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Diario de un adolescente en guerra.

Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado junio 2014 en Narrativa
INTRODUCCIÓN

Octubre de 1997

Todos regresaron en silencio a la casa de sus padres.
Al abrir la puerta no les saludó el olor de la comida de su madre , o el de su perfume, o el aroma del cigarro consumiéndose en el cenicero porque Papá nunca pasaba de las dos primeras caladas. Olía a humedad y al polvo acumulado desde la muerte de su padre. Pensó que , a partir de ese momento y para siempre , ése sería el olor de la tristeza para ella. Y se apartó el mechón rebelde que siempre se empeñaba en colarse entre los labios. Sonrió débilmente, intentando así alejar la melancolía que amenazaba con embargarla.

Su padre había fallecido el último verano. Se había ido sin hacer ruido y sin causar problemas, como él siempre había deseado. Pero todo había sido tan rápido que aún les costaba asimilar que no iba a regresar nunca.Nunca era una palabra demasiado rotunda y dolorosa.
Ese día tenían por delante una ardua tarea: revisar cajones y armarios. Era necesario separar las cosas que se habían de tirar, las que irían a la beneficencia y las que ellos mismos decidirían conservar. En un acuerdo tácito, cada uno de ellos se dedicó a lo que prefería, según sus aficiones. La hermana mayor, Esperanza, abrió los armarios para buscar la ropa que se podría aprovechar. La mediana, Isabel, se dedicaba a trastear en la cocina. Miguel, el único varón, revisaría los discos y las cintas de vídeo.
Clara , la benjamina, decidió buscar entre los documentos y las fotos de sus padres. En cuanto a los libros, no albergaba duda alguna de que conservaría intacta e indivisa la biblioteca familiar .
Aunque trabajó afanosa durante toda la mañana, el montón de documentos para desechar crecía, mientras que el otro, el de los papeles que podían interesarles, seguía siendo muy escaso.
Pararon para comer algo que Isabel había preparado. Todos estaban abismados en sus pensamientos, hasta que Miguel - con la prestancia de ánimo que le caracterizaba- comenzó a contar anécdotas , al hilo de los recuerdos que le habían traído los objetos familiares. La conversación se animó, sazonada por las bromas y las modestas anécdotas de la infancia de todos ellos.
Después de las risas y la nostalgia compartidas, la tarde se hizo menos gravosa y , al final de la jornada, Clara estuvo a punto de gritar eureka, o de cantar bingo, no lo sabía bien, ante el hallazgo de un viejo volumen que había visto desde niña y que nunca había abierto. Se trataba de una edición de la década de los 20 de un folletín , "Genoveva de Brabante". Era una reliquia familiar, uno de los pocos recuerdos de su abuela. Su padre lo había guardado a buen recaudo de su curiosidad infantil.
Ahora lo abrió con cuidado, casi con unción sacerdotal, y comenzó a leerlo. Pero como el papel era de mala calidad y estaba viejo, le resultó desagradable al tacto, así que dejó de leer. Hojeando, advirtió que había una ilustración cada veinte o treinta páginas. Y se llevó una enorme sorpresa cuando encontró, en el reverso de la primera ilustración, un texto escrito a tinta china azul, y firmado por su padre. La letra era diferente de la que ella tan bien conocía. Los caracteres eran más redondos, más grandes y regulares, y la fecha en seguida captó su atención: 13 de Agosto de 1936. Comenzaba así: "Tengo 14 años, sólo 14 años..." Y continuaba detrás de cada ilustración hasta 1939. Al final, entre la última página y la contraportada, había otros papeles: hojas, notas, escritos de épocas diferentes. cogió uno de ellos al azar, fechado en Tetuán en agosto de 1945.
La emoción casi la ahogaba, porque su padre se había pasado toda su vida ( ahora ella tenía 33 años ) narrando sus vivencias como huido, refugiado y víctima , al fin y al cabo, de la guerra civil. Quería mostrar a sus hermanos este maravilloso descubrimiento. Pero estaba tan impaciente por saber, por conocerlo todo, que decidió esperar hasta tener ordenados y catalogados todos los escritos. Tal vez - se dijo- lo mejor sería copiarlos y encuadernar un ejemplar para cada uno. En realidad, no soportaba la idea de que alguien revisase ese tesoro antes que ella. Lo guardó todo en su bolso y recogió los papeles - escrituras, contratos, documentos bancarios - que se habían de conservar. En el último momento tuvo una inspiración: entre las fotografías podría encontrar algún testimonio de aquella época.
Con ese precioso secreto bajo el brazo, bajó las escaleras y se despidió con premura de sus hermanos para poder regresar al hotel . Y sólo allí, a salvo en su habitación, abrió el libro y buscó la primera ilustración. entonces, comenzó a leer:
13 de agosto de 1936

"Tengo 14 años, sólo 14 años. Apenas una década..."

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2013
    Que hermoso regalo de navidad nos traes con tu presencia y si encima nos quieres regalar tus escritos, que mejor:)
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    Feliz Navidad,Amparo.
    Gracias por su sempiterna amabilidad.
    Retomo el "Diario de mi padre...",pero algo modificado.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    13 de Agosto de 1936


    Tengo 14 años, sólo 14 años. Apenas una década más un lustro, casi. Muchos para un perro, demasiados para un pájaro. Pocos para un hombre, bueno, para un hombre en ciernes como yo.

    Después de la euforia de las elecciones y unos años de República, vinieron los altercados , los tiroteos y las revanchas.
    Me sacaron con prisas de la escuela de los Capuchinos en la que cursaba el bachillerato. Murieron algunos de mis profesores. Soy ateo - ¡que mi madre no se entere!, pero quería a mis profesores, aunque fuesen frailes.

    Hoy, en un caluroso día estival, he visto desde el ventanuco de la buhardilla - de nuevo, ¡que no se entere mi madre!- cómo entraban las tropas nacionales del general Mola. Los soldados regulares venían acompañados por unos extraños y terroríficos moros de las tropas africanas. Mi padre , por si acaso, se ha encerrado en casa y ha quemado el carnet del Partido.

    Mi madre llora todo el tiempo. Llora por mi hermano Ángel que está en el frente. Llora por mi hermano Manuel que ha sido capturado por los invasores en nuestra retaguardia. Llora por mi hermana y por mi cuñada que están preñadas, las pobres, en plena guerra.

    Mi padre quiere que hagamos las maletas a toda prisa. Se ha acercado para advertirme, pues me conoce muy bien:

    - Miguel, ¡nada de libros!

    Yo escamotearé de su vista alguno, que irá a parar a mi petate.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado diciembre 2013
    Me parece una historia muy interesante.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    22 de Agosto de 1936

    Mamá no ha dejado de llorar y de lamentarse desde que los nacionales nos invadieron. Lo cierto es que lleva triste ya varios años. Ella, tan piadosa, ha sufrido a causa de los desmanes de los del Frente Popular e, igualmente, por los de los otros, esos del brazo en alto. Y como no es ni roja ni azul ni "na", teme por todos pues tiene amigos de todos los colores.

    Mamá es menuda de cuerpo y bonita de cara, con unos sorprendentes rasgos eslavos. ¡Qué tierra esta en la que todos son recibidos como hermanos! Yo he heredado de ella los pómulos y el pelo como paja de la era. De mi padre, Ángel Álvarez Castro, tengo una estatura superior a la media, la nariz recta y los ojos claros. Es un socialista militante que hizo borrar en abril del 31 el blasón que coronaba nuestra puerta. Y también hizo eliminar el nobiliario "de" que precedía nuestro apellido, dando una substanciosa propina al pasante del Juzgado.

