De aquellos días recuerdo que Simón, el antiguo sepulturero, me contaba la historia del lugar en mayestático equilibro, ni sereno ni entero, y es que era uno de esos borrachos dignos que nunca perdían las formas, parecía un ilustrado guía de voz engolada cuando hablaba sobre San Dionisio.
—En 1893 una epidemia de cólera invadió la isla diezmando a sus habitantes, fue especialmente cruenta en ésta zona donde se abrieron varias fosas comunes para albergar tantos cuerpos. Unos años más tardes construyeron sobre ellas este pequeño cementerio de San Dionisio, ahora cerrado.
Enseñaba el lugar con un amplio gesto de la mano que abarcaba las desvencijadas tumbas, las cruces, en ángel de la entrada, la que antaño fuera la capilla, ahora un cuarto de aperos oxidados, el bajo muro que separa el cementerio de la playa y el chiringuito del fondo donde siempre acabábamos tomando algo.
—¿Cómo va las cosas? —me preguntaba siempre.
En unos días tendré listo el trabajo, aunque siempre hay algún detalle que no termina de encajar –le expliqué. Simón miraba con curiosidad los planos del futuro crematorio
— ¿Ves?, aquí irán los dos hornos, el “Jardín Dorado” para el depósito de las cenizas, allá las tres plantas con vistas al mar, al fondo un pequeño cementerio para mascotas.
— ¿Pero van a quitar las tumbas?
— La mayoría, conservaremos la capilla y el ángel, no modificaremos demasiado el antiguo recinto, sólo subiremos la tapia para instalar los nichos de las cenizas. Este lugar tiene carácter, la tendencia actual es combinar lo clásico con lo puntero, ¿entiendes de lo que hablo Simón?—le pregunté enderezando los planos que el hombre miraba del revés, el ángel y su flamígera espada boca abajo como un mal presagio.
Simón se entristeció sin motivo aparente, se le escaparon dos lágrimas grandes, una resbaló despacio haciendo un camino sinuoso hasta la barbilla, otra se quedó parada junto al lagrimal, y no entendía que teniendo ambas la misma densidad de tristeza, una avanzara y la otra no. No sé por qué recuerdo con tanta claridad estos detalles. Lloraba sin pudor, con seriedad y en silencio, sin hacer muecas. Me impresionaba un poco.
Le pregunté cuanto tiempo estuvo trabajando ahí.
— Hasta que lo cerraron, de sepulturero, de jardinero, de lo que fuera. Tenía las tumbas como la patena y al muro no le faltaba nunca su manita de cal, mire que pena como crece ahora la maleza. Aquella siempreviva la planté en el sesenta y cuatro, justo el año que cerraron San Dionisio.
—¿Todos los enterrados en la fosa común murieron por la epidemia?.
— No lo sé don Simón, a mí me emplearon después de la guerra, a finales del treinta y nueve, cuando terminaron la carretera, y en el sesenta y cuatro cerraron el cementerio, fue cuando me dieron la patada. Allí tengo a mi madre.
—Eso ya lo dijiste antes. ¿Tu padre también era sepulturero?
—No, mi padre ayudó a construir la carretera, casi todos los presos ayudaron, y después los mataron.
— ¿De qué presos hablas?
—De los de la guerra. Ahí está mi madre, en esa tumba que da sombra la parra, Dios la tenga en su gloria invíteme a un trago por caridad que sea de ron si puede ser.
Lo dijo todo seguidito, sin respirar. Pedí otros dos rones y al rato volvió otra vez con la misma murga.
—La tengo ahí a mí madre, bajo la parra. Como va a comprar usted el Campo Santo cuando me toque a mi podría usted hacerme el favor don Tomás de enterrarme con ella
Desistí de explicarle al borrachito lo que es una multinacional.
