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Prólogo a un diálogo inevitable

titunatituna Pedro Abad s.XII
editado octubre 2013 en Narrativa
¿En qué pensaba cuando sus largos dedos jugueteaban con el cigarrillo y sus labios se abrían en una mueca amarga? Cuando observando las calles se nublaba su semblante y alzaba la mirada al cielo en forma interrogante, ¿qué pasaba por su alma?
El crepúsculo encendía los cielos de naranja, los charcos hacían de espejo a los arboles que se meneaban con el viento, la tarde se pintaba de cafés, amarillos y verdes, ofreciendo un hermoso paisaje otoñal, que a él ya no le decía nada. Parado en la estación de bus escuchaba vagamente la conversación de dos señoras, observaba sus gestos preguntándose cómo las pintaría, aunque esto lo hacía más por costumbre que por verdadero interés. Hacía ya tiempo que no encontraba un tema que lo inspirara. Faltaba una semana para la exposición que tanto había esperado y aún no había decidido que pinturas quería exponer, tampoco sentía ningún apuro, ni le producía ansiedad la idea de exponerlas. Lo impacientaba la larga espera, ver la gente entrar y salir de los buses y el suyo nada que llegaba. Entonces se le ocurrió que el bus no llegaría nunca y él lo esperaría año tras año parado en el mismo paradero, cada día más cansado, más viejo. Imaginó que vendría mucha gente a intentar disuadirlo; él les aseguraría que sabía a ciencia cierta que el bus no llegaría, ellos se reirían de él, él se reiría de ellos y así pasarían más días sin que se moviera del paradero por el simple hecho que se había propuesto esperar. Aunque tal vez había algo más que mera terquedad, quizá él mantenía una secreta convicción que justificaba sus acciones o tal vez lo que sucedía era que no podría vivir sin esta esperanza y por eso insistía en esperar el bus.
Llegado a este punto rompió a reír sorprendido por la ridiculez de sus pensamientos. ¿Por qué tanta angustia? se pregunto a sí mismo, si no tengo ningún afán por llegar a casa. Suspiró y meneó la cabeza como descartando todos estos pensamiento. Unos minutos más tarde, sentado ya en el bus, miraba cuidadosamente sus largas manos. -Mi pintura fue capricho de estas manos- murmuró en voz baja, y algo de ternura, de tristeza y de espanto se reflejó en su rostro. Pensó que nunca había sido amante de la belleza ni había sentido fascinación por lo horrible, tampoco quería transmitir ningún mensaje, en realidad siempre había observado al mundo con frialdad y escepticismo, entonces ¿por qué pintaba? Eran sus manos las culpables, ellas tenían vida propia, eran especialmente sensibles y desnudaban al mundo. Por eso sus pinturas parecían desfiguradas porque desgarraban la forma buscando la esencia. Pensó que las pocas veces que había encontrado sentido a su existir era cuando pintaba, pero no siempre que lo hacía, sólo cuando se dejaba llevar por el impulso de sus manos. Por eso había trabajado tan mal el último tiempo, porque no había expresado más que lo que veían sus ojos y el mundo que veía era cada vez más pobre, más repetitivo, más falto de autenticidad de carácter. Sus ojos no abandonaban sus manos; esas manos largas, delicadas y firmes, habían perdido todo su encanto, ya no volverían a moverse como antes, ya no podría sentir a través de ellas…
Por la ventana veía las calles ya recorridas un millón de veces, el mismo camino que se sabía de memoria, los mismos ruidos, los mismos olores, la misma gente. Todo seguía igual y todo seguiría igual. Agotado dejo caer la cabeza sobre sus manos y en voz baja murmuró:
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Tardó un momento en recordar donde lo había leído y el recordarlo lo hizo sonreír. De seguro Neruda y él no tenían nada en común, y sin embargo nada podría expresar mejor lo que sentía en ese momento que aquella frase. Pensó que seguramente muchos hombres habían sentido esto antes que Neruda y muchos lo sentirían después, pero el poder expresarlo en palabras lo maravillaba. Se preguntó si el poeta imaginó alguna vez que años después de su muerte sus versos alentarían a un joven que desesperado los declamaría torpemente en un bus. Pero ¿por qué esto lo alegraba? ¿Por qué se había sentido alentado en el mismo momento que pronunciaba la estrofa? - Es el arte - se dijo casi que involuntariamente - en aquel verso Neruda consigue convertir todo el hastío, toda la amargura de su existencia en una protesta eterna, en una expresión que viniendo del dolor más amargo, trae en sí la salvación.
- Pero ¿de qué salvación hablas? - se preguntó a el mismo repentinamente enojado con estos pensamientos - Ni tu entiendes que quieres decir. Suspiró hondo y apoyó la cabeza contra la ventana como en gesto de resignación, conocía bien este estado y sabía que cuando la voz comenzaba a hablarle no había forma de acallarla. ¿Lo torturaría toda la noche o le devolvería la calma? ¿Culminaría en su gran obra o lo mataría? En verdad no lo sabía, lo cierto era que la batalla era inevitable.

