No había sido un buen día para el hombre, aunque tampoco había sido malo. Había sido igual que todos los anteriores y que todos los siguientes.
Fue un miércoles de agosto cualquiera. 5.30 despertó en su monoambiente de soltero. A las 6 ya se había afeitado y peinado su cada vez más grisáceo cabello. Las 6.30 ya se había tomado su mate cocido e informado del clima en la televisión. A las 7 salía a tomar el tren. Miró a los universitarios sentados enfrente con amargura. 7:30 bajó del tren. A las 8 estaba marcando tarjeta en la fábrica. Saludó sin ser respondido. Se colocó en su puesto en la línea de montaje ajustando partes hasta las 13 . Tragó la mitad de un sándwich de milanesa mientras escuchaba con desdén la conversación de sus compañeros. Acotó algo pero no lo escucharon. Guardó las sobras. A las 14 volvió a la línea de montaje. Pensó que no tenía a nadie en el mundo. O que nadie lo tenía a él. A las 17 hs una máquina de la línea se averió, como las otras continuaban su repetitiva tarea, se produjo un acumulamiento de partes que alteró la rutina por 10 minutos hasta que fue reemplazada. A las 20 hs marcó tarjeta para irse. Saludó. Lo saludaron sin mirarlo.
La noche estaba pegajosa, con una llovizna molesta que no había cesado en todo el día. Se metió las manos en el abrigo y se dirigió a lo de carlita mirando la vereda mugrienta. Habían pasado 15 días que no la veía, igual que los 15 dias que habían pasado de la vez anterior a esta. Se metió a su casa, se metió a su cuarto y se metió en su cama. Se dejó hacer y pagó. Pensó mientras se vestía que el último tren que va de once a castelar pasa a las 23:45. Si se se apura todavía hace a tiempo para tirarse debajo de él.
No era la primera vez que lo pensaba, pero era la primera vez que estaba decidido. Salió de la casa a caminar las 5 cuadras que lo distanciaban de las vías. En una esquina le tiró las sobras del almuerzo a un perro flaco que estaba hurgando la basura. Siguió su camino bajo la luz amarillenta del alumbrado.
Se paró frente a las vías a las 23:38. Agachó la cabeza, cerró los ojos y una lágrima amarga le bajo por la mejilla. A las 23:40 escuchó lejano el sonido del tren. El corazón se le salía por la boca. A las 23.41 algo le jaló de los cordones de las zapatillas. El perro estaba al lado y lo miraba fijo, con cara de tonto y con cara de inocente. “Juira bicho tonto” le gritó el hombre. El perro seguía con la misma expresión boba, con la lengua afuera y los ojos atentos.A las 23.42 le gritaba de nuevo “Perro estúpido!”, tratando de que soltara sus cordones con los que se había entretenido, y que se largue de una vez. A las 23.43 el tren se escuchaba multiplicado por cien. A las 23.45 pasa el tren a toda velocidad. A las 23.44 el hombre se había hecho a un costado con su nuevo perro. Ahora tiene a alguien, y alguien lo tiene a él, pensó, mientras caminaba a su monoambiente de soltero, con el sonido del tren disolviéndose a lo lejos.
Acepto críticas constructivas y destructivas
Comentarios
No tengo críticas.No se' para eso,pero de todas-todas puedo decirte que me gusto' muchísimo lo que escribiste.
Saludos.
Solyarenas.
Desde el principio se muestra a un hombre amargado por la soledad. ¿Por qué mirará a los universitarios con amargura?
PD: El estilo de narración tuyo me ha recordado al que suelo desarrollar yo cuando me pongo a escribir
Por cierto, bienvenida. A ver si te animas y nos haces una presentación de ti en el foro en el apartado de presentaciones
Me gustan los relatos con animales y el perro siempre es buena compañía, agradecido y fiel.:p
Muy interesante, un toque de ternura al final en un ambiente tan lleno de vacío.
Cuando salió del trabajo me sentí caminar junto a él, y cuando el perro agarró sus pantalones se me sobrecogio el corazón...
Espero leer más relatos tuyos.
Gracias!
Hay opiniones que valen un Mundo ,por la belleza,claridad y la elegancia con la que se expresan,y en este caso la tuya lo vale,Tituna.
Con toda seguridad que Negrita de Privincia(autora del relato) , piensa lo mismo al respecto.
Saludos.