De aquella noche no recuerdo casi nada, sólo un puñado de imágenes turbias. Simón y yo bebiendo, Simón y yo cerrando bares,un vago recuerdo de una pelea con alguien, creo que nos echaron de más de un sitio. Cuando desperté estaba aterido en el suelo de la capilla pegado a la espalda del sepulturero compartiendo una manta que hedía, su nuca a unos centímetros de mis ojos. No puedo olvidar la pequeña oquedad en la base de su nuca, un hueco oscuro que parecía mirarme. Luego se dio la vuelta y me sonrío. No sabría decir que apestaba más, si su boca etílica, o la manta que aparté con asco. La misma peste de cuando unos días después, excavando el subsuelo adyacente al cementerio encontramos otra fosa. Los restos que pudimos ver con agujeros en sus cráneos. Lo comuniqué a mis jefes de inmediato; la consigna fue seguir trabajando, echar cemento sobre la fosa, despedir al maquinista y a los dos peones, pagarles un sobresueldo a todos y contratar a otros que no fueran del pueblo.
Eso hice.
Desde entonces siempre tengo sed.
Y luego una larga nebulosa, un rosario de días iguales los unos a los otros, días de medir a golpe de pasos tambaleantes el cementerio porque nunca encajaban las variables medidas: unas veces se alargaba unos metros al fondo, otras parecía ensancharse y comerse parte de la arena de la playa. Días de borracheras que terminaban casi siempre durmiéndolas en la capilla junto aSimón.
Una amanecida le pregunté a bocajarro que si estaba muerto.
— ¡Qué carajo voy a estar muerto!—respondió colocándose bien el pañuelo mugriento en torno al cuello.
La carta de despido no tardó mucho en llegar, recuerdo que sentí alivio. Le entregué el dossier de documentos al nuevo técnico, un joven sudoroso de cartera y chaqueta al hombro, parecía un profesional eficiente con los instrumentos de topografía listos para comenzar el trabajo.
Nos tomamos la penúltima Simón y yo, mientras al fondo, el eficaz perito medía con destreza el pequeño cementerio de San Dionisio.
tengo el mismo problema que otros compañeros, letra pequeña y juntas. ( antes de las reformas no me pasaba esto), lo soluciono con una chapuza, que es haciendo la letra mas grande con el zoom de mi PC, pero supongo que habrá otra manera mejor de hacerlo.
De aquellos días recuerdo que Simón, el antiguo sepulturero, me contaba la historia del lugar en mayestático equilibro, ni sereno ni entero, y es que era uno de esos borrachos dignos que nunca perdían las formas, parecía un ilustrado guía de voz engolada cuando hablaba sobre San Dionisio.
— En 1893 una epidemia de cólera invadió la isla diezmando a sus habitantes, fue especialmente cruenta en ésta zona donde se abrieron varias fosas comunes para albergar tantos cuerpos. Unos años más tardes construyeron sobre ellas este pequeño cementerio de San Dionisio, ahora cerrado.
Enseñaba el lugar con un amplio gesto de la mano que abarcaba las desvencijadas tumbas, las cruces, en ángel de la entrada, la que antaño fuera la capilla, ahora un cuarto de aperos oxidados, el bajo muro que separa el cementerio de la playa y el chiringuito del fondo donde siempre acabábamos tomando algo.
— ¿Cómo va las cosas? —me preguntaba siempre.
En unos días tendré listo el trabajo,aunque siempre hay algún detalle que no termina de encajar —le expliqué. Simón miraba con curiosidad los planos del futuro crematorio
— ¿Ves?, aquí irán los dos hornos, el “Jardín Dorado” para el depósito de las cenizas, allá las tres plantas con vistas al mar, al fondo un pequeño cementerio para mascotas.
— ¿Pero van a quitar las tumbas?, tengo a mi madre enterrada aquí.
— La mayoría, conservaremos la capilla y el ángel, no modificaremos demasiado el antiguo recinto, sólo subiremos la tapia para instalar los nichos de las cenizas. Éste lugar tiene carácter, la tendencia actual es combinar lo clásico con lo puntero ¿entiendes de lo que hablo Simón? —le pregunté enderezando los planos que el hombre miraba del revés, el ángel y su flamígera espada boca abajo como un mal presagio.
