Tras la búsqueda infructuosa de un motivo para escribir, una historia, una chispa que desencadenara el torrente de palabras que sigue a una idea, he llegado a la conclusión de que la única razón que tengo es la falta de la misma.
Si algo me parecía digno de ser contado, ahora es insustancial. Si algo me suscitaba indignación, o al menos invitaba a reflexionar, rápidamente cae en el olvido o la indiferencia. Lo poco que consigo exprimir, aun a la fuerza, no pasa de una vaga intención que en cuanto intenta salir adelante cae por su propio peso. Una malsana falta de estímulo intelectual me mantiene estancada en este estado vegetativo, asistiendo como un espectador pasivo a la sucesión de acontecimientos, sin extraer nada provechoso de los mismos.
Observo con admiración a todas esas mentes creadoras, que en cualquier ámbito, con la espontaneidad y naturalidad propia de un artista son capaces de encontrar una base original y explotarla, desarrollarla hasta expresar lo que ellos quieran como ellos quieran. Nadie nace genio, no es la habilidad lo que les hace dignos de admiración, si no la fuente inagotable de ideas que parecen poseer.
Quien busque la inspiración en un lago nebuloso o en un bosque nevado está muy equivocado, el ambiente no puede(o en todo caso, no debería) determinar la capacidad imaginativa de una persona. Puede ayudar, eso sí, a sacar a la superficie determinadas ideas, siempre teniendo en cuenta: donde no hay mata no hay patata.
Comentarios
Me encantan los comentarios de Amparo, jajajaja =D
La desmotivación se cura viviendo cada día como cuando éramos niños, con el mismo entusiasmo y las mismas ganas. Creo que la desmotivación es una excusa que buscamos para ponernos trabas que no necesitamos en el camino.
Ni que yo fuera una abuela, pero me refiero a cuando éramos (más) niños u.u