Bueno, otro experimento, pero esta vez, claro, de ficción. Siempre me prometí no escribir desde el punto de vista de una mujer. Me parecía imposible hacer algo así. Pero me gustan los retos. Y creo que este ahora mismo me estimulaba mucho. Espero no fracasar demasiado:
DIARIO DE UNA MUJER DE 39 AÑOS
Soy Clara, 39 años, 1'65, divorciada, amargamente divorciada. Tengo una niña de 14 años, en la edad del pavo, aunque ya no se estile decir eso. Me paseo por el supermercado y acabo comprando una tableta de chocolate con almendras, bueno dos, por si acaso. Me prometí dejarlo pero no puedo. Llego a casa y Tango me espera, quiere algo pero no sé lo que es. Dejo la compra en la cocina y solo guardo lo que necesita frío. Me siento frente al ordenador, me descalzo y Tango se echa, cálido, sobre mis pies. Tecleo para mirar mi correo. No hay correo. Luís no da señales de vida. Ya tiene lo que quería. No sé cómo puedo ser tan tonta...a estas alturas.
Me llama Mariví, salimos juntas, tan morena y tan bajita, menuda lengua tiene. Es chismosa y muy malhablada pero no paras de reírte con ella. Tenemos que comprar un regalo a Sandra, para el sábado, es su cumpleaños. Nos metemos en el sex-shop y empezamos a mirar cosas, yo siempre medio sonriendo. Mariví que es mu echá p'alante se acerca al mostrador y empieza a hablar con el dependiente (un chico rubio platino lleno de piercings), yo miro lencería comestible (vaya) y luego me acerco a ellos. "Estos son de sabor a fresa, limón, plátano y el nuevo de tutti-frutti", el chico le está enseñando a Mariví unas cajas de condones, ella no pierde la ocasión de ser ella misma y le dice "¿Y no los tenéis con sabor a polla?" y el chico se ríe con Mariví que le está echando su mirada de mujer fatal. Si no fuera porque sé lo feliz y lo bien que está con su novio me escandalizaría. Pero así es ella.
Salimos del antro con perfume de ambientador barato y nos sentamos en la cafetería, la del chico rubio diez años menor que yo que me sirve el zumo cada mañana antes de salir a correr. Llega él espléndido. No es exactamente guapo, sino muy atractivo, así me lo parece. Le quedan muy bien las camisas blancas, tiene una mirada penetrante y una medio sonrisa encantadora y misteriosa. Cuando la suelta me quedo adivinando qué estará pensando.
"Mariví, hace tres semanas me acosté con Luís..." Por supuesto ella me mira con esos ojazos tan grandes bien abiertos "Tú eres tonta, tía, tonta de remate". Luís es el padre de mi hija, del que me divorcié hace tres años. Me dejó o le dejé, ya ni me acuerdo. Ahora está con una jovencita, asco de chica. Pero aquel sábado que teníamos que hablar de la niña se insinuó y yo caí. Realmente no era una cuestión de sexo, ni siquiera disfruté, eran otras muchas razones. Me gustó tenerlo a punto de caramelo, que me deseara de aquella forma, como antes de aburrirnos el uno del otro. Me entusiasmó la idea de demostrarle que yo era muy buena en la cama, al menos con él. Y además tenía muchas ganas de joder a su chica, la pobre que no tenía la culpa de nada. Me sentí poderosa teniéndole de nuevo allí, conmigo, susurrándome, como suplicándome. Y cuando todo terminó, cuando se sació el deseo me sentí como una puta mierda. Como cuando despiertas de un sueño delicioso y ves la cruda realidad: que tienes que levantarte y fuera hace mucho frío. Él se viste, se atusa el pelo como si el mundo le perteneciera y se marcha dándome un beso en la mejilla, como imaginándose que esto se repetiría...todas las veces que quisiera. Porque, piensa, que yo no he rehecho mi vida, que sin él mi vida no tiene sentido...que...en fin.
Dejo a Mariví, tras su previsible sermón, y me voy a casa. Tania ya ha llegado, le pregunto dónde ha estado, apenas contesta. ¿Dónde has dicho que has estado?-insisto-. ¿Y ése quién es, que me entere yo? Se encierra en su cuarto, pone la música a todo volumen. Debe pensar que ya no la entiendo. O peor, que el único que la entiende es el chico ese del ¿skate? ¿Así se dice?
Me tumbo en la cama, se sube Tango a mi lado, miro la tele. Cojo la tableta de chocolate "sólo dos cuadraditos" me digo. Vas a devorarla entera, idiota. ¿A qué viene engañarse? Tengo ganas de acercarme de nuevo al ordenador. Pero sé que no hay noticias de Luís. Ya no me va a mandar más postales románticas, como solía. ¿Por qué me humillo así? ¿Por qué necesito arrastrarme? ¿Qué saco con ello? Me dan ganas de darme contra la pared, por imbécil. ¿Es que no tienes dignidad, Clarita? Es cómo si me lo preguntara mi madre. Simplemente es que no soporto que Luís se salga con la suya. Siempre ha sido así. Nuestro matrimonio era un eterno pulso. Ganas tú, gano yo, perdemos todos.
Ya he devorado el delicioso chocolate con almendras, me siento como una cerda. Pienso en el chico de la cafetería. Me medio sonrío. Me lo imagino como Marlon Brando en "La Ley del Silencio", en aquella escena probándose los delicados guantes de la chica, rudo y tierno a la vez. Me abraza por la espalda, sintiendo esos brazos fuertes que podrían destruirme sin esfuerzo...Pero noto el calor y me siento segura, protegida. Me entra el sueño. Me duermo. Sueño...