    Mamá reza sin parar, por los muertos y por los que vivimos aún. Es tan buena y tan generosa que todo el mundo la quiere . Y ella insiste en que, tal vez, eso nos salve un día la vida. Mi padre, sin embargo, se ha hecho con algún enemigo.

    Hasta hace unos días ha vivido en casa una monja, una tía de Mamá.La sacaron del convento de las Carmelitas Descalzas, en el que era la priora creo, para evitar que la matasen, como a mis pobres frailes.

    La sala baja quedó convertida en clausura monástica , vedada para los hombres de la casa. Como a mí todavía me consideran un cachorro, dejaban que me colase de rondón en esa especie de santuario en el que se ha convertido la sala de mi madre.Ahora que me llevé un chasco cuando la vi porque nadie diría que fuese monja así, vestida de paisano con una bata negra de mi madre. Lo único que podría haberla delatado era la cabeza rasurada que traía al principio. El pelo que comenzaba a crecer le daba una apariencia lanosa.
    Me gustaba sentarme en el suelo,con la espalda apoyada en la pared y adormecerme con el sonsonete de la voz de la monja rezando el rosario, y con la respuesta coral de las mujeres.

    Pero ayer se fue.

    -Ya han llegado los míos y no hay peligro- nos soltó tan tranquila.

    ¿Los suyos? ¿Y quienes somos , entonces, nosotros que la hemos acogido en nuestra casa y dado nuestro pan de balde? Ahora somos los otros, los rojos, Por eso, Papá insiste en que tenemos que escaparnos, que corremos peligro aquí.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2013
    Estaban durmiendo con el enemigo:rolleyes:
  • jugo de la razajugo de la raza San juan de la Cruz XVI
    editado diciembre 2013
    Admirada Gracia, me gusta todo lo que escribes.En tu obras estás tú(no hablo sólo de obras literarias), porque eres sincera y te abres.Eres buena,inteligente, y así, sólo puede ser buena cualquier obra que acometas.Ésta(Diario de un adolescente en guerra) es buena:seria, sobria,sin alardes retóricos innecesarios.Aunque hable de la forma, no es esto lo que yo quiero mirar principalmente.En todos los escritos de todos los escritores veo multitud de errores, sin buscarlos.Pero admiro al que me atrapa.Yo quiero saber qué pasa con el adolescente autor de este diario, con su familia; quiero reír con esas anécdotas tan graciosas que cuentas, ver cómo crecen los personajes,si vas a darnos una obra relativamente extensa.Quiero ver cómo reaccionan antes las vicisitudes de la guerra, si guardan fidelidad a unos valores, si son hombres para la eternidad.Quiero ver los miedos y los abrazos, la fuerza de la sangre y una sonrisa contra el mal tiempo.

    Me parece que escribes con la razón-¿cómo no?-, pero que también lo haces con tu corazón.Me parece ver tras las bambalinas de las palabras que sufres recordando,con un dolor mitigado por el amor.Creo ver que te das a la nostalgia(recuerda que es ésta la pena sufrida por verse lejos, tal vez sin esperanza de remedio, de las personas que amamos: de los amigos y de la familia); no porque hubieras vivido en aquellas desgraciadas horas, que no viviste, sino porque...

    Pero también gozas, te alegras dando forma literaria al producto de tu imaginación, quizás también de tu memoria.

    Amada Gracia, sigue divirtiéndonos y emocionándonos con tus bellas creaciones, y concretamente, con este diario.Sabes que yo te espero con ilusión.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    Os agradezco, Francesca y Amparo, que me sigáis.

    Maese Jugo,
    tienes razón: me abro cuando escribo. Pongo el corazón en ello, y algo más. Por eso sufro tanto. Por eso me he desanimado y he dejado de escribir durante un tiempo.

    Me expuse demasiado ante ojos extraños, me abrí prematuramente y resulté herida. No culpo a nadie. A nadie echaría en cara mis heridas, sino a mí misma.
    Pero voy a seguir escribiendo esta historia. Aunque nadie la lea. Aunque a nadie le guste. Me lo debo a mí misma y se lo debo a él, al adolescente que llegó a ser mi padre, y a su memoria.

    Mis hijas no le conocieron y sus primos mayores apenas pueden recordar algo de él. No es justo que la niebla del tiempo se lo lleve, tal y como se lo llevó la Muerte, como una amante demasiado celosa.

    He cambiado los nombres en esta reedición porque me duele demasiado que los míos, de los que ya no queda ninguno, sufran el agravio de no ser conocidos, por mis torpezas.

    Acabaré esta obra, pues - como bien sabes- siempre acabo todo lo que empiezo.

    Gracia
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    21 de Agosto, 1936

    Papá se ha atrevido a salir a la calle y ha traído noticias frescas. El general que ha ocupado la ciudad no es Mola, sino Varela. Mi padre parece angustiado, aunque yo pienso que da igual un general que otro, ¡ si todos son perros con el mismo collar!

    No podemos huir todavía, pues llamaron a filas a mi hermano Tomás y el muy cretino se ha escapado, ha desertado. Ahora es un prófugo, y como se le ocurra enseñar las narices por aquí, le formarán un consejo de guerra. Este niño le va a costar a mi madre una enfermedad.

    Para colmo de males, Manuel sufrió un accidente automovilístico mientras era conducido al campo de concentración que los nacionales han montado en la plaza de Toros. Ahora mismo está en el Hospital , custodiado por soldados. Tratan a mi hermano como si fuera un espía rojo. Se nota que no lo conocen, porque el pobre ha nacido solamente para la jarana y para correrse juergas. Ha causado por eso muchos problemas a mi padre y ha tenido a mi madre noches enteras, en vela, rezando el rosario.

    Ahora me viene a la memoria una de sus "tomasadas", que es como llamamos en casa a sus ocurrencias :

    Un día, mi padre - que es todo un caballero serio y orgulloso- había ordenado a su hijo más díscolo que regresase a casa "entre dos luces". ( Dicho sea de paso, me encanta lo barroco y ciertamente poético del habla de mi progenitor, don Ángel). Con eso, quería expresar que se le esperaba en casa, recogido a una hora decente.
    La familia guardaba en cama una vela angustiada y forzosa, sin atrevernos- sobre todo los pequeños- a decir ni pío. Hasta que llamaron a la puerta a las claras del día. Mi padre acudió a abrir al Pródigo impenitente, dispuesto a cantarle las cuarenta. Y en lugar de escuchar sus airadas palabras, un sonido nos dejó helados a todos: la risa de mi padre. Comenzó como un cloqueo, que fue subiendo de intensidad hasta llegar a carcajada.

    ¡Si Padre ni siquiera sonríe ! Siempre evita mostrar sus encías huérfanas de dientes. Al conjuro de su risa, acudimos todos en tropel al zaguán , para no perdernos nada. Y bien hicimos.

    Mi hermano, con la nariz enrojecida y más torcido que la Torre de Pisa, había aparecido llevando dos bujías encendidas en las manos, levantadas a ambos lados de la cara cual cerúleas orejas. Hipando, dice con voz gangosa:

    - Ve 'Udté', padre, he 'llegao' entre dos luces. Soy un 'hombde' de 'honod'.


    Ese es nuestro Manuel , que sabe hacerse querer por todos.
    Mamá no va a consentir en marcharse mientras que él está herido y en peligro.

