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El amor de Ana

aguaclaraaguaclara Pedro Abad s.XII
editado julio 2014 en Narrativa
Este relato me lo inspiró una chica a la que conocí en un tren y, aunque he añadido algún detalle de mi cosecha, casi todo lo que explico es lo que ella me transmitió.
Volvía yo de Figueres, de visitar a Alfonso (sí, el novio con el que estuve tres años y sobre el que escribí en un relato anterior a éste) que estaba destinado allí haciendo el servicio militar.
Volvía cansada, agotada de haber servido para romper la abstinencia a la que Alfonso se había tenido que someter después de dos meses sin un sólo permiso, cuando me senté al lado de aquella chica. Ella tendría aproximadamente la edad que yo tenía entonces, unos 20 años y era una chica guapa, de aquellas que hacen que los tímidos las sigan con la mirada, que los menos tímidos les dediquen piropos y que los aún menos tímidos intenten meter mano disimuladamente en el vagón del metro cuando en éste no cabe ni un alfiler.
Yo no conocía de nada a aquella muchacha, pero como el viaje duraba dos horas, entabló conversación conmigo. Se llamaba Ana y venía también de visitar a su novio. Pero sus circunstancias eran un poco diferentes a las mías.
Ana conoció a Pedro en la fiesta de cumpleaños de su amiga Carla. Me explicó que lo suyo había sido un flechazo en plena regla. Mientras hablaba con unos y con otros en el jardín de su amiga, tomando algún que otro cubata y ya algo achispada, divisó a Pedro que hacía su entrada un poco tardía en la fiesta haciendo que más de una de las mujeres que allí había dejara una conversación a medias para fijar su mirada en él. Y es que Pedro era un hombre de los que quitan el hipo. Alto y moreno, tenía un cuerpo atlético resultado de varias horas diarias de gimnasio.
Pedro se dirigió directamente al lugar donde ella estaba y, sin ni siquiera preguntar su nombre, la cogió de la mano y le dijo: "ven".
La apartó un poco del grupo y le dijo al oído: "No sé cómo te llamas, ni conozco nada sobre ti, pero mirándote sé que he encontrado a la mujer con la que compartir el resto de mi vida". Aunque a mí me parece una frase salida de un libreto de Corín Tellado, a Ana le encantó esta forma de acercamiento. Se enamoró al instante y ya no se separó de él en toda la velada. Hablaron de mil cosas y se fueron conociendo. Aprovecharon alguna que otra canción lenta para sentirse algo más cerca y, olvidándose de los demás, se contaron secretos e intimidades. La fiesta acabó, demasiado pronto, pensó ella. El la acompañó a casa y le dió un suave beso de despedida.
Desde aquel día fueron inseparables. Ana ya no sabía vivir sin él y no se explicaba cómo algunos de sus amigos y familiares la prevenían por su temperamento. Ella nunca lo vio enfadado, ni agresivo, ni violento. Al contrario, se desvivía por satisfacer cualquiera de sus deseos, era cariñoso, muy detallista y muy buen amante.
Poco esperaba ella que todo acabara de forma tan brusca.
Una noche en la que Pedro tenía guardia en el cuartel, Ana estaba sóla en casa muy aburrida cuando la sorprendió una llamada. Era Carla, muy nerviosa y agitada. "Vístete y ven, deprisa, ¡han detenido a Pedro!".
Mientras se vestía y salía a todo correr no hacía más que hacerse preguntas: "¿Pedro detenido?, será un error, seguro, no puede ser mi Pedro, pero, ¿de qué pueden acusarlo?"
Tenía el corazón en un puño cuando llegó acompañada de Carla y del novio de ésta a la comisaría donde estaba arrestado su novio y entonces ya se enteró de todo lo sucedido.