Simón se entristeció sin motivo aparente, se le escaparon dos lágrimas grandes; una resbaló despacio haciendo un camino sinuoso hasta la barbilla, otra se quedó parada junto al lagrimal, y no entendía que teniendo ambas la misma densidad de tristeza, una avanzara y la otra no. No sé por qué recuerdo con tanta claridad estos detalles. Lloraba sin pudor, con seriedad y en silencio, sin hacer muecas. Me impresionaba un poco.
Le pregunté cuanto tiempo estuvo trabajando en San Dionisio.
— Hasta que lo cerraron, de sepulturero, de jardinero, de lo que fuera. Tenía las tumbas como la patena y al muro no le faltaba nunca su manita de cal, mire que pena como crece ahora la maleza. Aquella siempreviva la planté en el sesenta y cuatro, justo el año que cerraron el cementerio.
— ¿Todos los enterrados en la fosa común murieron por la epidemia?.
— No lo sé don Tomás, a mí me emplearon después de la guerra, afinales del treinta y nueve, cuando terminaron la carretera, y en el sesenta y cuatro cerraron el cementerio, fue cuando me dieron la patada. Allí tengo a mi madre.
— Eso ya lo dijiste antes, ¿tu padre también era sepulturero?
— No, mi padre ayudó a construir la carretera, casi todos los presos ayudaron, y después los mataron.
— ¿De qué presos hablas?
— De los de la guerra. Ahí está mi madre, en esa tumba que da sombra la parra, Dios la tenga en su gloria invíteme a un trago por caridad que sea de ron si puede ser.
Lo dijo todo seguidito, sin respirar. Pedí otros dos rones y alrato volvió otra vez con la misma murga.
— La tengo ahí a mí madre, bajo la parra. Como va a comprar usted el Campo Santo cuando me toque a mi podría usted hacerme el favor donTomás de enterrarme con ella
Desistí de explicarle al borrachito lo que es una multinacional.
De aquella noche no recuerdo casi nada, sólo un puñado de imágenes turbias. Simón y yo bebiendo, Simón y yo cerrando bares, un vago recuerdo de una pelea con alguien, creo que nos echaron de más de un sitio. Cuando desperté estaba aterido en el suelo de la capilla pegado a la espalda del sepulturero compartiendo una manta que hedía, su nuca a unos centímetros de mis ojos. No puedo olvidar la oquedad en la base de su nuca, un pequéño hueco oscuro. Luego se dio la vuelta y me sonrío. No sabría decir que apestaba más, si su boca etílica, o la manta que aparté con asco. La misma heediondez de cuando unos díasdes pués, excavando el subsuelo adyacente al cementerio encontramos otra fosa. Los restos que pudimos ver tenían agujeros en los cráneos. Comuniqué el hallazgo de inmediato a mis jefes; la consigna fue seguir trabajando, echar cemento sobre la fosa, despedir al maquinista y a los dos peones, pagarles un sobresueldo a todos y contratar a otros que no fueran del pueblo.
Eso hice.
Desde entonces siempre tengo sed.
Y luego una larga nebulosa, un rosario de días iguales los unosa los otros, días de medir a golpe de pasos tambaleantes el cementerio porque nunca encajaban las variables medidas: unas veces se alargaba unos metros alfondo, otras parecía ensancharse y comerse parte de la arena de la playa. Días de borracheras que terminaban casi siempre durmiéndolas en la capilla junto a Simón.
Una amanecida le pregunté a bocajarro que si estaba muerto.
— ¡Qué carajo voy a estar muerto! —respondió colocándose bien el pañuelo mugriento en torno al cuello.
La carta de despido no tardó mucho en llegar, recuerdo que sentí alivio. Le entregué el dossier de documentos al nuevo técnico, un joven sudoroso de cartera y chaqueta al hombro, parecía un profesional eficiente con los instrumentos de topografía listos para comenzar el trabajo.