    Tomás es harina de otro costal. Nadie sabe a quién ha salido ese niño. Es astuto y taimado. Y la guasa, que es tan característica en la mayoría de los hermanos, se manifiesta en él como un permanente y desabrido sarcasmo.
    Se ha escapado sin avisar a madre, y sin sopesar el dolor que está causando a esa santa mujer. Nuevas arrugas surcarán - desde ahora y para siempre- su rostro pálido y hermoso.

    Padre comprende, pero no será capaz de descansar hasta que ponga a salvo a las mujeres y a los niños de su familia.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2013
    Fe de erratas:

    son "manueladas", no " tomasadas".
    Todavía no estoy habituada a los cambios de nombre...

    Gracia
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Agosto, 1936

    Hoy es la festividad de san Ramón Nonato. Es mi cumpleaños.
    Ahora sí que tengo 14 años , de verdad, aunque llevo meses presumiendo de esa edad. Pero es que estoy harto de que me traten como a un crío. Ya tengo ideales y me gustaría luchar en esta guerra para defender la Libertad.



    Hace mucho calor. Y a mí no me dejan salir.

    Me paso la mañana leyendo en la ventana de la sala baja, ya vacía de la cangreja ermitaña, de la monja ingrata.
    Siento hablar así de ella. Pero si no lo digo aquí, en mi diario, reviento y la hiel se me esparce por el cuerpo.

    Me siento como un león en una jaula. Como si me hubiesen cazado en la sabana, pero sin un Tarzán que me salve.
    No puedo escapar de aquí, así que me tiendo en el suelo para sentir el fresquito de las losas de cerámica, y leo, y leo, y releo.
    Me acompañan Ivanhoe, Miguel Strogoff, el Profesor Riventropff, Sandokan...y me dejan largarme con viento fresco tras ellos.
    Perdonadme, no suelo hablar así.

    Pero es que hoy es mi cumpleaños y no hay merienda en el Nacimiento del Río, ni regalos, ni bizcochos mojados en chocolate, ni...

    Mi madre me había prometido que hoy me pondría ya pantalón largo, pero no ha podido comprármelo.
    ¡Cómo odio estos bombachos de niño! ¡Cómo odio a los nacionales, a Varela y a los moros!

    Mi madre me daría con el canto de la mano en la boca si me oyese hablar así.

    Si, por lo menos, pudiese ir al cine. Pero está cerrado por orden de la Junta Militar. Echo de menos el cine. Uno de mis primeros recuerdos es el de los acordes del piano en una escena en que un tren iba a arrastrar al héroe que, atado a la vía, intentaba escapar.

    Tampoco puedo ir a la Biblioteca, ni salir al campo a coger caracoles, o almendras, o lo que sea para sentirme libre.


    Ya me he leído todos los libros que hay en casa. He de confesar que estoy con uno que no hubiese mirado de no estar en guerra. Es un folletín de mi madre. Escribo en la cara de atrás de las ilustraciones, porque se me han acabado las cuartillas y necesito seguir con mi Diario.

    Me pregunto :¿Cuándo acabará todo esto? Y lo peor, ¿cómo acabará?¿Volveré a estudiar? ¿Seré ingeniero, por fin? ¿Podrá reunirnos mi madre, de nuevo, el día del santo de mi padre? ¿Volveré a ver a mis hermanos?
  • jugo de la razajugo de la raza San juan de la Cruz XVI
    editado enero 2014
    Gracia, no habla sólo el amor cuando te digo que cada día me gusta más lo que cuentas y cómo lo cuentas.

    Me gusta mucho este diario. ¿Es éste el diario de(escrito por) una persona adulta, o lo es de un niño? En Los hermanos Karamazov, uno de los personajes infantiles,Kolia, habla con una gravedad y un conocimiento impropio de un niño de trece años.Eso me chocó en la obra de Dosto. En tu diario, Ramón habla realmente como un niño de trece, aunque detrás(o por debajo) de algunas palabras y expresiones podríamos suponer la mano adulta de su autora.Pero...después de escuchar a Kolia en la obra cumbre de Fiódor, pensaremos que también un niño puede mostrar un cierto dominio del lenguaje,un conocimiento precoz y un principio de madurez natural, genial, sin el concurso de la experiencia.

    Ese

    Ahora sí que tengo catorce años

    y ese

    Pero es que estoy harto de que me traten como a un crío

    muestran claramente la vanidad y la rebeldía infantiles.

    Y

    Ya tengo ideales


    y me gustaría luchar en esta guerra para defender la Libertad,

    su ingenuidad.


    Me parece que es evidente lo que digo, por muchos ejemplos que lo muestran.Pero no diré más, pues no me gusta extenderme en los comentarios,por las razones que en otro lugar expuse.Sólo añadiré que me parece poco corriente y admirable la facilidad para pensar y expresarse realmente como un niño; y que veo en ti esa facilidad asombrosa.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Gracias por tus palabras que me sostienen y consiguen , siempre siempre, animarme.

    No sé cómo lo hago. Tal vez es que aún soy , en el fondo, algo niña. Tal vez, se deba que paso muchas horas con niños. O , quizás, porque recuerdo la voz de mi padre y protagonista narrando su vida.

    La he leído a familiares y se emocionan al reconocerlo a él - ha tiempo perdido- en mis textos.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Octubre de 1936

    Hace mucho tiempo que no vengo por aquí. La verdad es que no he podido porque, últimamente, Papá me ha dado muchas responsabilidades.

    He releído lo último que escribí, y mis palabras han hecho que me sienta extraño y avergonzado. Aquello lo escribió un niño que caminaba a trompicones, cerrados los ojos, por su mundo egoísta e infantil.
    Me quejaba por no tener regalos, por no ir de merienda al Nacimiento del Río, por mis ridículos pantalones bombachos, porque no sabía, ¡o no quería saber nada de la vida !
    Soñaba con defender la Libertad de boquilla, mientras me empeñaba en aferrarme a mi vida de antes. Esa vida ya no existe. El tableteo de las metralletas y el rugido de los motores se la llevó, convertida en un humo acre.


    Esa mañana, la de mi metamorfosis, se respiraba un aire enrarecido en casa. Habíamos desayunado torrijas. Lo de torrijas era mucho decir, porque el pan estaba rancio, llevaban más agua que leche y mi madre ha estirado un huevo para 10 personas.

    No estamos acostumbrados a los rigores del hambre y ni tan siquiera a la escasez. No éramos señoritos, pero vivíamos bien. Si no éramos más ricos , la culpa era de mi madre que siempre ha tenido rotas las manos con los pobres. Si no os codeábamos con lo mejorcito de la ciudad era por culpa , en este caso, de los ideales socialistas de mi padre. Y nosotros, sus hijos, tenemos la desgracia de ser como nuestros progenitores: generosos e idealistas. O tal vez, sólo somos ilusos e ingenuos.

    Poseíamos un taxi que nos requisó el frente popular el 20 de julio.( ¡Qué atrás quedan esos días y han pasado apenas 3 meses!). Conservamos aún el camión con el que Manuel llevaba a mi padre por los pueblos a comprar fruta, que luego vendían en los colmados de la ciudad.¡Qué buenos tiempos aquellos cuando los acompañaba durante mis vacaciones escolares!Disfrutaba del sol y del aire puro y del contacto sano con la gente del campo. Además, yo también llevo dentro el diablo de los motores. Mamá dice que a sus hijos les corre gasoil , en lugar de sangre, por las venas.