Comentarios
Con permiso, Clara. Te traduzco lo que Tango quería: Te estaba preguntando que si te habías acordado de comprar pescado. Ah, y que la próxima vez que vayas al Sex-Shop lo lleves contigo.
Y ya que estamos, que en el super, dos cuartas más a la derecha que el chocolate con almendras, hay unas galletitas para gatos que se portan muy bien baratitas, oiga!
(Huy, Tango sería el gato, no? A ver si era un can)
No soy mujer, pero me da a mi que afinas bastante en la psicología femenina. Me gustó en el relato la sutileza para poner esto de manifiesto, de manera suave y sin ser muy explicito.
Saluddos
Bueno, seguiré leyendo a ver si me convences de que nos conoces. De momento, conmigo has acertado solamente en lo del chocolate, al que atacaba en momentos de crisis como Escipión ( yo) arremetía contra los cartagineses ( el chocolate), con "nervio y ansia". Es triste que, en lugar de un cortijo, mi padre me haya dejado en herencia la diabetes tipo 2.
Aquí sigo, Carlos.
Por ahí todavía se sale la voz de "hombre", pero nada mal como mujer.
Gracias por la buena lectura y compartir.
Muchas gracias.;) Dudé en llamarlo Diario, porque no es un diario convencional, se trata más bien de un diario psicológico. Supongo que me influye Henry James un poquito. Para mi lo interesante es ese fluir del pensamiento de Clara, mejor que una anotación por escrito que es más frío, para mi gusto. Clara es en el fondo, así la imagino yo, una chica dulce, suave...pero la vida la está curtiendo, y esa piel suave que ella tenía a veces parece rasgarse...es lo que tiene el paso del tiempo. No solo a nivel físico (recuerdo esa bonita canción "Más bonitas son las rosas y viene el tiempo y las marchita") sino psicológico, emocional. Es una de las cosas más inquietantes de la vida, cuando notas que te vas curtiendo en ciertas cosas, que tu corazón ya no es un capullo tierno en flor...:rolleyes:
Pues es un perro!:D Como siempre me inspiro en cosas reales. A Tango lo conozco muy bien. La escena del sex-shop ocurrió (pero era yo con Mariví comprando para el cumpleaños de una amiga) y bueno, Mariví existe, es así de malhablada y te partes de risa con ella, es muy cordobesa.:D
Gracias, pinki, yo no me imagino a Clara siendo explícita todo el rato, para eso está el personaje de Mariví, la amistad que todos necesitamos, la que nos alegra y nos hace de conciencia.:rolleyes:
Bueno, respetemos al menos en eso la intimidad de Clara.:D Yo supongo que sueña con la tableta de chocolate...pero la del chico de la cafetería, no la que se ha zampado!:D
Jajaja...lo de la estatura surgió así espontáneamente y creí que mejor eso que poner el peso:rolleyes: Además tiene un motivo: Clara está inspirada en una persona real y ese detalle de la estatura era importante para mí. No pretendo conocer a las chicas (ya me gustaría tener esa sabiduría!) porque creo que en el fondo todos nos parecemos mucho, al menos en la manera de sentir, son quizá detalles más triviales los que nos pueden diferenciar. No sé.
Ay, mi Francesca, venden hasta turrón de chocolate con almendras sin azúcar! No es lo mismo pero alivia.:D Cuando necesites algo me llamas, que precisamente estoy especializado en diabéticos, por mi trabajo ya sabes.:rolleyes: Y yo que no lo soy no me hace mucha gracia el dulce. Soy más de salados...:cool:
A ver cómo me sale la próxima entrega de las aventuras de Clara. Yo ya estoy enamorado de ella.:rolleyes2:
Estoy de acuerdo contigo: más allá de las diferencias fisiológicas y culturales, tampoco hay tanta distancia entre hombres y mujeres. Las que son diversas y fascinantes son las personas, en general.
Me parece bien que te metas en la piel de Clara. A mí me gusta la novela basada en la Antigüedad. Lindsey Davis escribe como Marco Didio Falco y no parece una chica fingiendo ser un chico. Lo mismo yo me travestiré literariamente algún día... ¡Bromeo!
Igual en los productos sin azucar es todo acostumbrarse, yo me acostumbré a la cola sin cafeina y sin azucar y dejé de echar de menos la sabrosa azucarada:D Aunque claro, nunca es lo mismo. Es como el sexo con preservativo, te puedes acostumbrar...pero no es lo mismo, claro.:rolleyes:
Enseguida supe que Tango era un perro y no un gato y que lo que quería era que su dueña le prestara un poco de atención pues los perros son muy sociables. Que lo del chocolate debe ser universal por que, a pesar de mis cartucheras, también me consuelo comiendo dulce (o salado) cuando no tengo el día. Y lo de acostarse con un ex: casi todas hemos cometido ese error aunque no siempre pensando en retomar una historia ya terminada, sino simplemente por sentirnos otra vez deseadas o poderosas (creyendo que como somos quien mejor conocemos lo que en la cama le gusta a nuestro ex y lo que nosotras le damos no se lo va a dar la "otra"). O, simplemente por que así recuperamos un poquito de aquello que nos han quitado.
Me alegro de haber acertado con ese tipo de cosas. Igual no se me da tan mal ponerme en la piel de una mujer...:D
Gracias, Carmen.;)