Hemos unido nuestros cuerpos
en un mismo sudor frenético
y te veo feliz.
Sostengo tu cara en mi mano, y pregunto:
Daniel, ¿Estás ahí?
Tus ojos me miran con deseo, con orgullo.
Pero yo busco aquella otra mirada
con la que me invitabas a cantar
con la que me desafiabas a subir a los árboles
cruzar el arroyo descalzos, para conquistar
nuevos dominios inexplorados.
¿Cuántas veces nos golpeamos,
nos arañamos, nos manchamos…
Marchabas a mi lado blandiendo una rama
presto a defenderme con tu lanza
de cualquier peligro.
Me construías una cabaña
donde yacer haciendo que dormíamos.
La primera vez me desnudaste
metiendo un grillo entre mis ropas.
Me traías una flor, que no entregabas
si no la reconocía por su aroma
mientras me tapabas los ojos.
Hoy cojo de nuevo tu mano,
pero es tu cuerpo adulto quien responde.
¿No te das cuenta de que me tienes
porque sigo siendo tu amiga?
Hazme una señal en la que te reconozca,
pues de lo contrario este encuentro
no quedará pagado.
Lo anotaré como una deuda
que nunca he de reclamar.
Comentarios
Buscas al niño que te cautivó con sus juegos y mundos, y te encuentras con el adulto que ha olvidado lo que fue. Tú te entregas al ayer y te encuentras un hoy que no te convence en el corazón... cambiado, ajeno a tu recuerdo.
Saludos.
Graciñas.
P.D: hoy las arañas depredadoras me están tocando los dallonsis en extremo por su picadura constante :mad:
Te prometo que me dan ganas de llorar con esa frase.
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En realidad la desincronía entre las dos personas consiste en que el sexo puede formar parte de su amistad, porque hubo una enorme confianza. Sin embargo él obtiene lo que busca, que ya no es complicidad sino placer, mientras ella echa en falta una demostración de que lo importante es su antiguo afecto, y si no la hay, no podrá sentirse correspondida.
Ahí están mis lágrimas, como el haikú del viento que barre las hojas, gracias por recordármelo.
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