Pedro, a quien ella tanto quería, aquel hombre tan atento, romántico y cariñoso, que nunca había levantado la voz, que huía de las discusiones e intercedía en las peleas, el hombre de sus sueños, el hombre de su vida estaba acusado de asesinato. Todo esto se lo dijo la madre de él que había acudido allí con un abogado.
No pudo verle hasta al cabo de dos meses en en el juzgado. Sólo tenía noticias de Pedro a través de su madre a la que habían permitido visitarle un par de veces. Él no había querido llamarla ni había contestado a las cartas que le envió por medio de ella. Estaba desesperada, no entendía que, justo en el momento que más la necesitaba, se alejase de ella de esa forma. Lo único que sabía es que el juez había ordenado su arresto sin fianza por tratarse de un delito grave.
Cuando le vio sentado junto a su abogado en aquella sala tan impersonal y fría, se le cayó el alma a los pies. Pedro había perdido peso, se le veía pálido y vencido. Bajó la mirada, avergonzado, al pasar a su lado. Tampoco entonces pudieron hablar a solas. El juez dictó prisión preventiva en espera de juicio y se lo llevaron a la cárcel de Figueres.
Ana no paró de enviarle cartas y pedir a la madre de Pedro que intercediera para poder hablar con él, para que él la llamara, para poder visitarle y tenerle cerca.
Al no tener ningún parentesco con él, no podía presentarse sin más en la cárcel, sino que tenía que esperar que él lo solicitara.
Después de mucho insistir al fin pudo verle, pero él se mostró frío y distante.
Le explicó que efectivamente, había matado a un hombre. Que todo había sucedido recién terminada su guardia en el cuartel en el que había tenido un mal día. Un yonqui le cortó el paso pidiéndole un cigarrillo y al decirle que no fumaba, le insultó y escupió en la cara. Pedro perdió los estribos y le pegó dos tiros con su pistola reglamentaria.
Se sentía avergonzado de su conducta y le pedía a Ana que le olvidara, que le iban a condenar por muchos años y no quería que ella fuera infeliz manteniendo la relación estando él en la cárcel.
Pero ella le cogió de las manos, lo miró a los ojos, y le dijo que no pensaba abandonarle, que le quería a pesar de todo lo que pudiera haber hecho y que no estaba dispuesta a olvidarle.
Se empeñó tanto que consiguió que él aceptara que fuera a verlo cada semana acompañada de la madre de él y para convencerle que por más que él dijera nada ni nadie podía hacer que ella lo dejara y rompiera la relación.
Cuando Ana me explicaba todo esto, volvía del primer vis a vis con su novio. Se vio obligada a someterse a un registro para poder acceder a la habitación donde iba a encontrarse con Pedro. Le habían hecho dejar el bolso en una taquilla de la entrada por que tampoco podía acceder al recinto con nada en las manos. Se sentía violenta por que pensaba que todos los vigilantes con los que había tenido que tratar sabían exactamente a qué había ido allí. Pero, a pesar de todo, había aprovechado al máximo la hora y media que duró la visita para acariciar, besar, y amar a aquel hombre al que tanto quería. Y para ella todo lo pasado habría valido la pena aunque sólo hubiera podido estar con él unos minutos.
Lo único que le preocupaba era, que en la urgencia del momento, ni uno ni el otro pensaron en los preservativos que ella había llevado y que quedaron olvidados en el bolso encerrado en la taquilla de la entrada.
Nunca más volví a ver a Ana, y tampoco nunca tuve noticias de ella. Pero he querido contar su historia por que me impresionó su coraje, su tesón y su voluntad. Y, aunque no soy creyente, hay una cita bíblica sobre el amor que bien puede reflejar lo que esta historia demuestra:
"El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás.” 1Corintios 13:4-8