Comentarios

  • FlorydobFlorydob Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    La escritura es exquisita … pero esa manera que desnudas los sentimientos de tus protagonistas y logras plasmarlos con arte, eso, Tituna, no se aprende… eso es arte.
    Me comentaron que tu obra esta por salir, ya tienes fecha?
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2013
    Me parece interesante el soliloquio que te traes. Es un buen trabajo Tituna, merece limpiarlo de algunas cosillas que, según mi humilde criterio, estorban. Por el bien del relato te las indico:

    Exceso de gerundios, de terminaciones en ante y ente, son demasiadas, vamos a contarlas y verás que tu misma te darás cuenta del exceso:

    Interrogante demasiado cerca de semblante ( quitaría el interrogante) y todo estos ...seguramente, repentinamente, torpemente, cuidadosamente, especialmente,involuntariamente...

    La palabra menear en un contexto coloquial quedaría estupenda,pero no en éste coloquio tan íntimo,poético y sensible ( mejor movían, mecían, o agitaban por meneaban, más aún si se trata de árboles. Más adelante vuelves a decir que menea lacabeza (demasiados meneos)

    Parado en el mismo paradero resulta cacofónico y reiterativo.

    La cita preciosa y precisa de Neruda sucede que me canso de ser hombre… ( a pesar de que hay que huir de las citas en lo posible), encaja con el pensamiento y el sentir fatigado del protagonista, la angustia, o el desasosiego que siente.

    Ahora vamos a lo bueno Tituna, y lo bueno es el contenido, ( aunque algo descuidado el continente), lo comparo con un precioso regalo envuelto de mala manera, hay que presentar bien los regalos, y este escrito tuyo es un regalo.

    Me gustan los soliloquios bien llevados, cuando se habla desde dentro, cuando se comparte pensamientos, angustias, miedos, decadencias…y además no has exagerado la nota de dolor, no las has elevado a tragedia ( que si la tragedia no se sabe elevar se queda en un torpe intento algo ridículo).

    Nos has hecho sentir la angustia de tu protagonista, entiendo como se siente cuando se mira las manos,entiendo que espera desesperadamente, y si ya has hecho lo más difícil, que podamos sentir empatía por esa náusea del vivir…lo demás es trabajar las formas, el tiempo de los verbos, pulir los modos, currar un poco, así queTutina ánimo compañera...ya sabes, la inspiración ya la has demostrado, falta el sudor.

    Me gustaría leer de nuevo estos pensamientos, y que el lema de la real Academia de la lengua asintiera a tu coloquio con su cacareado “ limpia, fija y da esplendor”
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2013
    Suina sabe "oír" muy bien los textos. En cuestiones de ritmo, sonoridad, fluidez... no lo dude, acuda a Suina. Me fío ciegamente, es mi pastora y nada me faltará.

    Bueno, tituna, este texto me gusta más que el anterior. La situación que has escogido no es tan extrema. ¿Es malo escoger situaciones extremas? No, no digo eso. Nos tendríamos que cargar más de la mitad de la literatura si eliminamos el culebrón. Pero tienes un estilo extremadamente lírico, florido, hipersensible. Si lo combinas con una situación muy dramática es resultado no es bueno; como te dijo Suina, puedes caer fácilmente en el ridículo.

    En cambio, aplicado a una situación más ordinaria puede funcionar porque das un significado emotivo a algo que no es obvio que lo tenga.

    Aún así, para mí gusto personal, bajaría un poco más el lirismo. O escogería mejor los momentos donde aplicarlo para que contraste con una base de narración desnuda. Es como si tienes una pintura rojo burdeos encendido, preciosa, pero me pintas toda la casa del mismo color. O como si haces una ensalada con nueces donde todo son nueces y adornas con una hoja de lechuga encima. Cansa. Empalaga. Empacha. Demasiado, ¡demasiado!

    También te digo que atravesé bellas artes y no no me creo las vicisitudes del personaje. Pero eso es un tema de documentación que no viene al caso. Ya sabes: mejor hablar de lo que se conoce de cerca.

    Las tripas me acaban de hacer el mismo ruido que hace el iPhone cuando envía un e-mail. Exactamente igual. Tengo un intestino... ¿ventrílocuo? mmm... digamos imitador.

