o conmigo te llevo, derechito a la fregada...
Pero torrejuelas no dejó de patalear
y la muerte a la tumba se lo tuvo que llevar.
Muy buena.
Pero que triste que no
entiendas lo que digo
porque nunca es solo paja
y solo trigo
porfiada me salio Medea
pero que diablos
yo me obligo...
¡Mexicana es la condenada,
mi amigos!
Estaba Menzies comiéndose un kebab
cuando llegó la Muerte y se lo llevó al panteón
por MAMÓN, POR super pinche mamón conmigo y por romperme mi corazón de pollo, cabrón, ojalá te lleve la Catrina de verdad ¬¬ MUÉRETE MAMÓN!!! ¬¬
Edito: No, no es cierto, no te mueras!! ;_; nada más rómpete un dedito o ten un cálculo renal o algo así pero no te mueras ;_;
Edito2: no, no es cierto, no te rompas nada ni orines piedritas, estamos en paz :rolleyes2:
Jo =( vamos, no dejen que mis mejores días en el foro mueran
***********
Estaba Odmaldi manoseando al Unbekannt
cuando llegó Juancho y se puso a tomar
"me estás estorbando, Juanchito de mi corazón"
dijo Olmaldi perdiendo la razón,
"¿y a mí que me importa, vieja solterona?
dijo Juancho alcoholizado
"¿Acaso eres mi patrona?
mejor lárgate a otro lado"
Y Odmaldi ya muy hot
llamó a su amiga la Catrina,
para que por medio de un complot
se llevara a Juancho a la cantina.
Pero la Muerte mañosa
de Juancho se prendó
y al panteón muy amorosa
a nuestro amigo se llevó.
Desde entonces la Huesuda
con él vive en el cementerio
pero a Juancho se la suda
porque no vale como adulterio.
Tu sabes que no soy versero, soy lo que soy.
Dedicado con todo cariño a mi pequeña amiga, a ella le encanta lo siniestro.
La lechuza
A veces creo que el tiempo no se ha detenido, me sumerjo en algunos recuerdos de infancia y rápidamente encuentro nexos con hechos vividos recientemente.
Mi primer encuentro con la muerte fue cuando tenía ocho años.
Recuerdo la casa de mi tía Jesús, en realidad era mi tía abuela. Era de noche, esa casa era grande y tenía tres pisos, me gustaba porque se podía jugar a las escondidas de maravillas. Mi Padre nos alineo de menor a mayor y esperamos para entrar a saludar a la tía.
Estábamos en el pasadizo sentados en unos muebles muy cómodos en silencio sin saber bien de que se trataba. Mi hermana y mi hermano menor dormitaban, mi hermana mayor cuchicheaba con los mayores. Me acerque para saber de que hablaban y pregunté.
-¿Qué pasa?
-La tía Jesús se está muriendo – Dijo mi hermana.
¿Muriendo? Como se va morir si está hablando con papá y mamá ahí dentro. Me quedé pensando y regresé a mi lugar. La muerte hasta ese momento no me importaba y no era trascendente. A los ocho años todo es tan placentero. Lo escribo así, porque lo recuerdo.
Mi Padre llamó a los tres primeros, los mayores. Entraron y se escuchaba a mi Madre hablar con la tía. Le daba detalles de cada uno de. Se escuchaba: “el es Oscar está en tercer año quiere ser médico”, “si él es tu ahijado” y cosas por el estilo.
Si son de tres en tres, yo iré en el segundo grupo –Pensé.
Luego de un rato salieron los tres y no quisieron quedarse con nosotros, bajaron rápidamente como queriendo olvidar todo lo visto.
Mi Padre salió y nos hizo entrar, mi hermana mayor, la segunda y yo. Mis dos hermanos más pequeños dormían en los muebles.
La tía Jesús de quien tengo un vago recuerdo, es mas siempre la recuerdo enferma, estaba postrada con el rostro amarillo como la cera de las velas baratas, su cabello suelto cano extendido en la almohada. Una vía y una botella con suero le daba el toque de enfermo grave a toda esa escena. Mi Madre era sobrina directa de la tía Jesús se veía consternada pero serena, tomó del hombro a mi hermana mayor y la acercó donde estaba la enferma.