Nos tomamos la penúltima Simón y yo, mientras al fondo, el eficaz perito medía con destreza el pequeño cementerio de San Dionisio.
La idea es fantástica, logras plasmar en un pequeño relato de un cementerio olvidado, la nostalgia que produce el abandono de los valores sagrados del hombre y el frío que se siente ante las estructuras modernas, comerciales, frías, sin alma... Las descripciones llevan al lector a situarse, a oler, a sentir un pasado..
Desde entonces tengo sed... El hombre moderno tiene sed y no comprende por qué...
Me impresionó mucho tu relato. ¿Qué puedo decirte? La descripsion de San Dionisio es exquisita, su estructura envuelta en misterio, la melancolía de sus tumbas y la vitalidad de sus muertos. Pero lo que más me impresionó fue el carácter de Simón, el poder que tiene este hombre simple, auténtico, que se niega a olvidar el pasado y que su tristeza conmueve a Tomas y a sus lectores haciendonos recordar de nuestras raíces.
Me sorprendió cuando Tomás le pregunta si esta vivo, y el final, a mi parecer es perfecto.
Les cuento que la foto del cementerio es la portada de un disco del grupo U2, unos de mis preferidos hace bastante años. Dieron un concierto en Tenerife, cuando yo era universitaria, en los carnavales del 91, y se fijaron en el extraño cementerio abandonado de San Andrés, jutno a la playa de las Teresitas. Esa foto se tomó allí y fue portada del LP “Achtung Baby”. Se me ocurrió esta historia mientras escuchaba el disco y miraba la portada.
¿No se han fijado en el nombre de los protas? Simón, Tomás, y nombre inventado del cementerio Dionisio...los 3 nombres etílicos :rolleyes:
¡Pero qué bien escribes, Suina!. Me llevas al lugar de los hechos; veo a los sepultureros remover la tierra,oigo su acento pueblerino y resignado, murmurando entre dientes.
Te mueves entre el pasado, de cementerios como pequeños jardines, y el presente, de nichos y hornacinas para las cenizas,y destapas suavemente esas fosas comunes donde yacen craneos con agujeros de bala...Los sepultureros tienen muchas historias que contar, no es de extrañar que necesiten un buen trago de ron.
De nuevo gracias Sinrima, eres una compañera magnífica, por supuesto no lo digo por las críticas positivas que me sueles hacer, creo que las dos solemos ser sinceras y críticas en nuestros comentarios. Me gusta que me leas y que aprecies mis cuentos en los que pongo tanta ilusión.
Tengo un problema, no sé si será el cansancio (van a ser la una de la mañana) las descripciones me llevan a otro lugar y me hacen volver, por lo que tengo releer. Un efecto parecido me producen las películas de Fellini.
Cosa curiosa por aquí chiringuito es un cebiche de pescado seco, solo se come en el norte del Perú. Tuve que indagar en wordreference para saber que es un quiosco.
Un placer leerte.
Pd.: Ya sé que me sigues, no te lo recomiendo es probable que te decepcione.
Y en Cuba "chiringuito" es un papalote pequeño.A los papalotes grandes se les llama chiringas.Un Kiosco es un pequeño local donde se venden comestibles ligeritos como sandwiches,perros calientes,hamberguers,fiambres,refrescos,jugos,etc,
(esto nada que tiene que ver con Literatura ,evidentemente).
Gracias chicos.
Claro que tiene que ver con la literatura, el mundo de las palabras, la denominación que hacemos en los distintos lugares. Sudamérica y en especial Cuba, está muy vinculada a la cultura canaria, de donde soy, hay muchos términos comunes.
Chiringuito también se utiliza en la península (España), pero aquí somos más de decir bochinche, que al ser isleños, era un local de la costa donde se despacha, más antes que ahora, pescado seco, taperios, comida y bebidas típica del lugar, ...lugares que ya se van perdiendo...ahora las multinacionales como ( no las nombro qu eme denuncian), despachan basuras homologadas ricas en grasas saturadas avaladas por propagandas no tan subliminales...nada que ver con la atención personalizada de los chiringuitos, tiendas de aceite y vinagre, bochinches, baretos..y demás delicias locales.