    En la cuadra también está la yegua de mi padre. Ambos, yegua y camión, están a buen recaudo. El camión,nuestro pasaporte para el éxodo, escondido de los soldados. La yegua, protegida, porque si nos la pillaran por banda, acabaría en la barriga de nuestros vecinos. Tenemos dos casas, una en el centro, otra en el barrio de San Pedro. La del centro está cerrada, de momento, por su proximidad al puesto de mando nacional. Papá se eclipsa, no quiere que nadie lo señale como rojo declarado.

    Fernando y yo nos hemos peleado por un quítame allá esas pajas.


    -¡Te has comido una de mis torrijas- espeto a mi hermano.

    - ¿Yo? Ya está éste dándoselas de listo.

    Mi hermano sabe lo que eso me molesta. Y yo, lo mucho que le fastidia mi amistad con los frailes y que hiciese de monaguillo.

    -¡Cállate, y déjame tranquilo!

    - ¡Cállate tú, que ya no tienes a tus frailes para que te defiendan, comunista de pacotilla !- grita Fernando, en un arrebato de furia.


    Nos enzarzamos en una pelea, como gatos callejeros. Mi padre nos coge a cada uno del cuello de la camisa y nos levanta. Papá es un juez formidable, todos le tememos, incluido Ángel, que ya es padre de familia.

    Pero Papá no dice nada. Abre la puerta de la calle y nos lleva con él. Su silencio es mejor correctivo que un sopapo.

    Vamos a la plaza de toros. Todos los meses de agosto habíamos ido a chiqueros a ver desencajonar a los morlacos. Todos, menos este infausto agosto. Mi padre nos lleva a la Plaza por la parte de atrás. Por delante, vigila la guardia civil. Nos insta a auparnos a un murete y miramos. Y vemos. No hay toros encajonados, sino hombres. Son vecinos, a algunos los conocemos. Al menos hay un centenar, fuertemente vigilados. Unos pocos duermen en las gradas de piedra de los tendidos. El albero está teñido de sangre en un burladero. ¿Sangre sin tardes de toros?


    Fiat lucem. Pero esta luz no era buena.



    Octubre, 1936.

    Hemos regresado a casa en silencio, cabizbajos y taciturnos. Fernando se ha ido derecho a la cama.

    Yo me he hecho el encontradizo con mi padre. Él se ha dado cuenta, aunque no haya dicho nada.


    -Ayúdame a cepillar a la yegua, niño - me ordenó secamente él.

    -Papá,¿puedo preguntarle? ¿Aquellos hombres de la plaza de toros van a...?

    - Sí, Miguel -me interrumpió él- y si no tenemos cuidado, pronto seré uno de ellos.

    -Padre, yo quiero ayudarle, ¿ qué hago?

    - Tú no puedes volver atrás el tiempo. No puedes pararle los pies a los del Frente Popular , para que no derramen sangre. No puedes detener a Varela y a los moros. No podemos. Pero me ayudarás.

    -¿De verdad, Papá? ¿Cómo?

    -Sé hombre. No pienses en ti, piensa en tu familia. Escríbete en la frente que tienes que mantenerlos vivos a todos. Vivos y unidos. Yo ya te iré diciendo.

    Con un gesto mi padre me despidió. Jamás le había escuchado tantas palabras seguidas.

    Me fui a la cama. Fernando y yo lloramos abrazados , por última vez como niños.




    Noviembre de 1936



    La retaguardia republicana está aquí, a unos pasos. Los tenemos en el Valle de Abdalajís, en la Sierra, en Álora, en Gobantes, en el mismo pantano de El Chorro. Pero no pueden hacer nada. Mi ciudad es una joya deseada por ambos bandos.
    Como siempre.

    En nuestra Vega tenemos vestigios de la codicia humana - ¡tan humana!- por sus negras y fértiles tierras, tan bellas Aquellos antepasados nos legaron sus enormes piedras. Fenicios, romanos, visigodos, moros y cristianos la hicieron suya y la nombraron en sus propias lenguas.

    Ahora, se pelean por ella nacionales y republicanos. La quieren porque es la puerta que abrirá paso franco a Loja y a Málaga. El gobierno constitucional quiere conservarla para que se mantenga la parte oriental de Andalucía bajo la disciplina tricolor.

    Pero ¿y nosotros? ¿Quién se preocupa por nosotros, por las gentes, por los ciudadanos?

    He pasado mucho miedo. Me ha corroído la ira. He visto cosas que me han hecho desear matar. He envejecido, de golpe, porque el conocimiento es una carga demasiado grande.

    El 16 de agosto cayeron 50 bombas sobre la ciudad. Resultado: 6 muertos.
    ¡Qué pocos!, ¿ verdad? Un fracaso para los republicanos; un motivo de burla para los de Varela.
    6 vidas truncadas, acabadas, finiquitadas, caput, a criar malvas.

    Han seguido los bombardeos y nos hemos quedado sin agua.

    Mis sobrinos de 2 y 3 años se esconden gritando debajo de la cama cada vez que una puerta golpea , movida por el aire, o el escape de un camión petardea. Mi cuñada estuvo a punto de abortar. Mi Padre no duerme ni descansa.

    En medio de tanto horror, de tanto dolor gratuito, se abre una puerta a la esperanza y al futuro: los niños. Corretean por la casa, llenándonos de alegría . Sus risas alivian mi pesar, cuando les hago cosquillas en sus redondas barriguitas - todos mermamos nuestras raciones por ellos-. Cuando se sientan conmigo a que les cuente cuentos inventados por mí, me ayudan a no dejar de ser yo, a no dejar de imaginar, de inventar, de volar libre más allá de las trincheras y de los alambres de espino.

    También hemos hecho un descubrimiento: mi hermano Fernando . Es 2 años mayor que yo, pero parecemos gemelos. Manuel , él y yo, somos como mamá. Nos llaman los polacos. Ängel, Tomás y Andrés han heredado el físico de Papá.

    Fernando estaba, hasta ahora, en una tierra de nadie: no es tan gracioso como Manuel, ni tan listo como - dicen los demás- que soy yo; no era el mayor, ni tampoco el pequeño. Pero ahora, se ha convertido en la sal y la pimienta de la casa. Nos hace reír a todas horas con sus chascarrillos y los últimos chismes cazados en los mentideros. Bromea, siempre alegre, aunque yo sé la verdad. No en vano, dormimos en la misma cama, y comparto con él un insomnio silencioso.

    ¡Ves! Ya me he arrepentido de escribir esto. No quiero preocupar a Mamá, si esto llegara a leerse. Pero ya es tarde. Remedando a Poncio Pilato digo:

    Lo escrito, escrito está.[/
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Diciembre de 1936

    Esta es nuestra primera Navidad en guerra. Algunos optimistas, y también - por qué no decirlo- más próximos a los nacionales, propagan ufanos que será la última. Nosotros , los otros, los sin nombre, tememos que nos esperen varios años de guerra.

    Los bombardeos no han cesado. El día 22 cayeron 5 bombas. Todas sobre la Estación , la vía férrea o los depósitos de combustible. Pero apenas pegaron unos mordiscos en la panza del Gigante. El ejército constitucional hace lo que puede. Sin embargo, todos sus esfuerzos parecen en vano y los rebeldes, los traidores, cada día son más fuertes. Los nuestros se repliegan y Málaga peligra.


    Fernando recaba información, aunque nunca nos revela sus fuentes. Sabe que han traído refuerzos de Melilla, más tropas regulares, más moros . Sabe dónde están los tricolores.También ha traído para Mamá un regalo de Navidad inesperado: una carta de Ángel . Está bien de momento, que quiere decir en realidad vivo de momento. A Mamá le temblaban tanto las manos que hemos tenido que leerle la carta nosotros.


