¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

El grito de la laguna III

vivalordivivalordi Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2013 en Narrativa
Estaba algo cansado y me subí directamente a mi cuarto a echarme un rato. Cerré los ojos y enseguida me quedé profundamente dormido. De pronto vi como todo pasaba demasiado deprisa. Algo o alguien me llevaba en brazos corriendo entre los olivos surcando por los amarillos jaramagos. Quería gritar, no sabía que ocurría ni quien me sostenía en sus manos, pero solo me salían sollozos. Quien portaba conmigo paró repentinamente, acercó su cara a la mía y me dio un dulce beso en la frente e inmediatamente después una lágrima salpicó mi rostro.

Me desperté agitado y asustado; había sido un sueño pero fue tan real… Me incorporé y miré el reloj. Las 20.45. Decidí bajar a contarle a tía Carmen lo que nos sucedió a Sara y a mí en la laguna. Quizá ella no me comprendiera pero tenía que contárselo a alguien. Bajé las escaleras y allí estaba, manteniendo aquella sala de estar limpia y ordenada, nunca paraba. Pensé en las pocas veces que había visto a tía Carmen sentada y relajada. Me acerqué a ella y le pregunté:

-Tita, ¿puedo contarte algo? –Dije con miedo de parecer idiota.

-Si, claro Daniel. A ver cuéntame. –No dejó sus tareas, me molestó mucho que no me atendiera y se lo recriminé.

-¿Puedes dejar eso por un momento? Por favor, es importante.

-Está bien Daniel. –Se acercó a mi y con una pequeña sonrisa me guió hacia el sofá. -¿Qué ocurre?

-Esta tarde… he ido al la laguna y…

-¡¿Cómo?! ¡¿A la laguna?! –Me interrumpió tremendamente enfadada. -¡Jamás vuelvas a aquel sitio Daniel! ¿Me escuchas? ¡Jamás!

No sabía por qué se volvió tan furiosa. Se puso rápidamente en pie y se dio media vuelta para retomar sus tareas queriendo evitar que me diese cuenta que sus grandes y oscuros ojos empezaban a llenarse de lágrimas; no consiguió evitarlo.

-Pe… ¡pero tita! –Repliqué sin éxito.

-¡Nada de peros Daniel! ¡He dicho que no vuelvas a aquel lugar y punto!

Nunca había visto a tía Carmen así. No tuve otro remedio que achantarme y volví a mi habitación muy confuso. ¿Por qué se puso así nada mas mencionar la laguna? ¿Qué tenía ese lugar que a tía Carmen le hizo soltar lágrimas de dolor? Todo era demasiado extraño.

Pasaron unos días hasta el domingo y fui a casa de Sara para hablarle de lo que sucedió cuando quise contarle a mi tía lo que nos ocurrió la otra tarde en la laguna. Salió a recibirme a la puerta con un precioso vestido malva de seda y su largo pelo le caía suelto sobre los hombros. Tenía los ojos un poco pegados, se notaba que estaba recién levantada pero aun así estaba resplandeciente.

-¿Qué pasa Dani? ¿Has visto qué hora es? –Me dijo con la voz algo ronca. Evidenció aun más que acababa de despertarse.

-Sí, lo siento pero tengo que contarte algo. ¿Te apetece dar un paseo?

-Venga pasa mientras me ducho, mis padres salieron el fin de semana y no volverán hasta tarde.

Ella se metió en el cuarto de baño de su habitación y comenzó a sonar el agua caer en el mármol de la bañera. De pronto me vino a la mente la imagen de Sara desnudándose en aquel estanque, aquellas delicadas curvas que se acentuaban en las caderas, aquel intenso brillo de su piel una vez humedecida, aquella melena esclava del viento. Una extraña sensación volvió a recorrer todos los poros de mi piel levantando cada vello. Desvié mis pensamientos hacia otra cosa, me sentía mal pensando eso pero el tiempo pasaba demasiado lento. Miré a la puerta del baño y comencé a imaginar cómo el agua surcaba su piel arrastrando el jabón perfumado de jazmín que ella usaba. Era embriagador. Me levanté y me acerqué a la puerta. Ni yo mismo sé por qué hice eso cuando ella salió ya totalmente vestida.

-¿Dani? –Me miró de arriba abajo como con desprecio. – ¿Me estabas espiando mientras me duchaba?

-Yo… yo no... tardabas demasiado y... -Seguidamente echó una carcajada.

-Eres patético, ¡al final tendré razón con lo de que eres un viejo verde! –Continuó con la risa, yo me sentía tremendamente avergonzado.

Fuimos a dar un paseo por el parque. Le conté toda la conversación, literalmente, sin saltarme ni una coma, mientras ella me escuchaba atentamente. También le mencioné el sueño que había tenido pero no le puse demasiado énfasis. Cuando acabé puso la misma cara que yo imaginaba que pondría. Todo era demasiado extraño. Debíamos descubrir qué era aquel grito y por qué a tía Carmen le afectó tanto enterarse que había estado allí. Decidí no mencionarle nada a tío Luis porque se comportaría del mismo modo que tía Carmen. Pasaron varios días en los que el asunto fue perdiendo importancia.

Por las tardes aprovechaba para estudiar un poco y después salía a despejarme con Sara. Solíamos dar paseos por el parque, nos sentábamos en algún banco a comer pipas mientras charlábamos. Ninguno de los dos volvió a sacar el tema de la laguna, nos resultaba incómodo.

Esa misma noche me desperté de madrugada sobresaltado, había vuelto a tener el sueño de la otra noche pero esta vez llegó más lejos. De nuevo alguien me portaba en sus brazos apretándome contra su pecho, noté que era una mujer. Corría y corría entre el olivar hasta que llegó a un saliente que daba alguna especie de lago o estanque, podía notar el corazón agitado de quien fuera quien me llevara cuando de pronto paró, me besó y roció mi cara de lágrimas e inmediatamente después saltó al agua emitiendo un agudo grito. Justo ahí me desperté. Estaba desconcertado. Aquel grito era exactamente igual que el que se oía en la laguna cuando estuvimos Sara y yo. ¿Por qué soñaba eso?¿Querría decir algo? No pude dormir en toda la noche y cuando por fin amaneció me vestí rápido y recogí a Sara antes de ir al Instituto a pesar de que su casa se encontraba en dirección contraria.

Llegué allí justo cuando se estaba tomando el desayuno y llamé al timbre.

-¿Dani? Estas cogiendo una mala costumbre de llamarme temprano muy fea... ¿Qué ha ocurrido esta vez? –Dijo mientras salía al porche.

-No te lo vas a creer, he vuelto a soñar con lo de la otra noche y ¡esta vez mas largo!

-¿Y cómo seguía?

-Era una mujer la que me llevaba en brazos y se paró justo en un precipicio, poco después saltó y gritó, justamente ahí me desperté pero… ¡el grito era exactamente igual al que oíamos en la laguna!


-Nadie visita ese lugar, tu tía te prohíbe que vayas allí poniéndose furiosa y para colmo se escuchan gritos y caídas al agua que tú sueñas después. Esto es muy raro... pero debemos saber que está pasando. Me visto y vamos a la laguna. Vamos descubrir la verdad.

Comentarios

Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com