No se cómo será en otros lugares, pero hace cuarenta años, los Padres no se preocupaban por los recuerdos traumáticos, ni las recomendaciones de los charlatanes que salen a cada rato en la televisión con respecto a los moribundos. En esos años se preocupaban en demostrar amor a sus seres queridos, quizás en el trance más difícil, el de morirse conscientemente pero rodeados de amor.
Bueno sigamos.
Mi Madre siguió con el protocolo, le iba reiterando el cariño de cada uno de sus sobrinos a la tía. Lo que querían ser en la vida. Su edad y cosas por el estilo.
Yo era el último del grupo de tres, mi Madre, me tomó del hombro y me acercó. La tía levanto su manito y me tomó la cara, su mano arrugadísima estaba fría y olía a remedios. Esbozó desde sus ojos hundidos y tristes una sonrisa. Parece que no podía hablar fuerte, mi Madre se le acercó y ella algo le dijo.
-Dice que te pareces a la abuela Rosa de pequeña – Dijo mi Madre y unas lágrimas me cayeron en mi brazo. La tía Jesús era hermana mayor de mi abuela.
Mi Madre trató de serenarse y retomó el protocolo, su : “este quiere ser marino y policía”, siempre de niños queremos ser varias cosas a la vez. El protocolo terminó y mi Padre nos sacó a los tres. Mis hermanas al salir, se echaron a llorar, con un llanto que me sorprendió.
Apareció la tía Teresa, con cara de recién despertada y las abrazo. Y soltó algunas lágrimas para colaborar con ese manantial de lágrimas. Bajamos todos a la primera planta, mi tía, mis hermanas y yo. Ellas entraron a la cocina y mi tía les sirvió agua para que se calmen.
Fui a la sala y la puerta de la calle estaba abierta, un enorme ficus oscurecía la fachada de la casa, mis hermanos conversaban en voz baja con el tío Miguel, me acerqué. El tío me cogió del hombro y seguía hablando con mis hermanos. No recuerdo lo que conversaba pero si recuerdo lo que interrumpió su conversación.
Era un grito como carcajada en el silencio de la noche. Una lechuza se vino a posar directamente en el ficus y nuevamente soltó el grito. Mis hermanos sin decir nada tomaron piedras y las tiraron contra el ave que saltaba de un lado a otro. Se escuchaban sus aletazos y aquel grito desagradable.
El tío Miguel corrió al interior de la casa y unos minutos después volvió con una escopeta de aire. Apuntó, disparó y nada. Mis hermanos insistían con las piedras. Finalmente la lechuza cansada de tanto gritar se alejó.
Vi a mi tío llorar, a mis ocho años ver a un hombre llorar fue impresionante. Lloraba “en silencio”, se movía, hablaba con mis hermanos y las lágrimas le saltaban como chispas. No se quejaba, no lloriqueaba, solo le salían las lágrimas. Yo guardaba silencio. La tía Jesús está arriba conversando con papá y mamá es lo que pensé.
Un rato después bajó mi Padre, abrazó al tío Miguel. El tío entró a la casa y un momento después parecía que la casa entera estaba llorando, se escuchaban llantos y lamentos por toda la casa. Las luces se fueron encendiendo y todos los parientes tíos, tías, primos y primas fueron apareciendo. La tía Jesús había muerto.
Aun ahí no me quedaba claro que significaba morirse. No voy a filosofar al respecto y echar a perder esta “calaverita”.
Al día siguiente, vi muchísima gente en aquella casa, la tía Jesús en el féretro. Mi hermano menor el más pequeño cuando nos sirvieron el almuerzo aquel día, lo recuerdo como si fuera ayer. Le dijo a mi Madre: “mami saca a la tía Jesús porque debe estar con hambre”. Mi Madre se echó a llorar una vez más.
No entendía que era morirse. Tuvieron que pasar treinta años.
Mi Padre estaba en sus últimos días, desahuciado. Mis hermanos lo sabían, mi Madre lo sabía, yo lo sabía pero no lo entendía. Ese ser que para mí era indestructible, comido por el cáncer rápidamente. No lo entendía.