    Ha pasado algo que nos ha erizado el cabello,y no porque sea un hecho desacostumbrado en casa. Todos sabemos lo sensible que es Mamá. La hemos visto rezando en éxtasis -o casi-, en eso que ella llama sus arrobos.
    A veces, ha salido de casa sin dar explicación alguna y la hemos seguido hasta el cementerio. Allí ha buscado una tumba en concreto. Ha recorrido los patios hasta situarse delante de una de las olvidadas y más roídas por el tiempo. Se ha parado a rezar ante ella, porque sus difuntos se lo rogaban.

    Mamá se ha desmayado, como en un ataque, temblando y con los ojos en blanco. Al regresar con nosotros ha pronunciado un misterioso mensaje: Ángel, tren, hambre, perros ¡Muerte!

    Nos ha sobrecogido un silencio sobrenatural, pero no nos hemos atrevido a preguntar nada. Hasta mi cuñada, que es como una cotorra, se ha comportado con decoro esta vez. Mamá parece retraída y cansada. En un acuerdo tácito , no contaremos nada a Papá.
  • AlmendrónAlmendrón Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    ¡Enhorabuena por este diario, Gracia Gabriel! Acabo de descubrirlo: hasta ahora mismo no sabía que existía. ¡Un saludo y otro para Maese Jugo! ;)
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Gracias,Almendrón.;)
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Enero de 1937

    Los Reyes este año pasaron de largo por nuestra casa. Pero los pequeñines no lo saben. Con una lata de conservas, fabriqué un coche para el mayor. Y con una rama del naranjo de mamá, tallé un silbato para el pequeño. De esto último, me arrepiento, porque nos taladra a todos los oídos con ese sonido agudo y extemporáneo.

    Mamá sigue silenciosa y nos rehuye. Su mente se ha replegado a un lugar donde ninguno tenemos paso franco. Papá cree que se debe a que está débil porque apenas come nada. Nosotros conocemos su secreto .

    Papá sale poco de casa y somos Fernando y yo los que nos movemos por la ciudad. Hemos malvendido el negocio familiar en su nombre, para obtener dinero Nacional. El otro, el de la República ya no vale ni el papel en el que está impreso. Pero Papá lo guarda. Piensa en que un día nos iremos a territorio republicano.

    Mi hermano me está haciendo olvidar todos los rencores de la infancia, todas las veces que se burló de mí, cada ocasión en la que estrenó mi ropa o me escondió los libros para oírme gritar.

    Es que Fernando ha logrado hacer reír a Mamá.

    Ella nos envió al lavadero con las preñadas, para ayudarlas con el peso de los lebrillos, de las tablas y de la ropa. Nos reíamos de ellas, de sus andares torpes, de sus anadeos, para resarcirnos de la humillación de ser tratados como niños. El lavadero es el reino de las mujeres y nunca vuelves allí cuando te conviertes en un hombre.

    Yo soy muy inocente, muy idealista y dado a los libros. No sé nada de mujeres ni de cosas del querer; no como mi hermano, que presume de haber hecho ya... Bueno, mejor lo dejo. Entramos en el lavadero detrás de ellas y dejamos la carga donde nos ordenaron. El ambiente era bullicioso y mujeril, por eso, no veía la hora de irme, para leer fuera el libro que llevaba en el bolsillo, "La Divina Comedia".

    Fernando, sin embargo, estaba allí como pez en el agua, charlando con unas y con otras. Yo le observaba como si le viera por primera vez, riendo y bromeando. Para mi gusto, se tomaba demasiadas confianzas.

    Me quedé un poco apartado, pero vi a una mujer mayor, tal vez de unos 25 años,que me miraba. Me sonreía. Me ponía ojitos tiernos. Me quedé quieto como un guarda cantón. Empezó a lavar sobre la tabla y sus...-¡ay, Dios!- rebotaban con sus movimientos. El pelo se le pegaba a la frente por el sudor. La falda se le había arremangado al sentarse y vi sus piernas como columnas de mármol. Ella sabía que la falda dejaba ver sus muslos . Sabía , también, que la estaba mirando. Sus ojos negros , fijos en mí, parecían atraerme. Mi respiración se volvió trabajosa. sin querer, abrí la boca, como una perca que boquea fuera del río. Y ella se tocó los labios con la punta de la lengua. Algo extraño se removió en mis ijares, algo que sentía por primera vez.

    Salí corriendo y escuché risas a mis espaldas. Esperé fuera a que salieran las mujeres de mi familia. Mi hermano silbaba y me dio un coscorrón al pasar a mi vera:

    -¡Tonto!, ¿cuándo vas a aprender? Ya no estás con los curas. Si hubieras querido... Esa tiene al marido en el frente y anda con hambre.

    Tragué saliva en un vano intento de que se deshiciera el nudo que me apretaba la nuez.

    Llegados a casa, Fernando nos reunió alrededor de la mesa de la cocina.

    -¿Sabéis qué le ha pasado a M.T. , el de la Huerta de la Vega?

    - ¿Qué , qué?, dice Carmelita, mi cuñada, muy dada a los chismes sabrosos.

    - Fernando, - tercia mi madre- ¡que es mi pariente!.

    -¡Ja, ja!- ríe mi hermana , que estaba con mi hermano mientras referían la anécdota.

    - Resulta que el hombre vendió una piara de cerdos con su compadre , y se ve que sacó un buen pellizco. Ya sabéis que su mujer es pequeña, pero una fiera.

    -Sí , - interrumpió mi cuñada- todo el mundo sabe que la pimienta es chica y pica.

    - Pues resulta que los dos no tienen otra cosa que irse a una casa de...

    -¡Fernando!, modérate!- le espetó Mamá, mirando de reojo a los niños.

    -"...de trato". Es una que está por donde las Casas Viejas, casi a las afueras. Fueron a gastarse en..., ¡Vale Mamá, sí! Fueron a gastar en divertirse, parte del dinero. Tres días después, su mujer salió de la huerta. Atravesó el camino de la Estación. Aunque la Guardia Civil le echó el alto en los controles, ella se pasó por alto a los controles y a la Benemérita. Recorrió todo el pueblo. Llegó a la casa de... trato y entró.

    -¡Menuda mujer, qué valiente!- dijo mi hermana.

    -La dueña de la casa, Doña Carmen...

    - ¿Cómo sabes tú su nombre? - pregunté yo con fingida inocencia que me valió un coscorrón de mi hermano y un pescozón de mi madre.

    -Después hablaremos tú y yo, Fernandito- amenazó ella.

    - ¡Enano bocazas! - me escupió con rabia- La dueña intentó impedirle el paso, pero ella estaba hecha una furia. Fue abriendo puertas , una tras otra, mientras decía: - Perdón, Don Fulano. Lo siento Don Zutano. A mandar, Padre Tal. Así fue haciendo, hasta dar con la habitación donde su marido, en cueros vivos...

    -¡Baja la voz!- terció mi hermana , mirando a las criaturas que jugaban en el suelo, cerca de los mayores.

    -...en cueros vivos se... relacionaba con una de aquellas señoritas.

    Yo, vivamente interesado en el tema después de mi episodio del lavadero , pregunté:

    - ¿Y qué hacían? - con lo que me regalé con un nuevo pescozón de mi madre que los repartía como los frailes del convento.

    - Entonces ella, agarró de la oreja a su marido, y eso que le llega por el sobaco. Y lo arrastró en cueros por todo el pueblo, delante de los señoritos del Casino y de los Civiles del control. Y así, como su madre lo echó al mundo, lo llevó hasta su huerta. Dicen que lleva una semana sin salir de allí.


