Don Julio
En un pueblito al sur de México vivía Don Julio. Desde las localidades cercanas, cientos de personas le visitaban a diario, pues Don Julio poseía un gran poder. El poder de cumplir un deseo a cada persona. Pero sólo uno.
Los humildes pueblerinos que le aclamaban pedían sus igualmente humildes deseos. Cosas como salud, mejoras en el clima o en las cosechas, o fortuna en el amor. Los miles de deseos que había cumplido, lo tuvieron sin descanso durante los últimos treinta años.
Pero un día, por esos azares del destino, un gringo de la gran ciudad pasó por el pueblo. Enterado de la leyenda local, el gringo acudió a él, escéptico y sobrador. Al preguntarle el curandero cuál era su deseo, éste contestó que deseaba que todos sus deseos, de allí en adelante, se hicieran realidad. Don Julio meditó por un momento el pedido de este hombre y, momentos después, se lo concedió.
Luego de una rápida comprobación de sus poderes, el gringo salió de la choza, materializó de la nada un avión personal con todo y pilotos, y despegó de regreso a su país. Pero en lugar de perder tiempo viajando, y en prueba sus nuevos poderes, deseó en pleno vuelo aparecer en su hogar, y así fue.
Lo primero que hizo el gringo todopoderoso al volver a casa fue conceder su mismo don a sus más allegados. A su vez, estos hicieron lo mismo con sus amigos y conocidos. En un sólo día, la mitad de las personas del planeta poseían el poder de hacer realidad todos sus sueños.
La mayoría pedía de inmediato grandes mansiones y castillos, pero al ser tantos y tan exagerados los tamaños deseados, el terreno comenzó a escasear. Entonces, algunos se tomaron la libertad de crear sus propias islas o incluso continentes. Otros simplemente hacían desaparecer el castillo de sus vecinos, pero la acción era recíproca y volvía en cuanto el dueño del hogar desaparecido entendía lo sucedido. Pero esto no volvió a ocurrir, en cuanto un hombre más astuto borró del mapa la mansión contigua, con vecino y todo dentro. Ante tal situación, algunos deseaban que nadie pudiera desaparecerlos, pero los nuevos deseos surtían efecto ignorando los deseos anteriores de los demás.
En medio de todo este frenesí de ambiciones, alguien notó que a las personas pobres e indigentes del mundo nadie les había otorgado la capacidad de cumplir sus anhelos. Y para evitar esta triste e injusta situación, los hizo desaparecer a todos.
A uno se le ocurrió borrar a todos los negros, a otro a todos judíos, y a otro a todos los asiáticos. Así, toda la gente del planeta fue desapareciendo con el correr de las horas. En dos días, sólo una persona habitaba sobre la faz de la Tierra.
Y de esta manera, Don Julio al fin pudo descansar sin más deseos que cumplir.
Comentarios
Es un cuento apto para todo público...y que estaria bueno que lo debatieramos...
Te animas? me dejas que te copie la reflexión para el gran público del foro?
un abrazo, y como siempre un gusto leerte,
El segundo objetivo es comunicarlo al público y soltarle amarras. Más allá de que lleve mi autoría, una obra terminada pertenece al fin al público, para que haga lo que le sirva con ella. Cuanto mayor utilidad tenga, mayor será mi satisfacción como escritor. Así que está a tu entera disposición para debatirla como más gustes.
Gracias por leer y tomarte el tiempo de comentar.
Un fuerte abrazo.
Gracias Hijo de animal...me ha encantado saber de tus ganas de disfrutar y trasmitir con tus escritos.
un abrazo y felicitaciones!!
Aunque el reparto de bienes sea una utopía, necesitamos y necesitaremos siempre personas que como tú, nos recuerden que la abaricia rompe el saco. ¿Que lástima no?.
Nos seguimos leyendo, un abrazo
Me alegra que haya gustado el cuentito.
Les dejo un fuerte abrazo, y hasta pronto.