¿Esto no es literatura? vale, pero para contar de un bochinche tendremos que saber lo que es.
Suina,es que me salí del tema para mencionar el significado de ciertas palabras en los diferentes paises o lugares.He ahí el porque' decir: esto no tiene nada que ver con Liiteratura; al menos,no directamente en este tema relacionado a comentar tu relato.
Te entendí solyarena, no te preocupes, es que tengo cierta tendencia a disgregarme...pero al final las palabras que utilizamos para escribir, los ladrillos de las historias, sin que son importantes, y no viene mal una pequeña explicación por este lugar del por qué, o para qué, se utilizo determinado léxico.
Me ha gustado mucho pasear con tus personajes por el cementerio de san Dionisio.
El personaje de Simón me parece que está muy bien construído. Interpreto que es el protagonista a pesar de que el narrador sea el otro personaje.
Dos momentos potentes del relato: "Desde entonces siempre tengo sed" que me parece una frase clave como ya ha comentado alguien. Y la pregunta a bocajarro ¿Estás muerto? (Que yo me inclinaría a pensar que sí, por mucho que Simón lo niegue. Pero por supuesto esto es muy subjetivo.)
Gracias Charolina, me ha gustado mucho tu comentario. Claro que Simón es el protagonista del cuento, Tomás es una excusa para contar sobre Simón.
Sobre si está muerto...pues no lo sé, yo no estaba ahí para saberlo :rolleyes2:
Comentarios
(torpesuina)
SAN DIONISIO
De aquellos días recuerdo que Simón, el antiguo sepulturero, me contaba la historia del lugar en mayestático equilibro, ni sereno ni entero, y es que era uno de esos borrachos dignos que nunca perdían las formas, parecía un ilustrado guía de voz engolada cuando hablaba sobre San Dionisio.
— En 1893 una epidemia de cólera invadió la isla diezmando a sus habitantes, fue especialmente cruenta en ésta zona donde se abrieron varias fosas comunes para albergar tantos cuerpos. Unos años más tardes construyeron sobre ellas este pequeño cementerio de San Dionisio, ahora cerrado.
Enseñaba el lugar con un amplio gesto de la mano que abarcaba las desvencijadas tumbas, las cruces, en ángel de la entrada, la que antaño fuera la capilla, ahora un cuarto de aperos oxidados, el bajo muro que separa el cementerio de la playa y el chiringuito del fondo donde siempre acabábamos tomando algo.
— ¿Cómo va las cosas? —me preguntaba siempre.
En unos días tendré listo el trabajo,aunque siempre hay algún detalle que no termina de encajar —le expliqué. Simón miraba con curiosidad los planos del futuro crematorio
— ¿Ves?, aquí irán los dos hornos, el “Jardín Dorado” para el depósito de las cenizas, allá las tres plantas con vistas al mar, al fondo un pequeño cementerio para mascotas.
— ¿Pero van a quitar las tumbas?, tengo a mi madre enterrada aquí.
— La mayoría, conservaremos la capilla y el ángel, no modificaremos demasiado el antiguo recinto, sólo subiremos la tapia para instalar los nichos de las cenizas. Éste lugar tiene carácter, la tendencia actual es combinar lo clásico con lo puntero ¿entiendes de lo que hablo Simón? —le pregunté enderezando los planos que el hombre miraba del revés, el ángel y su flamígera espada boca abajo como un mal presagio.
Simón se entristeció sin motivo aparente, se le escaparon dos lágrimas grandes; una resbaló despacio haciendo un camino sinuoso hasta la barbilla, otra se quedó parada junto al lagrimal, y no entendía que teniendo ambas la misma densidad de tristeza, una avanzara y la otra no. No sé por qué recuerdo con tanta claridad estos detalles. Lloraba sin pudor, con seriedad y en silencio, sin hacer muecas. Me impresionaba un poco.
