Al espíritu atormentado
Cánticos pulcros erizaron el vello, es extraño el frío aura que envuelve el templo del señor. El incienso penetra en el alma como si la propia gloria se adentrase, abrazando al espíritu taimado, desprovisto de toda Fe racional. Sin embargo me senté una vez más sobre los bancos templados de cuerpos ajenos, para juntar las manos e implorar la piedad de aquel que nunca la concederá.
El órgano que emula la voz de Dios, el harpa que imita la misma creación y la voz del hombre mezclada en aquélla hermosa conjunción. Si ni siquiera yo puedo juzgar cuánto he amado, otros menos podrán...y por ello el sufrimiento es solo más intenso. Pero sí puedo medir el dolor al que ha sucumbido un ánima frágil, demasiado para esta sociedad condenada a lo mundano y al placer banal. Son estas verbas que salen de un interior frustrado por la crueldad del propio subconsciente, porque nosotros somos los primeros que vemos arder nuestro ser en el infierno, y aterrorizados huimos hacia el perdón.
Contemplaráme San Agustín desde los confines de la bóveda celeste y sonreirá ante las incontables infracciones que cometí, una y otra vez el hombre sucumbe. Pero ah...maldigo nuevamente al todopoderoso, por su existencia, inexistencia. Yo quise sentir el fervor de un creyente, la racionalidad del humanista, la superioridad del docto. Mas es imposible ante los vicios de la carne, del amor, de la melancolía que éste esconde bajo un dorado techo. Y no es el padre de todos el que me alivia de la angustia, sino su mirada sobre el lecho aún caliente, la emoción que brotaba de las pestañas más oscuras que el azabache de sublimes artesanos.
Seis plumas rotas de un ganso sin voz, tinta fluye sin más alegría del que la mano yerta le concede. Preguntaría cien veces antes de la entrega, de la total y más suma concesión, si conociese la razón de esta imposición que es el sentimiento. ¿Qué ama uno pues? Sería hermoso si fuesen los contornos del alma, brillo fulgurante de pureza, triste si de los encantos se tratase. Pero Dante alabó la belleza, como también Petrarca lo hacía... por qué avergonzarme yo de tan bella cuestión. Y el poeta, inequívoco en sus palabras, mas no en juicios, también erró.
Comentarios
Dicen que de los momentos más dolorosos y atormentados salen los mejores textos y canciones, en este caso así lo creo porque rebosa buena inspiración.
Y vaya día para plagarlo de connotaciones religiosas, en el que dimite el Papa jeje.
Un saludooo, que las palabras nunca dejen de fluir de tu cabeza a las manos!
Me ha resultado una narración demasiado metafórica. Para mi gusto en exceso. Al igual que el anterior relato que te he leído, va de menos a más; siendo el final lo que más me ha gustado cuando admite que todos nos equivocamos, pues cuánta razón lleva