    Insisto, mejor, mucho mejor este cuento. Para mi gusto. Hay una mirada de escritor sabiendo ver la angustia en una situación que no es tan obvia.
  • nompanemnompanem Anónimo s.XI
    editado octubre 2013
    *- Disculpen los errores de tipeo, estoy en mi trabajo y no tengo aca teclado de espanol

    Hola Tituna,

    Al leer tus cuentos tengo la sensacion de que estas afrontando un terreno duro de labrar en el campo de narrativas cortas. Las emociones, los soliloquios que grandes escritores por regla general solo afrontan cuando cuentan con el escenario de un gran drama tragico como Shakespear o con el trasfondo de personajes bien definidos, tu los presentas en una escena pasajera.

    Me hace recordar, aunque la analogia tal vez no sea adecuada, a las sonatas de piano de Beethoven. Este genero intimo, bien definido, no parecia construido para los dramas y las ideas que Beethoven buscaba expresar. Los que primero oyeron sus sonatas exclamaban tambien "demasiado, demasiado", estos cambios subitos harmonicos, estas reiteraciones del tema son para otros generos, no para la sonata.

    Pues resulto que lo que cambio fue el genero de la sonata y no Beethoven y ami en lo personal me encantaria que en tu caso suceda lo mismo.

    Si quiero decirte que coincido con Perplejo en cuanto a que se le podria agregar un trasfondo de normalidad a la narrativa. Si en vez de saltar de cabeza a la locura comenzamos y terminamos en un contexto mas publico, realista, cotidiano, nos ayudara a apreciar mejor el relato en su totalidad. Volviendo a utilizar el ejemplo de la musica, es volver a la clave de la obra despues de toda la divagacion harmonica. Los casos en los que no se hace deben reservarse en mi opinion para usarlos en ocasiones muy particulares

    Ultimo comentario, si es verdad que estas por publicar tu obra, me encantaria recibir noticias de ello, aunque espero que no por eso dejes de escribirnos estos relatos que dejan tanto para pensar

    Saludos,
    Leon
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2013
    nompanem escribió : »

    Me hace recordar, aunque la analogia tal vez no sea adecuada, a las sonatas de piano de Beethoven. Este genero intimo, bien definido, no parecia construido para los dramas y las ideas que Beethoven buscaba expresar. Los que primero oyeron sus sonatas exclamaban tambien "demasiado, demasiado", estos cambios subitos harmonicos, estas reiteraciones del tema son para otros generos, no para la sonata.

    Qué críticos tan envidiosos, petulantes y obtusos, qué gente tan despreciable.
  • titunatituna Pedro Abad s.XII
    editado octubre 2013
    Queridos compañeros estuve un tiempo sin internet ¿me extrañaron? Bueno estoy contenta de estar de nuevo con ustedes.

    León de veras muchas gracias... me es inspirador leer tu crítica. En cuanto a lo que dices que estos soliloquios suelen presentarse cuando uno cuenta con personajes bien definidos, me gustaría compartirte que Prólogo a un diálogo inevitable es un intento que hice de extraer un episodio de una novela que escribí hace un tiempo, (a la que le tengo un gran cariño pero no he conseguido terminar) y con algunos cambios quise convertir este episodio en un relato corto. Bueno puede que en parte por esto el lector tiene la sensación de ser tirado de cabeza a una situación intensa, de un personaje al que no conoce,sin darle un antes ni un después. Desde luego estoy de acuerdo que si logro darle un trasfondo más realista cobraría más fuerza el relato.

    Perplejo aprecio mucho tus críticas, me haces volver a leer mis escritos con una perspectiva distinta. En cuanto a mi estilo admito que aún lo estoy formando, me gusta experimentar, buscar, y lo voy cambiando en distintas etapas, pues creo que lo más importante para un escritor es intentar ser fiel a su manera de sentir y percibir la realidad. Busco el lirismo cuando quiero lograr un ambiente más íntimo, en momentos que quiero expresar emociones que no están claras; personalmente me gusta mucho este estilo aunque soy consciente que no es fácil de laborar y corro el peligro de caer en exageración.

    Florydob y León, me alegra confirmarles que junto con los editores estamos terminando las últimas correcciones de Del Crepúsculo a la Aurora y apenas esté terminada les avisaré! Claro que ahora más que antes seguiré buscando mi estilo en los relatos cortos y no pienso renunciar a recibir su crítica que me es tan valiosa.

    Florydob aprovecho esta oportunidad para recordarte que tienes una sensibilidad, una penetración en la escritura única, y nos has dejado con hambre, un solo relato no es suficiente...

    Suina, Florydob, Perplejo, León, el camino de la literatura es tan apasionante como difícil y de veras que sus comentarios me son de gran ayuda.

    Sigamos pues escribiendo con este lema que Suina nos ha recordado “limpia, fija y da esplendor”

    Saludos
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