Le pregunté cuanto tiempo estuvo trabajando en San Dionisio.
— Hasta que lo cerraron, de sepulturero, de jardinero, de lo que fuera. Tenía las tumbas como la patena y al muro no le faltaba nunca su manita de cal, mire que pena como crece ahora la maleza. Aquella siempreviva la planté en el sesenta y cuatro, justo el año que cerraron el cementerio.
— ¿Todos los enterrados en la fosa común murieron por la epidemia?.
— No lo sé don Tomás, a mí me emplearon después de la guerra, afinales del treinta y nueve, cuando terminaron la carretera, y en el sesenta y cuatro cerraron el cementerio, fue cuando me dieron la patada. Allí tengo a mi madre.
— Eso ya lo dijiste antes, ¿tu padre también era sepulturero?
— No, mi padre ayudó a construir la carretera, casi todos los presos ayudaron, y después los mataron.
— ¿De qué presos hablas?
— De los de la guerra. Ahí está mi madre, en esa tumba que da sombra la parra, Dios la tenga en su gloria invíteme a un trago por caridad que sea de ron si puede ser.
Lo dijo todo seguidito, sin respirar. Pedí otros dos rones y alrato volvió otra vez con la misma murga.
— La tengo ahí a mí madre, bajo la parra. Como va a comprar usted el Campo Santo cuando me toque a mi podría usted hacerme el favor donTomás de enterrarme con ella
Desistí de explicarle al borrachito lo que es una multinacional.
De aquella noche no recuerdo casi nada, sólo un puñado de imágenes turbias. Simón y yo bebiendo, Simón y yo cerrando bares, un vago recuerdo de una pelea con alguien, creo que nos echaron de más de un sitio. Cuando desperté estaba aterido en el suelo de la capilla pegado a la espalda del sepulturero compartiendo una manta que hedía, su nuca a unos centímetros de mis ojos. No puedo olvidar la oquedad en la base de su nuca, un pequéño hueco oscuro. Luego se dio la vuelta y me sonrío. No sabría decir que apestaba más, si su boca etílica, o la manta que aparté con asco. La misma heediondez de cuando unos díasdes pués, excavando el subsuelo adyacente al cementerio encontramos otra fosa. Los restos que pudimos ver tenían agujeros en los cráneos. Comuniqué el hallazgo de inmediato a mis jefes; la consigna fue seguir trabajando, echar cemento sobre la fosa, despedir al maquinista y a los dos peones, pagarles un sobresueldo a todos y contratar a otros que no fueran del pueblo.
Eso hice.
Desde entonces siempre tengo sed.
Y luego una larga nebulosa, un rosario de días iguales los unosa los otros, días de medir a golpe de pasos tambaleantes el cementerio porque nunca encajaban las variables medidas: unas veces se alargaba unos metros alfondo, otras parecía ensancharse y comerse parte de la arena de la playa. Días de borracheras que terminaban casi siempre durmiéndolas en la capilla junto a Simón.
Una amanecida le pregunté a bocajarro que si estaba muerto.
— ¡Qué carajo voy a estar muerto! —respondió colocándose bien el pañuelo mugriento en torno al cuello.
La carta de despido no tardó mucho en llegar, recuerdo que sentí alivio. Le entregué el dossier de documentos al nuevo técnico, un joven sudoroso de cartera y chaqueta al hombro, parecía un profesional eficiente con los instrumentos de topografía listos para comenzar el trabajo.
Nos tomamos la penúltima Simón y yo, mientras al fondo, el eficaz perito medía con destreza el pequeño cementerio de San Dionisio.
Desde entonces tengo sed... El hombre moderno tiene sed y no comprende por qué...
Me sorprendió cuando Tomás le pregunta si esta vivo, y el final, a mi parecer es perfecto.