    Todos guardamos silencio esperando a ver la reacción de mi madre, tan piadosa como es ella. Y de repente vimos cómo las lágrimas le corrían por las mejillas. Lágrimas de risa, de alivio, lágrimas que disipaban por un tiempo todos sus temores.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2014
    Enero de 1937

    Aún no he hablado de Teresa y ya ha llegado Teresita. ¡Se me amontona esta tarea que me he impuesto a mí mismo: el humilde memorial de una familia corriente, como tantas otras, en medio de la guerra Y es así, pues somos solamente una gota minúscula en este amargo mar.

    A mi amigo Pepe V. le han matado al padre, porque "alguien" ha recordado que gritó "Viva la República" en el 31. A María, la vecina, le han dado el paseíllo al padre y al marido, y éstos pobres no sabían ni hacer la "o" con un canuto, sólo habían participado en una de las huelgas agrarias del 36. Estamos ahora, en los días de la buena y de la mala memoria. Sí, porque V. R. , una señorita, anda acusando a todo bicho viviente del fusilamiento de su marido. Ya lleva varias docenas de asesinos, y sabemos todos que no fueron tantos los del Frente Popular que se calentaron en el 36.

    ¡Vaya, he vuelto a hacerlo! Me pierdo en mis pensamientos y luego me cuesta volver a donde yo quería que era hablar de Teresa y de Teresita.

    Teresa es una de mis dos hermanas. Somos seis hermanos y sólo dos chicas, porque otra, de nombre Teresa también, murió de escarlatina a los pocos meses de haber nacido.

    Teresa es preciosa, aunque yo la llame fea y zanquilarga, para hacerla rabiar. Pero es guapa la puñetera. Tiene el pelo rubio y ondulado y los ojos verdes, como yo. Es tres años menor que mi hermana Esperanza, y ya le saca una cabeza. Pero Esperanza tiene mejor cuerpo porque ha sido madre y está más entrada en carnes. Eso dicen los hombres mayores, yo no tengo ni idea ¡Contra!, ¿cómo voy a tener idea, si es mi hermana?. Las vecindonas llaman a Teresa "la franchuta" porque es na chica de tobillos finos y gestos elegantes. Cualquier trapo le sienta como un vestido caro y se pone boina sobre su corte de pelo a lo garçon. Esa osadía le costó que mi padre no le hablase , por lo menos, durante dos semanas.

    Pero Teresa, a pesar de todo, es libre. Yo sé que acabará viviendo en alguna capital, porque ella no es para este pueblo. Estudiaba para enfermera antes de la guerra. Pero como no la dejaban ir a Málaga sola, la preparaba el médico de cabecera de mi familia.

    -La niña es lista,- nos decía el Doctor.

    Mi madre sonreía, pero no imaginaba a una mujer estudiando en la capital,entre hombres.

    - Dentro de poco tendréis que dejarla marchar, porque es muy buena enfermera. Tendrá que acabar sus estudios en una escuela de Enfermería. Cando se saque el título, la quiero en mi consulta.

    Pero eso fue antes del verano, cuando yo iba a ser ingeniero. Entonces, la gente se moría en su cama, como Dios manda.

    Teresa no se pone nerviosa. Ella se ríe, se arregla el pelo, y me dice:

    -Miguelito, todo pasa. La guerra acabará y volveremos a vivir.

    Sabe cómo la miran los hombres, pero ella no quiere casarse con ningún cateto que la ate a la pata de la cama y la deje preñada cada año.Ella tiene planes y con lo cabezona que es, ni Franco va a impedir que los cumpla.


    Ahora sí que hablo de Teresita. Es mi niña, bueno la de mi hermana mayor y de mi cuñado. Pero es mía, soy su padrino.

    Mi hermana se puso de parto poco después de Reyes. Yo tenía curiosidad por saber en qué consistían "los misterios de la vida", como decían mis frailes. Pero me quedé a dos velas, porque mi madre, como oliéndoselo, nos dijo a Andrés y a mí:

    - Buscad a Teresa que la niña ha roto aguas.

    Yo quise preguntar, pero la cara de preocupación de mi madre no daba lugar a curiosidades de adolescente.

    Corrimos los dos a buscar a Teresa. Ella llegó en seguida, ya estaba preparada. A Los hombres nos mandaron a la cuadra y ellas - las mujeres- ocuparon la sala baja.

    Mi hermana gritaba y a mí se me ponían los pelos de punta porque nunca la había escuchado quejarse. Cuando nació mi sobrino, hace tres años, yo estaba en el colegio y no me enteré de nada.

    Los hombres echaban un cigarro y reían:

    - Después del gusto, viene el sufrimiento.

    Ni me atreví a pensar en eso del "gusto", porque me acordé de la mujer del lavadero. De nuevo, el recuerdo de sus piernas me tironeó en ciertas partes donde nunca había sentido "tirones" antes . Ahora, sin embargo, unos sueños extraños - por lo novedoso- me torturan por las noches.

    Después de cuatro horas de trajines, con las mujeres entrando y saliendo a por agua del pozo, se escuchó un llanto de recién nacido. Salí corriendo, sin importarme la reprobación de nadie.

    Mi hermana estaba en la cama de mi madre, con un bultito colorado entre sus brazos , envuelto en una toquilla. Me acerqué, besé a mi hermana en la frente. Aunque creo que no se dio cuenta, porque tenía los ojos cerrados. Me acerqué al bebé y me tendió su manita . En canto estiré un dedo, me lo agarró con fuerza. Entonces abrió unos ojos solemnes y me miró. ¡Me miró, lo juro!

    -Mamá, la criatura me ha mirado- exclamé yo.

    - Anda niño, ¿cómo te va a mirar, si los críos no abren los ojos hasta a los tres o cuatro días de nacer?- me espetó mi cuñada que me tenía por un sabelotodo y aprovechaba cualquier ocasión para dejarme gafado.

    - Es niña , Teresita. Y que sepas - mi madre añadió hablando bajito y sonriéndome con complicidad- que te creo. ¿Quién no iba querer sonreírte a ti, mi cachito de pan?

    Hoy soy feliz. A lo mejor, podría creer que el Cielo existe y todo. Porque hoy nos han regalado un ángel.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado enero 2014
    Me tienes atrapada con esta historia.
    Qué divertidas las anécdotas que cuentas.

    Me gusta cómo explicas unos hechos tan graves sin cargar las tintas, demasiado, en el dramatismo de una guerra civil.

    Ánimos.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2014
    Anoche, la nieve cubrió las calles,los árboles y las casas de la ciudad. Fue como si el cielo quisiese disfrazar la fealdad del mundo que nos rodea,porque esa nieve benéfica ocultó, de paso,las ametralladoras, y todo el atrezzo militar que nos obligan a contemplar a diario.

    Tengo un nueva sobrina, Carmen. Es un bello nombre que significa poema , en latín. Dicen que en Granada hay unas casas pequeñas con jardín llamadas cármenes. A la pobre acabarán llamándola "Carmelita". ¡Una lástima!

    Sé que va a parecer que no quiero a mi cuñada ni a sus hijos. No hablo de ellos como de los de mi hermana Isabel. A los niños los quiero porque forman parte de mi familia. Son los hijos de mi hermano Ángel. Pero a ella...¡Ella no es santo de mi devoción!
    De todas maneras, no me alegro de sus males y sé que sufrió mucho. Se puso de parto el domingo por la mañana y Carmen nació el lunes a la hora del almuerzo.
    Teresa estaba agotada y nos dijo que la niña había sufrido mucho durante el parto. El médico tuvo que sacarla con unas tenazas especiales, unos fórceps y la pobre cría tiene magullada su cabecita.

