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La Mujer del Gladiador (por Carlos Serrano)

CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
editado agosto 2014 en Narrativa
Anoche tuve un sueño y al despertarme, en medio de la madrugada, me puse a idear este relato (inspirado en una misteriosa chica que aparecía en mi sueño). Es poca cosa pero tenía que escribirlo y cuando lo he hecho me he quitado un peso de encima. Yo soy el primer sorprendido. En fin, aquí os lo dejo:






LA MUJER DEL GLADIADOR







Antes de tomar la cicuta y poner fin a mis días debo contar mi historia. No será muy larga pero sí definitiva.


Nací hace 18 años y nací esclava. Muy niña llegué a la Casa de Gladiadores de Petronio y allí comencé a ser mujer de gladiadores. Así me enseñaron a barrer, fregar, cocinar...y después de todo un día intenso de labores también tenía que acompañar a algún gladiador de noche, en sus aposentos, para someterme a sus deseos.


Como toda esclava no he tenido una vida fácil. He soportado con paciencia y resignación mi destino, tal como me enseñaron. He conocido a muchos hombres que ahora sé que eran más animales que otra cosa. Me he sentido como una cosa y no como una persona. Era esclava. Sí, lo era. Hasta hace un año.


Hace un año, en el llamado "sorteo" de las mujeres, yo y Lucilia no fuimos escogidas por los gladiadores privilegiados para pasar la noche con alguno de ellos y quedamos a merced de los nobeles. A mí me escogió Laudus, y Lucilia (de rostro no muy agraciado) fue la última opción de un tal Rufus, hombretón más cercano a la bestia que a cualquier otra cosa. Fui afortunada.


El tal Rufus y Laudus compartían celda al ser los últimos en llegar en la Casa de Gladiadores. Y al llegar la noche Lucilia y yo les esperábamos en sus humildes catres tras la cena. ¿Cómo podía soportar esa vida? ¿Mi propia existencia? Eso me lo pregunto ahora, entonces sólo era mi destino, aceptado como bien me habían enseñado. Fue culpa de Laudus el que yo pudiera cambiar mi pensamiento, mi corazón, mi Ser.


Rufus desnudó a Lucilia y la forzó como suelen hacer los hombres que he conocido. Y lo que yo he vivido ahora lo podía ver desde fuera, como si Lucilia fuera yo y eso fuera una extraña pesadilla. Laudus me tendió a su lado, puso su cuerpo de tal forma que no pudiera ver a Rufus y su catre y me miró a los ojos, que dijo eran muy hermosos para él. Cuando creía que correría la misma suerte que Lucilia (forzada por un novato que apenas tenía modales de animal) Laudus se puso a hablar conmigo. Yo que no era nada, menos que nada. Que apenas si sabía hablar, comunicarme. Con su voz varonil pero dulce me estuvo preguntando. Y yo un poco sorprendida tardé un buen tiempo en atreverme a contestar, a hablar, yo que no tenía derecho a nada, ni a abrir los labios, salvo que me lo ordenaran.


Aquella noche Laudus estuvo hablando, hasta que muy cansado (no solo por el día de trabajo sino por, quizá, mi silencio) se dio la vuelta y me deseo buenos sueños. Yo quedé un poco sin saber que hacer. Me di la vuelta finalmente y dormí bastante bien por primera vez en mucho tiempo...pese a que de vez en cuando Rufus me despertaba porque deseaba de nuevo forzar a la desdichada Lucilia.


Pasaron los días y las noches y ambas esclavas seguíamos asignadas a los gladiadores nobeles. Rufus forzaba cada noche varias veces a Lucilia, mientras Laudus se empeñaba en hablar. Yo tenía miedo porque se supiera que no cumplía con mi trabajo, que era dar placer a los gladiadores pero Laudus quería hablar. Me preguntaba por mi vida, mi historia, mi familia. ¿Acaso no sabía que las esclavas no tenemos historia, ni familia, ni nada?


Una noche al darse la vuelta, Laudus, me pidió que lo abrazara y así lo hice. Y sentí algo. Yo que ya nada sentía. Sentí un calor, una paz y una felicidad que me dejaron aún más perpleja.


Dos semanas después Laudus, convertido en un hallazgo tras vencer varios combates inesperados (inesperados para los apostadores), tuvo su propia celda, sus nuevos privilegios y decidió llevarme consigo. Sería su favorita. Eso me dijo.


Laudus como nuevo gran gladiador, como nueva estrella de la Casa Petronio, tuvo muchos privilegios, que compartió conmigo. No podía rechazar esclavas que por su nuevo status le correspondían pero en la cama solo yo yacía a su lado. Nunca tomó a otra mujer. Yo le abrazaba ya sin esperar a su susurro y una noche me dejó darle placer, era la primera vez que lo hacía sintiendo que yo también lo deseaba.


Pasó el tiempo y Laudus se convirtió en uno de los gladiadores más famosos de su época, en una estrella del firmamento, en un acontecimiento social inaudito. Hacía ganar mucho oro a Petronio y tenía cada vez más privilegios. Tantos que al final solo quiso uno: estar solo conmigo en su nueva celda de estrella de gladiadores.


Me contó algo de su historia, de su familia, de su educación. Me enseñó algo sobre costumbres, sobre cómo hablar, cómo pensar. Aprendí mucho a su lado, yo que no era nada. Me sentí muy dichosa, cuando creí que esa dicha no existía en el mundo, menos para mí, una simple esclava.


Laudus me hablaba de las estrellas, de leyendas, de historias de amor. Soñaba en voz alta, me decía cosas muy bonitas que yo apenas entendía y decía que deseaba ser mi esposo y tener hijos (y todo el mundo sabe que los esclavos no podemos casarnos ni tener hijos, tampoco los gladiadores).


