Estaba sentado en la mesa, otra vez, todo había empezado de nuevo. No se molestó en mirar a su alrededor, sabía exactamente todo lo que había. Apretó los puños, los dientes, cerró los ojos con todas sus fuerzas, cogió aire y se puso de pie, descalzo, lanzándose corriendo a la ventana. Caía rápido, con los brazos y las piernas extendidos, el aire hacía que los ojos le lloraran y que su pijama se volviera una ola borrosa sin sentido, y justo cuando iba a tocar el suelo... estaba sentado en la mesa. Otra vez. Un minuto.
El día que Trag conoció a aquel minuto era Martes. Era un minuto normal, el que se encuentra entre el momento en el que coges los cereales y los echas en un bol. Trag nunca había charlado nunca con un minuto antes, pero esa mañana tenía una excursión y mirándole a los ojos le pidió por favor que ese día se fuera un poco antes. El minuto, un poco recio a eso de plegar antes de tiempo decidió hacerle el favor a Trag, sacando un pie por el rincón, deslizando una mano por la puerta y encogiendo el estomago hasta la escalera.
Desde aquel día, cada mañana, Trag y él durante un minuto, charlaban sobre sus sueños y deseos. Normalmente los minutos suelen estar callados, aunque si guardamos silencio y nadie nos molesta, podemos escuchar el zumbido de su respirar. Podría molestarme en explicaros el complejo sistema de respiración de un minuto, pero haría falta que entendierais el valor del tiempo, y eso es algo que solo los mas ancianos aprecian.
Aquel minuto deseaba durar más, se aburría mucho en el minutero viajando dentro de una hora mientras el día pasaba sin cesar. Trag lo miró con comprensión, incluso se sintió un poco egoísta, viviendo a costa de ellos que no hacían mas que dar vueltas. Él le contó a aquel minuto su sueño de ser libre, de poder ir donde quisiera sin tener obligaciones, de volar.
Y se fueron conociendo mas, creando un lazo peculiar entre tiempo y humano. Un día, Trag lo saludó como cada mañana, parecía mas contento de lo habitual, tenía un color celeste brillante que sinceramente, molestaba un poco a la vista, así que mientras Trag se servía sus cereales le preguntó que le pasaba y con una voz apagada, que daba dolor de oído, contestó que había decidido dar el paso, ser eterno, sin importar que dijeran los demás, que esta vez tenía un objetivo. Trag se rió, un minuto eterno, que locura, que pensarían el resto de minutos siguientes si por culpa de uno no pudieran continuar, imaginaos, a una hora, esperando que llegasen todos los minutos, preocupada porque nunca sería su momento ¡Sin pensar que diría el día! No, no, no, Trag le dijo que era imposible y muy problemático, que debería de durar sus sesenta segundos y volverse a la cama hasta el día siguiente. El minuto, orgulloso, se infló y se infló hasta que consiguió hacerse mas largo, cinco segundos mas largo para ser exactos, y justo antes de irse le sacó la lengua a Trag y dio un portazo al último “tac” del reloj.
Al día siguiente Trag y el minuto no hablaron, ni siquiera se miraron. Trag se comió su primera cucharada de cereales, miró el reloj y apurando el último segundo dijo en voz alta “Adiós”. Volvió a meter la cuchara en el bol, un poco preocupado pensando en cuanto duraría su enfado, y al meterse la cuchara en la boca notó que no había cereales. Miró el bol, vacío, y después la caja de cereales. Una risa tenue y lejana retumbó en sus oídos, se dio la vuelta con los ojos como platos y miró al minuto sorprendido “No puede ser... ¡lo has hecho!” Estaba sentado en la mesa, otra vez, todo había empezado de nuevo. No se molestó en mirar a su alrededor, sabía exactamente todo lo que había. Apretó los puños, los dientes, cerró los ojos con todas sus fuerzas, cogió aire y se puso de pie, descalzo, lanzándose corriendo a la ventana. Caía rápido, con los brazos y las piernas extendidos, el aire hacía que los ojos le lloraran y que su pijama se volviera una ola borrosa sin sentido, y justo cuando iba a tocar el suelo... se alzó cual ave apurando su vuelo. Las lagrimas recorrían su cara por culpa de la velocidad del viento, y el mundo aguardaba su visita, era libre, y desde la ventana de su hogar, un minuto le miraba sonriendo susurrando con aquella voz característica del tiempo “Lo has hecho...” y goteando aquel último segundo, la vida volvió a fluir.
*Perdonad si hay faltas de ortografía y demás dolores de ojos...
Comentarios
Me ha parecido interesante y diferente.
Me lo guardo para hacerte un comentario desde que pueda.
gracias por este estupendo rato ( el rato de lectura)
Te indico algunas cositas que no tienen importancia, pero el cuento es tan bueno que vale la pena emplearse a fondo,i ncluida la serie de acentos que te faltan ( yo también tengo problemas con algunas acentuaciones).
- Una de las acepciones de LANZAR, es la de “emprender algo con mucho ánimo y precipitación”, lo cual indica que el hecho de lanzarse lleva implícita la velocidad, por lo que sobra la reiteración del corriendo en esta frase “lanzándose corriendo a la ventana, (mejor hacia la ventana).
- Cuando dices recio ¿quisiste decir reacio?
Muy ingeniosa la charla con el minuto pidiéndole más tiempo. Lobien que se entiende el minuto y Trag incluso en los silencios. La generosidaddel tiempo cuando se infló, se infló J…hasta conseguirse hacerse un poco más largo.
Bravo por la manera en que has redondeadoel relato, encadenando el principio y el final.
Me ha encantado Duni.
Muchas gracias por tu comentario, la verdad es que anima mucho a seguir! :-D
Pd. Perdón por las faltas de ortografía que esta puesto el "corruptor".
De nada, encantada de haberte podido ayudar, además ven más cuatro ojos que dos, ( digo bien porque llevo gafas)