Les cuento que la foto del cementerio es la portada de un disco del grupo U2, unos de mis preferidos hace bastante años. Dieron un concierto en Tenerife, cuando yo era universitaria, en los carnavales del 91, y se fijaron en el extraño cementerio abandonado de San Andrés, jutno a la playa de las Teresitas. Esa foto se tomó allí y fue portada del LP “Achtung Baby”. Se me ocurrió esta historia mientras escuchaba el disco y miraba la portada.
¿No se han fijado en el nombre de los protas? Simón, Tomás, y nombre inventado del cementerio Dionisio...los 3 nombres etílicos :rolleyes:
Te mueves entre el pasado, de cementerios como pequeños jardines, y el presente, de nichos y hornacinas para las cenizas,y destapas suavemente esas fosas comunes donde yacen craneos con agujeros de bala...Los sepultureros tienen muchas historias que contar, no es de extrañar que necesiten un buen trago de ron.
Saludos.
Me ha parecido excelente.
Suina,como diríamos en buen cubano...¡La botaste!
¡Que' lindo tu relato! ¡Precioso! Es que cada día me encanta más la forma en que escribes.
Saludos.
Tengo un problema, no sé si será el cansancio (van a ser la una de la mañana) las descripciones me llevan a otro lugar y me hacen volver, por lo que tengo releer. Un efecto parecido me producen las películas de Fellini.
Cosa curiosa por aquí chiringuito es un cebiche de pescado seco, solo se come en el norte del Perú. Tuve que indagar en wordreference para saber que es un quiosco.
Un placer leerte.
Pd.: Ya sé que me sigues, no te lo recomiendo es probable que te decepcione.
Y en Cuba "chiringuito" es un papalote pequeño.A los papalotes grandes se les llama chiringas.Un Kiosco es un pequeño local donde se venden comestibles ligeritos como sandwiches,perros calientes,hamberguers,fiambres,refrescos,jugos,etc,
(esto nada que tiene que ver con Literatura ,evidentemente).
Saludos.
Claro que tiene que ver con la literatura, el mundo de las palabras, la denominación que hacemos en los distintos lugares. Sudamérica y en especial Cuba, está muy vinculada a la cultura canaria, de donde soy, hay muchos términos comunes.
Chiringuito también se utiliza en la península (España), pero aquí somos más de decir bochinche, que al ser isleños, era un local de la costa donde se despacha, más antes que ahora, pescado seco, taperios, comida y bebidas típica del lugar, ...lugares que ya se van perdiendo...ahora las multinacionales como ( no las nombro qu eme denuncian), despachan basuras homologadas ricas en grasas saturadas avaladas por propagandas no tan subliminales...nada que ver con la atención personalizada de los chiringuitos, tiendas de aceite y vinagre, bochinches, baretos..y demás delicias locales.
¿Esto no es literatura? vale, pero para contar de un bochinche tendremos que saber lo que es.
Ya me he disgregado....perdón....:D
Juancho...ojito, te sigo...te estoy siguiendo
En eso estoy...
Saludos.
Suina,es que me salí del tema para mencionar el significado de ciertas palabras en los diferentes paises o lugares.He ahí el porque' decir: esto no tiene nada que ver con Liiteratura; al menos,no directamente en este tema relacionado a comentar tu relato.
Saludos,nuevamente.
Me ha gustado mucho pasear con tus personajes por el cementerio de san Dionisio.
El personaje de Simón me parece que está muy bien construído. Interpreto que es el protagonista a pesar de que el narrador sea el otro personaje.
Dos momentos potentes del relato: "Desde entonces siempre tengo sed" que me parece una frase clave como ya ha comentado alguien. Y la pregunta a bocajarro ¿Estás muerto? (Que yo me inclinaría a pensar que sí, por mucho que Simón lo niegue. Pero por supuesto esto es muy subjetivo.)
Me ha gustado.
Saludos!
Sobre si está muerto...pues no lo sé, yo no estaba ahí para saberlo