Cuando más feliz era, cuando, como decía Laudus, era una persona como otra cualquiera, porque él pensaba que todos éramos iguales y todos teníamos derecho al amor, la dignidad y en definitiva a vivir, ocurrió. Un gladiador más fuerte y más feroz (siempre acaba saliendo uno nuevo, uno mejor, un nuevo rey) acabó con la vida de Laudus. Y cuando yo tuve noticia me quedé paralizada, como si me hubieran arrancado el corazón y aún tuviera que seguir andando...no sé como expresarlo.


Mi vida había acabado. Mi amor, mi todo no volvería a mí. Yo, que ahora era una persona, volvería a no ser nada. A ser una esclava, a ser una cosa. Y antes de derramar una lágrima fui en busca de Lucilia, a pedir su cicuta, que sabía que guardaba desde aquel día que me dijo que no aguantaría mucho más siendo forzada por todas las bestias de este mundo.


Cómo consiguió la cicuta nunca lo sabré pero no me importa. Y no puedo llorar para no perder las fuerzas que me han de sostener hasta tomar la cicuta y dejar de ser.


Pronto no seré nada. Ni siquiera esclava. Pero al menos ya no me arrebatarán lo que Laudus, mi amor, me regaló. Tomo la cicuta, quiero el olvido.


No llorar, conseguí no llorar. Me lo enseñó él: nunca llores, no le des esa satisfacción a los Dioses crueles que hicieron de tu vida algo que no mereces...


Una última palabra en mis labios...Laudus...

Comentarios

  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    Carlos,
    Me has emocionado. Me gustas divertido, pero este Carlos tierno que sabe poner el corazón en lo que escribe me ha llegado muy hondo.


    Gracias.
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    Francesca escribió : »
    Carlos,
    Me has emocionado. Me gustas divertido, pero este Carlos tierno que sabe poner el corazón en lo que escribe me ha llegado muy hondo.


    Gracias.

    A ti, guapetona.;)
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado agosto 2014
    Hola CarlosSerrano,
    Me ha gustado "La Mujer del Gladiador". Es un bonito drama con clásico incluido: el de los amores que tienen todas las papeletas para terminar en desgracia.

    Has descrito muy bien el ambiente de claustrofobia emocional de la protagonista... El nacimiento de un sentimiento en un entorno hostil, parecido al crecimiento de una flor entre el asfalto...

    Y ¡como no!, final trágico, porque este amor tenía demasiados números en contra para poder perpetuarse en el tiempo... Intenso, profundo y efímero... como casi todos los grandes amores...

    Muchas gracias por compartirlo.

    Sonrisas
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    estrofa escribió : »
    Hola CarlosSerrano,
    Me ha gustado "La Mujer del Gladiador". Es un bonito drama con clásico incluido: el de los amores que tienen todas las papeletas para terminar en desgracia.

    Has descrito muy bien el ambiente de claustrofobia emocional de la protagonista... El nacimiento de un sentimiento en un entorno hostil, parecido al crecimiento de una flor entre el asfalto...

    Y ¡como no!, final trágico, porque este amor tenía demasiados números en contra para poder perpetuarse en el tiempo... Intenso, profundo y efímero... como casi todos los grandes amores...

    Muchas gracias por compartirlo.

    Sonrisas

    Gracias por tu comentario, estrofa.

    En fin, el relato también nace (o mejor dicho está muy influido) por esa historia de amor de la película Espartaco. Ya sabes, Espartaco el gladiador que le ofrecen a una esclava y se enamora de ella...Aunque bueno, en Espartaco y esa historia hay una cosa que me preocupaba por incoherente...pero bueno, eso dejémoslo para otro día...:rolleyes::D
  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado agosto 2014
    Si sigo aquí leyendo uno a uno lo que has publicado, se me va la noche y no duermo.:D

    Muy bueno este, mucho más porque mataste a Laudus y no vendiste una típica historia de amor más.

    ¡Gracias por compartir!
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    Me ha encantado. Me gusta la Historia, y la de Roma bastante. Los gladiadores, esos seres que se jugaban la vida día a día en la arena, y a los que las nobles matronas romanas solían visitar la noche antes, para acostarse con ellos, porque les daba morbo pensar que quizá al día siguiente estuviesen muertos. Como aquí han tenido en algún momento ese morbo los toreros, según dicen.

    Gracias por compartirlo
  • DukdosDukdos Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2014
    Me ha gustado. Gracias por compartirlo.
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    Nefertiti escribió : »
    Me ha encantado. Me gusta la Historia, y la de Roma bastante. Los gladiadores, esos seres que se jugaban la vida día a día en la arena, y a los que las nobles matronas romanas solían visitar la noche antes, para acostarse con ellos, porque les daba morbo pensar que quizá al día siguiente estuviesen muertos. Como aquí han tenido en algún momento ese morbo los toreros, según dicen.

    Gracias por compartirlo

    Bueno, no sé yo el morbo que despierta un hombre por ser torero, pero debe ser cierto, solo así se entiende que Jesulín de Ubrique triunfara entre las mujeres!:D
  • NefertitiNefertiti Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    A mi los toreros ninguno. Personalmente me tiran más los uniformes:)
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado agosto 2014
    Nefertiti escribió : »
    A mi los toreros ninguno. Personalmente me tiran más los uniformes:)

    Bueno, eso creo que nos gusta a todos ¿no?:rolleyes: Una mujer vestida policía siempre es sexy, no sé por qué...:rolleyes::rolleyes2:
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