Comentarios

  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2014
    Gracias por compartir el relato sobre el amor de Ana, aguaclara. En muchos casos, el amor es ciego, y no atiende a razones... Esta chica lo pasaría mal, pues una relación así tiene que ser dura de llevar psicológicamente... Me pregunto cómo les habrá ido en estos años :confused:

    Sonrisas
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado julio 2014
    Este si es amor del bueno, :D
  • Dr FictizioDr Fictizio Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    Muy buen tema, y bien relatado. La cita-moraleja final quizá no fuese necesaria, pues los y valores emociones que se han transmitido ya estaban claras, pero muy bien en conjunto. El tema de cómo el amor puede estar expuesto a cualquier tipo de circunstancia más o menos azarosa siempre produce relatos interesantes.

    Saludos.
  • aguaclaraaguaclara Pedro Abad s.XII
    editado julio 2014
    estrofa escribió : »
    Gracias por compartir el relato sobre el amor de Ana, aguaclara. En muchos casos, el amor es ciego, y no atiende a razones... Esta chica lo pasaría mal, pues una relación así tiene que ser dura de llevar psicológicamente... Me pregunto cómo les habrá ido en estos años :confused:

    Sonrisas

    Yo también me lo he preguntado muchas veces, y me gustaría creer que tendría un final feliz, que Ana esperaría a Pedro al que se le rebajaría la condena por buena conducta y seguirían felices para siempre. Pero soy realista, la chica se sinceró conmigo por que estaba preocupada por haber tenido relaciones ese día sin protección (una razón muy poco romántica) y si eso dio como resultado un embarazo no deseado, con el padre preso y ella tan joven no creo que la relación haya durado ni que estén felices y comiendo perdices, al fin y al cabo, la vida no es un cuento de hadas.
  • aguaclaraaguaclara Pedro Abad s.XII
    editado julio 2014
    amparo bonilla escribió : »
    Este si es amor del bueno, :D

    Sí, yo también creo que ella era una chica valiente que luchó para que su amor no terminara a pesar de que él pretendía dejarlo para que ella no sufriera.
  • aguaclaraaguaclara Pedro Abad s.XII
    editado julio 2014
    Dr Fictizio escribió : »
    Muy buen tema, y bien relatado. La cita-moraleja final quizá no fuese necesaria, pues los y valores emociones que se han transmitido ya estaban claras, pero muy bien en conjunto. El tema de cómo el amor puede estar expuesto a cualquier tipo de circunstancia más o menos azarosa siempre produce relatos interesantes.

    Saludos.

    Dr. Fictizio, es posible que tengas razón, pero la cita me gustó tanto cuando la leí que decidí incluirla. Gracias por leer mi relato y comentarlo.
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2014
    A mi la historia me ha recordado a mi servicio militar, a un hecho trágico: un chico (entonces casi todos los reclutas teníamos entre 18 y 19 años) se fue de permiso unos días a la Península (haciamos la mili en Ceuta) y cuando volvió la primera noche que le tocaba hacer guardia se pegó un tiro en la cabeza con su fusil. Cuando todos nos preguntábamos qué le había pasado en el funeral que se celebró en Ceuta antes de que se llevaran el cadáver a su pueblo me dijeron que la novía había cortado con él durante el permiso. Entonces pensé en la pobre chica, que sería muy jovencita y que claro, a esas edades ninguno de nosotros sabemos que esas cosas puedan ocurrir. Es decir, nadie se para a pensar, y menos esa chica a esa edad, que dejar a un chico que está muy enamorado justo en un permiso y que el chico va a volver al culo de España (eso nos parecía a nosotros), a seguir con una mili horrible (lo era para todos) y que como todos utilizaba armas y munición de verdad. Así que un chico enamoradísimo se encuentra solo en la garita de noche, lejos de la familia, los amigos, con un fusil, cinco cargadores (unas cien balas) y el corazón partido....pasó lo que pasó. Yo sobre todo lo sentí por la chica. Cómo debió sentirse al saber la noticia.

    En fin, en la vida nunca sabes que te va a esperar o que serás capaz de hacer. Y luego dicen que el amor no es poderoso...:rolleyes:

    Lo curioso es que yo conocí a una mujer que era novia de un chico con problemas de drogas, un buen chico pero que se metió en la cocaina tontamente. Ella le ayudó a llevarlo a Proyecto Hombre, a desintoxicarlo...pero un día el chico tuvo una discusión con un traficante de drogas que quería estafarlo y el chico mató al trafincante (el chico iba de cocaina hasta los ojos). Al chico lo condenaron a 15 años de cárcel y ella siguió siendo su novia...hasta que un día él le dijo que no volviera, que no podía funcionar aquello y que sería muy egoista por su parte obligarla a seguir con todo que además no era culpa de ella. Y ella dejó de ir a verle.

    Gracias, Carmen, por otro relato estimulante.;)
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