Tener hijos me ha enriquecido; me ha hecho menos egoísta y me ha dado una dimensión nueva de la vida. Pero sin duda...tener una hija me divierte mucho. Hemos compartido siempre muchas cosas; lo primero fue estudiar juntas Derecho Romano y Derecho Natural cuando ella tenía tres meses. Nos tumbábamos las dos en mi cama, yo estudiaba y ella miraba las flores del edredón hasta que se quedaba dormida.
Cuando tenía dos años compartíamos el gusto por el perifollo y los lacitos; yo la emperifollaba y ella, muy contenta, se dejaba. Luego vinieron las ocurrencias a medida que iba creciendo, las aventuras del cole y las cosas de "niña un poco mayor". Nunca le conté cuentos de hadas, más bien aprovechaba si veía en la tele "Sonrisas y lágrimas" para hablarle de los nazis y de la guerra mundial. Puede que no fuese lo más apropiado pero aprendió algo de Historia y creo que no quedó demasiado traumatizada.
En la adolescencia nuestra relación se hizo turbulenta y difícil, era un tira y afloja que a las dos nos dejaba rabiosas y agotadas. Tuvo la decencia de confesarme hace poco que a los catorce años me odiaba profundamente. Yo a ella no la odié, es imposible odiar a un hijo, pero tuve que hacer grandes esfuerzos para no ahogarla.
Ahora tiene veinticinco años y las dos somos adultas, y en ocasiones compartimos casa. No somos amigas, eso es imposible, porque somos algo mucho mejor: madre e hija. Una relación exclusiva y que solo las dos podemos tener. Pero eso no impide que nos hagamos mutuas confidencias que a nadie más haríamos ni ella ni yo. Estoy segura de que no tenemos una relación materno-filial al uso, y probablemente alguna madre conservadora se sentiría escandalizada si nos escuchase hablar. Hacemos juntas muchas cosas que no suelen hacer las madres y las hijas, aunque nunca nos iremos de copas, por ejemplo. Hay barreras que no se deben cruzar. Pero las dos tenemos claro que el vínculo que nos une es indestructible y que compartimos algo muy especial. No me avergüenza decir que aprendo de ella muchas cosas y que en ocasiones ella es la que me ha hecho no de madre, pero si de protectora; cuando necesitaba a alguien que me sostuviese ella lo ha hecho y me ha dado muchos buenos consejos.
Quizá, sólo quizá, no la he educado demasiado mal. En su favor he de decir que ha traído a mi vida a un ente de cuatro patas y color negro que me quiere con locura, como yo a él. Ah, y mi armario se ha multiplicado por dos, compartimos ropa, lo cual en tiempos de crisis siempre viene bien.
Comentarios
Me suena muy personal tu relato. Gracias por compartirlo.
:cool:
Cuando tenía dos años compartíamos el gusto por el perifollo y los lacitos; yo la emperifollaba y ella, muy contenta, se dejaba."
¡Qué ternura! :-O Esta es una de las partes (hay más) que me han parecido muy bonitas al leerlas e imaginármelas...
Una vez más, Nefertiti, he disfrutado mucho leyendo uno de tus relatos. Gracias.
Yo no tengo hijos. Me habría gustado muchísimo tenerlos. Por ello me emociono mucho cuando veo la felicidad en los rostros, en las palabras y en los hechos de las familias unidas por el amor. Me emociona también el amor fraternal; pero ahora hago referencia especial al paternofilial (también, por supuesto, al filio-parental). Aun siendo consciente de lo difícil que debe de ser -supongo que sobre esto hay una unanimidad mayoritaria- educar acertadamente a los hijos, con miras a su felicidad, solidaria, no egoísta, y a una convivencia pacífica, respetuosa y fructífera, me habría gustado muchísimo intentar esa educación ideal pero práctica, práctica pero ideal. Oír decir 'papá' (o, por supuesto, 'mamá', según el caso) a tu hijo o hija debe de ser una de las experiencias más gozosas (si no la que más) que pueda regalarte la vida. Gozo que debe de crecer cuando esa palabra y el sentimiento que la inspira se mantienen y aun prodigan cuando el hijo crece y se hace adulto, hasta el final. ¡Sentir que cuando te dice 'papá' ( o 'mamá', claro), te está diciendo 'te quiero', 'gracias'!('gracias por todo, por todo lo que me has dado, por tu sacrificio, por tu esfuerzo, por tu ejemplo, por haberme amado,...Por ser mi padre/madre').
Me ha encantado que añadieras la nota divertida sobre el ente de cuatro patas. A mí me hacen feliz dos entes de cuatro patas, que también me quieren con locura, como yo a ellos.