VIAJE POR LA PIEL DE ANDRÓGINA
Racional, vital y concentrada, sin un gramo de desacato a lo establecido que la aparte de su homologada existencia de doctora laureada en dermatología avanzada. La compañera adecuada, al menos en ésta etapa de nuestras vidas en que debemos unir y donar nuestros genes, ¡y tan hermosa!, dos metros de altura, doble piel impermeable a la radiación solar. De caderas apenas marcadas, no se adivina a la hembra ni de perfil. Sus ojos enfocan con precisión cualquier objeto menudo, de lejos no ve un carajo, pero quien necesita mirar más allá de nuestras confortables cúpulas protectoras.
Los primeros encuentros fueron asépticos, dentro de los parámetros establecidos, con toda la aparatología necesaria para estimular nuestra sexualidad. Al principio nunca rebasábamos las fronteras permitidas.
Nos encantaba hablar, y aunque casi siempre llegábamos a las mismas conclusiones, no dejaba de ser interesante el acicate de su punto de vista apuntando premisas disparatadas, como los antiguos sofistas de aquellas lejanas épocas de éste nuestro ya casi irrespirable planeta. Dominaba la técnica de la argumentación, y si se lo proponía, echaba por tierra el discurso dialéctico con el que un rato antes estuvimos plenamente de acuerdo. Lo cierto es que su malabarismo retórico era estimulante.
¡Andrógina era perfecta! O eso creía.
Un día me pidió que le acariciase la piel. Su verdadera piel.
Empiezo a sospechar que debe tener alguna fisura en su código genético además de los dos apéndices vergonzosos, muñones atávicos, que le extirparon nada más extraerla de su burbuja vítrea. Ahora tiene unos preciosos pies de cuatro dedos.
Desenfundó una mano que acercó a mis ojos. Una mano anómala llena de caminitos violetas. Me asusté.
— ¿Nunca has visto tu propia mano? ¿la auténtica?
— Jamás.
— Casi todos los poros están vacíos, pero antes, mucho antes, de cada folículo piloso, de cada bulbo salía un vello, a su lado un receptor sensible al tacto y una glándula sebácea lo mantenía lubricado y sedoso. Una maravilla. Nuestros antepasados tenían el cuerpo cubierto de pelos.
—También tuvimos uñas, como los animales. Algo horrible.
— ¡Oh no! Mira cómo se eriza la piel si la acaricias, ¿lo notas?, y en el centro del vientre tengo una pequeña concavidad ciega, lo llaman ombligo.
— ¿No lo suprimieron cuando te clonaron?
Soy un ser imperfecto, ya lo sabes —lo dice sonriendo, y su sonrisa me conmueve o me remueve algo que no sé exactamente en qué centímetro del cuerpo colocar. Sólo sé que me gusta estar con ella.
Andrógina me somete a emociones de carácter intenso…no me refiero a los orgasmos reglamentados, hablo de conmociones, o terremotos, o no sé bien de que hablo.
Desnuda despacio mi muñeca, antes ha puesto en el reproductor una película del Neandertal donde una mujer llamada Gilda se quita con lentitud la piel negra de su brazo, lo llamaban guante, lo agita por encima de su roja cabellera peluda y lo lanza al vacío a ritmo de echadle la culpa a mami chicos, echadle la culpa a mami.
En ella, en mi muñeca, late una arteria monstruosa a más de 165 pulsaciones por minuto, así lo indican mis sensores, y enseguida mi cerebro recrea un plano interno de 96.500 Km. de vasos sanguíneos, más del doble de la circunferencia terrestre, bombeando unos 15.000 litros de sangre, y a la vez que me excito y asusto una frase absurda circula por mi memoria, seguro leída en algún libro arcaico de esos que le gustan a ella “El hombre es la medida de todas las cosas”.
— El hombre es la medida de todas las cosas —le susurro a Andro. También noto mi propia medida, o desmedida, nunca antes, ni a pesar del miedo que le tengo a esa mujer, me sentí tan pletórico. Un sexo que amenazaba romper la funda protectora. Un sexo coronado de Venus.
La voz de Andrógina mientras alcanzo al clímax me envuelve como una tercera piel, parece hecha de algodón y sueños, de armiño, de suave seda, o puede que de fibra de vidrio reforzado, supra carbono, neopreno y látex.
Comentarios
cientos volando.
Imaginación te aseguro que no me falta, otra cosa es que domine este género de ciencia ficción ( creo que no, más que incurrir en él lo he perpretado con alevosía, nocturnidad...y con la ayudita de un buen tinto d eprocedencia no demasiado alejada de tu tierra).
Es muy complejo escribir ciencia-ficción teniendo en cuenta estos dos pilares: la Profundidad y la Ternura, aderezados con un toque de humor.
Para ser la primera vez, es exquisita su lectura. Creo que Borges te diría, como le dijo a su amigo Bioy Casares: "Tienes un percepción muy privilegiada".
Muchas gracias por compartir tus maravillosos escritos.
Con mi afecto,
Asier.
Sobre mis dimensiones tridimensionales...en muy alto concepto me tienes, es debido más a capacidad generosa que a mis propios méritos, aunque te agradezco profundamente lo que has dicho de este cuento de ciencia ficción, un género que no domino para nada, y creo que los ingredientes que les he metido, no son de uso habitual en éste tipo de relatos, como le dije a un compañero en algún comentario, más que escribirlo, lo he perpretado.
Asier, te doy un cálido abrazo.
En todo caso, pasaré la Nochebuena y el día de Navidad con mi esposa y todos mis hijos e hijas juntos.
Esperaba volver, pero no tan pronto. Mi deber y mi responsabilidad me dictan que debo seguir otro trimestre.
Con todo mi cariño, que es mucho,
Asier.
_____________________________
Extiendo esta despedida a Amparo, Sinrima y Calima, y otros amigos/as del foro que hemos tenido ocasión de conocernos
¡ves como me sorprendes siempre!
Me parecía estar leyendo "Un mundo feliz", o "Por qué sueñan los androides con ovejas mecánicas".
¡¡Eres un cañón!!!
Francesca
¿Cómo puede borrarse algo escrito con tanto amor?...
Con mi afecto infinito,
Asier.
_________________________
Te iba a contar un chiste sobre tu respuesta. Pero deberé esperar a otra ocasión. Era un chiste verde vestido de rosa...
Pero no hagas caso, insiste que en cualquier momento metes bien el dedo:p
Si vieras las que me pasaban a mi al principio, ya un poquito menos, pero a veces también se pierde algo por ahí:)