Aquel miércoles estábamos en la enorme casa paterna mis dos últimos hermanos y yo. Mi Madre y mis cinco hermanos estaban en la clínica.
El perro, aquel pastor alemán engreído de mi Padre, se movía inquieto de un lugar a otro, parecía que jugaba con algo. Hacía mucho ruido.
Salí a verlo.
-“Frido” ¿Qué te pasa? - le pregunté.
“Frido” me movió la cola se me acercó y se recostó en mis pies como si algo le molestará. Me agaché y lo acaricié, su pelo grueso y liso. Salió mi hermana y mi hermano menor. Conversamos de “Frido”, el nombre se lo puso mi Padre luego de un acalorado debate con mi Madre. Ya que al ser un pastor alemán debía tener un nombre alemán. Mi Madre quería que se llamará: “káiser”, a mi Padre le parecía huachafo. Algunos sugirieron: “otto” y salieron otros nombres más. Hasta que mi Padre apareció con el nombre: “Frido”, porque es “fido” pero en alemán.
-¿Sabes que los perros ven a las almas en pena? - dijo mi hermana.
Si lo sabía porque la gente de la sierra, los brujos y los curanderos dicen eso.
-De repente “Frido” ha visto algo… -añadió mi hermano.
Yo no dije nada, guardé silencio. No quería ser brusco con mis hermanos. En medio de la incertidumbre y la tristeza de tener a mi Padre agonizante. Preferí callarme.
Escuché el grito horrible como una carcajada en los álamos del fondo de la casa. “Frido” se inquietó y corrió hacia allá ladrando, yo corrí y cogí unas piedras. Las arrojé sin éxito, el ave seguía gritando. Mi hermano que me había seguido también tiró algunas piedras, sin éxito. A lo lejos el teléfono timbró. Dejamos de tirar piedras, la lechuza no paraba de gritar.
Mi hermana nos dio el encuentro y nos abrazó. Nuestro Padre había muerto.
La abracé y lloré como mi tío Miguel.
Pasado el tiempo cada vez que quiero compartir una alegría o una grata emoción, siento su ausencia. Recién ahí siento lo que es morirse.
Aquí en esta zona urbana con el ruido y la contaminación sospecho que todos seremos eternos, no se ve ni una sola lechuza. Lo cual en cierto modo me llena de tranquilidad porque estoy lejos de aquella ave que anuncia la llegada de la amiga de Medea.
La lechuza será lo mismo que el currucao? por aquí le tienen agüero a este pajarraco, nunca los he visto, pero si escuchado y es seguro que cuando canta alguien estira la pata:eek:
Comentarios
Pues en mis brazos, no, de eso estoy segura.
Acá dejo otra:
Andaba torrejuelas quejándose por el foro
cuando llegó la catrina y le dio una cachetada
-ya deja de quejarte -le dijo en feo tono-
o conmigo te llevo, derechito a la fregada...
Pero torrejuelas no dejó de patalear
y la muerte a la tumba se lo tuvo que llevar.
Cuando lo estaban matando
Y la chancha que decía:
Sin mi amor me estoy quedando.
Obviamente esto no es digno de ser recordado en los anales de ninguna literatura, quizás en la de algún escritor alcohólico y resentido. Yo no soy escritor, tampoco resentido pero alcohólico si, a mucha honra.
El hecho es que en el velorio de ayer los deudos eran todos varones, la digna señora que me observaba bien arropada en su cajón no tuvo deudas, o mejor dicho no tuvo hijas. Y los muchachones que recibían las condolencias habían armado una cuasi fiesta en el velatorio.
Por razones que no vienen al caso mencionar había ido solo al velorio así que apenas llegué no me dieron tiempo ni de persignarme y menos de dar condolencias. Me alcanzaron una botella de cerveza y brindaron conmigo. Esto me dejó en un estado extraño y contradictorio, ¿era una fiesta? ¿Falta la música? ¿Por qué cuentan chistes? ¿Por qué nadie llora?