    Me acerqué a la cama de mi cuñada y el bebé descansaba , pero no apaciblemente. Su respiración parecía algo trabajosa y su frente me pareció más abombada de lo normal.

    Su hermano la miraba con los ojos muy abiertos. Me dijo:

    - Esta niña está "estropeá". ¿La podéis llevar al taller?

    La lógica de los niños, especialmente de éste, nunca dejará de sorprenderme.

    Porque mi sobrino es diferente a otros niños. Mi hermana, a espaldas de nuestra cuñada, comenta que es raro, que no es normal. Y es que mi hermana tiene dos niños preciosos. El mayor, Jesús, es un niño tan guapo, tan gracioso y tan alegre que su foto bien podría salir en una enciclopedia en el artículo "el niño perfecto". Y Teresita es preciosa. Ya patalea y hace ruidos con la boca.

    Esta mañana, Angelillo, el hijo mayor de mi hermano, trasteaba en el naranjo de mi madre. Me acerqué porque no me fío de él. Llevaba días rondando por allí para ver el nido de gorriones que había en una de sus ramas. Le dije :

    - Ángel, ¡no se te habrá ocurrido tocar el nido!

    Negó con la cabeza.
    A mí me extrañó ese silencio porque mi sobrino acostumbra a hablar más que un sacamuelas. Y entonces, reparé que tenía la boca cerrada de un modo extraño,como forzado. Tuve un pálpito.
    Me aupé para mirar dentro del nido y vi que los polluelos habían salido del cascarón. Vi cuatro gorriones desplumados y con unos ojos abultados que piaban reclamando su alimento. Metí el dedo dentro del nido y encontré cinco cáscarones vacíos.

    -¡Ángel!-grité-, ¿ has cogido uno de los gorriones?
    El niño negó con la cabeza, sin abrir la boca.
    -¡Ángel!Como no me digas la verdad, te enteras.
    Salió corriendo y casi se me escapa porque corre como un demonio,pero tropezó con un un cubo y se cayó al suelo.Se resistía a abrir la boca, así que le tapé la nariz . Finalmente, boqueó como una perca recién pescada.
    En su lengua, apareció un pajarillo muerto.

    Así es nuestra vida enclaustrada. Cualquier anécdota se convierte en un suceso que pueda aligerar la presión de este encierro.
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Enero 1937 (II)


    El tiempo se me escurre como si hubiese roto un reloj de arena y todos los granos se me fuesen entre los dedos, uno a uno, sin poderlo remediar.
    Leo mucho, de nuevo para evadirme y para olvidar lo que sucede fuera de esta casa. Me siento como una monja que no conoce más vida que la que se desarrolla en su convento y ve pasar los días idénticos e interminables, como en una película que corre a cámara lenta. Mientras que extramuros, el tiempo discurre normalmente.
    Echo de menos ir al cine. Me gustaba mucho Tarzán y, también, las viejas películas mudas. Ahora ya no voy al cine. Ya no voy a ninguna parte. He llegado a acompañar a mi madre a San Pedro a misa, con tal de salir un poco a que me dé el aire.


    Mi padre está cada día más inquieto. Se pasa horas en su silla , fumando la picadura que le queda. Menea la cabeza, suspira, y habla por lo bajini de lo que va a hacer con cuatro mujeres y con tantos críos. Y , entonces, nos llama a gritos para que le ayudemos a mirar si el camión está bien de aceite y de gasóleo. Y nos pide ayuda para arrancar el motor.
    Cada vez que escucha ruido en la calle , o cuando tocan a la puerta, mi padre pega un salto, asustado. No dice nada pero sabe que , tarde o temprano, van a venir por él. No sabemos mucho, más allá de los rumores de paseíllos y de los fusilamientos sumarios.
    Entretanto, los niños nos alegran la vida. Angelillo hace rabiar a su primo pequeño. Éste se resiste a buscar refugio en la falda de su madre y aguanta como un hombrecito las lágrimas. Por la noche, se mete entre mi hermano y yo, buscando nuestro calor. Teresita está para coméresla. Carmelilla, por el contrario, es un angelito y tal vez - según mi madre- no tardará en irse al Cielo, con los otros ángeles
    Hace mucho frío y algunas de nuestras ropas lucen remiendos de colores diferentes, primorosamente confeccionados por las mujeres.
    La comida escasea y no entran muchos alimentos en el mercado. Gracias a mi madre - tan previsora- teníamos trigo, aceite, y legumbres secas. En el desván, aún cuelgan los restos de la última matanza, pero las lonchas son cada vez más finas y más escasas.
    No sabemos lo que va a ser de nosotros en este pueblo en el que todos dicen odiar a la República. Algunos de ellos, se paseaban hace nada con el puño en alto. Pero ahora levantan la otra mano:


    - Ave , Imperator.
    ¡Cómo imitan estos fascistas a los republicanos de la antigua Roma! No saben crear nada nuevo para permitir que la vida se abra camino y la vida avance hacia el futuro.







  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2014
    Que bueno que retomes tu diario, esperamos que no nos dejes sin saber como sortearan la situacion:)
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Febrero de 1937.

    Escribo en una parada, en un alto que nos hemos permitido en nuestro peregrinaje hacia Valencia.
    No había sido capaz de describir, pese a que hace más de dos semanas que acabó el horror , el infierno de la carretera de Almería.
    En el colegio, los frailes me habían enseñado una ilustración del Éxodo judío desde Egipto: una interminable fila de hombres, mujeres , niños y ancianos, cargados de enseres, contemplan aterrorizados cómo las tropas faraónicas se acercan a ellos. El Mar Rojo corta el camino a los exiliados. De repente, Moisés clava su vara en la orilla y el mar se divide, dejándoles pasar por orden divina. Pero para nosotros, Dios no preparó un líder ni abrió las aguas a nuestros pies.
    Desde el cielo y desde el mar, nos llovían balas , torpedos y bombas. Y los peregrinos caían como moscas en el camino.


    ¡Vaya! Yo, que fantaseo con ser un periodista de guerra, he comenzado la historia por el final. Lo haré bien, pues.


    La noche del tres de febrero, mi padre nos sacó de la cama cuando aún estaba oscuro.
    - Málaga ha caído_ gritaba mi padre espantado.
    Yo pensé:
    - Bueno, ¿ y qué? Nosotros no somos "boquerones"*.

    Mi padre me lo explicó después - mucho después- con calma: si Málaga caía, los fascistas tendrían acceso a las listas de afiliados al Partido. Mi padre era uno de ellos. Vendrían a por él. Sin duda, le matarían.


