Como siempre, estaba nublado y yo el cielo mirando, buscando, caminando, por entre las nubes, ansiando, la luna, la blanca y brillante luna, hallar, y de ella hacerme dueño. Me quede dormitando, pensando, a mí mismo preguntando, si la luna nueva era la que se veía o la que no se veía, o era la luna llena la que se veía. A las nueve, de entre las nubes, salió la luna y se vino a recostar a mi lado. Imperiosa, majestuosa, me miraba, dormido. Yo miraba desde el cielo, a la luna, mirándome durmiendo. Así se fueron yendo las nubes del cielo, con el viento, empujando, corriendo, para que las estrellas, ardiendo, iluminen la luna, sonriendo, casi, casi, mi nombre olvidando, pero al final, por el llamando, cuando ella se va y yo vengo, danzando, iluminando, escuchando a la luna hablando, cantando y repitiendo, que está su sol, por fin llegando. Y yo a un nuevo día, despertando.
Comentarios
Salud.