Cronometré mi visita en una hora, al final me quede cuatro y con ganas de seguir escuchando chistes y anécdotas, aparte del licor que circuló profusamente. Fue el velorio más divertido al que asistí en mi vida.
Bueno, el día de hoy me avisaron en la tarde la muerte una señora, abuela de una rama de mi familia, eso de rama es un decir. No es una rama es una tribu. En mi familia somos muy numerosos, las familias tenían por lo general más de cuatro hijos, al hombre que tenía menos de cuatro hijos lo consideraban impotente. Es por eso que los tíos cuando ya no podían tener hijos con sus esposas buscaban otras señoras y seguían teniendo hijos. Eran otros tiempos.
Esta vez encontré una rigurosa cortina negra al fondo del velatorio y “la capilla ardiente” llena de flores”, se escuchaban gemidos por un lado y por otro de aquel salón. Los varones casi todos de saco y corbata y las damas casi todas de negro.
Me acordé de las reglas al llegar a un velorio y las repasé. Me detuve delante del féretro me persigne. Estuve algunos minutos de pie. Y luego me acerqué a los familiares más cercanos y pobre de mí, distraído animal. Se me había quedado pegado el alegre velorio anterior en la cabeza y en vez de decir “mi más sentido pésame” salieron de mis desdichados labios estas palabras: “te deseo un feliz pésame”, la prima que me escucho mientras la abrazaba levantó la mirada y sus ojos muy llorosos me miraron y una levísima sonrisa y un ligero pellizco me sacudió y me hizo entrar en razón.
Finalmente se me ocurrió escribir esto y desearles: “mis más felices condolencias”. Las dejo por escrito para que no quede duda.
Es mi calaverita para la pequeña Medea.
Muy buena.
Pero que triste que no
entiendas lo que digo
porque nunca es solo paja
y solo trigo
porfiada me salio Medea
pero que diablos
yo me obligo...
¡Mexicana es la condenada,
mi amigos!
DÍA DE MUERTOS 2014, CABRONES!!!
Sí, sí, a fuerzas. Porque ya es toda una tradición en este foro.
Lancen sus calaveras
cuando llegó la Muerte y se lo llevó al panteón
por MAMÓN, POR super pinche mamón conmigo y por romperme mi corazón de pollo, cabrón, ojalá te lleve la Catrina de verdad ¬¬ MUÉRETE MAMÓN!!! ¬¬
Edito: No, no es cierto, no te mueras!! ;_; nada más rómpete un dedito o ten un cálculo renal o algo así pero no te mueras ;_;
Edito2: no, no es cierto, no te rompas nada ni orines piedritas, estamos en paz :rolleyes2:
***********
Estaba Odmaldi manoseando al Unbekannt
cuando llegó Juancho y se puso a tomar
"me estás estorbando, Juanchito de mi corazón"
dijo Olmaldi perdiendo la razón,
"¿y a mí que me importa, vieja solterona?
dijo Juancho alcoholizado
"¿Acaso eres mi patrona?
mejor lárgate a otro lado"
Y Odmaldi ya muy hot
llamó a su amiga la Catrina,
para que por medio de un complot
se llevara a Juancho a la cantina.
Pero la Muerte mañosa
de Juancho se prendó
y al panteón muy amorosa
a nuestro amigo se llevó.
Desde entonces la Huesuda
con él vive en el cementerio
pero a Juancho se la suda
porque no vale como adulterio.
Dedicado con todo cariño a mi pequeña amiga, a ella le encanta lo siniestro.
A veces creo que el tiempo no se ha detenido, me sumerjo en algunos recuerdos de infancia y rápidamente encuentro nexos con hechos vividos recientemente.
Mi primer encuentro con la muerte fue cuando tenía ocho años.
Recuerdo la casa de mi tía Jesús, en realidad era mi tía abuela. Era de noche, esa casa era grande y tenía tres pisos, me gustaba porque se podía jugar a las escondidas de maravillas. Mi Padre nos alineo de menor a mayor y esperamos para entrar a saludar a la tía.
Estábamos en el pasadizo sentados en unos muebles muy cómodos en silencio sin saber bien de que se trataba. Mi hermana y mi hermano menor dormitaban, mi hermana mayor cuchicheaba con los mayores. Me acerque para saber de que hablaban y pregunté.