    Mi madre, ayudada por Teresa, recogía todo el alimento que guardábamos en las alacenas y en el desván. Las mujeres, preparaban los hatillos de los bebés y de los críos. Nosotros llenábamos los petates. No me olvidé mi recado de escribir, ni este cuaderno. Por desgracia, sólo me cabía un libro y cogí uno al azar, una aventura de Allan Quatermain.
    Nos pusimos encima toda la ropa que podíamos y nos atamos una manta, a modo de capa.
    Sacamos un colchón para que las mujeres y los niños viajaran algo más cómodos.
    En el último momento, alguien cayó en poner dos cántaros grandes de agua.
    Mi hermano Ángel, de permiso por el nacimiento de su hija, había conseguido entrar en nuestro pueblo sin que los rebeldes lo advirtieran. Ahora, se escapaba con nosotros.
    Mi padre, a caballo, cargaba en las alforjas el dinero republicano y cuanto de valor pudo llevarse. Ángel conduciría el camión. Fernando iba a su lado y mi hermano pequeño y yo, en ambos estribos, bien agarrados.
    Teníamos que salir por la zona en la que los milicianos aún daban guerra a los fascistas. Pasamos sin dificultad, sin oposición , y eso nos extrañó. Lo entenderíamos unos kilómetros más allá. Pasadas las cuestas de El Romeral, más allá de las Pedrizas, un río humano detuvo nuestra marcha.
    Cientos, miles de malagueños - en una suerte de histeria colectiva- habían abandonado en desbandada la ciudad con sus enseres o, en algunos casos, con lo puesto.
    Entonces, no habríamos sido capaces de imaginar que, en unos doscientos veinte kilómetros, el infierno - con su boca abierta de par en par- no tardaría en vomitar todo su espantoso arsenal sobre nosotros.




    * Boquerones: nombre popular de los ciudadanos de Málaga.
  • jugo de la razajugo de la raza San juan de la Cruz XVI
    editado junio 2014
    Francesca dice de tu Diario de un adolescente en guerra algunas verdades, el 16 de enero de este año.

    Como Francesca, pienso que son muchas las anécdotas divertidísimas con que nos has entretenido. Entretenimiento y diversión que han corrido parejos con la emoción e, incluso, el pensamiento.

    Me encanta tu diario. Como he dicho, me divierte y me emociona, me inspira ideas, excita mi imaginación,... Es, como obra, aún inacabada, un fruto bien sazonado de una feliz idea. No lo sería si cada una de sus partes no fuera de buena calidad. Está bien escrito, con la sencillez de quien no se tiene en más de lo que vale. Escribes estos textos porque debes escribirlos, por amor. Tu padre merecía, sin duda, una obra como ésta, una obra de gratitud. Seguramente, algunas lágrimas habrán sido partícipes de su gestación. Por lo que me has contado, y que tengo por verdad indudable, tu padre debió de ser un hombre ejemplar, íntegro, honesto, con vocación acuciante por saber, saber de verdad, lo bueno, lo bello de esta vida. Un hombre amable -destacadamente digno de ser amado-, padre ideal, y... Un hombre bueno, inteligente, en suma.


    Si me enrollo, no acabaré nunca; así que acabaré hablando algo del episodio de que nos hablas en esta última entrega. Yo, cuando empezabas a contarnos esta historia, quise leer algo sobre nuestra lamentable guerra civil. Y lo hice, sobre la misma en Málaga. Fue entonces cuando conocí la historia de esta vergonzosa masacre, que más que inhumana habría que llamar humana, pues esto sólo el hombre puede concebirlo, planearlo y hacerlo. El corazón y la mente de los demás animales no están tan sucios. Por increíble que parezca, aquello ocurrió, y apenas se habla de ello. Aunque mejor será no hablar, si para recordarnos con nuestro verbo airado y miradas encendidas que capaces seríamos de repetirlo, lo hiciéramos. Y me temo que son cada día más los que de darse las mismas o parecidas circunstancias volverían a pisar gustosos sobre las mismas huellas de aquellos que mancharon con su mala sangre y la sangre inocente de sus víctimas la historia de este pueblo de pueblos.


    ¡Vaya si me enrollo! Bueno, ya acabo, diciendo que por muchas razones que no expongo aquí ahora, el relato que nos haces de los hechos contados por tu padre merece, en mi opinión, una atención mayor de la que recibe, aunque a juzgar por las visitas que se le hacen, no es poca. Pero sí es poca, relativamente, si se considera que nos deleitas con una historia completa, sazonada con historietas con chispa, con excelentes diálogos, con una narración sin alharacas, con anécdotas que nos encariñan con los personajes (niños y mayores, hombres y mujeres), episodios que nos enardecen, o que nos provocan una carcajada. Si tuviera buena memoria, diría muchas más y mejores cosas, y aún me quedaría corto alabando por sus méritos razonables, en justicia, lo que tu amor de hija agradecida nunca podrá olvidar. Pero creo que ya he dicho algo, de ti, de tu padre y de tu Diario de...Así que lo dejo por ahora.
  • pinkipinki Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Estuve leyendo su diario, me pareció una narración llena de cálidez humana. Retrata a personas en la vicisitud de vivir su vida, y, además, en la peor de las condiciones que podamos imaginar; como es la brutalidad de la guerra.

    Utiliza muy bien la narración en la voz de un niño, esto siempre da más frescura al texto. Además, me gusta como nos va haciendo partícipes el niño de los cambios que experimenta al hacerse mayor. En este caso, la escena que más me impactó es cuando su padre los lleva a la plaza de toros. Yo escuché decir a mi abuela, que incluso llegarón a torear a personas en las plazas. Vaya usted a saber, porque en la guerra todo tiene cabida.

    Como ya han indicado, creo que usted también, le supone un gran esfuerzo y tensión llevar a cabo la narración. Yo creo que esto es así, porque escribe con su corazón, quiere tanto a su padre que a través de su narración quiere acompañarlo en aquellos años de sufrimiento que el vivió. Siente aquel dolor, y creo que es lo que la empuja a ecribir esta historia. Esto puede llegar a ser agotador, en realidad esta librando una batalla con lo más bajo del ser humano; reivindica la humanidad a través de su palabra. No olvidemos, que el contexto de su narración es el de la guerra y la máxima tensión de la conflictividad humana. Esto es un gesto admirable.

    Yo, por mi parte, puedo decirle, que en lo que voy relatando en mis textos sobre la guerra civil, inspirado en mi abuelo, siento una tensión. Admiro como mantiene el pulso en la narración para sostener el drama y el conflicto, lo digo porque en medio de cuestiones tan extremas, es dificil no desesperarse y querer llegar rápido a un punto de resolución. Fíjese que es lo mismo que ocurre en la guerra, es un intento desesperado y extremo por resolver los conflictos. Tiene que tener mucho temple la pluma que relate en este contexto, la suya lo tiene.

    Nada más agradecer por haberme sugerido la lectura, a mí me viene muy bien porque trabajo en algo similar.

    Le envío un afectuoso saludo, y siga acompañando a su padre, esto la hace más humana y digna de la palabra.

    :)
  • Gracia GabrielGracia Gabriel Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2014
    Pinki,
    gracias por este caluroso comentario. Haces, a mi juicio, un acertado análisis de mi "Diario". No es lo mismo escribir ficción, aunque ésta trate de un tema doloroso, que recoger las memorias e alguien muy amado.


    Me hablas de Ud. , y me ha hecho gracia. Soy mayor, pero pertenezco a la generación que apenas recuerda a Franco. Soy la benjamina de la familia y vine al mundo cuando mis hermanas estudiaban el Bachillerato. Ellas se sabían de memoria la historia de mi padre , así que me la contó a mí a solas.
    Por esto, perdí a mi Padre muy joven. Hace muchos años que le echo de menos. Recuerdo la noche del 23-F, guardando una tensa vigilia con él. Recuerdo la primera vez que me llevó a votar, porque se pasó todo el camino intentando que votase a Izquierda Unida. Le recuerdo, llorando ante los atentados de ETA.
    Pero se me fue cuando yo más le necesitaba y mis hijas no han conocido a su abuelo.


    Quería escribir este Diario, en parte, para que evitemos repetir nuestros errores del pasado, en parte por devolver la voz a los que la perdieron y, también, para que mis hijas puedan sentirse orgullosas de su abuelo.


    Enormemente agradecida.
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