-¿Qué pasa?
-La tía Jesús se está muriendo – Dijo mi hermana.
¿Muriendo? Como se va morir si está hablando con papá y mamá ahí dentro. Me quedé pensando y regresé a mi lugar. La muerte hasta ese momento no me importaba y no era trascendente. A los ocho años todo es tan placentero. Lo escribo así, porque lo recuerdo.
Mi Padre llamó a los tres primeros, los mayores. Entraron y se escuchaba a mi Madre hablar con la tía. Le daba detalles de cada uno de. Se escuchaba: “el es Oscar está en tercer año quiere ser médico”, “si él es tu ahijado” y cosas por el estilo.
Si son de tres en tres, yo iré en el segundo grupo –Pensé.
Luego de un rato salieron los tres y no quisieron quedarse con nosotros, bajaron rápidamente como queriendo olvidar todo lo visto.
Mi Padre salió y nos hizo entrar, mi hermana mayor, la segunda y yo. Mis dos hermanos más pequeños dormían en los muebles.
La tía Jesús de quien tengo un vago recuerdo, es mas siempre la recuerdo enferma, estaba postrada con el rostro amarillo como la cera de las velas baratas, su cabello suelto cano extendido en la almohada. Una vía y una botella con suero le daba el toque de enfermo grave a toda esa escena. Mi Madre era sobrina directa de la tía Jesús se veía consternada pero serena, tomó del hombro a mi hermana mayor y la acercó donde estaba la enferma.
No se cómo será en otros lugares, pero hace cuarenta años, los Padres no se preocupaban por los recuerdos traumáticos, ni las recomendaciones de los charlatanes que salen a cada rato en la televisión con respecto a los moribundos. En esos años se preocupaban en demostrar amor a sus seres queridos, quizás en el trance más difícil, el de morirse conscientemente pero rodeados de amor.
Bueno sigamos.
Mi Madre siguió con el protocolo, le iba reiterando el cariño de cada uno de sus sobrinos a la tía. Lo que querían ser en la vida. Su edad y cosas por el estilo.
Yo era el último del grupo de tres, mi Madre, me tomó del hombro y me acercó. La tía levanto su manito y me tomó la cara, su mano arrugadísima estaba fría y olía a remedios. Esbozó desde sus ojos hundidos y tristes una sonrisa. Parece que no podía hablar fuerte, mi Madre se le acercó y ella algo le dijo.
-Dice que te pareces a la abuela Rosa de pequeña – Dijo mi Madre y unas lágrimas me cayeron en mi brazo. La tía Jesús era hermana mayor de mi abuela.
Mi Madre trató de serenarse y retomó el protocolo, su : “este quiere ser marino y policía”, siempre de niños queremos ser varias cosas a la vez. El protocolo terminó y mi Padre nos sacó a los tres. Mis hermanas al salir, se echaron a llorar, con un llanto que me sorprendió.
Apareció la tía Teresa, con cara de recién despertada y las abrazo. Y soltó algunas lágrimas para colaborar con ese manantial de lágrimas. Bajamos todos a la primera planta, mi tía, mis hermanas y yo. Ellas entraron a la cocina y mi tía les sirvió agua para que se calmen.
Fui a la sala y la puerta de la calle estaba abierta, un enorme ficus oscurecía la fachada de la casa, mis hermanos conversaban en voz baja con el tío Miguel, me acerqué. El tío me cogió del hombro y seguía hablando con mis hermanos. No recuerdo lo que conversaba pero si recuerdo lo que interrumpió su conversación.
Era un grito como carcajada en el silencio de la noche. Una lechuza se vino a posar directamente en el ficus y nuevamente soltó el grito. Mis hermanos sin decir nada tomaron piedras y las tiraron contra el ave que saltaba de un lado a otro. Se escuchaban sus aletazos y aquel grito desagradable.
El tío Miguel corrió al interior de la casa y unos minutos después volvió con una escopeta de aire. Apuntó, disparó y nada. Mis hermanos insistían con las piedras. Finalmente la lechuza cansada de tanto gritar se alejó.
Vi a mi tío llorar, a mis ocho años ver a un hombre llorar fue impresionante. Lloraba “en silencio”, se movía, hablaba con mis hermanos y las lágrimas le saltaban como chispas. No se quejaba, no lloriqueaba, solo le salían las lágrimas. Yo guardaba silencio. La tía Jesús está arriba conversando con papá y mamá es lo que pensé.
Un rato después bajó mi Padre, abrazó al tío Miguel. El tío entró a la casa y un momento después parecía que la casa entera estaba llorando, se escuchaban llantos y lamentos por toda la casa. Las luces se fueron encendiendo y todos los parientes tíos, tías, primos y primas fueron apareciendo. La tía Jesús había muerto.
Aun ahí no me quedaba claro que significaba morirse. No voy a filosofar al respecto y echar a perder esta “calaverita”.
Al día siguiente, vi muchísima gente en aquella casa, la tía Jesús en el féretro. Mi hermano menor el más pequeño cuando nos sirvieron el almuerzo aquel día, lo recuerdo como si fuera ayer. Le dijo a mi Madre: “mami saca a la tía Jesús porque debe estar con hambre”. Mi Madre se echó a llorar una vez más.
No entendía que era morirse. Tuvieron que pasar treinta años.
Mi Padre estaba en sus últimos días, desahuciado. Mis hermanos lo sabían, mi Madre lo sabía, yo lo sabía pero no lo entendía. Ese ser que para mí era indestructible, comido por el cáncer rápidamente. No lo entendía.
Aquel miércoles estábamos en la enorme casa paterna mis dos últimos hermanos y yo. Mi Madre y mis cinco hermanos estaban en la clínica.
El perro, aquel pastor alemán engreído de mi Padre, se movía inquieto de un lugar a otro, parecía que jugaba con algo. Hacía mucho ruido.
Salí a verlo.
-“Frido” ¿Qué te pasa? - le pregunté.
“Frido” me movió la cola se me acercó y se recostó en mis pies como si algo le molestará. Me agaché y lo acaricié, su pelo grueso y liso. Salió mi hermana y mi hermano menor. Conversamos de “Frido”, el nombre se lo puso mi Padre luego de un acalorado debate con mi Madre. Ya que al ser un pastor alemán debía tener un nombre alemán. Mi Madre quería que se llamará: “káiser”, a mi Padre le parecía huachafo. Algunos sugirieron: “otto” y salieron otros nombres más. Hasta que mi Padre apareció con el nombre: “Frido”, porque es “fido” pero en alemán.
-¿Sabes que los perros ven a las almas en pena? - dijo mi hermana.
Si lo sabía porque la gente de la sierra, los brujos y los curanderos dicen eso.
-De repente “Frido” ha visto algo… -añadió mi hermano.
Yo no dije nada, guardé silencio. No quería ser brusco con mis hermanos. En medio de la incertidumbre y la tristeza de tener a mi Padre agonizante. Preferí callarme.
Escuché el grito horrible como una carcajada en los álamos del fondo de la casa. “Frido” se inquietó y corrió hacia allá ladrando, yo corrí y cogí unas piedras. Las arrojé sin éxito, el ave seguía gritando. Mi hermano que me había seguido también tiró algunas piedras, sin éxito. A lo lejos el teléfono timbró. Dejamos de tirar piedras, la lechuza no paraba de gritar.
Mi hermana nos dio el encuentro y nos abrazó. Nuestro Padre había muerto.
La abracé y lloré como mi tío Miguel.
Pasado el tiempo cada vez que quiero compartir una alegría o una grata emoción, siento su ausencia. Recién ahí siento lo que es morirse.
Aquí en esta zona urbana con el ruido y la contaminación sospecho que todos seremos eternos, no se ve ni una sola lechuza. Lo cual en cierto modo me llena de tranquilidad porque estoy lejos de aquella ave que anuncia la llegada de la amiga de Medea.
Es mi calaverita.
el amigo torrejuelas
cuando llego la...
ay, ya se me quitaron las pinches ganas de hacer calaveritas, gracias por su apoyo.